¡Wenas! He vuelto después de 10000 años con una nueva historia de los 6 monos iguales ¿De dónde demonios se te ocurrió esta idea tan loca? Pues, simplemente combiné mis dos grandes pasiones: Osomatsu-san y las Gothic Lolitas.

Para los que no sepan, las Gothic Lolitas son una tribu urbana japonesa en donde se visten con trajes victorianos y de colores oscuros (debe predominar el negro). Tan sólo es una variante de la moda japonesa, así que no se alarmen por el nombre, todos los personajes son mayores de edad xD.

Ahora, ¿recuerdan "¿En qué momento se esfumó el amor"? ¿No, nadie? No importa, porque borraré esa cosa añeja XDDD. Ha pasado mucho tiempo y la verdad es que tengo bastantes opiniones ante ese concepto; la primera es que ahora me desagradan casi todos los personajes que inventé y a pesar de que es una idea interesante, nunca llegué a desarrollarla bien y de hecho, ahora se me hace tan raro el BLMatsu. Sólo lo disfruto en AUs donde no están relacionados filialmente.

Sin embargo, logré rescatar dos Ocs de allí que aparecerán más adelante en la historia. Para los que les agradaba la bazofia de hace no sé cuanto, tengo un one-shot por ahí que resume todo el asunto. Si me lo piden con ganas, lo subiré.

Con eso dicho, los disclaimers.

Disclaimer 1: Osomatsu-san no me pertenece y mucho menos sus personajes. Son todos propiedad de Fujio Akatsuka y PIERROT.

Disclaimer 2: Hay Ocs, como siempre y por lo tanto, oc x canon.

Sin más, disfruten.


Capítulo 1: Golondrina tras la cerca.

Ropajes oscuros, holanes celestes y cintas azules. Así vestía esa golondrina aquel día, cuando surcó los cielos de la ventana, cubriendo el sol con su sombrilla. Él estaba sentado en el balcón, tocando su guitarra, mas tuvo que detenerse en cuanto escuchó el sonido perfecto de unos tacones, chocando con el pavimento luego de caer ilesa desde un segundo piso ¿Qué clase de fuerza sobre humana tenía esta golondrina, luego de resistir aquello con zapatos altos? O tal vez… ¿Habrá replegado sus alas para aterrizar?

No, no era un pájaro. Era una chica, una chica real estaba parada frente a su cerca, expectante de algo. Su cabello era largo, rizado y de color chocolate, mientras que su piel era morena como el caramelo. Para su mala suerte, la sombrilla cubría su rostro.

– ¡Entrega de paquete!

Su voz era grave y melodiosa. Que gran canto endulzaba sus oídos.

De pronto, la puerta de su hogar se abrió y se asomó una chamarra de color rojo. Era su hermano mayor, Osomatsu, el que fue a atender a la misteriosa golondrina. Tenía una sonrisa pícara y ojos de bobo, por su expresión podía inferir que era bonita.

– ¡Buenos días! ¿Qué desea? – preguntó el primero.

– Traigo un paquete para Choromatsu Matsuno.

– ¿Para Choromatsu? – se extrañó por un segundo, luego miró otra vez a la repartidora, de pies a cabeza. Por como vestía, asumió que el tercero había pedido otra de sus figurillas otakus. – ¿Qué demonios pidió está vez?

– Necesito que me firme aquí, por favor. – extendió un lápiz y una libreta, señalando el pie de esta última.

– Bueno, él no está aquí ¿No importa que lo firme yo?

– No.

El azabache firmó la libreta y acto seguido, la muchacha le entregó el paquete, para después hacer una pequeña reverencia.

– ¡Oye, oye! ¿No te gustaría que te firmara otra cosa? – cuestionó él, con su clásica y sucia impertinencia. Nuevamente se mostraría lo sinvergüenza que puede llegar a ser Osomatsu Matsuno. – ¡Podríamos salir a algún lado! ¿Qué tal una cita?

– Por protocolo no se está permitido salir con los clientes. – contestó la repartidora, en tono seco.

– Ah, qué lástima. – masculló en un puchero. – ¿Ni siquiera por un helado?

– No.

– ¿Y a qué hora sales del trabajo?

