Disclaimer: El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen. Hago esto con fines de entretenimiento.

Advertencias: Siento que este cap tiene algo (o mucho) de OoC. Si es así, demándenmelo con confianza u.u

Medio inspirado en "En coma" de Morat.


Ruleta

7


"Se nos acaba el tiempo, es tarde, te quiero."


Hay una sensación extraña en su pecho, la sensación de que algo ha olvidado, pero por más que busca en su mente, nada encaja. Está en casa, la misma que ha frecuentado más de diez años y, sin embargo, todo se siente… diferente. Algo falta, aunque se niegue a decirlo en voz alta.


—¿Estás bien? —La voz suave de Izayoi llegó desde su lado derecho, la mujer lo miraba con la misma cara de preocupación que siempre le había mostrado desde la primera vez que había llegado a ese hogar.

Asintió. Había sido una mañana bastante… extraña. Había despertado en su habitación y los colores blancos, azules y dorados le dieron los buenos días, se vistió con ropa simple para la universidad; pasó por el cuarto de InuYasha, quién todavía dormía y llegó a la cocina donde su madrastra le ofreció un desayuno.

Pero Sesshōmaru no recordaba haberse ido a dormir el día anterior, ni siquiera haber desayunado con la mujer que parecía disfrutar de su taza de té.

—¿Desayunamos juntos ayer? —Preguntó, en su lugar, no podía decirle a Izayoi que ni siquiera recordaba que había pasado el día de ayer. Se supone que siempre había tenido una buena memoria. Podía incluso recordar pequeños detalles que los demás, no. ¿Entonces?

—Por supuesto —le sonrió ella, nuevamente—. ¿No lo recuerdas?

Quiso negar, pero se quedó callado.

—Supongo que se te olvidó —ella rió y el ruido de su risa inundó la cocina. Una emoción extraña pasó por el pecho de Sesshōmaru, una especie de déjà vu que no termina de serlo por completo.

Tenía una vida escuchando reír a Izayoi en cualquier rincón de su casa. Parecía raro que ahora fuera tan diferente. Él sentía que algo andaba realmente… mal. Pero no lo dijo, Izayoi seguía bebiendo de su té y parecía cómoda, relajada.

—Debo irme —anunció cuando el reloj de su muñeca sonó. Sabía que debía ir a clases, su plato ya estaba vacío. La mayor asintió, él lavó sus utensilios y salió de la casa.

Volteó a mirar su propio hogar, pero algo se sintió diferente en su pensamiento. Jamás había considerado esa casa como un hogar, después de que su madre biológica se despidiera de él en las puertas de esa casa, se negó a llamar a ese lugar su hogar, no volvería a cometer un error de ese tamaño. Pero la palabra había llegado a su mente con rapidez.

Lo dejó pasar, tenía clases que tomar. Caminó por todo el camino que se sabía de memoria, cruzó miradas con vecinos conocidos, pero se detuvo ante una casa pintada de color rosado. No tenía nada de especial, era una casa de un piso y un jardín bastante colorido, aun así, recordaba que el color no era el rosado. Era un color azul bastante bonito que había hecho…

¿Había hecho, qué? No pudo recordar, los recuerdos parecían cautivos en su mente. Había parado aquí, antes. Con alguien a su lado que había dicho o hecho algún gesto sobre el color, pero… ¿Quién era?

—¡Sesshōmaru! —La voz clara de su medio hermano llegó a él, InuYasha con su cabello plateado corto en señal de rebeldía, su chaqueta roja junto con unos jeans negras y sus tenis negros.

Estaba bastante… exhausto, seguramente ya era tarde para llegar a su clase y pensó que llegaría si corría. Era bueno corriendo, Sesshōmaru debía de reconocerlo.

—InuYasha.

—¡No me dejes atrás de esa manera! —Pidió, pero las cosas se sintieron irreales. Jamás habían compartido el camino juntos, ¿no es así? A menos qué…

—InuYasha —volvió a llamar—. ¿Está casa siempre ha sido rosada?

—¿Hm? —Su medio hermano enfocó sus ojos dorados en la casa. La examinó y lo volteó a ver, con el ceño fruncido—. Sí, terminaron de pintarla hace un mes. ¿No recuerdas? —Se acercó a él, como si quisiera tocarlo, pero desistió, quedando detrás rápidamente—. Oye, Sesshōmaru. ¿Te sientes bien?

Quería asentir y acabar con los ojos de su medio hermano sobre él, pero prefirió retomar la caminata hacia la universidad. InuYasha no tardó mucho en seguirlo, con sus manos en la nuca, caminando en una posición bastante relajada, como si hubiera decidido que perder la clase no era tan importante en ese momento.

Sabía que InuYasha lo estaba mirando, lo podía sentir sobre su persona, aunque se quedó callado. Si bien estaban caminando juntos, ambos parecían siempre listos para terminar en alguna pelea, como si el tiempo de adolescencia jamás hubiera terminado. Atrás habían quedado aquellos días y ahora parecían ser dos personas normales y civilizadas, dos medios hermanos que ya no necesitaban el ceño fruncido de Izayoi para comportarse.

Por aquellos días, Izayoi regañaba a InuYasha o a él y los mandaba a su habitación para reflexionar. Había hecho de todo para que ambos se llevaran bien y después de todo, había funcionado. Parcialmente.

—¿Estás así por el estrés de los exámenes finales? —Finalmente abrió su boca su hermano. Sesshōmaru no volteó a verlo, ¿qué se supone que tenía que responder a eso?—. Izayoi dice que tu último año debe ser complicado.

Asintió, en señal de estar escuchando. Tal vez podría decirse si era complicado o no. Pero no lo recordaba. Se sentía como si estuviera viviendo una vida que no era suya.

—Es tarde. —Le recordó.

—¡Carajo, la práctica! —Corrió nuevamente, dejándolo atrás, articulando algo tipo «Miroku va a matarme» que Sesshōmaru decidió ignorar.


Si bien Sesshōmaru sentía que estaba viviendo una vida que no le pertenecía, las clases se sentían como un déjà vu. Recordaba el lugar donde se sentaba, el nombre por lista de sus compañeros memorizado y que cambiaba de clase en clase; el vestuario de su profesor aquella mañana. Recuerda el tema, como si lo hubiera visto el día anterior o el anterior a ese.

Recuerda con perfección cada ejemplo citado, cada pregunta que hacen sus compañeros o las que habían venido a su mente en ese momento. Es una situación realmente extraña, como si pudiera ver el futuro, pero sabe que ese no es el caso. Se siente tan repetitivo, envuelto en un mundo (¿o una realidad?) dónde casi nada tiene sentido, salvo sus clases.

Sesshōmaru sabe que ese día van a cancelar su última hora pero cumple con su horario a la perfección hasta que llega su última hora, una chica se presenta en la puerta, avisando que el docente tienen una junta de último minuto con un comité y no podrá atenderlos. Los chicos a su derecha celebran, los de la izquierda sacan su libro y empiezan a estudiar para los exámenes y él mira la puerta en espera.

¿Está esperando a alguien? Se pregunta en ese momento. Siente su celular vibrar, pero no hay mensajes ahí. Es extraño. Y vuelve a mirar a la puerta, como si esperara encontrar una presencia ahí, a alguien mirándolo con una sonrisa de oreja a oreja.

Se extraña. ¿Quién lo estaría esperando?

—Sesshōmaru —voltea y el cabello ondulado y largo de Kirinmaru se bate hacia su persona. Frunce el ceño y se aleja un poco, el chico le sonríe ligeramente—. Pensé que tenías una cita hoy.

¿Cita? ¿Con quién tendría una cita y por qué?

Niega.

Kirinmaru lo ve con atención y se atreve a preguntar si sucede algo, vuelve a negar, terminando de guardar sus cosas y convenciéndose de que lo mejor será ir a casa y… ¿estudiar? También puede recordar con perfección las preguntas del examen, había obtenido una nota bastante alta. Pero no recuerda haber llegado ese día a su casa a estudiar, hay una especie de nube en sus recuerdos.

Ese día, este día, se dice. Llegó a casa tarde, recuerda. ¿Pero por qué? Tenía algo entre sus manos y recuerda que primero hizo un pequeño desvío hacia un…

—Templo —concluye Kirinmaru—. ¿No es así?

Se ha perdido la conversación, lo sabe. Pero asiente distraídamente.

Fue a un templo antes de ir a casa. Era tarde, el sol se estaba metiendo y subió todas las escaleras y fue saludado por… ¿por quién? Desistió una invitación, lo sabe, pero no recuerda. No puede recordar.

