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Capítulo Extra

La Guardiana de la Puerta del Tiempo

La batalla era cruenta, explosiones y muerte por doquier, sin lugar al que escapar. La chica de cabello largo azulado, apartó a sus hermanas antes de que la explosión las alcanzará. Desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Carim derramó lágrimas, y entre la ira y la tristeza…una luz cegadora la cubrió, transformándola en un ser de la vida y la pureza, permitiéndole, aun es su torpeza, enfrentar a su enemigo, y salir, a duras penas airada con la victoria salvando el planeta, y con la pérdida de una de sus dos hermanas.

Despertó adolorida y lastimada, recostada sobre un cumulo de mantas, que se esparcían por el suelo, una venda cubría su frente y torso, se incorporó lento, más recuperada de lo que imaginaba. Aun podía apreciar su cuerpo, pero su alrededor, solo era oscuridad. " ¡Carim! ¡Subaru!" "espero se encuentren bien" "pero ni siquiera sé dónde estoy" pensó "sigo débil, mi cuerpo no se ha recuperado del todo…no comprendo, quien pudo haberme ayudado".

-Oye…- una voz y un eco-…mira tras de ti…

Miró hacia la dirección de la voz, pudo apreciar a una persona parada, cabello plateado y ojos dorados, el ceño fruncido y una actitud intimidante.

-Eres una molestia- dijo entre dientes- caíste sobre mí mientras resguardaba la puerta del tiempo, no he tenido más remedio que cargarte y ayudarte, pero cuando te sientas mejor, deberás largarte de aquí ¿Has comprendido?

- ¿He muerto? - solo pudo preguntar, la rudeza de aquella persona era inapropiada para su estado tan confuso.

-No, pero no podrás volver al mundo de los vivos…nunca más.

- ¿Qué es…este lugar? - su voz revoloteó temerosa, no comprendía absolutamente nada.

-Es el mundo astral- la extraña le miró y entendió que debía explicarse aunque no quisiera-…lo que les pasó fue terrible, esa batalla en tu planeta natal no debió ocurrir, pero por asares del destino y quien sabe, el ser supremo lo quiso así…el poder que liberó el planeta a pesar de no destruirlo y la transformación de tu hermana, sin querer, te enviaron aquí…- miró a la nada, pues alrededor solo había oscuridad-…este es otro plano dimensional diferente al de los mortales, aquí residen todos aquellos a quienes llaman dioses, ángeles, dones, demonios, en fin, todo lo que escuchaste una vez y no pudiste creer. Aquí solo pueden existir seres etéreos, no existe el tiempo, nunca envejecerás y probablemente nunca morirás, aunque este lugar solo sea para espíritus superiores, no significa que no puedas estar aquí, pues un ser de la pureza te ha enviado, aun si no fuera su intención, esta dimensión te ha aceptado…pero solo un poder semejante o superior a la de la pureza puede regresarte, y no creo que exista nadie en este lugar, que pueda hacerte ese favor…

- ¿Por qué? - preguntó triste.

La extraña guardó silencio.

- ¿Por qué? ¡Responde! - alzó la voz sin pensar.

- ¡Silencio! - le dio la espalda – hay algo que debes comprender, yo pongo mis propias reglas, yo decido qué digo y qué no, tú no vas a darme ordenes…y de una vez que te quede claro, te irás de este lugar lo más pronto posible, y no quiero volver a verte jamás…- le dijo fríamente, mientras se alejaba entre la oscuridad.

Ginga se arrepintió de haber sido imprudente, pero lo cierto es que no se sentía nada bien, y nada de lo que ocurría tenía sentido, su único pensamiento se centraba en volver a casa cuanto antes. Una opresión se apoderó de su pecho, y una desolación la recorrió, sus lágrimas cubrieron sus ojos y se derramaron por su rostro, al darse cuenta que eso no sucedería, que no tenía a nadie dispuesta a ayudarla.

