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Bye, bye Mars
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La tormenta apenas le dejaba tener un poco de visibilidad. Por las sacudidas que sentía dentro del jeep militarizado se imaginaba que afuera las ráfagas de viento eran fuertes, apretaba las manos sobre su regazo tratando de controlar el nerviosismo que se acrecentaba dentro de su cuerpo a cada minuto que se acercaba a su destino. Escuchaba al teniente que manejaba comunicarse con la central de comando, y luego de intercambiar algunas palabras con la persona del otro lado desacelero y la miró por el retrovisor.
- Tendremos que detenernos unos minutos comandante, la tormenta arreciará más adelante y uno no quiere estar en movimiento cuando las cosas se ponen así - bromeo tratando de mantener una conversación cordial con ella
Lisa Hayes apenas hizo un gesto en señal de asentimiento, suspiró profundamente y cerro los ojos mientras escuchaba como el jeep atrancaba los soportes de seguridad bajo el suelo, los aullidos del viento combinados con el sonido áspero de la arena los envolvía provocándole un escalofrío, su vida en los últimos diez meses había dado un giro de ciento ochenta grados. En instantes se sentía como si estuviera viviendo otra vida, en un abrir y cerrar de ojos una guerra intergaláctica los había envuelto, de una mañana a otra ya no estuvo cumpliendo con actividades protocolarias y de rutina, sino dirigiendo a cientos de pilotos que defendían ferozmente a los casi ochenta mil civiles que viajaban a bordo del Sdf1 y aun con lo vivido en las ultimas semanas nada se comparaba con la ansiedad y nerviosismo que sentía en ese momento.
Luego de poco menos de una hora, el teniente encendió el jeep para retomar el camino, ya podía ver a través de la ventana, pero eso no ayudaba en nada, no tenía idea donde estaba, se dirigía a la base militar más oculta de toda la RDF.
Bajó del vehículo y se dirigió hacia el oficial que se encargaba de revisar la documentación que la acreditaba para poder ingresar, ella con un gesto frío pero amable le extendió su identificación militar, el soldado que al principio se notaba desinteresado y un tanto prepotente, levantó las cejas y cambio su actitud cuando leyó el nombre impreso en la credencial - Estábamos esperando su llegada Comandante Hayes - hizo un gesto para que la siguiera hacia el escáner de seguridad - Disculpe, pero es obligatorio que todos pasen
- Entiendo el protocolo Teniente - respondió fría dejando la pequeña bolsa que llevaba en la rampa para después levantar los brazos y pasar por el escáner
- Gracias Comandante, a partir de aquí el Teniente Loui la llevara hacia la base
Suspiro fastidiada y se metió en otro pequeño vehículo que la llevaría hasta la oficina central. Accesar a la base era un proceso largo y algo fastidioso para los visitantes, además de cumplir con decenas de protocolos de seguridad al llegar a lo que era el acceso principal había que introducirse a una especie de elevador gigantesco que los llevaría varios cientos de metros por debajo de la Tierra; una vez en el fondo, parecía que se llegaba a otro mundo.
El complejo era gigantesco, estructurado, planeado y diseñado para poder conectar todos los puntos de forma rápida en caso de algún ataque. La tecnología se notaba a la vista, todo en aquella base era el punto de partida para el desarrollo robotecnológico de la RDF, el sello personal de quien la dirigía se notaba.
Acomodo su camisa cuando el vehículo se detuvo frente a lo que parecía ser el edificio principal, respiró profundo, tomó su pequeño bolso y fue recibida por el oficial a cargo que le ofreció una mano a manera de cortesía para ayudarla a bajar
Bienvenida a la Base Sarah Comandante Hayes, el General, Riber la espera.
Lisa Hayes tragó saliva.
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Seis horas antes Lisa Hayes había sentido un hueco en el estómago cuando el Capitán Gloval le informó que había solicitado apoyo de la base Sarah para pedir combustible y armamento que les ayudara en la difícil tarea de regresar a la Tierra con la flota zentraedi pegada a los talones. Eficiente como siempre ignoró los sentimientos que le provocaba saber que su vida se cruzaría nuevamente y de forma casi accidental con Karl, acató las ordenes y todos los procedimientos necesarios para iniciar el descenso del Sdf1 hacia Marte, sentía las manos temblorosas, y podía percibir la mirada preocupada de su mejor amiga que la observaba de reojo tratando de adivinar que pasaba por su mente.