Qué situación más frustrante.

Termina colocando sus cosas ordenadamente y decidiendo que volverá a casa, a pesar de las palabras que Kirinmaru le dedica para decirle que mejor se quede y espere, tal vez ha sido todo un mal entendido. Aun así, Sesshōmaru se siente tan perdido en ese momento, como si todos los días que hubiera vivido estuvieran mezclados y nublados.

El camino a casa se siente monótono, se detiene nuevamente ante la casa que no recuerda que estaba pintada de aquella manera y se le queda mirando como si realmente algo estuviera mal. Como si el solo color se burlara de él y de lo que sea que está sufriendo en ese momento. Se siente tan irreal en medio de la calle casi siempre desierta.

Sigue caminando, algunos vecinos le saludan con un cabeceó y otros levantan la mano. Asiente y no deja de caminar hasta que su casa aparece ante sus ojos; Sesshōmaru la observa y siente, por alguna extraña razón, que también algo está mal. Inevitablemente piensa en su propia casa, un hogar de dos pisos, con una cocina bastante grande donde… ¿Dónde qué?

«Risas»

Se rinde. Su mente es realmente un enigma en ese momento y obligarse a recordar no es opción en ese momento. Entra en la casa, Izayoi no está en casa y hay una nota en la mesa que dice que volverá tarde, junto a Inu No. Taishō camina hasta su habitación y se deja caer en su cama, jamás ha sido una persona de siestas, tampoco de ir a la cama antes de que el sol se oculte por completo, pero siente que necesita un descanso en ese momento. Se siente como si hubiera pasado días en esa situación y no solamente ese, toda su energía parece agotarse y no hay nada más que desee en ese momento que volver a abrir los ojos y sentir que nuevamente está donde debe estar. Sin sentir una especie de déjà vu por cada evento.

Sin embargo, sus deseos no son escuchados cuando abre los ojos horas después, otra vez siendo recibido por los colores apenas visibles de su habitación porque el sol está a punto de meterse por completo. Sesshōmaru tiene un gusto por esos colores y, por supuesto, ha dormido en ese lugar durante tanto tiempo, pero hay algo mal, algo que le dice que no debería estar ahí.

Aun así, decide ignorarlo, prender la luz de su habitación y estudiar los temas que ya se sabe de memoria para distraerse. Su mente parece indicarle las respuestas del examen del día siguiente, lo que le confirma que sí, hizo ese examen antes.

Escucha los pasos en el piso de abajo, Izayoi riendo y su padre también, siempre juntos los dos, Sesshōmaru recuerda los días de infancia con ambos, como parecían atraerse de forma natural el uno al otro, siempre felices alrededor. También puede recordar los días de discusiones que terminan siempre con ambos sentados como adultos que eran (y siguen siendo) en la sala, conversando cuando el enojo finalmente se ha ido.

Baja y ambos se sorprenden de verlo.

—¿Hoy llegaste temprano? —Izayoi lo mira con preocupación. Como si hubiera hecho algo mal al estar temprano en casa.

—¿La cita terminó temprano? —Los mira a ambos como si hubieran perdido la cabeza, la palabra cita vuelve a sonar en su mente. ¿Acaso tenía, realmente, una cita? ¿Con quién y para qué? Su falta de respuesta tan normal, hace que los ojos de Inu Taishō se llenen de preocupación—. ¿Algo anda mal, hijo?

Quiere negar, lo desea. Pero todo en ese lugar parece estar mal, hasta su sola presencia en ese momento, porque su mente no deja de decirle que tiene que estar en otro espacio, tal vez en otro tiempo. También puede escuchar decirse a si mismo que necesita encontrar a alguien, aunque se niegue a aceptarlo porque no puede recordar.

—No tenía una cita hoy. —Finalmente dice, omitiendo la pregunta de con quién tendría una cita.

La mentira no los convence, lo sabe, puede verlo. Pero ambos siempre han respetado su espacio y su vida privada, así que no dicen nada; Izayoi le pregunta si ya cenó y cuando él niega, diciéndole que no tiene hambre, ella le sugiere que coma algo ligero si todavía tiene que estudiar, asiente y sigue su sugerencia ante la mirada atenta de ambos mayores, pero ellos se niegan a comentar algo más. Él tampoco lo hace.

El ruido de la puerta al ser abierta suena y el cabello de InuYasha se asoma, les sonríe a ambos y los llena de comentarios sobre su día, Inu No hace algunas preguntas que InuYasha responde con entusiasmo, desde su lugar en el sillón, Izayoi se disculpa con ambos y camina hasta él, en la cocina.

—¿No quieres unirte? —le pregunta, con aquel tono bajo y maternal que siempre ha usado con él. Tanteando el terreno, él niega, se siente todavía bastante fuera de sí mismo, de esa vida y de esa familia.

En su infancia jamás se sintió así, Izayoi lo hizo sentir siempre parte de la familia. Inu siempre conversó con él e InuYasha mantenía a raya su temperamento por minutos. Sin embargo, él siempre declinó. Ahora es diferente, realmente es como sino perteneciera a ese lugar. No obstante, no los va a mortificar con sus preocupaciones sin sentido, no tiene una forma de darle estructura a sus pensamientos y se termina de decir que eso algún día terminará.

Tiene la idea (esperanza) vaga en su cabeza sobre un día despertar y sentir que realmente esta es la vida que tiene, que así es su relación con su padre, madrastra y medio hermano, sin embargo, su mente parece gritarle que únicamente se está engañando; la idea que se refuerza cuando ve a InuYasha encontrar su mirada y hacerle un gesto en forma de invitación, tal y como lo hizo Izayoi antes y se pregunta si realmente InuYasha desea que este ahí, que sean los cuatro en aquella sala lo suficientemente grande.

—¿Tienes mucho por estudiar? —Le pregunta Izayoi, está buscando en la alacena sus galletas favoritas. Sesshōmaru agradece que el contacto visual con InuYasha se rompa entonces.

Sabe que no. Que su cerebro conoce todas las preguntas y respuestas como si él hubiera sido el encargado de elaborar el examen. Pero asiente, queriendo salirse de ahí, dejarlos solos. Por primera vez, siente el impulso de resguardarse en su habitación hasta que la noche caiga y se quede solo con sus pensamientos.

Y al día siguiente, todo sigue exactamente igual. Con la misma sensación en el pecho de que todo eso es un déjà vu constante, que no debería estar en el lugar en el que está. Ni convivir con las personas con las que convive día a día y se pregunta si es parte de un sueño o solamente está imaginando todo. Si se pone a pensar en casos más extremistas, ¿estaría perdiendo la razón?

El día en la universidad vuelve a ser conocido, el examen que jura ya realizó también es exactamente igual, con las mismas preguntas y él coloca las mismas respuestas que en ese entonces. Sabe que su profesor le llamara al finalizar la clase para hablar con él de su tema de exposición, también sabe que sacara su celular del bolsillo y le mandara un mensaje a… ¿a quién, nuevamente?

Entrega el examen y espera en su pupitre, los apuntes del día anterior están en su libreta y no hay ningún indicio de que algo aparezca por arte de magia si él no escribe algo. Tan siquiera, eso sigue normal en su vida extraña. Pero la sensación de que está olvidando algo, de qué debería estar hablando con alguien, le sigue con fuerza y parece no desear soltarlo: InuYasha también ha insinuado esa mañana que es extraño no haberlo visto mandando mensajes ayer. Sin embargo, su medio hermano no comentó nada más y caminaron juntos hasta el campus.

Es sumamente extraño. Porque, aunque recuerda los días en la universidad junto a sus clases, sabe que InuYasha nunca fue una figura que se mantenía a su lado. El chico lo había evitado como si fuera la peste después de la secundaria, refunfuñando porque sus facultades estaban demasiado cerca y solían toparse en la cafetería cercana. InuYasha siempre fingía que no existía, en compañía de sus compañeros o amigos; Sesshōmaru siempre visitó esa cafetería solo hasta qué…

¿Qué? Nuevamente se pregunta. Hasta qué… Y se rinde. No lo recuerda, su cabeza se niega a brindarle más información. Siempre que parece va a encontrar un pequeño destello todo se evapora antes de que pueda tocarlo, pero está relacionado con la actitud de InuYasha, las insinuaciones de sus padres y la rutina que no está manteniendo, pero no puede recordar con exactitud.

Sin embargo, sabe que no encontrará nada por más que busque en su cabeza y no tiene a nadie a quién preguntarle realmente, aunque InuYasha parece encontrarse decidido a saber qué está pasando con él, también puede leer la preocupación en los ojos siempre amables de Izayoi y su padre parece estar esperando algo de él.

