Capítulo 27. Sinceridad
Nota: Yume significa sueño en japonés.
Nota 2: No puedo con el fanart de Hisako de Sesshomaru sonriendo 😭💖, así que decidí incluirlo de algún modo en el fanfic ✨
Nota 3: Algo sucedió, pues creo que mucha gente no leyó el capítulo anterior "Crisálida".
Es importante leerlo primero para entender de mejor manera los sentimientos que aquí se describen. Si hay algún error, por favor, háganmelo saber. Gracias
Shishio llevaba una semana en la aldea. En ese tiempo se había hecho amigo de Miroku, Kohaku y Shippo. No obstante, muy en el fondo el monje desconfiaba de él. Lo mismo Inuyasha y Sesshomaru, pero ciertamente, el joven era amable, agradable y divertido. Se veía inofensivo, así que lo vigilaban disimuladamente.
El daiyokai no había vuelto a notar cambio alguno en el aire, por lo que se cuestionaba si realmente era necesario permanecer allí y esperar a un enemigo que ya se tardaba en venir.
Por esos días, Rin pasaba los días ayudando a la anciana Kaede, sobre todo en cuanto a la elaboración de tónicos y recolección de plantas medicinales.
También compartía vivencias con Kagome, Sango y sus hijos y en otras oportunidades practicaba el combate cuerpo a cuerpo con Kohaku y Shippo, siempre bajo la supervisión de Jaken, pues en el fondo sabía lo molesto que en el fondo se ponía su Amo debido a los constantes acercamientos de Kohaku hacia Rin.
Shippo: - ¡Es increíble lo torpe que eres!
Rin: - ¡Oye!
Shippo: - Pero es que es cierto. Deberías empezar por ejercitarte.
Kohaku: - Déjala, realmente nunca ha necesitado aprender a defenderse. No seas tan duro.
Ciertamente, es un poco inútil que aprenda a defenderse, ya que siempre está junto al Amo Sesshomaru ¡Ay! Pero realmente es torpe, ya está toda chollada.
Jaken: - ¡Rin, mírate las rodillas! Estás sangrando.
Rin: - Esto no es nada, Rin puede con ello.
Shippo: - Deberías ponerte algo, podría infectarse la herida.
Kohaku: - Déjame hacerlo.
Jaken: - No es necesario, para eso estoy aquí.
Shippo: - Ja, ja. Parece que Rin tiene un guardaespaldas. Eso te pasa por descarado.
Rin se fue junto con Jaken y los demás a la choza de la anciana. Allí Jaken le curó sus heridas, ella se quejó un poco, pero se hacía la valiente. Sesshomaru se acercó a ellos.
En ese mismo momento un par de aldeanos traían a una mujer embarazada.
Aldeado: - ¡Anciana Kaede! ¡Esta mujer estaba en el camino, parece que se ha roto la fuente! Por favor ¡Asístala!
La anciana salió.
Anciana Kaede: - Acuéstenla en el futón.
Rin: - ¡Yo ayudaré!
Kohaku entró por inercia. Sesshomaru y Jaken lo siguieron con la mirada.
Al cabo de un par de horas, Rin salió, llevando en brazos a la pequeña bebé.
Rin: - ¡Mírenla, es un niña y está sana! Entren para que puedan verla - sus ojos despedían luz al apreciar a la pequeña.
El demonio y su súbdito se quedaron en la puerta de la choza, pues aunque el incensato de Kohaku había entrado, no era bien visto que los hombres entraran al recinto donde la mujer acababa de parir.
Al ingresar vieron a la anciana sentada a un lado de la mujer; Kohaku y Rin estaban junto a la sacerdotisa.
Anciana Kaede: - Debes descansar.
Aldeana: - Gracias, anciana Kaede. Gracias a ti también, niña, por ayudarme. Por tus palabras de aliento pude dar a luz sin caer en la desesperación.
Rin: - No es nada, por ahora descanse.
Aldeana: - Por favor, elijan el nombre para mi pequeña.
La mujer se durmió debido al cansancio. Kohaku cargó a la recién nacida.
Kohaku: - Es tan hermosa ¿Cuál nombre sería adecuado para ti?
Rin: - Mmm...
Kohaku: - Si fuera tuya ¿Cómo le pondrías?
Ella se entristeció de repente, pero intentó disimular.
Kohaku: - Rin, perdona. Yo...
Rin: - ¿Qué tal Yume?
Kohaku: - Yume es genial. Me encanta.
Anciana Kaede: - A mí también me gusta.
Rin le hacía caricias a la niña, mientras Kohaku la tenía en brazos. Juntos parecían una tierna pareja de jóvenes cargando a su bebé.
Jaken los observaba pensando en cómo se sentía su señor. Al voltear a verlo, vio en sus ojos el reflejo de la tristeza.
Rin ¿Qué no te das cuenta de que el amo Sesshomaru está aquí?
Pero ella nunca volteó a mirarlos, se encontraba admirando a la pequeña Yume, una nueva vida que sería la luz de los ojos de su madre.
Jaken: - ¿A dónde va, Señor?
El daiyokai se fue sin decir nada.
No soy necesario allí. No tiene caso seguir mirando...
¡Maldición! Rin se veía tan feliz...
En su mente se proyectaba una y otra vez a ambos contemplando a la pequeña, eligiendo su nombre.
Rin: - ¿Huh? El señor Sesshomaru ya no está aquí.
