Hola a todos, ¿Cómo les va en la vida? Yo estoy emocionada, porque he estado escribiendo esta historia hace un tiempo, pero como estaba ocupada en el crossover, lo fui posponiendo sin poder controlar los fanarts que empecé a subir a Instagram, y hoy quiero subirla de una vez por todas.
Espero que se sienten en algún lugar cómodo, se relajen y disfruten de esta historia.
Vampire's Prey
Capítulo 1: Presa elegida
…
Empezó a tener hambre.
¿Cuántas semanas llevaba sin alimentarse?
Tal vez dos o tres, no lo recordaba, pero cada día se le hacía más difícil siquiera respirar.
Estaba acostumbrada a ser quien era, a ser lo que era, sin embargo, jamás le llegaría a gustar el hecho de quitarle vitalidad a alguien más para tenerla ella. Tal vez eran las virtudes que su madre le había heredado las cuales hacían de su existencia tan complicada. No podía dejar de lado aquello de su personalidad que le recordaba a esa persona, a la que le dio la vida, a la que más amó en su corto tiempo como un ser humano.
Se negaba a convertirse en un monstruo.
Pero si no se alimentaba, podría llegar a convertirse en uno.
Negó, avanzando por las oscuras calles, adentrándose en los parajes más desolados. Había un lugar donde podría ir a alimentarse, Croix le aseguró que podría hacerlo con alguien que no le molestaría aquel hecho.
Le causó curiosidad, era extraño que la mujer fuese tan condescendiente con ella, normalmente le decía lo que debía hacer sin más, sin preocuparse, sin pensar en los demás. Pero ahora, ¿Se preocupaba? La conocía hace un tiempo, pero no podía evitar cuestionarse los métodos a los que esta recurría.
Podría esta ser un vampiro hace mucho más tiempo que ella en comparación, pero cada día parecía más inmersa en sus propios objetivos. Eso le resultaba sospechoso.
¿Por qué estaba ahí, dirigiéndose a ese lugar, si no confiaba en ella?
El hambre.
Y tal vez una parte de ella quería confiar y poder tener finalmente a alguien a su lado en quien poder afirmarse llegado a algún determinado momento. Confiar en alguien luego de tanta muerte a su alrededor. Era la única de su especie con la cual sentía algún tipo de conexión, ya que esta resultaba ser relativamente similar en edad en comparación con los otros, con cientos de años de vida.
Era difícil ser la más joven entre todos los vampiros de la zona.
Llegó a la ubicación correspondiente. La última vez que estuvo ahí, fue cuando necesitó alimentarse de manera urgente, similar a ese momento. La cabina metálica era amplia, fría y desolada. No sabía si era por ser ella misma, por quien era o por lo que era, que el lugar se le hacía tan reconfortante, como un hogar. Frio como su poca humanidad, desolado como su existencia.
Avanzó, los tacones de sus botas haciendo eco, resonando alrededor difusamente. Estaba oscuro, pero estaba acostumbrada a la oscuridad. Ahí, nadie podría verla. Ningún humano, nadie. Solo era ella refugiada en el manto de la noche y la seguridad de aquella fortaleza.
Si, se sentía como en casa.
Estantes, compartimientos, mesas y sillas, todos los elementos hechos de metal. No había nada particular a su alrededor, y tampoco quería reconocer nada de ahí dentro. Era un refugio para los vampiros, cuando querían hacer tratos con otras especies y debían mantenerse escondidos. El lugar parecía alguna especie de instalación militar abandonada.
Algo llamó su atención. Algo diferente.
Había una especie de cama metálica, similar a una camilla, la cual no recordaba haber visto la última vez que estuvo ahí.
Sobre esta, había una chica.
Su vista, cuando sentía tanta fatiga, era curiosamente clara cuando se enfocaba en una posible presa. Era como ver todo oscuro alrededor, pero la silueta de la persona o del animal, cuya sangre era cálida y bombeaba, brillaba con fuerza opacando la oscuridad. Sus instintos la hicieron caminar en dirección de la chica ahí acostada. Podía escucharla dormir sonoramente.
Sus ojos se acostumbraron por completo, pudiendo distinguir con claridad a la mujer.
Ropa casual, cabello castaño largo, rostro placido y su cuello…
Su cuello.
Podía sentir el bombeo de la sangre en las venas como si estuviesen en su propio cuerpo, escuchándolo en su cabeza, insistente, un martirio. Golpeteando una y otra vez, provocándola, incitándola.
