Batman no me pertenece :D es de DC. Yo sólo me divierto.
Muchas gracias por leer y gracias especiales por los comentarios que son amor :D
El poder musical (parte I)
Batman corre tras ellos, los sigue, tiene que salvar a Jasón de Owlman. Corre por los tejados, trata de mantener su mente enfocada, intenta sacudir la conmoción de ver a Jasón morir, perder a sus amigos, su mente y su mundo. A diferencia de la ocasión anterior, este sujeto no corre a esconderse, sino al hospital.
Talón se asegura que el sitio sea seguro. Owlman aterriza. Ambos remplazan sus armaduras por ropa común. Los dos visten trajes Sastres, como si hubieran salido de una junta. Owlman le quita la playera a Jasón y todo lo incriminatorio. Corren al hospital, entran al área de urgencias. Owlman grita:
— ¡Ayuda! ¡Por favor! ¡Alguien atacó a mi hijo! —
Los médicos llegan de inmediato, ponen al joven en una camilla. La trabajadora social lleva a Owlman con ella para rellenar los papeles, Talón permanece vigilando a Jasón.
Batman mira en tiempo real lo que sucede por las cámaras, ve que Owlman ha escrito en las formas el nombre de: Bruno Díaz.
Bruno Díaz sonríe a la cámara, sabe que Batman lo está mirando. Quiere ver la cara del bastardo cuando pierda a Jasón. Sacude esa idea de su cabeza, tiene que orientarse, saber qué clase de mundo es este, las amenazas, conseguir recursos. Pone su tarjeta en la terminal, teclea su NIP, de inmediato su tarjeta crea una cuenta, la cual se llena con el dinero de Lex Lutor, Máscara Negra, El Pingüino y la mafia internacional. Siempre ha amado golpear a la gente por su dinero del almuerzo.
La policía llega, es un agente que escribe la declaración sin la intención de encontrar a los culpables. Jasón abre sus ojos, ve a Bruce a su lado, lo observa un poco más, este sujeto parece tranquilo, sin la ira de Bruce o esa mirada decepcionada. Nota que él sostiene su mano. Observa su sonrisa y lo escucha decir con alivio:
— Me alegra que despertaras. Estoy tan feliz de que estés vivo. —
Jasón siente algo cálido en su corazón, nadie se ha alegrado jamás de que él viva. Le sorprende que este sujeto lo diga con tanta soltura, como si fuese fácil expresarlo. Nota otra presencia, ve a Grayson recargado en la pared, mira alrededor en busca de peligros, no se abalanza, ni viene con su tonta sonrisa falsa. Los ve a ambos al asegurar:
— No son de aquí. — Nota al sujeto sonreír con orgullo, lo escucha decir:
— Siempre tan perceptivo. No, no somos de este mundo, sino de otro. Ricardo y yo nos dirigíamos a una cena familiar, cuando fuimos arrastrados a este lugar, al almacén donde ese bastardo te golpeaba. — El sujeto se presenta. — Soy Bruno Díaz y él es Ricardo Tapia, puedes decirle Ric. — Ricardo asiente en señal de aceptación.
Jasón observa el reloj que está en la pared. Tiene que regresar a su apartamento, debe despedirse de Tutsi. Él planeó esto, él necesita llegar a tiempo. Bruno pregunta:
— ¿Qué te preocupa? —
Jasón mira las sábanas blancas, reconoce el estampado, están en el hospital más caro y lujoso de Gotham. Dice sin ver al sujeto sentado junto a su cama:
— Necesito regresar a casa. —
Jasón espera que este sujeto le dé una conferencia, le diga que tiene que quedarse en cama por su salud, le externe su desaprobación por su imprudencia. No viene tal respuesta, escucha:
— Bien. —
Jasón mira al sujeto que le hace una seña a Ricardo, quien sale del lugar. Cinco minutos después está dentro de un taxi, en dirección a su departamento. Bruno pregunta:
— ¿Hay algo más que debas obtener? — Jasón responde:
— Víveres. —
Bruno le extiende una libretita y una pluma de gel multicolor.