Jaken: - ¿Cómo va a estar aquí si tú te portaste como si no existiera? ¡Insensata! Tú lo ablandaste, ahora lo arreglas.
Anciana Kaede: - Ssshh ¡Haz silencio!
Jaken: - Señora, a mi no me calla.
Anciana Kaede: - ¡Váyanse!
Pero Rin ya se había marchado, corría en dirección al árbol donde siempre se encontraban. La lluvia empezó a caer.
Fui una tonta, desconsiderada. A los ojos de él esa escena con Kohaku debió sentarle mal.
Rin: - ¡Señor Sesshomaruuu!
Divisó la figura del demonio que caminaba despacio, en dirección hacia el árbol.
Rin: - Señor Sesshomaru... - lo tomó de una de sus muñecas con ambas manos. Estaba sin aire.
Rin: - Amo, perdóneme por mi actitud desconsiderada de hace un momento, yo...
Estaba serio. Ella, quien estaba a su lado, pudo notar su ceño fruncido y también sus comisuras apuntando ligeramente hacia abajo.
El amo está triste... Yo hice que se sintiera triste, otra vez...
Rin: - Yo-
Sesshomaru: - Realmente quieres ser madre, eso es evidente. Tal vez, si estuvieras con un humano tu vida sería más tranquila y feliz.
Lo miró sorprendido. Él dio varios pasos al frente cuando sintió que Rin se estampaba con impulso, dándole un abrazo desde atrás. Sesshomaru abrió los ojos por la sorpresa.
Rin: - No tiene sentido si no es con usted...
Yo quería tener sus hijos porque es lo único que puedo darle y porque... me gustaba pensar que podían tener sus ojos, su cabello, su fuerza o su amabilidad...
Rin se dejó caer al suelo, estaba llorando. La lluvia le mojaba hasta el alma.
Sesshomaru puso una rodilla en el suelo, justo al frente de ella, quien estaba cabizbaja.
Sesshomaru: - Dices que lo único que puedes darme son hijos. Rin, desde hace mucho tiempo me ha dado algo.
Me diste una razón para vivir.
La tomó del mentón, mientras hacían contacto visual. La lluvia les daba en la cara.
Rin: - Señor Sesshomaru...
La besó, provocando que su unión atrapa con sus labios una gota de agua. El beso sabía a lluvia, pero en sus adentros se sentía como la calma infinita de dos almas que ardían la una por la otra.
Rin sonrió, él le dio la mano para levantarse, ofreciéndole una tenue sonrisa. Ella no podía creerlo.
Caminaron hasta el inmenso árbol; la lluvia había amainado.
Sesshomaru: - Estás empapada, Te llevaré a la aldea.
Rin: - Espere...
Ella dejó caer su ropa al suelo, estaba desnuda ante él. Se acercó lentamente y tomó su estola. Rodeó su cuerpo con ella. Rin intentaba verse sensual, pero se veía tierna como un algodón.
Sesshomaru: - ¿Qué haces?
Rin: - Estoy seduciéndolo, siendo espontánea.
Sesshomaru: - Lograste lo segundo.
Rin: - ¡Qué malo!
Intentó zafarse de la estola dispuesta a marcharse para cambiarse la ropa, pero al intentar quitársela se enredó con sus pies, cayendo de bruces contra el piso encharcado. El sonido había sido fuerte.
Sesshomaru: - ¿Estás bien? - su rostro era inexpresivo.
Ella se levantó disimulando el terrible dolor que sentía, sus ojos lagrimeaban.
Rin: - Estoy bien - sonrió.
El demonio cambió su expresión de pronto y le dio la espada.
Rin: - Amo ¿Qué pasa?
Sesshomaru: - Nada...
Rin: - Míreme ¿Qué tiene?
Sesshomaru: - Déjame, Rin.
Rin: - No lo haré.
Ella lo rodeó, quedando frente a él.
Sesshomaru se tapaba la boca. Ella se puso seria.
Rin: - ¿Qué pasa?
Sesshomaru: - Tienes barro...
Rin: - ¿Tengo barro? ¿Dónde?
Él le respondió con dificultad, parecía que se estaba aguantando la risa. Ella no pudo entenderle.
Rin: - ¿Qué dijo?
Sesshomaru presionó sus mejillas, haciendo que sus dientes delanteros se notaran en medio de sus labios en flor.
Sesshomaru: - ¡Que tienes barro en los dientes!
Rin: - ¿YO? - Se ruborizó.
Él la soltó. Al momento, sintió algo en su estol, era Rin, quien se limpiaba sus dientes con ella. Estaba molesta.
Sesshomaru: - Qué grosera eres. Este Sesshomaru podría acabarte ahora mismo por tu impertinencia.
Rin: - No es impertinencia, es venganza.
Él volvió a sonreírle, era un gesto muy suave, casi imperceptible, pero Rin podía notar sus comisuras ligeramente hacia arriba.
Sesshomaru: - Vístete, te llevaré con la anciana Kaede.
. . .
Por la noche, Sesshomaru se encontraba sentado viendo las estrellas. Sentía un nuevo cambio en el aire de mayor intensidad.
Tokyoji... ¿Por qué lo hiciste? ¿Es porque odiabas a los hanyo? ¿Esta es tu forma de vengarte de mí?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un muchacho inesperado:
Kohaku: - Señor Sesshomaru. Yo... he venido a hablar con usted.
