Resumen: Kagami es enviada a Francia para su compromiso con el sobrino del rey. Su barco es atacado por los piratas del infame capitán Couffaine, muy emocionados por el rescate que podrían pedir por ella, pero no tienen idea del problema que acaban de traer a bordo. Al mismo tiempo, Adrien se resiste a este compromiso, ya que hay otra dama de la corte que ha capturado su corazón. AU.

Notas:

1) Los Personajes no me pertenecen, son propiedad de ZAG Heroes, y los créditos son de Thomas Astruc y su equipo.

2) Este fic está realizado sin fines de lucro, solo por diversión.

3) Puede contener Spoilers de lo que ha aparecido en la tercera temporada

DESTINO

CAPÍTULO 1

Lisboa, 1588

Esa mañana

Un mensajero entró rápidamente a los terrenos de la enorme mansión cercana al palacio real, llamando a la puerta para entregar la carta que le habían confiado. La puerta se abrió y el recién llegado puso la carta en manos de la mujer.

-Mensaje para la senhora Tomoe- dijo el mensajero inclinándose levemente- el senhor Joao Ferreira dijo que era urgente-

-Gracias, senhor- dijo la mujer antes de cerrar la muerta. Una vez que estuvo sola, miró el sobre con una leve sonrisa al notar el sello de su amo antes de subir a la habitación en el piso superior.

La mansión estaba sumida en un extraño silencio, seguramente porque la hija de su ama estaba practicando con su maestro de esgrima en el patio de la mansión. A pesar de que no aprobaba su pasatiempo, la mujer no quería que Kagami molestara a su ama con toda esa energía juvenil que tenía. Tomoe había estado muy enferma los últimos meses y no debía ser molestada por ninguna razón. La joven llevaba ya varios días sin ver a su madre porque Maria no se lo permitía.

-¿Senhora Ferreira-Tsurugi?- dijo la mujer tras abrir la puerta con cuidado de no hacer ruido y comprobar que Tomoe estaba despierta- llegó una carta para usted-

Tomoe volvió su rostro hacia ella, dejando a un lado el tejido en el que había estado trabajando esa mañana para pasar el tiempo. A pesar de ser ciega, la mujer podía bordar y tocar el piano usando sus dedos para ver. También había sido una gran esgrimista en su juventud y había insistido que Kagami siguiera sus pasos, incluso si su esposo y la mayoría de la alta sociedad de Lisboa no estaba de acuerdo.

-Pasa por favor, Maria- dijo Tomoe.

Maria era la sirviente principal de la mansión Ferreira, y era quien organizaba a todo el resto de los sirvientes en la mansión. También había servido como la institutriz de Kagami cuando era más joven, y ahora parecía querer dirigir su vida desde que su madre no podía por su enfermedad.

-Es una carta de parte de su esposo- continuó Maria una vez que se detuvo junto a la cama- ¿quisiera que la lea en voz alta para usted?-

-Por favor- dijo Tomoe.

Maria rompió el sello y desdobló la carta antes de comenzar a leer.

-Querida Tomoe- comenzó a leer Maria en voz alta- te escribo esta carta para comunicarte que tengo buenas noticias. El rey Louis y la reina Amèlie desean que su sobrino Adrien Agreste sea comprometido con nuestra hija. Me imagino que te imaginarás lo importante que es que este asunto se lleve a cabo a la perfección. Necesito que envíes a Kagami inmediatamente a Francia. Envié instrucciones para que preparen un barco para ella, y yo mismo la recibiré en Marseille para acompañarla a París. Tendrá que viajar por el Mediterráneo, ya que el canal de la mancha está lleno de galeones españoles que siguen en conflicto con Inglaterra y sería peligroso para nuestra hija que pasara por esa ruta…-

Maria continuó leyendo la carta en la que el senhor Ferreira le contaba a Tomoe cómo estaban las cosas en la corte en el Louvre, quejándose de la indisciplina del joven dauphin, el príncipe Félix, de cómo el consejero del rey no confiaba mucho en él y cómo estaba el clima en París.

Una vez que Maria terminó de leer, se volvió hacia Tomoe, quien solamente apretó los labios. Su expresión era imposible de descifrar. La mujer esperó pacientemente hasta que su ama decidió decir algo.