— Ricardo comprará lo que necesitas. —
Jasón toma aquello entre sus manos, garabatea con la peor letra. Regresa la lista. Bruno la toma con cuidado, se la da a Ricardo, quien salta del auto en movimiento.
Jasón es sacado del taxi estilo novia. No importa cuánto lucha, los insultos o golpes. Bruno es inamovible, sube las escaleras sin cansarse o flaquear. Sostiene el cuerpo del joven como si no pesara.
Jasón es bajado frente a la puerta de su apartamento. Abre esperando la crítica por su lugar de mierda, por la falta de lujos y calefacción. Bruno no se mueve, espera. El joven se voltea al preguntar:
— ¿No vas a entrar de una maldita vez? — Bruno dice:
— No consideré apropiado entrar sin ser invitado. —
Jasón no puede responder, porque alguien toca la ventana, va a abrirle a Ricardo, el cual carga las bolsas y espera a ser invitado a pasar.
Ricardo lleva las cosas a la cocina, saca los perecederos para ponerlos en el refrigerador. Jasón le dice:
— Voy a cocinar… — Es interrumpido, porque alguien toca la puerta. Bruno abre, Tutsi entra, saluda al desconocido:
— Hola. — Bruce también muestra su palma al responder con una sonrisa brillante de comercial:
— Hola. —
Jasón sale de la cocina, recibe a Tutsi y aleja su atención de Bruno y Ricardo quien observa a unos pasos. El hombre va a la cocina, donde ve los ingredientes, le sonríe a Ricardo quien asiente al tomar un cuchillo.
Tutsi le pregunta a su amigo mientras él la peina:
— ¿Quiénes son? ¿Son Betas? — Jasón pregunta al colocar una horquilla:
— ¿Por qué?
— Ellos no tienen olor o feromonas. Es extraño. — Jasón le comenta:
— No te preocupes Tutsi. — Ella cuestiona:
— ¿Son las personas que contrataste para acompañarte en tu viaje? — Ella no escucha una respuesta. Se voltea y abraza a Jasón. — Estaba tan preocupada, no quería que un Alfa fuera contigo, ellos pueden ser violentos e impredecibles. Aunque ese alfa Sexy de un ojo es lindo. — Ella sonríe. — Esos betas parecen fuertes y amables. Realmente quiero ir contigo, yo… —
Jasón pone su frente sobre la frente de Tutsi, sonríe al decirle:
— No, por favor. Quiero que me recuerdes vivo, fuerte, como aquel que se ha ido a un viaje interminable lleno de felicidad. —
Ella abraza con fuerza a Jasón, no quiere llorar, pero le es difícil contenerse. El aroma a comida llena el pequeño apartamento. Ellos van a la cocina, donde cuatro hermosos platos están servidos.
Tutusi distrae su mente, comienzan a comer, la comida es deliciosa y suave. Jasón podría decir que Alfred lo hizo, pero el mayordomo no está aquí. Terminan de comer entre una charla simple.
Jasón vuelve a la estancia, donde termina de maquillar a Tutsi. Ellos se despiden, él deja ir a la joven. Va a la ventana y la ve desaparecer en el auto. Siente la mano de Bruno sobre su hombro derecho, lo escucha decir:
— Ella es amable. —
Jasón asiente sin responder. Se aleja de la ventana. Batman entra rompiendo los cristales. Bruno ni Ricardo están impresionados por el dramatismo. Lo que ninguno espera es ver a Batman encogerse mientras se acerca a Jasón.
Bruce siente como su traje le queda cada paso más grande, su capa es más pesada y asfixiante. Se para frente a su alma gemela, le dice con decisión al quitarse la capucha la cual es enorme:
— Él es malo y no voy a permitir que te lleve. — Bruno dice al señalarse:
— ¡Claro que soy malo! Soy un villano, rey de la Corte de los Búhos, dueño bajo las sombras del mundo. ¡Soy Owlman! —
Jasón no puede evitarlo, suelta una risilla, eso parece relajar a Ricardo, quien baja los cuchillos que tenía en la mano. Bruce se abraza a la pierna de Jasón, le dice:
— ¡No! ¡No te irás con él! —
Bruno y Jasón están confundidos por eso. Ricardo observa con diversión, mientras graba todo con su celular. Jasón levanta a Bruce de las axilas, lo cual hace que sus pantalones blindados se desplomen al suelo. El chico considera que esto es muy tonto y humillante para el millonario. Lleva a Batman a la habitación, lo coloca sobre la cama, pero el niño salta sobre Jasón al abrazarlo del cuello.
