Capítulo 15. Imperio de Luciérnagas
Transcurrieron alrededor de veinte días desde que Sesshomaru vio llorar a Rin en aquel sendero de los tulipanes. En ese tiempo, no solo habían vuelto a convivir, sino que habían compartido lecho. Sin embargo, lo más relevante para el demonio fue la ineptitud con la que había actuado, pues dio como resultado que la vida de Rin nuevamente corriese peligro.
Cuando la llevó en sus brazos de regreso a casa sintió cómo la humana escondía su rostro en su estola. Podía oler sentimientos de vergüenza y tristeza encapsuladas en sus lágrimas. Esa angustia, él también la sentía. La experimentó en el Inframundo cuando pensó que la había perdido y la experimentaba ahora. El miedo de perder o casi perder a alguien no es algo a lo que nadie se pueda acostumbrar.
El demonio verde también lamentaba no poder hacer nada por ellos. Notó sus miradas desconectadas y frías cuando se dirigían de regreso.
Cada uno se lamentaba a su manera.
Al llegar, la puso en su futón. Ella durmió hasta que se hizo de noche. Más tarde, la luna apareció en el cielo. El demonio dejó la alcoba, se sentó en la pasarela y desató su kimono. Teniendo su torso expuesto dejó que los rayos de la luna acariciaran su herida aún abierta.
Extrajo de su ropa la botella que el demonio murciélago le había dado. Recordando sus últimas palabras era fácil deducir su utilidad.
Abrió la botella y derramó el líquido rojo en su cuerpo. De su herida salía vapor al cerrarse. Se había deshecho la maldición. Sesshomaru había sanado.
No lo entiendo, ¿qué intentaba conseguir? No la mató, aunque tuvo mucho tiempo para hacerlo. Tampoco dejó que este Sesshomaru pereciera a causa de la maldición que él mismo provocó... ¿Qué será lo que esconden sus actos?
Rin despertó cuando todavía era de noche. Abrió la puerta corrediza que daba al exterior, dejando a un Jaken dormido. Él había permanecido con Rin todo este tiempo. Al salir vio la luna, dándole ahora en el rostro sereno a su Amo; su torso seguía descubierto.
¡Su herida ya no está!
Se sentó a su lado y apoyó su cabeza en el fornido brazo. El demonio, que estaba despierto, tomó su mano y la entrelazó con la suya.
En el pecho de ambos latía un corazón que había sufrido, pero ahora estando juntos, se mostraba inmensamente agradecido.
. . .
Rin y Jaken se sentaron a desayunar. El demonio había ido a buscar frutos en el bosque para ellos. Encontró nísperos, caquis y mandarinas. Rin aprovechó para contarles lo sucedido, se veía mucho más repuesta. Les aseguró que el demonio no se había aprovechado de ella, pero ciertamente, sus acciones debían tener un significado. Sesshomaru seguía atando cabos.
Al tercer día de su regreso el demonio les anunció que se irían a vivir cerca de su madre. Vivirían en un palacio, herencia de su padre. El palacio era blanco y de tejas azules, de dimensiones razonables, no como la colosal estructura donde vivía Irasue. Había sido erigido sobre una colina, por lo que su vegetación era abundante. Esto implicaba que conseguirían comida mucho más fácilmente.
También tenía una parte llana, donde Rin podía sembrar lo que quisiera. En la fachada del palacio se alzaban multitud de árboles de cerezo y en medio de ellos se encontraba un camino que conducía a un pequeño bosque. Dicho lugar parecía estar encantado.
Desde que su mudanza fue anunciada, Rin pasaba mucho tiempo en la aldea compartiendo con Kagome, Sango, Kaede y un Shippo adolescente. Este último venía de paso, pronto se iría de nuevo a entrenar.
Sesshomaru la acompañaba junto con Jaken y Ah-Un. Todos sus allegados en la aldea se alegraron al ver que Rin mostraba su sonrisa de siempre. Aquellos amargos días, poco a poco, iban desapareciendo de su mente.
No pasó ni una semana cuando fue el momento de trasladarse. Primero, se dirigieron al Palacio de su Madre. Iban a comentarle de su mudanza y luego a instalarse en su nuevo hogar. El demonio estaba interesado en vivir cerca de ella, debido a la seguridad que representaba para Rin. La razón de ello era que Irasue albergaba en su enorme palacio multitud de sirvientes y guerreros demonio que custodiaban ambos castillos.
Irasue: - Oh, ¡has venido a ver a tu madre! También trajiste a tu pequeño sirviente y a tu humana.
Sesshomaru: - Viviremos a partir de ahora en el palacio contiguo.
Irasue: - ¿Ah sí? ¿Ya no vas a establecer tu imperio?
Sesshomaru: - Solo venía a comunicártelo.
Irasue: - Más vale que tengas cuidado, Sesshomaru.
El demonio la veía de reojo, pues ya se disponía a marcharse.
