Capítulo 28. Obsesión
Kohaku: - Señor Sesshomaru. Yo... he venido a hablar con usted.
El daiyokai lo miró de reojo sin decir palabra.
Kohaku: - No hay forma de decirlo sin que suene mal, así que seré claro: estoy enamorado de Rin y aunque esté casada con usted voy a confesarle lo que siento.
Sesshomaru seguía observándolo.
Kohaku: - No solo voy a hacerlo para sacármelo del pecho, yo tengo la intención de apartarla de su lado - el muchacho no dudó en sus palabras.
Se miraban fijamente, mientras la brisa les golpeaba suavemente en el rostro.
Este Sesshomaru mantuvo en sus pensamientos el hacerse con Tessaiga durante mucho tiempo. Fue hasta que comprobé con mis propios ojos quien era su verdadero dueño, que pude dejar por completo mi fijación por ella... ¿Acaso tu, Kohaku, necesitas llegar hasta ese punto también?
Sesshomaru: - ¿Qué esperas que te diga?
Kohaku: - ¿Huh?... Nada, sabía que no tendría nada para decir. Sin embargo, yo le tengo mucho respeto, así que quería decírselo directamente.
Sesshomaru: - Haz lo que quieras, pero... - el demonio lo miró desafiante - Si le pones un solo dedo encima date por muerto.
El muchacho asintió.
Kohaku: - Lo tendré en cuenta.
. . .
El cielo mudó de piel, anunciando el nuevo día. Los amantes permanecían abrazados dentro de la choza que habían construido, dándose calor. Rin despertó y sin abrir los ojos, agradeció estar viva.
Un día más junto al señor Sesshomaru... soy tan feliz que es doloroso.
Sus ojos se llenaron de finas gotas, las cuales fueron detectadas de inmediato por el demonio.
¿Por qué quieres llorar? Has estado muy melancólica...
Rin se limpió con la estola sin disimular ni un poco. A Sesshomaru le pareció tierno cómo ciertas actitudes se quedaron para siempre en ella: el timbre de su voz, su cabello rebelde, la sinceridad de sus palabras y acciones; siendo ella y nada más.
Intentó volver a dormirse, pero no podía. Sería tiempo valioso que no habría disfrutado con su Amo. Además, su corazón se había acelerado al recordar aquellas palabras dictadas bajo la lluvia, pero para siempre en su piel.
Rin: - Señor Sesshomaru ¿Cuándo podré estar a su lado sin sentirme así?
El demonio se sentó.
Sesshomaru: - ¿A qué te refieres?
Rin: - A veces me duele cuando nos besamos. Me hace darme cuenta de que un día ya eso no será posible. A la vez, mi corazón late con fuerza... ¿Cuándo podré sentirme normal?
Sesshomaru: - ¿Como si dejaras de sentir?
Ella dudó.
Sesshomaru: - Si dejas de sentirte así por mí ¿Qué haría yo entonces?
La humana lo abrazó. Sesshomaru sujetó su mano.
Rin, aunque sea pasajero, aunque sea solo un momento... No sueltes mi mano.
El demonio también sentía dolor a su manera. Había dejado sus aspiraciones atrás, se había forjado otra identidad a causa de ella. Estaba experimentando, pero estas vivencias estaban dejando una inmensa huella en él.
También tenía miedo, porque un día todo iba a terminar y cada nuevo amanecer era un presagio de ello.
De repente, se escuchó a lo lejos la voz desconocida de un hombre, pero que ya él había detectado con su olfato. Era Shishio, quien realizaba algunos trucos de magia. Sango, Miroku, Kagome e Inuyasha estaban a su lado.
Kagome: - Esto se parece a los trucos de magia que vi en un circo en Tokio hace tiempo.
Shishio: - ¿Tokio?
Kagome: - Uh, bueno, me refería a mi pueblo.
Shishio: - De donde provengo también es común - el joven sonrió - Es bastante lejos de aquí, yendo hacia el sur. Es conocido como el Valle de las Ilusiones precisamente por el uso de la "magia".