Solo pocas personas sabían sobre su vida privada, Claudia y Roy sabían de su tema con Karl y por la forma en que el Capitán Gloval la miró cuando informó sobre el descenso en Marte sospecho que quizá el también conocía algo sobre su "relación" con Riber, después de todo él se había convertido en los últimos diez años en uno de los militares de mayor rango dentro de la RDF.
Salió del puente luego del aterrizaje, necesitaba aire y sobre todo necesitaba un poco de soledad. Dentro del baño enjuago su rostro con agua fría y pensó en Karl, intentó calcular cuanto tiempo había pasado desde la última vez que se habían visto y sintió cierta tristeza al darse cuenta que ya no lo recordaba, había pasado tanto tiempo, tantas cosas, que sentía que todo aquello era parte de otra vida.
Aquí estás - Claudia entró al baño con el rostro preocupado
Lisa se encogió de hombros - No estoy tan mal - afirmo con cierta resignación - Ha pasado tanto tiempo que no se como definir mis sentimientos hacia el
- Solicitó una reunión contigo - informó Claudia provocando que a Lisa se le detuviera el corazón - El Capitán Gloval recibió la orden unos minutos después de que saliste del puente, vendrán por ti en una hora - la reacción nerviosa y preocupada de Lisa fue evidente para Claudia - Puedes negarte - sugirió - después de tanto tiempo el no tiene ningún derecho de exigir nada
- Es mi oficial superior - respondió taciturna - antes de cualquier aspecto personal esta mi deber militar
Respiro profundamente y le dio un abrazo fugaz a Claudia antes de salir de baño dispuesta a enfrentarse a quien había sido el amor más importante de su vida.
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El trayecto hacia la oficina de Riber le pareció eterno; caminaba en silencio detrás del oficial que la escoltaba y que le hacía preguntas amables que ella no podía contestar con más que monosílabos, su mente estaba en otro lado, su corazón palpitaba tan fuerte y tan rápido que estaba segura que el oficial podía escucharlo. Sus manos empezaron a temblar cuando llegaron a la oficina privada de Riber y fue anunciada su llegada. Con suma cortesía el oficial le cedió el paso, ella con la garganta seca entraba y escuchaba como cerraban la puerta a sus espaldas, y a unos metros frente a ella la esperaba Karl Riber, su prometido.
Karl Riber era un caso extraño. Él era ejemplo perfecto de que una cosa es lo que se planea y otra cosa es lo que la vida te resulta. Había huido de la Tierra cuando la guerra Global estalló hacia más de una década, de formación científica en su juventud fue un pacifista empedernido, su entrada a la milicia fue una exigencia de su padre y aun dentro de aquel ambiente bélico se las arregló para encontrar un nicho en el que estuviera alejando de cualquier forma de violencia. Inteligente y con una capacidad de investigación científica no tardó en entrar a programas de robotecnología.
Siempre fue taciturno, de personalidad romántica, prefería la buena lectura a una juerga de militares en el barrio rojo de la ciudad. Enfocado en los avances de sus programas de investigación pasó la mayor parte de su entrenamiento básico con unos pocos amigos y sin ningún interés en tener relaciones con las cadetes de su generación, hasta aquel día en que se graduaba y la vio por primera vez entre los nuevos cadetes que ingresaban a la RDF.
No sabía si fue amor a primera vista, pero desde ese instante en que se cruzo con la mirada esmeralda de Lisa no pudo mantenerse alejado. Tuvo la suerte de que ella lo amara con la misma intensidad que él, durante el tiempo en que estuvieron juntos se entregaron completamente a un amor que parecía querer consumirlos y que se vió menguado cuando la guerra estalló y el decidió exiliarse a Marte. Había sido una decisión que contrapuso dos cosas sumamente importantes en su vida, su necesidad de no faltar a sus principios pacifistas y abandonar a la mujer que más amaba. Le prometio todo, prometio regresar por ella, prometió que su escape hacia Marte valdría la pena y lo cumplió.
Nada fue como se esperaba, Riber llegó a la base Sarah con la actitud de hacer cumplir sus promesas, de demostrar al padre de Lisa que no era el cobarde que el afirmaba, y apenas llegó al ambiente hostil marciano decidió cambiar lo que encontró a su llegada; condiciones sumamente difíciles para los soldados que fueron sido exiliados por alguna causa personal por militares influyentes, su historia con Donald Hayes parecía ser una entre muchas. Riber era una persona sumamente inteligente y después de meses de búsqueda logro encontrar un mineral que pudo convertir en un combustible mucho más eficiente que el petróleo que todos los gobiernos en la Tierra peleaban.
