20. Última nota: Drarry y el sexo

Con Harry las cosas son aparentemente muy diferentes. En general, los ships entre dos enemigos nunca me han atraído demasiado. Me parece muy irreal que el odio entre dos personajes enmascare una secreta atracción o una tensión sexual no resuelta. Yo he odiado a pocas personas a lo largo de mi vida, pero mi experiencia me dice que cuando detestas a alguien, cuando lo detestas de verdad, cualquier otro sentimiento que no sea la aversión o el miedo están totalmente fuera de lugar. Sin embargo, Drarry siempre ha sido mi debilidad, aunque pueda resultar ilógico. He escrito más arriba que el personaje en general me parece cruel, poco interesante y algo pesado con sus constantes y torpes insultos dedicados al trío protagonista, pero, aun así, su relación con Harry siempre me ha llamado la atención. Yo creo que Draco se sintió herido de verdad cuando el Niño que Sobrevivió rechazó su amistad ese primer día en el Expreso de Hogwarts, y que ese recuerdo lo ha atormentado y removido desde entonces. Hay en ello algo de simple orgullo herido, claro: ¿cómo no va a querer ser mi amigo, cómo no va a querer ponerse a mi lado, a estar conmigo? ¿Cómo es capaz de rechazarme, a mí, que soy el más excelente y el más poderoso de todos?

También hay una honda envidia que Draco trata de reprimir con todas sus fuerzas: él también quiere ser admirado y querido por todos, porque él se lo merece de verdad, no como el asqueroso Potter, el heroico cerdo de los sangre sucia. A pesar de todo, parece entreverse algo más, algo en la forma en que Draco siempre intenta llamar su atención, hacerle notar que está allí, que es excepcional, que es superior a él… Hay algo sospechoso en esa fijación, ¿no? En todo caso, Harry no es indiferente a esas atenciones. Los libros (escritos bajo el punto de vista de Harry, no lo olvidemos), están repletos de evocadoras descripciones de los ojos claros de Draco, de su cabello rubio y lacio, de su rostro pálido y a ese rubor rosado que aparece en sus mejillas cuando está avergonzado… Sí que está atento Harry a los atributos físicos de su enemigo, ¿verdad? En todo caso, el cuerpo de Draco recibe mucha más atención que el de Ginny, el teórico amor del protagonista, de la que apenas se nos dice que es «pelirroja» y poco más… ¿Es eso el indicativo de algo más? ¿O son solo paranoias del fandom? También es verdad que, por propia experiencia, el hecho de obsesionarte con tu acosador puede no tener nada que ver con la atracción, ni mucho menos. Cuando iba al colegio yo tenía memorizado el rostro de mi acosador, y podía ver con los ojos cerrados su pelo, su ropa, su mochila, su estuche y sus zapatos. Siempre estaba atento a sus movimientos, a sus risas y a sus comentarios, ya fuera en clase, en el patio, en el comedor, en la piscina… Esa obsesión no nacía de la atracción ni del interés, sino del instinto de supervivencia, del puro terror a que en cualquier momento volviese la mirada hacia mí y el infierno comenzara otra vez. En el fondo, el hecho de que no te puedas quitar de la cabeza a tu agresor no es más que otra forma de abuso, otra forma de humillación. Él se vuelve tan poderoso, anula tanto tu individualidad, que llega a monopolizar todos tus pensamientos. ¿Hay acaso algo más angustiante?

No pienso, de todas formas, que ese sea el caso de Harry. Él no teme a Draco, no de verdad, solo lo desprecia…, y creo que a ratos también siente cierta lástima por él. ¿Cuán triste y vacía debe ser su vida, piensa Harry, si para sentirse bien consigo mismo debe rebajar a los que están a su alrededor? Además, en el sexto libro hay ocasiones en las que parece demostrar verdadera preocupación por su bienestar, pues a lo largo del curso Harry va fijándose cada vez más en la palidez extrema de su enemigo, en su delgadez, en esos extraños cambios de humor y esos nuevos hábitos tan desconcertantes: Draco ya no baja a ver los partidos de quidditch, no se pavonea por el castillo, no utiliza sus privilegios de prefecto para aprovecharse de los alumnos pequeños… Harry detecta y reflexiona sobre todo eso con mucha frecuencia, lo busca obsesivamente por el Mapa del Merodeador, lo vigila, monta guardia delante de la Sala de los Menesteres… Por supuesto, este comportamiento se explica por la sospecha que tiene Harry de que Draco es un mortífago y está planeando algo peligroso, y, especialmente, por el orgullo herido al ver que sus amigos no dan crédito a sus suposiciones. Pero, aun así, aun así…

Confieso que mientras escribía la escena de ambos en el baño de los prefectos no tenía muy claro cómo quería que terminase. ¿Con gritos y recriminaciones? ¿Con una reconciliación? ¿Con un duelo de magos? ¿Con un apasionado encuentro sexual bajo el agua? En todo caso, no podía ignorar el odio que se profesaban desde hacía tantos años, y por eso la irritación aflora incluso cuando Harry se muestra preocupado por el desmayo e intenta ayudar a Draco. Todo es rabia contenida, rechazo, humillación, desconfianza. Draco no piensa que su enemigo quiera ayudarlo de verdad. Al contrario, toma sus muestras de consideración como un ataque o una burla.