Sango: - Sí, he escuchado de ese lugar, tengo entendido que ha sido cuna de grandes guerreros.
Shishio: - Bueno, sí es verdad que muchos usan la ilusión como ataque. Yo soy un guerrero también, pero no puedo compararme a los más fuertes de la región. Solo soy un aprendiz.
Inuyasha: - ¿Usan la ilusión como ataque?
Shishio: - Es una técnica secreta, perdona que no te la revele - le dijo sobándose la cabeza.
Kagome: - Está bien, no hay por qué disculparse. Inuyasha es un poco entrometido.
El hanyo se molestó por el comentario.
Sango: - Bueno ¿Qué tal si desayunamos? He preparado bastante.
Miroku: - Traeré a los niños.
Kagome: - Yo le diré a Rin y a la anciana Kaede.
Inuyasha: - Kagome - iba tras ella.
Kagome: - ¿Qué pasa?
Inuyasha: - Dijiste que soy un entrometido.
Kagome: - Porque lo eres.
Él la acorraló en la pared de la choza de la anciana. Estaban justo a la par de la puerta.
Inuyasha: - Siempre me criticas.
La humana aprovechó la cercanía para darle un beso tierno y muy sentido, haciendo que el hanyo quedara estático y ruborizado.
Inuyasha: - ¿Por qué tan de repente... ?
Anciana Kaede: - ¿Ya terminaron? Quiero salir - interrumpió la anciana, asomándose por la puerta.
Él se sobresaltó.
Inuyasha: - ¡Anciana!
Kagome: - Discúlpenos, Anciana Kaede.
Anciana Kaede: - Inuyasha, tú no cambias.
Mientras tanto, Shippo pensaba reunirse con Kohaku para entrenar, por lo que llegó a la choza de Sango y Miroku. Allí vio al monje, quien estaba apunto de marcharse con sus hijos.
Shippo: - Miroku ¿Dónde está Kohaku?
Miroku: - Se ha ido a entrenar desde temprano a la colina.
Cuando iba a darse la vuelta, el Monje lo llamó.
Miroku: - Shippo, por favor, acompáñalo.
Con sus miradas se dijeron todo. Ambos sabían de la tristeza del muchacho, la cual siempre despertaba los viejos y horribles traumas de su niñez.
El demonio zorro lo vio a lo lejos, estaba sentado en medio del campo. Shippo se acercó a él.
Shippo: - ¿No estás entrenando?
Kohaku: - Hoy no.
Se sentó a su lado.
Shippo: - Waa ¡La vista desde aquí es preciosa! - el demonio cortó un tulipán.
Kohaku: - ¿Los viste?
Shippo: - ¿A quiénes?
Kohaku: - Cuando Rin habla de él o está a su lado hace un gesto gracioso. Se ve... muy bonita.
Shippo: - Lo sé, solo tú no has querido aceptarlo.
Kohaku calló.
Shippo: - También he visto la mirada de Sesshomaru. Kohaku, ríndete.
Kohaku: - ¿Sabes cuántas veces me he ido de esta aldea con eso en mente? No consigo aceptarlo. Cada vez que ella habla, hace alguna tontería o no sé, existe, yo solo quiero abrazarla.
Shippo: - Entonces tendrás que esforzarte más.
Hubo un silencio.
No hay espacio para ti, por favor Kohaku, ríndete.
Kohaku: - Soy tan tonto... ¿Sabes que escuché? Rin tiene un sello y por eso no puede tener hijos con ningún demonio ¿Sabes lo primero que pensé? Que tal vez así podría...elegirme.
Shippo lo golpeó en la cara con el tulipán.
Shippo: - ¡Deja de hacerte daño! El destino te dio una segunda oportunidad para vivir ¡Vive bien! No te obsesiones más con eso.
Kohaku se abalanzó sobre él, sentía furia.