Cuando la RDF puso atención en Marte, Riber ya se había hecho de una base militar autosuficiente con tecnología desarrollada para propósitos bélicos, nadie mejor que el sabía que la RDF era una institución deseosa de poder y protección, y la base Sarah era justo lo que necesitaban, más aun luego de los sucesos de isla Macross. Karl pudo vislumbrar que Marte se convertiría en la primera defensa de la Tierra y que bajó su mando tendría a la RDF sobre la palma de su mano.
La última vez que se vieron fue unas semanas después de que el Sdf1 se estrellara en la Isla Macross. Lisa había viajado del norte del país hacia la isla para encontrarse con un Karl Riber diferente al que había dejado ir unos años atrás cuando partió hacia Marte. El amor mutuo pareció intacto, sin embargo la perspectiva y la filosofía de vida de él habían cambiado notablemente, pasó de ser un pacifista aguerrido, a un militar en potencia. Aquella única noche que pasaron juntos, el refrendó su promesa de amarla para siempre con un anilló de compromiso que le entregó acompañado de una propuesta de matrimonio que Lisa Hayes aceptó sin dudas - Espérame por favor - le pidió cuando se despidieron y ella con toda la fé respondió un sí que en ese instante le tatuó el alma para siempre.
Habían pasado casi cinco años desde aquel momento y mientras Lisa Hayes dudaba repetidamente sobre si sus promesas seguían en pie y se debatía sobre la extraña atracción que sentía por el insubordinado piloto Rick Hunter; Karl Riber estuvo siempre seguro de que todo lo que había hecho había sido por ella, y mientras la esperaba en su oficina estaba seguro de que sus vidas por fin se cruzaría de nuevo y que a partir de ese momento jamás la dejaría ir. Estaba listo para convertir a Lisa en la señora Riber.
Se puso de pié cuando escuchó los golpes en la puerta, respiró profundamente y caminó a pasos grandes hasta la pequeña estancia para poder recibirla. Se ajusto el saco y por unos instantes sintió temor de que ella ya hubiera olvidado sus promesas, sacudió el temor rápidamente de su cabeza y se convenció de que Lisa era una mujer de palabra, su amor había sido real y aun con la distancia y el tiempo sus sentimientos seguirían vivos y fuertes.
Abrió la puerta para dejarla pasar, y el cambio de los años se notaba, estaba mucho más hermosa, caminó con el semblante sereno, orgulloso y elegante de la familia Hayes, con una fortaleza y educación militar evidente se cuadró frente a el sin dejar que ningún sentimiento personal se antepusiera a su deber militar.
La observó detenidamente mientras respondía a la venia militar, la joven cadete con la que se comprometió había desaparecido, frente a él estaba una Lisa Hayes imponente, que representaba con orgullo su rango y al Sdf1 como primer oficial. Extendió su brazo y tomó su mano fría para atraerla y ofrecerle asiento en el pequeño loveseat.
Lisa tuvo que hacer uso de todo su auto control, estaba segura que él había notado el temblor y el sudor frió en sus manos, sus emociones estaban hechas remolino, su corazón parecía haber revivido en el instante en que sus miradas se reconocieron, ahí a solo unos metros de ella estaba su prometido Karl Riber mirándola de una forma tan profunda que hizo que un fuerte rubor asomara a su rostro.
Era tan diferente a lo que ella recordaba. Nada quedaba del joven científico del que se enamoró una década atrás. Frente a ella estaba un hombre de complexión fuerte, con un semblante tan imponente que en segundos le recordó a su padre. Llevaba una espesa y larga barba que endurecía las facciones de su rostro, su cabello corto estaba tintado por canas esporádicas que combinadas con el negro de su uniforme le cargaba unos pocos años más de los que realmente tenia. No supo hacer otra cosa que saludarlo como el reglamento militar establecía, con una venia pulcra que él contestó mientras la miraba profundamente desde sus ojos azules. Segundos después Karl cruzó la estancia para tomarla de su mano y llevarla hasta el pequeño loveseat de la estancia en donde el se sentó primero para después atraerla por la cintura y sentarla sobre su regazo para poder así envolver sus brazos alrededor de su cuerpo y poner inhalar profundamente el aroma de su cuerpo, el contacto la desarmo,empezó a derramar lagrimas silenciosas por vivir un instante que muchos noches había soñado.