Como anticipa, su maestro le llama para hablar de su tema de exposición, los dos entablan una conversación corta y concisa hasta que su profesor queda satisfecho y se marcha. Antes de que pueda pensar en lo siguiente que hará, su mano se mueve a su bolsillo en un movimiento que parece acompañarlo siempre y desbloquea su celular. Se queda mirando la pantalla, sus chats solamente son con su familia, algunos mensajes sin leer de los grupos de su facultad; Kirinmaru preguntándole si van a estudiar juntos y por primera vez Sesshōmaru siente que hay un destello en su cabeza; hay un chat, él acaba de escribir «llegaré en unos minutos»y parpadea solo para darse cuenta que realmente no le ha escrito a nadie y no tiene planes.

No obstante, él sabe que vio algo. Fue un pequeño destello de memoria, él había estado hablando con alguien, había hecho planes. Pero todo eso fue borrado ante sus ojos, como si jamás hubiera estado ahí, como si hubiera sido fácil desaparecerlo. Sesshōmaru se quedó parado unos minutos más en aquel lugar, viendo a los demás seguir con sus vidas de forma tranquila, completamente ajenos a él, sintiendo que todo eso era un enorme rompecabezas que era incapaz de armar por sí solo.


Sesshōmaru jamás fue una persona cuyas esperanzas fueran depositadas en algo en específico, pero la primera vez que despertó y se sintió extraño en su casa, mantuvo una pequeña llamada de esperanza encendida esperando el momento en qué despertara en la vida que él recordaba. Con la rutina familiar que estaba seguro había formado hace tiempo atrás y no se parecía mucho a esta, no obstante, habían pasado varios días y absolutamente nada había cambiado.

Seguía compartiendo el desayuno por las mañanas con Izayoi o un InuYasha recién levantado que comía lo más rápido que podía para llegar a tiempo a la facultad; había ocasiones en las que su medio hermano lo alcanzaba a medio camino, siempre enfrente de aquella casa de un color que él sabía, no tenía antes. Pero todo lo demás era bastante conocido, un déjà vu constante en su vida, sus compañeros, los temas de estudio, los exámenes y las tareas. Lo único que cambiaba era que InuYasha no parecía evadirlo cuando se topaban, que ocasionalmente sus horarios de salida coincidían y caminaban en silencio hasta su casa (cuando el otro no desaparecía porque tenía cosas que hacer). Nadie volvió a insinuar que él estaba faltando a alguna cita y no volvió a tener ningún destello familiar de memoria, pero algo todavía se sentía bastante mal. No encajaba.

Sesshōmaru no encajaba en esta vida.

Por más que lo intentara, era como si hubiera viajado a una realidad alterna donde sus relaciones familiares cambiaban para bien; él sin hacer que la expresión de Izayoi se torciera en un gesto entre preocupación y tristeza cada vez que hablaban más de dos minutos. Una relación con InuYasha un poco más sólida y un padre que pasaba los fines de semana con los dos en casa o diciéndoles que tenia una idea de una salida familiar. Sesshōmaru sabía que hubiera sido bueno tener todo eso antes (aunque nunca supiera que podía desearlo en el fondo) pero faltaba algo. No estaba completamente a gusto con la sensación de qué había olvidado un asunto sumamente importante.

Ocasionalmente buscaba algo que le ayudara a saber qué era lo que verdaderamente estaba mal con su vida actual. Porque se sentía tan ajeno a todo lo que conocía en ese momento, sin embargo, no había absolutamente nada. Ni una pista, no volvieron los destellos y su vida en ese lugar continuó. Sesshōmaru se preguntó si debería acostumbrarse a la vida que tenía en ese momento sin intentar encontrar respuestas de ahora en adelante.

—¿Tienes planes para el fin de semana? —Kirinmaru se encontraba sentado a su lado, su laptop estaba encendida y parecía perfeccionar sus últimos apuntes antes de guardar sus cosas e irse.

—No.

Si bien había cosas extrañas en su vida, la presencia de Kirinmaru no lo era. El chico se había acercado a él los primeros años de la universidad a pesar de qué él en ningún momento lo consideró su amigo. Pero era un buen compañero y trabajar con él era sencillo, tenían ideas similares y se habían acoplado el uno al otro con bastante facilidad.

—¿Quieres salir con nosotros mañana?

—Nosotros —repitió él, esperando una mejor explicación.

—Mi hermana y yo —prosiguió Kirinmaru, empezando a guardar sus cosas en ese momento—, posiblemente las amigas de ella también —agregó con obvio enfado, probablemente en desacuerdo con la situación—. Comprará cosas por su cumpleaños. —Especificó.

Por supuesto. Pensó. El cumpleaños de Zero, la hermana de Kirinmaru. Había asistido porque ambos hermanos le insistieron que fuera, había sido bastante agradable, sin embargo, no recuerda haberlos acompañado a hacer sus compras.

¿En qué consistían los cambios en su memoria?

—Iré. —Le aseguró.

Kirinmaru asintió, salieron juntos por la puerta y él le prometió mandarle los detalles de donde se encontrarían por mensaje. Sesshōmaru asintió y empezó a caminar rumbo a su casa, InuYasha había salido temprano, por lo que no lo alcanzaría ese día. Caminó con tranquilidad, subió las escaleras y se derrumbó en su cama, cerrando los ojos al instante.

No tenía sueño, pero decidió que tomar una siesta no iba a quitarle nada. Estaba en una vida que no congeniaba con la propia y que parecía tomar un ritmo completamente diferente al que conocía y le había quitado algunos recuerdos. Era un gran rompecabezas con piezas faltantes.

¿Algún día lo resolvería o seguiría atrapado?


A pesar de estar seguro que no tenía sueño alguno, Sesshōmaru despertó con los rayos del sol por la mañana entrando en su ventana. La hora marcaba las nueve de la mañana del día siguiente y, al mirar su celular, vio el mensaje de Kirinmaru con los planes y el lugar para verse. Le respondió que estaría ahí y después de darse un baño, bajó al primer piso.

Como siempre, Izayoi se encontraba en la sala escuchando sus canciones favoritas. Parecía bastante feliz y relajada en ese fin de semana, ella pudo percibir sus pasos y, cuando sus miradas se encontraron, ella le sonrió.

—No quise despertarte anoche —dijo, como saludo. Sesshōmaru la miró y asintió, en agradecimiento. Caminó hasta la cocina para tomar un poco de cereal—. Tu madre llamó —le notificó ella, minutos después, sentada en la mesa para hacerle compañía—, le dije que el cansancio de los exámenes te venció.

Sesshōmaru se congeló, su madre. En todo este tiempo no había pensado en ella y, por su mente, vagamente se vio a sí mismo discutiendo con ella en la que había sido por años la oficina de su padre. Ella había sacado un tema, él se había molestado y fruncido el ceño, siguieron hablando por varios minutos hasta que ella abandonó la oficina pidiéndole que reconsiderara su decisión. Él se mantuvo firme, salió del edificio, subió a su automóvil y empezó a manejar.

Pero… pero. Sesshōmaru se queda congelado. Tuvo una segunda discusión, lo sabe. Pero, ¿con quién tuvo esa discusión y por qué no despertó en el auto? ¿Qué hacía él en la oficina de su padre? ¿Qué sucedió después?

—¡Sesshōmaru! —La voz de Izayoi suena en sus oídos, bastante lejana, preocupada. Siente un apretón en sus manos, pero cuando voltea a verla, ella no lo está tocando. Es un toque fantasma, como una sensación exterior a él. Todo se siente extraño en ese momento.

Pero ese es el tono de voz que recuerda.

—¿Sesshōmaru? —Insiste ella y está vez sí lo toca. La mano de ella se siente extraña sobre su piel, no recuerda su toque porque siempre fueron pequeños momentos, pero siente que no debería sentirse así. Las manos de Izayoi siempre fueron pequeñas y cálidas. Sus manos se sienten frías, inexactas.

—La llamaré —prometió.

Izayoi lo mira durante un minuto que se siente largo, antes de quitarle los ojos de encima le pregunta si se encuentra bien. Él asiente sin agregar nada más. Sabe que Izayoi no puede ayudarlo a encontrar respuestas y empieza a dudar que alguien pueda hacerlo.

El rompecabezas de su nueva vida no tiene sentido y, tan siquiera ahora, sabe qué es lo último que encaja. Una pelea con su madre que terminó con él abordando un auto y discutiendo con alguien más, luego todo se volvió negro. Algo falta.