– Por protocolo y seguridad no nos permiten revelar información personal a los clientes.

– Ah, qué lástima. – repitió otra vez el mayor. Su intento de ligue no había dado resultado.

– Bueno, gracias por elegir el Servicio de Mensajería de Gothic Lolitas. – se despidió ella con otra reverencia, se dio la vuelta y se fue, tan rápido como llegó.

Karamatsu se giró hacia unos curiosos Todomatsu e Ichimatsu, quienes también habían contemplado la escena. Su actividad de ninis había sido interrumpida por la aparición.

– ¿La vieron, brothers?

– Sí. – asintió el cuarto.

– Se veía muy linda ¿no? – musitó el menor de ellos. – Que mal que la haya atendido nuestro estúpido hermano mayor. – bufó.

– No es como si alguno de nosotros lo fuera a hacer mejor. – lanzó el amante de los gatos, con su acostumbrada amargura.

– Supongo…

De pronto, Todomatsu fijó la vista en su teléfono, mientras caminaba a la puerta de la habitación.

– ¿A dónde vas?

– Voy por agua. – respondió el sexto, fingiendo falta de interés.

– Tch. Claro que no, mentiroso. – chasqueó su lengua el de morado, con molestia. Se levantó y fue tras él, sabiendo que su hermanito iba para chismosear acerca del paquete y la famosa repartidora ¿Siempre tiene que ser tan vil?

El doloroso, por su parte, sólo se retiró de su asiento en el balcón y acomodó su guitarra en la pared. Quería enterarse de la noticia, igualmente, pues le intrigaba saber de dónde venía esa esbelta golondrina y por qué todos ignoran que cayó desde el techo de su casa. Bajó al primer piso minutos después de que sus hermanos lo hicieran y los encontró con Osomatsu en la sala de estar, rodeando el susodicho paquete. Seguramente comenzarían a especular sobre el asunto, así que se quedó apoyado en el marco del umbral, con los brazos cruzados para escuchar.

– ¿Qué creen que contendrá el paquete? – inició el menor, intentando no verse tan obvio.

– No hay manera de saberlo. – contestó Ichi.

– Sí. Las mentes de estos otakus de las idols son todo un misterio. – siguió el primero. – Podría ser una figurita, un CD o alguna revista súper exclusiva y pervertida…

– ¡Uuy! ¡Escalofriante! – se estremeció Totty. No quería imaginarse en qué clase de idioteces Choromatsu gastaba su dinero.

– ¡¿Pero a quién le importa lo que Choropajerovski ordene por internet?! ¡Sé perfectamente por qué ustedes bajaron! – exclamó Osomatsu con una sonrisa confianzuda, apartando el paquete de sus vistas. Claro que lo sabía perfectamente, no por algo eran sextillizos. – La vieron ¿verdad?

– ¡Vaya, vaya! ¡Siempre adivinas lo que pensamos, Osomatsu nii-san! – le aplaudió.

¡Nice move, brother! – le felicitó el de azul también.

– Aunque no le vimos el rostro.

– ¡Oh, qué lástima! Si tan sólo la hubieran atendido. – se burló, sólo para crear más intriga y tensión.

– ¡Ya deja de hacerte el interesante! – reclamaron los otros tres.

– Bien, bien. Su querido nii-chan les va a describir el rostro de la repartidora. – rió, apaciguándolos. – Pues, sus ojos eran enormes al igual que sus labios rojos, y su maquillaje era despampanante.

– ¿Tenía mucho maquillaje?

– Bastante.

– Ah. Entonces no debe ser tan bonita. – suspiró el menor, sin entusiasmo. – Normalmente las chicas que se maquillan mucho ocultan muchas cosas.

– ¿Y acaso eres tan experto en chicas, Totty?

– Soy amigo de varias ¿no? Debería contar.

– No creo que se maquillen exclusivamente para salir contigo. – escupió de forma ácida Ichimatsu.

– Además, seguramente se lo piden en su trabajo. – agregó Kara.

De repente, la puerta de entrada se abrió de forma estrepitosa, interrumpiendo bruscamente su conversación, y a continuación se oyeron pasos apresurados hacia donde estaban ellos. El causante se aproximó, respirando muy agitado y con sus ojos casi desorbitados, volteando su cabeza a todos lados, rastreando algo.

