Capítulo 25. Verano accidentado
En las lejanas montañas, Kanade había estado estudiando el caso de Rin. Halló entre sus pergaminos uno que hablaba en concreto del sello contra el nacimiento de los hanyo. En él decía claramente que con el tiempo, la matriz de la mujer podía sufrir alguna dolencia e inclusive llegar a desintegrarse por completo debido a la sangre del demonio que lo implantó.
Kanade: - Tsk, debí revisar esto antes. Lo mejor será que se los haga saber.
La mujer salió de su choza y silbó usando sus dedos. Al momento, un halcón de gran tamaño se posó en su brazo.
Kanade: - Sigue el aroma del demonio conocido como Sesshomaru. Llévale este mensaje.
El ave alzó vuelo de inmediato. La mujer lo vio perderse entre las montañas. No obstante, a los breves minutos de viaje, el animal fue atraído por un misterioso olor. Este provenía de una caja, la cual se encontraba en manos de un joven. Su nombre era Shishio.
Shishio: - ¿Eh? ¿Un halcón mensajero? Hmm... Lleva algo atado.
El joven leyó el mensaje y sonrió.
. . .
Cuatro meses habían pasado desde que Sesshomaru, Jaken y Rin comenzaron a convivir juntos de nuevo; no obstante, los acontecimientos transcurridos eran de lo más diversos, así como los sentimientos que se habían fortalecido o surgido en ese tiempo. Uno de ellos era la incertidumbre, producto de las amenazas de distintos enemigos hacia la vida de Rin e inclusive la de Sesshomaru.
Primero fue el asedio de Tokyoji y ahora la posible venganza de Saya, una demonio de la que sabían prácticamente nada.
En cuanto a su presencia en la aldea, habían decidido quedarse un tiempo, por lo que construyeron una pequeña choza cerca de la de Kaede, casi exclusivamente para Rin, dado que Sesshomaru y Jaken preferían estar a la intemperie y en el caso del daiyokai, mantenerse vigilante.
El demonio la construyó en un día sin mover un dedo, únicamente usando su yoki hizo que las piezas se ensamblaran, pero lo particular había sido que su luna púrpura se mantuvo iluminada en todo el proceso. Jaken y Rin argumentaron que podía tratarse del mismo poder con el que se reparaba sus ropas y armadura.
Debido a su inesperada estadía era inevitable no pasar tiempo con la familia de Sango y Miroku, la anciana Kaede, Inuyasha, Kagome, Shippo y Kohaku. Incluso Sesshomaru compartía en algunas ocasiones con ellos, casi siempre provocando que los hijos de Toga se pelearan de palabra y acción.
Asimismo, Kohaku había intentado acercarse a Rin, teniendo que luchar con un Shippo impertinente y con la anciana Kaede, Sango y Kagome quienes deseaban compartir con ella. A eso sumarle la presencia del daiyokai, quien siempre estaba cerca de ella, sobre todo en las noches. Parecía como si la paz reinase en sus vidas, pero ciertamente, vivían con cautela.
En esos mismas semanas, Saya se había aliado con la encapuchada. Había aceptado el trato de actuar por ella a cambio de las dosis de sangre. La encapuchada parecía ser una demonio poderosa, pero solo le había dicho su objetivo: matar a Sesshomaru y a su esposa. También, de ser posible, acabar con su medio hermano.
Saya se sorprendió por la coincidencia. Al final, resolvió que era parte de su destino deshacerse de ellos, pero sabía que no era fácil. El misterioso espectro le mencionó que con ellos se debía actuar desde la sombras, calculando sus movimientos y luego creando una emboscada. Una pelea cuerpo a cuerpo, aun si ambas se unían, solo terminaría en una muerte segura.
"Por ahora, ve el modo de acercarte a ellos sin que te noten. Cuando llegue el momento te daré más sangre y otros utensilios que podrían serte útiles. Lo principal es que bajen la guardia"
La demonio no tenía claridad de cómo acercarse a ellos sin ser vista, sobre todo por Sesshomaru, pero su experiencia como guerrera le había enseñado que lo ideal en estos casos era ir decidiendo sobre la marcha.
