Los personajes de Captain Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi; el presente fanfic se desarrolla en un universo alterno.

No apto para menores de 18 años, ya que contiene lenguaje soez, violencia y escenas de sexo explicito

CAPTAIN TSUBASA FANFIC

CAMPANAS

Por

Simbiosis

Capítulo 6. Replanteamientos

Okinawa; Japón

Contrario a lo que aseguraba la chica del tiempo en el noticiero de las cuatro de la tarde, la lluvia se había hecho presente con fuerza, las ráfagas de viento azotaban violentamente los panorámicos de la ciudad de Okinawa, dicha situación climática solo acarrearía que las filmaciones que se debían hacer esa tarde y noche tuvieran que aplazarse hasta que mejorase el tiempo, por lo cual toda la gente de producción, técnicos y actores debían permanecer en el hotel hasta nuevo aviso.

Wakashimazu Ken se encontraba en su habitación, sentado en el suelo junto al ventanal, contemplaba absorto el chocar de las fuertes ráfagas de agua contra el suelo del balcón, sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido característico de la alerta de una videollamada entrante en la aplicacion, sin mucho esfuerzo estiro su largo y fibroso brazo para alcanzar la tablet, al ver la imagen del contacto en la pantalla sus ojos se iluminaron y una sonrisa se dibujó en su rostro, deslizando el dedo índice inicio la conversación.

- ¡Hooollaaa paaapiii! -, se escucharon a coro tres vocecitas infantiles cuyos dueños peleaban entre sí por quedar en primer plano ante la cámara de la portátil de su bisabuelita; ante el alboroto que estaban causando los chiquillos, la gentil pero a su vez autoritaria voz de la mujer mayor se dejó sentir, - ¡¿Cómo no se ponen de acuerdo?!, ¡seré yo la que hable con su padre! -, sentencio la mujer de blanca cabellera a la vez que giraba el aparato en su dirección, ya una vez viendo a su nieto en pantalla le pregunto por su estado, - ¿qué tal el clima?

- Estable por el momento - , contesto tranquilamente, sin embargo al caer en cuenta en el lugar donde se encontraban sus hijos, le pregunto a la anciana por su esposa, - Granny, ¿dónde está Momoko?

- Vino a dejarlos en la mañana, así que puedes suponer que estos diablillos no fueron al colegio -, declaro impávida la mujer mientras observaba sus uñas impecablemente arregladas, ante tal respuesta, el rostro del hombre de veintiséis años se endureció ligeramente por unos instantes, acción que no pasó desapercibida para la matriarca de la familia Wakashimazu, tras un ligero suspiro murmuro para sí mismo, - Tiene que haber una explicación para esto.

Su abuela que lo observaba detenidamente, no perdió la oportunidad de recalcarle la misma letanía desde que esa "mariposa" entro en su familia, - Shin'aina (Querido), deberías ser más enérgico con ella, ¡y no me mires con esa cara, que bien sabes lo que pienso de tu matrimonio! -, sin embargo para su adorado nieto, dicha reprimenda no tenía razón de ser, ya que él confiaba ciegamente en su mujer y en los cimientos de la bonita familia que habían construido durante esos casi ocho años que llevaban de matrimonio; por lo que tratando de no parecer grosero corto de tajo el tema en cuestión, - Granny, solo pregunte por Momo, ya me dijiste lo que quería saber, además, me tranquiliza más que los niños estén con ustedes.

- ¿Realmente te tranquiliza?, o ¿Es lo que tú quieres creer? -, declaro la mujer mayor sin inmutarse mientras daba un sorbo a su té negro, - ¡Granny!, ¡¿Por qué te gusta pelear conmigo?! -, le pregunto su nieto apesadumbrado, - ¿Qué te hemos hecho Momoko y yo? -, volvió a inquirir a sabiendas de que recibiría la misma respuesta de siempre, - Tú no me has hecho nada, eres mi nieto favorito, pero tu mujer -, la anciana suspiro antes de continuar,- ¡Ella nunca me ha gustado para ti!, ¡Tú te mereces a alguien que te apoye y te cuide! -, la discusión entre abuela y nieto se prolongó por un buen rato.

El guardameta tuvo que cortar la transmisión porque el director había llamado a todos los actores y miembros de la producción para decirles que las escenas en Okinawa serian pospuestas para rodarse de forma extraordinaria, fuera de calendario, en pocas palabras, todo aquel que tuviera otros compromisos podía regresar a sus ocupaciones habituales en cuanto el clima mejorara.

Cádiz; España

No supo en qué momento se dejó convencer por el hombre a su lado, se supone que solo estaría un fin de semana en ese pequeño hotel donde se estaba hospedando, terminando su estancia volvería a su rutina diaria, lo que significaba que se quedaría encerrado en casa el resto de sus vacaciones, lo que usualmente hace, pero por otro lado se sentía a gusto, conocería un nuevo lugar, la compañía era agradable, lejos de la bulliciosa Barcelona y todo lo malo que representa, rodeado de paz y soledad, manteniendo como siempre un perfil bajo para pasar desapercibido, no obstante la idea de mantenerse en el anonimato se fue al traste gracias a la imponente presencia de Natureza que dejaba boquiabierto a cualquiera que lo viese, con esos lentes oscuros, las rastras en su largo cabello castaño y ese chándal blanco de marca que contrastaba con su oscura piel, parecía más bien un cantante de trap, al que le faltaba la tosca joyería, los guardaespaldas, el sequito y las putas, todo en su apariencia gritaba mírenme, pensó cabizbajo, en cambio él era todo lo contrario, al menos para la percepción que tiene de sí mismo, su cabello corto castaño claro le parecía desabrido, sus ojos color miel no le gustaban por que se asemejaban a los de un animal y su piel trigueña le parecía aburrida, eso sin contar con su estatura y complexión, lejos del estándar de la fantasía salvaje de cualquiera, nada de su físico le parecía lo suficientemente atractivo, en especial porque no atraía al culpable de sus desvelos, Carlos Santana.

La imagen del mulato comenzó a adueñarse de sus pensamientos, tanto que ni siquiera reparo en el llamado de su compañero de viaje, ¡¿Leo?!, ¡¿Leo?!, ¡¿Leo! -, zarandeándolo un poco para sacarlo de su ensimismamiento, - ¡¿Te encuentras bien?! -, pregunto el afrodescendiente preocupado por el estado mental del dueño de sus pensamientos, tomando la decisión de salir por una orilla del camino y detener el vehículo que había rentado para trasladarse a donde el poseedor de su afecto quisiese ir durante su estancia en Cádiz, manteniendo la compostura lo mejor que podía, Natureza se quitó los lentes oscuros dejando ver sus hermosos ojos, una rara mezcla entre azul y verde, aunque en la mayoría de las ocasiones parecen más verdes que azules.

La mirada de Leo se topó con el rostro de pocos amigos del jibaro, en un instante se percató de sus mejillas calientes y sin proponérselo un pensamiento le hizo bajar el rostro avergonzado, estaba en un auto en medio de la nada con un hermoso espécimen de hombre y él como todo un liviano le dedicaba sus pensamientos a otro macho, - ¿En qué estás pensando Leo? -, inquirió el joven de piel negra mientras pensaba en como botar aunque fuera por un rato el recuerdo de su compañero de equipo, sonriendo internamente al percatarse del sonrojo del otro, estiro su fibroso brazo hacia el asiento trasero para alcanzar dos botellas de agua, dándole una a su acompañante, la otra la abrió bebiendo un poco del fresco liquido contenido, relamiendo sus gruesos labios, con toda su desfachatez y provocativamente se disculpó con el jugador del Barsa, - ¡Me disculpas! -, el otro lo miro con curiosidad preguntándole, - ¿De qué te tengo que disculpar?

- Es que ya me acalore y me dieron ganas de quitarme esta cosa -, respondió estirando un poco el cuello de la chaquetilla, como si esperase algo, - ¡No batalles!, ¡quítatelo! -, contesto Luciano sonriente sin deberla ni temerla y el otro muy obediente se despojó de dicha prenda, revelando su esculpido torso enfundado por una playera de tirantes en color azul eléctrico que le quedaba como una segunda piel, ya estando más cómodo reanudo el andar del vehículo, pronto llegarían a su destino, por lo que Natureza aprovecho el tiempo para presentar su "buffet" al comensal que tenía al lado; lo primero que llamo la atención de Leo fueron sus espectaculares brazos, fuertes y bien trabajados, lo segundo fueron las líneas de su cuello y sus marcadas clavículas, sin recato bajo por su pecho deteniéndose en sus pectorales, en cómo estos subían y bajaban casi imperceptiblemente debido a su acompasada respiración.

