Capítulo 21. Hanyo

Rin se sentía mejor. La anciana Kaede y Kagome estuvieron a su cuidado. Por su parte, el hanyo estuvo siempre pendiente de Sesshomaru. Sin darse cuenta, había desarrollado cierta estima por él, pero eso no quitaba el hecho de que eran como el agua y el aceite.

Kagome y Rin estuvieron lavando la ropa en el río y ayudando a Sango a tender algunas mantas, pues los hijos de esta la jalaban de su kimono insistiendo para que jugara con ellos.

Posteriormente, ambas se fueron a sentar al sendero de tulipanes donde Rin solía ver la caída del sol cuando vivía en la aldea. Kagome percibía en Rin un dejo de tristeza, por lo que decidió sacarla de sus cavilaciones:

Kagome: - ¿Es cierto que viven en un hermoso palacio?

Rin: - Sí, es maravilloso, pero no sé, a veces siento que es demasiado grande para nosotros tres. Por cierto, vivimos muy cerca de la mamá del señor Sesshomaru.

Kagome: - ¿Así que ya conociste a tu suegra? - Estaba emocionada.

Rin: - Bueno, sí. La conozco desde que era pequeña, pero solo la he visto dos o tres veces.

Kagome: - ¿Y se llevan bien? ¿Sabe que están casados? ¡Debimos invitarla a la boda! Aunque... terminó siendo un desastre. Perdona Rin, quisimos organizar un evento agradable y solo logramos que el cuñado se enfureciera ¡Todo es culpa de Inuyasha y de Miroku! No tienen remedio.

Rin: - Sabe que estamos viviendo en el palacio y sí está al tanto de que somos una pareja - se sonrojó al decirlo - pero creo que no le interesa mucho que digamos.

Kagome: - Bueno, si es como Sesshomaru es normal que actúe de ese modo.

Rin: - Señora Kagome ¿Le gustaría ir algún día al palacio? Hay árboles frutales por todos lados, hermosos paisajes y muchos lugares para estar.

Kagome: - ¡Claro que me gustaría! Rin, cambiando abruptamente de tema, bueno... ¿Cómo te sientes con respecto a lo del sello?

Rin se entristeció.

Rin: - Bueno, yo tengo la ilusión de ser la madre de sus hijos. Aún hay una opción para eliminar el sello, pero creo que el amo Sesshomaru ha estado reticente sobre ese tema. Creo que no quiere exponerme.

Kagome: - ¿Es un método peligroso?

Rin: - La sacerdotisa nos dijo que no era fácil acceder al lugar donde vive la mujer que puede curarme. También dijo que era complicado quitar el sello.

Kagome: - Entiendo.

Prefirió no añadir nada más sobre el tema, podía entender la impotencia de ambos. Rin era una humana, quien ya había pasado por demasiados peligros; al mismo tiempo, era lógico que quisiera tener hijos con su esposo. Por otra parte ¿Sesshomaru no quería exponerla o más bien, no quería tener hijos hanyo? Kagome descartó la idea de no querer tenerlos, sabía que para su cuñado Rin lo era todo.

¡Ánimo, Rin!

Al caer la noche, Miroku convocó a todos. Ese día había preparado una cena como retribución por la desastrosa boda que habían organizado. El monje estaba determinado a hacer que Sesshomaru bebiera esa noche.

Miroku: - He preparado yakisakana para todos (pescado hervido en salsa de soya y luego puesto a las brasas)

Sango: - ¿De dónde sacaste esos peces tan grandes?

Miroku: - Je, je pues...

Inuyasha: - Parece que algunas personas de la aldea y otras vecinas le han pagado con alimento a Miroku para poder ver al jabalí.

Sango: - ¿Cu- Cuál jabalí?

Inuyasha: - El jabalí que rostizamos para el banquete de boda del otro día.

Sango: - ¡No entiendo nada!

Inuyasha: - Se esparció un rumor de que el jabalí era una especie de amuleto sagrado, pues su carne no pudo cortarse de ninguna forma.

