Capítulo 24. Un cambio en el viento
El señor Sesshomaru está respirando a mi lado. Por la forma en que lo hace sé que no está dormido, solo ha estado imitando mi descanso. Seguramente se ha percatado de que me desperté y está esperando a que abra los ojos.
Cuando lo hago suelo encontrarme con los suyos. Su mirada sigue siendo inexpresiva, pero he aprendido a identificar en ella una cierta suavidad, la cual no se desvanece ni siquiera cuando lo invade el deseo de poseerme sin piedad, justo como anoche.
Esa misma suavidad también la expresa con sus manos, las que por muchos años solo usó para matar y la está expresando ahora, mientras me rodea con su cálido brazo en señal de protección.
Sesshomaru: - Has despertado...
Rin: - Sí, hace unos minutos.
Sesshomaru: - ¿Te duele?
Rin: - Es un dolor satisfactorio.
El demonio la atrajo hacia su pecho que estaba muy cálido. Ella se volvió para hundir en él su cara.
Rin: - Rin quiere estar así un tiempo más.
Sesshomaru: - No hay ninguna prisa.
Rin...
Rin: - ¿Huh?
Sesshomaru: - Anoche probaste mi sangre.
Ella se ruborizó.
Rin: - Sí, sabía muy bien ¿Por qué tiene ese sabor?
Sesshomaru no respondió.
Rin: - Quiero probar un poco más.
Sesshomaru: - Te pondrías como anoche.
Ella se quedó pensando.
Rin: - ¿Le ha dado de su sangre a alguien más?
El demonio se le quedó mirando.
Rin: - ¿Huh? ¿Sí le ha dado de su sangre a otra mujer?
Sesshomaru: - ¿Por qué te molesta?
Rin: - Pero me dijo que yo había sido su primera vez.
Sesshomaru: - Es la verdad.
Rin: - ¿Entonces?
Sesshomaru: - ¿Estás celosa? Esa emoción tan humana...
Rin: - ¡No es verdad! - exclamó ruborizada.
Sesshomaru: - No le he dado de mi sangre a nadie, tampoco he besado, ni tocado a otra mujer.
Rin: - ¿Y entonces por qué no lo dice claramente? A Rin le duele el corazón.
El demonio acarició su rostro.
Sesshomaru: - Tú eres la única.
Ella se enterneció al escucharlo.
Sesshomaru la besó; sus lenguas se fundieron cual si fuera un tibio abrazo.
Soy la única...
. . .
Varios días habían pasado desde que llegaron a la aldea y no parecía que fueran a marcharse en las próximas horas. El pequeño demonio suspiraba por los rincones, estaba sinceramente harto es esa gente, sobre todo de Miroku y sus tres pequeños. Estos, a la mínima oportunidad que tenían lo jalaban de sus ropas, de sus orejas o del pellejo de su enjuto rostro. Inuyasha lo miraba de lejos compadeciéndose de él, pues solía vivir el mismo destino.
Jaken iba caminando con pesar, cuando vio a unos pasos de su lado la figura de su Amo, quien estaba de pie mirando al horizonte.
Jaken: - Señor Sesshomaru.
Sesshomaru: - ¿Qué quieres?
Jaken: - Me preguntaba si nosotros partiremos en estos días al Palacio. Rin ya está mejor, así que...
El daiyokai se le quedó mirando.
Sesshomaru: - Jaken.
Jaken: - ¿Sí?
Sesshomaru: - Rin se siente más cómoda aquí.
El pequeño sapo temió lo peor.
Jaken: - ¿Eso qué quiere decir?
Sesshomaru: - Nos quedaremos un tiempo.
Jaken: - ¿QUÉ?
Sesshomaru: - ¿Tienes alguna objeción?
Jaken: - No, es solo que ¿No es más seguro el castillo?
Sesshomaru lo atravesó con la mirada.
Sesshomaru: - ¿Quieres decir que no puedo protegerla por mí mismo?
Jaken: - Ah... ¡NO! Amito, solo decía.
El demonio verde se quedó a su lado, intentando no suspirar, pero lo hacía de vez en cuando.
Ha habido un cambio en el viento...
Saya no ha aparecido, aunque considerando su nivel de poder es natural que no lo haga, pero algo que no entiendo es el motivo de sus acciones ¿Por qué estaba aliada con Tokyoji? ¿Por qué se llevó la cabeza de su acompañante?
Creo conocer el clan al que pertenece esa mujer. Si estoy en lo cierto lo mejor será quedarnos aquí un tiempo. De atacar probablemente lo haga en esta aldea.
Rin, esta vez te protegeré.
Mientras el daiyokai se encontraba pensativo, Rin asaba unos camotes en el fuego. Había preparado además algunos hongos y un par de pescados.
Rin: - Argh, me cuesta moverme.
Creo que el señor Sesshomaru se excedió anoche... Por otro lado, aún siento curiosidad por el sabor de su sangre. Lo que sentí cuando la probé fue algo indescriptible.
Kohaku: - ¡Rin! Pensé que ya habían regresado.
Rin: - ¡Hola, Kohaku! No, y creo que nos quedaremos un tiempo más.
Kohaku: - ¿Es así? ¿Acaso estás enferma?
Rin: - Supiste lo del sello ¿No? En principio estamos aquí por eso, pero además, creo que el señor Sesshomaru sospecha que Saya, la acompañante de Tokyoji, atacará la aldea.
Kohaku: - Lo mismo estaba diciendo el señor Inuyasha, aunque lo oí decir que su nivel de pelea no es nada de qué alarmarse. Si el señor Sesshomaru no hubiera estado herido probablemente la habría derrotado en el mismo momento.
