Despertar
Despertó de manera violenta, como tantas otras veces, pequeñas perlas de sudor frio cubrían su frente y leves temblores recorrían su menudo cuerpo; intento controlar lo errático de su respiración mientras escuchaba los fuertes repiqueteos de su acelerado corazón. Estaba asustada y por ello una sensación paralizante la envolvía. Sus ojos escudriñaron con desespero su alrededor, y dejándole vislumbrar poco a poco un dormitorio conocido. Necesitaba tranquilizarse pronto o lo despertaría a él. Quizá.. pensó. El podría estar despierto! . Su sueño no era ligero como el propio, pero después de años durmiendo a su lado sabía diferenciar los suaves ronquidos acompasados de su respiración, de aquellos fingidos que le delataban.
Pero; al recordar la discusión, que se originó después de aquel último episodio varias noches atrás y de las repercusiones que le siguieron ... La verdad; es que no lo culparía, si solo fingía dormir.
Lentamente dejó escapar el aire que hacía rato estuvo conteniendo en sus pulmones; se llevó frescas bocanadas de aire a su interior y repitió el ejercicio un par de veces más mientras su ritmo cardiaco se normalizaba. Unos minutos después su mano buscó a tientas en el buro de su cama y no tardó en encontrar el vaso con agua que cada noche colocaba antes de dormir. Se llevó el líquido a la boca y humedeció sus labios primero; para después tomar un trago que se abrió paso a través de su seca garganta.
Deposito nuevamente el vaso sobre la superficie plana del buro y se limpió el sudor con el dorso de la mano. No estaba segura de la hora, saberlo era la menor de sus preocupaciones, pero podía deducir por la oscuridad que se filtraba por las ventanas que aun faltaban algunas horas para el amanecer. Así que acomodó su cuerpo bajo las sábanas , intentando con sus movimientos hacer el menor ruido posible. Su mente comenzó a vagar por la habitación, perdiéndose en el silencio, una a una como viejas fotografías pasaban ante sus ojos diversos momentos de su día : la cena fría, lo sobrecosida que le había quedado la carne, la nota de la tintorería y los trajes que olvidó recoger, su oficina, el chirrido metálico de la puerta al abrirse, tendría que arreglarlo a primera hora, el regalo que enviaría a Harry, su habitación en la casa de sus padres, las noches de tormenta y los mimos de su madre reconfortándola..
Sus fuertes gritos llenaban la basta y lúgubre habitación haciendo eco. Las grises paredes con sus alguna vez majestuosas columnas y sus fríos pisos de mármol; eran el escenario donde se estaba llevando a cabo uno de los episodios mas traumáticos de su existencia y que la marcaron literalmente de por vida.
Se trataba de Malfoy Major, la fecha: unos meses antes de finalizar la segunda guerra Mágica. Su cuerpo yacía inerte sobre el piso donde segundos antes había gritado con todo su ser, sintiendo como cada fibra de su ser ardía, cada átomo, cada molécula quemándose en un fuego que solo existía en su mente. El dolor de sentir cada musculo desgarrarse y cada uno de sus huesos fracturándose y aun así sentirse completa, al recibir la maldición Cruciatus a manos de la peor psicópata que creía en la supremacía de la sangre.
Una y otra vez la había hecho gritar de dolor hasta sentir sus cuerdas vocales romperse pidiendo y clamando por una liberación que sencillamente no llegaría. Deteniéndose únicamente para dar cabida a una tortura más visceral.
"Sangre Sucia"
Era la palabra que Bellatrix Lestrange dejo como recordatorio en la suave carne de su antebrazo, una frase que la acompañaría hasta el final de sus días, aun si la autora intelectual ya no se encontrase en este mundo.
Hermione lleva por inercia sus dedos a su piel donde aún sin verlo, puede sentir las cicatrices que muchos años atrás aquella mujer le dejo.
Sus ojos derraman lágrimas silenciosas e incontrolables. No puede sentirlas, pero sabe que ahí están. De nada sirve llevar sus manos a su rostro en un vano intento de limpiarse pues sabe que brotarán de nuevo, aun duele, duele como la primera vez que la marcaron y después de muchos años el recuerdo la sigue lastimando, los años han pasado pero en su cabeza siguen vívidos esos recuerdos que la atormentan en la oscuridad de noches como esta y no le permiten avanzar.