Mientras pensaba eso, escuchó unas hojas crujir. Cerca de ella apareció la figura de un joven muy atractivo. Era alto y pálido, sus ojos eran verdes y tenía pestañas largas. Sus cejas eran pobladas y oscuras como su cabello, el cual era largo y lacio, pero lo llevaba atado en una cola alta.
Llevaba unas ropas grises con detalles rosas y verdes y una bufanda aterciopelada; unas botas gruesas de fino cuero y un bolso atado a su cintura. Se acercó a ella, llevando un halcón en el hombro; el animal tenía los ojos rojos.
Shishio: - Buenos días.
Saya: - ¿Acaso soy famosa? ¿Por qué todo el mundo me conoce? ¿Qué quieres tú?
Shishio: - Nada, es solo que me pareciste muy hermosa.
Ella se puso en posición de ataque, amenazándolo con la guadaña.
Saya: - ¿Eres amigo de la encapuchada?
Shishio: - ¿De quién? Vamos, que los demonios no solo interactuamos para hacernos daño. Yo podría hacerlo por ti.
Saya: - ¿Hacer qué?
El joven se fue acercando, seductor, hasta quedar sus rostros a solo unos centímetros. La tomó del mentón.
Shishio: - Tu aroma te delata ¿Lo quieres verdad?
Saya: - ¿Qué... dices?
La demonio, en todos sus años de vida, nunca se había sentido tan atraída por alguien, ni siquiera por su hermano.
. . .
Shippo: - Ahh... este calor me está matando.
Kagome: - Desearía que la primavera nunca se hubiera ido...
Miroku: - Y eso que ustedes no tienen hijos - decía mientras llevaba en la cabeza al pequeño Hisui. Este se encontraba adherido como una estrella de mar.
Kagome: - ¡Ya sé! ¿Qué tal si vamos a la playa?
Miroku: - ¿A la playa?
Shippo: - Es una gran idea, iré a decirle a los demás.
Kagome: - Aún es muy temprano, podemos preparar algunos bocadillos y partir hacia el mar. Miroku, por favor dile a Hachi que si puede llevarnos, no será suficiente con Kírara y Ah-Un.
¡Sí, vamos a vivir un día de verano como si fuera la época moderna!
Los ojos de la humana resplandecían.
Kagome entró a su choza y se puso a revolcar las cosas buscando algunos trajes de baño que había confeccionado. Durante los tres años en que se mantuvo alejada de la época feudal, desarrolló muchas habilidades, entre ellas aprendió a coser.
Cuando regresó junto a Inuyasha fabricó tres trajes de baño usando un juego de agua e hilo que había traído consigo, pero nunca los usó, pues Inuyasha siempre ponía peros para todo.
Kagome: - ¡Aquí están! Uno turquesa para Sango, el rojo para mí y el amarillo para Rin, aunque es demasiado pequeño.
Sango: - ¡Kagome! ¿Es verdad que iremos a la playa?
La esposa de Miroku había entrado a la choza y vio a Kagome con un trozo amarillo de tela en la mano. Lo tenía extendido.
Sango: - ¿Qué es eso?
Kagome: - Sango, nos vamos a divertir mucho hoy.
Para fortuna de Kagome todos decidieron ir, incluso Sesshomaru e Inuyasha, que eran los más reacios. Inuyasha lo hacía por la comida, dado que tanto su esposa como Sango habían preparado algunos bocadillos para el almuerzo. Sesshomaru por su parte, decidió asistir al ver que Kohaku y Rin se mostraron emocionados por el paseo. Incluso Jaken estaba asombrado de la respuesta afirmativa de su señor.
La playa estaba desértica, su arena era blanca y fina y el mar turquesa. Era un paraíso total. El cielo también se mostraba altivo: se había vestido de azul intenso con unas motas de algodón. Las aves abrazaban el aire agradecidas por el comienzo del verano.
Kagome: - Bien, creo que es hora de ponernos los trajes.
Las tres se fueron a cambiar tras unas inmensas rocas. Al regresar, todos volvieron a ver al Daiyokai. Kagome y Sango vestían un traje de baño de una pieza, dejando solo a la vista parte de su cuello y sus extremidades, pero el de Rin era de dos piezas, cada una conformada por un diminuto trozo de tela amarilla.