El joven obliga al cachorro a soltarse, lo pone sobre el colchón, le dice con disgusto:
— Deja de ser… — Respira. — Bruce, ¿Qué te pasó? —
Bruce mira a Jasón, piensa en qué puede decir. No puede decirle que un Owlman apareció, se lo llevó, mató a medio mundo y luego en una pelea aniquiló a Jasón. Tampoco que ha fallado decenas de veces, haciendo que Jasón muera. Si le dice que apareció un ser mágico que lo ha abandonado. Bruce se lleva las manos a la cabeza, le duele pensar en esto. Quiere que Jasón lo abrace y nunca se marche.
Owlman se asoma por la puerta, mira la situación, sonríe al sugerir:
— Tal vez quiere ir a casa. Vamos, lo dejamos con su familia y corremos. — Jasón observa al sujeto que dice con petulancia. — Es como tocar el timbre de una casa y salir corriendo. — Jasón puede escuchar a Ricardo decir con ánimo:
— Santos planes Owlman, deberías atormentar esta ciudad así. —
Owlman sonríe, Jasón no puede evitar contagiarse por el gesto. Le parece ver una expresión amable y divertida en el rostro de Bruce, un Bruce que no parece mayor a los 25 años y cuyo nombre es Bruno.
Mini-Batman dice con petulancia al extender sus brazos para tomar alguna parte de Jasón para aferrarse:
— No. —
Jasón se siente cansado, la jaqueca amenaza su estabilidad. No quiere lidiar con Batman, menos si se trata de un niño, no desea luchar con el deseo de abrazar al cachorro, recostarse y dormir abrazándolo. Respira profundo, necesita un descanso.
Bruno toma a Bruce entre sus brazos, le susurra algo al oído y mini-Batman se duerme. Jasón escucha la voz de Bruno decir de manera jovial:
— Podemos meterle en una caja, envolverlo para regalo. Lo dejamos frente a la puerta y escapamos. —
Jasón niega aunque es una idea muy divertida. Ellos salen del apartamento. El dueño da un último vistazo, se despide en silencio para cerrar esa puerta para siempre. Caminan por las escaleras y pasillo hasta salir.
Red Hood, Jasón, siente como si sus pasos estuvieran destinados a llevarlo lejos, como si esto fuera importante.
La noche es gélida, el viento acaricia su rostro e insufla su cabello. Un taxi se detiene frente a ellos. Suben, le dan las instrucciones al conductor el cual no objeta después de tomar su pago.
Jasón mira por la ventanilla, este paraje, el camino, la ciudad que se aleja, todo lo ha visto cientos de veces. Sin embargo, se siente como si estuviera dentro de un bucle interminable como en una película. Una mano cálida toca su hombro, voltea para encontrar a Bruno, quien le sonríe al decirle:
— Los enfrentaré si ellos quieren dañarte. —
Jasón no quiere creerle, pero parece sincero. Niega al asegurar:
— Puedo defenderme solo. — Bruno acepta:
— Lo sé. Pero quiero hacerlo. —
Ninguno habla el resto del camino. Jasón no quiere creer que finalmente conoce a un Bruce, bueno, Bruno dispuesto a luchar por él. Le parece inaceptable, inverosímil. Siente que es como pedir que un ángel se materialice frente y este aparezca, eso no le ocurre a la gente como él. Esas cosas no pueden ocurrirle a Jasón Todd.
La mansión Wayne se erige oscura y fría en su lugar habitual. Jasón casi no puede suprimir su estremecimiento. Sus pesadillas moran en esa casa oscura. Siente una mano cálida sobre su hombro, voltea para ver una sonrisa suave en los labios de Bruno. Le parece gracioso que este sujeto, al cual conoce hace unas horas, le muestre más amor que Bruce Wayne en todo el tiempo que se conocen.
