Capítulo 10. Hermanos y Amantes

¡Hola! A partir de este capítulo la historia va a dar un giro en la trama. Habrá nuevos personajes, algunas escenas de acción, incesto, smut y un poco de gore. Obviamente, también habrá escenas sessrin.

Espero que disfruten lo que viene 😸🙀💓

Recordatorio:

Al final del capítulo 7 "Bruma Circular" Kohaku espiaba a dos sujetos, un hombre y una mujer. Esto ocurre el mismo día en que Sesshomaru y Rin lo hacen en la colina de hongos luminosos, es decir en el capítulo de este fanfic.

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Saya y Kenji eran hermanos y amantes. Hace varios años se habían aliado con Tokyoji. No tenían ningún propósito con ello, es solo que en el fondo disfrutaban de su compañía, pues el demonio de alas negras no era uno normal. Saya y Kenji tenían encuentros sexuales, pero no se amaban; no había razón para hacerlo.

En cambio Tokyoji se dejaba llevar por el deseo de estar con el ser amado, pero su objeto de deseo era varón, y lo había rechazado. Él no quería aceptarlo ante ellos; decía que su venganza se debía a la humillación que sufrió su padre por Inu no Taisho, y por la fatídica muerte de su hermano. No obstante, aquellas heridas habían dejado de dolerle.

Una vez, cuando Tokyoji era un adolescente, tocaba su flauta en medio de un bosque de bambús; en el fondo era un demonio triste y sensible. Su propio sonido lo fue zambullendo en historias burdas donde Sesshomaru aceptaba estar con él. La idea era tan lejana que, enojado consigo mismo, dejaba de tocar.

Y es que hacía un tiempo, luego de que le lanzara aquellos cabellos rojos al suelo, Tokyoji lo había buscado y Sesshomaru, ya harto, lo castigó con su látigo. No obstante, estaba tan cegado por poseerlo, que se acercó por última vez, lo abrazó de la cintura como si fuera un niño.

- ¿Es porque somos hombres?

Pero no hubo respuesta del demonio. Sesshomaru rápidamente se deshizo del contacto y se posicionó a unos metros de distancia.

- Reconozco tu insistencia, pero ya no estoy dispuesto a tolerar tus insolencias – Lo miraba con odio.

Sesshomaru se lanzó como un proyectil hacia el demonio, provocando que ambos cayeran al suelo. Al mirarse cara a cara, Tokyoji detalló más de cerca las facciones delicadas de aquella criatura. Sin embargo, antes de que pudiera pestañear Sesshomaru le incrustó su brazo en el estómago. Esta vez añadiendo una gran cantidad de su veneno. Lo miraba con repulsión.

Luego de eso, se alejó sin mirarlo, mientras Tokyoji permanecía en el suelo recordando una y otra vez el gesto repulsivo que le había mostrado Sesshomaru.

- Maldito... - gimió.

Le había dolido aquella mirada.

Tokyoji dejó de seguirlo para dar comienzo a su arduo entrenamiento en el territorio de su padre conocido como La guarida de los murciélagos, convirtiéndose en el más fuerte, incluso por encima de su padre. Ambos tenían la capacidad de volar, poseían gran fuerza y velocidad.

A su vez, podían usar su aura demoníaca para crear nuevos objetos. Tokyoji a una tierna edad ya manipulaba muy bien su aura, incluso logró mezclarla con su propia sangre. Esto provocaba que sus emociones estuvieran relacionadas con su nivel de poder.

Cuando Sesshomaru lo hirió de esa forma en el estómago, el demonio, cegado por su tristeza y deseo aún latente, selló esa herida ocasionada por su amado dentro de su estómago, de modo que en dicha oquedad podía concentrar su energía y crear objetos con los que luchar o dañar a sus enemigos. Cuando era el momento del combate extraía lo que pudiera imaginarse. Normalmente eran armas de todo tipo, pero las que había logrado materializar y usar a la perfección eran un hacha de doble filo y una espada.

El rechazo de su amado lo había afectado considerablemente a nivel psíquico. Se había convertido en su sádico. Había ultrajado a varios de los demonios de su territorio y otros de tierras vecinas. Cuando su padre se dio cuenta de que su descendencia no continuaría lo desterró de inmediato.

Así, Tokyoji se convirtió en un demonio errante y marginado por los suyos. El complejo lo seguía a todas partes y el rechazo de Sesshomaru fue contaminando todavía más su alma, pero algo no había cambiado: lo seguía deseando, y esos sentimientos no se los podía arrebatar nadie.

Una noche, Tokyoji se estimulaba mientras pensaba en Sesshomaru. Hacía tiempo que ya no encontraba placer en los cuerpos masculinos que le parecían atractivos. Cuando estaba cerca de culminar, vio que dos jóvenes lo miraban con mofa desde unos arbustos. Eran Saya y Kenji.

Desde ese entonces le seguían, se sentían cautivados y dispuestos a ayudarle en su afán de vengarse por su desamor.

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Kohaku continuaba escondido intentando escuchar lo que aquellos dos demonios decían, pero luego de unos minutos, escuchó sonidos extraños que no pudo asociar con nada inmediatamente.

- ¡Ah!, ¡Ah!, ¡Aah!

Gemía la chica, mientras el demonio la penetraba violentamente levantando una de sus piernas. Ella se encontraba arrecostada a un árbol. Cuando Kohaku entendió lo que sucedía intentó localizarlos. Observó cómo sus lenguas se encontraban mientras se miraban con lujuria en pleno acto. Kenji le estrujaba los senos sin piedad, y de sus bocas la saliva brotaba en forma de hilos. Todo muy lascivo para un joven casto como él.

