Capítulo 20. La última carta
Sus dolores aumentaron con el pasar de las horas, debido a eso el demonio decidió llevarla donde la anciana Kaede para que la tratara. El dolor menstrual fue disminuyendo luego de los cuidados de la sacerdotisa. Para ese entonces, el cielo ya empezaba a mostrar un tono azulado, señal de que pronto amanecería.
Anciana Kaede: - ¿Has tenido dolores así en tus períodos anteriores?
Rin: - Nunca...
Anciana Kaede: - Dices que tenías dificultad para hablar ¿No es así?
Rin: - Es que me dolía demasiado, no era capaz de hacerlo.
Anciana Kaede: - Es sumamente extraño el color de tu sangre, Rin.
Sesshomaru: - Su aroma es idéntico al del demonio que la atacó en el bosque.
Anciana Kaede: - ¿Qué dices? Entonces ¿Supones que ha contaminado su cuerpo? ¿Será esta tonalidad en la sangre una reacción?
Rin estaba asustada. Por fin había empezado a olvidar dicho acontecimiento con Tokyoji. No obstante, aún quedaban remanentes en su cuerpo de aquellos días. Incluso, escuchándolos hablar, reconsideró si la sensación de dolor que había experimentado era la misma que vivió cuando el demonio le lastimó el útero.
Kaede: - Hay una sacerdotisa que podría ayudarte. Ella no solo trata a humanos, sino también a los demonios, así que los conoce bien. Si es verdad que tu sangre ha cambiado debido a lo ocurrido con ese demonio, tal vez ella pueda diagnosticarte.
Vive a cinco días de aquí a caballo, yendo hacia el noreste. Sesshomaru, tú podrías llegar hoy mismo.
Sesshomaru: - Duerme unas horas, partiremos cuando despiertes.
Rin: - Muy bien.
. . .
El pueblo se hallaba escondido en medio de unas escarpadas montañas. Había solo un pequeño caserío. No había rastro de animales, árboles frutales o sembradíos. El terreno era desértico.
Cuando llegaron, la sacerdotisa había salido de su casa. Parecía como si supiera que vendrían a verla. Ella fue el único ser viviente que pudieron hallar en su visita.
La mujer era todavía joven, su traje era el mismo que usaba la anciana Kaede y Kagome. Tenía el cabello largo y negro y sus ojos marrones. Su piel era blanca y aún tersa. Se llamaba Kanade.
Previo a marcharse, Rin se había hecho una pequeña herida en un dedo para comprobar si el resto de su sangre había cambiado, pero no fue así.
Cuando la sacerdotisa la revisó dio fe que tanto la tonalidad de la sangre de su cuerpo como el endometrio expulsado de su útero eran normales.
Kanade: - ¿Dijiste que fuiste atacada por un demonio en tu útero y te hizo sangrar?
Rin: - Así es. Cuando metió sus dedos en mí me laceró ligeramente con sus garras.
Kanade: - Sin embargo, la sangre que desechaste en tu ciclo anterior fue normal y es hasta ahora sangras con esta extraña tonalidad y aroma.
Mmm... puede que algún residuo de ese demonio haya entrado en ti y es hasta ahora que tu cuerpo lo ha desechado.
Rin: - ¿Algún residuo entró en mí?
Kanade: - Si dices que sangraste luego de que te lastimó con tus garras, probablemente su intención era insertar su esencia demoníaca en ti o alguna otra sustancia. Si hubiera querido destrozarte el útero lo habría hecho ahí mismo.
¿Conoces las habilidades que poseía ese demonio? - le preguntó a Sesshomaru.
Sesshomaru: - Materializaba objetos a partir de su energía demoníaca y también por medio de algunos objetos. Además, podía mezclar su sangre con su energía de demonio.
La sacerdotisa se quedó pensando.
Kanade: - No está envenenada y sus signos vitales son normales. Esto es...
Rin: -¿Por qué Tokyoji me lastimaría justo en ese lugar? Por cierto, ahora que lo recuerdo, él... hizo que yo lubricara antes de lastimarme con sus garras.
Sesshomaru: - ¿Hizo que lubricaras?
Rin asintió.