– ¡¿Dónde está?! – demandó Choromatsu.

– Allí. – señaló el de rojo hacia un rincón.

El tercero se arrastró como un enfermo desesperado hacia el paquete, quitándole las envolturas con un contrario cuidado y en cuanto obtuvo el objeto descubierto en sus manos, lo aferró en su pecho como si se lo fueran a arrebatar y suspiró con alivio. Los demás sólo presenciaban esto con desprecio, mientras que Jyushimatsu venía recién introduciéndose al escenario, con incredulidad.

Luego, el escandaloso pareció darse cuenta de algo. Se fijó en sus hermanos con una expresión interrogante y suplicante a la vez.

– ¿Quién de ustedes lo recibió?

– Osomatsu nii-san ¿Por qué? – contestó Todomatsu fingiendo cierta inocencia al ver lo que estaba por ocurrir, pues una sensación de espanto titánico invadió al muchacho de camisa verde.

– Dime que no abriste de más tu tonta y sucia boca… – masculló de forma temblorosa.

– Oh. Fue lo primero que hizo en cuanto la repartidora le dirigió la palabra. – confesó el amante de los gatos para meter cizaña. Era la hora que más disfrutaban del día: molestar al tercer hermano.

– Ay, no… – mascullaba, horrorizado. – ¡NO, NO, NO, NO, NO! ¡NO PUEDE SER!

– Sí, probablemente nunca vaya a volver después de lo que Osomatsu nii-san dijo.

Yeah. Never again. – asintió Karamatsu.

– ¿Por qué? ¿Qué pasó? – preguntó el quinto, que recién se había enterado del drama.

– Pajamatsu contrató a una lolita para que le entregue los paquetes. – le respondió el de rojo, divertido.

– ¡Detente con lo de Pajamatsu! ¡¿Qué nunca lo vas a superar?! – se defendió entre el límite de lo iracundo y avergonzado. Otra vez sus hermanos estaban jugando con su débil orgullo.

– ¡¿Entonces lo admites?!

– ¡No, yo no…!

– ¡¿Y de dónde sacaste el dinero, Pajamatsu?! – interrogaba también el sexto.

– ¡Sí! ¡¿En eso te lo gastas en vez de compartirlo con tus hermanos?!

– ¡¿Qué te importa a ti en qué me gasto el dinero?!

¡Non, non, non! ¡Too bad, Choromatsu!

– ¡Malo! ¡Malo! – exclamaba Jyushi.

– Es tan egoísta y asqueroso. Debería morir. – juzgaba Ichi, con malicia.

– ¡ARGH! ¡YA CÁLLENSE! ¡USTEDES DEBERÍAN MORIRSE!

– Bueno, no creo que importe ahora que la chica no va a volver. – musitó Todomatsu, listo para rematar con un montón de balas el orgullo de Choromatsu, quien temblaba de la ira. – ¡Probablemente ya te vetaron de su lista de clientela luego de lo que hizo Osomatsu nii-san!

Posteriormente, los cinco estallaron en risas incontrolables, burlándose de la tortura que estaba pasando el de verde.

– ¡Lo siento~! – canturreó el culpable con sorna mientras se pasaba el dedo por debajo de la nariz, sin sentirlo realmente. Era tan propio del muy sinvergüenza.

– ¡CLARO QUE NO LO SIENTES! ¡ESTÚPIDO HERMANO MAYOR! – le gritó irascible. – ¡VOY A MATARTE, MALDITO IMBÉCIL! – declaró, para después lanzarse sobre él como una bestia salvaje.

– ¡HEY, HEY, HEY! – los otros intentaron detenerlo, pero ya era tarde. Choromatsu estaba dispuesto a cometer un parricidio contra el mayor de sus hermanos. Ahora sí excedieron todos los límites.

Inmediatamente, la habitación se convirtió en un auténtico ring, pues uno que otro golpe mal dirigido gatilló que todos se involucraran en la pelea y lanzaran puñetazos sin control. Ya no importaba el paquete ni la misteriosa repartidora ¡Ahora la prioridad era salir vivo de allí! ¿Cómo iban a sobrevivir los sextillizos luego de esto? ¿Habrá otros seis cuerpos en el obituario de esta noche? ¡Nadie lo sabía! ¡El futuro de esta historia estaba en peligro!