Fue incapaz de decir una sola palabra, se dejó abrazar por Karl que enterraba su rostro en su cuello mientras ella acariciaba tiernamente su cabeza tratando de controlar los sentimientos desbordantes.
- No tienes idea lo mucho que deseaba este momento - la voz de Karl estaba cargada de culpa y arrepentimiento - Me has hecho mucha falta Lizzie
Lisa después de esos primeros momentos catárticos logró calmar sus sentimientos, consciente de todo lo que los separó pareció entrar en un momento de resignación - Unos años más y ya no te hubiera reconocido - respondió ella rozando curiosa las insignias de su rango en su saco militar
- Sigo siendo el mismo hombre que se enamoró de ti y que te prometió darte la vida que mereces - respondió satisfecho por todo lo que había logrado en la base Sarah - Mi amor por ti sigue intacto - confirmó tomando su rostro para poder besarla de una forma tan feroz que hizo que ella tuviera que romper el contacto para poder tomar aire
Lisa respiro profundamente y trato de hacer sus sentimientos a un lado, su puesto le demandaba darle prioridad a su deber militar - Gracias por responder a nuestra solicitud de apoyo - dijo sincera - Sin tu ayuda regresar a la Tierra sería algo imposible
- Recibirán suficiente combustible y suministros médicos - afirmó sincero - si tienes alguna lista con provisiones más detalladas me encargaré de que se surta en su totalidad
- Necesitamos armamento, luchar con los zentraedi nos ha dejado en el límite de nuestras reservas y aunque hemos solicitado repetidamente apoyo a la RDF no hemos tenido suerte
- La RDF nunca les responderá - de forma gentil tomó a Lisa por la cintura y la hizo sentarse a su lado para poder hablar de lo necesario - La nave en la que viajas no es una prioridad para la RDF ni para el GTU
- Estamos aquí - contestó Lisa como si eso refrendara el respeto que sentía por la institución a la que le debía su rango
- No por que la RDF lo haya solicitado o autorizado, el Sdf1 esta en la base por que yo así lo decidí, asumiré mi responsabilidad y consecuencias
Lisa se sintió defraudada, pensar en que a su padre no le interesaba el destino de todos los civiles a bordo o el de su propia hija era algo que le molestaba en lo profundo - Parece que estamos solos en la guerra contra los zentraedis -
- La situación con los zentraedis es más compleja de lo que piensas - acotó pensativo - por alguna razón que no termino de comprender ellos quieren la nave, y quizá nos ahorraríamos muchísimos conflictos si se decidiera entregarla
Casi de forma automática Lisa sintió como si su vida y la de todos los que estaban atados al destino de la nave valiera nada - ¿Como puedes decir eso?¿y que pasa con la gente a bordo, los oficiales? Todos los que hemos hecho hasta lo imposible por mantenernos con vida -
Todos tus reclamos son validos - aseguró tratando de contener la discusión que parecía venírseles encima - Créeme que desde que esa nave se estrelló en el pacifico no he parado de analizar e investigar en qué estamos metidos - tomó su mano y la sintió renuente - Quienes construyeron esa nave tienen mucho poder bélico; estamos pisando un terreno muy peligro Lizzie y tu mejor que nadie sabes que las decisiones no siempre las toman los mejores oficiales, la política y la milicia ya no tienen limites definidos
- ¿Entonces? - preguntó llena de temor y de desilusión por considerar que toda su lucha fuera en vano - ¿tenemos que aceptar la derrota y esperar a que ellos nos maten?
Karl Riber tomó con fuerza la mano de ella buscando su mirada de una forma feroz - Jamás permitiré que algo te pase Liz, créeme cuando te digo que mientras yo esté vivo la base Sarah hará todo para poder protegerte a ti y a la Tierra -
Lagrimas nuevamente agolparon los ojos de Lisa, el sentimiento de derrota siempre estaba presente y aunque la posibilidad de ganar la guerra a veces se sentía mínima ella trataba de mantenerse llena de fé, tenía que hacerlo por ella, por los civiles que cuidaban, por los pilotos que lideraba en cada batalla.
Sus lágrimas fueron borradas gentilmente por Karl - ¿Podemos dejar de lado por unas horas nuestras obligaciones militares y concentrarnos en que estamos juntos de nuevo? - Karl no fue indiferente a la ambivalencia repentina de ella, estaba consciente de que cinco años los separaban y que regresar a lo que tuvieron antes de la guerra no sería algo fácil - ¿Aceptarías comer conmigo?