El demonio se sorprendió enormemente al verla, pues estaba prácticamente desnuda. Sintió una rabia que le subió al rostro, pues Kohaku había empezado a babear. Jaken la reprendió por exhibicionista, pero ella solo sonreía diciendo que por fin ya no sentía calor.
Miroku volvió a ver a Kagome y eso bastó para decirse todo: habían desarrollado una extraña afición por poner incómodo al demonio. Verlo disimular era todo un espectáculo.
Rin corrió hacia el mar, lo que hizo que sus senos, pequeños y redondos, rebotaran. Kohaku la siguió con la vista sin disimulo alguno, mientras Sesshomaru lo reprendía con la mirada, pero el calenturiento muchacho estaba tan concentrado en sus formas que no lo notó.
Shippo y Kohaku se quitaron la parte superior de sus atuendos y se metieron al mar junto con Rin. Inuyasha, Sango y Kagome los siguieron.
Sango: - Cuida a los niños.
Miroku: - ¿Eh?
El pobre Monje ya había empezado a quitarse sus ropajes.
Miroku: - Pero...
Hachi: - Ja, ja, las responsabilidades también son del padre.
Jaken: - Lo tienes merecido, monje pervertido.
Miroku: - ¿Qué dijiste?
Sesshomaru estaba tras ellos. La brisa del mar entraba por las holgadas mangas de su kimono, refrescándolo, aunque prácticamente no sentía los efectos del clima. No obstante, estaba incómodo y molesto:
Kohaku ha volteado a mirar a Rin al menos 17 veces, ahora 18, 19... ¡KAGOME LO HA HECHO ADREDE!
El demonio veía la sonrisa de Rin que hacía juego con las gotas de agua que saltaban y chocaban en su cuerpo. Reía sin parar, mientras era salpicada por una Kagome experta en ello. Sango también se divertía.
Aunque estaba molesto por lo revelador de su atuendo le podía más ver la sonrisa de su amada. Hacía tiempo no se mostraba así. No obstante, cerca de las damas dos jovencitos jugueteaban. Uno de ellos, disimuladamente trataba de incluirse en el juego inocente de las chicas. Algo que Sesshomaru no iba a permitir.
Kohaku: - Rin, te ves muy feliz hoy.
Rin: - Gracias - le devolvió una sonrisa que brilló por los rayos del sol.
Kohaku: - También estás muy ... sexi.
Ella se ruborizó y sin pensarlo se cubrió sus senos, que estaban algo expuestos.
Rin: - Soy una mujer casada...
Kohaku: - Lo sé - le respondió, mientras la salpicaba con el agua.
Rin: - ¡No! Déjame...
Kohaku: - ¡No lo haré!
El joven le lanzó una gran cantidad de agua de mar que le cayó en su pecho, provocando que sus pezones despertaran. Al sentir el agua fría en su cuerpo, profirió un extraño gemido que fue malinterpretado por Kohaku en sus fantasías.
Sango, al verlo, sintió temor por la vida de su hermano. Al momento, una ráfaga se desplazó colocándose en medio de ambos. Era Sesshomaru, quien se había quitado su kimono y sus botas, dejándose solo su hakama.
Rin y Kohaku se sorprendieron por el rápido aterrizaje del demonio.
Sesshomaru: - Yo también siento calor, Kohaku - lo fulminó con la mirada - ¿Por qué no me salpicas?
Kagome y Sango intentaban aguantar la risa, pero era casi imposible. Sus rostros estaban deformes y sus ojos lagrimeaban. No iban a lograrlo.
Kohaku: - Señor Sesshomaru ¿En serio quiere que lo salpique? - La incomodidad en su voz era evidente.
Shippo: - ¡Nooo! Kohaku solo puede jugar conmigo - dijo en tono afeminado, mientras arrastraba al muchacho al mar.
¿Estás loco? - le dijo a Kohaku cuando ya se habían alejado - ¿Quieres morir?
Kohaku: - Valió la pena.
Shippo: - ¡Reacciona, tonto! La próxima no la cuentas.