Afortunadamente, Matsuyo siempre intervenía en el momento correcto.

– ¡Ninis! ¡Deténganse! – les ordenó su madre, con el ceño fruncido. – ¡Sino los dejaré sin almuerzo!

Ahí los seis obedecieron de forma automática, separándose y disculpándose con ella, en honor a la palabra "almuerzo". Después de eso, subieron a la habitación y no volvieron a hablar del tema por el resto del día.

Sin embargo, Karamatsu no dejó de pensar en ello. El simple hecho de poder admirar, aunque sea sólo una vez, el rostro de la golondrina lo emocionaba al punto de no poder conciliar el sueño. No paraba de imaginarse sus ojos, sus labios y sus mejillas de diez mil formas distintas ¿Serán tan despampanantes como lo había dicho su hermano? O al contrario ¿Tal vez sus rasgos son tan finos y suaves como la seda? Sólo quería ver su rostro, era lo único deseaba y pensaba.

Un par de días después se escuchó el mismo llamado que anunciaba la entrega de un paquete. Se asomó junto a sus hermanos para identificarla, no obstante, no era su golondrina. Esta chica era más baja, de melena castaña y lisa, ojos brillantes y de actitud más jovial. Parecía un personaje tierno de algún anime promedio.

– Choromatsu está afuera otra vez. – mencionó el mayor, razón por la cual se le dibujó una sonrisa en los labios. – Bueno, parece que Osomatsu nii-chan va a tener que salvar la situación.

– ¡CLARO QUE NO! – le detuvieron los tres menores, pues él ya estaba saliendo de la habitación.

– ¡Osomatsu nii-san lo arruinará! – dijo Jyushimatsu, alarmado.

– ¡¿Crees que te dejaremos ir después de la última vez?! – le siguió Todomatsu.

– ¡La chica está allá afuera! – se defendía el de rojo.

– Sí, tuvimos suerte esa vez. – explicaba Ichimatsu. – Pero imagínate si esta chica se ofende en serio y al final nos vetan de la lista ¡Adiós a que alguna lolita se nos acerque!

– ¡Ayer nos estábamos burlando de eso!

– ¡Fue porque molestábamos a Choromatsu nii-san! ¡Ahora va en serio! – agregó el menor.

El regañado sólo chasqueó la lengua con fastidio.

– ¿Entonces no puedo ir? – preguntó en un puchero.

– ¡No, no, no, no, no! – repitieron los tres, negando con la cabeza.

– ¿Ni siquiera saludarla?

– ¡No, no, no, no, no!

– Eres pésimo tratando a las chicas, Osomatsu nii-san. – masculló Jyushi, sin intensión de herirlo.

– Es más, mejor que ni sepa que existes. – agregó el de rosa, teniendo esa intensión.

– ¡Qué cruel eres, Totty! – se quejó Osomatsu.

– ¿Y quién va a ir? – cuestionó Ichi.

Ahí los cuatro se miraron nerviosos, sin saber cómo elegir.

– Podría ir Todomatsu, parece ser su tipo de lady. – les interrumpió Karamatsu, quien estuvo todo el rato observando cómo la repartidora se impacientaba en la cerca. Sólo esperaba que con eso sus hermanos detuvieran la discusión para recibirla de una vez.

– ¡Allá voy! – se apresuró a exclamar contento el aludido, dispuesto a salir de la habitación.

– ¡Estabas esperando! ¡¿Cierto?! – le reclamaron los demás.

Los cuatro se asomaron a la ventana y vieron a Todomatsu salir de la casa. La saludó y recibió el paquete de una forma más cordial y mucho menos invasiva que el mayor, para la suerte de ellos. Aunque, seguramente esa suerte se transformaría en un obstáculo, conociendo al demonio sin corazón.

– ¡Muchas gracias por elegir el Servicio de Mensajería de Gothic Lolitas! – se despidió ella, imitando la misma reverencia.