- No se si tengo tiempo suficiente - contestó algo renuente
- El abastecimiento durará al menos dieciocho horas, tenemos tiempo suficiente si tu lo deseas
- ¿Aun recuerdas mi comida favorita?
- Ya la mandé pedir, cuando lleguemos a mi camarote estará lista - contestó con una sonrisa triunfante.
Karl se puso de pie, caminó hasta su escritorio para hablar con quien ella suponía era su asistente, dio unas indicaciones y después colgó, tomó su gorro reglamentario y la tomó por la cintura para cederle el paso. Mientras caminaban Lisa trataba de comprender la disposición del edificio principal, aunque era gigantesco parecía estar diseñado en una sola estructura, todos los pasillos se conectaban unos con otros, había pisos arriba y debajo de ellos y las áreas estaban bien limitadas, hangares, oficinas de control, cafetería, y finalmente residencias. De alguna manera le recordaba al Sdf1.
- Pensé que vivirías en algún barrio militar - comentó un tanto sorprendida cuando llegaron a su camarote
- Me gusta estar cerca de la central de operaciones por cualquier eventualidad
El camarote era sencillo, de gustos simples Karl siempre había preferido lo austero, en la pequeña estancia había un comedor para dos personas donde yacían bolsas de comida para llevar, se acercó y sonrió - hace años que no como un Beef Wellington -
- La mayoría de nuestra comida es congelada, pero hemos logrado adquirir variedad para todo el personal de la base, me empecine en encontrar un proveedor de comida inglesa por que siempre que la comía me recordaba nuestros almuerzos en tu día de descanso en la academia
- Esos recuerdos parecen de otra vida - intentó tomar la silla para sentarse, sin embargo Karl se le adelanto, jaló el respaldo y le ofreció asiento- ¿no se te ha quitado tu obsesión por los modales? - bromeo sentándose
- Un caballero siempre será un caballero - bromeo yendo hacia la cocina de donde regreso con dos botellas de agua mineral
Lisa sintió cierta culpabilidad de estar disfrutando aquella comida cuando todos sus compañeros de servicio se encontraban trabajando en sus deberes, la licencia de ese día no la había tenido que pedir ya que la orden para abandonar la nave había provenido de un oficial superior, el conflicto de interés no la dejaba disfrutar de los bocados que se llevaba a la boca mientras Karl la observa con diversión adivinando el conflicto interno que sabía ella estaba teniendo. Dejó el plato a la mitad, la verdad era que no estaba disfrutando aquel momento - ¿pasa algo? -
- Esto no esta bien - confirmó - no puedo ni debo olvidar la situación que estamos viviendo. Decidida se puso de pie con la firme intención de abandonar el camarote y regresa a donde era su lugar; el Sdf1 - Perdóname Karl pero no podemos pretender que no existen cinco años que nos separan y más aún, que hay una guerra que nos acecha allá afuera
Ese día estaba resultando ser algo totalmente inesperado, estaba en Marte, con Karl Riber besándola de forma seductora y ella no lograba mantener suficiente autocontrol para detener aquel momento. Posó sus manos en el pecho de Karl con la intención de ganar espacio y tiempo para pensar en lo que venia si decidía continuar; el siendo siempre un caballero respetó la duda y la miro a los ojos - No te obligaré a nada -
Lisa llevo su mano hacia el rostro de Karl, recorrió con sus dedos su mejilla, sus labios, la textura de su espesa barba le parecía sumamente seductora, pero dudaba si aquello era correcto en ese momento de sus vidas. El la conocía tanto que podía entender su ambivalencia , así que decidido a despejar cualquier duda sobre su amor por ella, volvió a tomarla por la cintura para besarla de forma demandante, y esta vez Lisa ya no tuvo fuerza para detenerlo, enrolló sus brazos detrás de su cuello para hacer el contacto más profundo; no supo el instante en que habían llegado a la cama, de pie frente a ella Karl empezó a desvestirse, íntimamente se conocían demasiado, pero después de tanto tiempo aquello se sentía como su primera vez. Mordió su labio cuando sintió el peso de su cuerpo sobre el suyo, lentamente su ropa empezaba a caer por el borde de la cama, hicieron el amor con intensidad, aquel no era un momento romántico, eran un encuentro lleno de deseo contenido, era como si a través de sus caricias intentaran borrar los años que los habían mantenido separados, cuando terminaron Karl se recostó a lado de lisa para atraerla por detrás de su cintura - Creo que es momento de hacerte la señora Riber - dijo mientras tomaba su mano acariciando su dedo anular en donde tendría que estar el anillo que él le había regalado
