Capítulo 11. Asedio Silencioso

Llegaron a la aldea Sesshomaru, Jaken y Rin, la cual estaba sobre el lomo de Ah-Un. Aterrizaron cerca de donde se encontraba la choza de la anciana Kaede. A unos cuantos metros estaba la anciana Kaede, Kagome, Sango y sus hijos.

Sango: - ¡Rin, has venido a visitarnos! - expresó Sango al verla.

Kagome: - ¡Riiiin, Cuñadooo!

Rin: - ¡Buenos días!

Jaken: - Esa irrespetuosa nunca cambia.

Sesshomaru: - Hmp.

Rin corrió hacia ellas a saludarlas y abrazó efusivamente a la sacerdotisa Kaede. Los hijos de Sango revoloteaban a su alrededor, saludándola.

Kaede: - ¿Cómo va todo? Has venido muy pronto.

Rin: - Sí, es que, algunas cosas pasaron y me quedaré aquí un tiempo ¡Claro! Eso solo si usted está de acuerdo, anciana Kaede.

Sesshomaru: - Rin se quedará aquí un tiempo. Hay una amenaza cerca y no quiero que corra ningún peligro -interrumpió secamente.

Kagome y Sango se asombraron de su honestidad. Rin, por su parte, miraba al suelo con tristeza. Kaede, comprendiéndola, le dijo:

Kaede: - Muy bien, justo en estos días estaba necesitando una ayudante. Hacen falta manos para todo lo que hay que hacer en esta aldea. Esfuérzate nuevamente, Rin.

Kaede miró a Sesshomaru dándole a entender que cuidaría de ella.

Jaken: - Escucha Rin, no sabremos cuánto tardará el Amo Sesshomaru en solucionar las cosas, así que lo mejor es que te mantengas tranquila. El Amo no va a poder estar de aquí para allá acudiendo a tu llamado.

Rin: - Sí, señor Jaken - le respondió ya cansada de sus alegatos.

Inuyasha: - Así que por eso el aire ha traído un fétido olor a murciélago; es porque hay un demonio cerca - le habló a su hermano.

Sesshomaru: - No está lejos de aquí.

Inuyasha: - ¿Conoces a ese tipo?

Sesshomaru no le respondió.

Sesshomaru: - Rin, vendré por ti. No lo olvides - le dijo mirándola a los ojos.

Rin: - Sí, esperaré por usted. Y por usted también, señor Jaken.

Rin tomó al sapo verde y lo abrazó.

Jaken: - ¡Rin, déjame!

Esta niña huele al Señor Sesshomaru... ¡BÁJAME YAAA!

Inuyasha: - Iré con ustedes - le espetó.

Sesshomaru, quien ya se había dado la vuelta, lo miró de reojo.

Sesshomaru: - Haz lo que quieras.

Kagome: - Yo también iré.

Pero cuando iban a marcharse, Kohaku apareció junto con Kírara.

Kohaku: - ¡Señor Sesshomaru! ¡Espere! - le dijo aterrizando a su lado - No sé si esta es la razón por la que está aquí con Rin, pero he escuchado a unos demonios hablar de usted. Eran tres, pero a uno no alcancé a verlo.

Sesshomaru: - Así que tiene acompañantes.

Kohaku: - Dijeron que irían a dar un paseo, así que asumo que atacarán la aldea o el recinto donde ustedes viven.

De repente, unos murciélagos se hicieron notar en las cercanías.

Kagome: - ¡Miren! - gritó, mientras señalaba a las criaturas.

Sesshomaru: - Son los sirvientes de Tokyoji.

Inuyasha y Kagome: - ¿Tokyoji?

Sesshomaru: - Los seguiré.

Jaken se agarró de la estola de su Amo y Kagome subió a la espalda de Inuyasha. Se fueron siguiendo a los murciélagos.

. . .

Habían pasado tres días. Kaede y Rin al día siguiente de su llegada, habían estado pensando en qué método usar para crear alguna pócima con los hongos venenosos que también producían un efecto alucinógeno. Cuando Rin se los mostró la anciana se sorprendió y se negó a intentar nada, pero conociendo a Rin, sabía que lo haría sola de todas maneras, por lo que tuvo que ceder.

Al final, decidieron intentar extraer el concentrado de la planta mediante un proceso de cocción, junto con otras plantas que ayudaran a conservar sus propiedades. Pusieron el líquido resultante en una pequeña botella de vidrio.

Al mismo tiempo, Kohaku le había estado ayudando a Rin a empuñar el arma y a manejarla según ciertas posturas de ataque.

Al día siguiente, se internaron en la montaña para entrenar. Se habían llevado todo tipo de alimentos, algunos artículos por si oscurecía y debían pasar la noche, así como a Ah-Un y a Kírara.

El entrenamiento no había dado muchos frutos, pese a que Rin había tratado de no ser tan parlanchina y de ser disciplinada.