Rin y Jaken le hicieron reverencias.
Irasue: - Humana, si has decidido vivir con un demonio supongo que sabes las implicaciones que tiene.
Rin: - Seguramente no estoy al tanto de todas ellas, pero me esforzaré por no causar problemas. También podré venir a visitarla si usted lo desea.
Se arrepintió inmediatamente de sus palabras.
Irasue la miró inexpresiva.
Jaken pensó:
¡Rin, qué torpe eres!
Hmm... ¡Definitivamente el señor Sesshomaru es idéntico a su madre!
Al llegar al palacio Rin y Jaken no salían de su asombro. Era simplemente exuberante.
Rin: - ¡Wow! ¿En serio viviremos aquí?
Jaken: - ¡Es impresionante!
Rin y Jaken: - ¡Somos de la realezaaaa!
Saltaban de alegría, mientras se tomaban de las manos.
Rin: - Bueno, en realidad usted sigue siendo un sirviente, Señor Jaken.
Lo miraba de reojo dedicándole una sonrisa maliciosa.
Jaken: - ¿Cómo te atreves a decir eso? ¡Niña ingrata!
Sesshomaru: - No hagan tanto escándalo, es solo un palacio. Por cierto, Rin, alístate, esta noche saldremos.
Rin: ¿Ah, sí? – sonrió involuntariamente.
Jaken suspiró.
Sesshomaru: - Jaken, si quieres puedes acompañarnos.
Jaken: - Señor Sesshomaru – sus ojos estaban llenos de lágrimas- ¡Muchas gracias!
Rin entró al palacio. Estaba embelesada con los objetos decorativos de gran valor que había por doquier: alfombras de materiales finos, espejos con marco de oro, ventanales que mostraban la belleza natural que rodeaba el palacio.
La muchacha subió las escaleras y vio al fondo una habitación que tenía un pequeño letrero con su nombre escrito.
Entró y se maravilló ante la fineza de aquellos acabados orientales, el futón de material aún más fino del que ya usaba, muebles de gran belleza, pero lo que más le gustó fue la enorme ventana que mostraba un rojo atardecer.
Vio sobre el futón matrimonial una seda púrpura con detalles dorados, la extendió y vio que era un kimono.
¿Es para mí? ¡Me encanta!
Rin lo abrazó.
Dentro del palacio se encontraban algunos sirvientes. Uno de ellos la dirigió hacia el onsen que había dentro. Ella se dio un relajante baño y aprovechó para ordenar su cabello, pero este volvió su antigua forma. También maquilló discretamente sus ojos, mejillas y labios.
Estaba lista.
Al salir vio a Sesshomaru y Jaken esperándola en la entrada.
Sesshomaru: - Nos iremos.
Sesshomaru alzó vuelo, llevando a Rin en brazos y a Jaken en su estola. El cielo estaba lleno de estrellas y había luna nueva.
Volaron durante varios minutos hasta que, desde el cielo, solo se divisaba una inmensa pradera, donde el pasto se balanceaba al son del viento. Sesshomaru cerró sus ojos y de su luna púrpura comenzó a salir un brillo iridiscente.
De repente, de su estola emergieron tres formaciones de fino pelo rojizo, entrelazados entre sí. Juntas parecían de un material similar a la seda. Estas flotaban onduladas, formando una cola alargada. Sesshomaru dejó que Rin y Jaken se posaran sobre ella.
Rin: ¡Esto es increíble!
Jaken: - ¡No sabía que podía hacer eso, Amo Sesshomaru!
Los tres se encontraban volando a varios metros del suelo. La pradera ahora se veía como un pequeño espacio sin movimiento.
Continuaron unos minutos más y el cielo se apagó totalmente. En cambio, cientos de luciérnagas acapararon el cielo, pasando por los laterales de la cola rojiza. Tanto el demonio verde como la humana apreciaban boquiabiertos el espectáculo.
Aquellas luciérnagas poseían un gran tamaño y de su cuerpo iluminado se desprendía una tenue luz amarilla, que ante los ojos de los tres parecía como si dichos insectos cruzaran por finas carreteras hechas de luz. Estos se movían trazando formas.
Luego se enteraron por boca del Daiyokai que habían atravesado La ruta de las luciérnagas y que no era más que unos demonios inofensivos, los cuales danzaban en los días de luna nueva con fines reproductivos.
El señor Sesshomaru había ido allí por primera vez con su padre Inu no Taisho cuando era niño.
Después de unos minutos maravillados con aquella atmósfera mágica, Sesshomaru habló:
Sesshomaru: -Bajaremos aquí.
Se trataba de un inmenso árbol, el cual poseía una forma extraña. Era común en sus raíces y tronco, pero sus ramas se arremolinaban en la copa formando un nido. Sus hojas eran redondas y gruesas.
Rin y Jaken se sentaron. Desde allí se podía apreciar a las luciérnagas que ya habían encontrado pareja y que estaban copulando. La pareja de insectos, al unirse, formaban una especie de corazón brillante. En el horizonte se veían cientos de ellos.