Pero todo cambia con el ataque de ansiedad. Yo no estoy diagnosticado con trastorno de ansiedad, pero he padecido ataques como el que he descrito en el fic un par de veces a lo largo de mi vida: la paulatina sensación de aprisionamiento y de ahogo, esa fragilidad nerviosa que recorre todos tus músculos, el pánico, la desesperación… Un ataque de ansiedad sustrae todas tus energías y todas tus ganas de vivir, y te deja el cuerpo mustio, entumecido y extenuado, como salido de una horrible y larguísima operación quirúrgica. Ante esta situación tan compleja, la actitud de Harry es siempre correcta y experimentada: la voz calmada y tranquila, los requerimientos sencillos, la prudencial distancia física, el respeto y el auxilio. Ante estos cuidados, recibidos del más inesperado de los aliados, la mente de Draco termina de descomponerse del todo, y no le queda otra que dejarse guiar por Harry hacia la piscina.

Es a partir de entonces, cuando las débiles defensas mentales de Draco han sido derrumbadas, que los dos pueden entablar un diálogo con sentido. Gracias a las palabras de Harry, parece que el heredero de los Malfoy empieza a comprender qué es la bondad, cómo detectarla, por qué es un concepto válido… También siente una extraña conmiseración hacia Harry cuando éste habla sobre el asesinato de sus padres, una curiosa vergüenza al recordar su comportamiento abusivo del pasado, y ese anhelo por encontrar un refugio, un lugar seguro donde poder ser él mismo, donde sentirse acogido y reconfortado… Son emociones muy extrañas para él, y todas juntas parecen que van a conducir a Draco a un lugar nuevo, a cierto cambio en su personalidad… Y es entonces cuando Harry lo invita a bañarse con él.

No creo que este "giro" haya sorprendido a nadie. El erotismo de la escena se adivina desde el primer momento, cuando Harry le desabotona el pijama a Draco, pero es especialmente evidente en la desnudez parcial de Harry, que a la fuerza dota a la situación de un tono mucho más íntimo y próximo, a pesar de que la conversación o los pensamientos de los protagonistas no sean en absoluto eróticos, o no aparentemente. Aun así, es en el momento del baño conjunto cuando todas las cartas se colocan sobre la mesa. Draco está expectante, de eso no hay duda. Por eso oculta la Marca Tenebrosa con el hechizo Mendax angelus, que significa en latín algo así como 'Ángel de la Mentira', ya que, en este caso, el ocultamiento de la verdad supone toda una bendición… Otro aspecto que anticipa el encuentro erótico es el hechizo Bathsheba, que Draco utiliza para convertir su ropa interior en un bañador. En la Biblia, Bathsheba es la mujer de uno de los soldados del rey David. Una tarde, David la observa bañándose desde la terraza de su palacio y, lleno de deseo, la manda llamar a sus aposentos. El resto ya lo podéis imaginar.

Sigamos hablando de hechizos. Una vez que Draco se sumerge, Harry le pide que se ponga flotando bocarriba en el agua, una postura que a mí siempre me ha relajado mucho y que además Draco asocia con la indefensión y la vulnerabilidad. Aun así, obedece. Y es entonces cuando Harry pronuncia una nueva letanía: Muladhara, Muladhara, Muladhara. En la teoría espiritual hindú, Muladhara es el nombre que recibe el chakra raíz, situado justo en la base de la columna vertebral, entre el ano y los genitales. Este chakra es el origen de las tres energías psíquicas más importantes, y también se asocia con la liberación espiritual más básica y profunda. Debido a su turbulento estado mental, el alma de Draco está cerrada a cualquier tipo de energía positiva, pero, gracias a este hechizo, Harry le "desbloquea" el chakra Muladhara, el chakra primario, así que su espíritu se calma súbitamente, se reconcilia consigo mismo y se prepara para poder descubrir y enfrentar esas tensiones internas que lo atormentan, de ahí esa sensación de total relajación y apertura infinitas que lo invaden. Naturalmente (aunque no sé hasta qué punto es algo explícito), esa impresión de sentirse «completamente abierto, aliviado, dilatado» hace referencia también a la dilatación anal, que es el paso previo al acto de la penetración en una relación sexual entre dos hombres. Eso es, seguramente, lo que habría terminado sucediendo si Harry no se hubiese frenado.

El hechizo crea una atmósfera de intimidad que derriba las últimas barreras de Draco, lo que lo lleva a exponer sus secretos más inconfesables, sus temores más hondos: «Siento que me estoy pegando golpes contra un muro. No tengo asideros. Ni referencias. Ya no estoy seguro de nada…». Algo se rompe en su interior, algo se abre en su interior. Porque, efectivamente, durante el sexo, durante la dilatación, todo tu cuerpo se abre al otro hombre con toda su vulnerabilidad y todo su deseo, mostrándose tal y como es, limpio, sincero, expuesto y sin barreras… Heme aquí, tuyo soy, haz lo que quieras conmigo.