Lisa entonces sintió un enorme hueco en el estómago, del reencuentro habían saltado al sexo y del sexo estaban saltando al tema del matrimonio en apenas unas horas, se sentó sobre la cama y busco su ropa interior - Casarme en medio de una guerra no es mi sueño ideal - comentó con sarcasmo creyendo que Karl estaba bromeando, pero cuando se encontró con su mirada notaba que él hablaba muy en serio - Debes estar bromeando - acusó un tanto molesta
- No, no me parece que sea un tema para bromear - se recargó en la cabecera mientras observaba como ella continuaba vistiéndose - reconozco que la guerra es un factor importante, pero justamente por eso creo que no debemos perder más tiempo
Lisa no se sintió con el mínimo ánimo de continuar con aquella conversación
- No tienes por que regresar a la nave, si doy la orden el Capitán Gloval deberá rescindirte de tu puesto
La molestia entonces subió como una descarga eléctrica de sus pies a su cabeza - Soy el primer oficial, tengo que volver - contestó molesta terminando de fajarse la camisa que tenía ya varias arrugas que delatarían un poco la situación por la que había pasado
Karl Riber entonces se puso de píe, se visitó únicamente con sus bóxers y pantalones y la siguió hasta el baño en donde ella se había metido para lavarse la cara - Creo que debí ser más claro, no pienso autorizar tu regreso a la nave -
Entonces ella arrugo el ceño intentando controlar el enojo - ¿disculpa? No tengo por que tener una autorización tuya - sentencio - mientras se dirigía hacia la puerta dispuesta a regresar al sdf1
Karl la tomó de la mano de forma firme - No pienso dejar que arriesgues tu vida inútilmente, esa nave será destruida
- ¡Suéltame! - forcejó - Si tengo que morir en esa nave cumpliendo mi deber lo haré con gusto
- Deja de comportarte como una niña- la reprendió - ¿eres tan ingenua como para creer que mágicamente este conflicto se resolverá y podremos tener paz con los zentraedi?
- El Karl que conocí hace diez años hubiera apostado por esa realidad - dijo con cierto aire de reclamo
- Debemos entregar la nave a los zentraedi - afirmó con una mirada dura
De un jalón Lisa arrebato su muñeca del agarre de Karl, de pronto el contacto la quemaba, no podía creer que estuvieran teniendo esa conversación, nada de lo que había pasado en las últimas doce horas era de creerse y se reprendió por haberse puesto en aquella situación. Se dio la vuelta para salir pero la encontró cerrada - ¡Abre la maldita puerta!
La pelea hubiera escalado más, de no ser por las alarmas de la base que empezaron a sonar; Karl soltó una maldición y terminó de uniformarse, introdujo el código de seguridad en la puerta y caminó hacia la central de operaciones con Lisa pegada a sus espaldas
En el puente del Sdf1 Claudia se notaba nerviosa, los suministros estaban siendo cargados sin ninguna contratiempo, eso no le preocupaba, su preocupación se debía a la demora que su mejor amiga estaba teniendo en la base Sarah, conocía perfectamente la historia entre ella y Karl y sabía que aquel encuentro no sería una cosa oficial, todo lo contrario.
El Capitán Gloval entro al puente y preguntó por el estado de la carga - Estamos al 70% Capitán - respondió distraída - ¿Sabe algo de la comandante Hayes?
- No señor - contestó sabiendo que ella no era la única con aquella preocupación
Entonces de sorpresa igual que durante los últimos meses el enemigo apareció en el peor momento - Alerta roja, alerta roja, esto no es un simulacro, escuadrones primarios diríjanse al primer perímetro de la nave para proteger la carga de suministros.
El Capitan Gloval sabía que la autorización para descender en aquella base se debía a la presencia de su primera oficial en la nave, había usado esa carta creyendo que la ayuda no tendría un precio, pero cuando fue solicitada su salida de sdf1 por órdenes directas del General Riber supo que aquel favor no sería gratuito. Suspiro profundamente, sabía por experiencia que con el enemigo había que moverse rápido - Inicien protocolos de despegue - ordenó ignorando la mirada acusadora de Claudia
En medio del enfrentamiento la alarma de emergencia de la computadora personal de Lisa se había accionado, estaba enviando su ubicación exacta y Claudia no podía ignorarla.
