ACLARACIÓN: FINAL ALTERNATIVO
—¿Cómo te encuentras? ¿Hicieron mucho hoy?—. La castaña se encontraba levemente inclinada hacia el asiento de copiloto mientras el motor continuaba en su estado de reposo.
—Sí—soltó con su voz temblorosa, observando a la mujer que se lucía a su lado, como siempre supo hacerlo. Resaltaba sus curvas de manera sutil con aquellas prendas, logrando robar suspiros de lo más profundo de su alma cada que tenía la oportunidad de verla—. Avanzamos mucho... tal vez, demasiado...—. Sus ojos verde esmeralda se encontraban aguados, pero las lágrimas habían dejado de salir hace unos minutos, cuando pudo controlar su estado demacrado y volver a la serenidad que la había caracterizado por los últimos años, esforzándose en esconder los traumas de su infancia.
—¿Quieres que hable con ella? Tal vez puedan tomar un ritmo más lento, porque dudo que si te sientes incómoda termines sanando o sintiéndote mejor—. Una de sus manos fue a parar sobre el dorso de la suya, queriendo transmitirle todo su apoyo de manera genuina.
Bee sonrió ante el gesto, sintiendo la invasión de emociones que le causaba su cercanía los últimos años. Confusión, cariño, admiración, negación... ¿amor, tal vez?
—Estaré bien, no puedo seguir ocultándome detrás de mi madre cada vez que el nombre de aquel miserable sale de la boca de alguien. Tengo que enfrentarlo, aprender de ello y superarlo, ya tengo 23 años—dijo con la frente en alto, observando a través del vidrio con determinación, sacando una sonrisa de aquel carmín en los labios de su acompañante.
—Bien, así me gusta escucharte, abejita—. Procedió a darle una leve caricia en su cabeza y a encender el motor del auto—. Si no te molesta, antes de que vayamos a la reunión, debo pasar por mi casa a buscar unos papeles que debo dejarle a mi padre en su trabajo.
—Para nada, tómate tu tiempo que no tengo ningún apuro—. Ya había estado antes en su casa, habían tenido pijamadas, habían hablado de los amores que ella había pasado y de Saori.
Sonrió ante su recuerdo. Si bien, le había costado unos dos años superarla, seguían siendo amigas y eran constantes sus visitas mutuas, como las buenas amigas que terminaron.
Saori y ella habían decidido continuar como amigas luego de unos 6, casi 7 meses de relación, debido a que sentían que no crecían. Las cosas iban demasiado bien entre ellas y no solían cambiar para nada, pero tampoco tenían la confianza necesaria para decirse todo. Era una barrera que ninguna se atrevía a traspasar, y eso las alejó, sintiendo que su enamoramiento no era suficiente para mantener la relación como tal, por lo que terminaron de buena manera.
La castaña había estado ahí para ella, aún cuando la llamaba a las 2am para decirle que extrañaba a su ex, pero que sabía que estaban mejor así y que su cabeza era un desastre total de sentimientos encontrados.
—¿Sabes? Estuve siendo tentada por el rojo. Uno oscuro, elegante, color vino... ¿Qué crees?—. Giró su mirada color celeste por unos segundos, cruzando sus ojos, causando un revoltijo en la rubia sin notarlo.
—¿Te soy honesta? Puedes tener la cabeza color flúor y te seguiría quedando genial.
—Oh, vamos. Tu opinión es la única que me interesa en este tipo de cosas, y lo sabes.
—Claro que lo sé—rio levemente, observando el tatuaje en árabe alrededor de su muñeca, que decía la frase: "fiel a ti mismo". Aquel tatuaje había sido una tentación en la ojiceleste desde que era chica, esa frase siempre la tuvo en su cabeza, siendo ella su prioridad ante todo. El árabe fue idea de Melsy, quién dijo que verlo en su muñeca constantemente sería un bono para animarle el día y el humor, a lo que accedió sin pensarlo dos veces.
—¿Entonces?
—Te quedaría asombroso. Resaltaría tus ojos y combinaría con los tacos carmín y tu labial, que acostumbraste a llevar desde que comenzaste a cursar la licenciatura—. La castaña se sorprendió ante la tan detallada observación de parte de su mejor amiga, frunciendo levemente el ceño.
