Capítulo 16. El talento innato de Rin

Ha pasado un mes desde que nos mudamos al palacio y la verdad es que el señor Sesshomaru ¡No me ha puesto una mano encima desde que se me declaró! Creí que ahora que soy su esposa podríamos estar más cerca, pero la verdad es que el me está evitando. Incluso no ha vuelto a dormir a mi lado.

Pero si algo he aprendido estos días es a crear estrategias ¡Ja! Si pude lograrlo con el demonio que nos atacó en el bosque, definitivamente podré vencer al señor Sesshomaru.

Rin canturreaba por los jardines del palacio, mientras imaginaba situaciones para atraer a su señor. Jaken la miraba desde la ventana. El demonio vio claramente cómo Rin movía su cuerpo como si estuviera haciendo algún ritual.

Jaken: - Ah... Rin, a veces no entiendo qué te vio el Amo Sesshomaru. Sigues estando bien loquita.

Ella anotó en su nuevo diario tres rutas para alcanzar su objetivo, es decir: "para que tracemos la misma senda"

Ruta 1: Seducirlo con un baile por la noche.
Ruta 2: Preguntarse sobre aspectos que desconocen el uno del otro.
Ruta 3. Afrodisíaco.

¡Empecemos!

Rin seguía canturreando y haciendo extrañas poses en medio del jardín aquella apasible mañana.

Jaken la miró con tristeza.

Jaken: - Ah... Mejor cierro la ventana.

. . .

Más tarde, Rin husmeaba por los rincones del palacio. Comprobó que tanto Jaken, como el señor Sesshomaru no estaban cerca.

Rin: - Bien, ¡es momento de practicar!

Dentro de su alcoba había un gran espejo. La humana cerró la puerta. Se desnudó y modeló su cuerpo en él. Notó que su pequeña panza se había ido.

Rin: - ¡Ahora, lo siguiente! El baile...

Intentó bailar, tal como las mujeres de la aldea lo hacían durante los festivales. Recordaba una vez en la que una jovencita algo alcoholizada agitaba sus caderas cerca del rostro de un aldeano. Ella intentaba hacer lo mismo, pero tristemente, no era tan fácil como creía.
Rin: - Tal vez si muevo un poco el trasero así.

Movía en círculos su trasero desnudo frente al espejo. Intentaba hacer un rostro erótico, pero ver su reflejo de esa forma solo la avergonzó demasiado.

Rin: - Aaah... Rin es muy tímida para estas cosas.

Teniendo todavía el trasero al aire y en la misma posición, apreció súbitamente, por el reflejo del espejo, un par de ojos ambarinos que la miraban ligeramente sorprendidos.

Sesshomaru: - Rin, ¿tienes alguna molestia en esa zona?
Rin: - Ah, no, yo solo...

No puede ser, ¡el Amo Sesshomaru me ha visto!

Sesshomaru la miraba inexpresivo.

¡Quiero desaparecer!

. . .

Por la tarde, encontró a su señor sentado bajo la sombra de un árbol de cerezo. Se veía tan atractivo y delicado.

Solo quiero saber más de él.

Pensaba Rin sonrojada.

Tomó valor y se acercó:

Rin: - Amo Sesshomaru, he pensado en un juego que podemos hacer para conocernos mejor.
Sesshomaru: - ¿Un juego?
Rin: - El señor Sesshomaru y Rin ya han, bueno, ya han intimado, pero todavía hay muchos aspectos que no hemos tratado.

El demonio la miraba interesado.

Sí, ¡esta vez lo he atrapado! Primero empezaré con preguntas sencillas, pero luego, iré calentando la conversación.

Ella le dio una libreta y una pluma. Rin también tenía los mismos objetos.

Rin: - ¡Bieeen! Comencemos. Empezaré yo.
Sesshomaru: - De acuerdo.
Rin: - Señor Sesshomaru, ¿Cuál es su fruta favorita?

El demonio demoró en responder.

Sesshomaru: - No he pensando en eso.
Rin: - ¡Tiene que contestar o hay un castigo!
Sesshomaru: - Eso nunca lo aclaraste...

Siendo así, me gusta el melón.

El demonio clavó sus ojos en ella.

Rin: - El melón, a mi también me gusta el...melón

Se sonrojó, mientras se abanicaba con una mano.

Cuando se repuso lo apuntó en su libreta.

Rin: - ¡Muy bien, ahora es su turno!