El Capitán gruñó por lo bajó, sabía perfectamente que ella no corría peligro en la base Sarah, pero también estaba seguro que si ella había enviado su ubicación era por que deseaba regresar a la nave; analizó la situación rápidamente, miró los números en la pantalla central, calculaba que tenían unos doce minutos más para completar el despegue y salir hacia la atmósfera - ¿Hay escuadrones cercanos a su ubicación? -
- Lo estoy verificando Capitán - respondió Claudia -
- Yo estoy cerca - respondió Rick Hunter del otro lado haciendo maniobras para aniquilar al mayor número de pods enemigos, era un excelente piloto - pero debo informarles que los enemigos están empezando a replegarse hacia la base, tendré que abrirme paso
- Le enviaré coordenadas Teniente Hunter
El General Riber desde el puente de operaciones analizaba el primer ataque frente a frente con los zentraedi, observaba curioso el comportamiento de los alienigenas, no le preocupaba la seguridad de la base, sino la inexperiencia con la que estaban reaccionando sus soldados que a diferencia de los del Sdf1 sabían perfectamente como atacar y como defenderse. Sintió alivio cuando la nave inició protocolos de despegue, estaba seguro que los zentraedi se irían con ellos y estando Lisa en la base ya no le preocupaba el destino de la nave; sin embargo apenas unos minutos después el oficial que debía estar custodiando a su prometida entro a la central para informarle que la había perdido - ¡Búsquenla! - ordenó
- General un grupo de pods enemigos esta atacando uno de los hangares del norte- informó un oficial
- Cierren el perímetro próximo a ese hangar y envíen escuadrones aéreos y terrestres - ordenó
Lisa empezó a sentir una extraña vibración en las paredes y piso del hangar, era muy parecido a la sensación de una transformación modular del sdf1, los oficiales empezaron a replegarse y antes de que se diera cuenta un pod enemigo ya se había logrado introducir dentro del hangar disparando hacia todas direcciones, tuvo que correr para buscar refugio debajo de una plataforma, con la mirada intentaba buscar alguna forma de regresar a la base pero podía darse cuenta que el hangar estaba siendo separado del resto del complejo a manera de defensa.
Uno de los oficiales del hangar alcanzo a ver a Lisa esconderse debajo de una plataforma - La comandante Hayes esta en el hangar- informó, acto seguido un grupo de soldados intento aproximarse hacían ella pero el pod enemigo parecía estar decidido en acabar todas sus municiones.
Rick Hunter se introdujo al túnel que lo llevaría al hangar donde se ubicaba la comandante Hayes, había intentado derribar al pod enemigo que se introdujo al complejo pero se le había escurrido, maldijo cuando vio el reloj, tenía siete minutos para sacarla de ahí y regresar a la nave antes de que iniciara el despegue hacia la atmósfera; cuando llego al hangar trato de derribar el pod pero parecía estar enloquecido, disparaba en todas direcciones, las alarmas y la bocina del lugar ensordecían el ambiente - Cuatro minutas para detonación -
- ¿que demonios es eso? - grito al aire empezando a sentirse verdaderamente nervioso
Los soldados en piso se daban cuenta que no podrían llegar a donde estaba la comandante antes de que detonara el hangar - ¡Repliéguense! - ordenó uno de los oficiales
Cuando Riber se dio cuenta el lugar donde estaba Lisa maldijo casi en un grito, los protocolos de autodestrucción de esa zona ya se habían iniciado y no podía ser interrumpidos - ¡Saquen a la comandante Hayes de ahí! - gritó encolerizado - General, ya no hay tiempo - contestó uno de los oficiales
Entonces un Varitech proveniente del Sdf1 entro al hangar y luego de maniobrar peligrosamente logró derribar el pod enemigo.
- dos minutos para la detonación -
Con agilidad desplegó las manos del Varitech y atrapo el frágil cuerpo de Lisa Hayes que se encontraba hincada con los ojos cerrados - ¡Te tengo! - informó triunfante - cubrió con la otra mano del guardián a la oficial hasta crear una pequeña burbuja y arranco los motores a toda potencia para salir de ahí, el ruido para Lisa fue ensordecedor.
