Capítulo 13. Esencia
Nota: Este capítulo posee contenido que puede ser considerado grotesco para algunas personas. Si no te sientes de ánimo o eres sensible a ciertos temas de abuso sexual, mejor abstente.
Esa noche, ninguno de los tres concilió el sueño.
Después del aparente mareo de Rin, continuó con la mentira diciendo que iba a vomitar. Pasados unos cuantos minutos Kohaku fue a su lado.
Rin habló queda:
- Tengo un plan, pero debes confiar en mí.
- ¿Realmente no te sientes mal?
- Ssssh, escúchame: creo que hay algo en mí que ese tipo busca.
- ¿Le agradas a ese tipo?
- Tal vez quiera obtener algo.
- Si hubiera querido matarnos ya lo habría hecho - Kohaku lo dijo casi para sí.
Rin asintió.
- He traído algo que puede ser efectivo.
Sacó de sus ropas una botella de cristal que contenía un líquido celeste.
- Vas a cortarlo con tu hoz, pero primero vas a rociarla con este líquido. Tiene que llegar a su torrente sanguíneo.
- ¿Qué es esto?
- Shhh... No hay tiempo. Mañana lo llevaré a una cabaña que hay cerca del río. Tú lo golpearás por la espalda.
-Rin, esto no tiene sentido.
- No importa lo que suceda dentro de la cabaña, solo entrarás cuando me escuches levantar la voz.
Kohaku no estaba seguro de aquello, pero no tenía una idea mejor y no conocía al sujeto con quien se enfrentaban. Rin mostraba seguridad, así que decidió confiar en ella.
Pero cuando iba a darle la mano para que ella se apoyara al levantarse, escucharon la voz de Tohno, llamándolos. Ambos se miraron con sorpresa.
Tohno: - ¡Rin! ¿Ya te sientes mejor?
Rin: - Sí, al final no pude vomitar, pero tomar agua me hizo bien. Creo que iré a descansar.
. . .
La herida le palpitaba en el pecho. Le comenzaba a hormiguear el brazo derecho y le faltaba la respiración. No obstante, el Daiyokai no daba un paso atrás.
Saya también se sentía agotada, aunque no estaba herida, dado que la droga en su sangre comenzaba a dar síntomas secundarios. Entre ellos estaba el sueño.
Kagome y Jaken seguían expectantes. Ella tenía la intención de lanzar sus flechas, pero no se había presentado un momento adecuado.
Kenji: - Tu cabeza sigue sangrando. Creo que los golpes que te he propinado te han hecho flaquear.
Inuyasha: - ¡Ja! Apenas estamos empezando.
Kenji también sentía los efectos de la droga.
No vamos a lograrlo. Lo mejor es huir ¡Saya, dame una señal!
Saya: - Esto ha tardado bastante. Ya he empezado a aburrirme.
La chica lanzó su chakram y este se clavó en un talud que había a escasos metros de la espalda de Sesshomaru.
Saya: - Lo mejor será que use esto.
Tomó impulso hacia el cielo y a toda velocidad se disponía a dirigirse al demonio usando su guadaña, pero estando arriba no pudo continuar, pues el Daiyokai la sorprendió invadiendo su espacio personal estando en el aire.
Sesshomaru golpeó con la empuñadura de la espada el estómago de la chica. Cuando ella reaccionó al golpe sintió un escalofrío. Fue como un sentimiento de que su vida corría peligro. El demonio iba a cortarla con su Bakusaiga.
Sin embargo, el chakram, que había sido clavado en el talud, alcanzó al demonio cortándolo justo en la herida, dado que este ya tenía fijado a su víctima por el cabello plateado que tenía atado.
Sesshomaru nuevamente sintió la corriente eléctrica que había sentido cuando la herida fue hecha. Fue un golpe certero.
Debajo de ellos, todos se quedaron mirando.
Jaken: - ¡Señor Sesshomaru, derríbela de una vez!
Inuyasha y Kagome: - ¡Sesshomaru!
Saya sonrió y blandió su guadaña con intención de cortar al demonio, pero Sesshomaru se convirtió en una bola de luz y se posicionó tras Kenji.