Aun en ese momento, con una víctima indefensa, se frenaba.
Croix le había dado esa oportunidad, debía tomarla. Se intentó convencer a sí misma. Esa chica estaba ahí por decisión propia, sabía a lo que se estaba exponiendo.
Pero…
Temía que con toda el hambre que tenía, no pudiese controlarlo, y simplemente…la secara.
No debía ser derrotista, no de nuevo.
¿Por qué estaba esa chica ahí?
Su cerebro, su cordura, empezó a resonar con fuerza, mientras su cuerpo se movía por inercia, acercándose más y más, viéndose debilitada al mismo tiempo por el sonido de los latidos que también insistían en su cabeza. Su cabeza siendo una maraña de pensamientos y sensaciones.
Necesitaba saber por qué la chica había aceptado algo así.
Necesitaba saber si estaba ahí por decisión propia o no.
Necesitaba saber si lo que iba a hacer estaba bien o mal.
Podía sentir sus colmillos crecer en su boca, sus encías ardiendo, pero no lo suficiente para frenarla, al contrario, el solo pensar en perforar la piel ajena, convertía aquel dolor en algo placentero.
¿Por qué una humana estaría durmiendo tan plácidamente en un lugar como ese? ¿Era tan imprudente para correr un riesgo así de grande?
El aroma vivido anegó sus pensamientos.
Estaba cerca.
Prácticamente podía sentir la respiración tranquila en su rostro pálido. Se relamió los labios, siendo imposible contener las ansias, las ganas, el hambre, la tentación. Ya casi podía sentir lo cálido de la sangre en su boca, en su lengua, bajando lentamente por su garganta, calentando su cuerpo frio e insípido. Ya casi podía sentir el aroma de esa sangre, sus pulmones llenándose del fragante elixir de la juventud eterna.
"¿Qué haces?"
Se detuvo de inmediato, sus colmillos a solo un centímetro de poder perforar el cuello de la chica. Se alejó un poco, sabiendo que la voz venía de esta, la cual al parecer había despertado. Se topó con unos ojos carmines, grandes, expresivos. Podía notar la confusión en su rostro, mientras pasaba una de sus manos por el rostro, quitándose los vestigios del sueño gustoso.
Pudo notarlo de inmediato.
La presa elegida no sabía de su situación.
Y la única pregunta que se formó en su cabeza, fue;
¿Croix la engañó?
"Nada."
Dijo de manera automática, rogando para que sus colmillos hubiesen vuelto a su tamaño normal o que sus labios presionados fuesen suficiente para ocultarlos.
La mordida de un vampiro es similar a la de algunos insectos, cuya penetración está acompañada de un compuesto que adormece ese sector, evitando que la presa se dé cuenta que ha sido mordida hasta que es demasiado tarde. Normalmente los de su especie secan a sus víctimas, matándolas definitivamente, algunos consiguen una víctima sumisa para tener alimento frecuentemente, y otros desmayan a sus presas, alimentándose, para luego dejarlas en el abandono, a su suerte, las cuales terminarían despertando sin saber que ocurrió.
En ese momento, no podía ejecutar ninguna de esas opciones.
Estaba de piedra, observando a la chica, la cual no dejaba de inspeccionarla con el ceño fruncido.
Ya era demasiado tarde para efectuar una huida, y con el hambre que tenía y la presión de tener a la comida tan cerca, podría causar más estragos de lo que pretendía. Aun no acostumbra a usar las habilidades que le eran otorgadas gracias al sacrificio de volverse aquel ser inmortal, y sin tener alimento recurrente, tampoco podía entrenar dichas habilidades.
La chica se levantó del lugar donde estaba recostada. Sus pies resonaron al chocar con el suelo, con ímpetu, movimientos enérgicos. Su cuerpo se alejó casi por inercia al sentir la cercanía. Era difícil, estuvo tan cerca de beber de su sangre, que sentía vértigo con solo tener su humanidad a solo unos pasos de ella. Era provocativo. Aun podía escuchar el sonido de los latidos ajenos en su cabeza, dando vueltas, repitiéndose, retumbando, rogando el que sus colmillos sean quienes detengan ese corazón viviente.
Dio un salto cuando la chica volvió a acercarse, olfateando a solo unos centímetros de ella. Su ceño fruncido permanecía en estado de concentración o de molestia o de confusión o tal vez de todo. Tuvo que dar otro paso hacia atrás, el rostro de la chica cerca del suyo parecía ser el fruto prohibido. Si su sangre bombease como en antaño, tal vez su rostro habría tomado color.