Las puertas se abren para el taxi. Alfred de inmediato está en la puerta seguido por Dick y Damián. Ellos están listos para atacar a cualquier amenaza. Ricardo lleva al niño, sube las escaleras, lo entrega a Alfred. Le dice:
— Esta cosa es tuya. —
Damián se sorprende al ver a esa versión alternativa de su hermano. Su expresión neutra, la frialdad de sus palabras, la crueldad que promete su mirada.
Ricardo les da la espalda, baja las escalinatas para regresar al taxi. Ellos ven a la versión de Bruce que está ahí, sonriente, el cual mira hacia el otro lado donde está parado Jasón. Jasón observa a quienes nunca fueron su familia, aún le duele más que morir. La voz de Bruno lo trae a la realidad:
— ¿A dónde quieres ir? Podemos ir a donde quieras y comprar muchas cosas. —
Jasón no puede evitar sonreír. Bruce jamás le preguntó por lo que deseaba hacer o a dónde quería ir. La misión siempre fue lo más importante. Desde que regresó de la muerte, sólo en ocasiones ha podido pensar en lo que desea, ¿qué desea Jasón Todd? ¿Qué es lo que él quiere? Sin la misión, sin las palabras de Talia o las enseñanzas de Batman. ¿Qué es lo que desea él como persona individual? ¿Acaso puede ser feliz?
Bruno le sonríe, se recarga en la portezuela al decirle:
— Mereces ser feliz. —
Alfred le entrega a Dick el niño. Sabe que se trata del Amo Bruce. Sin embargo, al ver a esa otra versión de Bruce, la cual intenta llevarse a Jasón. Sabe que van a perder al joven si lo dejan ir. Si Jasón se va de nuevo, lo habrá perdido. Alfred no lo soporta más, quiere que Jasón vuelva a casa.
Alfred se para frente a Jasón, ve a las otras personas, pero se dirige a él.
— Maestro Jasón, ¿puede concederle un favor a este viejo? — Jasón le sonríe, como lo hace, esa sonrisa que ha sido salpicada de dolor. — Pueden quedarse. Podemos encontrar una manera de ayudar a los caballeros a volver a casa. — Bruno responde de buena gana:
— No necesitamos su ayuda, Alfred. Agradezco el gesto. ¿Qué quieres hacer Jasón? —
Jasón mira a Bruno, le ha vuelto a preguntar por su deseo. Sabe que en la Baticueva puede haber algo para ayudar a Bruno. No quiere quedarse, pero desea que alguien como Bruno y Ricardo, quienes no han hecho otra cosa que ser amables con él desde que se conocieron, regresen a casa. Sabe que no debe bajar la guardia, tiene que desconfiar, pero está muriendo. Además, pensaba pasar por la mañana para despedirse de Alfred. Responde la pregunta:
— Por supuesto Alfred. —
Bruno le paga al taxista antes de alejarse. Bruno y Ricardo se queda a un lado de Jasón, como si fuesen sus escoltas. Ellos llegan a las escalinatas. Bruno les pregunta a los dos héroes que están ahí:
— ¿Van a meternos en una celda? — Alfred dice con seriedad:
— Son invitados. — Bruno sonríe al decir:
— Eso es descuidado. Debes saber que no todas las versiones de Batman son agradables. — Alfred dice de manera tajante:
— Prepararé sus habitaciones. Espero que se comporten como invitados. — Bruno advierte:
— Prometo no causarte problemas, Alfred, a menos que alguien me provoque. — Ricardo asiente.
Ellos entran a la mansión. Alfred va a preparar las habitaciones. Dick lleva a Bruce a la cueva para hacerle un chequeo. Damián observa con el ceño fruncido a los visitantes.