-¿Dónde está Kagami?- preguntó Tomoe finalmente.

-Está en el patio, entrenando nuevamente con su instructor- dijo Maria intentando (y fallando) disimular el tono de desdén y desaprobación en su voz.

Tomoe no comentó nada al respecto, sino que solo asintió mientras que respiraba hondo al sentir el aire fresco entrar por la ventana. No sabía muy bien cómo reaccionaría su hija a esas noticias. Ambas mujeres habían viajado a París con su esposo en dos ocasiones en el pasado, y habían llegado a conocer a ese joven Adrien Agreste, una vez cuando eran niños y una más cuando Kagami tenía catorce años, y Tomoe estaba segura de que Kagami había tenido una muy buena impresión del joven. Incluso ella misma aprobaba de ese joven. Le habían dicho que era muy bien parecido, y su voz era agradable, honesta y segura.

El futuro esposo de su hija no era lo que le preocupaba a Tomoe que no agradaría a Kagami, sino el prospecto de tener que vivir en la gran corte del Louvre en París de ahora en delante, lejos de su hogar.

-Senhora, ¿quisiera que llame a su hija?- dijo Maria interrumpiendo sus pensamientos- ¿o prefiere que yo le dé la noticia?-

-No, ve por ella y dile que venga a hablar conmigo- dijo Tomoe sacudiendo la cabeza levemente- quiero ser yo quien se lo diga, antes de que lo sepa de otra manera-

Maria se despidió la dejó sola tras hacer una leve reverencia que la mujer no pudo ver. Tomoe se puso a pensar en que, a pesar de que lo que su esposo le había comunicado eran buenas noticias, no podía evitar el hecho de que su hija tendría un matrimonio arreglado y no se casaría por amor, como ella había hecho.

No pudo evitar sonreír un poco al recordar que, cuando era una mujer joven en Japón, había conocido al intrépido capitán portugués con el que se había casado y que ahora se había convertido en el embajador de Portugal en la corte del rey de Francia. Ella había elegido a su esposo por amor, y lo único en lo que podía pensar es que esperaba que su hija tuviera un matrimonio feliz con el sobrino del rey.

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Palacio del Louvre, París

La noche siguiente

El embajador Joao Ferreira no había podido dejar de sonreír en los últimos días, desde que el rey aceptó la petición de que permitiera que Kagami se casara con su sobrino. A esas alturas, su hija ya debería estar preparándose para tomar el barco hacia Marseille. Ojalá Tomoe pudiera venir también con ella, pero sabía lo enferma que estaba su mujer. Incluso había planeado visitar a Tomoe después de que se anunciara compromiso y de que Kagami lo sustituyera, cumpliendo con sus funciones, mientras que él estaba fuera de París.

Se detuvo junto a una columna para examinar la enorme sala de presentaciones, la cual estaba llena de nobles y otros embajadores como él mismo. Vio a mademoiselle Sancoeur, la antigua ama de llaves del fallecido Gabriel Agreste y ahora la administradora de las vastas tierras de su hijo, estaba esperando a que el joven la recibiera.

Gabriel Agreste apenas fue extrañado por su familia cuando falleció tres años atrás, ya que rara vez se apareció en la corte. La duquesa Emilie, la hermana de la reina, había muerto hacía más de una década en circunstancias extrañas, y desde entonces su marido desapareció para siempre del palacio y se fue hundiendo en la desesperación hasta que su ama de llaves lo encontró gravemente enfermo y murió días después.

Ferreira sacudió la cabeza. Aún recordaba la impactante noticia de la muerte de Emilie Agreste, cuya causa se mantuvo en secreto por mucho tiempo, pero Ferreira logró descubrir por medio de uno de los amigos cercanos al consejero del rey que la pobre mujer había sido envenenada por error, ya que los asesinos habían intentado envenenar a la reina y la habían confundido con su hermana. Aún así, esa información no estaba confirmada y Ferreira nunca se atrevió a repetirla.

Una risa nerviosa lo hizo volver a la realidad. Junto a la puerta de la sala del trono y cerca de mademoiselle Sancoeur estaba monsieur Raincomprix, el subjefe de la guardia real, quien había sustituido a su predecesor tras el asesinato de Emilie Agreste. A pesar de que evidentemente era un buen hombre, parecía siempre muy nervioso y con razón. Ya había frustrado varios ataques y revueltas contra los reyes, pero nunca dio con los asesinos de la hermana de la reina.