"¿Acaso eres…un vampiro?"
Se quedó boquiabierta.
¿Qué? ¿Cómo lo supo?
La castaña solo sonrió, sus ojos lucían divertidos, e incluso emocionados.
Nunca había estado en una situación similar, ni siquiera se lo había cuestionado. No se permitía tener errores así. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? ¿Debía negarlo?
"¿Q-que? ¿Vampiro? ¿De qué hablas? No existen."
Intentó endurecerse, y prácticamente lo logró, lamentablemente la chica volvió hacer un movimiento hacía ella, haciendo caer su máscara de compostura.
"Solo un vampiro usaría ropa tan anticuada. Son muy tradicionales ustedes, ¿No? Siempre he oído historias en casa, ¡Pero nunca me topé con ninguno!"
Se miró a sí misma, notando su traje perfectamente confeccionado. Su elección de atuendos no tenía que ver con ser un vampiro, al contrario, antes de serlo, usaba ropa similar. Cuando estaba forzada a convivir con humanos, intentaba cambiar de atuendo, ya que incluso la paraban en la calle para fotografiarla pensando que lo hacía por disfrazarse o algo, y las fotos no la beneficiaban en lo absoluto. No quería tener que dar excusas de porqué su rostro se veía borroso en cada una de las tomas.
No supo que responder, solo la miró, intentando mantener su máscara una vez más.
La chica solo suspiró al verse sin respuesta, sentándose nuevamente en su símil de cama. Su cuerpo cómodo, relajado, contrario al suyo el cual era siempre recto, siempre intacto, tenso. Sus ojos carmines volvieron a mirarla, esta vez desde abajo.
"¿Ibas a alimentarte de mí?"
Abrió la boca para responder, para negar, para excusarse, pero la chica continuó.
"Hay varios de ustedes por aquí, normalmente me mantengo con la manada, sin alejarme mucho, así que al parecer nunca me topé con alguno de ustedes, pero si sentí este aroma un par de veces antes. Pero a todo esto, ¿No es diferente para ti beber de un humano a beber de un hibrido?"
La chica vomitó su discurso sin siquiera respirar, mirándola con intensidad, por su parte, las palabras 'manada', 'aroma' e 'hibrido' empezaron a dar vueltas en su cabeza.
Ya había perdido la ansiedad de alimentarse.
La sed de sangre.
El vértigo.
La tentación.
Ahora solo estaba confundida.
Esa chica ¿No era humana?
"¿Qué eres?"
Le preguntó, sin dudarlo. Y la chica, sonriendo, le contestó.
"Un lobo."
Su cabeza empezó a funcionar más rápido de lo normal. Y lo más obvio en su mente era 'Croix'. Su obsesión con los lobos, lo sabía. Esa batalla eterna entre especies, batalla que tenía lugar antes de que alguna de ellas se convirtiese. No entendía esa rivalidad, era confusa, era sin sentido. No tenía duda que era esa rivalidad la que había causado que la mujer trajera a su escondite a una chica lobo, la cual parecía lo suficientemente ilusa para venir a un lugar así sin preguntar siquiera.
"¿Que te ofreció la persona que te invitó a este lugar?"
La chica volvió a levantarse, rebuscando en los bolsillos de su short. Finalmente lo encontró, una nota. Se la tendió, y no tuvo siquiera que leerla, esa chica ingenua podía confiar en quien fuese. Un lobo o no un lobo, si se dejaba convencer con tanta facilidad, con una simple nota, con una simple palabra, era de esperarse que se encontrase en esa situación.
Arrugó el papel, aplastando las palabras sin sentido, sin coherencia, aplastando la caligrafía de la mujer a la que conocía tanto como desconocía.
"Parece que no tenías tanta hambre como imaginé."
Giró su rostro, notando como la castaña también lo hacía, ambas buscando el origen de la voz.
Croix.
Estaba ahí, a unos metros de ellas, con su posición recta, similar a la suya, con sus ojos determinados, al igual que los suyos, con la marca en su cuello, al igual que la suya. Eran similares, pero en ese momento, como en muchos otros, notaba la gran diferencia. Notaba lo diferente que eran. Lo diferente que funcionaban. Tal vez ambas eran inteligentes y determinadas, pero día a día, hora tras hora, Croix se transformaba en algo en lo que ella personalmente no quería convertirse.
Un monstruo.