Estas extrañas emociones sacuden a Draco desde lo más hondo. Anhelando esa conexión, esa comprensión, ese cariño, esa liberación y ese «refugio» inalcanzable, Draco parece apretarse contra el cuerpo de Harry, hundirse en él, perderse en el estremecimiento de las caricias y los vapores… Sin embargo, ¿hasta qué punto le es dable buscar esos sentimientos en esta situación concreta? ¿En esa persona concreta? Porque, ¿qué sabe de Harry al fin y al cabo? Sus palabras han sido amables, y realmente parece que tenía buenas intenciones, pero, ¿cómo estar seguro? ¿Y si fingía, igual que Zabini? ¿Y si, desde el recelo y la malevolencia, lo único que buscaba era derruir las murallas de Draco y sonsacarle los secretos de los mortífagos? Por el contrario, ¿y solamente buscaba un refugio para su propia soledad? Harry detiene el encuentro sexual justo cuando la pasión verdadera empieza a aflorar, y eso nos convence de su buena voluntad… ¿O no? ¿No hay también cierto punto de control, de manipulación? Dar, sí, pero dar lo justo, y luego hacer bailar al otro en tu mano…

Así de equívoco y complejo puede llegar a ser el sexo entre dos desconocidos. Las caricias son caricias, sí, y los besos también, pero es tan fácil confundirlos con algo más, con algo diferente, con algo mejor… En estas reflexiones, claro, hay muchos ecos de mi propia experiencia en el adictivo y destructivo mundo del sexo casual entre hombres. Como Draco, yo también he anhelado abrazos donde descansar y miradas sentidas que me hagan sentir especial, querido o «escogido». Y en realidad fui escogido, sí, pero por otras razones y para otros objetivos que yo, en el fondo, también deseaba. Tantos deseos, tantas expectativas confusas arremolinándose en mi mente, en mi corazón y en mis entrañas… Escribí estos últimos capítulos en unas semanas en que estaba particularmente obsesionado con la atención que recibía de estos chicos. Mensajes pícaros, mensajes amables, mensajes, simplemente, que me hacían sentir deseado, atractivo, válido como chico homosexual y como persona, en última instancia. Mensajes que me hacían revivir esa vieja esperanza, esa temblorosa emoción de encontrarlo, de encontrarlo, por fin… Qué difícil ha sido convivir con esta ansiedad diaria, con este malestar, con esta frustración y esta desesperación, esta auténtica desesperación al sentir que me faltaba algo en mi vida y que nada de lo que yo tenía o nada de lo que yo era podría jamás suplantarlo. Esta exposición diaria al rechazo, a la indiferencia, a la decepción…

En fin, por suerte la Marca Tenebrosa interviene en el momento justo e impide que las cosas se salgan de madre. El chakra se bloquea de nuevo, y esa leve esperanza de mejora o de apertura se desvanece tajantemente. Draco vuelve a encerrarse en su prisión de odio y recelo y abandona el baño de los prefectos con la cabeza bien alta. Esos cobardes deseos aún palpitan en su corazón algunos breves instantes, pero logra extinguirlos y, finalmente, dar acceso a los mortífagos a Hogwarts. En ese sentido, me parece muy alegórico que Draco arregle el armario evanescente justo después de su encuentro con Harry. Es como si Draco, deformado por su inestabilidad mental, se las haya arreglado para transformar la ayuda de Harry en algo nocivo y perjudicial, en algo que, en vez de liberarlo, lo encadena aún más a sus miedos y a sus errores. Eso es algo muy común en mi personalidad: todas las muestras de ayuda que recibo, todas las palabras consoladoras, todos los gestos significativos… yo consigo darles la vuelta y lograr que me hagan daño, que me hagan sentir culpable o inferior. Es tan difícil escapar de la mente, y es tan difícil mejorar, es un proceso tan lento, tan lleno de altibajos… Draco tropieza, sí, pero al final del séptimo libro logra una tímida redención, aunque luego tiene que seguir luchando. Siempre luchando, siempre luchando. La verdad es que ya no sé si hablo de Draco o hablo de mí, y tampoco sé hasta qué punto es apropiado que esté aquí compartiendo mis penas en FanFiction con una miríada de invisibles lectores y lectoras. No es algo que me preocupe demasiado, porque no creo que muchas personas hayan llegado a leer esto. Eso me consuela… En todo caso, muchas gracias otra vez por leerme y por comprenderme. No sabes lo mucho que significa para mí, especialmente en estos momentos tan complicados. Así que te voy a decir una cosa que nunca he dicho con verdadero convencimiento a nadie: ve con Dios. Ve con Dios, lector, si es que crees en esas cosas, si es que allí de donde vienes eso no es una maldición.

Ve con Dios.

AAA, 15/12/2021