Kohaku: - Una vez, estábamos viendo el atardecer y yo hice un mal movimiento. La besé y ella reaccionó mal. Ni siquiera se percató de que soy un hombre. Aún así, quiero intentarlo una vez más, darme cuenta si eso no ha cambiado.
Shippo estaba bajo su cuerpo. Desde esa perspectiva, podía notar la aflicción del muchacho. Cuántas veces había luchado consigo mismo por recuerdos que solo para él eran importantes. Kohaku lloró, hundiendo su cara en el pasto. Permanecieron así, abrazados, acostados uno sobre el otro.
Luego de unos minutos, el demonio zorro le dijo:
Shippo: - ¿Qué excusa pondrías si alguien nos ve en esta posición?
Un Kohaku mucho más sereno respondió:
Kohaku: - Diría que me provocaste.
Shippo: - Anda ¡Quítate ya!
Kohaku se rió y comenzó a golpearlo en el rostro con el tulipán que Shippo había arrancado.
La escena era realmente malinterpretable.
Rin: -¿Koha-KU? ¡Lo siento, vine en mal momento!
Kohaku y Shippo: - ¡Espera!
Rin: - Yo solo vine a decirles que les dejamos algo de comida del desayuno.
Shippo: - Pues sí llegaste en buen momento ¡Me salvaste de este inútil que intentaba provocarme!
Rin se rió, estaba muy interesada en aquella historia.
Estos dos, aunque son hombres ¡Waaa! Hacen buena pareja.
Rin: - ¿En serio?
Shippo: - Sí, je, je.
Kohaku: - RIN, NO ES ASÍ ¡ESCÚCHAME! Quiero hablar contigo - estaba serio - Shippo, por favor déjanos solos.
El demonio zorro se marchó algo contrariado, pues temía lo que podía pasar. Rin se sentó a su lado.
Kohaku: - No hemos podido estar a solas... ¿Sabes? Ni siquiera me dijeron que les habían organizado una celebración de boda... Jamás lo imaginé, me refiero, al señor Sesshomaru en esas.
Rin: - ¿Viste el jabalí en el cobertizo? Se suponía que era parte del banquete, incluso tiene un nombre.
Ambos rieron.
Kohaku: - Rin, yo sé que ahora eres una mujer casada y que esto va a sonar tonto, pero... a mí me gustas. Siempre ha sido así.
Ella se sorprendió ante aquella confesión.
Kohaku: - Sé que justo ahora estás muy emocionada estando a su lado, pero yo podría darte una familia y un ambiente mucho más tranquilo. Te defendería con mi vida.
Rin se levantó y comenzó a caminar, adentrándose en el mar tulipanes que había frente a ellos. Después de dar unos pasos, se volteó a mirarlo.
Rin: - Lo lamento, Kohaku. Esto es tan repentino...
Kohaku: - Sé que ahora te causa mucha impresión, pero mis palabras son verdaderas. Yo... te amo.
El muchacho se fue acercando a ella. Al estar frente a frente la sujetó de las muñecas.
Kohaku: - Déjame demostrarte lo que siento.
Ella, previendo lo que iba a hacer se encogió de hombros, intentando ahuyentarlo, pero Kohaku insistió y llevó sus labios a los de ella.
Era inútil, al igual que hace tres años la joven se resistía a sus besos, pero esta vez sí pudo conectar sus labios con los de ella.
Se sentía incómodo, áspero y violento. Kohaku mordió su labio sin querer, haciendo que ella sangrara. Llevó su mano a su cintura y la acercó a su pecho. Con su rodilla, podía sentir levemente la intimidad de Rin. Sentía el calor natural de su entrepierna.
Rin: - ¡Suéltame!
Kohaku: - Rin, acéptame, yo...
Al momento, sintió una descomunal fuerza que, a gran velocidad se había acercado a ellos. Este lo sujetó del cuello y lo balanceaba en el aire.
Sesshomaru: - ¿Quieres revivir viejos tiempos?