—Llegamos. ¿Quieres tomar algo? Debo darme una ducha y cambiarme, así que tengo para media hora mínimo.
—Seguro—. Ambas bajaron del vehículo, observando la vivienda.
Nahomi y su padre habían salido adelante de gran manera. Tenían grandes ingresos y un buen puesto en la sociedad, a pesar de todo lo que habían pasado con su madre tiempo atrás.
Ingresaron al lugar y Bee tomó su típico lugar cada que visitaba aquella casa. El rincón del sillón cercano a la pared. Sentía que no invadía tanto el espacio de la castaña de aquella manera, intentando camuflar su presencia.
Por Dios, ya tengo 23 años y sigo comportándome como un crío, cuando se trata de sentimientos, se regañó mentalmente.
Aquellos minutos los pasó cantando las canciones que salían por el estéreo con un volumen bajo, viendo su celular. Sonrió como tonta al ver los comentarios de sus dibujos que subía en varias plataformas, de lo lindos que eran y algunos que deseaban comprar uno de manera específica.
Mientras se concentraba en la conversación con un muchacho que le detallaba lo que quería en su dibujo, no notó la presencia de la mayor cerca suyo hasta que sintió el fuerte olor a shampoo cerca de su hombro.
Giró su cabeza con un leve sonrojo invadiendo su rostro, sin esperar aquella apariencia repentina.
—¿¡Estás en bata!? ¡Nami, por favor, no me asustes así!—. Tapó su rostro con un malabar de manos, sin notar el haber lanzado su celular en el sillón.
—Ay, ni que fuese tan fea sin maquillaje—rodó los ojos.
Claro que no pensó la rubia, recobrando su compostura.
Había olvidado su rostro sin maquillaje por varios meses, acostumbrada al delineado que llevaba desde el día que se conocieron. Sin aquella capa artificial que resaltaba su belleza, podría decir que tenía unos 16 años otra vez, pero la superaba por 10 meses.
—¿Me ayudas a elegir qué me pondré para la reunión? Quiero cerrarle el orto a los lengua suelta que me juzgaban en secundaria—. Melsy no pudo evitar soltar una carcajada ante aquellas palabras. Era tan típico de la ojiceleste el hablar tan deliberadamente, sin filtros, aunque sabía cuándo colocarlos y cuando reservarse, lo que le daba mucha curiosidad a la rubia. Quería saber aún más de ella, si era posible.
Llegaron a su habitación y la castaña retiró la toalla de su cabello, colgándola en una percha cerca de la ventana. Luego, procedió a sacarse la bata sin pudor alguno, quedando en ropa interior.
—Pensé en ponerme algún saco acompañado de una camisa y una pollera tubo, nada exagerado... Como si recién volviera de trabajar.
—Es que así te vistes normalmente para trabajar en la oficina con tu padre.
—Lo sé, pero pensé...—. Tomó camino desde el armario hasta el borde de su cama, paseando en prendas inferiores—. Podría usar un vestido corto junto con un saco...—. Bee sonrió debido a su repentina ocurrencia.
—¿Y qué te parece de este?—. Hundió la cabeza en el armario, sacando un conjunto beige de un palazo de cintura alta junto a una remera sin mangas sin escote.
—Me agrada cómo piensas—halagó, tomando las prendas de las manos de la rubia quién sintió el escalofrío recorrerle la piel ante el roce.
Se colocó aquel conjunto, tomando tacos marrones y un bolso de mano a conjunto.
—¿Quieres ayudarme con algo?—preguntó, acomodando las cosas en el baño. La rubia asomó su cabeza al lugar, quedando sorprendida por la cantidad de productos y de máquinas para su cabello.
—Podría secarte el cabello y hacerte un recogido desprolijo, para darle un aire más informal.
—Me encanta. Mientras, me maquillaré.
Ambas comenzaron a trabajar con The Neighbourhood sonando levemente de fondo.
Mientras peinaba su cabello con delicadeza, su mirada se desviaba a veces al pequeño espejo circular donde esos ojos cielo se reflejaban concentrados en su trabajo.