Adrien Agreste finalmente entró a la sala y se acercó a mademoiselle Sancoeur con una sonrisa. Iba ataviado con su uniforme de almirante de la marina y estaba acompañado de un joven general llamado Nino Lahiffe y el nuevo cartógrafo real, Max Kante.

-¿Por fin obtuviste lo que querías, Joao?- una voz masculina se escuchó detrás de él, interrumpiendo sus pensamientos al tiempo que sentía una palmada en su hombro derecho- te quedaste con el premio que todos los nobles y embajadores desean para sí mismos-

Ferreira se volvió hacia la persona que lo había llamado, y no pudo evitar sino fruncir el entrecejo al ver de quien se trataba. Un hombre alto, de piel y cabellos oscuros, facciones peligrosas y brillantes ojos verdes con algunas cicatrices en su rostro.

El embajador lo conocía muy bien. Era un condecorado veterano de guerra a pesar de ser relativamente joven y además era el esposo de la surintendante de la maison, la principal dama de compañía de la reina. No solo eso, sino que también era el jefe de la guardia y había entrenado personalmente tanto al dauphin como a Adrien en combate desde que eran niños, así que era uno de los hombres más poderosos en la corte.

-Monsieur Lombard-dijo Ferreira con una leve inclinación.

-Pfff, te he dicho mil veces que no tienes que ser tan formal, Joao- dijo el otro hombre rodando los ojos y poniendo las manos en su cintura- sabes bien que incluso Félix y Adrien me llaman Plagg-

Ferreira gruñó ante esa evidente falta de etiqueta.

-Jamás me atrevería a llamarlo así, ni tampoco al dauphin por su nombre- dijo seriamente el embajador.

-Bah, tú no tienes remedio- dijo Plagg divertido- supongo que tu hija ya viene en camino a Paris-

-Así es, monsieur- dijo el embajador visiblemente incómodo. Plagg extendió su brazo hacia un sirviente que estaba pasando con una bandeja llena de bocadillos y tomó un trozo de queso.

-Y no le ha dicho nada aún al pobre chico- comentó Plagg fijando su mirada en Adrien, quien se despedía de mademoiselle Sancoeur con una sonrisa y un abrazo que logró robarle una sonrisa a la seria mujer. Ferreira notó que los ojos de Plagg no eran como el resto de los hombres. Eran profundos y daban la sensación de peligrosidad a pesar de que su dueño tenía un carácter amable. Tenía una sonrisa colmilluda y, hasta cierto punto, desconcertante. Como fuera, sabía que un hombre de quien tenía que cuidarse.

-Quizá usted debería decirle, monsieur- sugirió Ferreira.

-¿Y hacer que Tikki me desuelle vivo? No, prefiero volver a enfrentarme a los ingleses en batalla antes de hacer enojar a mi Sucrette- dijo Plagg antes de cambiar su expresión divertida por una que decididamente no era muy amigable- sé que el rey hablará con él para comunicarle "feliz" la noticia-

Antes de que Ferreira pudiera responder, Plagg le lanzó una mirada de advertencia y se escabulló entre la multitud, perdiéndose de vista. El embajador respiró aliviado y volvió a mirar la escena cuando las trompetas comenzaron a sonar. El rey y la reina entraron a la sala del trono, seguidos del dauphin y después de su séquito que conformaban la mayoría de las damas de compañía, la primera de ellas era Claude Lombard, la esposa de Plagg, a la que todos llamaban Tikki.

El príncipe Félix, dauphin de Francia, se inclinó delante de sus padres y, tras besar el dorso de la mano de Tikki, bajó de la plataforma real para unirse al resto de la corte. Ferreira recordó el especial cariño que el dauphin le tenía a Tikki desde que era pequeño.

La seguían un grupo de mujeres de diferentes edades, incluyendo a Aurore Beauréal, la hija del hombre más rico de toda Francia, cuya mano codiciaban todos los nobles que tenían hijos varones. Y finalmente una mujer joven y hermosa llamada Marinette Dupain, hija de otra familia noble que prefería pasar su tiempo en su hogar y no en la imponente corte. Esa última joven era una de las favoritas de la reina por su habilidad con el bordado y el dibujo.