- ¡Que nooo, Rin! Presta atención.

Otra vez se había caído intentando dar una patada, mientras intentaba cortar a su adversario con la daga.

- Auch, ¡creo que he caído mal! - se lamentó Rin.

Entretanto, tres cabezas muy cerca la una de la otra los miraban por entre los arbustos. Eran Tokyoji, Kenji y Saya.

Saya: Está oscureciendo ¿será que pasará algo entre ellos?

Kenji: Hermana, ¿podrías dejar de emparejar gente por doquier?

Tokyoji: Imposible...

Saya y Kenji: ¿Por qué lo dices?

Tokyoji: Esa chica que se ha estampado contra el suelo toda la tarde es la humana de Sesshomaru.

Saya: ¿Y dejó a su marido para venir a internarse en el bosque con ese chico?

Kenji: ¡Me encanta cómo se está volviendo esto!

Saya: ¿No dijiste que yo pasaba emparejando gente? - le recriminó a su hermano.

Tokyoji: Tal parece que Sesshomaru y el Hanyo cayeron en la trampa. Aún deben de estar buscándonos. Fue buena idea traer a esa horda de alimañas conmigo desde el territorio de mi padre. Sin embargo, ese joven los vio a ustedes mientras hacían sus cosas en pleno día. Así que lo mejor será que se vayan a vigilar a los hijos de Toga. Yo me encargaré de estos dos.

Saya: ¿Y tú qué harás?

Tokyoji: - Voy a divertirme con ella. Ahora váyanse.

Saya y Kenji se fueron de mala gana. Por una parte, sí tenían la intención de matar a esos hermanos, pero, por otro lado, haber vigilado a esos jóvenes por unos días los había hecho sentirse interesados en su relación. De solo pensar que la joven jugara a dos puntas los hacía vibrar entre sus fantasías. Y Tokyoji... ¿qué iba a hacer?

Kenji: - Muy bien, nos iremos.

Minutos después de que Inuyasha, Kagome, Sesshomaru y Jaken se fueron en busca de Tokyoji, los tres se instalaron en la aldea. En realidad, el demonio había creado unos muñecos similares a ellos y les había impregnado su olor. Los había dejado en una cueva, encerrándolos en un campo de energía. Sabía que Sesshomaru se daría cuenta en estos días de que aquello era una farsa, así que debía de aprovechar el tiempo.

Esa chica huele a la más pura esencia de Sesshomaru ¡No! Se ha mezclado con la suya, es como si se hubieran conectado... Así que estuviste con ella ¿eh? Viéndola bien, no parece la gran cosa...

- Escúchame, Rin. Vamos a descansar un momento. Prepararé algo de comer ahora mismo.

Tengo sentimientos encontrados desde que volví a verla. Sé que decidí olvidarla, pero tenerla tan cerca me hace querer estrecharla ¿Qué habrán hecho en estos días que estuvieron juntos? ¿Acaso Rin... ?

- Kohaku, el señor Sesshomaru y yo... ¡Lo hicimos! - dijo la joven repentinamente entre dientes y sonrojada.

En realidad, ella veía en Kohaku a su mejor amigo y confidente, no podía esconderle nada. Así que desde hacía días quería comentarle lo sucedido con su señor. Hacerle ver que, efectivamente, el señor Sesshomaru la amaba.

- ¿A... Sí? - Kohaku sintió que un rayo lo partía en dos - ¿Por qué me cuentas eso? ¡No me interesa saber!

Kohaku se sentía molesto, celoso y abatido.

-Iré a traer leña. Tú ve a bañarte.

- Pero, no pensé que te molestarías tanto. Perdóname, yo... - musitó a la espalda de Kohaku, quien había detenido su paso para escucharla.

- Es verdad, ya no somos niños y tú ya elegiste tu camino junto a él, pero eso no quiere decir que puedas seguir siendo imprudente como siempre. Si ya no eres una niña deberías entender eso y comportarte.

No le dio tiempo de responder y se marchó junto a Kírara. Necesitaba refrescar su mente.

Kohaku tiene razón. Vinimos a entrenar, hay peligro cerca y yo solo pienso en contarle mis intimidades... ¿Por qué no puedo ser más sensata?

La joven comenzó a cantar tristemente, mientras recogía algunas cosas de la mochila para darse un baño en el río. Tokyoji había observado la discusión y solo se pensaba:

Aquellos dos estarían gozando con lo que acabo de presenciar. Por otro lado, ella me recuerda a mí cuando tocaba mi flauta y me lamentaba por mis estupideces. Bien, es hora de actuar.

El demonio chasqueó sus dedos y en un santiamén una docena de murciélagos salieron de su escondite. Estos se unieron formando una criatura negra y tenebrosa.

- Vayan y entretengan al chiquillo.

La sombra se fue hacia él.

. . .