Tiene toda la mañana para intentar recuperar un poco más de sus memorias, después de que InuYasha despertara se permitió despegarse de la sala y caminar hasta su habitación. Sacó papel y hojas y anotó un poco de lo que recordaba como última vez en caso de qué se le volviera a olvidar. También menciona el pequeño destello de recuerdo que tuvo con el mensaje.

Buscó en su mente, repasó lo más que pudo la escena de él mismo discutiendo con su madre y se promete que la llamara después. Cuando regrese del viaje al centro comercial con Kirinmaru y su hermana. Espera a que sea una hora decente para empezar a arreglarse y sale por la puerta principal después de otra breve charla con Izayoi, ella le pregunta si llegara a comer y él niega, probablemente hagan una parada para comer, no conoce los planes de Zero.

Camina hasta el centro comercial, no está muy lejos de su casa y le permite encontrar algún otro detalle que no concuerde con su memoria previa, pero todo se encuentra exactamente igual. Los mismos colores, las mismas personas que contempló de reojo alguna vez, las calles se vuelven más amplias a medida que se acerca al centro comercial y su memoria parece decirle que todo está bien. Nada ha cambiado.

Llega al punto de reunión y solo le toca esperar unos tres minutos para que el cabello largo de Kirinmaru entre en su rango de visión, la hermana de él, Zero, junto a dos de sus amigas, lo saludan y los dirigen a todos hacia la primera tienda, sin desear perder tiempo. Kirinmaru le dirige una mirada, pidiéndole disculpas por la forma en que su hermana parece mandarlos a ambos, pero Sesshōmaru le resta importancia. Tampoco es que tuviera planes o deseara conversar con alguno.

A diferencia de Kirinmaru —que siempre había sido bastante apegado a su hermana—, Sesshōmaru e InuYasha crecieron haciendo sus cosas por separado, por lo que está salida debería ser una experiencia nueva, acompañando a alguien de tienda en tienda mientras hacen una lluvia de ideas de lo que deberían comprar para hacer realidad todos sus planes. No obstante, no es una experiencia nueva, otro déjà vu vuelve a Sesshōmaru y un destello se hace presente: hay una figura más baja que él, con su cabello negro y una falda azul diciéndole algo. Parpadea y la imagen desaparece, dejando solo a una de las amigas de Zero frente a él.

—¿Azul o verde? —Le pregunta Kirinmaru, cansado de las vueltas que da su hermana a la decisión, tomando las opciones él mismo.

—Azul —responde en automático, recordando el color que anteriormente había visto en la fiesta de la chica. Kirinmaru parece convencido, satisfecho y declara que sigan en movimiento para pagar y seguir a la siguiente tienda.

Es increíble como todos parecen satisfechos con los resultados y hacen lo que él indica. Ve a las chicas entrar por un pasillo y otro y él se mantiene al lado de Kirinmaru poniendo atención en otras cosas para la fiesta, el chico a su lado parece haberse informado un poco más y está comprobando sus opciones. Zero también parece haber investigado un poco, pero parece disfrutar de dar vueltas por el lugar.

Como sea, la tarde se les pasa en la compra de los preparativos para la fiesta y cuando ambos hermanos se encuentran satisfechos deciden que es momento de ir a comer algo a un pequeño restaurante familiar que se encuentra a unas calles. Es extraño, Sesshōmaru lo sabe, el centro comercial está lleno de lugares donde podrían comer sin caminar demasiado.

—Venden su comida favorita —le aclara Kirinmaru poniéndose a su lado nuevamente. Él asiente, tiene sentido—. Es un buen lugar —complementa después—, la comida es deliciosa.

No miente, por supuesto, Kirinmaru es un hombre con una fuerte política ante la sinceridad (Sesshōmaru siempre pensó que se llevaría bien con su padre) y se encuentra disfrutando de un platillo recomendado por Zero mientras escucha la charla casual de las chicas, el acuerdo de llegar temprano para ayudarlos a decorar. Hay algunas otras preguntas que lo incluyen a él en la conversación: desde cuándo es amigo de Kirinmaru, si lo verán en la fiesta, planes a futuro como una forma de no dejar morir la conversación.

Sin embargo, la tarde agradable finalmente llega a su final y las amigas de Zero se despiden de ellos tres mientras toman la dirección contraria hacia sus residencias. Sesshōmaru aceptó acompañar a los hermanos para cargar las bolsas y luego regresar a su propia casa, dónde anotará su último destello para intentar armar el rompecabezas que le persigue o encontrar un patrón para todo eso.

Los hermanos deciden mantenerse callados durante el camino, cosa que Sesshōmaru encuentra agradable. Zero hace algún comentario ocasionalmente dirigido a su hermano y le pide su opinión en alguna cosa, pero nada más. El camino hacía la residencia de los hermanos está al principio llena de gente y después el camino empieza a verse más solitario pero no deja de ser agradable con el sol a sus espaldas, alumbrando el camino en matices naranjas.

Pasan por un templo, las grandes escaleras parecen llamarlos a visitar el lugar, algunas personas bajan de las escaleras sonrientes, otras apenas van subiendo, con tranquilidad.

—Podemos esperar —le dice Zero, parada firmemente a unos pasos de ambos. Parece bastante seria, como si ella supiera algo que él no. Él no dice nada, espera que las palabras sean dedicadas a Kirinmaru.

Aparentemente, no lo son.

—¿No subirás? —Le pregunta Kirinmaru, demasiado serio para ser una broma.

Levanta una ceja y niega. No tiene motivos y no conoce el templo en realidad, jamás lo ha visitado. Probablemente su familia sí, en alguna salida familiar a la que no quiso ir. Sin embargo, cuando voltea a ver a sus acompañantes nuevamente, ellos lucen bastante impresionados ante su respuesta.

Ve a Zero con intenciones de preguntar algo más, pero decide al final guardar silencio. Kirinmaru la imita durante breves segundos hasta que le menciona—: ¿Sabes qué es el templo de la familia…? —Sabe que mencionó algo más, sus labios se movieron en un apellido que él no logró escuchar. Sus oídos zumbaron, impidiéndole escuchar claramente.

Aún así, asiente lentamente, volteando nuevamente a ver el gran templo en ese lugar y su corazón se aprieta ligeramente cuando están marchándose del lugar, como si lo estuviera llamando de cierta forma.

Aunque es imposible. No tiene nada qué hacer ahí.


Más días pasan y Sesshōmaru tiene ante sí un verdadero enigma que no logra armar por completo, lo único que puede rescatar es qué después de la discusión con su madre terminó nuevamente en su casa, sintiéndose extraño. Volvió a llamarla tal y cómo le prometió a Izayoi pero ella solo le hizo preguntas vagas sobre la temporada de exámenes y prácticamente exigió su presencia a finales de mes.

No había nada extraño en eso, su madre se siente como su madre. No obstante, los días siguientes siguieron sin sentirse normales. Después del día con Kirinmaru y su hermana, la mención del templo que no pudo escuchar, decidió encerrarse en su habitación sin saber nada del mundo. Le dijo a su padre que estaba estudiando e InuYasha no hizo acto de presencia de ninguna manera, por lo que estuvo realmente bien.

No deseaba ser molestado, no quería tener que sociabilizar nuevamente con las personas que en realidad no conocía porque estaba seguro que todo no tenía sentido. No encajaba con lo poco que él podía recordar en ese momento y era sumamente frustrante. Había mantenido un humor bastante estable durante semanas, pero esto ya parecía insostenible. Necesitaba saber qué pasó y cómo volver todo a la normalidad.

Pero no había ninguna respuesta, no podía encontrar una llave o una puerta. Ni siquiera sus recuerdos estaban cerca de ser un mapa para lo que sea que hubiera pasado. Para decirle como escapar de esa realidad: se estaba desesperando.

Deberías despertar —escuchó firmemente una voz detrás de él, volteó. Su padre estaba detrás de él aquella mañana mientras tomaba uno de sus libros que se encontraban en la sala. Inu lo miró con su gran sonrisa y los brazos cruzados. Sesshōmaru no entendió que quería decirle, tampoco le importó.

—Lo estoy.

—No parecía —se mantuvo en la misma posición. Parecía que disfrutaba de encontrar a su hijo mayor distraído—. No te vi en todo el fin de semana —Sesshōmaru miró la hora, se le haría tarde. Aun así, realmente no importaba, no en esta vida que no recordaba y que ya no deseaba esforzarse porque encajara con lo que él había tenido.

Eran lugares diferentes. Nadie podría convencerlo de lo contrario.