Damián siente una presión funesta, si lo piensa, es más ominoso que el pozo de Lázaro. Al verlos, sabe que estos dos individuos son peligrosos. Ellos parecen ser amables con Jasón, pero es una trampa. Quiere apartar a Jasón de ellos y alejarlo del peligro, desea poder protegerlo, al menos una vez. Damián cuestiona lo que todos han pensado en preguntar:
— ¿Cuál es su casta? —
Bruno y Ricardo se miran, no comprenden la pregunta. Se cuestionan si es un modismo. No creen conveniente decir que son Owlman y Talón de manera innecesaria. Ricardo responde:
— Pertenezco a la Familia Gris y Bruno es la Línea de la Familia Díaz. — Jasón sonríe al aclarar lo que el cachorro quiere saber:
— Él pregunta si son Alfa, Beta u Omega. — Bruno y Ricardo se vuelven a mirar. Bruno responde:
— No hay esa clase de categorías en nuestro universo. — Jasón pregunta con interés:
— ¿No hay sexo secundario? — Ricardo niega. Bruno dice al encoger los hombros:
— Hay hombres, mujeres y no binarios por elección. — Bruno sonríe al ver una oportunidad. Toma la muñeca de Jasón con entusiasmo al dirigirse a la biblioteca. — Pero queremos saber. Por favor Jasón, ¿puedes explicarnos? —
Jasón no lucha contra Bruno, al inicio fue por el desconcierto de escuchar 'por favor', después el estupor de ver el rostro tan similar a Bruce pedirle enseñarle. Sonríe, no sabe por qué, pero se siente feliz.
Damián intenta entrar con ellos, sin embargo, Ricardo le cierra la puerta en la cara. Intenta abrir, pero es inútil.
Dick suspira dentro de la baticueva. Bruce está bien, sin contar que es un niño pequeño. No hay heridas, drogas, venenos. Llamó a Zatanna para que revisara el apartado mágico.
Bruce se despierta sobresaltado. Mira alrededor, busca a Jasón con su mirada. Ve a Dick, pregunta con urgencia:
— ¿Dónde está? ¿Dónde está Jasón? — Dick no se atreve a hacer que Bruce suelte su ropa ni abrazarlo. Suspira al acariciarle el cabello. Le dice:
— Alfred lo convenció de quedarse. — Duda un momento. — También invitó a lo que parecen versiones de otro universo de ti y de mí. — Bruce dice con desesperación:
— Tenemos que sepáralo de ellos. ¡Owlman no puede tomarlo! ¡Dick! ¡Owlman quiere llevarse a Jasón! —
Dick suspira. Necesita comprobar el estado mental de Bruce. Se siente cansado de esta situación. Ama a Jasón, es su hermanito, pero, no comprende por qué Bruce lo trae de vuelta para golpearlo en la cara y alejarlo. Está cansado de eso. Siente que Bruce no ama a Jasón, sino tiene una malsana fijación por Jasón, algo enfermizo que sólo hiere a todos. Él sabe que Bruce jamás ha visto a Jasón como su hijo, siempre ha existido esa diferencia. Incluso los miembros más nuevos, como Duke o Casandra, se siente como Bruce los ve como hijos, parte de la manada. Sin embargo, por mucho que Bruce intente negarlo, siempre hay una diferencia abismal con Jasón. No puede decirlo, no quiere darse cuenta de qué es. Pregunta:
— ¿Estás bien? — Bruce gruñe al gritar al borde del llanto.
— ¡Tenemos que salvar a Jasón! ¡Él es malo! — Dick amonesta:
— Bruce, tienes que calmarte. Mírame. Tu miedo es irracional. Jasón puede defenderse solo.
— ¡No!
— Bruce, estás actuando como un niño. — Bruce grita al comenzar a llorar:
— ¡No me importa! ¡Tengo que recuperar a Jasón! —
Dick mira a Bruce saltar. Lo agarra para evitar que se golpeé. Se siente asqueado de este ciclo. Bruce dispuesto a recuperar a Jasón para darle una paliza y lanzarlo lejos de nuevo. No quiere ayudarle esta ocasión. Todos están cansados, tal vez Bruce no, pero todos los demás que han visto o están implicados en esto se han agotado. Jasón merece ser feliz, encontrar a alguien, crear su manada, ser libre de todo el infierno que ha cruzado a lo largo de su vida.
