Capítulo 12. Canción Mortífera

Ya habían pasado tres días desde que siguieron el rastro de aquellos murciélagos. No obstante, Sesshomaru e Inuyasha seguían alerta. El lugar era desértico y rodeado por una cadena montañosa.

Había algo en el aire que los mantenía intranquilos.

Sesshomaru percibía el aroma de Tokyoji, así como de otros dos demonios, pero algo lejos de allí. Intuía que se encontraban dentro de alguna especie de campo.

Kagome y Jaken, agotados por el silencio y el desvelo de aquellos días, esperaban respuesta de algunos de los hermanos.

Sesshomaru: - Puede que nos hayan tendido una trampa.

Inuyasha: - Sí, eso pensé.

Jaken: - Ay, sí claro... Ahora resulta que este hanyo piensa - se burlaba el renacuajo.

Kagome: - ¡Oye!

Inuyasha le dio un coscorrón por el insulto, pero inmediatamente volvió a su posición de alerta.

Repentinamente, escucharon un sonido proveniente de unos arbustos. Los cuatro se fueron acercando, estando Inuyasha y Sesshomaru a la cabeza. El Daiyokai agitó su brazo en señal de ataque, rompiendo algunas ramas y dejando al descubierto a un par de jóvenes demonios que se encontraban muy acaramelados.

Kenji y Saya se les quedaron viendo estando todavía abrazados.

Inuyasha, Jaken y Kagome se sonrojaron ante aquella situación. Sesshomaru por su parte, solo desvió la mirada desinteresado.

Es raro, ¿por qué no notamos el aroma de estos dos?

Ya los tres sonrojados se habían alejado de aquel arbusto.

Inuyasha: - Será mejor que nos marchemos. Temo que haya sido una trampa y ataquen la aldea.

Sesshomaru ya se había dado la vuelta, cuando, en un acto reflejo usó su brazo de defensa ante el golpe seco de una guadaña. Provenía de Saya, quien, a máxima velocidad, lo atacaba desde arriba.

¿En qué momento... ?

Saya en un parpadeo se había elevado y desde allí se había lanzado al ataque. Sus ojos eran carmesí.

Saya: - Será mejor que no te confíes.

Inuyasha, Jaken y Kagome presenciaron la escena, pero el hanyo, de un momento a otro, recibió un golpe en la frente de parte de Kenji, el cual, usando también una velocidad extraordinaria, lo había atacado de frente. Sus ojos también se veían rojos.

Kagome: - ¡Inuyasha!

Kenji le propinó múltiples golpes directos en su frente usando sus manoplas, lo que provocó una herida profunda que comenzó a sangrar.

Inuyasha: - ¡Maldito!

Sesshomaru sacó su espada y la blandió chocando violentamente contra la guadaña de Saya. El choque de las armas retumbó.

El demonio tenía más potencia, pero Saya era mucho más veloz. Algo que sorprendió al Daiyokai. Saya se pensaba:

No tenemos mucho tiempo antes de que la droga deje de surtir efecto.

La chica se alejó considerablemente del demonio y tiró su guadaña. Optó por usar su chakram (un disco afilado de metal que cambia de tamaño). Ella, al momento de acercarse en el primer ataque había cortado del demonio un hilo de cabello.

Saya: - ¡Vamos a ver si puedes desviar esto!

Enredó en su arma el cabello del demonio y se lo lanzó con fuerza.

El chakram giraba a gran velocidad, haciéndose grande y pequeño aleatoriamente. Lo anterior, dificultaba al Daiyokai evitar el golpe. El hilo de cabello provocaba que el arma lo siguiera a todas partes.

Sesshomaru, sin moverse del lugar, usó a Bakusaiga y detuvo todos los ataques. No obstante, en una oportunidad el chakram le dio en la muñeca, provocándole un corte.

Saya: -Eres bueno...

Sesshomaru: -Hmp, ¿creíste que esa idiotez me haría un gran daño?

El demonio tomó aire y gritó blandiendo su espada al suelo:

Sesshomaru: - ¡BAKUSAIGA!

Simultáneamente, Inuyasha también agitaba su espada ante aquel demonio de gran fuerza y poder de demolición. Kenji también sacó su espada y comenzó a defenderse del poder de Tessaiga.

Estuvieron agitando y chocando sus espadas por unos breves minutos hasta que Inuyasha se alejó un poco para lanzar su ataque:

Inuyasha: - ¡RYUURIN NO TESSAIGA!

Planeaba cortar el vórtice demoníaco de Kenji, pero este era tan veloz que su energía también cambiaba de lugar y forma muy rápidamente.

. . .

Miroku, Sango y Kaede permanecían cerca del campo de energía que Tokyoji había producido para imposibilitar la entrada de Sesshomaru.

Los tres habían lanzado sus ataques sin ver resultados.

Miroku: No hay forma de que podamos ingresar.

Sango: ¿Quién habrá provocado esto? ¿Serán los enemigos que mencionó Kohaku? ¿Por qué quieren atacarlos?