Rin se encontraba bañándose en el río, pero tenía tanta hambre que no resistió y se sentó en una piedra dispuesta a comerse todos los nísperos que había recogido en las cercanías. Como estaba sola y el estrés era alto debido a las circunstancias, comenzó a ingerir compulsivamente cada una de aquellas pequeñas frutas. Estaba tan concentrada en ello que no se percató de que un joven la observaba a escasos metros de distancia.

Era el demonio de alas negras, quien había adoptado una forma todavía más cercana al humano común: su tono de piel cambió de violáceo a claro; sus ojos se volvieron castaños y su melena pasó de lila a oscura. Sus colmillos se empequeñecieron, lo mismo que sus garras, y sus alas se convirtieron en dos pequeños tatuajes en su espalda. Su olor, que incluso ya se había disimulado junto con los de Kenji y Saya, era todavía más ligero. El joven caminó usando únicamente su hakama.

- ¿Esos son nísperos? - le preguntó al oído.

- ¡Aaaaaah! - gritó aterrorizada - ¿Quién eres?

Rin se había lanzado al río cubriendo así su desnudez.

- Me llamo Tohno - le dijo mostrando una sonrisa.

- ¿Y por qué me estabas espiando? ¡KOHAKUUUUU!

Rin le lanzó los nísperos que tenía en su mano. El demonio los atrapó y se llevó uno a la boca.

- Mmm, ¡Mis favoritos!

Lo miraba con enojo y miedo. Sabía que podía hacerle cualquier cosa si quisiera. Ah-Un, quien se encontraba cerca de ella, estaba profundamente dormido. Tokyoji le había dado un somnífero.

- Aléjate para que pueda vestirme y marcharme de aquí.

- Ya te detallé de arriba a abajo, ja, ja. Te falta carne.

- ¡Largo de aquí! - le gritó enojada.

Salió del agua dejando que una vez más el demonio la mirara. Buscó entre sus cosas la daga que llevaba. Cuando la halló, amenazó al muchacho con ella.

- ¡Déjame irme y no te haré nada! - el arma temblaba en sus manos.

Tohno se acercó a ella, lo que provocó que la joven retrocediera hasta chocar con un árbol. Él seguía acercándose.

- ¿Crees que te haré algo? ¡No me interesan las mujeres!

Pero si lo que pasa es que te da pena que te haya visto me desnudaré yo también, así estaremos iguales. La humana iba a detenerlo, pero ya el demonio se había quitado su hakama. Ella se cubrió los ojos, avergonzada.

- ¿Nunca has visto a un hombre desnudo?

Rin no contestó.

-Ja, ja, hueles a sexo. No te hagas la inocente - su voz sonaba áspera - ¿Y cómo era la canción que estabas cantando antes?

Pero cuando él volvió su mirada a ella, Rin se había lanzado hacia él incrustándole su daga en un costado. El joven no reaccionó.

Rin se quedó paralizada mirando el arma que permanecía incrustada en el cuerpo del joven. Tohno permanecía de espaldas a ella.

Es extraño, no hay reacción, ¡ni sangre!

- Creo que la canción iba así: Volverán los días cuando podamos estrecharnos una y otra vez viendo la misma estrella... Mmm, sí, intentaré tocarla en flauta.

Tohno comenzó a buscar de entre sus ropas el dichoso instrumento. Ella lo miraba atónita. A pesar de que lo había herido el muchacho ni se había inmutado.

Corrió desesperada, desnuda cómo estaba, llamando a Kohaku, a Kírara y a Ah-Un en dirección a donde estaban sus cosas. Era como una pesadilla.

Ese hombre no es humano. No sé lo que quiere, pero no dejaré que me asesine.

Tohno chasqueó su lengua al notar que la joven se alejaba.

-Tsk... Y además, ¿Dónde está mi flauta?

Entretanto, Kohaku ya había encontrado suficiente leña. Había tardado de más, pues no quería volver al lado de ella. Se sentía ridículo y a la vez mal por haberle gritado. En lo que iba a marcharse, sintió como una fuerza lo arrastraba violentamente hacia las profundidades del bosque. Miró hacia su pie y divisó que una entidad oscura lo sujetaba y arrastraba.

Utilizando su hoz, intentó cortar a la sombra, pero este se dividió en murciélagos, los cuales volvieron a formarse en un solo ser muy rápidamente.

¡Este demonio se dirige hacia el desfiladero! Debo sostenerme de algo.

La gata demonio les seguía el paso, tratando de morder en múltiples oportunidades aquella misteriosa sombra, sin lograrlo.

De repente, la sombra lo estampó violentamente contra un árbol, haciendo que de su cabeza saliera abundante sangre.

Kohaku quedó inconsciente.

Kírara, al notar lo que le había pasado intentó atacar a la entidad que había adoptado forma humanoide, pero a gran velocidad se abalanzó hacia ella fragmentándose en la docena de murciélagos que originalmente era. El gato demonio rugió ante el ataque.