El aroma... ¿Acaso será esa la razón?
Pensaba el demonio.
Kanade: - Ya veo.
Sesshomaru enmudeció.
Kanade: - Soy médico clandestino, además de sacerdotisa. Niña, acuéstate de nuevo en la estera. Voy a examinar tu interior.
Rin así lo hizo. Levantó su kimono para permitir que la revisara.
Sesshomaru era testigo de la escena.
La mujer metió sus dedos en ella, intentando llegar al fondo.
Kanade: - Parece que todo está en orden a nivel físico. Demonio, ven aquí. Tómala de las manos y no dejes que se mueva. No importa lo que pase.
Rin: - ¿Qué va a hacerme?
Kanade: - Creo saber lo que te sucede. Si no estoy mal no será fácil eliminarlo.
Sesshomaru se sentó en el suelo y procedió a sujetar a su esposa de sus manos. Rin apoyó su cabeza en una de las piernas del Daiyokai.
La mujer sacó de un estante un frasco de vidrio.
Kanade: - Pondré esto en ti. Te arderá hasta la médula.
Rin: - ¡No, no quiero que me duela!
Sesshomaru: - ¿Qué va a hacerle?
Kanade: - En palabras sencillas, intentaré retirar el sello que ese demonio le ha puesto.
Sesshomaru: - ¿Sello?
La sacerdotisa empapó un trozo de tela con la sustancia que se encontraba dentro del frasco. Procedió a meterlo en la vagina de Rin usando una pinza. Al hacer contacto con su piel Rin se quejó, sus gritos eran ensordecedores, casi como si le estuvieran quemando el útero. Era una tortura.
Él la sujetaba con fuerza, mientras Rin le clavaba sus uñas en la piel.
Kanade: - Suficiente.
Rin gemía por lo bajo, su rostro estaba empapado en sudor y lágrimas. Sentía un calor intenso en su interior, no podía ni levantarse. Sesshomaru la abrazaba tratando de calmarla.
Kanade: - Escuchen con atención. Lo que tienes en tu interior efectivamente es un sello. Ese demonio insertó en tu útero un sello creado a partir de su propia sangre. Si es verdad que ese demonio tenía esa habilidad de materializar, eso lo desconozco, pero la técnica que usó ha existido desde siempre. Ha sido usada para evitar la existencia de los Hanyo.
Ambos se quedaron perplejos ante aquellas palabras.
Kanade: - No obstante, no es una técnica fácil de realizar. Para lograrlo hay que dar algo a cambio.
Sesshomaru: - ¿Dar algo a cambio?
Kanade: - Niña ¿Qué relación tenías con ese demonio?
Rin: - Nunca... lo había visto antes - Estaba muy herida para poder hablar.
Kanade: - La técnica es compleja porque se trata en realidad de un ritual. Es necesario que se den algunas condiciones para implantar dicho sello correctamente en la mujer. Uno de ellos es dar algo a cambio, normalmente, se da la mitad de su vida.
Sesshomaru: - ¿Qué?
Kanade: - Por eso les digo que no es algo que cualquiera haría. No solo necesitas poner el sello en la persona, conectando su sangre con la tuya, sino ofrecer la mitad de los años que te quedan a cambio. Además, se requiere de una emoción que fortalezca el hechizo. Si a eso le sumamos un efecto sensorial, sería aún más fuerte .
Sesshomaru: - ¡Habla claro!
Kanade: - Dijiste algo del aroma. Probablemente su emoción tomó fuerza a través del aroma que ella despedía de su interior.
La sacerdotisa lo miró fijamente.
Kanade: - Tú conocías al demonio, antes me diste información específica sobre él ¿Cuál era tu relación con él?
Rin volteó a verlo. Ella también quería saberlo.
Sesshomaru: - Tú no eres una sacerdotisa ¿Verdad?
La mujer sonrió.
Kanade: - Lo era hace muchos años, pero algunas cosas sucedieron y terminé aprendiendo otros saberes.
Niña, déjame ver.
Rin: - ¡No, por favor!
Kanade: - Esta vez no dolerá... tanto.
Intentó meter sus dedos en ella, pero fue rechazada por la esencia del sello.