Sesshōmaru le mantuvo la mirada, sin dar ninguna explicación extra a la anteriormente dada. Inu avanzó unos pasos, posando una de sus manos en el hombro de su hijo. Él miró la mano en su hombro, al igual que con Izayoi, su mano se sentía bastante extraña, como si realmente no perteneciera al cuerpo de su padre realmente, la palma también se sentía fría y extraña contra su hombro a pesar de la tela que los dividía.

—Solo estoy preocupado por ti —le confesó, dejando que la sonrisa cayera de su cara como una máscara. Sesshōmaru asintió, sabía que se estaba comportando de forma bastante extraña para ellos, lo mismo que ellos para él—. ¿Estás completamente seguro que estás bien?

—Sí —le dijo intentando que sonara convincente—. Llegaré tarde —No encontró otra forma de alejarse de la situación.

—Por supuesto, hijo. —Y lo dejó ir.

Volvió a caminar por las calles que conocía, saludó a algunas personas que no recordaba haber visto anteriormente por ese lugar, llegó a la universidad y tomó sus clases respectivas, eventualmente Kirinmaru se unió a su lado sin decirle realmente nada sobre lo que había sucedido con la plática del templo, parecía querer decirle algo, pero finalmente había desistido. Sesshōmaru no tuvo ningún nuevo destello de un recuerdo en esos momentos y ya se había acostumbrado a los movimientos involuntarios de sus manos en busca de su celular.

Suponía que realmente había una persona a la que le había estado mandando mensajes por esa época, alguien que no lograba recordar del todo y, sobre todo, que no se encontraba en ese momento en su vida. Ni siquiera como un fantasma, como si su mente hubiera elegido eliminar todo lo que tuviera que ver con aquellos acontecimientos.

Cuando Kirinmaru sugirió que fueran a almorzar a la cafetería más cercana del lugar, él negó y le dijo que fuera solo. Tomaría el camino contrario y encontraría alguna banca en la cual sentarse y mantenerse en silencio un rato. Tratando de asimilar nuevamente todo, ocasionalmente se sentía bastante pesado lo que estaba viviendo. Como si estuviera sumergido en el agua y no pudiera encontrar forma de salir, tampoco podía gritar y no había nadie cerca que pudiera brindarle una mano.

También era un poco solitario a pesar de que Sesshōmaru siempre había sido una persona solitaria en esencia, sin embargo, de cierta forma siempre había alguien con quién pudiera intercambiar algunas cuentas palabras por día, alguien que estuviera en la misma sintonía que él y no se sentía realmente como sino perteneciera en el lugar donde vivía. Todo siempre era normal, pacífico. Ahora las cosas se habían alterado y se estaba enfrentando al hecho de que no había nada que pudiera hacer para cambiarlo.

—¡Sesshōmaru! —El grito fue de la voz característica de InuYasha, la voz que él sí recordaba. El mismo tono de voz de su medio hermano cuando estaba molesto con él, siempre el mismo tono de voz seguido de la reprimenda de Izayoi para evitar una pelea entre ambos. Había ocasiones que lo lograba, otras que era imposible.

—InuYasha. —Volteó a verlo, el cabello corto de su medio hermano se encontraba desordenado, como si hubiera corrido para alcanzarlo hasta ese lugar, sus ojos tan parecidos a los de él ardían levemente en furia contenida y se encontraba apretando un poco su mochila. Sí, este era el InuYasha que recordaba, el chico con el que discutía en toda oportunidad.

El mismo que no había visto desde hace varios días que se sentían como siglos. Tan siquiera, si iban a discutir, eso le traería un poco de la rutina que pensó había perdido. Era irónico.

Miró a su medio hermano sentarse a su lado en aquella banca, parecía tratar con fuerza el aire que había perdido por la carrera y el grito hacia su persona. Afortunadamente, no había atraído la mirada de absolutamente nadie de los alrededores. Así que esperó por lo que sea que hubiera traído a InuYasha hasta él.

—Me mantuve al margen porque mi mamá no quería que te molestara —empezó. Por supuesto, todo lo que había sucedido entre ambos, la aparente tregua, debía ser orquestada en la oscuridad por su madrastra. Si eso era así, tendría un poco de lógica dentro de ese mundo en dónde se sentía tan ajeno—. Pero necesito saber que está pasando.

Sesshōmaru lo miró, ¿sería posible que su medio hermano supiera todo este tiempo que, realmente, algo estaba mal? —¿Pasando con? —Preguntó, teniendo sus reservas con el tema. No quería exponerse tan fácilmente.

—¡Con...! —El mayor se quedó en silencio durante un largo periodo de tiempo, vio los labios de InuYasha moverse y pronunciar algo después del con, pero en ningún momento llegó a sus oídos. Como si hubiera sido censurado de alguna manera. Parpadeó, era la segunda vez que algo parecido le sucedía.

—Tu eres mi hermano —continuó InuYasha. Sesshōmaru jamás lo había escuchado llamarlo su hermano—. Pero ella es mi mejor amiga y...

Sesshōmaru no escuchó lo demás, no pudo. Las palabras de InuYasha rebotaron en ese momento en su cabeza: "mejor amiga". Conocía a la chica de la que estaba hablando su medio hermano, lo sabía, la había visto en su casa en incontables ocasiones, pero... no podía recordar nada más allá. Ni siquiera como se suponía que era ella, ni porqué había visitado la casa tantas veces. Sobre todo, no sabía porque en todo este tiempo había visto a InuYasha realmente solo sin nadie a su lado cuando él estaba seguro que tenía un grupo de amigos.

Las partes inconclusas de su rompecabezas parecieron gritar en su cabeza, sintió que su medio hermano le tocaba el hombro en un toque fantasma que no pudo procesar por completo porque su mente seguía gritándole que había algo de lo que se estaba perdiendo. Era demasiado irreal no escuchar un nombre en cuestión y, fue en ese momento, que recordó que tampoco había escuchado el apellido del templo en el que había estado previamente. ¿Tendrían una relación acaso?

—¡Sesshōmaru! —InuYasha volvió a llamarlo, sin embargo, él estaba convencido que no había tiempo para incluir a su medio hermano en todo eso. Necesitaba llegar al templo cuánto antes porque sentía que sus respuestas estaban ahí. Tan siquiera, cerca del lugar.

Se levantó de aquella banca y empezó a caminar hacia el templo, su medio hermano le gritó un par de veces más antes de finalmente darse por vencido. Pero Sesshōmaru no podía detenerse ya, había esperado por demasiados días por una respuesta, por tener algo que le diera la oportunidad de saber qué era lo que estaba sucediendo. No iba a desperdiciar nada en ese momento, llegaría hasta el templo y buscaría alguna señal de cómo había terminado todo así.


El camino hasta el templo se siente infinito, aun así, Sesshōmaru siente por primera vez que su corazón late rápido y con fuerza. Se acerca al lugar y empieza a subir las escaleras que se sienten infinitas bajo sus pies, la mochila empieza a pesarle en la espalda y se pregunta si todo eso es normal ante la expectativa de lo que puede encontrar cuando llegue al último escalón del templo.

Sesshōmaru tiene otro destello de memoria mientras sube las escaleras, es él subiendo acompañado de una chica, la misma que estuvo en su anterior destello en el centro comercial y las palabras de InuYasha resuenan en su mente en ese momento. Él le habló de su mejor amiga, ¿podrían ser la misma persona, después de todo? Aun así, Sesshōmaru piensa que no puede recordar completamente, hay algo que no lo deja recordar por completo.

Continúa caminando, puede ver los últimos escalones y los pisa. Levanta la cara —que no sabe en qué momento bajó— y mira. Para encontrar exactamente lo que ha tenido ante sus ojos todo este tiempo: nada. No hay ningún rastro de nada, es un espacio abierto, vacío. No hay nada más que un árbol sagrado y unas bancas para tomar asiento.

Sesshōmaru todavía siente su corazón latir con fuerza y siente que la frustración le sube por el cuerpo y se instala con fuerza en su pecho, le provoca un dolor realmente fuerte que no sabía podía experimentar. Todo ha sido como estar atrapado en un lugar donde todo se siente extraño, dónde no encaja y cuando finalmente puede obtener respuestas, no encuentra nada. Sin embargo, él sabe que el lugar albergaba un templo, había personas que frecuentaban el lugar todos los días.

¿Simplemente desapareció todo ante sus propios ojos? Decide finalmente sentarse en la banca más cercana al árbol sagrado del lugar para poner sus pensamientos en orden. Nuevamente. Siente que si se da por vencido va a quedar atrapado para siempre sin posibilidad de regresar, pero luchar contra todo eso es… agotador. Demasiado. Probablemente está llegando a su límite.