Los reyes tomaron asiento y las damas de la reina esperaron a su lado antes de dar la señal de que comenzara la celebración de esa noche.

Cuando comenzaron a servir los bocadillos sobre las mesas y algunas parejas se acercaban a bailar al ritmo de la música, Ferreira no pudo evitar notar las miradas que Adrien Agreste dirigía al grupo de damas de la reina. Tenía la sospecha de quien era la mujer que había captado su atención, ya lo había visto acercándose antes a ella, pero lo que pasó después no dejó lugar a dudas.

Vio que el joven rubio se acercó a las damas y, tras hacer una inclinación frente a Marinette Dupain, le ofreció su mano con una sonrisa y murmuró algo que Ferreira no alcanzó a escuchar. La joven tomó sonrojada la mano que le ofrecían y caminó con él al centro de la sala de presentaciones para bailar tan pronto como comenzara la música.

A pesar de que tenía asegurado el permiso del rey, Ferreira estaba preocupado por lo que acababa de presenciar. No era la primera vez que captaba esas miradas furtivas entre ambos jóvenes. Esa chica Marinette podía arruinar las posibilidades de Kagami si permitía que las cosas siguieran así.

El embajador se dio media vuelta y se dirigió a su habitación mientras planeaba su siguiente movimiento. Tenía que convencer a los reyes de comunicar su decisión a Adrien para que el chico dejara de mirar así a la joven. Y tenía que encontrar una manera de alejar a Marinette Dupain de la corte.

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Habitaciones del dauphin

Más tarde

Félix siguió a su primo con la mirada y no pudo evitar rodar los ojos. Adrien se veía tan fastidiosamente feliz esa noche y sabía bien la causa. No había pasado desapercibido para él que nuevamente había invitado a bailar a la dama favorita de su madre, ni tampoco las miradas que esos dos se dirigían de tanto en tanto.

Nino le pasó una bandeja con agua para que se lavara las manos, pero Félix no quitó los ojos de Adrien.

-Ugh, ¿podrías dejar de sonreír como estúpido?- gruñó Félix de pronto al ver a Adrien finalmente tomar asiento con él.

-Déjelo, votre altesse- dijo Nino mirándolo divertido- tendría que arrancarle la cara, porque después de un año por fin tuvo el valor de invitar a esa chica de la que está enamorado a bailar-

Adrien se sonrió levemente sin dejar de sonreír.

-No…no fue un año, ya he… hablado con ella y bailado con ella y…- dijo Adrien apenado mientras bajaba sus ojos al suelo- solo es que… admiro a mademoiselle Marinette, pero no significa que todos hubieran notado…-

Félix se hubiera palmeado la frente si no tuviera las manos ocupadas. Su primo no era más denso porque no tenía tiempo. El chico era como un libro abierto y sus sentimientos estaban expuestos para que el mundo los viera. Eso podía ser problemático, sobre todo por la información que logró sacarle a Plagg. Tenía que hablar con él, pero estaba tan feliz que no quería romperle el corazón.

-Nino- dijo el dauphin de pronto- ¿podrías traerme un poco de agua helada para beber? Tengo un poco de sed-

-Por supuesto, votre altesse- dijo Nino inclinándose levemente y saliendo de sus habitaciones. Una vez que estuvieron solos, Feliz se volvió hacia su primo.

-Adrien, hay algo importante que tengo que decirte- dijo Félix con una expresión tan grave que hizo que el joven finalmente dejara de sonreír- toda la corte ha notado tu afecto hacia esa demoiselle…-

-No es así, Félix, yo no he dicho…-

-No necesitas decir nada, se nota en tu expresión- dijo el dauphin rodando los ojos- sé que maman quiere que seas feliz, pero muy probablemente père te va a arreglar un matrimonio con alguno de los nobles de la corte. Ellos también lo saben, y si demuestras tu afecto hacia Marinette tan abiertamente, le causarás graves problemas al poner a toda la corte contra ella-

Adrien abrió la boca para contradecirlo, pero la volvió a cerrar. Sabía que Félix tenía razón.