Rin: - Probablemente.
Kohaku notó los chupetones en el cuello de su amiga. En sus adentros se maldijo mil veces por haberlo percibido.
El desdichado no pudo conciliar el sueño pensando en el posible encuentro de la pareja. Ahora solo confirmaba sus sospechas.
Kohaku: - Rin, quisiera que diéramos un paseo. Hace mucho que no hablamos.
Rin: - ¿Puede ser después de comer?
Kohaku: - ¡Claro!
Shippo: - ¿Puedo acompañarlos?
Rin: - ¡Shippo! Claro que sí.
Kohaku lo encaró.
Luego de contarle lo que sentía por ella, el demonio zorro se opuso totalmente a que realizara algún movimiento.
. . .
Se puso el sol y con ello el posterior ascenso de la luna en cuarto menguante. Sango, Kagome y Rin habían decidido pasar la tarde y parte de la noche juntas y así relajarse de los quehaceres del hogar.
Sango: - ¿Qué les parece si nos relajamos en las aguas termales?
Kagome: - ¡Me parece bien! ¿Qué hay de ti Rin?
Rin: - ¿Eh? Yo, pues...
¡NOOOO! ¡No puedo dejar que vean las marcas que me ha dejado el señor Sesshomaru!
Rin: - Creo que pasaré el día de hoy.
Sango: - ¿Te sientes mal?
Kagome la observaba maliciosa.
Kagome: - ¿No será acaso que no quieres ir porque tienes marcas de mordidas por todo el cuerpo?
Sango y Kagome empezaron a reír por el comentario bobalicón.
Rin se ruborizó.
Kagome: - Rin, no me digas que... ¿Eeeeeh?
Sango: - Bueno, no hay nada de qué avergonzarse, Rin. Eres una mujer casada, lo natural es que esas cosas pasen.
Kagome: - Sí, nosotras te entendemos.
Rin: - Gracias a las dos. Siendo así, iré.
Las tres se dirigieron hacia las aguas termales que estaban cerca de la aldea. De camino se maravillaron ante estrellas que podían apreciarse en el cielo debido al cambio de fase.
Al llegar, Kagome y Sango se metieron primero. Rin las siguió, pero de igual forma, ambas pudieron ver su piel desnuda entrar en el agua, por lo que apreciaron las marcas de colmillos en su cuello y una bastante notoria en su nalga derecha. Además, notaron que Rin se adentraba con dificultad al agua, parecía un venado recién nacido.
Las dos palidecieron; tenían los ojos abiertos como platos.
Durante su estancia en las termales no pudieron evitar tocar el tema del sexo. Tenían mucha curiosidad sobre cómo un demonio tan estoico como Sesshomaru podía hacerle el amor a una mujer. No obstante, Rin trató de decir lo mínimo. Estaba muy avergonzada.
Kagome: - Anda, Rin ¡Cuéntanos!
Sango: - Sí, queremos saber.
Rin: - Ya les dije que no. Si el amo Sesshomaru se entera no quiero imaginar cómo pueda ponerse.
Kagome: - De todas maneras se desquitará con Jaken...
Sango se rió.
Rin: - Bueno, les contaré...
. . .
Entretanto, Saya seguía escondida. Lo había estado todo este tiempo, pues aunque era fuerte no era una gran estratega. Había pensado no perseguir a los hermanos y trasladarse a otras tierras, pero su orgullo herido no se lo permitía. Además, aún no superaba del todo la muerte de su hermano, ya que ellos eran los únicos sobrevivientes de su clan.
Se había asentado en el pie de una montaña, donde había un caserío abandonado. Los habitantes habían muerto producto de la guerra. De dicho lugar a la aldea no había mucho camino.
Saya: - Tsk ¿Ahora que debería hacer? Tú lo tienes fácil, solo te quedas ahí mirando hacia ningún lugar.
La demonio le hablaba a la cabeza de su fallecido hermano, que ya mostraba sus primeros signos de descomposición. La esencia de la sangre de Tokyoji empezaba a desaparecer.
Saya: - Perdóname, hermano. No puedo deshacerme de ti, sabes que te necesito ahora más que nunca...
Mientras le daba un beso en la boca a la cabeza, una entidad que llevaba una capucha negra apareció ante ella. Llevaba una máscara de una mujer.
Encapuchada: - Mujer, Saya.
Saya: - ¿Huh? ¿Quién eres?
Se levantó de golpe, haciendo que la cabeza de Kenji rodara hacia los pies de la misteriosa figura. Esta se agachó y juntó la cabeza. De inmediato se la ofreció de vuelta.
Encapuchada: - ¿Te gusta la sangre? Te propongo un trato.
Recordatorio del personaje:
Saya era una demonio caníbal, la cual tenía un hermano llamado Kenji. Este murió a manos de Sesshomaru. Juntos servían a Tokyoji a cambio de su sangre. Luego de la muerte de su hermano, Saya se encerró en una cueva llevándose la cabeza de Kenji antes de que esta se deshiciera por el efecto de Bakusaiga. Esto sucedió en el capítulo 13 "Esencia".
Descripción física:
Saya era alta y fornida, pero sus curvas eran pronunciadas. Tenía la piel oscura y el cabello plateado y por los hombros. Sus ojos eran grandes y azules, los cuales proyectaban mucha seguridad. Era hermosa.
Llevaba un kimono rosa corto, dejando a la luz sus piernas largas y musculosas. Portaba una especie una guadaña y un arma circular con picos en los bordes, esta podía crecer o achicarse gracias a su yoki o energía demoníaca.
Este es un fragmento del capítulo 10 "Hermanos y Amantes" de este fanfic.