Rin: - ¡Señor Sesshomaru!
Sesshomaru: - ¿Por qué la tocaste? ¿Qué no la escuchaste? ¡TE DIJO QUE LA SOLTARAS! - su voz sonaba profunda como un rugido.
Kohaku no intentaba zafarse. Estaba avergonzado y herido; sus ojos se mostraban sin vida, tal como la primera vez que el daiyokai lo había sujetado del cuello.
Sesshomaru: - Te perdoné tu atrevimiento hace unos años, pero ya fue suficiente.
Rin: - ¡Suéltelo, por favor! - Ella lo sujetaba del brazo, pero el demonio era tan alto que no había forma de llegar a su mano.
Sesshomaru lo soltó. Kohaku empezó a toser, tratando de reponerse. Estaba muy contrariado y avergonzado.
Rin: - ¡Kohaku!
Kohaku: - Rin - su voz casi no le salía - Soy un... asco.
La humana lloró. El demonio miró al muchacho y de alguna forma podía comprenderlo.
Sesshomaru: - Acéptalo de una vez. Ya lo viste, Rin no es para ti.
Kohaku: - Señor Sesshomaru, Rin, discúlpenme.
Ninguno le respondió. Ella lloraba, sin saber qué responder. Solo quería que ese momento terminara.
Shippo, Inuyasha y Kagome se movilizaron al lugar debido a los gritos, pero cuando llegaron solo vieron a Kohaku cabizbajo en medio de las flores.
Sesshomaru había alzado vuelo, llevándola en sus brazos. Se dirigían hacia el bosque contiguo.
Kohaku, yo también en algún momento dejé que esos sentimientos de obsesión me embargaran...
Tokyoji, si yo te hubiera comprendido ¿Cómo habrías actuado entonces? ¿Estarías vivo? ¿Habrías lastimado a Rin?
El demonio reflexionó un momento sobre sus propios actos.
Una vez más, la humana lloraba en su pecho. Al llegar al bosque, la tarde comenzó a adquirir tonos rojizos.
Sesshomaru: - Tu labio inferior está hinchado.
Ella no respondió, estaba muy dolida y asustada. Luego musitó:
Rin: - Los ojos de Kohaku carecían de expresión cuando usted lo tomó del cuello, y cuando me besó expresaban un gran sufrimiento.
El demonio pasó su dedo por su labio herido.
Rin: - ¡Auch!
Sesshomaru succionó suavemente su labio como si pudiera sanarlo con eso. Rin pudo comprobar la diferencia de sus sentimientos entre cada beso. Cuando Kohaku lo hizo sintió miedo y rechazo, pero ahora que el demonio lo hacía todos sus pesares desaparecían. Aquellos labios varoniles cobijaban los suyos, demostrándole una protección y afecto incondicionales.
Así, tan cerca como estaban, Sesshomaru le dijo:
Sesshomaru: - Todo lo que hemos hecho en la intimidad solo puedes hacerlo conmigo.
Ella se avergonzó por sus palabras.
Rin: - Lo mismo pienso, sus manos solo pueden tocar a Rin.
Llevó las manos del demonio a su cintura. Él la apretó con algo de fuerza, mientras ella se hundía en su pecho.
Rin: - Rin siente mucho deseo, pero solamente por usted. Cuando me toca... no soy yo misma.
Él la besó con pasión al escucharla decir eso.
Sesshomaru: - Lo sé, tu aroma te delata. Justo ahora está llamándome...
La levantó, haciendo que sus piernas rodearan su cintura. Iba a poseerla ahí mismo.
. . .
Inuyasha, Kagome y Shippo tomaban el té que el forastero les había ofrecido cuando escucharon el retumbo en la voz de Sesshomaru. Al oírlo temieron lo peor, por lo que corrieron de inmediato al lugar. Shishio permaneció en el sitio, mirando el vaso de Inuyasha, el cual despedía un casi imperceptible humo sospechoso.