—Caminas demasiado rápido —la voz de InuYasha llega detrás de él. Debería voltearse y enfrentarlo, pero el árbol le resulta más interesante que cualquier cosa que su medio hermano quiera decirle, después de todo, ese no es el InuYasha que recuerda.

Se queda en silencio, observando como el viento mese las hojas del árbol. Es un bonito espectáculo, es relajante y podría imaginarse leyendo un libro en este lugar.

—Este lugar se ve diferente —le dice después, sentándose al lado contrario de él.

—Lo es. —Exclama y su voz suena bastante enojada a ese punto. Sin embargo, su medio hermano no se inmuta ni un poco, se mantiene firme en su lugar.

A la expectativa, probablemente. Pero se quedan en silencio ambos, por primera vez en años. El silencio es tenso, Sesshōmaru sabe que cualquier cosa que diga cualquiera de los dos puede terminar en una pelea en ese momento y no sabe si realmente tiene el ánimo de pelear con su medio hermano ante la falta de un escenario que debería estar ahí.

—¿Es cierto que no la recuerdas? —Le pregunta él.

Sesshōmaru siente el impulso de voltear a verlo y decirle que no reconoce ni siquiera el lugar donde ha vivido y tomado clases por años. Pero prefiere nuevamente el silencio y sumergirse en sus pensamientos, la pregunta flota en el aire y después de unos minutos se obliga a analizarla (porque no tiene nada mejor que hacer).

Está en el templo de la familia Higurashi y él…

Higurashi.

Mantiene el apellido en su cabeza, sintiendo como esta empieza a doler ante el hecho de recordar el apellido de la chica cuya cara todavía se encuentra difusa en sus recuerdos, quiere recordar, siente que lo necesita en ese momento para salir de ahí. El dolor en su cabeza regresa, pero se niega a soltar el apellido que ha conseguido, finalmente, retener con fuerza.

—Sesshōmaru —su hermano vuelve a hablar, pero su voz se escucha lejana, cansada. Siente que le toca el hombro, pero es un toque fantasma porque la figura de su hermano está a unos centímetros de él—. Deberías de despertar. —Él voltea a mirar a su medio hermano, los ojos de él se encuentran completamente fijos en él, resplandecientes y esperando.

—¿Despertar?

InuYasha asiente, pero no agrega nada más, quedándose completamente callado mientras espera, solo espera. Cualquier cosa que su medio hermano pueda decirle podría ayudarle, él parece tener la respuesta a lo que sea que está pasando. Solo necesita un nombre, piensa.

Solo necesita despertar. Se recuerda.

—Deberías despertar —insiste él y Sesshōmaru le dedica una mirada dura que no atraviesa a su hermano como debería. Por supuesto, este no es InuYasha. Aunque su voz suene parecida—. Por nosotros —agrega después, sorprendiéndolo—. Por Kagome.

Kagome.

Kagome Higurashi.

Por supuesto, piensa. Abriendo los ojos en ese momento y viendo como todo a su alrededor empieza a disolverse, a consumirse a sí mismo. Sesshōmaru ya no se encuentra con su hermano, cuya voz ha dejado de sonar cerca de su persona, tampoco siente ningún contacto externo a él, de momento todo está silencioso y él cierra los ojos, envuelto en esa realidad. Respira con fuerza.

Finalmente, después de tanto, despierta.


Despierta finalmente en una cama en un hospital, su cuerpo se encuentra conectado a algunas máquinas y puede sentir su cuerpo completamente tenso por la falta de movimiento, intenta llamar a alguien para que le diga dónde está y cómo llegó aquí. Sin embargo, se toma unos momentos para asimilar que finalmente se siente como si perteneciera a esta realidad. Sin las figuras de su familia antigua completamente distorsionada y fingiendo ser algo que no son.

Trata de mirar un poco de la habitación, es… bonita. Hay algunas flores para quitar el ambiente (probablemente tenso) del lugar, hay un reloj frente a él que marca que son las siete de la mañana y los rayos del sol se ven perfectamente desde la ventana, debido a que está ligeramente abierta para que entre una leve brisa.

Se siente ligeramente adolorido, desorientado pero calmado. Como no lo estuvo en todos los días que pasó en dónde sea que estaba. Todavía está intentando recuperar su voz cuando su medio hermano entra por la puerta con ojeras claramente marcadas, la mirada baja y lo mira. InuYasha se queda completamente quieto en su lugar, él parpadea y eso parece sacar al menor de su trance.

—¡Despertaste! —Exclama con una ligera nota de alivio en su voz, como si realmente lo hubiera esperado. Sale por el pasillo y le llama a las enfermeras, una de ellas entra en su habitación y empieza a checar que todo este bien con él.

La enfermera lo revisa, le da un poco de agua y siente mejor su garganta, le hace algunas preguntas, él intenta mover su cuerpo y se da cuenta que se siente bastante rígido.

—Es normal —le dice ella de forma suave, paciente, tocando su mano y él se da cuenta de que el toque se siente bastante real. Nada como lo anterior—. Ha sido un año largo.

«Un año» se repite en su cabeza, asimilando las palabras de la enfermera con delicadeza, ha estado en la misma cama de hospital durante un año. Posiblemente los toques fantasmas que podía reconocer eran los de su familia en esta misma habitación esperando el día que despertara.

O tratando de asimilar que no lo haría nunca.

—¿Cómo? —Pregunta, con voz todavía rasposa. Sabe que le tomara tiempo sentirse nuevamente en su cuerpo, pero está vez, es real.

La enfermera lo mira levemente, posiblemente analizando alguna especie de amnesia. —Accidente automovilístico —finalmente le dice, todavía mirándolo atentamente—. Se llevó la mayor parte del accidente, estaba protegiendo a su compañera.

Su compañera.

Por supuesto.

—Kagome. —Dice finalmente.

—Ella está bien —InuYasha decide ocupar ese momento para entrar en el lugar, la enfermera decide darles un momento de privacidad y se retira por el momento—. La salvaste —le confiesa, a regañadientes. Su hermano parece enojado y aliviado en partes iguales—. Jamás pensé que perderías el control del carro.

Sesshōmaru se queda más estático y recuerda un poco de aquella noche con las palabras acusatorias de su hermano y de su propia mente cuando se encontraba atrapado en aquel otro lugar; la noche antes del accidente había estado ayudando a su padre con el negocio familiar como habían estado haciendo desde hace seis meses atrás. Su padre lo había dejado solo esa noche y él iba a verse con Kagome, pero el trabajo lo consumió, la chica lo entendió y le dijo que mejor se vieran en la oficina, para ir a casa juntos.

Él estuvo de acuerdo y se mantuvo esperándola mientras continuaba su trabajo, escuchó los pasos de unas zapatillas sonando a través de los pasillos. Supuso que era Kagome y no prestó tanta atención considerando que estaba prácticamente cerrado el lugar. No obstante, la figura que se encontró cuando levantó los ojos fue la de su madre.

Se veía tan seria como siempre, pero él siempre había sido su hijo y conocía sus expresiones mejor que nadie. La molestia era notoria para él y sabía que la esperaba después de hablar con su padre y exponerle sus ideas para el futuro: Inu, a pesar de jamás lograr una relación estrecha con él, siempre había respetado cada una de sus decisiones y lo había animado con las mismas. Cuando su relación con Kagome se formalizó, su padre estuvo orgulloso genuinamente, de la misma forma que cuando le notificó que tenían planes de vivir juntos, le dijo que era una buena decisión.

Incluso había compartido un poco de su propia experiencia cuando decidió vivir al lado de Izayoi antes de que InuYasha naciera. Por supuesto, suprimió por completo el hecho de que lo había decidido después de prácticamente huir de la casa que había compartido con su madre, pero Sesshōmaru no lo juzgó en ningún momento, después de todo, él llegó a su vida cuando su medio hermano tenía seis años y ellos eran una pareja solida desde hace un poco más de diez años. No quería pensar en detalles, había sido una época dura para todos.

Pero ninguna de esas decisiones molestó especialmente a su madre, Irasue siempre estuvo ahí, en las sombras, asegurándose de que su primogénito eligiera un buen camino y se ajustara a lo que ellos (su padre y ella) habían planificado para él cuando era un adolescente. Años después su padre se acercó y le dijo que no debía de seguirlo sino lo deseaba, que era libre para decidir. Pero Sesshōmaru pensó que era un buen plan y lo siguió tal cual. Por supuesto, hasta que la charla de invierno con Kagome le abrió una nueva perspectiva que decidió tomar.