En un gesto de incomodidad abanico el folleto del hotel que traía en sus manos echándose aire en un vano intento de bajar el calor hormonal que lo aquejaba sin tregua, algo dentro de su cabeza comenzó a recriminarle por esos sucios pensamientos, - ¿No se supone que estás enamorado de Carlos?, ¡Deberías parar el auto y regresarte a Barcelona!, ¡No vaya a ser que Ozora la cague y Carlos te necesite! -, dichos pensamientos comenzaron a hacer mella en el más joven, haciéndolo sentir a disgusto consigo mismo, fue sacado de sus oscuras reflexiones por el leve apretón que su enamorado le dio con sutileza en su brazo, -¡Leo!, ¡Ya llegamos!

Antes de bajar del auto, Natureza se volvió a poner la chaquetilla y los lentes oscuros, de la guantera saco otros lentes a juego y se los entregó a su compañero, - ¡Un regalo!, ¡Póntelos! -, ambos bajaron del auto, el primero en abordarlos fue un joven botones con un carrito para el equipaje, - ¡Buenas tardes señores!, ¡Sean bienvenidos al Hotel Playa Victoria!, ¡Esperamos que su estancia con nosotros sea de su completo agrado! -, mientras les daba la bienvenida y colocaba las maletas en el carrito, el joven dependiente le daba la señal al valet parking para que recogiera las llaves de mano de Natureza y llevara el auto al estacionamiento, los jóvenes brasileños correspondieron al saludo y fueron encaminados hasta el lobby del hotel, mientras el Gerente del lugar les daba la bienvenida y le hablaba al jibaro de los servicios que adquirían al hospedarse con ellos y las actividades que podían realizar durante su estancia, Leo se sentía un poco fuera de lugar, la gente alrededor se les quedaba viendo, no gustaba de llamar la atención, pero todo parecía indicar que el estar con Natureza era sinónimo de atenciones excesivas, se alejó un poco, ya que el recepcionista lo había mareado con su verborrea, echo una mirada a la decoración, le gusto, pero lo que más quería era ir a la playa, olvidarse de sus tristezas, sentir la calidez de la arena en sus pies, meterse al mar, jugar con el balón y tirarse cual lagartija a tomar el sol.

Sintió que tomaron su mano y se dejó conducir por su compañero de selección, el botones los encamino hasta su habitación, al llegar abrió la puerta con la tarjeta electrónica, se hizo a un lado permitiéndoles la entrada, Leo fue directo al balcón, mientras que Natureza recibía la tarjeta de acceso a la habitación, las llaves del auto junto con el número de cajón del estacionamiento, posteriormente revisaba que todo el equipaje estuviera completo y le daba una muy buena propina al muchacho junto con unas instrucciones, el joven dependiente se despidió y se retiró, al cerrar la puerta Natureza, dio un suspiro, ahora pondría en marcha su plan para seducir a Leo y hacer que se enamore de él.

Lo primero que hicieron fue bajar a la playa, estuvieron correteando con el balón un rato, sin querer el menor empezó a acaparar las miradas de las féminas que estaban a su alrededor o que pasaban por ahí, para las mujeres, Luciano Leo, les resultaba un hombre sumamente atractivo y sensual, esa piel bronceada, esa perfecta "V" que parecía hecha por un escultor, todo eso rematado con una hermosa sonrisa y unos bellos ojos color miel, eso sin contar la fama de Don Juan que envolvía la figura del jugador del Barsa y que fue promovida por una televisora en su natal Brasil, que no desaprovecho la oportunidad de explotar su imagen, todo por haber tenido una pequeña participación en la telenovela de mayor rating y que para mala suerte de Natureza, dicho melodrama lo estaban transmitiendo en la plataforma más popular en toda España.

Aparentemente todo parecía estar saliendo a pedir de boca, Leo estaba contento, tranquilo y con la guardia baja, por lo que la primera fase de su plan estaba marchando a la perfección, - ¿Quieres descansar un rato? -, pregunto el nativo del amazonas, señalando el área de la piscina, antes de trasladarse a dicho sitio, Luciano fue directo a las regaderas de la playa para tumbarse la arena y la sal del mar, mientras estaba absorto bajo la cortina del agua, varias damas de todas las edades se empezaron a congregar a no más de tres metros para ver el espectáculo, el jibaro comenzó a ponerse incómodo y algo molesto, Leo era suyo, no podía negar que verlo bajo la regadera, con el agua recorriendo su escultural cuerpo, le resultaba muy erótico, quería meterse ahí con él y tomarlo frenéticamente frente a toda esa muchedumbre, pero sabía de antemano que no podía, su compañero no se lo perdonaría nunca, fue sacado de sus pensamientos al escuchar los piropos que empezaron a dedicarle las presentes, - ¡Papasito! -, dijo una chica desde atrás, - ¡Hazme los niños que quieras, mi rey! -, mientras más escuchaba, más se le figuraba que esas galanterías cada vez era más atrevidas, una pequeña de alrededor de unos diez años se hizo notar cuando le grito desde atrás, - ¡Bizcocho de canela!, ¡Estas para comerte! -, como resultado de su picardía, las mayores vitorearon su acción, pero el acabose de la situación vino justamente del lado derecho de Natureza, una abuelita que estaba ahí paradita junto a él sosteniéndose con su bastón le dio un codazo, en respuesta el volteo a verla y la anciana le comento sin tapujos, - ¡Que rico tasajo, y yo sin dientes! -, la paciencia del muchacho de las rastas se acabó con ese comentario, sin previo aviso tomo a su compañero de la muñeca y se lo llevo del lugar ante los chiflidos y reclamos de las mujeres, de entre todos los gritos hubo uno que realmente lo hizo enfadar, - ¡Papito, si se enoja tu camote!, ¡Estoy en el 418 por si necesitas que te calienten! -, ya se estaba regresando para poner en su lugar a la idiota esa, de no ser por Leo que lo jalo hacia el área de la piscina; al llegar al lugar, fueron atendidos por un camarero que tomo su orden, mientras el trigueño se recostaba en el camastro a descansar, el otro sentía que se lo llevaba el diablo, dirigiéndose a su compañero se excusó, - Voy a la habitación, vuelvo en un momento.

- Ya que vas para allá, ¿podrías tráeme una toalla? -, le pidió de favor aprovechando el viaje, ya dentro del hotel, Natureza tomo el ascensor, su cara de pocos amigos hacia que la gente guardara su distancia con él, llego a la habitación, una vez adentro pateo lo primero que encontró, se quitó la ropa, entro a la ducha dándose un baño rápido, busco un par de toallas, bloqueador solar y otras cosas, de regreso iba tranquilizándose, si se molestaba más de la cuenta perdería parte del avance en su conquista, antes de que se abrieran las puertas del ascensor dio un profundo suspiro, relajo los hombros y saco a relucir su mejor sonrisa, sin embargo, no contó con la enorme popularidad del jugador azulgrana, este estaba sentado donde lo dejo, hasta ahí todo bien, lo que estaba de más eran el montón de mujeres que lo tenían rodeado y se estaban sacando selfies y video con su hombre, tuvo que esperarse a que la gente se dispersara para que su compañero pudiera hacerle caso, - ¿Estas molesto? -, la pregunta le dio la impresión de que Leo sabía que se sentía incómodo, Natureza permaneció callado y serio, parecía más un niño berrinchudo que un adulto molesto, por lo que para mejorar el ambiente el menor le propuso volver a la habitación.

Hasta ese momento el jibaro no había intentado besarlo de nuevo, por lo que al llegar a la habitación, antes de entrar lo acorralo contra la puerta, cercando su cuerpo con sus fuertes brazos, sellando sus labios con un beso desesperado, el jugador del Real Madrid necesitaba marcar su territorio, hacerle saber a Leo que él estaba ahí para cuando lo que necesitara, lo que fuese, no importase la hora o el lugar, - ¡Natureza! -, murmuro el trigueño presa de una creciente excitación, a diferencia de la primera vez que lo beso, esta segunda era más demandante y sensual, las manos grandes del joven de piel negra lo sujetaban firmemente de su estrecha cintura, aprovechando que el más alto depositaba ardientes besos en su cuello y hombros, le sustrajo la llave electrónica del bolsillo, al sentir como bajaban las inquietas manos de su compañero en una caricia sensual en su trasero, levanto la mano derecha con la tarjeta de acceso a modo de defensa, - ¡¿Entramos?!