Se levanta de la cama en silencio, toma su vieja bata de franela que descansa junto a su cama, su cuerpo da un respingo cuando sus pies desnudos tocan el frio suelo, pero no le importa se levanta y camina hacia la puerta moviéndose grácilmente en la oscuridad de la noche. Conoce cada recoveco de la habitación que podría recorrerla palmo a palmo con los ojos cerrados. Lleva consigo su varita firmemente aferrada a sus dedos, ha sido siempre así en los últimos años, le ayuda, la hace sentir segura, sus capacidades con ella son excepcionales, lo sabe. Pero también es consciente de lo vulnerable que puede llegar a ser si no la trae consigo.
Sale de la habitación dejando levemente entreabierta la puerta, camina por el corto pasillo tomando camino hacia las escaleras, el sonido de crujir de la madera al pisar cada escalón es lo único que irrumpe la callada noche. Gira a la derecha con paso decidido, sin temor, conoce cada centímetro de su casa, el tragaluz de las escaleras permite el paso tenue de las farolas encendidas en la calle creando sombras que caminan a la par. Entra a la habitación de fondo que funge como oficina con el pequeño escritorio de madera tallada, y también de biblioteca cuyos libros cubren 3 de las 4 paredes del pequeño espacio, sofisticadamente decorado con pulcritud, con estantes repletos de una colección muy variada de libros mágicos y muggles; el olor a pergamino invade sus fosas nasales, con el imperturbable olor a cuero y papel viejo; y la transporta de inmediato a otros tiempos, a sus mejores días, aquellos en donde la basta biblioteca del colegio y sus paredes la hacían sentirse segura, protegida.. Fuerte quizá. Donde no existía una guerra inminente y sus mayores preocupaciones consistían en terminar los deberes de aritmacia y escribir los largos pergaminos para pociones... Aquellos mejores años... tal vez por ello, esta pequeña habitación, hoy día le ayuda a despejar sus más oscuros pensamientos. Pues sabe que aunque en la habitación contigua hay un hombre que juro tiempo atrás estar siempre a su lado, apenas quedan vestigios de las promesas rotas.
Toma asiento tras el escritorio y recuesta su cabeza hacia atrás, cruzada de brazos y mirando al infinito, deja que la serenidad se apodere de sus pensamientos, una nueva lucidez la embarga.. Y ella se deja hacer..
Por un largo periodo la habitación se sume en el silencio, ni siquiera el tic tac del reloj de pared es lo suficientemente molesto para sacarla de sus cavilaciones, su mente privilegiada trabaja al 100 y como si estuviese estado siempre ahí, presente pero siendo ignorada , la realidad la golpea como un rayo, sintiéndose por primera vez tonta. Y de pronto a su mente vienen los recuerdos, lugares, eventos, situaciones; las palabras dichas entre uno y otro, los sentimientos expresados de felicidad y de sosiego por igual, las decisiones tomadas por acierto o equivocas. Todas y cada una de sus actuaciones, que dieron como resultado la pesadilla de su alrededor, la realidad en la que vive.
De uno de los cajones de su escritorio saca un trozo de pergamino limpio, moja la pluma en el tintero y lleva la punta a papel. Una gruesa gota comienza a formarse ahi donde ha dejado colocado la pluma. Ciertamente no sabe que es lo que quiere hacer, si bien ha entendido como es que llego a su situacion, pensar en los pasos que debe seguir la lleva a un punto muerto.
En su cabeza se empiezan a tejer los hilos que le pueden ayudar a salir del agujero negro en que se encuentra, no busca una mejor manera de llamarlo sin avergonzarse de ella misma, pero qué hacer? ¿Cómo hacerlo? Empieza a dudar de la posibilidad de lograrlos. El "Y si el cambia…" comienza a formarse en sus pensamientos y el miedo comienza a apoderarse de su persona, su razonamiento, su lucidez comienza a apagarse y la inquietud con la que vive su día a día se hace presente llenando cada recoveco de su seguridad, está volviendo a perder la confianza en ella misma. Una sensación de ahogo se instala en su pecho y la sofoca...