Ella había conseguido un trabajo bastante lejos de Shikon, era una buena oportunidad y él no iba a ser su ancla, sin embargo, la opción de partir de Shikon también era bastante tentador para él. Lo pensó detenidamente, jamás había tenido un aprecio especial por la ciudad en la que había crecido después de que su madre lo dejara en la casa de su padre. Sesshōmaru pensó que podía ser una buena oportunidad para ambos.

Lo comentó con su padre y él asintió, dándole algunas ideas de como ampliar el negocio familiar hacia otros lugares ahora que él estaba planeando irse de la ciudad con Kagome. Lo haría después, por supuesto, tenía más asuntos que arreglar de los que tenía ella, pero estarían juntos eventualmente. Si no había ninguna objeción de parte de ella —lo dudaba en realidad— podía ser una buena idea.

No obstante, cuando su padre comentó que su madre eventualmente debería estar enterada del asunto, supo inmediatamente que no le agradaría saberlo. Había dejado en claro muchas veces que no estaba de acuerdo con su relación y, en consiguiente, con las decisiones que tomaba en torno a esta. Él sabía la tormenta que le caería encima y, aun así, decidió tomar ese camino.

—Tu padre me mencionó tus nuevos planes —había empezado, directamente al punto en medio de la oscuridad. Ella habría tenido que viajar un par de horas en su auto para llegar a esa hora en especial, por supuesto, no se perdería ni un minuto en charla innecesaria. Él ordenó lo último que había estado haciendo, con tranquilidad, solo escuchando su catedra.

No era nada que no hubiera considerado que ella le diría previamente. Lo mucho que le disgustaba su decisión porque consideraba que se estaba dejando llevar por sentimientos absurdos, tal y cómo lo había hecho su padre tantos años atrás por Izayoi y no podía creer que había heredado ese rasgo de él. Siguió y siguió escuchando hasta que sintió su celular vibrar con el mensaje de Kagome diciéndole que había llegado, lo esperaría en el estacionamiento.

Estarías mejor sin ella —le dijo su madre, cuando él se encontraba de espaldas, abrochando su portafolio para salir.

Probablemente —había dicho con tranquilidad. Escuchó como la furia de su madre parecía diluirse, un poco. Sesshōmaru dejó que el silencio se alargara hasta que se levantó y sus ojos se encontraron con los de ella—. Así como probablemente no —continuó, caminando hacia la salida—. Lo prefiero de este modo. —Su madre captó su mirada y salió por la puerta, Sesshōmaru la cerró con llave. Ella caminaría a su lado, lo sabía. No desaprovecharía ningún momento para hacerlo entrar en razón, a su forma.

—Sesshōmaru.

—Tomé una decisión —le aclaró. Su madre guardó silencio, seguía molesta, pero también era una mujer inteligente que sabía cuándo una guerra estaba perdida. Al llegar al estacionamiento, volvió a mirarla directamente—. Le pediré matrimonio —le avisó, solamente para que ella supiera que era permanente. La idea había dado vueltas en su cabeza desde hace meses, pero solo hace poco decidió que realmente quería hacerlo.

Por supuesto, tampoco se lo tomó de la mejor manera. Asintió, le deseó buenas noches y se marchó hacia su propio auto. Sesshōmaru la imitó, su propio auto estaba algo retirado de dónde estaban hablando, la razón por la cual se atrevió a comentarle de sus planes a su propia madre.

Kagome le recibió con una sonrisa notablemente distinta después de pronunciar su nombre, Sesshōmaru sentía que algo estaba mal, pero se mantuvo callado mientras ambos ingresaban al auto anormalmente silencioso después de tantas horas sin verse; habían llevado un buen recorrido del camino hasta que Kagome pareció explotar. Estaba herida, lo sabía, había escuchado la conversación solo hasta la parte dónde él dejó que el silencio se extendiera entre ambos, probablemente dándole el tiempo suficiente a ella para escapar de la escena sin levantar sospechas.

Siguió hablando, diciéndole que si era lo que realmente pensaba podían dejar su relación hasta ese punto, vivían juntos, pero no tenían ninguna responsabilidad el uno con el otro. Sesshōmaru estaba manejando, no podía voltear a verla como deseaba hacerlo, aun así, mantenía sus ojos atentos a cualquier movimiento que ella pudiera hacer, cuando se desató el cinturón justo antes de las curvas de la carretera que los llevaba a casa, los ojos de Sesshōmaru realmente tuvieron que tener un especial cuidado con prestarle atención al camino y Kagome.

Había contemplado un accidente automovilístico una vez y se quedó profundamente grabado en su cabeza. Solía salir en momentos como estos, aun así, respiro y apretó el volante mientras seguía escuchando todas las suposiciones equivocadas que Kagome había tenido tiempo para pensar mientras él discutía con su madre. Quiso voltear a verla, realmente, decirle que estaba completamente equivocada y que se fue antes de escuchar su conclusión, qué debió haber entrado con ellos.

Sin embargo, todo lo que pudo pensar para decirle, se vio notablemente cortado cuando identificó la luz de otro auto yendo hacia ellos en una dirección completamente contraria, Sesshōmaru notó que el auto no tenía ningún control, Kagome lo miró segundos antes de que él la cubriera con su cuerpo esperando protegerla lo mejor posible de las consecuencias del impacto. Había sido demasiado rápido y sus recuerdos empezaban a ser bastante difíciles de identificar, por su cabeza la preocupación fue la que lo gobernó. Después de eso, todo se volvió oscuro.

—No perdí el control —le dijo a su hermano, quién parecía esperar pacientemente una respuesta—. Nos chocaron.

—Hubieras maniobrado —rebatió.

—InuYasha —Izayoi hizo acto de presencia en el lugar, Sesshōmaru la miró con atención, tenía unas ojeras notablemente marcadas y cuando sus miradas se cruzaron, ella le dedicó una sonrisa plena, llena de alivio y calidez—. Me alegro que estés despierto —le dice y se acerca hasta la cama, su mano parece dirigirse hacia su cabello y ella duda, él asiente.

InuYasha escoge ese momento para abandonar la habitación.

—Estaba asustado —le confiesa Izayoi todavía acariciando su cabello de forma cariñosa—, creyó que perdería a su mejor amiga y hermano en un accidente —ella deja que la revelación sea asimilada por él mismo. Sesshōmaru asiente, pero la imagen que tiene de su medio hermano no es suficiente para hacerlo entender qué realmente es verdad. Pero tan siquiera esto se siente mejor que el lugar donde estuvo.

—¿Kagome?

—Está bien —le asegura ella, dejando su cabello en paz y tomando asiento cerca de su cama—. Te llevaste la peor parte —reafirma y lo mira durante unos minutos largos—. Pensamos que te perderíamos —finalmente confiesa, parece demasiado frágil en ese momento y se da cuenta que el enojo de InuYasha puede venir también del hecho de haber preocupado tanto a su madre.

—Lo lamento —le dice, porque es todo lo que puede ofrecerle en ese momento. Sabe mejor que nadie que Izayoi jamás lo hubiera abandonado en una situación como esa, recuerda los toques fantasmas de la fantasía en la que estaba y no duda de ella.

Izayoi toma su mano y esta vez se siente realmente correcta, tan cálida y pequeña como siempre fue. Ella niega, restándole importancia. —Deberías descansar un poco más —le pide—. Le avisaré a tu padre y Kagome que estás despierto —él la mira ella parece entender lo que quiere preguntar—, ella también ha venido a lo largo de los meses. Todo estará bien.

No dice nada, tampoco tiene sueño realmente, pero se sorprende haciendo lo que Izayoi le pide. No tarda mucho en entrar a un estado de sueño, donde no sueña realmente nada, ya no se encuentra atrapado y puede escuchar el sonido característico de pasos en el hospital, los aparatos que están en su cuerpo y cuando entran a su habitación para hablar con Izayoi. Nunca tuvo el sueño especialmente pesado.

Logra dormir un par de horas antes de abrir los ojos nuevamente, la habitación se encuentra más iluminada e Izayoi sigue a su lado, al parecer terminando de tejer una bufanda. Sesshōmaru todavía recuerda la temporada que ella estaba aprendiendo a tejer, parece haber vuelto al viejo hábito. La mira atentamente hasta que ella se da cuenta de esto y le dirige una sonrisa ligera, no hay rastro alguno de InuYasha.

También, se da cuenta después recién descansado, que tampoco tiene ninguna noticia de Kagome más allá del hecho de que lo ha visitado. Pero se ha perdido un año por completo de su vida por completo y no sabe que ha pasado, antes de todo el asunto tenía en su mira un trabajo fuera de la ciudad, ¿lo habrá conseguido después del accidente? ¿Había vuelto después de lo enojada que estaba aquella noche? Él jamás tuvo la oportunidad de decirle que estaba equivocada.