Antes de que este pudiera reaccionar, el demonio lo cortó con Bakusaiga. Kenji gritó, mientras comenzaba a desintegrarse, pero Saya ágilmente rescató de aquel cuerpo deshecho su cabeza.
Kenji había muerto.
¡Eso no me lo esperaba!
Pensó Saya, mientras se alejaba de ellos.
Saya: -Está bien, ustedes ganan.
La chica se escabulló, soplando del interior de un pequeño calabazo un humo negro que cubrió con gran rapidez toda la zona.
Kagome lanzó una de sus flechas, lo que provocó que el humo se disipara, pero ya Saya se había marchado. Inuyasha también intentó seguirla, pero había sido como si su presencia se hubiera desvanecido.
Inuyasha: - Escapó.
Jaken: - ¡Señor Sesshomaru! ¿Está bien?
Sesshomaru tenía la vista fija en la dirección por donde la chica se había marchado. De un solo movimiento, extrajo el arma que aún tenía clavada en su pecho.
Kagome: - Esa herida...
Inuyasha: - ¿Cuándo te la hiciste?
Pero Sesshomaru no respondió.
Kagome pensó:
Esa chica se llevó la cabeza de su amigo... ¿Qué piensa hacer con ella?
. . .
Cuando amaneció, Rin y Kohaku entrenaron para no levantar sospechas. Tohno había hecho el desayuno y solo figuraba de espectador.
Kohaku: - Rin, tienes que moverte con más aplomo, así nunca vas a poder golpearme.
Rin: - ¡Ya lo sé!
Tohno: - Lo que pasa es que no tienes idea de lo que haces, tampoco anticipas los movimientos de tu adversario.
Ella se llevó la mano a la cabeza.
Rin: - Sí, creo que me falta demasiada práctica.
Kohaku se mantuvo serio.
Rin: - ¿Qué tienes?
Kohaku: - Nada, es solo que me siento muy trasnochado y la herida de la cabeza me ha vuelto a doler.
Tohno: - ¿Por qué no vamos a la pradera que se encuentra cerca del río?
Kohaku y Rin se miraron.
Kohaku: - Sí, tal vez descansar allí me ayude.
Rin: - Te daré una esencia para que te masajees las sienes.
Los tres se marcharon llevando a Kírara y Ah-Un.
Tohno no pudo evitar sonreír.
No pasó mucho tiempo cuando Kohaku fingió quedarse dormido. La esencia que Rin le había dado había hecho efecto.
Tohno: Parece que está descansando.
Rin: Dormir le hará bien. Creo que luego de que despierte nos marcharemos ¿Irás con nosotros?
Rin temblaba en sus adentros.
Tokyoji sentía una atracción extraña por la chica. Estaba casi seguro de que se debía a la esencia de Sesshomaru en ella.
Nunca me han gustado las féminas. Incluso esta mujer no me parece nada especial, pero cada vez que se mueve despide un aroma que indudablemente me recuerda a él. No me agrada para nada la idea de tocarla, pero ¡debo hacerlo!
Por otra parte, estoy seguro de que planean algo. Esa estúpida botella que guarda en sus ropas debe ser algún veneno.
¡Qué absurda! cree que puede hacerme algo con esa tontería.
Es tiempo de jugar. Muy probablemente Sesshomaru viene hacia acá. Vamos a ver cómo reacciona si me tomo uno de esos brebajes. Así sabrás que el veneno humano no me provoca efecto alguno.
Rin estaba acomodando la medicina en la caja donde guardaba las demás cuando el demonio tomó una botella al azar y comenzó a ingerirla.
Rin: - ¿Qué haces?
Tohno: - ¡Puaj! ¡Esto sabe a muerto!
Rin: - ¡Es un laxante!
Tohno: - ¿Un qué?
Ella comenzó a reír a carcajadas.
Kohaku, quien fingía estar dormido, tuvo que concentrarse para no reír.
Tohno: - ¡Me engañaste!
Rin: - En realidad no estoy mintiendo, pero no creo que te haga nada. Después de todo eres un hanyo. Oye, ¿por qué no vamos a esa cabaña que está ahí? Quisiera escuchar cómo tocas la flauta. Nunca he podido escuchar su sonido y si la tocas aquí podrías despertar a Kohaku.
