Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, salvo los que creé para esta historia. La historia es mía.


Capítulo 7

—Ok... no es momento de discutir esto. Nada está decidido, sólo fue un pequeño favor el que le pedí a…

—Cállate, Rose. Sólo causarás más problemas.

—Edward, ¿qué sucede?— Bella se interpuso en su camino antes de que saliera.

—Te lo explicaré bien en casa. Rosalie debe encargarse de la niña.— Edward la tomó de la cintura para guiarla fuera de la casa, no dijo nada al ver a Brook con el elefante ni tampoco se molestó en saludarla.

—Te veo otro día, Bella— saludó la niña. Bella le sonrió en respuesta.

—Edward…—lo llamó Rosalie antes de que subieran al auto, él se giró hacia ella— Piénsalo, por favor.

Subió al auto sin darle una respuesta. Condujo hasta su casa en silencio, Bella se veía molesta con él y ni siquiera lo miraba.

—Lo siento. Iba a decírtelo hoy, ya que hoy me enteré...

—No puedo aceptarlo, Edward. No así.

—Bella— Bella bajó del auto y le dio la espalda mientras entraba a su casa. Edward la siguió y al entrar dejó las llaves puestas en la puerta —Bella, por favor…

—¿Por qué insistes tanto?— volteó a mirarlo— Rosalie siempre ha sido un problema para ti. Siempre te he visto hablar mal de ella, ¿por qué cambiarías de opinión al respecto?

—¡No quiero que se case con Emmett!

Bella miró a su marido, estaba angustiada, enojada. No entendía. Sabía que Rosalie y Edward eran como el agua y el aceite, pero ahora ¿él quería hacerle daño?

—¿Bella?

—No estoy de acuerdo.

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—¿Estás enojada?

—Un poco. — Rosalie peinaba el cabello de Brook mientras ella tomaba jugo y miraba caricaturas. —Brook, nada de lo que pasa es tu culpa. ¿Sabes eso, no?

Brook se encogió de hombros y cuando Rosalie terminó fue a verse al espejo.

—Extraño estar aquí.— suspiró— ¿Dónde está mi hermano?

—Digamos que…

—¿Se metió en problemas de nuevo? —se llevó una mano a su rostro, frustrada— Ugh este Emmett, no aprende más.— Rosalie rio.

—Ya veo de donde has sacado todo esto…

—¿Esto qué?

—Tu forma de ser… eres igualita a tu hermano.

—Diag.

—Bien pequeña, debo llevarte con servicios sociales. — la rubia se puso de pie.

—¡NO!

—Brook, no hagas esto difícil nena. Estoy tratando de que las cosas se hagan rápido pero si te escapas no podré hacer nada. Prometiste portarte bien. — señaló. Brook se cruzó de brazos molesta.

—¿Me prometes que van a recuperarme? — Rosalie quiso desaparecer en ese instante. ¿Cómo podría prometer aquello? Las cosas estaban peor que antes. Se agachó frente a la niña y puso sus manos en los brazos de la pequeña.

—Te prometo que haré todo lo que pueda. Pero tú promete que no volverás a escapar.

—Lo prometo. — dijo Brook con pocos ánimos. Rosalie sabía que lo decía en serio. Besó su frente y luego llevó a la niña nuevamente con servicios sociales. Era lo mejor que podía hacer en esos momentos.

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Emmett estaba sentado en el suelo de la celda. Ya estaba cansado de estar en ese horrible lugar. Odiaba que Rosalie siguiera el consejo de su hermano y no haya pagado su fianza. Odiaba tener que estar en esa situación. Odiaba tener que cargar con tantas responsabilidades. Por un momento pensó lo distinta que sería su vida si no tuviera que preocuparse por su hermana, pero descartó ese pensamiento al darse cuenta lo egoísta que podía llegar a ser.

—McCarty. — llamó un oficial de guardia. Se puso de pie al verlo en la puerta de su celda. — Pagaron su fianza. — abrió la celda para que él saliera y al llegar a la recepción no pudo evitar echarle un vistazo a las largas piernas de la rubia que llevaba un vestido corto ajustado al cuerpo. Los zapatos rojos le quedaban pintados, al igual que su vestido.

—Toma — Rosalie le ofreció un pañuelo. Emmett la miró confundido. — Te veo babear desde lo lejos.

—No pierdes oportunidad, ¿eh?

—Ya, vámonos de aquí.— Tomó su mano y Emmett dejó que lo guiara. Subieron a su auto y Rosalie condujo en silencio.

—¿Brook…?

—Ella está bien. No está contenta pero prometió hacer buena letra, así que yo debo hacer mi parte ahora.

—¿Tu parte?— Rosalie frenó de golpe frente a su casa y miró a Emmett.

—Mi parte. Conseguí una cita para casarnos la semana que viene. Vamos a recuperarla.

Emmett se quedó sin palabras, eso podría explicar el motivo por el que Rosalie estaba tan elegante. Sonrió.

—¿Aquí es cuando te beso y nos revolcamos un rato?— Rosalie rodó los ojos.

—Cariño, yo no me revuelco… mucho menos con alguien que estuvo diez horas en prisión. Yo que tú me daría un baño antes de intentar otro movimiento. Prometido. — le llamó en broma mientras bajaba del auto. Emmett rio y la siguió dentro de la casa. Ambos todavía tenían muchas cosas que discutir.