Cuando llegaron a la compuerta de acceso al sdf1, Lisa quería vomitar, se quedo inmóvil unos minutos mientras Rick la asistía para ayudarle a salir de las manos del varitech - ¿se encuentra bien comandante? - pregunto tomándola de la cintura para ayudarla a mantenerse en pie, estaba consciente que el traslado no había sido nada bueno y seguramente nada cómodo para ella
- Estoy bien Teniente - respondió cuando se sintió segura para mantenerse de pie, pero el piloto se notaba renuente dado que la seguía sosteniendo por la cintura a manera de cuidado
- Creo que será mejor que la acompañe a la enfermería-
- No es necesario- dijo antes de buscar un poco de espacio entre el y ella
Claudia no tardó mucho en llegar, su mirada se notaba dura - Te quiero matar Hayes - acusó la morena de forma maternal - temí lo peor
Lisa Hayes apenas reaccionó al regaño, caminó en dirección a su barraca con su mejor amiga a su lado, había pasado por una montaña rusa de emociones en las últimas doce horas - El capitán Global quiere verte - informó preocupada, conocía tan bien a Lisa que estaba segura que su estancia en la base Sarah no se había quedado en el ámbito oficial.
Informó al Capitan Gloval sobre la postura de la RDF y el General Riber y pudo reconocer en la mirada dura del Capitán la genuina preocupación sobre el destino de los civiles que estaban a bordo de la nave - Tal parece que estamos solos en esta lucha - finalizó
Cuando termino con los reportes oficiales sobre su breve estancia en la base Sarah, Lisa aceptó el café que su mejor amiga le invitaba, hablar con ella siempre le hacía bien.
-¿que estabas pensando? - la reprendió Claudia mientras se sentaba en una de las sillas de la cafetería - primera vez que lo ves después de cinco años y decides acostarte con el
-Es evidente Claudia, que no estaba pensando - se defendió bebiendo de su café - Cuando lo volví a ver todos mis sentimientos por el regresaron - contesto sincera viendo la mirada preocupada de su mejor amiga - lo ame tanto Claudia, que verlo ahí frente a mi, sintiendo lo mismo que yo, me hizo desear estar nuevamente con el, no se si fue el momento, no se si fue melancolía, pero sentir de nuevo sus caricias me recordó por que lo amé tanto - sonrojada apretó la taza de café entre sus manos- Si no estuviéramos en medio de una guerra me casaría con el sin pensarlo dos veces
- Pero estamos en medio de una guerra - acotó Claudia -
-Lo se - se apuró a decir – y por la forma en que deseaba mantenerme en la base me recordó mucho a mi padre, debe de estar molesto
- No eres la misma mujer que se comprometió con el hace cinco años y Riber no es el mismo, no lo olvides - le aconsejó
Ambas fueron interrumpidas por Rick Hunter, quien se acercó para saludar y entregarle a Claudia unos libros que Roy le había pedido.
- Tome asiento teniente - le ofreció Claudia observando la ligera renuencia de su mejor amiga - tengo que irme - informó- háganse compañía- guiño un ojo de forma divertida
Los dos oficiales se sumieron un silencio un tanto incomodo; Lisa respiró profundamente - Le debo la vida Teniente Hunter - dijo sincera - muchas gracias por haberme regresado a casa
El piloto se sintió extraño, era la primera vez que ella no lo regañaba por algún mal comportamiento- Fue un placer Comandante Hayes - respondió observando la belleza de su oficial superior, curioso y deseoso de confirmar lo que todos decían, se aventuró a preguntar - ¿es cierto lo que se dice sobre usted y el General de la base Sarah?
Lisa bebió de su café - Siempre me ha sorprendido la capacidad de comunicación de ustedes los pilotos - acotó un tanto divertida mientras se dejaba descansar sobre el respaldo de la silla, se notaba relajada - Estoy comprometida con el General Riber - Los ojos del piloto se abrieron sorprendidos - Pero, si tuviera que ponerle un adjetivo a nuestra relación en este momento, diría que estamos en una situación complicada - finalizó sincera llevando su atención al mirador de la cafetería
Se quedaron sentados haciéndose compañía sin darse cuenta que empezaban a entablar una relación que daría mucho. Rick Hunter la observaba con detenimiento, conteniendo las pequeñas fantasías que su mente empezaba a dibujar, dándose cuenta que aquella sensación extraña no era más que una atracción física por su oficial superior, mientras que Lisa Hayes sin saber por qué comparaba a aquel piloto con su prometido.