La extraña escuchó los lánguidos sollozos que cortaban el silencio, casi por un segundo se arrepintió de sus palabras. Pero ella no era un ángel y no se encontraba ahí para ayudar ni tener compasión a nadie. Solo una cosa era importante, y era su misión. Al cabo de unas horas, regresó a donde había dejado a la chica, dormía. El rastro de las lágrimas marcaba su rostro. Era tan extraño, no podía comprenderlo, ella que no tenía familia, ni vínculos, solo a la puerta del tiempo, y las palabras del ser supremo, ella había nacido para ser la guardiana de la puerta del tiempo. No lograba comprender las lágrimas de la chica que reposaba sobre el suelo. Ella era parca y directa, una guerrera del ejercito divino que luchaba contra todo aquel que desease apoderarse de la puerta, ese era su mundo, y no podía permitir que nada le distrajera de su objetivo, menos una humana.

Se agachó para estar a la altura, la miró con detenimiento. Ciertamente el ser supremo, era extraño, pues esa humana equiparaba la belleza de un ángel ¿Cómo era posible si era un ser inferior? Curiosa, acercó su mano y acarició despacio el cabello azulado, era sedoso, en un osado movimiento perfiló aquel rostro y con un dedo rozó los labios rosas ligeramente entreabiertos.

Por alguna razón no podía dejar de mirarla ¿Era curiosidad?

No, no debía darle importancia, porque esa humana se iría lejos, a enfrentar su nuevo destino.

Un ligero cambio en el aire la alertó, retrocedió y volteándose al mismo tiempo que se levantaba, agitó su báculo en forma de escudo, bloqueando un poderoso ataque de fuego que iba directo a su dirección.

-Un demonio de baja categoría…- dijo al notar al monstruo cuadrúpedo con fauces de dragón pese a no ser uno.

-Te arrepentirás de llamarme de baja categoría ¡morirás aquí, guardián de la puerta del tiempo! ¡Caerás en mis garras! - rugió con furia, y se arrojó sobre ella.

Ginga se despertó al momento de los rugidos, incorporándose temerosa, sucedió tan rápido, y fuera de toda meditación, la guardiana del tiempo se arrojó no solo para enfrentar el ataque, sino que también para defender a la humana, pues de esquivar al enemigo, el ataque la destrozaría, y por primera vez en milenios de su existencia, fue herida en la parte posterior de su antebrazo. Su shock era evidente, pues nunca defendió otra cosa que no fuera la puerta, una furia la invadió por entero, y a una velocidad vertiginosa, arremetió con su báculo y atravesó al demonio como si nada, el cual desapareció en la faz en medio de un aullido de dolor.

Hincada, reposando sobre su pie derecho, la ojidorada sopesaba su anterior acto, en tanto Ginga fue hacia ella por impulso.

- ¿Te encuentras bien? – la peli azul se miraba evidentemente preocupada, pues la guardiana de la puerta, sangraba profusamente.

-¿Qué haces?- le preguntó al ver, que cargando y rasgando unas sábanas envolvió su antebrazo con el mayor de los cuidados.

-Te han lastimado, solo intento ayudar…- dijo como si fuera evidente.

-…pero eres una humana- dijo como si eso fuera una razón o una excusa, muy mala, por cierto.

-…Lo soy- afirmó Ginga sin una pizca de duda.

La guardiana solo la miró detenidamente, dejando hacer, algo que ella podía, tenía el impulso de apartarse, de apartar su brazo e incluso de empujarla pues estaban demasiado cerca, nadie nunca hubo invadido su espacio personal, y no pudo comprender por qué no pudo realizar ninguna de aquellas acciones. Recuerda cuando la encontró no hacía mucho tiempo, inconsciente al pie de la puerta, se encontraba lastimada y sangraba. Pudo pensar que esto que hacia la humana en ese preciso instante, era como devolverle el favor, pero, se sentía diferente de alguna manera, un acto honesto y sincero. Recuerda, haberle limpiado sus heridas, preparado un lecho, para cobijarla y que descansara cómodamente. Quizás es que se había fijado en ella detenidamente, más de lo necesario, se reprendió, pero eso no evito que dijera "gracias" luego de que su brazo fuera vendado.