Kanade: - Parece que no pude retirarlo.
Sesshomaru: - ¿Eso qué significa?
Kanade: - El sello evita que una humana se embarace de un demonio, pero fuera de eso no causa ningún otro efecto. Incluso, ella podría quedar embarazada de un humano.
¿Quieres ser madre? - Le preguntó mirándola de reojo.
Rin hizo contacto visual con ella y luego con Sesshomaru.
Rin: - Bueno, sí me gustaría.
Kanade: - Entonces sería más fácil que te embaraces de otro - soltó un risa estruendosa.
El demonio detestó su comentario.
Kanade: - Esta humana es tuya, pero no puedes preñarla ¿Qué tal?
Sesshomaru: - Qué grosera.
Kanade: - Está bien, tampoco soy una mala mujer. Entiendo muy bien la situación. Entonces, si quieres engendrarle un niño tendrás que llevarla con mi mentora. Pero te lo advierto, no es nada fácil llegar al sitio y tampoco es muy agradable que digamos.
Sesshomaru no respondió.
Rin: - ¿Cómo se llega a ese lugar?
Kanade: - Ja, ja ¡Así que tienes muchos deseos de ser madre! Muy bien, se los diré, pero en serio, quiero enfatizar que no es nada agradable.
. . .
Partieron de regreso a la aldea. Habían dejado a un Jaken muy alterado por lo sucedido. Al llegar se encontraron con el demonio verde, quien estaba al lado de Kagome y la anciana Kaede. También estaba Inuyasha, pero un poco más lejos de ellos.
Jaken: - ¡Rin!
Rin: - Señor Jaken.
Anciana Kaede: - ¿Qué te dijo?
Rin: - En pocas palabras, parece que Tokyoji puso un sello dentro de mí .
Anciana Kaede: - ¡Eso es terrible! Pero ¿Qué significa exactamente?
Rin: - Bueno... Básicamente, no puedo tener hijos mitad demonio.
Kagome: - ¿Qué dices?
Inuyasha observaba a su hermano. Sabía que en el fondo eso lo inquietaba. Lo inquietaba mucho.
Kagome: - ¿Y ya te sientes mejor?
Rin: - Por ahora me siento bien. Ahora que esa extraña sangre ha salido de mí, creo que estaré mejor.
Kagome: - Rin, qué tragedia por lo que has pasado. Aún estando muerto ese demonio sigue causándote daño.
Inuyasha: - También hay que considerar que su amiga sigue con vida.
Sesshomaru: - Cuando esa estúpida aparezca, la derribaré de un solo golpe.
Inuyasha: - Keh.
. . .
Sesshomaru había dejado a su esposa con los suyos. Permanecía sentado al filo del acantilado que estaba situado a unos metros de la choza de la anciana Kaede.
La brisa le ondulaba sus cabellos, le acariciaba el rostro y movía sus ropajes. Sesshomaru era testigo de la caída del sol, lo mismo Jaken quien estaba a su lado mirando la misma escena.
Jaken: - Amo Sesshomaru ¿Por qué ese demonio le hizo eso a Rin?
Sesshomaru: - ...
Jaken: - Aunque hay que agradecer que se ve mucho mejor ahora que fue atendida por la sacerdotisa.
Los ojos del demonio titilaban. Estaba triste. Todavía podía sentir en sus manos la tierna piel de Rin entregándose a él la noche pasada. Al mismo tiempo, también sentía sus uñas clavándose en sus brazos, mientras la mujer la examinaba.
Cerró sus puños suavemente como si estuviera acariciándola.
No quiero que sufras por esto... Yo voy a dejar mi orgullo atrás.
Inuyasha, quien estaba sentado sobre una rama de un árbol viejo, veía la figura de su hermano.
Aquel día no te negaste sobre la idea de tener hijos hanyo.
Sesshomaru ¿Cuál será tu decisión?
Nota para recordar sobre el sello de Rin:
Tokyoji creó un sello dentro de Rin, usando la mitad de su vida y su sangre y la de ella. El sello evita que pueda embarazarse de un demonio, es decir, que tenga hijos hanyo.
