Capítulo 18. Corona de flores

Al día siguiente, Rin le hizo saber a Sesshomaru que extrañaba a la anciana. Por esa razón, le pidió prestado a Ah-Un para que la llevara. El demonio accedió, pero decidió ir con ella, ya que desde lo sucedido con Tokyoji no iba a volver a confiarse.

Se fueron temprano. Durante todo el día se la pasó poniendo al corriente a la anciana Kaede, a Sango y a Kagome. Las tres podían ver claramente las marcas de los colmillos en el delgado cuello de Rin. No obstante, decidieron no hacer ningún comentario sobre eso y solo felicitarla porque ahora estaban casados.

El demonio se mantenía distante, pero sí estaba lo suficientemente cerca para escuchar lo que aquellas mujeres decían.

Tonterías...

Pensaba él ante sus comentarios.

Por la noche, Rin durmió con la anciana Kaede. Mientras tanto, el Daiyokai y su súbdito permanecieron en el tejado de la choza. Habían decidido regresar al palacio luego de darle a Rin un poco de espacio para compartir una comida con ellos, pues Kagome había dicho que realizarían una celebración muy especial al día siguiente. Por el contrario, Sesshomaru estaba muy interesado en marcharse cuanto antes.

A la mañana siguiente, Kagome y Sango la mandaron a bañarse al río, mientras ellas terminaban los preparativos. En realidad, iban a celebrar la boda de Rin y Sesshomaru. Tanto Sango como Kagome no durmieron casi nada planeando cómo hacer la celebración teniendo solo unas horas para pensarlo.

Para su baño, le habían dado un jabón de aroma suave y dulce y un kimono blanco hecho de seda. Miroku lo había obtenido a cambio de sus exorcismos en las aldeas vecinas.

Todos sabían que no era el momento indicado para celebrar nada, pues tanto Rin como Sesshomaru estuvieron muy tensos hasta hacía poco por lo sucedido con el demonio, pero Kagome estaba tan emocionada en organizar una celebración al estilo de la época actual, que no se resistió comentárselo a Inuyasha.

Este evento perdurará en nuestra memoria por mucho tiempo ¡Qué felicidad! La familia está creciendo y de seguro lo hará aún más en unos años.

Inuyasha al escuchar sus planes, primero mostró un total desinterés, pero luego, al imaginar la reacción incómoda de su hermano, mientras contraía nupcias con una humana, decidió apoyarla. Miroku también estaba dispuesto a ayudar.

El espacio estaba dispuesto de la siguiente manera: a unos pasos de la choza de la anciana Kaede ataron a dos árboles cercanos uno del otro unas guirnaldas hechas de flores rosas y lilas. Estas se encontraban suspendidas en el aire como si fueran tendederos. Bajo ellas, colocaron una manta blanca y sobre ella dispusieron unos pétalos de flores de hortensia.

A ambos lados de la manta colocaron unas mesas alargadas y bajas llenas de bocadillos. Un poco más lejos, se encontraba el jabalí asándose.

También tenían tsukemono (vegetales encurtidos), onigiris rellenos de pescado (bolas de arroz) y sopa de miso. De postre hicieron algunos daifukus (mochi relleno de anko o frijol dulce) y umeboshis (ciruela encurtida).

Cuando Rin se encontró con ellas, Sango se encargó de maquillarla y Kagome de hacerle dos trenzas. A cada lado de su cabeza le colocaron unas horquillas con detalles de flores de amapola.

Ahora solo faltaba localizar al novio. Kagome dirigió su vista a un Inuyasha que tenía los ojos rojos, debido al humo de la fogata. El pobre hanyo olía a cerdo quemado.

Kagome: - ¡Inuyasha! Ese jabalí se está sobre cocinando.

Inuyasha: - ¿Entonces por qué no vienes a hacerlo tú?

Miroku: - Vamos, yo procederé a cortarlo.

Inuyasha: - Keh, todo es mi culpa...

Anciana Kaede: - Mejor ve a buscar a Sesshomaru. Tenemos hambre.

Kagome: - ¡Exacto! Incluso Rin ya está lista.

Inuyasha: - ¿Por qué yo?

Kagome: - I-NU-YA-SHA...

Inuyasha: - ¡Ya voy!

El daiyokai miraba al horizonte sin ninguna preocupación.

Jaken: - Señor Sesshomaru, ya casi es hora de la celebración, por eso...