"Creí que solo querías ayudarme."
Le dijo, su voz resonando en el lugar, intensa. Estaba enojada y dolida.
La mujer solo negó con su rostro, una sonrisa en sus labios.
"Te traje alimento, cumplí."
Dio un paso hacía ella, sus manos enguantadas pasando a ser puños apretados, el cuero sonando ante la fricción. Luego dio un suspiro, calmándose. Su compostura siendo una de sus características más eficaces contra sus enemigos.
Necesitaba saber más.
"Sabías que no podría contenerme, ¿Acaso planeabas que secase a un lobo para así iniciar una guerra entre especies?"
Croix sonrió una vez más, intensidad en sus ojos verdes.
"Si, ese era el plan. Tal vez es la única forma para involucrarte en nuestra 'tradición'."
Ridículo.
Lo tenía claro, su sed de venganza era lo que la había convertido en un monstruo.
Era una mujer de tradiciones, pero no adoptaría una tan mal intencionada y carente de sentido.
Dios. Estuvo a punto de caer por completo.
Si la castaña no hubiese despertado en el momento justo, la habría devorado sin misericordia. La primera víctima, luego vendría una segunda, y estaría obligada a tomar lugar, a elegir un bando, y era obvio cual tendría que preferir. No podría mantenerse neutral si fue quien inició toda la rebelión.
Un vampiro alimentándose de un lobo, asesinándolo, haría que esa silenciosa tregua vacilante finalmente llegase a su punto culmine, y la ira se desatase.
Le dio una mirada a la castaña, la cual parecía no entender nada de lo que pasaba.
"¿Por qué ella?"
Le preguntó a su semejante, observándola nuevamente. Ambos pares de ojos inmersos entre ellos.
"Es la cachorra de Chariot."
Le contestó sin dudar, sin tapujos, sin vergüenza.
Chariot era su opositora, su contrincante, su rival.
Según sabía, fue hace años atrás, cuando la guerra de especies estaba en su auge. No conocía detalles, solo sabía que ambas tenían aquel duelo eterno, pero si bien conocía a la vampira, podía deducir que aquella rivalidad fuese ejecutada por un solo lado. Solo un lado que quiere venganza, que quiere una batalla, solo un lado que sigue adelante en esa pelea sin sentido. Un solo lado que busca reconocimiento y poder.
"¿Cuál es tu plan?"
Siguió cuestionándola, y esta parecía orgullosa. Probablemente tomaba aquellas preguntas como si tuviese interés en aquella pelea, en aquella disputa, lo cual no era así en lo absoluto.
"La estúpida de Chariot tiene que pagar, haré que la cobarde salga de su escondite y usaré todo lo que tengo a mi alcance para hacerla sufrir y destruirla por todo lo que me hizo."
Negó. Croix no cambiaría nunca. Abrió la boca, con la intención de cuestionarla una vez más, o tal vez para decirle lo equivocada que estaba, lo erróneo que era seguir esa venganza, pero se quedó callada, estática.
La razón, un gruñido a su lado.
Cuando miró, se dio cuenta como las facciones de la chica castaña cambiaron drásticamente. Su cuerpo parecía más grande, su expresión más severa, sus ojos más feroces y sus dientes se notaban peligrosamente letales. Lo otro que se podía distinguir con claridad, eran las orejas peludas acomodándose en su cabeza, y la cola abultada saliendo debajo de su camiseta.
"No te atrevas a llamar estúpida a Chariot."
Su voz era casi irreconocible.
"La cachorrita tiene agallas."
Croix respondió ante la amenaza, regocijada, pero poca atención le prestó.
No podía quitarle los ojos de encima a la chica.
Nunca había visto a un hombre lobo, no en persona, y era bueno el que así fuese, ya que, con aquellos roces, era fácil presumir que algo saldría mal. Eran creaturas realmente fascinantes, podía notarlo, así como letales e incluso impredecibles.
Claramente Chariot realmente era alguien importante para la castaña, con la forma en la cual sus ojos brillaban, enojados, intensos, agresivos, dispuestos a hacer cualquier cosa para proteger el honor de aquel nombre.
"Te lo preguntaré una vez más, ¿Te alimentaras de esta cachorra?"
Miró a la mujer la cual sonreía con satisfacción, luego volteó, mirando a la castaña, la cual había detenido sus gruñidos. Ambas se miraron con confusión. Meditando la pregunta.
Si, debería alimentarse.