Ginga por otro lado seguía confusa, pese a ello, comprendía, que fue salvada por segunda vez por esa extraña, que parecía tan fría y distante, pero la protegió sin dudar un instante, y estaba ahí, y no la alejó, a lo mejor era una buena señal.

- ¿Cuál es tu nombre? - por su cabeza rondaba la pregunta, una mala curiosidad, pues era probable que no fuera respondida. Espero un momento, un rechazo, un grito, un mal gesto, pero la guardiana solo se levantó dándole nuevamente la espalda.

Los vínculos eran algo que ella desconocía completamente, nunca tuvo la necesidad de presentarse con alguien, todos en el mundo astral sabían quién era ella y por ello no hacía falta, incluso demonios que querían el poder de la puerta del tiempo le conocían, pero comprendía que esa humana no le conociera.

-…Cinque, la guardiana de la puerta del tiempo- dijo simple. Ginga guardo silencio solo un instante.

-…Mi nombre es Ginga- les respondió con alegría denotada en su voz y una deslumbrante sonrisa- mucho gusto.

Llegó a pensar que esa pequeña malhumorada, no se dignaría ni a decirle su nombre, le diría alguna grosería y ella debería irse sin conocer su nombre. Pero, por alguna extraña razón, se sentía feliz de que le haya respondido solo de habérselo pedido. Lo último que recuerda de ese momento en que se conocieron es que recostaron sus espaldas en la puerta, y dedicándole una sonrisa, su vista se nubló teniendo como paisaje a la peli plateada.

Desde entonces cada vez que Ginga despertaba, Cinque estaba ahí para ella, y aunque muchas veces la regañaba, al final terminaba siendo atenta y amable. Incluso llegó a romper las reglas solo por ella. La llevó a conocer los campos Elíseos, eran hermosos y majestuoso, tan largos que no llegó a ver su final. Conoció el camino hacia los cielos y los infiernos, se dio cuentas de que muchas cosas eran reales, muchas más de las que pensó, como el Sheol, el rio Aqueronte, o los círculos infernales, estaban en distintos lugares, pero ambos eran reales.

- ¿Tienes miedo? - Cinque le preguntó mirándola detenidamente.

-…por supuesto que es aterrador, pensar en toda esa gente sufriendo, es demasiado triste…- Cinque solo la miraba, sin denotar expresión alguna.

-…te compadeces de ellos, pero alguna vez ellos no se compadecieron de otros…- le aclaró.

-…no lo sé Cinque, pero me alegra que tú estés conmigo, solo porque estás aquí, siento que puedo soportarlo.

Algo se removió en el interior de Cinque con esas palabras, no refutó ni dijo nada más…no sé negó al placer de sentir que esa humana la necesitaba. Era extraño, para ella todo eso no era nada nuevo, pero era fascinante mostrarle todo esto a ella, ver sus expresiones llenas de curiosidad satisfecha, en ocasiones le explicaba y otras no. Pero siempre retornaban a la puerta, entonces, en su lecho la miraba recostar y dormir, ya pronto se recuperaría por completo, y esa humana debería marcharse, por alguna razón eso le causaba nostalgia.

Ginga no sabía cuánto tiempo había pasado, pero de un momento a otro eso no le preocupaba, y Cinque era tan amable con ella que incluso en uno de sus ataques de angustia y preocupación le mostró que sus hermanas estaban bien y que sobrevivieron al ataque del planeta, eso le dio un gran alivio que necesitaba. Y ahora estaba ahí, ya se sentía completamente recuperada, pero cada vez que Cinque le preguntaba se lo negaba porque no quería marcharse…no quería dejarla, pero quizás, entre más alargara la despedida, podría ser peor para ambas, y sin tener más opción decidió que se lo diría en el próximo despertar, y enfrentaría su nuevo destino.