-Lo digo porque estoy preocupado por ti- continuó Félix- no debería decírtelo, pero logré sacarle a Plagg que père ya tiene en mente una novia para ti, la hija de uno de los embajadores. Si continúas con esto, ustedes dos van a terminar lastimados. Sobre todo ella-

El otro chico continuó mirando el suelo y asintió tristemente.

-Lo sé. Tienes razón, Félix. Tendré más cuidado- dijo Adrien en un tono resignado.

El dauphin sonrió tristemente. Realmente odiaba esa situación, pero ambos habían sido entrenados desde pequeños y sabían bien las obligaciones que tenían que pagar por sus privilegios.

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Puerto de Lisboa

A la mañana siguiente

Kagami suspiró mientras que miraba a los sirvientes subir sus maletas al barco y Maria se contentaba con ladrar órdenes a todos. Hizo una mueca al pensar que iba a pasar los siguientes días soportando el mal humor de esa mujer. Cerró los ojos y respiró hondo, pensando en que al final valdría la pena. No le molestaba admitir que estaba un poco emocionada de casarse con un hombre tan noble y bien parecido como Adrien Agreste.

-No te preocupes por ella, Kagami-san- sonrió su maestro de esgrima inclinándose levemente al adivinar la causa del disgusto de su pupila- cuando llegues al Louvre, Maria dejará de molestarte-

-Lo sé. Pero te voy a extrañar mucho, Longg-sama- dijo Kagami ignorando por un momento la formalidad entre ambos y abrazándolo. Solamente con su instructor Morita Akio se permitía mostrar sus emociones de esa manera- cuida mucho de mi madre-

-Tomoe-san estará bien y estoy seguro de que la verás completamente recuperada para cuando tenga que ir a París a tu boda- dijo Longg en un susurro- tú eres la que me preocuparía si no supiera que sabes cuidarte bien-

Kagami sonrió agradecida antes de subir al bordo del barco, seguida por su molesta chaperona.

-Vamos, Kagami, ¡date prisa! No tenemos todo el día- dijo Maria poniendo sus manos en la cintura- menos mal que no viene ese desagradable Longg. No me apetece pasar todo el viaje viéndolos pelear con espadas. Estoy segura de que los franceses estarían alarmados de ver a una noble dama como tú peleando con espadas. Y no creas que no he visto tu estilo, te gusta trepar cosas mientras que peleas. ¿Qué pasa si trepas la orilla del barco y después te caes al mar. ¿Qué le voy a decir a tu padre? ¡Me va a matar, y todo porque Longg…!-

-Maria, Longg-sama no viene con nosotros…- la interrumpió Kagami.

-¡Una dama no debe interrumpir, Kagami!- la reprendió Maria- por favor, no vayas a decir que yo te eduqué. ¡Qué vergüenza! Parece que después de todos estos años no aprendiste nada…-

La joven solo rodó los ojos y suspiró largamente, pensando en que en menos de dos semanas estaría en París y ese viaje solo sería un mal recuerdo.

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Barco en el mediterráneo

Dos días más tarde

Ojos azules se fijaron en el cielo parcialmente nublado, disfrutando la suave brisa mientras que su cabeza descansaba en su abrigo doblado cuidadosamente. Debían estar cerca de la costa de Barcelona, si sus cálculos estaban correctos, pues podía ver algunas de las gaviotas en el cielo sobre ella.

Respiró hondo, disfrutando el delicioso aroma del mar. No importaba cuánto tiempo hubieran pasado, jamás se aburriría de percibirlo. Estiró los brazos sonriendo y sus cabellos rojos repasaron el suelo del madera de la cubierta.

-¿Vas a trapear el suelo con tu cabello?- dijo una voz masculina detrás de ella- ¿quieres que cambiemos tareas?-

La mujer extendió el cuello para mirar hacia atrás, sus ojos azules se fijaron en el hombre que había hablado. El joven pirata la miraba con cierto grado de envidia en su expresión mientras que sostenía un trapeador en sus manos.

-¿Te molestan tus tareas, Pierre?- dijo ella con una sonrisa maliciosa, con retándolo a contradecirla- ¿quieres hablar con el capitán al respecto?-

El aludido palideció y dio un paso atrás tímidamente.

-N…no, madame, por supuesto que no- dijo Pierre llevándose el trapeador a otro sitio de la cubierta mientras que ella reía en voz baja.