La puerta del estudio se abre sorpresivamente y él irrumpe sus cavilaciones. Por inercia levanta la cabeza y sus miradas se cruzan, él la observa fijamente y ella no puede evitar perderse en el azul de sus ojos. Mientras que por dentro se reprende por ser tan endemoniadamente fácil de sucumbir.
-Imagine que estarías aquí. - suelta, una chispa cálida se enciende en su corazón, acaso es genuina preocupación ? Su corazón salta-
-Yo- balbucea, echa un vistazo rápido a su alrededor, preguntándose internamente en que momento amaneció .
-Espabila mujer!- suelta el de repente de forma brusca, llevando una mano a su cabello de forma desesperada. Da la vuelta dejando la puerta abierta y camina con parsimonia a las escaleras maldiciendo en voz baja, ella se queda por unos segundos observándo su espalda alejarse.
Un click, es todo el tiempo que le toma a su cerebro digerir la acidez con las que son lanzadas esas palabras hacia su persona. La pluma en sus manos se mueve por inercia apenas rasgando unos trazos, la ira poco a poco empieza a nublar su juicio. Siente la sangre llegar a punto de ebullición y arder en sus venas, deja caer la pluma y cierra sus manos en puños tan apretados que sus nudillos se vuelven blancos de la presión ejercida. Quiere romper, rasgar, gritar y blasfemar en su contra; pero con determinación muerde su lengua dejando que el dolor mitigue su ira.
Controla sus respiraciones y empieza a despejar su mente, sus ojos están acuosos pero se siente demasiado herida en su orgullo para dejar a sus lágrimas brotar.
Se repite internamente que no vale la pena y no a darle el gusto de responderle a sus ademanes.
Minutos más tarde y con su tormenta personal contenida se levanta con parsimonia y se dirige a la cocina, sabe que arriba él está en la ducha y prefiere evitarlo el mayor tiempo posible.
Toma su taza favorita de la alacena y enciende la tetera, busca manualmente el té y lo prepara sin hacer uso de la magia, sabe que es mas tardado de esta forma pero necesita de esos pocos minutos con las manos ocupadas en esas tareas para no volver a enfadarse con el imbécil que se afeita y viste en la habitación.
Su estómago le recuerda que no ha digerido nada aun y que es tiempo de compensarlo. Se pregunta si él también espera encontrar un plato con el desayuno listo. Por un segundo se imagina preparando huevos, tocino y demás alimentos altos en proteína y grasa tal cual su suegra prepara, pero desecha la idea de inmediato, la cocina nunca fue fuerte y ya entrados tampoco es que el merezca el esfuerzo.
Unta un par de tostadas con jalea y las dispone en un plato sobre la encimera, es todo cuanto puede hacer por él sin sentir que está siendo grosera. Después de terminar su pobre desayuno lleva los trastos al lavadero y con un sencillo hechizo de limpieza los coloca en la alacena. Tomando una fuerte bocanada de aire y sin más que hacer para extender el tiempo lejos de el sube con rapidez las escaleras, directo a la ducha, pasando de lado sin dirigirle una mirada.
Deja que el agua caliente se lleve sus miedos, sus preocupaciones y sobre todo la impotencia que le hace sentir en días como este. Sale de la ducha y para su suerte el ya esta en la cocina, se viste con una sencilla blusa de cuello mao y botones al frente a rayas y una falda tipo lápiz gris, zapatillas, maquillaje discreto y apenas un rocío de su perfume favorito. Cuando baja él ya está junto a la chimenea tomando un poco de polvos flu.
-Tengo reunion esta noche- le dice sin miramientos- No me esperes para cenar-
Y al segundo siguiente desaparece, sin un Adios, una mirada o un calido beso de despedida, que te deje la sensación de llevarte en sus pensamientos.
-No planeaba hacerlo- le contesta al vacío ella, sosteniéndose del pasamanos-