El demonio verde palideció al notar que Sesshomaru lo miraba con desprecio.

Jaken: - Ah, no, yo no estaba ordenándole nada, es solo qu-

Inuyasha: - Sesshomaru, ya todo está listo. Rin está esperándote.

El demonio no le respondió.

Jaken: - Ustedes organizaron una celebración de boda para el Amo Sesshomaru sin su permiso y ahora osas a apresurarlo ¿Qué no tienes consideración?

Inuyasha lo ignoró totalmente.

Inuyasha: - Al final, has decidido casarte con una humana...

Sesshomaru: - Eso no es de tu incumbencia.

Inuyasha: - Si tienes hijos serán hanyo.

Sesshomaru: - ...

Inuyasha: - ¿No vas a decir nada?

Sesshomaru: - Podrán ser hanyo, pero nunca serán tan estúpidos como tú. Ese lugar nadie te lo quita.

Inuyasha: - ¿Qué has dicho?

Inuyasha blandió en su dirección a Tessaiga.

Sesshomaru lo observó inexpresivo.

Jaken: - ¿Cómo te atreves a ofender a mi Amo en su boda? ¡RESPETAAA!

Sesshomaru: - Yo haré las cosas distintas a él... - fue lo único que dijo, mientras se marchaba en dirección a donde todos estaban reunidos.

Inuyasha y Jaken le siguieron.

¿Distintas a las acciones de nuestro padre?

Sesshomaru, has cambiado...

. . .

El demonio se aproximó a donde Rin y los demás se encontraban. Vio a Miroku batallando por partir el jabalí, pero estaba tieso.

Miroku: - ¡Ese Inuyasha lo dejó seco!

Inuyasha: - ¿Qué yo qué?

Kagome: - Cuñado, hasta que llegaste.

Sesshomaru vio a Rin sentada sobre la manta blanca. Su kimono era blanco y brillante. Vio su peinado, que la hacía ver de alguna forma aniñada, pero hacía juego con su maquillaje y sus horquillas. En sus manos sostenía una hortensia celeste.

El demonio, ignorando a los presentes, se fue acercando a ella. Al hacerlo, Rin se puso de pie. Cuando el demonio estuvo a su lado, tocó su mejilla suavemente. Se quedó mirando sus labios carnosos y brillantes por el labial rosa que llevaba.

Seguidamente, puso su frente en la de ella, mientras hacía contacto visual. Los ojos de ambos titilaban.

Sesshomaru: - Rin...

Kagome, la anciana Kaede y Sango estaban anonadadas viendo aquella escena.

Kagome: - Es tan romántico...

Sango: - Jamás pensé que actuaría de esa forma frente a nosotras.

Anciana Kaede: - Espero que haga feliz a Rin.

Jaken sollozaba.

Jaken: - El señor Sesshomaru está muy feliz...

Kagome: - Geez, en cambio nosotras vivimos en otra realidad.

Sango: - Y qué lo digas.

Mientras la pareja enamorada despedía un destello mágico, tras ellos, Miroku e Inuyasha peleaban al jabalí sobre cocinado.

Inuyasha: - ¡Dame el cerdo!

Miroku: - Tu ya hiciste de más. Retírate, Inuyasha.

Inuyasha: - ¡Qué me lo des!

Miroku: - Ja, entonces ven por él.

El monje tomó impulso, arrebatándole el jabalí a Inuyasha. Con ese mismo impulso, le dio en toda la espalda usando el lomo del animal.

Inuyasha: - ¡ARGH! ¡MIROKUUUU!

Kagome: - ¿No pueden hacer silencio? Están arruinando el momento.

El pequeño Hisui se acercó a Sesshomaru y le ofreció una corona de flores para que se la pudiera a Rin en su cabeza, en señal de alianza. Sin embargo, fue ella quien la tomó y la puso en la cabeza del demonio.

Sesshomaru no estaba muy cómodo con ello, pero no pudo negarse ante la alegre mirada de la humana.

Rin: - Señor Sesshomaru, yo...

La humana acercó sus labios a los de su amado.

Pero Inuyasha, harto de ser juzgado de inútil, ser agredido con el jabalí quemado y finalmente, sintiéndose incapaz de cortar aquel animal de carne tan dura, procedió a blandir su espada con miras de realizar un Kaze no Kizu y acabar de una vez por todas con su enemigo.

Inuyasha: - ¡Vas a ver, de esta no te escapas!

El daiyokai no pudo más con las impertinencias del hanyo.