Sin lugar a dudas, su estancia en ese lugar sería muy peculiar para ambos jóvenes, por un lado Natureza debía armarse de paciencia para no desgreñar a cuanta mujer se le acercara a su interés amoroso, por el otro, Leo que solo quería divertirse y descansar, debía sortear los insistentes avances seductores de su compañero de selección.

Milán; Italia

Ambos recostados en la duela del estudio, Hyuga continuaba aferrado al menudo cuerpo de Shingo, este a su vez se sentía deprimido y preocupado, no por el estado de su pierna, sino por su neko (gato), durante el resto del día había ignorado las llamadas de los de afuera, desde Akai, Luciano y Lucrecia que sabe que se preocupan sinceramente por ellos, hasta Vinni y Pierre que solo lo hacen por quedar bien y formar parte del chisme, pasado un rato escucho que alguien subía corriendo por las escaleras, seguido de unos golpes secos y un fuerte portazo, los gritos en japonés provenientes de detrás de la puerta agudizaron sus sentidos, claramente escucho la voz de Taro gritarle a alguien, diciéndole que no fuera cobarde, se sorprendió al escuchar los sollozos desesperados de Kokoro que tocaba la puerta, - ¡Kojiro!, ¡Hermanito abre la puerta!, ¡Por favor! -, la voz de Misaki continuaba gritándole, esta vez exigiéndole que arreglara la parte que le correspondía en el problema, sin embargo el efecto de provocar la fibra del hermano mayor sobreprotector no se activó, ni siquiera escuchar claramente los gritos de alguien reclamándole al menor había logrado que el primogénito del finado Shun Hyuga saliera en defensa del muchacho, para Shingo eso solo podía significar una cosa, Kojiro estaba harto y no pensaba mover un solo dedo por ellos.

Las insistencias cesaron con el paso de las horas, por lo que haciendo uso de su encanto, abuso de la confianza de Kojiro y lo saco de la seguridad que le brindaba el estudio, después de que lo convenció de que se irían por tiempo indefinido a la propiedad del Tigre en Toscana y le cocinaría todo el tiramisú que quisiera, al abrir la puerta se topó con la figura de Akai, su semblante denotaba su extrema preocupación por sus amigos, junto a él se encontraba Taro Misaki que se ofreció a ayudarle a Aoi con su neko, sin embargo Kojiro evito el contacto soltándole un zarpazo a la entrometida mano del número once, - ¡No me toques! -, la voz del moreno se escuchó autoritaria y hostil, de no ser porque Aoi estaba sujetando su brazo derecho, el Tigre fácil lo hubiera tumbado al suelo de un revés, tanto Tomeya como Taro prefirieron quitarse de en medio y cederles el paso, por su parte el número nueve de la selección alzo al pequeño entre sus fuertes brazos, dirigiéndose a las escaleras, mientras ascendía a la planta alta se detuvo a medio camino, - Misaki – llamo secamente al castaño, este estaba casi seguro que le reclamaría por el trato que le dio a su hermano pequeño, - ¡Espero que tú y ese sarnoso francés ya estén buscando donde joderse! -, las palabras salidas por la boca de Hyuga, molestaron sumamente a su ex compañero de las filas del Meiwa, una cosa era meterse con él, se conocían de sobra y sabía que después de llorar a Kojiro le suele doler mucho la cabeza y tiende a desquitarse con el primero que se le ponga por delante, pero era muy diferente si se metían con Pierre, a su francés nadie lo tocaba y se largaba muy campante, ni siquiera su ex pareja, el agresivo tigre del Japón, subió el primer escalón con la clara intención de reclamarle al moreno por sus palabras, pero este todavía con Aoi en brazos se volteó para encararlo, bajando lentamente dos escalones logrando con ese gesto el efecto de antaño, Misaki retrocedió cauteloso manteniendo la distancia de las largas piernas del moreno.

Esa mirada despectiva y maliciosa le recordaron al Kojiro de la primaria y secundaria, un verdadero hijo de puta, capaz de todo con tal de ganar, de pronto sus gestos se suavizaron al escucharse la voz de Aoi, - ¡Neko! -, murmuro el pequeño japonés revolviéndose un poco entre los brazos que lo tenían aprisionado, - ¡Te recuerdo que Misaki es nuestro invitado! -, haciendo un puchero que hizo sonreír a Hyuga, - ¡Y tú me dijiste por teléfono que podía disponer de la casa y todo lo que hay en ella!

- ¡Claro que puedes disponer de ella, todo lo mío es tuyo! -, recalco el moreno perdiéndose en el brillo de los negros ojos del menor poniéndolo nervioso y más aun con lo que dijo, - Watashi no kawaī otokonoko! (¡Mi niño bonito!), Watashitachi no ie wa rabuhoterude wa arimasen! (¡nuestra casa no es un hotel del amor!), dichas palabras sacaron los mejores rubores en los rostros de Tomeya, Misaki y Shingo, solo a Kojiro se le ocurría decir semejante cosa, habiendo perdido el interés en la discusión con Taro continuo su trayecto por las escaleras hasta llegar a la planta alta, de ahí se dirigió a la habitación donde Geovana, su ahora ex novia, lo mando con el pretexto de que ella solo sabe dormir sola y que le tuviera paciencia hasta la "tan esperada noche de bodas", sin embargo la recamara en la que duerme de forma intermitente desde hace un año es el cuarto de Aoi Shingo.

Al entrar depósito al pequeño nipón en la cama, posteriormente puso el seguro de la puerta, saco del cajón del buro el frasco con ungüento que el número veinte le había comentado que el médico le había recetado para su tobillo, sin embargo no había vendas, dirigiéndose a su compañero, - Voy a la farmacia -, le dijo mientras sacaba del vestidor una chaquetilla oscura para ponérsela debido al fresco de la madrugada, - ¿Quieres algo? – pregunto esperando que su amigo le pidiera cualquier antojo, sin embargo el menor no le pidió nada, solo le dijo, - ¡¿quieres que vaya contigo?! -, pero el otro se negó, - ¡No!, ¡Mejor descansa!, ¡ya te hemos fastidiado demasiado! -, la contestación de Hyuga era una forma velada de pedir una disculpa por el comportamiento tan impertinente de sus hermanos, en especial de Tenshi, - ¡Ve con cuidado! – fue lo único que dijo Aoi a modo de disculpa aceptada.

Salió de la habitación, en el pasillo se topó a Tomeya, este venía acompañado de Taro, - Akai, voy a salir -, el otro pregunto en automático dando por hecho que iba a buscar al hermano fugitivo, - ¿Vas a buscarlo a estas horas? -, el delantero lo miro desconcertado por la pregunta, - Te encargo a Aoi -, respondió con una petición ignorando la pregunta, sin embargo para el ex jugador del Sampdoria no fue suficiente, - ¡Pregunte, ¿si vas a buscar a tu hermano a estas horas?! -, le volvió a inquirir, esta vez sujetándolo del brazo e imprimiendo un poco de fuerza en el proceso, por inercia el moreno al sentir en su brazo el apretón de su compañero, le propinó un manotazo para que lo soltara, Misaki estaba casi seguro de que le rompería la cara, para su sorpresa la agresión nunca llego, - Te pido que cuides a Aoi en lo que regreso, voy a la farmacia a comprar vendas – respondió tranquilamente reanudando su camino, antes de bajar las escaleras se detuvo, dirigiéndose a sus compañeros les pregunto si querían algo, recibió como respuesta una negativa por parte de ambos.

Bajo las escaleras y salió directo a la farmacia, esta quedaba a tres calles de donde vivían, para una colonia privada, dicho establecimiento era demasiado pintoresco, era un negocio familiar, una botica que ofrecía servicio de veinticuatro horas y atendía todo tipo de padecimientos, al entrar al establecimiento su nariz se inundó con el aroma tan característico del alcanfor y otras sustancias que le recordaron a su niñez, al llegar al mostrador fue atendido por un muchacho de la edad de su hermano Tenshi, - ¡Buenas noches Kojiro! -, saludo el chico sonriente, - ¿Necesita algo en particular? – Pregunto cortésmente mientras se metía una goma de mascar en la boca, - ¡Buenas noches Fabrizio!, dame unas vendas, un par de tobilleras y ¿tienes algo para la inflamación del tobillo?

