Capítulo 14. Mechón Rojo
Rin y Kohaku volaban por los aires. Estaban cerca de la salida. Ella intentaba disimular, pero por dentro sentía asco, miedo, dolor y escalofríos. Kohaku la miraba con tristeza, pero no sabía qué decirle.
Es cierto, soy solo una humana. No tengo colmillos, garras, ni destreza con las armas, pero en cuestión de estrategia, nada de eso importa. Desde que mi familia murió he conocido el lado oscuro de este mundo, pero hasta el día de hoy puedo usar eso a mi favor. Mi interior duele, no obstante, estoy viva ¿Acaso me he vuelto más fuerte? Señor Sesshomaru... ¿Será que algún día podré llegar a serlo?
Kohaku: - Rin - el chico la sacó de sus cavilaciones - ¿Estás bien? Ese demonio te hizo daño.
Rin: - Estoy bien...
Kohaku: - ¿Sabías que tenía esa forma? Discúlpame por fallar en el ataque.
Rin: - Pensé que eso podría pasar, por eso pensé en atacar yo también.
Kohaku: - ¡Tenías más de ese brebaje! ¿De dónde lo sacaste?
. . .
Sango, Miroku y Kaede retrocedieron ante aquella extraña entidad. Al momento, la docena de murciélagos convertida en humanoide que había atacado a Kohaku también se sumó.
Sango: - ¿De dónde ha salido eso?
Miroku: - Tal parece que el campo de energía se ha debilitado.
Kaede: - ¡Vienen hacia acá!
Las sombras caminaban hacia ellos, cuando estuvieron más cerca, se unieron formando una figura aún más grande.
Sango se disponía a tirar su Hiraikotsu, cuando un joven de cabello castaño y ojos verdes apareció, cortando con sus garras la cabeza de aquel monstruo. Sus garras desprendían un fuego azul.
La figura no tuvo tiempo de separarse en murciélagos y volverse a formar, pues el ataque había sido tan veloz y potente que su muerte fue instantánea.
¡Shippo! - Gritaron los tres al unísono.
Un Shippo que aparentaba unos 14 años, les respondió:
- ¿Se encuentran bien?
Pero no hubo tiempo de responder, dado que de inmediato aparecieron Rin y Kohaku.
. . .
Hemos perdido mucho tiempo, ese imbécil nos tendió una trampa. No solo eso, la herida se ha extendido. Tal parece que siempre te subestimo...
Rin, espero que estés bien, iré a tu lado ahora mismo.
El demonio volaba a toda velocidad llevando a Jaken en su estola. Iba tan rápido que el pequeño demonio luchaba para no caerse. Inuyasha y Kagome también iban a buen paso. El hanyo de vez en cuando volteaba a ver a su hermano, preocupado por su lesión.
. . .
Todos se hallaban reunidos en la entrada del bosque. Rin y Kohaku les contaron lo sucedido. No pasó mucho tiempo cuando Sesshomaru y los demás llegaron.
Sesshomaru: - ¡Rin!
El demonio podía percibir con su olfato lo que la joven había vivido.
Rin: - ¡Señor Sesshomaru!
El Daiyokai pensó:
¿Qué ha pasado? ¡Ese maldito!
Kohaku: - El demonio se encuentra en el bosqu...
Pero antes de que el muchacho terminara de hablar, el Daiyokai ya había alzado vuelo dejando a Jaken en el suelo. Inuyasha lo siguió. En breve, ambos hermanos llegaron a la cabaña. Un Tokyoji sentado dentro del lugar, tocaba la flauta.
Sesshomaru se acercó.
Tokyoji: Hasta que viniste. He estado intentando llamar tu atención por cientos de años. Tal parece que esta vez lo he logrado.
Sesshomaru: Lo que le has hecho a Rin, no te lo voy a perdonar.
Tokyoji: Sí, todavía la recuerdo. Tengo su olor muy cerca de mi.
El demonio lamió sus dedos, mientras sonreía.
Tokyoji: - Esa chica me dio un susto de muerte. Logró drogarme por un rato, pero ya estoy repuesto. Voy a...
Pero no pudo seguir hablando, pues el Daiyokai lo atacó con Bakusaiga con toda su fuerza. Tokyoji apenas pudo desenvainar a tiempo.
Estando cara a cara y con la luz verde de la espada alumbrando sus rostros, Sesshomaru le gritó:
- ¡Me niego a escucharte!
Sesshomaru arremetió haciendo que el demonio saliera despedido en el aire, rompiendo la pared de la cabaña y chocando contra un árbol.
Tokyoji se repuso rápidamente, adoptando una posición de ataque. Sesshomaru lo siguió a toda velocidad. Al llegar a él, levantó su espada para cortarlo, pero su contrincante logró alejarse.
Si sigue así va a cortarme...
Tokyoji decidió atacar. Ambos chocaron sus espadas, haciendo que el suelo retumbara. El sonido metálico los ensordecía.
Inuyasha observaba atento.