Después presenciaron cómo se iba dando brincos y luego se despegaron de la ventana para comentar el hecho.

– Definitivamente es muy distinta a la anterior. – habló el cuarto.

– ¡Era bonita! – exclamó Jyushimatsu, animado.

– Sí, pero es tan común como cualquier otra chica a la redonda. – se quejaba Osomatsu, como si fuera el indicado. – ¿Y qué busca con ese comportamiento de niña pequeña, que más enfermos la persigan?

– Osomatsu, no seas grosero. – le reprendió el segundo hermano.

El mencionado sólo se encogió de hombros y se despegó de ellos, sentándose en el piso para leer manga, como lo estaba haciendo antes. El resto siguió hablando de la nueva chica y condenando la actitud del primero, recalcándole lo basura que es con las mujeres y el mundo en general. Todomatsu subió a la habitación poco después, lanzando a alguna parte el paquete, sin ningún cuidado, y uniéndose a la charla.

– ¡¿Qué tal era esta repartidora, Totty?! – preguntó el quinto, emocionado.

– ¡Muy adorable! ¡Tenía cara de cachorro! – se embelesaba el menor.

– ¿Cara de cachorro? ¿Así de mal es como describes a una mujer, Todomatsu? – se mofó el de chamarra roja.

– ¡¿Acaso tú la describirías mejor?! – se molestó el aludido.

No obstante, a Karamatsu no le importa que tan tierna es la segunda repartidora. No le atraían las muchachas cara de cachorro, prefería a las golondrinas misteriosas como la que estaba esperando.

Choromatsu llegó al anochecer, muy desconcertado porque nuevamente estaba ausente y no pudo verla, aunque, agradeció que esta vez la haya atendido el menor de ellos. La esperanza de que una chica linda vestida de lolita le entregue un paquete no estaba perdida.

A la semana siguiente encontraron a otra chica frente a su cerca, esta vez siendo Jyushimatsu el afortunado. La repartidora llevaba dos coletas negras con las puntas rubias y onduladas como taladros, además de maquillaje muy oscuro y una expresión más… hostil; mas eso no evitó que el fanático del béisbol la admirara.

– ¿Eres Choromatsu Matsuno?

– ¡No! ¡Soy Jyushimatsu! – respondió muy enérgico.

– ¡Maldita sea! ¡¿Por qué este tipo se esfuerza en pedir si nunca recibe los paquetes?! – maldijo en voz alta. – ¡Por su culpa tuve que dejar mi puesto en recepción! – seguía quejándose, cosa que asustó un poco al otro. Definitivamente esta joven tuvo un mal día.

El quinto no supo qué responder, sólo puso su clásico rostro de interrogante y dejó el ambiente silencioso.

– Cómo sea ¿Vas a firmar o no? – le habló la repartidora, extendiéndole la libreta de recibos con brusquedad.

El chico asintió rápidamente y firmó, muy nervioso. Luego, la lolita le entregó el paquete sin muchos rodeos.

– Gracias por elegir la mensajería, blah, blah, blah. Buenas tardes. – se despidió con completa apatía e inició su marcha, mientras que el amarillo hacía malabares para que la encomienda no se cayera.

Cuando Jyushi entró a la casa, sus hermanos lo observaban expectantes.

– ¿Y, Jyushimatsu? – preguntó Osomatsu.

– Ella… da miedo. – masculló el pobre.

Cómo era de esperarse, el tercer hermano se deprimió al llegar a su hogar y enterarse que nuevamente retiraron su paquete. Sin embargo, su determinación de ver a una mona china gótica en su cerca era más grande, así que quiso intentarlo una última vez.

Ojalá le hubieran dicho que jamás tendría el lujo de cumplir su deseo, estando o no en casa.

El susodicho día de la entrega llegó. Choromatsu se aseguró de llenar su agenda con tareas domésticas con tal de estar allí cuando la próxima repartidora hiciera acto de presencia. La emoción recorría todo su cuerpo y sus manos sudaban a causa de los nervios, cuestionándose cosas a velocidad luz dentro de su cabeza ¿Cómo será la repartidora de hoy? ¿Acaso será tan bonita como le han descrito sus hermanos al burlarse de él? ¿Podrá dirigirle la palabra con algo de decencia? ¿Será posible que… este encuentro tan básico iniciará su primer paso para tener novia?

