Capítulo 19. De tu mano

El pobre Jaken tuvo que pasar la noche en la aldea. Su amado señor lo había dejado abandonado. Los demás le dijeron que era lo más sensato, pues lo más seguro era que querían pasar un tiempo a solas.

¡PERO SI ESO ES LO QUE PASAN HACIENDO DESDE HACE MESES!

Se lamentó el demonio en sus adentros.

Miroku: - Al final no pudimos probar la comida a gusto. Me hubiera conformado con ver a Sesshomaru bebiendo sake ¿No les parece?

Jaken: - ¿Dijiste sake? Sí... ya recuerdo. Tal como la botella de alcohol que le diste a la niña hace un tiempo! Para que lo sepas ¡ESA NIÑA ME VOMITÓ ESE DÍA!

Miroku: -¿Q-qué? Je, je... Yo no recuerdo haber hecho eso...

Sango: - ¿QUÉ HICISTE QUÉ?

. . .

Cuando llegaron de regreso al palacio el pobre daiyokai se demoró una hora en el baño tratando de quitarse el aroma a alimento humano.

¡Es insoportable!

Maldecía para sí mismo.

Rin, mientras tanto, modelaba su kimono de bodas en el espejo grande de su alcoba.

Waaaa ¡Tuvimos nuestra boda! No fue cómo me hubiera gustado, pero ahora sí me siento casada.

Al poco tiempo, Sesshomaru salió del baño llevando únicamente una toalla alrededor de su cintura.

La humana permanecía sentada en el alféizar de la ventana, que ofrecía un magnífico atardecer.

Rin: - ¡Las vistas de este palacio son maravillosas!

Pero en su voz había un dejo de tristeza...

Rin: - Señor Sesshomaru, hoy pensé que me veía realmente bonita, incluso ahora, pero al mismo tiempo, me embarga una enorme tristeza...

Un día yo seré una anciana y usted seguirá siendo un joven apuesto. Yo he pensado mucho en esto desde que vivía en la aldea, pero siempre decía que era muy joven. Ahora, viendo mi reflejo, sé que ya no queda tanto tiempo para todo lo que quiero hacer con usted. Nunca será suficiente... Soy egoísta ¿verdad?

Sesshomaru la observaba atento. La humana seguía con los ojos tristes y clavados en la ventana.

Sesshomaru: - Vivir no es fácil. Hay muchas cosas que nunca llegaremos a entender y un día, cuando dejemos de existir, esos pensamientos se irán con nosotros, pero incluso si tú te vas primero yo nunca voy a olvidarte.

El demonio se hincó ante ella, tomando su mano. Ella lo miró.

Sesshomaru: -Tú eres la única que puede volverme débil y fuerte a la vez y eso no va a cambiar.

No permitiré que algo como la muerte nos separe.

Rin: - Pero, yo quisiera poder hacer algo por usted también, quiero ser yo quien lo proteja.

Sesshomaru: - Gracias a ti pude entender lo que ya no quería ser y me tenía atado al pasado. Ahora solo miro hacia adelante y quiero hacerlo de tu mano.

La humana sollozó estando en sus brazos. Sentía con sus manos las pequeñas gotas de agua que se encontraban en el pecho del demonio.

Él percibió la profunda pena que la humana sentía por medio de sus lágrimas. Sentía también sus latidos, deseosos de vivir una eternidad a su lado, pero incluso así, para ella sería un momento.

Rin: - Soy tan egoísta.

Sesshomaru: - Cuando mueras, yo te seguiré inmediatamente.

La humana volteó su rostro hacia él, consternada.

¡No puede ser! Hice que el Amo Sesshomaru dijera esas palabras.

Rin: - No diga eso. Usted tiene que vivir mucho tiempo y algún día olvidar a Rin - su voz se quebró.

Sesshomaru la consoló en su pecho, sintiendo las lágrimas de su esposa cayendo en su torso desnudo.

Rin, ¿Cómo podría olvidarte?

Al poco tiempo se calmó. Rin seguía en los brazos del demonio, pero su rostro se había hinchado un poco. Él limpió sus lágrimas negras por el maquillaje y la llevó hacia el futón.