Sesshomaru: - ¿Qué hacías antes en el espejo?

Rin: - Señor Sesshomaru, ¡eso no es justo!

Sesshomaru: - Si no respondes habrá un castigo. Tú lo dijiste.

¡Ay nooooo! Aunque, ¡tal vez su castigo sea algo pervertido! Me voy a arriesgar.

Rin: - Está bien, ¡castígueme!

Sesshomaru: - Muévete cómo lo hacías frente al espejo.

Rin: - ¡Nooo! ¿Por qué molesta así a su... esposa?

Sesshomaru: - Baila para tu esposo entonces.

Ella se puso de todos los colores.

¡Aaaaah! Esto tampoco funcionaaaa.

. . .

Por la noche, Rin estaba decidida a triunfar.

¿Dónde quedó mi astucia e ingenuo? Al malvado de Tokyoji pude afectarlo con el veneno de los hongos. Entonces, al señor Sesshomaru lo acabaré haciendo que ingiera esto.

Recordó una vez que llegó a ver a la anciana Kaede un matrimonio que tenían dificultades para concebir. La anciana elaboró a base de ginseng y otras plantas un concentrado que el marido debía ingerir y así fortalecer su impulso sexual.

Rin: - ¡Haré algo parecido!

Se adentró en la cocina y con lo que pudo intentó igualar la receta de la anciana. No obstante...

Rin: - ¡Señor Sesshomaru!
Sesshomaru: - Dime.
Rin: - Le preparé un té. Sé que usted no consume alimento humano, pero este sabe realmente bien.
Sesshomaru: - No estoy interesado, Rin.
Rin: - Pero...
Sesshomaru: - No insistas.

El señor Jaken se dirigía hacia ellos. Sesshomaru y Rin se encontraban en una inmensa sala de estar del palacio. El demonio verde llevaba una especie de bolsa para cólicos que Rin había extraviado por aquellos días.

Rin: - Señor Sesshomaru, por favor.
Sesshomaru: - Estás siendo una molestia.

Le mostraré que no hay nada qué temer. No creo que ocurra nada si solo tomo un sorbo.

Rin: - Muy bien, entonces yo lo beberé.

Pero apenas hubo tomado un sorbo salió de su boca un eructo bestial que la hizo brincar levemente de su sitio.
Jaken, por la sorpresa, tiró por los aires el cojín, mientras que el señor Sesshomaru volteó a mirarla, incrédulo. Eso nunca se lo esperó ni en mil años.

La desdichada muchacha cubrió su boca con sus manos, muy avergonzada.

Miró a su señor y al verlo sorprendido no resistió la vergüenza y se fue corriendo directo a la habitación.

Jaken: - ¡Rin es una caja de sorpresas, jamás imaginé que de ese cuerpo pudiera salir semejante sonido!

Sesshomaru la siguió. Escuchaba un débil sollozo desde el pasillo que daba a la habitación.

Oh no... Siento tanta pena. Ahora el Señor Sesshomaru de seguro va a seguir rechazándome.

Sesshomaru: - Rin, déjame entrar.

Rin dejó de hacer ruidos.

Sesshomaru: - Voy a entrar.

Rin: - Señor Sesshomaru, por favor no...

El demonio al ingresar la vio de rodillas, con lágrimas en los ojos y aún sonrojada.

Rin: - Hoy he sido irracional, por eso todo acabó de esta manera.

Sesshomaru: - Encontré tu diario abierto en el jardín, por eso sabía lo que tramabas.

Ella lo miró con culpa y vergüenza.

Rin: - Señor Sesshomaru, quiero que me tomes esta noche y que eso siga pasando a menudo. Ya he revisado mi interior, me he palpado y no siento ningún dolor. Si acaso ya no le gusto por lo que pasó con ese demonio...

Sesshomaru: - No digas tonterías.

Se puso de rodillas y tomando su rostro con su mano derecha, le dijo:

Sesshomaru: - Lo que haya sucedido con ese inútil no fue tu culpa y eso no te resta valor en absoluto. Si lo que quieres es que te cumpla como tu esposo lo haré, pero entonces vas a tener que prepararte.

Rin: - ¿Eh?

El demonio la tomó del brazo y la lanzó al futón.

Por la ventana entraba la brisa, la cual agitaba los cabellos plateados y sedosos.

Sesshomaru: - ¡No tendré piedad esta noche!

Continuará...