El joven fue poniendo las cosas en el mostrador mientras le sacaba plática al delantero, - ¿Cómo sigue Aoi? -, Pregunto el muchacho, externando la preocupación sincera de un fan, - Shingo, se encuentra bien, solo es la molestia del tobillo -, contesto el moreno para tranquilizar la curiosidad del chaval, mientras observaba con desinterés algunos de los productos de la estantería, - Las redes están que arden desde lo de la pelea – comento el chico captando la atención del japonés, que se acercó muy interesado al mostrador, mientras el jovencito se asomaba por el pasillo que daba a la trastienda, cerciorándose de que no viniera nadie a interrumpir su plática, - ¡Lo de la pelea es lo de menos, aparte usted estuvo ahí! -, el Tigre se extrañó por el comentario, pero dejo hablar a su joven informante, - ¡Lo peor vino después!, ¡la rueda de prensa fue un completo fracaso! -, Hyuga ya era del conocimiento de esa información, Julian Hertt le había dado con lujo de detalle, todo lo referente a esos acontecimientos, - ¡El partido del viernes fue suspendido!, ¡Todos los medios dicen que Sandro Belmonto movió sus hilos!, ¡Como siempre para proteger a su querido amante!, ¡¿Usted realmente cree que Aoi es amante del viejo Belmonto?! -, pregunto el muchacho ansioso por saber lo que su cliente pensaba.

- ¿Tú lo crees? -, respondió el tigre con otra pregunta incentivando al muchacho a continuar, - ¡Yo!, ¡No lo creo!, ¡Yo creo más bien!, ¡En lo que dicen estas revistas! -, sustrayendo de uno de los cajones del mostrador varias publicaciones con los titulares más candentes acerca de la nueva "Pareja del Momento", Kojiro tomo uno de los semanarios, observo con detenimiento los rimbombantes titulares, "Boda en Puerta", siendo superado por su curiosidad la hojeo hasta encontrar lo que buscaba, una serie de fotografías de él y Shingo, en varios lugares de Italia que reconoció, eran los establecimientos donde Geovana había elegido varios servicios para la recepción de su boda con él, el detalle era que la señorita no quería dedicarle su valioso tiempo a tan mundanos deberes, por lo que le hinco la responsabilidad al pequeño japonés que en represalia lo arrastro a ser partícipe de los preparativos, simplemente todo estaba escogido a gusto de él y de Aoi.

Tan entretenidos estaban en el chisme, que no se percataron de la presencia del padre del chico que sin aviso le propino un zape a su hijo, seguido de una reprimenda, - ¡No distraigas a los clientes! -, a lo que el jovencito se excusó, - ¡No estoy distrayendo a nadie!, ¡Solo estoy preguntando a Kojiro sobre el estado de salud de Aoi! -, ante tal explicación el hombre volvió a darle otro zape, más fuerte que el anterior, - ¡Kojiro!, ¡Discúlpalo!, ¡Ya le hemos dicho que no sea tan igualado! -, se disculpó en nombre de su hijo por lo que él y su esposa consideraban una falta de respeto.

El número nueve de la selección sonrió, - ¡No seas tan duro con él! -, le dijo sacando su celular para checar la hora, percatándose de que tenía tres llamadas perdidas de Aoi, - ¡Me encantaría seguir platicando!, ¡Pero debo irme!, ¡ya me están buscando! -, se excusó con sus vecinos mientras el menor le entregaba el recibo de pago junto con la tarjeta de crédito, al terminar sus compras, se despidió dejando a padre e hijo discutiendo como siempre, acelero el paso para regresar a casa, al llegar se quitó la chaquetilla colgándosela en el hombro, los tenis los dejo en su respectivo lugar en la entrada, activo la alarma y se fue a la habitación, al entrar se encontró a Aoi sentado en la orilla de la cama secándose el cabello.

- ¿Por qué tardaste mucho? – cuestiono el menudo jugador pasándose su mano izquierda por el cabello húmedo, mientras Hyuga guardaba las cosas que compro en el cajón, Aoi se quitó la toalla de los hombros dejando su torso al descubierto, apoyo las palmas tras su cuerpo en la cama, dando una vista completa de su pecho y abdomen bien trabajados, junto a él estaba un par de bultos de ropa, - ¡Sumimasen! (¡Discúlpame!)!, ¡Me entretuve platicando con Fabrizio y su padre!, ¡te envían saludos y que te recuperes pronto! -, le contesto mientras se volteaba, al verlo de pronto enmudeció, Aoi trasmitía una aura depredadora que él conocía muy bien, - ¿Ocurre algo?, ¡De pronto te quedaste callado! -, inquirió coquetamente el numero veinte de la selección japonesa, por su parte el moreno se puso un poco nervioso, en lo que lleva de conocerlo, Shingo jamás mostro esa actitud, una mezcla de autoritarismo y confianza sexual que lo volvían irresistible ante los ojos.

Por un momento se sintió incomodo con la situación, los papeles que jugaron en la cocina antes de que saliera huyendo a Japón, se habían invertido, Aoi era el cazador y él la presa, estaba tan distraído tratando de encontrar una forma de zafarse de la situación, que se le cayó la venda al piso, esta rodo un poco por debajo de la cama, en vez de sacar otra del cajón y esa recogerla después, se agacho para buscarla, encontrándola cerca del buro, iba a levantarse cuando sintió la fría sensación del pie sano de Aoi presionando su hombro, este capto su atención, observo detenidamente sus pulcras uñas, recorrió con la mirada las marcadas líneas de los músculos de la pantorrilla, se detuvo por un momento en la redondez de su rodilla, esta le pareció la más perfecta que había visto en su vida, continuo por la parte visible de sus muslos, imaginándolos llenos, firmes y tersos, apetecibles para lamerlos y morderlos hasta cansarse, su vista descaradamente se clavó en el oscuro hueco formado por la pequeña toalla que cubría lo necesario haciendo una especie de cueva entre sus piernas.

- ¡¿Me ayudas a vestirme?! -, La petición de Aoi suavizo un poco la tensión del ambiente, el moreno tomo el bulto de ropa más pequeño, al extenderlo contemplo por un momento la prenda, esta era un bóxer holgado de solecitos silbantes con gafas oscuras, eran lo suficientemente amplios y ligeros que facilitaban las caricias furtivas, tomo sus pies con cuidado, deslizando los interiores por sus torneadas piernas, al llegar a las rodillas, Aoi sin previo aviso se levantó de la cama, iba a retirar la toalla que cubría su cadera, pero fue detenido por Kojiro que sujeto su mano, - Termina de vestirte -, le dijo mientras se levantaba y se iba al vestidor, al salir de este llevaba en la mano algo de ropa, ya estaba saliendo de la recamara cuando Shingo con una sonrisa traviesa le recordó lo que debía hacer, - ¿Kojiro?

- ¿Qué necesitas? -, Contesto el moreno en automático deteniéndose en la entrada, - ¿No vas a vendarme? -, Al Tigre se le subieron los colores al rostro, tan necesitado estaba de ir a darse una ducha fría que se olvidó por completo del tobillo de su compañero, - ¡Lo siento! – mientras se acercaba a la cama, observo como su Shingo que había estado sentado en la orilla, se subía a gatas dándole una muy sugerente vista de su trasero, por su parte Hyuga trago duro, si Aoi seguía con el maldito jueguito, terminaría con la cara enterrada entre las almohadas, mientras él lo sodomizaría violentamente con lo que tuviera a la mano hasta que le pidiera disculpas por provocarlo.

Tomo un poco del contenido del frasco, el aroma raspaba la nariz y la garganta, se lo puso dándole un suave masaje, mientras realizaba esto, Shingo le empezó a acariciar el muslo más cercano, de ahí paso a su abdomen, trataba de levantar la playera de su compañero, cuando sintió que lo sujetaron con firmeza, su mirada coqueta se cruzó con la seria de su amigo, al parecer su neko no tenía ánimos de jugar con él, retiro el pie suspirando aburrido, el moreno termino de vendarlo y se retiró al baño.

Ya en la regadera dio rienda suelta a sus instintos, tocándose desesperado, fantaseando con su compañero, mientras deslizaba sus manos con brusquedad por toda su hombría, se imaginaba el menudo cuerpo Aoi recargado de frente contra la pared, sus hermosas piernas ligeramente abiertas, su rostro ligeramente sonrojado, sus labios entreabiertos, ofreciéndole su redondo y delicioso trasero, soltó un improperio mientras llegaba al orgasmo, con las ganas que le tiene, con ese deseo insano de hundir su cara entre esas carnosas nalgas y hacerlo gritar de placer, teniendo que masturbarse hasta eyacular, repitiendo la acción alrededor de tres veces para mantenerse tranquilo, salió de la regadera, seco su cuerpo y se vistió, con suerte su compañero ya estaría dormido, si era así él aprovecharía para irse a descansar al que se supone es su cuarto.