Sesshomaru: - Te ves muy hermosa.

Rin se sonrojó.

Se dejaron ir en un tibio beso que los hizo olvidar que eran dos seres distintos. Sus almas se abrazaron por medio de sus cuerpos, tan deseosos uno del otro de estar unidos hasta la eternidad.

Esa vez no hubo embestidas rítmicas, mordidas, garras o palabras lascivas. Sesshomaru acariciaba a su esposa, como acariciando su alma. La humana besó en numerosas ocasiones el rostro de su amado, mientras le decía con los ojos que lo amaba. Se unieron, dejando ir con ello toda la tristeza que habían vivido hacía un instante. Entrelazaron sus manos deseando nunca volver a soltarse.

. . .

Rin se había quedado dormida, pero todavía era muy temprano. La despertó el hambre. Al abrir sus ojos divisó un tazón de frutas cortadas junto a ella. El demonio, quien había prendido las velas de la habitación, miraba arder las estrellas. Tenía en su mano un libro pequeño, el que ella había intentado leer hacía unos días, pero aún no entendía algunas palabras.

Rin:- Amo Sesshomaru ¿Preparó esto para mí?

Sesshomaru: - Debes comer más, últimamente has perdido peso.

Rin: - Sí, así lo haré.

La humana comió de la fruta. En el tazón había caquis, mandarinas, melocotones y fresas cortadas. Ella se enterneció al imaginarlo cortar cada pieza en la cocina.

Se acercó a él, llevando el tazón para compartirlo con él.

Rin: - Señor Sesshomaru, diga "aaah"

El demonio volteó su rostro a ella, mientras abría lentamente su boca. Ella se sorprendió de ver a su señor tan pasivo. Le acercó un trozo de fruta, que él comió con gusto.

Rin: - A ver, ahora va el melocotón...

Le dio a probar de cada fruta, hasta que decidió llevarse un trozo de caqui a su boca para compartirlo con él. El demonio, complacido, la besó para obtenerlo.

Al sentir la pequeña y tímida lengua de Rin en la suya, Sesshomaru la abrazó, haciendo que el tazón casi vacío cayera al suelo. Ella se sorprendió por el sonido.

Sesshomaru: - Me has contagiado...

La humana dejó que nuevamente la acostara en el futón, sin comprender aquellas palabras.

Sesshomaru: - No puedo estar cerca de ti sin desearte.

. . .

Podía sentir la delicada y atrayente fragancia del demonio en las sábanas y en el ambiente. Cuando abrió los ojos se encontró con los de Sesshomaru, quien la contemplaba atentamente.

Sesshomaru: - Por fin despiertas. Eres una dormilona.

La respuesta de ella fue abrazarlo e intentar seguir durmiendo, pero al hacerlo, sintió en su pierna la erección de la mañana de Sesshomaru; la humana ignoraba ese detalle masculino y se sobresaltó al momento.

Rin: - Señor Sesshomaru, pero si solo lo he abrazado...

Sesshomaru: - ¿Qué quieres decir?

Ella señaló su entrepierna.

El demonio comprendió finalmente lo que decía, pero no le respondió.

Sesshomaru: - ¿Seguirás durmiendo? No te hagas la desentendida.

Se puso sobre ella, estando aún desnudo.

Sesshomaru: - ¿O acaso quieres que suceda de nuevo?

Ella se cubrió su rostro con la sábana.

Rin: - Rin quiere darse un baño con usted ¿Será posible que acceda?

El demonio lo consideró.

Sesshomaru: - Si eso es lo que deseas, lo haré.

Ambos entraron al cuarto de baño. Era espacioso e iluminado. Sus acabados eran de una fina madera y había una especie de tina rectangular del mismo material con agua caliente, simulando un onsen o agua termal.

A la derecha de dicha tina se hallaban un par de cubetas con agua templada, listas para usarse.

Rin se sentó en uno de los taburetes donde se apoyaban a la hora de bañarse y procedió a limpiarse usando un jabón hecho a base de mandarina.

Sesshomaru la observaba estando tras ella. Veía cómo su peculiar cabello mojado se adhería a su espalda. También, cómo se deslizaba por sus muslos el agua jabonosa. El ambiente comenzó a llenarse de vapores.