—¿Viste la sorpresa de Asher apenas me vio?—soltó con burla apenas ingresaron al auto. Ya era tarde y ambas estaban un poco agobiadas de tanta nostalgia—. Parecía completamente sorprendido de ver a quien solía vestir de negro con el cabello de colores, vestirse de manera elegante con labios oscuros. ¡HAHA!—. Carcajeó orgullosa, sin notar la sonrisa boba tatuada en el rostro de la ojiesmeralda, acompañada de un sonrojo.
Las anécdotas de la reunión de ex-alumnos completaron el viaje de vuelta, donde la mayoría de las palabras salían de la boca de la mayor. Bee se encontraba embelesada, perdida, escuchando la mitad de las frases, limitándose a cruzar con sus ojos cuando la buscaban y sonreír, asentir, disimular...
El auto se detuvo en el garaje, dejando a ambas en silencio por unos momentos.
La cabeza de Melsy no se encontraba funcionando de manera correcta, sus impulsos tomaron control total de su cuerpo junto al poco alcohol que había ingerido y se lanzó sobre la castaña.
Estrellando sus labios contra aquellos que tanto deseaba.
Siendo sorpresivamente correspondida.
Luego de unos minutos, ambas se separaron.
Bee sentía su corazón a punto de salir de su pecho. Pudo observar en el espejo del auto la mancha de labial que quedó sobre sus labios, procesando la información en su cabeza.
—Tardaste un poco—soltó la mayor, acercándose un poco y limpiando la evidencia que quedó en los labios de la rubia.
—¿Q-Qué?—. Melsy había estado segura de que había sido discreta, o eso creía.
Estás hablando de tu mejor amiga. Quien te ve con el ceño fruncido y ya sabe el porqué te enojaste, o decepcionaste. Incluso sabe cuando quieres llorar, aunque lo ocultes detrás de una sonrisa. Era obvio que lo notaría en algún punto...
Sonrió levemente, sintiendo la sangre viajar por su rostro dejando un color para nada discreto.
—Tenía mis dudas, si te soy honesta. Sabía que me estabas ocultando algo pero no sabía qué podía ser, hasta que noté cómo me mirabas—. Melsy procedió a tapar su rostro con ambas manos de la vergüenza que sentía en aquel momento—. Y, déjame decirte, que no sabes disimular tus celos para nada. Eres un asco para mentirme—. La risa traviesa que se escapó de sus labios provocó que la menor espíe por entre sus dedos su rostro, queriendo armarse de valor y hacerse cargo de lo que acababa de hacer.
—Podemos olvidarlo, si quieres. No quise obligarte a nada, en verdad lamento haberlo hecho sin tu permiso...
—¿De qué hablas, idiota? Si hasta te seguí el beso—. La castaña respiró, recordando las anécdotas de las madres de la rubia, pensando que definitivamente había sido criada por aquel par.
Decidió tomar riendas en el asunto, por lo que tomó la camisa de la menor y la acercó a sí misma, besándola por segunda vez en la noche.
—¿Suficientemente convincente ahora?—preguntó con cierto brillo en los ojos que cegaron por un momento a la rubia, quien no entendía del todo lo que estaba ocurriendo.
Abrió la puerta del auto, bajándose de éste y rodeándolo, abriendo la puerta del copiloto. Bee se bajó de éste, cerrando la misma detrás de ella, quedando frente a la castaña.
No pudo evitar sonreír. Ni siquiera con tacos la sobrepasaba en altura, pero sí que en los niveles de coraje la superaba.
Y lo justificó con otro beso, pero este fue más suave, más tranquilo y relajante. Quiso tomar sus caderas para acercarla a ella, pero no se lo permitió, cortando este.
—Ten, despistada—. Dejó en su mano las llaves de su casa, a lo que Melsy recapituló en su cabeza en qué momento las había dejado caer—. Toma tu celular y anota—. Levantó la cabeza, algo aturdida aún por todo lo que había sucedido hasta el momento—. Bolso de playa, refrigerios, toalla y traje de baño. 15:00pm—. Una vez terminó de anotar, levantó su cabeza confundida, observando la sonrisa de la castaña, quien había aprovechado para dirigirse hacia la puerta de piloto, lista para retirarse—. Estate lista linda, sabes que no me gusta esperar mucho—completó con un guiño y un beso al aire, para luego marcharse.
Dejando a una rubia de ojos esmeralda con una sonrisa de estúpida en el rostro, acompañada de un sonrojo y mariposas imparables en su estómago.