Abraza al niño con fuerza. No le importa los golpes. Le dice:
— Bruce, tienes que dejarlo ir. Ambos tenemos que dejarlo ir. — Bruce le grita a Dick:
— ¡No! ¡Él es mío!
— Jasón no te pertenece, ni a ti, ni a mí, a nadie.
— ¡Él es mi alma gemela! —
Dick casi lo suelta. Se recarga en la camilla. Siente que esto hace que todo tenga sentido, pero sea aún más horrible. Recuerda lo que Jasón le dijo una noche, había estrellas, las luces de neón de la ciudad iluminaban a Jasón. Sabía que el chico le habló de una novela, no recuerda cuál o qué le dijo. Puso atención cuando lo vio levantarse, extender sus brazos y decir sonriente:
"…Mi alma gemela me amará y no me hará daño…" Jasón se río. "¿Crees que es tonto?"
Dick sonrió, no sabía el contexto de esas palabras, se sintió culpable por haber puesto atención a la planeación de su próxima misión con Los Titanes. Ellos fueron al espacio y Jasón murió. Hay días en que se pregunta, desearía saber, si él hubiera escuchado todo lo que dijo Jasón, esa noche, si hubiera sido un buen hermano esa noche, si eso hubiera pasado… ¿Jasón se habría quedado?
Dick se siente triste. Porque Bruce jamás podrá ser el alma gemela ideal de Jasón. Batman siempre estará entre ellos, Gotham, el Joker y cualquier criminal ramdom de Gotham, todos ellos siempre serán puestos antes que Jasón. Batman siempre lo dijo, no necesita un alma gemela que sea una debilidad para él.
Intenta calmar a Bruce, pero el cachorro se agita cada vez más. Dick necesita respuestas. Le dice al niño:
— Bruce, necesito asegurarme que estás bien. Si respondes unas preguntas, si puedo confirmar que eres tú mismo, te llevaré con Jasón. —
Bruce mira a Dick, ve sus iris azules, su sonrisa amable. Sabe que esa amabilidad es una treta, la verdad es que su hijo está molesto. Respira, solloza, se obliga a calmarse. Lo comprende, pero es urgente que evite que Owlman se lleve a Jasón. Responde de manera automática cada pregunta. Hasta que llega lo inevitable:
— Bruce. ¿Sabes qué pasó? —
Bruce lo piensa un momento. Necesita un aliado. Lo ha intentado solo antes y ha sido un desastre. Si falla Dick no lo recordará. Comienza a contarle lo ocurrido, sobre el ser que aparece en la oscuridad, la relación de la cercanía de Jasón con su estado, omite la cantidad de intentos, los más desastrosos y se centra en contarle sobre Owlman.
Jasón siente dolor, la urgencia de ir a la baticueva. Una mano cálida toca su hombro, mira los ojos de Bruno, quien sonríe al decirle:
— Todo está bien. —
Jasón olvida su preocupación, el dolor se desvanece. Todo se siente como si estuviera bien. Asiente al seguir explicando.
Dick comprende lo peligroso que es Owlman. Toma a Bruce en sus brazos, al hacer conocer su oposición. Suben esperando encontrar el infierno en la tierra. Al abrirse la puerta secreta, ven a Bruno recostado bocabajo en la alfombra, sonriente mirando a Jasón con atención. Ricardo está recargado en la pared. Jasón está sentado en su sillón favorito, mientras sigue explicándoles de la jerarquía social. Bruno se queja:
— Es tonto que los Omegas sean discriminados. — Jasón dice como si fuera normal:
— Occidente siempre los ha visto como una debilidad, algo sin un uso práctico. —
Dick siente esas palabras como un golpe. Se alegra que Jasón sea un Alfa. Bruce se suelta al correr hacia Jasón. Antes de llegar, Bruno toma la pantorrilla del niño, le dice:
— Duerme. —
Bruce siente sus ojos cerrarse, él está desplomándose en el sueño.