Rin lavaba su cuerpo, sintiendo la mirada del daiyokai clavada en ella.

Siento como si fuera a hacer un movimiento en mí en cualquier momento ¡Cálmate! Solo es un baño, no tienes que pensar siempre en esas cosas.

De repente, sus ojos comenzaron a moverse como espirales. Había comenzado a marearse con el calor del agua y debido a su propia temperatura corporal, la cual se había elevado. La humana se desplomó hacia atrás, cayendo en el hombro desnudo del demonio, quien la atrapó en el aire.

Sesshomaru: - ¿Estás bien?

Pero ella seguía con sus ojos de espiral.

Rin: - Estoy...mareada.

Sesshomaru: - Ni siquiera has entrado al agua.

Rin: - Creo que es porque no suelo lavar mi cuerpo durante el día.

El demonio, sin intenciones ocultas, lavó el cuerpo de la joven para quitarle el jabón. Ella tenía los ojos cerrados.

Rin: - Señor Sesshomaru ¿Estoy siendo una molestia?

Sesshomaru: - En absoluto.

Cuando terminó de lavar su cuerpo y cabello la envolvió en una toalla. Para ese momento, ya no se sentía tan débil.

Rin: - Señor Sesshomaru, puedo secarme yo sola. Si quiere puede bañarse.

Sesshomaru se sentó en el taburete y empezó a lavarse el cuerpo con el mismo jabón. Rin, quien estaba tras él con una toalla alrededor de ella, veía cómo su hermoso cabello plateado brillaba con gran intensidad ante la luz de la mañana que se filtraba por la rejilla de la pequeña ventana de madera.

Mientras tanto, el demonio seguía aseándose con su rostro inexpresivo.

Rin: - Amo Sesshomaru, voy a salir a vestirme.

La humana salió y comenzó a vestirse. En ese momento, vio al lado del futón la caja de música que su señor le había regalado.

¿Cómo llegó esto aquí?

Pero no pudo pensar en nada más porque de repente sintió una fuerza que la tomó de la cintura desde atrás.

Sesshomaru: - ¿Por qué huiste?

Rin: - Ah, no, es que yo...

Sesshomaru: - Puedo olerlo - le susurraba al oído - Tu cuerpo ya ha comenzado a llamarme.

Rin: - Yo no quisiera que usted pensara mal de mí. Últimamente le he dado una imagen muy superficial acerca de mis sentimientos por usted. Aunque yo sea su esposa y quiera estar a su lado, también debo comportarme.

Estaba sinceramente apenada.

Sesshomaru: - Hace unos días hiciste todo tipo de cosas para que accediera a tocarte ¿Por qué hoy actúas de este modo?

Rin: - ¿No piensa que estoy siendo demasiado?

Sesshomaru: - Entonces yo también me estoy excediendo. Te dije anoche que me has contagiado.

Acercó su miembro a ella, haciéndole saber que había despertado.

Sesshomaru: - Mi cuerpo también ha reaccionado.

La observaba con deseo.

El demonio la devoró completamente, hundiendo sus colmillos en otras zonas de su cuerpo donde no lo había hecho antes. La humana experimentaba un dolor placentero que solo la llevaba a llegar aún más rápidamente al orgasmo. Aunque lo habían hecho varias veces, Rin todavía sentía que su Amo era muy grande.

Rin: - ¡Ah, ah, ah, ah!

Sesshomaru: - Estás muy sensible hoy también.

Rin: - Cada vez se siente mejor.

Sesshomaru: - Voltea hacia acá.

El demonio la embestía estando ambos de pie y ella apoyada a la pared. Él tenía levantada una de las piernas de la humana. La besaba con extremo deseo, pues el aroma de Rin era cada vez más intenso y excitante.

Sesshomaru iba a aprovechar la oportunidad para intimar con ella en cada rincón del palacio.

Los días siguientes fueron igual, solo se detenían para que ella comiera y descansara. Jaken, quien había regresado gracias a Ah-Un, rara vez los veía. Cuando pasaba el tiempo con Rin no podía dejar de notar sus marcas por todo su cuerpo. El demonio verde comenzaba a pensar que las cosas nunca se normalizarían.