Al llegar a la habitación de Aoi, abrió lentamente la puerta, el pequeño nipón estaba leyendo muy entretenido la revista que Fabrizio le había enseñado a Hyuga, - ¡¿Qué esperas para pasar?!, ¡No te voy a comer! –, le dijo sin voltear a verle, el moreno entro, se sentía un poco nervioso, se sentó en la orilla izquierda de la cama, comenzó a cepillarse el cabello, de pronto sintió los brazos de Shingo descansando en sus hombros, - ¡Solo te voy a morder y a chupar! -, Con dichas palabras, Kojiro sintió un escalofrió recorrerle la espalda y una ligera punzada en su entrepierna, el pequeño nipón pego su frente en la nuca del moreno, este al sentir la respiración cálida y pausada en su espalda, coloco el cepillo entre sus manos, Aoi sonrió, su neko quería que le cepillara el cabello, mientras se lo cepillaba el número nueve de la selección le hizo una petición, - Mas tarde, podrías cortarme el cabello -, el menor peino con sus dedos las largas hebras azabache, si Kojiro quería cortarse el cabello, entonces él le cortaría el cabello.

Anteriormente cuando paso los brazos por sus hombros sintió su tensión, últimamente Hyuga había estado bajo mucho estrés, en especial a nivel personal, no era que no quisiera viajar a Japón como le reclamaron sus hermanos, sino que no tenía tiempo ni para sí mismo, compromisos laborales, sociales, campañas, todo se fue acumulando hasta el incidente con el árbitro, eso sin contar con las exigencias ridículas de Geovana y su fijación por no dejarlo ni a sol ni a sombra, actitud que se contraponía cuando lo dejaba en el total abandono, pese a lo que Kojiro dijera, para Aoi era muy injusto como lo trataba la hija menor de Belmonto y mucho más injusto fue que lo castigaran con cuatro meses de inactividad y sin paga, no le preocupaban los gastos de la casa, el moreno tenia capital de sobra, era una máquina de hacer dinero, además, él solo estaba incapacitado, seguía recibiendo su salario y este mes le tocaba bono, bien podía hacerse cargo de los gastos, claro, si es que el Sr. Hyuga lo dejaba, además tenían en frente un par de decisiones que ambos debían tomar juntos como socios de vivienda.

- ¿Qué pasa? –, pregunto el moreno mientras tomaba sus manos y depositaba en estas un cálido beso, - Nada, solo pensaba -, contesto el pequeño recargando su cabeza en el hombro derecho del moreno, - ¿Y en que pensabas? -, volvió a cuestionar Kojiro relajándose con el peso de Aoi sobre su hombro, - Pensaba en nosotros, ambos terminamos con nuestras respectivas parejas -, la respuesta capto la atención del delantero que le dio u ligero apretón a sus manos, - Tendremos que buscar donde vivir –, el comentario hizo que el más alto soltara las manos de Shingo y volteara a verle directamente a la cara desconcertado por un momento, hasta que recordó que la casa donde viven no le pertenecía, ni siquiera pagaba renta, era una de las tantas propiedades de la familia Belmonto, por lo que fácilmente pudo imaginarse a su ex novia entrando por la puerta principal echándolos de su propiedad, además sabía que Aoi no quería volver a su casa debido a que compartía el título de propiedad con Gino, por lo que el ir a meterse allí no era opción, aparte tenia demasiado orgullo como para meterse en la cama de Fernández, aun cuando Aoi le extendiera la invitación estando desnudo.

- ¿Qué te parece si buscamos casa, después de volver de Japón? – La propuesta del moreno lo hizo sonreír, - ¿Cómo que después de volver de Japón? -, le cuestiono lleno de curiosidad, sin esperar la invitación de su compañero, - No te he dicho -, Shingo movió negativamente la cabeza como un chiquillo en espera de una sorpresa, por su parte Hyuga se cubrió medio rostro con su mano dominante en un vano intento por ocultar la vergüenza que sentía, - Mama se casa en este mes, antes de la boda van a hacer una cena para que ambas familias se conozcan y quiero llevarte tanto a la cena como a la boda, aparte quiero que conozcas a Akane y al resto de la familia -, Aoi lo abrazo emocionado, conocería a los demás miembros de la familia de su neko, - ¿Estás seguro de querer llevarme?, ¡No quiero ponerte en vergüenza! -, inquirió el pequeño nipón presa de un súbito miedo, - ¡No me pondrás en vergüenza!, ¡Al contrario hemos sido nosotros los que te hemos faltado al respeto con nuestro comportamiento! -, contesto el moreno mientras le acariciaba la mejilla izquierda, el menor se dejó hacer por unos instantes hasta que corto el romántico momento para acomodarse en su lado de la cama, invitando a su compañero a acostarse junto a él, el Tigre se acomodó, viendo extrañado como Shingo se sentaba recargándose en la cabecera y acomodando las piernas de tal modo que su pie lastimado quedara libre, Aoi tomo delicadamente la cabeza de su neko y le pidió que la descansara en la pierna que tenía flexionada, Hyuga dudo por un momento, no quería lastimarlo, pero la insistencia de su compañero de equipo logro que accediera, sin embargo el moreno seguía titubeante, para convencerlo de que lo que estaban haciendo no lo lastimaría, el menor tomo la almohada del otro y la coloco sobre la pierna flexionada.

Con más confianza, el número nueve de la selección recargo su cabeza y se dejó hacer por Aoi que comenzó a darle pequeños masajes circulares en las sienes, intercalándolos con suaves caricias en el área del entrecejo, bajo hasta la zona de las patillas, acariciando con suavidad el nacimiento y detrás de sus orejas, lentamente fue hasta sus hombros, antes de manipularlos le pidió a Kojiro que se quitara la playera, este hizo caso a la petición del menor, se despojó de la prenda y volvió a recostarse, mientras que el pequeño presionaba sus pulgares en los hombros morenos, el Tigre se fue relajando, pero no caía en los brazos de Morfeo, - Me gustan mucho tus ojos – le comento de pronto a su compañero mientras cerraba los propios entregándose a los mimos que le brindaban las pequeñas manos de Shingo, - Me gustan de las dos formas -, Aoi por un momento se extrañó con el comentario, la sonrisa se borró de su rostro cuando entendió la referencia que el moreno le estaba dando, - Cuando vez algo o a alguien que te agrada, tus ojos brillan, pero ese gesto serio con tu mirada opaca también me es irresistible, simplemente no puedo ignorarlo.

El débil sol de la mañana comenzaba a hacerse presente, ya completamente relajado Hyuga se rodó sobre su lado derecho y abrazo a Shingo por la cadera quedando profundamente dormido; pasaron un par de horas en las que el numero veinte había sido paciente, espero a que su neko ya no respondiera a estímulos externos, se levantó con algo de dificultad, pero eso no le importaba, esa parte oscura de su persona estaba demasiado molesta para ponerse a pensar en el estado de su pierna, ni siquiera se tomó la molestia de ir a buscar las muletas, estas se habían quedado en el estudio. Se dirigió al vestidor para cambiarse, eligió un conjunto deportivo y unas sandalias de calle, abrió completamente el cajón donde tienen acomodadas las corbatas y los pañuelos a juego, metiendo la mano con cuidado hasta atrás, sustrajo el duplicado del juego de llaves de la casa y del Maserati, al salir del vestidor volvió a ver a Hyuga, quería sentirse mal, acongojado, preocupado, pero en ese momento solo podía sentir resentimiento contra los hermanos de Kojiro, él le había hablado tanto de ellos que el choque con la realidad había sido estrepitoso, el par de muchachitos eran unos pendencieros, arrastrados, malagradecidos, no entendía como gente como Tsubasa, Genzo o el mismísimo Munemasa Katagiri hablaban maravillas del gemelo, si tratarlo era como tener un grano inflamado y purulento en el culo, sin embargo recordó que Jun en cierta ocasión le comento que el chico como futbolista tenía el potencial para superar a su hermano mayor, pero que lamentablemente en un partido de exhibición se lesiono la rodilla derecha y tras varias operaciones su lesión sano, la pierna es funcional, pero solo eso, quedo fuera del futbol a nivel competitivo, suspiro con algo de pesar, no quería dar por sentado nada, aún le quedaban por conocer a la señora Akane, la mamá de su gato, a Maki, su hermana y gemela de Tenshi, que en palabras de Ken, ella es el verdadero dolor en el culo, sus hermanos adoptivos, Soshu, ese nombre le dio mala espina, Ryoko, de la misma edad que los gemelos y Washi el más pequeño e inocente de la familia, no quería adelantarse a los hechos ni tampoco confiar plenamente en que eran buenas personas y resultase que también era unos vividores a expensas de su neko.