Bruno lo coloca con cuidado en el piso. No quiere hacer enojar a Jasón. Propone al ignorar a Dick, quien se precipita para proteger a Bruce:
— ¿Por qué no salimos a cenar? Debe haber un lugar maravilloso. ¿Hay algo que se te antoje Jasón? — Jasón dice:
— Chilidog. — Bruno pregunta:
— ¿Podemos ir? —
Alfred no está para presionarlo con sentarse a la mesa, escuchar las animadas conversaciones familiares. Sentirse como un extraño que no tiene cabida en una familia perfecta sin él. Salir con este par de sujetos no suena mala idea. Si ellos corren Alfred no podrá detenerlos. Dick no va a dejar a Bruce para ir a acusarlo, no es tan importante.
Dick no corre con Alfred, tampoco se pone como loco por lo ocurrido a Bruce. Toma el brazo de Jasón, les dice a los intrusos:
— No se lo llevarán. — Ricardo desliza hasta la punta de sus dedos sus dagas. Bruno responde con una sonrisa confiada:
— No eres su dueño. Ni siquiera puedes escucharlo hablar animadamente de su futuro. Él te dijo lo que deseaba. ¿Lo recuerdas? —
Dick sabe que esto es un golpe bajo. Bruno se refiere a esa noche. Se pregunta cómo pudo saberlo. Qué clase de poder tiene esta versión de Bruce. Qué tan terrible es Owlman.
Dick suelta a Jasón. Ve la ventana de la biblioteca abrirse por una ráfaga de viento. Bruno se levanta con gracia, se para sobre el alfeizar, extiende su mano al decir:
— Guíanos Jasón. —
Dick ve la sonrisa encantada de Jasón, su felicidad que no había vuelto a ver en sus ojos. Es como si él hubiera soñado con algo como esto. Quiere oponerse, pero desea que Jasón sea feliz. Los ve irse.
Dick quiere estar furioso, pero él siempre ha seguido a Batman. Le confunde ver la felicidad en alguien con el rostro de Bruce. Le entristece que otro Bruce pueda tener una interacción pacifica con Jasón. Quema sus entrañas que otros puedan acercarse tan rápido a su hermano. Se pregunta en dónde fallaron.
Alfred entra a la biblioteca. Observa la ventana, sabe que Jasón se ha marchado. Se siente decepcionado. Esperaba tener a toda la familia reunida. Aclara su garganta:
— La cena está servida. —
Dick nota que Bruce comienza a despertar. Bruce no recibe con alegría la noticia. Intenta saltar por la ventana, luego regresar a la cueva, quiere recuperar a Jasón a cualquier precio. Dick se pregunta si es muy tarde. Alfred aparece, lleva a ambos al comedor.
La cena es incómoda por decirlo de manera amable. Unos miran a Bruce, otros le toman fotografías y video. Dick tiene una expresión triste como si alguien hubiera pateado a un cachorro. Damián luce molesto. Bruce come de mala gana. Stephanie es quien pregunta:
— ¿Qué te pasó viejo? — Bruce responde para evitar más preguntas:
— Ataque mágico. —
El incómodo silencio vuelve a aparecer. Se escucha el sonido de las cucharas contra los paltos, incluso como algunos toman la sopa. Una risa interrumpe el momento. Todos voltean para ver a Jasón aparecer junto a Bruno y Ricardo. Ricardo comenta con calma:
— Diferente. —
Bruno dice con una sonrisa. Se acerca a la mesa, toma el vaso de Bruce junto a un plato extendido. Coloca dentro del vaso un muñeco regordete del Joker, lo tapa con el plato. Dice:
— En mi mundo, ningún padre podría descansar al saber que un desgraciado mató a su hijo. Nadie se mete con los hijos de otros, por temor a la retribución. Puedes matar a los padres, pero nunca a los niños. —
Ricardo pone una moneda dorada sobre el plato. Arena negra emerge, entra al espacio donde está el muñeco al crear pequeños lobos negros con ojos rojos. El muñeco trata de escapar. Comienza a ser desmembrado. Cuando el torso ha quedado. Ricardo recoge la moneda, la arena emerge. Dos grandes lobos aparecen a los lados de Talón, con sus fauces llenas de sangre. Les ordena:
— Limpiar. —
Los lobos desaparecen. El muñeco se arrastra, sigue intentando comprender que pasa. Owlman saca de uno de sus bolcillos un recipiente con combustible, lo vierte dentro del vaso, después prende un cerillo, lo deja caer y vuelve a tapar con el plato. El muñeco grita como si fuese el Joker. El fuego no se detiene hasta que ha dejado cenizas.