Por otro lado, Rin y Jaken no podían dejar de pensar en la posibilidad de un embarazo. Ese tema era algo que cada vez con más aplomo los hacía reflexionar, especialmente a ella.

¿Qué haría el Amo Sesshomaru si llegara a embarazarme?

¡El bebé sería un hanyo!

Pensaba una noche, mientras su Amo la penetraba de forma desaforada en el jardín del palacio.

. . .

Habían pasado varios días. Se cumplirían dos meses desde que se mudaron. Los guardias de Irasue solían custodiar la zona ahora con más frecuencia. De hecho, varios de ellos se trasladaron permanentemente al castillo, lo mismo sobre algunos sirvientes demonio. De manera que Rin únicamente se encargaba de cuidar las plantas que había sembrado en su huerta y de preparar su propio alimento.

También se encargaba de lavar su ropa, lo hacía por las mañanas en el río en compañía de Jaken. De paso aprovechaban para atrapar algunos peces.

Uno de esos días, la humana despertó algo decaída. Sesshomaru pudo notarlo desde que abrió sus ojos. Jaken lo comprobó, dado que ella no había comido casi nada. Conforme el día fue sucediendo se fue sintiendo peor. Era el inicio de su período.

Rin: - ¡Odio esto! Es tan doloroso - refunfuñaba, mientras llenaba la bolsa hecha de cuero de animal con agua caliente.

Sesshomaru: - Rin, recuéstate aquí.

Se encontraban en la sala de estar del castillo. La humana había calentado el agua en la chimenea, la cual se encontraba en medio de la estancia. La chimenea estaba conformada por una superficie cuadrada a unos centímetros por debajo del piso de madera. En dicha superficie se prendía el fuego. Los bordes que rodeaban sus extremos eran de madera y sobresalían del piso.

La tetera de hierro se hallaba colgada de una especie de estructura que también era de hierro. Al lado de la chimenea había cuatro cojines redondos hechos de mimbre.

El demonio estaba situado a unos cuantos metros de la chimenea. Recostado a la pared. Rin se acostó en sus piernas y puso la bolsa sobre su bajo vientre. Él tenía en sus manos la caja de música que le había regalado.

Rin: - ¿Dónde consiguió esa caja de música, Amo?

Sesshomaru: - En un pequeño pueblo habitado por demonios.

Rin: ¿El mismo lugar donde consiguió la tela para los kimonos que me ha regalado?

Sesshomaru: - Puedes conseguir más artículos de los que te imaginas allí.

Rin: - ¿En serio? ¡Quiero ir! ¿Hacen festivales? ¿Cuándo es el siguiente?

Jaken: - Cállate, Rin ¡Cómo aturdes!

Rin: - Oho... ¿Qué está diciendo el sirviente? - solía molestarlo con eso.

Jaken: - ¿Cómo te atreves? ¡Después de que te cuidé tanto tiempo!

Sesshomaru: - No grites. Está enferma.

Jaken: - Sí, Amo.

Rin le sacó la lengua.

Jaken: - ¡Aaah!

Rin: - ¡Vamos los tres algún día a ese lugar! ¿Venden comida para humanos? ¿Qué más venden? ¿Una humana como yo puede ir?

Rin siguió haciendo preguntas hasta que sus cólicos disminuyeron.

. . .

Esa noche, Rin no podía conciliar el sueño. Algo la tenía intranquila. Sentía un ligero dolor en su útero, era la típica molestia menstrual, pero al mismo tiempo, mezclado con una sensación de escalofríos que la ponía nerviosa.

Sesshomaru: - ¿No puedes dormir?

Rin: - Es...

No podía hablar. Una sensación de terror le heló la sangre.

Sesshomaru: - ¿Qué tienes?

El demonio detectó un olor familiar y a su juicio, desagradable, brotando de ella. Levantó el kimono de Rin, mientras ella se abrazaba a sí misma, intentando entrar en calor.

Sesshomaru: - ¿Qué es esto?

Vio una gran cantidad de sangre negra y abundante saliendo de ella.

Sesshomaru: - Este olor pertenece a...

Rin comenzó a quejarse.