Jaken: - ¡Qué hermosa vista!
Rin: - Podría observarlas por siempre.
Sesshomaru: - Rin...
El demonio la tomó de la mano instándola a seguirlo. Se detuvieron en un extremo del nido.
Sesshomaru: - Este lugar representa lo que siento y no soy capaz de expresarte con palabras.
Su mirada era seria y profunda.
La humana hacía contacto visual, tratando de hallar la razón de aquella frase. Contempló a las luciérnagas y observó cómo rozaban sus cuerpos cariñosamente. Tenían una conexión.
Sesshomaru: - Una vez me pregunté cómo sería mi vida si Rin no estuviera a mi lado. Ahora estoy seguro de que no habría regresado a este lugar si no fuera por ti, ni sentiría lo que siento cuando observo a estas criaturas amarse de esa forma.
Este Sesshomaru, aunque sea un deseo egoísta, quiere que desde ahora tracemos una misma senda.
¿Serías feliz si así fuera?
Rin estaba muy conmovida. Sus ojos lagrimeaban.
Rin: - Rin ha sido feliz desde que conoció al Señor Sesshomaru y quiere estar a su lado por siempre.
Jaken se sacudió la nariz, pues también se encontraba sumamente conmovido con aquella sincera declaración por parte de ambos.
Nunca había visto tan determinado al Amo Sesshomaru. Se nota que lleva tiempo pensando en cómo decírselo. Rin, ya no puedes alejarte de su lado...
Sesshomaru seguía sujetando la mano de Rin. Ella posó su cabeza en su brazo, en señal de cariño. Seguía llorando, lo que produjo que aquellas luces amarillas se percibieran onduladas y tibias.
El demonio besó sus lágrimas y luego sus labios. Fue un roce tierno, pero lleno de sentimiento.
Desde ahora se pertenecían.
Al regresar al palacio Rin no quería soltar su mano.
Sesshomaru: - A partir de hoy dormiré a tu lado.
Rin: - ¿En serio? Pensé que casi nunca dormía.
Sesshomaru: - Cuando no pueda dormir, te veré a ti hacerlo.
Rin: - Señor Sesshomaru...
Lo abrazó aliviada y al mismo tiempo agradecida de que su Amo ya no estuviera herido.
Así, tomados de la mano, entraron a su habitación. El demonio la desnudó y la abrazó con mucha ternura. Sentía en su abdomen los pezones ya erectos de ella. Los acariciaba haciendo que se calentara, lo cual sucedía casi de inmediato.
Pasaba sus labios y su lengua por su cuello. Dibujaba con ella su cintura hasta llegar a sus caderas y las mordía con suavidad, generando un cosquilleo. Aquel roce era tan suave y certero que derretía inmediatamente el cuerpo de Rin. Se sentía amada.
El demonio frotaba con las yemas de los dedos su intimidad, alternando con su lengua hasta que ella culminara. Quería conocer sus puntos más sensibles y perfeccionarlos cuanto antes.
Sesshomaru no quiso entrar en ella por temor a lastimarla, debido a la herida en su útero. Rin, ansiosa, se frotaba en él con vehemencia, marcando con sus fluidos al Daiyokai. A diferencia de su Amo, ella no tenía ese autocontrol. En el fondo se avergonzaba por sentir demasiado, pero no podía evitarlo.
No obstante, el demonio intentaba apaciguar sus ansias usando su boca. Aquella ternura de sus movimientos se fue volviendo cada vez más apasionada, sobre todo porque ella insistía en frotarse en cada parte del cuerpo de su Amo y de intensificar los movimientos.
Aquella habitación estaba inundada de respiraciones agitadas, fluidos y roces.
No hubo un espacio de su cuerpo que no temblara ante las caricias del demonio. Él también se imaginaba llenándola toda, haciendo que ella sintiera su descarga al terminar, pero estaba decidido a no penetrarla en un tiempo.
Ella gemía cuando la intimidad de Sesshomaru rozaba alguna parte de su cuerpo. Deseaba tanto que el demonio la devorara esa noche. La idea le siguió dando vueltas y la hacía excitarse más.
Pero eso no sucedió.
Su lado más adolescente se molestó un poco por eso, pero al mismo tiempo le enternecía que él pensara todo el tiempo en ella.
Se acostaron a dormir abrazados, sintiendo su calor corporal. Ella hundía su cara en el pecho firme de Sesshomaru. Se embriagaba con su aroma, una y otra vez lo estaba deseando. El demonio tuvo que alejarse un poco de ella, pues en el aire se percibía el aroma una Rin en período de ovulación. Era la batalla más difícil que había tenido hasta ahora.
Finalmente, cayó vencida por el sueño. Dormía plácidamente a su lado, mientras el demonio siguió toda la noche luchando con sus impulsos hasta el amanecer.