Inuyasha: - ¡Ja! Te has enfadado por nada, Sesshomaru.
Sesshomaru: - Hmp.
Inuyasha: - Debes confiar en tu esposa ¿No crees?
Kagome: - Mira quien lo dice...
Inuyasha: - ¿Cuando te he celado yo?
Kagome: - Aquí vamos de nuevo...
Rin: - Amo Sesshomaru, solo estábamos jugando...
El demonio pudo escuchar su conversación y también había visto cuándo ella se sonrojó por el halago de Kohaku. Eso era lo que más lo molestó, pero no lograba entender el porqué.
El daiyokai se volvió hacia su hermano:
Sesshomaru: - Es evidente que un ser inferior como tú, más que protegerla de otro hombre, debes estar atento de que tu propia estupidez no la haga irse.
Inuyasha: - ¿QUÉ DIJISTE?
Sesshomaru: - Basura... - lo decía, mientras se tocaba el cabello.
Rin: - Señor Sesshomaru, creo que ha sido muy duro con el señor Inuyasha...
Sesshomaru: - Se lo merece.
Kohaku: - Oye Rin, no quisieras... - El demonio lo encaró - Oigan ¿No quieren ir más adentro? El agua está deliciosa.
Sesshomaru: - Rin y yo iremos aparte.
Kagome: - ¿Eh? No puedes decidir por ella.
Sesshomaru: - Tengo mis razones...
Kagome: - Te pareces a Inuyasha, cuñado.
Sesshomaru: -Repítelo.
Inuyasha: - Kagome ¿Cómo te atreves a compararme con este imbécil?
Sesshomaru: - Esa es mi línea.
Kohaku: - ¿Qué te parece si nos adelantamos?
Pero cuando Rin disponía a dar el paso, la pieza de abajo del traje de baño que se había aflojado por el jugueteo, se zafó totalmente, haciendo que su intimidad quedara al descubierto.
Rin: - ¡GYAAAAAAAAAAAAAAAAAA!
Kohaku al verla, cayó de espaldas al agua con un derrame nasal que parecía una fuente. Shippo y Sango se acercaron a su lado para asistirlo.
El demonio volvió a ver a Kagome, entornando los ojos.
Sesshomaru: - Lo hiciste a propósito...
No le dio tiempo de responder, se fue en dirección a donde estaba Rin, a unos pasos mar adentro.
Kagome: - Siento un frío tremendo.
Inuyasha: - Yo también...
Rin se amarró nuevamente el lazo en su cadera. Su rostro estaba rojo como un tomate.
Cuando el sol besó el mar, ya se habían olvidado los roces y permanecían mirando el ocaso y su pincelada en el agua.
Kagome: - Fue un hermoso día.
Kohaku: - Totalmente... - tenía dos tacos de papel en la nariz.
Jaken: - Yo tengo hambre, esos niños se lo comieron todo.
Miroku: - No te quejes - Hisui seguía adherido a su cabeza.
Rin: - Señor Sesshomaru, mire lo que hice. Es para usted.
La humana le dio una concha de tamaño mediano, la cual tenía escrito en kanji "Instante" y "Eternidad". Lo había hecho con la daga que siempre llevaba.
Rin: - Cuando lleguemos a la aldea le haré un collar ¿Le gusta?
Ambos miraron al frente para contemplar el horizonte. Sus manos se rozaban algo tímidas. No era adecuado mostrar afecto en público.
Las manos continuaron danzando, chocando de vez en cuando, hasta que Sesshomaru se animó y la entrelazó con la suya. Rin sintió su corazón acelerado y sus mejillas ruborizarse.
Rin: - Mire, allá hay un mirador muy bonito. Tal vez lleguemos a tiempo antes de que el sol se esconda.
Sesshomaru: - Démonos prisa. Jaken, regresa con los demás.
Jaken: - Pe-ero...
Kohaku los vio irse. Le dolía el corazón ver aquel par de sombras enamoradas caminando en la arena que parecía dorada. Ambas figuras columpiaban sus manos unidas. Shippo al verlo tan triste, le lanzó arena en la cara de una patada.