—Kagome despertó una semana después —le dijo, casi leyendo por completo sus pensamientos. Había vivido con ella lo suficiente para saber que para ella leer a los demás era tan fácil, pero no dejaba de ser levemente aterrador—. Pensamos que también lo harías.

Era… bastante extraño hablar de esa manera con Izayoi, de forma tan pacífica. Le recordó un poco a la Izayoi con la que había convivido tantos días dentro de su cabeza —aunque en realidad fue un año—, la mujer frente a él parecía dispuesta a decirle todo lo que se había perdido, a interpretar a las personas para él (como su hermano) para evitar mal entendidos. Se preguntó qué hubiera pasado si realmente hubiera hablado con la Izayoi de su cabeza, ¿le diría lo mismo? ¿Le hubiera tendido una mano con mucha facilidad?

—Lo intenté —le dijo después, como una forma de decirle que demora en despertar no fue a propósito. Siempre intentó salir de dónde estaba. Nunca pudo hacerlo.

—Por supuesto —Izayoi bajó las agujas—. A veces arrugabas el ceño, parecías molesto.

Lo estaba. Lo estuvo por mucho tiempo.

—Sesshōmaru… —Su madrastra se corta en medio de la oración cuando el sonido de pasos se detiene finalmente en la puerta. Izayoi sonríe abiertamente a la recién llegada. Sesshōmaru deja que sus ojos hablen por él cuando ve a Kagome en la puerta.

Él siempre había comparado a Kagome con una tormenta por la forma en la que había llegado a su vida, había escuchado de ella gracias a su medio hermano, pero jamás se habían visto y después de hacerlo todo empezó a cambiar alrededor de él, siempre se estaban topando por casualidad, se había metido tanto en su rutina y había tirado una de las paredes que había construido para mantenerse en su propio mundo. Fue repentino, pero no lo hubiera preferido de ninguna otra forma.

Ahora, piensa que realmente fue un buen comparativo, escucha claramente cuando Kagome pronuncia su nombre, con los ojos rebosantes de lágrimas y lo abraza con fuerza. Es un abrazo apretado y apenas puede mover una de sus manos para devolvérselo de alguna manera, ella solloza en su hombro y él nota cuando Izayoi desapareció de su rango de visión para darles privacidad. Le dice un montón de cosas al oído y él entiende algunas y otras se encuentran amortiguadas por sus sollozos. Aun así, él espera hasta que ella se desahogue completamente.

—Pensé que nunca despertarías —le dice, al fin mirando a los ojos. Él observa el zafiro en sus ojos, en el último recuerdo que tenía con ella, esos ojos se encontraban notablemente asustados. Verlos brillar de esperanza es mejor.

Hay tanto que decir entre ambos, tantas cosas inconclusas, pero Sesshōmaru solo quiere dejar las cosas de la última noche claras. Todavía recuerda las palabras de Kagome, sus expresiones completamente expuestas antes del accidente y, sobre todo, el deseo genuino de hacerla entender que estaba equivocada.

Su vida no sería mejor sin ella, no lo ve así. Y probablemente el mundo en el que estuvo fue la prueba latente de eso, estaba todo bien y podía haber seguido ahí durante años, pero se sentía realmente incorrecto. No quiere ese mundo, jamás quiso un futuro así y estuvo completamente dispuesto a rehacer sus planes de vida solo para que se adaptara a la nueva vida que quería con ella.

—Escuchaste mal —le dice después de un momento, Kagome toma asiento en la silla dónde se encontraba Izayoi, sin soltar su mano completamente. Voltea a verlo, con la duda resplandeciente en sus ojos—. Esa noche —aclara y los ojos de ella parecen regresar a ese momento en especial.

—Sessh —le llama, de forma tierna. Pasar un año sin escuchar su nombre en sus labios se siente… irreal. Pero no lo es—. Ya no importa.

Él frunce el ceño, debe continuar con lo que iba a decir. Lo último que no pudo aclarar se mantuvo en su mente por mucho tiempo.

—Kagome —insiste—. Le dije a mi madre que mi vida sería probablemente mejor sin ti —repite y ve como los ojos de ella parecen recordar el momento, aunque sea lejano—, pero es probable que no —aclara—. No hubiera preferido mi vida de otra forma.

Ella se mantuvo callada, bajó la mirada observando sus manos entrelazadas a pesar del limitado movimiento de Sesshōmaru. Deja que el silencio se extienda entre ellos, él se permite mirar a Kagome con atención, la última vez que la vio estaba realmente molesta con él y, en ese momento, está bastante relajada, su cabello se encuentra en una coleta alta y sus ojos todavía siguen ligeramente enrojecidos por el llanto.

—Debí haberme quedado a escuchar el resto de la conversación —confiesa finalmente, en voz baja. Levanta los ojos y sonríe, una sonrisa pequeña que también amenaza con hacerla romper en lágrimas.

—Kagome.

—Fue un largo año —le dice después, apretando su mano con fuerza. Probablemente ella sabe absolutamente todo lo de su estado de salud en ese momento. Las palabras de Izayoi vuelven a su cabeza cuando le dijo que Kagome había estado frecuentando el hospital—. Estaba más triste que enojada —le confiesa finalmente, él lo sabe, lo vio en sus ojos, pero la deja continuar—. Y después desperté en una habitación de hospital.

—Estaba atrapado en un… sueño —le confiesa. Los ojos de Kagome se mantienen firmemente en él, esperando que continúe—. No estabas ahí.

Higurashi suelta una carcajada ligera que bien podría ser un sollozo ahogado. —Tampoco estabas aquí —le dice ella. La afirmación suena ambigua—, conmigo. —aclara—. No acepté el trabajo fuera la ciudad —finalmente le confiesa, a pesar de los planes que había hecho para esa etapa de su vida, lo feliz que estaba—, no podía irme… sin saber si despertarías.

—Kagome. —Insiste. Aunque su pecho tiene un pequeño golpe al saber que, así como él estaba dispuesto a re organizar su vida por ella, ella hizo exactamente lo mismo. Sin ninguna garantía.

—Habrá más oportunidades —dice al final. Suena convincente.

No se arrepiente, él tampoco lo haría.

Se arrepentiría más de nunca haber despertado, de no haberla protegido en aquel accidente o de no haber aclarado el error con Kagome. Todo lo demás puede quedar en segundo plano en ese momento, no se había dado cuenta de cuánto había extrañado esta cercanía a la que estuvo restringido durante un año.

Le da un apretón leve a Kagome, ella se lo regresa y él piensa en lo diferente que hubiera sido todo si el espacio en el que estaba la incluía también a ella, probablemente nunca hubiera despertado porque todo hubiera estado bien. Mira a la chica a su lado, de manera completamente indirecta, ella lo había traído de regreso y estar juntos en esa habitación de hospital, sintiendo que a pesar del largo año que había pasado es todo lo que necesita en ese momento.

Kagome finalmente rompe el silencio dándole algunos datos de lo que había sucedido en su ausencia, todos los momentos que se había perdido. Sin embargo, Sesshōmaru puede decir que estar en aquella habitación, con la voz de ella de fondo, es todo —e incluso más— de lo que podía desear en otro momento. Sigue escuchando, convenciéndose del hecho de que todavía tienen días suficientes para volver a la normalidad, para regresar a la vida que tenían.

Para resolver las cosas inconclusas con su medio hermano, para agradecerle a sus padres y volver a enfrentarse a su madre. Sin embargo, ahora todo parece encajar finalmente. Esta es la realidad en la que está, una que eligió, una dónde puede sostener la mano de Kagome con firmeza, sabiendo que existe.

Y eso es suficiente.


Fin.


Aclaraciones extras:

Kirinmaru y Zero son personajes de la secuela de InuYasha. Según yo, Zero era menor, pero me acaban de decir que no. Aquí ella es la menor en todo caso.

En mi cabeza, Inu y Sessh logran medio arreglar sus diferencias y empezar a convivir de forma amena. Porque sí, InuYasha ayudó a su hermano a despertar, le empezó a hablar tal y cómo Izayoi se lo recomendó, solo que se desesperó en algún punto ¡pero funcionó!


Me negaba a regresar a la Universidad sin mínimo publicar dos cosas nuevas, porque no pude terminar todo lo que realmente estaba preparando. Muchas gracias por su paciencia, si hay alguien que espera la actualización de ruleta. Un abrazo a la distancia, espero se encuentren bien. ¡Cuídense mucho!