Kohaku no salía de su asombro. Se llevó una de sus manos a la cara, sonrojado. Si bien es cierto ya tenía 18 años, en el fondo de su corazón seguía siendo un niño.

Tokyoji: - ¿Qué hacen en plena luz del día? Tengan algo de decoro.

Saya: - ¿No quieres cambiar de lugar con Kenji? – le preguntó burlona.

Tokyoji: - Tú sabes que no soy de esos.

Kenji: - ¿Te atreverías conmigo?

Tokyoji: - ¡Que no y no insistan! – gruñó encolerizado.

Saya era alta y fornida, pero sus curvas eran pronunciadas. Tenía la piel oscura y el cabello plateado y por los hombros. Sus ojos eran grandes y azules, los cuales proyectaban mucha seguridad. Era hermosa.

Llevaba un kimono rosa corto, dejando a la luz sus piernas largas y musculosas. Portaba una especie una guadaña y un arma circular con picos en los bordes, esta podía crecer o achicarse gracias a su yoki o energía demoniaca.

Por su parte, Kenji era apuesto y alto. Musculoso y de piel bronceada. Tenía el cabello oscuro, rizado y largo y sus ojos eran azules. En su frente llevaba una bandana roja con detalles dorados.

Llevaba, además, un kimono celeste y un hakama o pantalón café. También una armadura negra sencilla. Para los combates prefería usar una espada, aunque no lucía tan ostentosa como la de Tokyoji, y unas manoplas con picos en sus nudillos. Le gustaba el combate cuerpo a cuerpo.

Kenji: - ¡Qué buena herida traes!

Saya: - ¡Así que pudiste hallarlo! ¿Se besaron?

Tokyoji: - Estaba... con una humana – sus ojos ardían.

Kenji y Saya se miraron atónitos.

Kenji y Saya: - ¿Una humana? – gritaron al mismo tiempo.

Kenji: - Ja, ja, ja ¿ASÍ QUE PREFIRIÓ METERSE CON UNA HUMANA QUE CONTIGO?

Saya: - ja, ja, ja Iré a traer el sake...

Tokyoji: - ¡No me interesa lo que haga! Yo solo planeo destruirlo. Es verdad que me hirió y estuve convaleciente unos días, pero mi misión fue un éxito.

Saya y Kenji: ¿A qué te refieres?

Tokyoji: - Cargué mis púas de un veneno potente, elaborado precisamente para él, dado que lo fabriqué con parte de su cabello.

Saya: - ¿Entonces morirá?

Kenji: - Qué mal, no pudimos verle la cara...

Tokyoji: No ha muerto aún, es lento, pero letal.

Saya: ¿Y qué quieres que hagamos?

Tokyoji: Iremos a dar un paseo. Vamos a hacer que sufra durante el proceso de su muerte, ja, ja.

Tokyoji se reía exageradamente, mientras sus acompañantes lo miraban algo incómodos; pensaban que su reacción había sido demasiado.

Kohaku había escuchado toda la conversación. Se montó en Kirara y a toda velocidad se dirigió hacia la aldea de Kaede, pues desconocía dónde vivían ahora Sesshomaru, Jaken y Rin.

Tengo que alertar al señor Sesshomaru, además, puede que le hagan daño a Rin, ¡No puedo permitirlo!

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Sesshomaru y Rin habían regresado a su recinto. Se acercaba la hora de marchar.

- ¡Amo Sesshomaru, Rin! Al fin regresaron.

Jaken miraba a Rin malencarado. Era tan obvio lo que había pasado. Sus aromas estaban totalmente mezclados, y ambos traían un brillo que nunca antes les había notado.

- Hola, señor Jaken, iré a bañarme. ¡Ya regreso!

- ¡Espera, Rin! ... ¡QUÉ ESPEREEEES!

La congoja del pequeño demonio verde no tenía límites.

Rin se marchó hacia el río, debía asearse bien antes de partir. No podía ser que alguien en la aldea notara lo sucedido anoche, sobre todo el señor Inuyasha, quien tenía un gran olfato tal como su señor. Jaken la había seguido para reñirle.

- ¿Por qué me ignoras? ¡Te he estado llamando!

- Es que debemos apresurarnos, señor Jaken. Usted no lo sabe, pero... - sus ojos se humedecieron. - Hoy regresaré a la aldea.

- ¿Q-queeeeé? ¡Pero si todo iba tan bien! ¿Acaso... algo sucedió anoche que...? ¿Algo salió mal?

Rin se puso de todos los colores.

- Señor Jaken, mejor no diga nada, ¡Y NO ES ESO! Lo que pasa es que el señor Sesshomaru resultó herido en una batalla hace unos días. Parece que su herida no logra cerrarse, es por eso que el amo Sesshomaru va a ir en su búsqueda y se enfrentará a él. Como supo dónde estábamos ubicados lo mejor será evacuar.

- ¿Así que eso sucedió?

Jaken tenía los ojos más abiertos de lo normal.

Así que el Amo Sesshomaru ha tenido una riña con un demonio. Si ha decidido devolver a Rin a la aldea es porque no es una herida cualquiera. Y eso no es todo, su enemigo puede que tampoco sea alguien fácil de derrotar.

- Iré a bañarme, quédese aquí.

Se encontraban en la orilla del río. Cuando Rin iba a adentrarse al río divisó cómo Jaken levantaba su kimono, dejando a la luz un par de hongos alucinógenos que ella se había traído sin que el Amo se enterara.

- ¡No los toque, Señor Jaken!

- ¿Estos son hongos venenosos? ¿Por qué traes esto?

La joven solo se llevó un dedo a la boca en señal de silencio, mientras sonreía.

- Es un secreto – musitó.