Sango: - ¿QUÉ? ¿Y QUIÉN ESPARCIÓ ESE RUMOR?

Miroku empezó a silbar.

Sango: - Miroku... ¿Dónde está el jabalí quemado?

Miroku se escondió detrás de Kagome.

Kagome: - En el cobertizo de su choza. Miroku le hizo un pequeño santuario ¿No lo viste?

Sango: - ¡MIROKUUUU!

Miroku: - Perdóname Sango, pero gracias a ese cerdo hoy podemos degustar este delicioso platillo.

Jaken: - Ah... Fue bueno haberte sacado de aquí, Rin. Aunque creo que sí se te pegaron algunas mañas.

Inuyasha: - Miroku es sorprendente...

Rin: - ¡Quiero comer yakisakana!

Jaken: - Ni sabes que es.

Rin: - No importa, Rin comerá hoy hasta estallar, como en los viejos tiempos.

Hasta Sesshomaru se encontraba impresionado por las acciones de Miroku.

Una hora más tarde...

Miroku: - ¡Bieeen! Queridos comensales. En vista de que Rin y Sesshomaru están aquí deberíamos celebrar por su unión.

Inuyasha: - ¿Cuántas veces vamos a celebrarlo?

Jaken: - ¡Además, ya todos han comido a reventar!

Rin: - Su estómago está muy hinchado, señor Jaken.

Jaken: - Ya cállate.

Miroku: - Bueno ¿Qué tal si tomamos todos juntos un poco de sake?

Sango: -Mirokuuu...

Miroku: - Muy bien, entonces que sea solo entre hombres.

Sesshomaru se levantó para retirarse.

Miroku: - Ya le he servido una copa, Sesshomaru.

Sesshomaru: - No estoy interesado.

Inuyasha: - Yo la tomaré, Sesshomaru es un débil.

Pero cuando Inuyasha se disponía a tomarse el trago, Sesshomaru la tomó en sus manos primero, valiéndose de su velocidad.

Sesshomaru: - ¿A quién llamas débil?

El demonio lo bebió de golpe.

Miroku se regocijaba en sus adentros. Las muchachas, que no se habían marchado, se quedaron a mirar.

Miroku: - Bien ¿Es acaso la hora de un duelo de tragos?

Inuyasha: - Muy bien.

Sesshomaru: - Hmp.

No obstante, las dos botellas de sake que tenía Miroku se las bebieron como agua sin causarles mayor efecto, al menos al principio. Miroku pensó que había sido un desperdicio.

Luego del duelo, un extraviado Inuyasha intentaba marcharse hacia su casa, pero tenía gran dificultad para avanzar. Tenía las mejillas rojas y un hipo que lo hacía saltar levemente.

Sesshomaru: - Definitivamente, eres una vergüenza.

Inuyasha: - Cállate, solo estoy cansado.

Kagome: - Vamos, Inuyasha. Lo mejor será que te acuestes.

Sango: - Perdóname Kagome, todo es culpa de las tonterías de Miroku.

Rin: - Amo Sesshomaru ¿Se encuentra bien?

Sesshomaru: - Rin, esta cantidad de alcohol no es nada para mí.

Jaken: - Señor Sesshomaru, Rin está allá. Yo soy Jaken, su fiel sirviente.

Rin: - ¿Eh?

El Daiyokai estaba mareado y sus mejillas ruborizadas, no obstante, no tenía el aspecto demacrado de su hermano.

Waaaa, nunca había visto al amo Sesshomaru comportarse de esa manera. Creo que aprovecharé este momento.

Rin: - Señor Sesshomaru, quisiera dar un paseo nocturno ¿Le gustaría?

El Daiyokai inmediatamente recobró la compostura. Pensó que tal vez su esposa estaba triste por lo del sello y quería hablar al respecto.

Jaken: - Ah, yo los acompañaré.

Miroku: - Vamos, no los molestes.

Jaken: - Ah, pero...

Miroku se llevó al demonio como si se tratara de una bolsa de papas.

