La vida de un Duque era realmente aburrida, su infancia la recordaba llena de lecciones y clases preparándolo para sus responsabilidades, su adolescencia en el internado militar fue lo más parecido a un trato equitativo entre los presentes y debía admitir que extrañaba el ejercito.
A diferencia de la corte en el ejercito te ganabas tu puesto por tus propios méritos, no por nacer en la cuna correcta. Viajar fue otro punto a favor para la milicia, visito lugares increíbles y disfruto la compañía de muchas mujeres, jamas se comprometió lo suficiente para peligrar y ciertamente jamas se enamoro. Si hubiera sido un segundo hijo sin duda se quedaría en la milicia pero como hijo único tenia un deber que cumplir con la corona.
Y ese era justo el problema, fue hijo único, sus padres estaban muertos y no tenia familiares directos cercanos que pudieren heredar. No podía morir sin un heredero y la reina fue clara, debía elegir una esposa antes que ella le eligiera una y ciertamente eso no era lo ideal, tras concluir sus pendientes en el ducado viajo a su propiedad en Londres, faltaba muy poco para que la nueva temporada social iniciara y debía prepararse para ser acosado por madres ansiosas de casar a sus hijas y porque no algunas viudas tratando de subir un escalón social.
Se acomodo molesto en el carruaje esperando que el viaje pasara rápido, planeaba elegir una chica decente, de preferencia agraciada con la que pudiera convivir, no esperaba amor o fidelidad, solo la posibilidad de volverse amigos y procrear al menos dos hijos para evitarle a su heredero su misma pena.
Era un ermitaño social así que no poseía muchos amigos en la corte, tampoco ayudaba mucho su... honestidad y tendencia a crear caos, sabia que solo era aceptado por ser el favorito de la reina y no le importaba, solamente esperaba que su dinero y posición fueran suficiente para evitar una negativa de la familia de su aun imaginaria esposa. El matrimonio vendría con ventajas como el relegar compromisos sociales, volverse invisible ante las madres casamenteras, salir de la mira de la reina y un pretexto valido para viajar por placer.
Pensar en las ventajas hacia mas disfrutable su condena, hace ya cinco años o un poco mas no se presentaba en los bailes de temporada o algún baile que no fuera de su circulo, así que no tenia idea de las opciones de jóvenes casaderas, recordaba en sus últimos bailes unas... criaturas nada agraciadas o demasiado pagadas de si mismas. Frívolas y hermosas, adoctrinadas para pensar lo mejor de ellas y dispuestas a agradar... era asqueroso en verdad. Jamas podría convivir con una mujer así, estaba seguro que terminarían por odiarse y el solo quería mantener la paz en su hogar.
-DD-
Odiaba Londres.
Tenia menos de una semana y ya varios en la cámara de Lores habían expresado sus buenos deseos a su salud y su consternación al verlo en la capital tan cerca de iniciar la temporada, solícitos se ofrecieron a presentar "amenas compañías para el baile" al ser obvia su asistencia al mismo.
Tras concluir la sesión de ese día decidió irse a su casa, llamar a su sastre y no salir hasta que tuviera que hacerlo. Se sentó con pesar en su despacho y observo el escudo de su familia, era una de las pocas cosas que su padre le había enseñado.
["-Mira bien hijo y dime ¿Que es lo que ves?- pregunto señalando el escudo.
-Es una serpiente en un árbol...- respondió un tanto inseguro mirando a su padre sonreír por su ambigua respuesta.
-No es cualquier árbol Anthony... es un manzano, por generaciones los Crowley hemos sido serpientes, astutos, inteligentes... nos adaptamos a los cambios y prevalecemos aun si nos tachan de crueles "hacer lo que haga falta" solía decirme tu abuelo pero necesitamos un equilibrio hijo y ahí entra el manzano - sin duda el tono y la mirada de su padre le hacían sentir incomodo- Nuestras esposas por el contrario son como un manzano, nos afirman, nos dan perspectiva son fuertes pero son compañeras de vida, no muñecas de sociedad.
Su madre no hacia mucho había fallecido, habían ilusiones de un nuevo integrante en la familia pero fue demasiado para el frágil cuerpo y ninguno lo había logrado.