Sesshomaru: - ¿POR QUÉ SIGUES INTERRUMPIENDO?

Sesshomaru tomó unos cuantos umeboshis de la mesa de comida y se los esparció a Inuyasha en la cara.

Inuyasha: - Argh... ¿Cómo te atrevisteeee?

Inuyasha tomó un par de onigiris y los lanzó hacia su hermano, pero este los esquivó sin problema.

Las bolas de arroz cayeron en el rostro de Sango, quien se quedó atónita al principio y luego molesta.

Miroku: - ¿Cómo te atreves a irrespetar a Sango?

Sango: - ¡Dejen de lanzar comida! - decía, mientras escuchaba a sus hijas reírse de ella por lo ocurrido.

¡Prepárate Miroku, esta es mi oportunidad de vengarme por el golpe que me diste hace unos meses!

Se pensó Jaken, mientras tomaba la sopa de miso con intención de lanzarla al monje.

Kagome: - ¡Bastaaa! ¿Por qu-

Pero no pudo terminar de hablar, pues alguien le había lanzado unos mochis a la cara.

Kagome: - ¿QUIÉN FUE?

Se había formado una guerra de comida. Incluso la anciana Kaede lanzaba alimentos por los aires. Rin permanecía agachada en la manta blanca, abrazando a un Hisui lloroso por el hambre.

Inuyasha: - ¡Terminemos con esto, Sesshomaru!

Sesshomaru: - Hmp...

Jaken: - Prepárate, ¡monje pervertidoooo! - gritó de pronto el demonio al lanzar la sopa de miso al aire.

Todos corrían intentando que no les cayera la sopa encima. Sin embargo, justo en ese momento Sesshomaru se movió, pues Inuyasha había desenvainado y se encontraba en posición de ataque. Con su otra mano, tenía el cerdo agarrado a modo de escudo.

Sesshomaru estaba tan enojado con su hermano, que no notó el movimiento del demonio verde y así, fue él la víctima de la sopa de miso. Esta le bañó toda la cara, incluyendo sus sedosos cabellos y su atuendo.

La olla le tapaba hasta el cuello.

Hubo un silencio sepulcral. Jaken sintió que el alma se le iba del cuerpo.

Inuyasha se acercó a Jaken, susurrando:

Inuyasha: - Deberías marcharte del mundo.

Jaken: - ¿¡Y DE QUIÉN CREES QUE ES LA CULPA!?

Sesshomaru permanecía inmóvil con la olla en la cabeza, mientras se tronaba los dedos de su mano venenosa.

Jaken: - Amo Sesshomaru, yo jamás habría hecho algo semejante, por eso...

Todos estaban expectantes y con mucha zozobra por lo que iba a suceder. Incluso Rin estaba asustada, lo mismo Hisui, quien había dejado de llorar.

El daiyokai se retiró la olla de la cabeza, tirándola hacia un lado. Mantenía los ojos cerrados y un gesto sereno.

Jaken: - Sabía que lo entendería, Amito.

Ni bien había pronunciado la palabra "Amito" cuando lo vio dirigirse rápidamente hacia Inuyasha, mientras sujetaba con su estola la olla para golpear a su persona en la cabeza.

El demonio golpeó al mismo tiempo a Jaken y al hanyo. A este último, le dio una bofetada usando la corona de flores que llevaba en su cabeza.

Inuyasha había perdido la batalla. Cayó al suelo inconsciente con la corona de flores metida en la boca.

El Daiyokai, indignado por tal desaire, se alejó de la escena. Rin y Jaken iban tras él.

Rin: - Señor Sesshomaru ¿Se encuentra bien?

Sesshomaru: - Sabía que debíamos irnos apenas despertaras.

Rin: - También tenía un mal presentimiento - le dijo, mientras se acomodaba una horquilla.

Jaken: - Sinceramente, esta gente es de lo peor -decía, mientras se sobaba el enorme chichón que le había salido.

Sesshomaru volteó a mirarlo con odio. Al momento, le estampó en la cara su bota, haciendo que el pobre quedara sembrado en el pasto.

Rin le seguía sus largos pasos, corriendo hacia él, pero se le dificultaba moverse por el largo kimono.

Él, al notarlo, la alzó en sus brazos.

Sesshomaru: - Nos iremos.

Rin: - Amo Sesshomaru, su pelo huele a sopa de miso.

El demonio suspiró molesto, mientras se alejaban de la aldea.