Ambos se dirigieron hacia la cabaña. Dentro no había nada, salvo una estera en el suelo. La luz también era escasa. Rin abrió la ventana delantera, intentando hacer contacto visual con Kohaku. Él también la miró en señal de que todo iba acorde al plan.
Rin y Tohno se sentaron. Él, sin más dilación, comenzó a tocar. La melodía era hermosa y relajante. Para ambos fue imposible no pensar en su amado demonio. La canción duró algunos minutos. Rin había cerrado sus ojos.
Cuando se detuvo el sonido, lentamente los abrió y vio el rostro del demonio muy cerca suyo, mostrando una sonrisa afilada que le generó mucho temor. Aquel jovencito lucía muy distinto. Tokyoji había mostrado su verdadera forma.
- Mocosa humana... ¿Crees que no sé lo que tramas? No seas ridícula.
Rin lo miraba sin poder articular palabra.
Tokyoji pensaba:
Sesshomaru se ha tardado, así que lo mejor será actuar ahora.
La joven se hallaba sentada en el suelo, mientras que el demonio estaba de pie. Él se fue acercando haciendo que esta se acostara.
- Escúchame bien. No me agradan las chicas, pero hay algo que debo hacer.
El demonio acercó su mano a la entrepierna de la joven con misteriosas intenciones.
Rin cerró sus ojos, intentando no llorar:
Aún no es tiempo, debo aguantar un poco más.
Tokyoji batallaba consigo mismo. El cuerpo de la joven no le atraía.
Con mucho trabajo el demonio subió el kimono de Rin, dejando al descubierto su intimidad.
Es tan frágil...
Rin en sus adentros batallaba con sus sentimientos. Se decía a sí misma que debía mostrarse serena, pero aquella transformación del sujeto la había dejado aterrada.
Tokyoji pensaba:
¡No tengo idea de cómo hacerlo!
El demonio abrió las piernas y pudo apreciar aquella anatomía tan ajena para él. Metió sus dedos sintiendo la sequedad. Rin no estaba para nada cómoda con aquel roce.
¡Voy a vomitar!
Pensó Rin, mientras involuntariamente se tensaba.
El demonio siguió moviendo sus dedos en aquella oquedad hasta que, inevitablemente, comenzó a lubricar.
¡Sí, este es el aroma que buscaba!
Movió aún más sus dedos sintiendo la tibieza de aquellos fluidos. Los metió profundamente dentro de ella, haciendo que sus garras la lastimaran. Parecía cómo si estuviera desactivando algo.
Rin gimió de dolor.
Kohaku, que se encontraba cerca de la cabaña, lo escuchó.
¡Rin! Ese maldito...
Kohaku abrió la puerta de una patada, mientras se lanzaba hacia el demonio con su hoz en mano. Su cuerpo estaba dando un giro en el aire cuando divisó que aquel sujeto había cambiado de forma.
La hoz no pudo alcanzar al demonio, pues este la detuvo fácilmente con su mano libre. La otra, seguía dentro de ella. No obstante, en fracción de segundos Rin le apuñaló en el cuello con su daga.
El demonio se rió.
-¡Qué absurdos! Siempre supe lo que tramaban. Ese veneno no me hará ningún daño.
Rin y Kohaku se quedaron mirándolo.
Tokyoji dejó de hablar, sintió un leve mareo que repentinamente se convirtió en una sensación de vacío inmenso. No tenía idea de adónde estaba, no había un arriba o abajo, tampoco sensaciones externas. Su mente giraba en un vórtice que le generaba horror.
El demonio cayó paralizado, sus ojos se apreciaban vidriosos y llenos de pequeñas ramificaciones rojas. Su boca estaba abierta y de ella brotaba saliva.
Rin: - Funcionó.
Rin se levantó, provocando que los dedos del demonio salieran de ella. Kohaku la ayudó a incorporarse y rápidamente se montaron en Kírara y en Ah-Un.
Una parte del demonio seguía consciente.
¿Cómo... sucedió esto?
El demonio, con un esfuerzo descomunal movió sus dedos, notando de paso que los fluidos de la joven seguían en ellos.
Tokyoji sonrió. Había triunfado.