Continuaron batallando con mucha agresividad. En los ojos del Daiyokai se veía una furia incontenible, mientras que su contrincante seguía ceñido en protegerse.
¡No puedo darle un solo golpe!
En un momento que las espadas dejaron de colisionar. El demonio extrajo de su cuello un collar. Lo mantuvo en su mano derecha, mientras sujetaba la espada en señal de ataque.
Sesshomaru volvió a atacarlo, esta vez haciendo que el demonio cayera al suelo. Nunca hubo comparación entre los niveles de poder. Además, Tokyoji en el fondo estaba triste, aquello afectaba su nivel de fuerza.
¡No me has mirado a los ojos ni una vez!
El demonio de alas negras se levantó a tiempo para usar su espada de escudo. Sesshomaru lo había orillado hacia el acantilado. Los pies del demonio estaban por rozar el filo; las piedras que se desprendieron cayeron dando pequeños saltos.
En el horizonte había un verano de medio día, pero en el corazón de ambos había pena y aflicción.
Tokyoji no pudo reaccionar cuando el Daiyokai blandió su espada frente a él para cortarlo, pero en ese instante, su herida palpitó y esta vez el dolor lo paralizó.
Inuyasha: - ¡Sesshomaru!
Sesshomaru cayó de rodillas sosteniendo su herida del pecho. De esta empezó a brotar abundante sangre.
A Tokyoji le dolía ver tan herido al demonio:
Si tan solo me hubieras aceptado, aunque no me correspondieras, yo te habría perdonado tus injurias... Aun así, no puedo odiarte.
El demonio murciélago tiró el collar a su lado, el cual tenía como dije un frasco con un líquido rojo.
Posteriormente, se hincó al lado de Sesshomaru y le dijo al oído:
Tokyoji: - Úsalo cuando me haya ido.
Sesshomaru blandió su espada al sentir el aliento del demonio en su oreja mientras lo miraba con la misma repulsión que la última vez. De un solo tajo, cortó al demonio en dos. Este se fue fragmentando hasta desaparecer.
Siempre quise morir en tus manos. Tuve que hacer tanto para que voltearas a mirarme. Espero que cuando lo sepas, me recuerdes más que cuando vivía...
Sesshomaru se tambaleó y cayó de rodillas nuevamente. Recogió la botella y reconoció dentro de la botella su mechón de cabello rojizo.
. . .
Sesshomaru e Inuyasha regresaron a la aldea. El Daiyokai trataba de disimular el dolor, pero Inuyasha podía notarlo.
Inuyasha: - ¿Esa herida va a matarte?
Sesshomaru: No digas tonterías.
Sesshomaru estaba abatido. Rin había sido herida por su falta de juicio. Fue un mal movimiento haber anticipado lo que haría Tokyoji. Inmediatamente, fue en su búsqueda. Ella estaba siendo tratada por Kaede y Kagome.
Kaede: - Parece que has sangrado poco ¿Te duele?
Rin: - En realidad no - pero Rin sentía una herida en su corazón.
Kagome: - Tal vez debas descansar.
Rin: - No, el señor Sesshomaru está herido, yo...
Sesshomaru: - Rin.
Ella volteó a mirarlo. Sus ojos lagrimeaban.
El demonio la alzó con cuidado.
Kaede: - ¿A dónde piensas llevarla?
Sesshomaru se alejó.
Kagome: - Anciana Kaede, lo mejor es dejarlos solos.
Rin: - Señor Sesshomaru, mejor bájeme, su herida se ve muy grave.
Él no le respondió. Emprendió el vuelo hacia su recinto.
Sesshomaru: - Te dejé sola y ese imbécil te lastimó.
Rin: - No fue nada grave, al final pudimos escapar.
Sesshomaru: - Pudo haberte matado.
Rin: - Pero no lo hizo, esa no era su intención.
Sesshomaru: - ¿Te duele?
Rin: - No, solo un poco. Más importante, su herida se ha engrandecido. Parece que tuvo una dura batalla.
Sesshomaru: - No habría sido así si no tuviera esta estúpida maldición. Si hubiera acabado antes te habría rescatado a tiempo.
Rin calló. No quería aumentar la preocupación de su Amo.
. . .
Saya se encontraba en una caverna, extrayendo de la cabeza de su hermano la sangre y dejándola caer en un frasco. La droga que usaban era en realidad la sangre de Tokyoji que este les proporcionaba para así aumentar su fuerza.
Ella sabía que el demonio había muerto, así que debía aprovechar hasta la última gota de la sangre de Kenji, quien tenía dentro restos de la sangre del demonio. Si bien es cierto podía alimentarse de otros demonios, la del demonio murciélago le gustaba en demasía. Tenía un sabor triste y melancólico.
Saya: - Fue bueno mientras duró, al menos para un demonio caníbal como Kenji y yo. Vamos a ver qué puedo hacer ahora que ya no sigo sus órdenes.
Nota: El capítulo siguiente va a relajarse con respecto a la acción. Vienen momentos sessrin y algo de misterio 💓💓💓