Sus ojos se abrieron una vez más, fue la primera en despertar. Al mirar a Cinque dormir apaciblemente, hizo llegar a su corazón una extraña emoción, era más que añoranza, más que agradecimiento, era una mezcla de congoja, tristeza y felicidad…al mismo tiempo, nunca sintió nada igual, y dolía pensar en decir adiós ¿Cinque se sentiría igual? Seguramente no, ya que siempre que podía le recordaba que debía marcharse.

-Ya despertaste- ni siquiera se dio cuenta cuando la otra despertó, su sorpresa fue notoria, pero sonrió.

-Buenos días, Cinque…- con descaró no le perdió detalle, la guardiana de la puerta solo atinó a sentirse nerviosa y sonrojarse.

-¿Qué sucede?- le pregunto ataviada.

-Nada, solo…quiero verte- dijo con sinceridad, pues quería grabar en su memoria para siempre la imagen de tan curiosa persona…no ella no era una persona, era un ser divino, de ninguna manera tenía oportunidad.

Cinque no supo que responder, la humana había dejado sin palabras…y se sentía cálido, pero nunca admitiría algo así, ella no era débil, no debía verse vulnerable ante nada ni nadie, no importara lo hermosa y maravillosa que fuera esa tal Ginga, que su sonrisa le deslumbrara, o que en sus ojos pudiera encontrar paz y tranquilidad.

-…hay algo que tengo que decirte- dijo más seria de lo que pretendió la oji verde, pues no quería que notara cuanto le afectaba el tener que marcharse.

-Adelante, puedes decirlo- clara y directa como siempre, aunque su intención no era ser indiferente, esa manera de hablar ya era parte de ella.

-…creo, que ya me he recuperado por completo…- apartó sus ojos sin poder verla directamente.

Sus palabras tenían el significado que tenían, sin otra intención. Cinque comprendió, aunque aparentó muy bien, su corazón dolido sin razón aparente. ¿Ginga quería irse de su lado? No es que ella fuera tonta, ya se había dado cuenta, que la humana se recuperó hacía mucho tiempo. Al principio no comprendió la mentira, solo pensó que era cosa de humanos "mentir", el problema era que, con el tiempo, se acostumbró a tenerla cerca, a esas preguntas tontas y a poder responder cada una de ellas, con el tiempo, la mentira se volvió una añoranza, pues significaba que esa amable y juguetona chica quería estar a su lado ¿Entonces qué cambió? ¿Por qué justo ahora? Quizás fue muy tonta al pensar…desear, verla cada vez, su sonrisa, escuchar su voz, sus bromas…sus abrazos y esa calidez pudieran ser para siempre.

-…te llevaré al lugar de tu partida…- no había necesidad de formalidades ni preguntas, ya estaba sobre entendido, detestaba que pudieran entenderse tan bien de esa manera tan simple…era algo increíble, pero también dolió aceptar que así fuera.

Caminaron durante bastante tiempo, sin decir nada la una a la otra, Cinque al frente. Una brisa comenzó a soplar conforme se acercaban al lugar indicado. Ginga se limitó a contemplar la rigidez y formalidad de la otra, tan elegante y decidida, muchos de sus rasgos y comportamientos a veces eran tan mundanos, solo cuando sin querer bajaba la guardia y llegaba a mostrarse tan cual era, aunque por su parte nunca le ocultó nada, mostrándose tal cual era, para que le recordara así, siendo solo Ginga. Llegaron al inicio de un sendero, entre un campo a un lado, y el inicio de un largo bosque al otro.