. . .

Los amantes caminaban por la orilla del río. Ella seguía con la inmensa luna con la mirada. De pronto, recordó las palabras de la sacerdotisa Kanade:

"Para llegar a su guarida deben dirigirse al norte, cruzar el humedal de la muerte, atravesar unas montañas cubiertas de nieve y luego pasar por un puente colgante hecho de huesos. Es importante que hagan el trayecto a pie, pues solamente de ese modo aparecerá ante ustedes la puerta de su jaula. Esta estará no muy lejos después del puente. No digan que yo los mandé, aunque, creo lo sabrá de todas formas."

Rin, quien estaba unos pasos al frente de su Amo, volteó a verlo. Vio al demonio caminar despacio, disfrutando los sonidos del agua y de la noche. Se veía muy apuesto, aún con sus mejillas ruborizadas. La humana corrió hacia él y lo tomó de la mano. El demonio abrió los ojos y se encontró con los de ella.

Rin: - Quiero caminar a su lado.

Caminaron unos minutos sin dirigirse la palabra, solo disfrutando la compañía del otro. Rin de vez en cuando le apretaba la mano a su señor. Se dejaba ir en las dimensiones de aquella gran mano. El demonio sentía muchos deseos de estar con ella, pero consideraba que debía moderarse, pues no sabía cómo podía reaccionar Rin. Después de todo, recientemente se habían dado cuenta acerca de la existencia del sello.

No estoy dispuesto a perderte, pero ¿Qué voy a hacer si quieres tener niños? ¿Deberíamos ir a ese lugar? ¿Lo resistirá tu cuerpo?

Rin: - Mire, señor Sesshomaru, son luciérnagas. Aunque son normales, no como las de la otra vez - apuntaba con el dedo.

En la ribera del río se podían apreciar pequeños montículos de luciérnagas, que danzaban de forma intermitente, acompañando en el agua el reflejo de la luna.

Señor Sesshomaru, no quiero que este momento se acabe. Quiero caminar tomados de la mano para siempre...

El demonio de repente se detuvo.

Sesshomaru: - Rin ¿Qué piensas sobre lo que dijo Kanade?

Rin: - Eh...

Bueno, yo quisiera intentarlo, pero al mismo tiempo, no sé si usted quiere ir.

Sesshomaru: - ¿Por qué lo dices?

Rin: - Porque soy una humana. Si tenemos hijos estos serán como el señor Inuyasha...

Sesshomaru: - Rin, quiero que me escuches con atención:

Este brazo ya no es solo para sostener mi espada, sino para protegerte, y si alguna vez tuvieras un bebé usaría mi otro brazo para él.

Rin: - Señor Sesshomaru...

La besó en la frente.

Sin embargo, soy aún más egoísta que tú, Rin. A mí me bastaría con permanecer a tu lado, aunque no tengamos descendencia, pero eso no es lo que tú anhelas ¿Verdad?

Rin enmudeció. No sabía cuáles eran las palabras adecuadas para expresar lo que sentía.

El demonio la abrazó con fuerza. Alrededor de ellos se podían apreciar algunas luciérnagas.

Entretanto, a lo lejos, en una arboleda cercana, dos pares de ojos contemplaban la escena. Eran Shippo y Kohaku.

Shippo: - Así que Rin y Sesshomaru se casaron ¡No lo sabía! Jamás pensé verlo abrazar a alguien de ese modo.

Kohaku tenía la mirada clavada en ellos. En su rostro se reflejaba una tristeza inmensa y al mismo tiempo, celos.

Shippo: - Oye, creo que no deberíamos espiarlos. Parece que la atmósfera se está calentando - lo decía sonriendo nerviosamente, mientras se frotaba la cabeza.

Kohaku: - ¿Qué crees que suceda si le expreso mis sentimientos?

Shippo se puso serio.

Shippo: - ¿Tus sentimientos? ¿A quién?

Kohaku no respondió y solo se alejó en dirección hacia la casa de Sango y Miroku. Shippo lo siguió.