-Tu madre me llamo "idiota" la primera vez que nos conocimos, hermosa, terca y jovial complemento demasiados aspectos de mi vida hijo... busca tu manzano, necesitas un complemento no un igual o un seguidor."]
Sin duda fue una platica incomoda con su padre pero fue en buen tiempo, poco después el partió a la milicia y solo volvió para verlo en su lecho de muerte. Había estado tratando se seguir uno de los únicos consejos que le había dado su padre pero era difícil... aun tenia tiempo para encontrar a su manzano, esperaba encontrarle.
-DD-
Tras huir de compromisos sociales durante los últimos días finalmente llegó la hora de asistir al horrible baile de temporada, no guardaba muchas expectativas de encontrar una pareja sin embargo serviría para ver posibles candidatas. Camino por el enorme salón mientras jugaba con el mango de su bastón bastante incómodo ante la mirada de todas las madres que obviamente buscaban casarlo con alguna de sus hijas.
Ciertamente comenzaba a aburrirse mientras presentaban a las nuevas chicas y la reina daba su aprobación para peticiones de matrimonio, la noche pasaba larga y sin incidentes, hasta ahora había podido escapar de dos mujeres que insistían en coquetear de forma burda con él y de unos cuantos padres que querían emparentar con él. Hastiado y hambriento decidió tomarse un pequeño descanso de todo y se acercó a la mesa de bocadillos tratando de no ser interrumpido, era bastante bien sabido que no se debía de interrumpir a una persona mientras trataba de comer aunque parece que algunos no habían sido educados correctamente.
Busco entre la mesa algún bocadillo que pudiera gustarle y cuando finalmente se aventuró a tomar el ultimo pastelillo de moras una delicada mano chocó contra la suya, nervioso de ser abordado por a cualquier buscadora de atención se giro tratando de parecer un tanto intimidante para quedar inmediatamente congelado ante la preciosa vista.
-Lo lamento puede tomarlo si quiere - la dulce voz lo saco de su ensoñación.
-¡No! -tosio incomodo- Digo... puede tomarlo usted señorita- hizo un cortes gesto hacia la dama y esta feliz tomo su pastelillo para hacer una suave reverencia y alejarse rumbo al balcón.
Observó como la hermosa dama envuelta en un sencillo vestido rosado caminaba siendo ignorada por la mayoría de los caballeros en la habitación ¿Acaso estaban ciegos? ¿O tal vez estaba casada o comprometida? Aun tenía grabado en su memoria el suave azul de sus ojos, los perfectos rizos de un rubio casi blanco que enmarcada su redondeado rostro, la pequeña sonrisa complacida por algo tan simple como un dulce... Una mano se poso en su hombro asustandolo y sobresaltado se giro para ver al Marques Dowling.
-Marques...- saludo escuetamente.
-Señor Duque, hacia bastante no lo veía en un baile- saludo con una sonrisa un tanto burlona.
-Sabes porque estoy aquí...- tomo una de las copas a su disposición necesitando alguna distracción.
-Todos en la cámara de Lores, agradezco solo tener hijos varones- resoplo divertido.
-Es por eso que no he corrido de ti- se burlo de regreso.
-No creo importara si tuviera mil hijas ya pusiste tus ojos en Miss Fell- menciono conocedor tratando de confirmar sus sospechas.
Crowley no quería aceptar que había sido cautivado tan rápido, apenas la había visto y no conocía su carácter pero tal vez el Marques podría saber más sobre "Miss Fell".
-¿Que sabes de ella?- pregunto sin rodeos, no le gustaba el juego político... no mientras no pudiera crear caos.
-Es la hija menor del Barón Fell y la única soltera, se las ha arreglado para espantar a todos sus pretendientes, no que tuviera demasiados, la consideran hermosa pero robusta y demasiado... curiosa - se encogió de hombros- Después de cuatro temporadas es considerada una solterona - explico.
-¿Cuatro temporadas?- no era de extrañarse que pensaran seria una solterona, las mujeres eran presentadas a los 17 años y los cerdos preferían esposas jóvenes, llegar a los 23 y seguir soltera no era bueno si planeabas casarte y aunque parecía a la señorita Fell le faltaban un par de años no lucia interesada.