Salió cautelosamente de la habitación cerrando la puerta con cuidado, se dirigió a la recamara de Tomeya, toco con firmeza un par de ocasiones, quien atendió al llamado fue Lucrecia que abrió con desgano la puerta, se tallaba los ojos mientras soltaba un sonoro bostezo, - ¿Quieres hablar con Akai? – pregunto más dormida que despierta, dejando a Shingo en la entrada, sin cerrar la puerta volvió a la cama, subiéndose sobre su novio le empezó a dar ligeras bofetadas en las mejillas para despertarlo, - Akai, bebe, te buscan – el numero veintitrés al semi despertarse, abrazo a la madre de sus futuros gemelitos, ocultando el rostro entre sus generosos pechos – Lucy, vuelve a dormir – sin embargo su novia volvió a insistirle, - Amor, Aoi te está buscando.

Al escuchar el nombre de su amigo se despabilo un poco, al llegar a la entrada se topó con esa mirada opaca que termino de despertarlo, - ¡Buenos días!, ¿Qué necesitas Aoi? -, fue lo único que dijo, su nerviosismo no lo dejaba actuar de otra forma, - ¡Vistete!, ¡Te espero abajo en el auto! -, ordeno imperativamente el pequeño, emprendiendo el camino hasta las escaleras, - Te doy cinco minutos –, le dijo alzando un poco la voz a la vez que comenzaba a bajar las escaleras, al ir bajando se sintió como la protagonista de esas telenovelas que tanto les gustan a Vinni y sus hermanas, comenzó a prepararse mentalmente para enfrentar el verdadero drama.

El joven Tomeya se vistió rápido, antes de salir le dejo una nota dirigida a su novia en el buro, - Voy a llevar a Aoi a un lugar, sigue durmiendo -, bajo rápidamente las escaleras y salió de la casa a toda prisa, en la entrada estaba estacionado el Maserati Quattroporte de Hyuga, Aoi se encontraba sentado en el asiento trasero viendo algo en su celular, bajo la ventanilla y le dijo, - ¡¿Qué esperas para subirte?!, ¡No quiero perder más tiempo! -, Akai se subió al vehículo, antes de arrancar le pregunto a su compañero a donde iban - ¡A dónde vamos? -, al escuchar la pregunta Shingo dejo el celular de lado y levanto su mirada clavándola en su compañero, el exjugador del Sampdoria sintió un escalofrió que lo hizo voltearse y echar a andar el auto, conforme manejaba sentía la mirada taladrante de lo que él considera, la versión oscura de Aoi Shingo, suspiro pesadamente deseando no haberse levantado de la cama, todo indicaba que la mañana sería muy larga.

Llevaban alrededor de cuarenta minutos dando vueltas por los alrededores, de vez en cuando el pequeño nipón le ordenaba a su compañero que detuviera el auto, cada vez que hacia eso Aoi se bajaba y preguntaba, ya fuese en un negocio o a alguna persona conocida que se topaban en la calle, - ¿Puedo saber que estamos buscando? – Se atrevió a preguntar el número veintitrés de la selección, pero fue ignorado por su compañero que simplemente le dijo – Vamos a la Iglesia de la Santísima Trinidad -, el otro acato la orden, dio vuelta en la siguiente esquina, condujo por varias calles hasta que llegaron a su destino, detuvo el auto frente a la pequeña capilla, - ¿Vas a ir a ver al Padre Santino? - , inquirió el Red Stopper mientras ponía las manos atrás de su cabeza, - Algo así, quédate en el auto, vuelvo en un momento -, bajo del automóvil y camino hasta la entrada principal de la iglesia, las puertas de madera bellamente labradas en tiempos pasados se encontraban abiertas, verifico la hora en su celular, la misa de la mañana ya hacía rato que había acabado, por lo cual, estaba seguro que en el interior había poca gente, entro y se dirigió por uno de los caminos laterales, encontró lo que había estado buscando desde que salió de la casa, sentado en la tercera banca del lado izquierdo, al parecer reflexionando o maldiciendo al mundo, se encontraba Tenshi, procurando hacer el menor ruido se sentó detrás de él, lo observaba con detenimiento, su largo cabello castaño sujeto con una liga descansaba gentilmente en su hombro derecho, fácilmente, a través de su nuca podía notar como se concentraba la tensión en su cuello y hombros, le recordó a su neko y su necesidad imperiosa de tener todo controlado.

Por su parte el gemelo llevaba ahí sentado un par de horas, no era católico, pero el lugar le brindaba el silencio y la tranquilidad que necesitaba, no sabía cómo había llegado hasta ahí, simplemente camino desde que se despertó de esa banca donde se quedó dormido, tampoco manejaba el idioma y no quería comunicarse en inglés, se sintió tan estúpido como cuando se enteró de las infidelidades de Sawada con su hermana, recordar eso lo puso triste, al final de cuentas el hijo de puta de Takeshi se lavó las manos y se largó a Liverpool sin llevarse a ninguno de los dos, decidió pensar en otra cosa, cada vez que volvía a reincidir en acordándose de su ex novio empezaba deprimiéndose y después de dedicarle la mayor parte de su tiempo a pensar en él y en lo que pudiera estar haciendo, terminaba su día siendo el tipo de persona que más le desagrada, una furiosa y amargada con la vida.

Ya estaba cansado de tanta estupidez, no quería ser una mala influencia para su hijo Shun, se había dejado llevar por su, no quería decirlo, admitirlo, el solo pensarlo le hacía sentir nauseas por su propia persona, - ¡Envidia! -, pensó por un instante, una palabra tan simple, pero con un significado tan profundo y destructivo, sin proponérselo se dejó llevar por ese sentimiento tan desagradable que lo había hecho actuar como un idiota avergonzando a su hermano frente a sus amistades, el no tener batería en el celular se convirtió en el pretexto ideal para no comunicarse con sus hermanos, pero sabía que no podía quedarse en ese lugar por mucho tiempo, algo había cambiado en el ambiente, trato de levantarse rápidamente, pero fue sujetado del hombro, antes de que pudiera reaccionar, la voz que escucho a sus espaldas lo sorprendió paralizándolo completamente, - No grites y no hagas movimientos innecesarios

Quería voltear, pero una sensación conocida le decía que no lo hiciera, - ¿Miedo?, ¡¿Acaso tengo miedo de una persona tan bonachona, simple y más bajita como Shingo Aoi?! -, ese pensamiento lo desecho en un instante, él era Tenshi Hyuga, no podía tener miedo de alguien, había sido capitán de la sub-17 de su generación, tomo la responsabilidad de Shun cuando cualquier otro se hubiera hecho a un lado, cuidaba de su madre y de sus hermanos en ausencia de Kojiro, no se compadeció de sí mismo cuando tuvo que dejar el futbol por su lesión en la rodilla, ni siquiera se amedrento con el golpe bajo que le dio ese estúpido asistente de maestro de la Nihon eiga daigaku (Universidad Japonesa de Cinematografía), porque habría de temer ahora, lentamente camino hacia el pasillo, Shingo seguía sin soltarle, no ejercía presión pero no lo dejaba libre, al llegar al final trato de zafarse del agarre del más pequeño, haciendo uso de sus conocimientos de defensa personal impartidos por Ken, trato de liberarse tratando de darle un talonazo en donde cayera, si le atinaba a la entrepierna mejor, pero su golpe fue neutralizado por la mano de su oponente que lo tomo del tobillo, ahora si estaba jodido, el enano de Aoi lo tenía en sus manos, - Anata wa aniki to shite orokadesu (Eres necio como tu hermano mayor) -, le escucho decir mientras suavizaba el agarre liberándolo, en respuesta Tenshi lo encaro molesto, - ¿Qué haces aquí?, ¿Dónde está Kojiro?