-¿Porqué te gusta atormentar al pobre de Pierre, Alix?- dijo otro chico.

Alix se echó a reír con ganas ante ese comentario y se incorporó sentada sobre el suelo de la cubierta para mirar al joven que le había hablado. El sol brillaba frente a ella así que tuvo que usar su mano derecha para cubrirse los ojos.

-¿Qué, mi gloriosa figura te deslumbra?- dijo el chico poniendo sus manos en su cintura.

-Eres un idiota, Kim- le respondió Alix rodando los ojos al ver que nuevamente tenía el torso descubierto- ponte la camisa, no estás impresionando a nadie-

Kim se puso en cuclillas antes de dejarse caer al suelo junto a ella sin dejar de sonreír.

-Ugh… ¡esto está tan aburrido!- se quejó el joven mientras se ponía la camisa- hace ya varias semanas que no hemos tenido una buena pelea. Apuesto a que Ivan ya se olvidó de cómo se toma una espada a estas alturas-

-Ivan no necesita tomar una espada- respondió Alix- él tiene formas mejores de pelear-

-En eso tienes razón- dijo Kim dejándose caer en la cubierta, poniendo sus manos en la nuca y mirando hacia el cielo- quizá podríamos hablar con Juleka, seguramente hablará con el capitán para que seleccione un nuevo objetivo y…-

-¿Cuántas veces te lo tenemos que explicar?- dijo la joven- estamos esperando nueva información. El capitán dijo que la Liberté pasaría pronto por aquí para traernos noticias. Seguramente alguno de los agentes de la capitana Anarka logró descubrir algo-

Kim gruñó. La espera le parecía eterna, pero no podía negar que la estrategia del capitán Couffaine era la más efectiva: siempre recibía avisos de otros piratas que navegaban por esas rutas. Estuvo a punto de decir algo cuando la campana del vigía comenzó a sonar. Tanto Alix como Kim se incorporaron y miraron hacia el vigía.

-¿Qué sucede, Théo?- gritó la chica pelirroja.

-Un barco con nuestros colores se acerca- gritó el aludido de regreso- deben ser las noticias de la capitana Anarka. Avisen al capitán-

Kim se apresuró a bajar al camarote del capitán Couffaine para encontrarse con otra chica sentada en una silla junto a la entrada, enfrascada en un libro.

-Hey, Jules- dijo el joven recién llegado llamando su atención- ¿te importa apartarte? Tengo que ver al capitán-

-El capitán ordenó no ser molestado- dijo Juleka seriamente.

-Ugh… ¡cómo eres molesta!- dijo Kim rodando los ojos- parece que el mensajero de la capitana Anarka se dirige hacia nosotros-

-¡Por fin!- dijo Juleka cerrando el libro y poniéndose de pie- yo puedo encargarme de ello-

Kim gruñó. Olvidaba que Juleka era la hermana del capitán y tenía casi el mismo rango que él, sobre todo a los ojos de la capitana Anarka. Asintió resignado y la siguió a cubierta, casi al tiempo que el otro barco se acercaba lo suficiente para poder hablarse entre ellos. El capitán del otro barco inmediatamente identificó a Juleka e hizo una inclinación.

-Madame les envía sus saludos a usted y su hermano, mademoiselle. No pudo venir ella misma porque tuvo que detenerse en Málaga para a cargar agua y provisiones- dijo el hombre tras inclinarse- tiene información sobre un barco que debió salir de Portugal hace dos días y pasó el estrecho con dirección a Marseille. El objetivo es de alto nivel y fue previamente marcado-

Tras decir eso, el hombre lanzó una botella hacia la cubierta del barco, siendo atrapada en el aire por Juleka.

-Gracias, monsieur- dijo la joven abriendo la botella y sacando su contenido, el cual era una hoja de papel con un mapa por un lado y algunas anotaciones por el otro.

Con esa información, Juleka dejó nuevamente la cubierta para dirigirse al camarote de su hermano el capitán, seguida de algunos de los miembros de la tripulación con más alto rango, incluidos Alix y Kim, ansiosos de escuchar cuál sería el curso de acción.

Como la mayoría de las veces en las que se acercaban al camarote del capitán, de éste salía una suave melodía proveniente de la guitarra favorita del hombre. Su música era capaz de calmar a su tripulación o de subir sus ánimos de acuerdo a la situación.