-Este es el camino del infinito…deberás ir por este lugar, el sendero te guiará en tu camino, no te desvíes o tomes otra ruta que no te indique, pues podrías perderte, si te internas en el campo podrías caer en el paraíso o en los infiernos, si te pierdes en el bosque, te perderás en los los bucles infinitos del espacio, como eres una humana difícilmente lo soportarías, incluso podrías perder la razón así que ve con cuidado- Cinque se apartó y la invitó a adentrarse en el camino.

-Supongo que este es el adiós- las palabras ya habían salido antes que pudiera detenerlas, pero negarlo era algo estúpido, Ginga sonrió con tristeza.

El sendero empezó a marcarse más allá de la vista. Cinque agachó la cabeza, no sabía qué responder, ni qué decir…no quería despedirse, pero resistió con todas sus fuerzas mostrar algún atisbo de tristeza, tal debilidad solo concernía a mortales.

-Cinque-chan…- pronuncio Ginga con cariño, esa fue la primera vez que la llamaba de ese modo-…hay algo que quiero darte, antes de irme- pero que tonta humana, no había forma en que pudiera darle algo, sabía perfectamente que no tenía posesión alguna.

Ginga se acercó despacio, se puso frente a la otra, Cinque continuaba sin mirarla. La peliazul acercó su mano a la mejilla de la más pequeña, y tomándola con delicadeza, hizo que la mirara de frente, se agachó y acercándose aún más, hizo que sus labios entraran en contacto, en una suave tierna, caricia, un beso anhelado por parte de la más alta, la caricia fue delicada y dulce, la presión intensificó la sensación antes de que se separaran.

-Eso es un beso, es algo de humanos y mortales…significa que, yo te quiero, y nunca voy a olvidarte, espero no te moleste demasiado- con esas últimas palabras y resignada, dando la vuelta, Ginga se adentró al camino del infinito.

Cinque se quedó en shock, la sorpresa que se llevó era demasiada, su cuerpo fue desbordado por sensaciones y emociones, su corazón, ahora estaba más vivo que nunca, latía alocadamente, y cada fibra de su ser se encendió, comprendía, que deseaba…no, necesitaba a esa humana por la eternidad…nunca hubo una regla que decía que no podía amar a otro ser, había aceptado la soledad, solo porque nunca tuvo a nadie, y a pesar de que por un lado, enamorarse de la primera persona que estuvo a su lado, era en verdad patético…sus sentimientos era correspondidos, ahora sabía que Ginga sentía lo mismo, ella quién pudiendo amar a otra persona, la encontró y le dedicaba ese sentimiento tan honesto y sincero, que idiota sería si solo la dejaba ir…

De un momento a otro soltó su báculo y corrió hacía ella, abrazándola abruptamente por la espalda, sin dar la oportunidad a escapar o alejarse.

- ¡No te vayas Ginga!- sus palabras salían atropelladas en medio de su turbulenta desesperación- ¡Yo también te quiero! ¡No me dejes! - las lágrimas que tanto contuvo, por fin se desbordaron.

Ginga no podía creerlo, jamás creyó que eso sucedería, pero era real, y nada podía hacerla más feliz. Se movió entre los brazos que la rodeaban, mostrándole a la otra que también derramaba en silencio sus propias lágrimas, y sin esperar más, se inclinó para entregarse a esos labios una vez más…quería hacerlo todas las veces que quisiera, el besó se intensificó, sus lenguas se encontraron en una danza placentera, solo para separarse y volverse a encontrar. No sabía cuánto tiempo pasaron así, lo único que sabía es que la sonrisa que le entregaba la guardiana de la puerta, era la más hermosa de lo astral o de cualquier universo.

El sendero que se abrió en el camino del infinito desapareció por completo, dejándole claro el lugar en el que debía estar.

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Notas: Esta historia fue para ti amigo Saizo.

El capítulo final será publicado dentro de las próximas 24h.

No me gustan mucho los finales malos, así que ya están advertidos, pensé en incluso hacer dos finales, pero no se pudo, o quien sabe tal vez en el futuro.

Que la luz de la Estrella y el Rayo ilumine sus corazones.