- Decidí perder mi tiempo buscándote -, la respuesta del pequeño nipón a sus cuestionamientos fue muy cruda e incómoda, nada que ver con la personalidad dicharachera y algo bobalicona de Shingo, este Aoi era diferente, lo opuesto, tenía curiosidad, mucha curiosidad, demasiada para su gusto, uno de los tantos males de la familia Hyuga se había activado y no estaría a gusto hasta saber el porqué, pero no quería quedarse a descubrir lo que había pasado, simplemente no deseaba ser dizque salvado por ese sujeto, por lo que intento irse de ese lugar que de pacifico paso a ser estresante, trato de irse, el otro le cerró el paso, forcejearon uno por pasar y el otro por contener su avance, en un rápido movimiento el numero veinte de la selección lo sujeto de la nuca con los dedos pulgar, índice y medio de su mano, lentamente ejerció una presión que se volvió punzante a lo largo de su columna, colapsando su cerebro con tantas sensaciones, quedando imposibilitado para pensar en una escapatoria.

El bajito jugador comenzó a caminar, sus pasos eran firmes, determinados, no se notaba para nada que estaba lesionado, por su parte Tenshi seguía con el torso flexionado, se sentía como un perro al que lo sujetaban del collar y lo llevaban a rastras para encerrarlo en alguna jaula porque le había mordido la mano al que le daba de comer, la imagen de su hermano consolándolo o cuidándolo cuando eran pequeños se dibujó en su cabeza, sin proponérselo su visión se volvió algo borrosa, sus ojos comenzaron a aguarse, apretó los puños desesperado, no le daría el gusto a nadie, mucho menos a ese vividor de Aoi Shingo, de verlo derrotado, al llegar al umbral de la puerta principal trato de aferrarse al marco de madera, pero el mediocampista le dio un fuerte jalón que lo hizo caer sobre sus rodillas, - Las bestias como tú solo obedecen de una forma -, murmuro Aoi quedamente, helando su sangre, la poca gente que los observaba desde el interior de la capilla, no hizo ni el intento de meterse, la mayoría daba por sentado que eran hermanos, que el mayor disciplinaba a un rebelde hermano menor.

Ejerció más presión sobre el mismo punto, obligándolo a caminar hasta el Maserati, Akai que estaba muy entretenido con su celular, sintió la presión de la mirada de su compañero de equipo, despego la vista del pequeño aparato y miro en dirección a su derecha, - ¡Kuso! (¡Mierda!), ¡Kuso!, (¡Mierda!) ¡Kuso! (¡Mierda!) -, exclamo mientras se bajaba del auto y abría la puerta del asiento trasero del lado del copiloto, se sintió como en esas historias de yakuzas que solía contarle la mayor de sus cinco hermanas, - Enciende el auto –, ordeno Aoi mientras lanzaba al hermano menor de su neko al interior del automovil, mientras que el gemelo se sobaba la parte afectada y trataba de ubicarse, el pequeño japonés le dijo a su "sābanto" ("sirviente"), - Conduce, yo te diré cuando te detengas -, acatando la orden, el número veintitrés echó a andar el vehículo, perdiéndose entre las calles de la Zona Siete de Milán.

Tokio, Japón

Se encontraba en el baño de arriba despojándose de su ropa estropeada por el agua de jamaica, echo una vista general a la habitación, nada ostentosa sino más bien minimalista, cuyo efecto era invitar a la reflexión mientras se purifica el cuerpo, hasta ahora solo conocía a tres miembros de la familia de su adorado tormento, Washi, Ryoko y Kojiro, a este último era al que mejor conocía debido a la relación laboral y de amistad que sostiene con su hermano mayor, incluso cuando era pequeño lo llego a cuidar en varias ocasiones, mientras enjabonaba su pecho y abdomen un enterrado recuerdo encontró la manera de sobresalir y clavarse en su cabeza, él y Kokoro tomados de las manos, corrían riéndose mientras que dos niñas igualitas de cabello castaño los perseguían tratando de separarlos.

Al salir de la ducha un nuevo cambio completo de ropa se encontraba doblado en una silla, mientras se vestía estuvo pensativo acerca de ese pensamiento que se le vino a la cabeza, realmente nunca se había puesto a pensar desde cuando conoce a Kokoro, siempre supuso que lo conocía desde el primer encuentro que sostuvieron en la primaria, pero ahora con ese pensamiento tenía la duda, tal vez lo conocía desde mucho antes, Kojiro en muchas ocasiones lo cuido y está casi seguro de que es verdad porque recuerda claramente a su hermano siempre lo llevaba en el tren bala hasta Saitama, de ahí se iba a quien sabe dónde y lo dejaba bajo su cuidado hasta que regresaba por él.

Bajo a la sala con más interrogantes que respuestas, Satoru, Washi y Ryoko se encontraban junto al ventanal abierto de par en par dando una excelente vista al jardín, estaban sentados en el fresco piso comiendo fruta, - ¿Se siente cómodo con la ropa Ozora-san? -, pregunto el jovencito albino mientras colocaba un cojín junto a Satoru invitándolo a sentarse con ellos, - Si muchas gracias –, continuaron charlando de futbol, películas y música de moda hasta que comenzó a caer la noche, - Ya es tarde, creo que es hora de irnos -, declaro Satoru levantándose de su asiento seguido por su mejor amigo, sin embargo Washi los detuvo, - ¿Por qué no se quedan a cenar con nosotros? – los dos adolescentes se miraron entre si y aceptaron el ofrecimiento del menor.

- ¿Quieren que los ayudemos a cocinar? -, pregunto Daichi, sin embargo tanto Washi como Ryoko bajaron la cabeza un poco avergonzados, ya que ninguno de los dos se ha preocupado alguna vez por aprender a cocinar, Satoru rio a carcajada limpia sintiéndose identificado, él tampoco sabe cocinar, el que le prepara las comidas es Mamoru y si él no puede lo hace Kisugi, el amor de toda la vida de su hermano mayor, - ¿Alguna sugerencia para pedir comida en algún lado? -, pregunto Ryoko a sus invitados, a lo que el joven Izawa respondió, - Aquí en Tokio hay un restaurante de comida coreana que es delicioso -, al mayor se le hizo agua la boca con la descripción de los platillos que vendía dicho establecimiento, por lo que saco su celular para pedir por la aplicación, al desplegarla en la pantalla salto el anuncio de que estaba desactivada momentáneamente porque no contaban con servicio de entregas, sin pensar más que en sus estómagos rugientes y la rica comida coreana, los tres atenidos a que les cocinen salieron de la casa, subiéndose al auto y yendo directamente a comprar la comida al local, abandonando a Daichi en la casa.

Viéndose completamente solo, el adolescente comenzó a caminar por la sala, sucumbiendo a su curiosidad dio una ojeada a las fotos familiares, de entre todas había una que llamo mucho su atención, era una fotografía algo vieja, los colores la delataban, sentado en un banquillo se encontraba un hombre muy parecido a Kokoro, grande, fuerte, rasgos bien definidos, vestía un yukata de color oscuro, con sus morenos brazos tenia rodeados a dos niñas castañas igualitas, mientras que junto a ellos estaba un chiquillo moreno más grande llorando por lo que parece a grito pelado porque no quiere compartir a su papá, la amplia sonrisa del hombre y sus ojos color miel le recordaron tanto al chico que le gusta, llegando a pensar si estaría así de guapo cuando tuviera esa edad.

Un ruido proveniente de la entrada lo alerto, por lo que regreso al cojín donde se sentaba y observo detenidamente la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, entrando por el pasillo llego una joven mayor que Kokoro, caminando descalza, traía en su mano derecha unos tacones de diez centímetros y en la izquierda una bolsa de material reciclado de una conocida tienda de conveniencia, camino directamente hasta el sofá donde se dejó caer fastidiada por la jornada laboral, como no estaban su madre, ni Tenshi y mucho menos Kojiro, levanto sus largas piernas para descansar los pies en la mesita de centro mientras soltaba un largo y sonoro bostezo, pasados unos minutos en los que Daichi no dijo nada, la chica bajo los pies de la mesita, levanto un poco la falda del minivestido negro que traía puesto y comenzó a desabrochar las medias de los sujetadores del liguero, quito la delicada prenda revelando unas bronceadas y bien torneadas piernas, posteriormente hurgo en la bolsa sacando un six jumbo de cerveza.