Sintió un temblor en su cuerpo, un escalofrío recorriendo su espina. Le puso demasiada atención a su presa. Los latidos de la chica lobo eran más intensos que antes, su enojo y su ira les daba a sus venas un bombeo aun mayor, intenso, podía casi saborear esa sangre hervir dentro del cuerpo ajeno.
Negó con el rostro, intentando quitarse esas sensaciones de encima. Podía seguir aguantando hasta que tuviese otra oportunidad, pero no caería ante los juegos de Croix. La estimaba, pero no le seguiría la corriente. No iba a ser partícipe de una matanza sin sentido.
"No voy a alimentarme de esta chica, Croix, así que no me metas en tus asuntos."
Los verdes brillaron, decepcionados, pero aún estaba esa sonrisa astuta en su rostro.
"Es una pena. Creí que te divertirías. Te juzgue mal."
Le hizo una seña burlona a la castaña, y esta volvió a apretar los dientes, el enojo nuevamente subiéndole a la cabeza. Se movió hacía adelante, garras en sus manos, y claras intenciones de iniciar una pelea. Sin embargo, Croix desapareció antes de que la chica pudiese acercarse lo suficiente. La vio ahí, parada, inerte, mirando hacia todos lados, buscándola sin conseguirlo.
Croix ya no estaba ahí, había huido. El plan no involucraba a la chica, al parecer no era necesaria, o tal vez, por ahora, no era necesaria. Iba a procurar mantenerse al margen de todo ese asunto. No quería meter las narices en cualquier plan que la mujer llevase a cabo. No iba a estar en medio. No iba a arriesgarse.
"¿Se convirtió en murciélago o algo?"
Escuchó decir a la castaña, la cual aún miraba a todos lados, en búsqueda, olfateando. Por primera vez en mucho tiempo su garganta pareció querer soltar una risa, sin embargo, no lo logró, sin saber bien el porqué.
"No, solo se teletransportó."
La chica volvió a acercarse, ahora luciendo relajada, aunque su cola y orejas seguían a la vista. Sus ojos brillaban.
"¿Puedes teletransportarte también?"
Se veía entusiasmada, pero tuvo que cortar el momento, negando con el rostro.
"No tengo la energía suficiente."
"Oh."
Su voz sonó desilusionada, pero luego de un momento le sonrió, sus dientes carnívoros notándose con claridad.
"¡Cuando puedas muéstrame como lo haces!"
No le dijo nada, no respondió, solo empezó a caminar hasta la salida, lentamente, sintiendo sus piernas adormecidas. Cada día sin alimentarse provocaba que sus habilidades flaqueasen, su cuerpo volviéndose débil, sin control. No quería estar más tiempo cerca de esa chica, o podría perder por completo la cordura. Quería hacer las cosas bien, y en ese segundo no creía ser capaz de hacerlo.
"¡Hey!"
El grito, entre animado y enojado la hizo voltear, mirando a la castaña, la cual agitaba su mano de un lado a otro, al parecer intentando llamar su atención, dando leves saltos mientras su cola se movía tras su cuerpo.
"Soy Atsuko Kagari, ¡Pero puedes decirme Akko! ¿Cuál es tu nombre?"
No entendía porque la chica gritaba, si no estaban tan lejos, pero ignoró ese hecho.
"Diana Cavendish."
Le dijo, dudando un poco en si debía dar su nombre, pero era un vampiro, no un demonio, no había problema, además era un tema de cordialidad el dar el nombre cuando alguien te da el suyo. No debía olvidar sus buenas costumbres.
Siguió caminando, alejándose.
Lo único que pedía es que no hubiese más problemas.
Mas muerte.
No podría soportar más muerte.
…
Hey there! Presentación de personajes. ¿Qué les ha parecido? Explicaré más cosas adelante, y bueno, Diana hambrienta tendrá mucha acción en el futuro, y sufrimiento, y me digo, ¿Por qué le hago esto a las waifus? No lo sé, soy malvada.
Estaré subiendo esta historia a la par con mi crossover (LWA, RWBY y Frozen), y como mi trabajo está un poco matándome, probablemente olvide subir a tiempo, así que en Instagram, Facebook y Tumblr subiré las actualizaciones, sobre todo en el primero donde hago encuestas y demases, así que síganme si no lo hacen.
Y creo que eso es todo lo que quería decirles. Me alegra subir esta historia que tantas vueltas le he dado, y espero disfruten esta aventura tanto como lo hice yo al escribir.
Nos leemos pronto.