Era cierto, tal vez no era alta y delgada pero tenía la estatura justa y sus curvas estaban perfectamente equilibradas, su rostro era armonioso y su sonrisa encantadora. Un ángel que nadie podía enamorar.
-Debería apurarse...- le recomendó el Marques- pronto comenzara el banquete y tal vez podría sentarse junto a ella o invitarla a bailar- dicho esto dio una leve inclinación siendo el Duque de mayor rango y se retiro de ahí, jamas pensó ver al cínico y ermitaño Duque Crowley interesado en una dama.
Menos una tan... especial como Miss Fell.
-DD-
No supo muy bien como paso pero estaba sentado frente al Barón Fell, su intención era sentarse junto al Barón y tener de frente a la señorita pero parecía resulto al contrario, no que se quejara... pero no sabia de que hablar con ella.
Terminaban el primer plato cuando la escucho bufar ante el escandalo de un Lord que comentaba sobre lo inútil que era el habito de la lectura.
-Eso explica sus aportes en la cámara de Lores...- mascullo divertido ante la mirada alarmada de varias personas- Mi Lord si es una conversación privada mantengala callada o voy a opinar - aviso mientras retiraban su plato, el enrojecido Lord cerro la boca antes de girarse al lado opuesto para seguir platicando esta vez de forma moderada.
Tarde noto Crowley que pudo tal vez no haber dado una buena impresión a la dama a su lado pero esta parecía sumamente divertida si la forma en la que escondía su risa en la servilleta era una buena señal.
-Anthony J. Crowley un placer- se presento con una pequeña sonrisa tomando una de sus manos para besarla galantemente, complacido noto el suave rubor en sus mejillas.
- Azira Fell señor Duque, el placer es mío- respondió aun afectada por aquel gesto galante.
-Solo Crowley señorita Fell, me gusta pensar aun no soy tan viejo- comento a modo de juego siendo recompensado con una linda sonrisa.
-Me temo nos meteríamos en un lio si me escuchan llamarlo con tanta confianza su señoria- dieron una discreta mirada a su alrededor, nadie parecía notarlos más de lo que notaban a los meseros pero Crowley sabia que debía ser cuidadoso, no por el. Un chisme podría arruinar a la señorita Fell y lo ultimo que deseaba era meterla en problemas.
-Entonces es mi deber pedirle me reserve el primer baile apenas la banda comience a tocar tras la cena- tenía mucho que no bailaba, usualmente no lo hacia si podía evitarlo pero mientras más la conocía más deseaba pasar tiempo a su lado. Quería asegurarse de que no seria la ultima vez que la vería.
-Seria un placer...- susurro tímidamente mientras los platillos seguían llegando, Azira nunca había sido abordada por un caballero así. Distaba mucho de como retrataban al gran Duque Crowley, no sabia si la gente había exagerado o solo aun no mostraba sus verdaderos colores. Aunque por la respuesta hacia el ruidoso Lord se podía decir que era demasiado franco... tal vez eso fue lo que causo su extraña reputación.
El resto de la cena siguieron intercambiando pequeños comentarios y miradas, debía ser cuidadosa pero... era tan sencillo hablar con el. Al finalizar la cena volvieron todos al gran salón, su padre no dejo de observar como el Duque la escoltaba y su dama de compañia los seguía con prudencia, usualmente no necesitaba de ella pero normalmente ningún hombre se acercaba a ella.
Para sorpresa y disgusto de muchos caminaron juntos hasta la pista donde comenzaron a moverse al son de la musica. No que alguien estuviese en contra de ellos, las madres solo querían que el Duque conociera a sus hijas y los Lores jamas lo vieron tan atento con una dama, la temporada había comenzado con el premio mayor que había sido la atención del favorito de la reina, pero este parecía haber elegido ya a la dueña de sus atenciones.
Bueno... ¿les gusto? Tengo mucho sin escribir algo largo, no serán muchos capítulos y sera todo muy rosa, no habrá una trama super compleja ni nada solo deseaba un fic así desde hace tiempo.
Espero lo disfruten.