Juleka dio dos golpes a la puerta de madera y la música súbitamente se detuvo. Hubo un murmullo decepcionado entre los tripulantes, pero solo duró un minuto.

-¿Sí?- dijo una voz tranquila del otro lado de la puerta.

-Luka, maman nos envió nuevas instrucciones- dijo Juleka.

Los pasos se acercaron a la puerta y ésta se abrió. El capitán apareció vestido con una camisa blanca abierta hasta la mitad del pecho, pantalones y botas. Sus ojos color turquesa miraron primero a sus tripulantes y, tras rodarlos, se fijaron en su hermana.

-¿Qué es lo que nos manda esta vez, Jules?- dijo Luka apoyando su hombro en el marco de la puerta y cruzando los brazos- espero que valga la pena-

-Más que eso- dijo Juleka- es un objetivo marcado y de alto nivel, una mujer que debió salir de Portugal hace dos días con dirección a Marseille. Según la información, a estas alturas debe de estar cerca de Almería. En tres días estará cerca de Cartagena o, si los vientos están a favor, seguramente cerca de Alicante-

Al escuchar eso el capitán alzó las cejas.

-¿Marcado?- dijo Luka frunciendo el entrecejo preocupado. Sabía muy bien lo que significaba que su próxima víctima estuviera "marcada". Era una misión de la más grande importancia- ¿qué mujer de alto nivel viajaría con una escolta tan reducida con dirección a Marseille? Para alcanzar Francia desde Portugal, es mucho más rápido pasar por el Atlántico y la Manche-

-La Manche está ocupada en estos momentos por la Armada del rey de España- dijo Alix encogiendo los hombros- el Mediterráneo es la opción más segura-

-La información dice que es hija del embajador portugués- leyó Juleka- a punto de ser la prometida del sobrino de la reina de Francia. Será recibida por el mismo embajador en Marseille-

Los labios de Luka se curvaron en una sonrisa traviesa y decidida.

-Podemos emboscarlos cuando transiten por el paso cerca de Menorca. Jamás sospecharán- dijo el capitán. Tomó su chaqueta y se la puso antes de subir a la cubierta, seguido de Juleka, Alix y Kim para dirigirse al resto de su tripulación- ¡leven anclas! ¡Icen las velas! Con el viento a favor llegaremos antes que ellos y tendremos nuestro premio. ¡A moverse!-

Los marineros obedecieron de inmediato y comenzaron a llevar a cabo sus órdenes. Mientras que lo hacían, el capitán los observó cruzado de brazos antes de volverse a las dos mujeres.

-Prepárense para una pelea- dijo Luka en voz baja- puede que su escolta sea escasa, pero no podemos arriesgarnos-

-Por favor, son solo diez soldados portugueses, no están acostumbrados a lidiar con nosotros- dijo Alix- incluso Kim podría vencerlos a todos sin ayuda-

-¡Hey!- se quejó Kim.

-De todos modos, no quiero arriesgar a nadie de la tripulación ni lastimar a nuestro premio- dijo Luka seriamente mientras que se ajustaba el sombrero- además les hará bien estirar un poco las piernas-

-A sus órdenes, capitán- dijo Alix caminando hacia Kim, Ivan y Théo, sus mejores luchadores.

-¿Qué esperan? ¡Icen la bandera!- ordenó Luka finalmente.

Mientras el barco se dirigía rápidamente al suroeste ayudada por el viento que soplaba a su favor, la bandera pirata comenzó a ondear desde el mástil más alto del barco.

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CONTINUARÁ…

¡Hola a todos! Estoy de vuelta, les advertí que no tardaría en regresar. Bueno, esta vez me animé a hacer un AU completamente nuevo. Espero que le den una oportunidad y que les guste. No sé mucho de historia y si meto las patas, les prometo que no es voluntario o es licencia artística. Antes de que lo olvide, dauphin significa delfín, es el título que se le daba al heredero al trono de Francia. Aún faltan varios personajes que introducir, no se preocupen, todos son importantes y harán su aparición en los siguientes capítulos.

Les ofrezco una disculpa, no he aprendido portugués formalmente así que si cometo un error, no me odien.

Muchas gracias a todos por leer mis locuras. Nos leemos pronto.

Abby L.