Tantas ilusiones para llenar tu mente mientras cuelgas la ropa en el patio; aunque, Karamatsu y Jyushimatsu tenían una actividad más interesante en el techo. Ellos cantaban muy enérgicamente, acompañado por una dulce tonada de guitarra y los ardientes rayos de sol. Un buen día para que estos hermanos reforzaran su relación, como solían hacerlo a menudo.

De repente, sonó un estruendo en el tejado que le produjo un tremendo susto al segundo y por consecuencia se resbaló.

– ¡KARAMATSU NII-SAN! – gritó Jyushi, desesperado.

El doloroso esperó un gran golpe por caer al piso, pero este nunca llegó. Alguien alcanzó a agarrarlo de su chaqueta y ahora estaba colgando del borde del techo. Sin duda, esto era más aterrador que caerse.

– ¡AAAAH, JYUSHIMATSU! ¡LEVÁNTAME! ¡RÁPIDO! – le suplicó, sacudiendo los pies.

Un par de manos lo tomaron de los brazos y lograron recogerlo, sano y salvo; mas se extrañó al darse cuenta que no eran las manos de su hermanito, como él pensaba.

– ¡Dios mío! ¡¿Te encuentras bien?! – preguntó una voz angelical.

Al abrir los ojos se fijó en los holanes celestes y cintas azules. Ya las había visto antes ¿no? Sacudió su cabeza, mirando más arriba y luego de eso se introdujo en las nubes, pues enfrente tenía a su salvadora, quien no era menos que su misteriosa y esperada golondrina ¡Al fin podía admirar su rostro! ¡Y vaya que era hermoso! Ojos enormes, profundos y oscuros, pestañas largas, cejas pronunciadas, labios finos y sus mejillas... ¡Oh, sus mejillas parecían malvaviscos! ¡Mataría por apretarlas en este momento!

Pero no, debía controlarse y parecer lo menos nini posible.

– Eeh… ¡D-don't worry, my lady! ¡E-estoy perfectamente! – respondió con una pose exagerada y notorio nerviosismo.

– Uff. Qué alivio… – suspiró ella. – ¡Por poco y te caes por mi culpa! ¡Lo siento mucho! – se disculpó con una reverencia. Con razón, el estruendo fueron sus tacones.

It's ok. Tranquila.

– ¡Claro que no! ¡Ese aterrizaje fue completamente impresentable! ¡Un cliente casi sale lastimado! – comenzó a reprenderle. – Que situación más bochornosa… no me queda de otra. – agregó, sacando su libreta y extendiéndosela con el lápiz. – Me temo que eres libre de presentar una queja.

– ¡No, no, no! ¡Espera! – intentó detenerla, haciendo un ademán de negación con las manos.

– Entiendo, te da flojera. Pues sé libre de dejar tu queja en la aplicación. Me lo merezco. – seguía resignándose, sin escucharlo.

– ¡Que no! ¡No es necesario! – exclamó, dejándola confundida. – Esto me pasa muy seguido, más veces de las que quisiera. – se rascó la mejilla, avergonzado. – Así que no te preocupes.

– Oh, ya veo. – musitó más tranquila. – Entonces sólo queda entregar el… – se alarmó al no encontrar lo que buscaba. – ¡Demonios! ¡El paquete! ¡Mi sombrilla!

– ¡Aquí están! – habló Jyushimatsu, que sostenía ambas cosas.

– ¡Muchas gracias! – se los recibió, aliviada. – Bueno ¿Alguno de ustedes es Choromatsu Matsuno?

Ambos se apresuraron en negar con la cabeza y el amarillo se volteó en dirección al patio.

– ¡Choromatsu nii-san! ¡Te buscan!

La cara del aludido se iluminó en seguida, anticipándose a los hechos.

– ¡AL FIN! ¡QUE NADIE SE MUEVA, VOY ENSEGUIDA! – les gritó, corriendo rápidamente hacia el interior de la casa.

Aunque, para la mala fortuna del tercer hermano, una campana de alarma llamó la atención de la golondrina. Tomó su teléfono y lo contestó, sin recibir muy buenas noticias.