Abrió la primera lata y se la empino de un solo envión, el joven Ozora solo veía los movimientos de garganta de la chica, - ¡Que rico! -, exclamo la muchacha mientras abría una segunda lata repitiendo la operación, el hermano menor de Tsubasa no sabía qué hacer, se sentía como en una película de aventuras, "la escena en la cual, el intrépido protagonista entra en una cueva oscura y se topa con la extraña criatura que está alimentándose", estaba pensando tonterías hasta que ikimono (criatura) le hablo, - ¿Piensas quedarte ahí toda la noche? -, pregunto Maki, la gemela de Tenshi, mientras abría un bento que compro en la tienda de conveniencia, el muchacho se acercó lentamente como si se tratara de la mujer de algún mafioso, una vez que estuvo frente a ella con la mesita de centro de por medio, la hermana de Kojiro levanto la vista para verle mejor, sin reparo lo peino con la mirada de arriba abajo, poniendo principal énfasis de su escaneo en las manos del chico, - ¡Las tienes chiquitas! -, dijo al aire sin tapujos, pero antes de que se malentendiera su comentario ella lo aclaro, - Me refiero a tus manos, no son tan grandes como las de tu hermano, o las de Genzo, o las de Kojiro, ¡aunque son lindas y al parecer suaves!

En respuesta el adolescente se ruborizo desviando la mirada, - Mā, mā, anata wa totemo kawaīdesu! (¡Vaya, vaya, sí que lindo eres!), Dakara, jibun demo tabetaku naru! (¡Así hasta dan ganas de comerte!) -, el muchacho cada vez estaba más avergonzado, nunca en lo que lleva de vida una chica le dijo que era lindo y mucho menos comible, además no sabía bien a bien quien era, pero su cara se le hacía conocida, - ¿Usted es? -, pregunto titubeante el jovencito, - No nos han presentado, verdad -, comenzó a decir ella para presentarse a sí misma, - Hyuga Maki, hermana mayor de Koko-baka -, el chico la miro con curiosidad preguntando, - ¿Koko-baka?

- No me digas, ¿Qué no te has dado cuenta de que es medio tonto, bocón y engreído? -, Daichi la observaba sin decir algo a favor o en contra, ya que la descripción del moreno socarrón era por demás exacta, - ¿Usted, sabe quién soy? -, se animó el joven Ozora a preguntar mientras se sentaba en el piso esperando una respuesta, - ¡Claro!, eres Daichi el hermano menor de Tsubasa, por cierto como está tu hermano, ¿ya le creció la familia?, al chico le entro la curiosidad por saber de dónde conocía a su hermano, si Tsubasa nunca habla de eso, - ¿Puedo saber de dónde conoce a Tsubasa?

- Bueno, a Tsubasa lo conozco desde la primaria, como tú ya lo sabes, él es amigo de Kojiro, aparte hubo un tiempo en que te dejaba encargado con mi hermano cuando vivíamos en Saitama y se iba a entrenar, o al menos eso era lo que él y Kojiro le decían a todo el que preguntaba -, Maki lo miro divertida, el pequeño Daichi comenzaba a pensar, por lo que ella rio captando la atención del muchacho, - Yo también he pensado mal, no me consta, no tengo pruebas pero tampoco dudas de que se iba de cabrón por ahí como la mayoría de los chicos de su edad, aparte tenía quince años, las hormonas alteradas y se juntaba con Kojiro y varios de la selección que en aquel tiempo eran bien pirujos -, Las palabras de la chica lo sorprendieron bastante, pero nada le podía asegurar que lo que esa mujer decía era verdad, - ¿no me crees? -, lanzo ella mientras le abría una lata de refresco y le entregaba un bento, - ¿o quieres una cerveza? -, pregunto preocupada por atender bien al invitado de la casa.

- No tomo -, contesto desconcertado mientras abría el bento y comenzaba a comer, por su parte la chica se levantó y le dijo, - Anda come, yo voy a ponerme algo más cómodo, - tomo sus cosas y subió rápido las escaleras, se puso un pijama para estar más cómoda y se fue al ático a hurgar en las cosas de su hermano mayor, movió unas cuantas cajas hasta que dio con la famosa mochila negra, saco algunas cosas hasta que lo encontró, agarro uno de los diarios que Kojiro llevo cuando curso la secundaria y el instituto, cada tomo está fechado por año y en la contratapa está pegado un sobre cuyo contenido son en su mayoría fotografías, que era lo que a ella le interesaba, busco la que le concernía ignorando las demás, al tenerla volvió a acomodar todo lo que había movido y bajo con el chico Ozora.

Daichi seguía comiendo el bento cuando la hermana de su interés amoroso le entrego una fotografía en la que salían Washi, él y Kokoro sentados en las piernas de los gemelos y de Ryoko, el chico tomo la foto observándola con detenimiento, se reconoció a sí mismo, a Washi, a Ryoko, a Kokoro, pero no supo decir cuál de lo que él pensaba eran gemelas era la chica que estaba a su lado, - Esta soy yo, le dijo señalándose a sí misma, este es Tenshi nuestro otro hermano -, al terminar de hablar Maki, Daichi se disculpó, ya que él siempre pensó que el de los avellanados ojos era mujer, sin embargo ella hizo un ademan con la mano para tranquilizarlo.

- Ok entiendo, Kojiro me cuidaba a veces, pero eso no me dice cómo es que usted tiene tantas confianzas con mi hermano -, alego el adolescente viéndola fijamente a la cara, a lo que ella sin más y preparada para más preguntas le mostro otra fotografía, él la tomo entre sus manos y se sorprendió, en la foto salía su hermano en el centro rodeado de un grupo de chicas, todos traían puesto el conjunto deportivo del seleccionado nacional, en el reverso de la foto veía la fecha de cuatro años atrás y una leyenda, "¡Luchen con todo!, ¡Son un equipo!, ¡Nos vemos en el podio!"

- ¡¿Fue seleccionada nacional?! -, pregunto sorprendido nunca se esperó que la chica que tenía en frente bebiendo cerveza como un camionero fuera seleccionada nacional, - ¿Qué evento fue? -, ella lo miro y se percató de que no se sentía incomoda como con otras personas, suspiro, tal vez ya era hora de hablar un poco con alguien -, Fui seleccionada para representar a Japón en volleyball durante un evento deportivo celebrado en Seul, nuestra selección coincidió en el hotel con la de futbol masculino, fue durante nuestra estancia que conocí a varias de las vacas sagradas y pues pese a las amenazas de Kojiro me hice amiga de algunos, entre ellos tu hermano.

- No parece que practiques deporte – le hizo él el comentario sin esperar la respuesta que le dio, - Ya no lo práctico, lo deje hace tres años -, iban a seguir platicando cuando se escucharon las voces de los tres ausentes, ella delicadamente le quito las fotos de las manos a su acompañante y le hizo la señal de que guardara silencio, ya hablarían en otra ocasión; cuando los otros entraron a la casa se toparon con que Maki que había invitado a Daichi a cenar mientras veían en la pantalla la famosa versión extendida de la última película de la superestrella de cine de acción oriental T. T. Kendo, en la cual participa encarnando al villano, el mismísimo Karate Keeper, sin embargo para Maki el mejor amigo de su hermano mayor, el eterno portero segundón, no puede ser otra cosa que kanpekina baka (perfecto idiota).

- Te doy un six de cerveza si me das comida coreana -, extendió la oferta Maki a su hermano adoptivo, sin pensárselo mucho Ryoko le entrego la caja y ella le dio las seis latas de cerveza, los cinco jóvenes se pusieron a cenar mientras veían la película, repetían escenas, le ponían pausa y se reían de las ocurrencias de Ryoko, así como también le ponían atención cuando revelaba los secretos del cine, ya que él al igual que Tenshi entro a estudiar en la Nihon eiga daigaku (Universidad Japonesa de Cinematografía), pasaron más horas y los dos jovencitos de Shizuoka no se retiraban, tan a gusto estaban que se olvidaron de avisar en sus casas, el teléfono de Satoru comenzó a sonar, al ver la pantalla de plasma el color se le fue del rostro, no era su hermano Mamoru el que le hablaba sino su cuñado Teppei Kisugi el verdadero terror en la casa, - ¡Bueno! -, hablo titubeante el muchacho, mas no se esperó que Maki le quitara el teléfono, - Hola Kisugi-san, habla Maki, la hermana de Kojiro, ¿Cómo estás? -, la chica inicio una conversación que duro al menos cuarenta minutos, en los cuales hablaron de todo un poco, con dicha acción la castaña le demostró a Daichi que realmente conocía a varios de los integrantes de la actual selección mayor.