Kaede: Es probable que dentro se encuentre la cabecilla de esos demonios murciélago.

Los tres estaban tan concentrados que no notaron cuando una docena de murciélagos salió desde las sombras y juntos formaron una criatura humanoide oscura. Similar a la que había atacado a Kohaku.

El ente se encontraba tras ellos. No tenía cara, pero sonrió y dejó entrever una dentadura afilada y pavorosa.

. . .

Rin ya se había vestido, por los nervios corría sin rumbo fijo rezando por que Kohaku estuviera a salvo.

Señor Sesshomaru... ¿Qué puedo hacer?

La joven estaba agotada, necesitaba recuperar el aliento. Se sentó en un tronco de árbol lleno de musgo.

- Lamento haberte asustado.

Rin se sobresaltó tanto al oírlo que lanzó un grito ahogado.

Volvió su mirada hacia él aterrada, mientras se ponía de pie.

- ¿Qué quieres? ¡Dilo de una vez!

- Solo te hablé por curiosidad, por eso ahora te pido disculpas por mi comportamiento. La razón por la que no estoy herido se debe a que soy un hanyo ¿Sabes lo que eso significa?

Rin atónita ante aquellas palabras, pensó:

Un hanyo, ¿cómo el Señor Inuyasha?

Rin: No, no sé qué es un hanyo...

Debo fingir que le creo, tal vez así pueda pensar en algo para acabar con él.

- Un hanyo es un mitad bestia. Mi padre fue un gran demonio que se enamoró de una humana, por eso tengo ese poder de curación.

Tohno sabía muy bien que aquello del romance entre especies provocaría un efecto en ella.

- ¿Quién es Kohaku? ¿Es tu amigo?

. . .

Kohaku despertó. Sentía un dolor inmenso en la cabeza.

Rin...

El joven se levantó con gran dificultad. Tomó a Kírara en brazos y se dirigió al campamento. Su vista era borrosa.

Kohaku logró llegar, pero se desmayó en el camino. Tohno y Rin, quienes se habían trasladado al lugar, lo vieron desplomarse. Ambos fueron a su rescate.

Rin lo trató con medicina y lo dejaron descansar junto a la hoguera que habían preparado. Tohno cazó un pequeño jabalí que luego pusieron a las brasas junto con algunos hongos.

Kohaku despertó cuando ya era de noche. Su cabeza le palpitaba, pero ya no sentía tanto dolor. Rin le había dado una poderosa medicina que había traído junto con otras pócimas, entre ellas un pequeño extracto del concentrado de los hongos alucinógenos.

El joven escuchaba la voz de Rin y de otro joven charlando de forma amistosa. Escuchó algo sobre una canción y una flauta. Cuando pudo abrir los ojos, la llamó:

Kohaku: - Rin...

Rin: - ¿Estás bien? ¿Qué te ocurrió?

Rin se había acercado a él y lo miraba con preocupación.

Kohaku: - Una extraña entidad me atacó.

Kírara ya se había repuesto, pero estaba dormida. Lo mismo Ah-Un.

Rin: - Así que eso sucedió. Debemos regresar a la aldea cuando tus heridas sanen.

Tohno: - Yo los acompañaré -les dijo mirando a Kohaku con una sonrisa.

Kohaku: -¿Quién eres?

Tohno: - mi nombre es Tohno. Oye, ¿por qué no intentas comer algo?

Rin: - Sí, deberías recuperar fuerzas.

Kohaku se sentó en un tronco de árbol junto a Rin. Ella tenía su vieja libreta en sus manos.

El exterminador, mientras comía le preguntó:

Kohaku: - ¿Qué escribes?

Pero Tohno se apresuró a responder:

Tohno: - Estamos escribiendo una canción. Bueno, en realidad yo le haré la melodía y tocaré la flauta.

Le mostró una flauta de madera.

Rin: - Así es.

Rin sonrió naturalmente.

Rin: Kohaku, ayúdame a ver qué más puedo añadir.

La joven le pasó el libro a un Kohaku bastante contrariado. Él leyó la canción y descifró inmediatamente el mensaje:

El Demonio vino a mi habitación cuando yo era niña.

No confío en él porque se ha comido a mis hermanos.

Vamos a seguir jugando con él hasta que se quede dormido.

Hay un camino oscuro, pero si lo atravesamos de puntillas, podremos escapar.

Ella lo miraba fijamente. Sus ojos no mostraban ninguna emoción.

Rin: -¿qué sigue?, ¿te gusta?

Kohaku: -¿y qué tal si cambiamos esta frase?

El joven apuntó con el dedo a la palabra "escapar".

Repentinamente, ella se levantó y al momento fingió un mareo, dejando caer el libro en las llamas.

Kohaku: - ¿Te encuentras bien?

Rin: - Sí, es solo que se me subió el sake de repente.

Kohaku: - ¿Bebiste alcohol?

Tohno le ofreció la botella.

Tohno: - ¿quieres?

Los ojos de Tohno habían cambiado de color. Ahora eran carmesí.

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