– ¿Diga? – inició, frunciendo el ceño segundos después. – ¿O. M. V? Bien, voy para allá. – asintió para después colgar y se volteó al de azul. – Creo que no podré esperar a tu hermano, tengo una emergencia. – explicó, dándole la encomienda y prestándole la libreta otra vez. – ¿Podrías firmarlo tú, por favor?

– Sí. – obedeció a la petición y recibió el paquete, algo confundido. – ¿O. M. V?

– Otaku Mugroso en el Vestíbulo. – resolvió las siglas. – Es un código en la mensajería. Muchos clientes se comportan como idiotas y empiezan a acosarnos.

– Oh, ya veo. Pues… good luck.

– Gracias por elegir el Servicio de Mensajería de Gothic Lolitas. – se despidió con una reverencia y al igual que el primer día, desapareció de su techo tan velozmente como llegó. En cosa de segundos ya estaba escalando barandales de hogares ajenos.

El doloroso se quedó viendo cómo la repartidora se alejaba, apretando su polera en la zona del pecho. El corazón le latía muy fuerte y sus pensamientos estaban perdidos. Jamás se le habría ocurrido que en ese momento, su golondrina le produjo un flechazo.

Porque ahora moría por verla de nuevo.

Momentos después, Choromatsu salió por el umbral principal y se fijó en el tejado.

– ¡¿Sigue allí?! – exclamó a sus hermanos.

– ¡No! ¡Ya se fue! – contestó Jyushimatsu.

Pobre alma de nini en desgracia. Quedó paralizado con la boca abierta y en medio de la calle luego de recibir la noticia. No lo comprendía, pero era una realidad a estas alturas; su mala suerte era un muy mal chiste o tal vez el destino se estaba carcajeando de lo lindo con él.

– ¡Hey, Choromatsu! – le llamó el segundo. – ¡Aquí está tu entrega! – le avisó, para luego lanzársela.

El paquete impacto contra su cabeza y rebotó, al mismo tiempo que el otaku desgraciado caía. Literalmente, se hizo polvo antes de que tocara el pavimento.

A la hora de la cena, Osomatsu puso el tema de conversación en la mesa, titulado como "La odisea fallida de Choropajerovski en busca de Gothic Lolitas". Cuatro de sus cinco hermanos estuvieron burlándose del de verde, sin tregua alguna, lastimando su trastabillado ego con una metralleta que disparaba miles de taladros percutores Bauker hacia su pecho de una forma metafórica, obviamente. El otro ya no encontraba cómo defenderse además de tirarles sopa hirviendo. No sabía si llorar de la rabia, aguantarse o matarlos con un taladro Bauker completamente real.

– Bueno, ya que no te funcionaron con las lolitas te recomendaría otra cosa, Choromatsu nii-san. – le sugirió Todomatsu, revisando quizás qué cosa en su movil. – ¿Qué tal si vas a un maid café común y corriente? Tienes suficiente dinero como para pedir un paquete cada semana ¿no?

Un momento, ir al café… Si mal no recordaba, la mensajería tenía café ¿Verdad?

– ¡Eso es! – se le iluminó el rostro de repente, disipando cualquier intención malvada que haya tenido con sus hermanos hasta el momento. Era tan simple ¿Cómo no se le ocurrió antes? Sí las repartidora no van hacia él, entonces él irá hacia ellas. – ¡Iré al café de la mensajería mañana! ¡Y un montón de chicas me atenderán! – decidió, levantándose muy triunfante. – ¡Eres un genio, Choromatsu!

Sus hermanos le miraron con la expresión más confusa y asqueada que existe. La mente de un otaku engreído podía ser todo un enigma. Sin embargo, Karamatsu le escuchó con mucha atención, pues había encontrado una gran oportunidad para ver otra vez a su golondrina. Choromatsu podía ser un alma caritativa y el que menos abusa de su amabilidad, así que, ¿Qué tan difícil podría ser?

Se armó de valor como nunca y antes de irse a dormir, le preguntó a su hermanito en privado.

– Oye, Choromatsu… ¿Me dejarías acompañarte mañana?