La Batifamilia está conmocionada. Bruno dice con una sonrisa encantadora:
— Así se hace en mi mundo. — Da una mirada fría a todos los que están sentados. — La familia es lo más importante. — Bruce pregunta:
— ¿Lo mataste? — Bruno se burla:
— ¿Le pagarás un bonito funeral? ¿Harás un desfile y tirarás dinero para que todos lloren por esa escoria? Si vas a llorar hazlo, porque él jamás volverá. — Dirige su mirada de nuevo a Jasón. — Ven conmigo. Ricardo y yo vamos a protegerte a cualquier costo. — Jasón suspira:
— Prometiste que me dirías cómo conociste a tus esposas. —
Bruno mira los dos anillos en su mano. Aplaude y aparece a su lado un pingüino. Le ordena:
— Me siento perezoso. Quiero sillones y té. Ahora. — El pingüino se estremece. Bruno mira la sangre. — Limpia ese desastre. —
Los sillones aparecen, una mesa, azucarera, galletas, panecillos, tetera y tazas humeantes. Los tres toman asientos, hay un puesto libre. Bruno invita:
— Alfred, ¿quieres acompañarnos? — Alfred permanece estoico. — Que pena. Jasón piensa marcharse mañana y jamás volverás a verlo si se va. —
Jasón mira a Bruno. Pregunta:
— ¿Cómo lo sabes? — Él dice con una gran sonrisa:
— Soy Owlman. —
Ricardo se ríe de buena gana antes de tomar una galleta salada y morderla. Toma un sorbo de té negro sin azúcar. Bruno muestra su mano, señala el anillo rojo en su dedo:
— Hace mucho tiempo. Le ofrecí un matrimonio político a Wonder. Ella me rechazó. Así que volví a Gotham. Durante el festival de la luna violeta, mientras veía a la corte bailar e intentar ganar mi favor, la vi. Ella llevaba un hermoso vestido blanco, sus tacones hacían que sus pasos resonaran sobre la música. Su cabello rojo, el rojo más vibrante que jamás había visto contrastaba con su piel de porcelana. Ella era una diosa y yo el simple mortal que era su objetivo. Ella me preguntó si seguiría viendo a esos cabrones. Yo me enamoré a primera vista. La reina de los vampiros, ella me había elegido. —
Bruno juega con el anillo, sonríe al recordarlo.
— En mi mundo no hay almas gemelas… pero si las hubiera habido, Svetlana sin duda hubiera sido la mía. Nos entendíamos, ella podía controlarme y yo era su guía. La Corte Fortaleció a la nación vampira. Nuestra unión les daría un lugar. Fuimos felices por más de cincuenta años. — Jasón exclama al escupir el té.
— ¡Cincuenta años! ¿Cuántos años tienes? — Bruno responde:
— Ciento cuarenta y tres, casi ciento cuarenta y cuatro. — Jasón pregunta:
— ¡Qué! ¿Cómo es posible? Te ves menos viejo que Batman. — Bruce dice con seriedad:
— No me compares con esa basura. — Recupera su sonrisa. — Svetlana y yo festejábamos nuestro aniversario número cincuenta en Hawái. En ese lugar concebimos a nuestro hijo. Yo estaba feliz, la nación vampira también, ella no lo podía creer. — Ricardo aclara:
— Los vampiros son muertos vivientes. En teoría no pueden tener hijos. —
Jasón asiente. Bruno sigue.
— El embarazo fue tranquilo. Hasta que una noche un grupo de héroes apareció en nuestra casa, liderados por Batman. Hablaban mierda y los lancé. Svetlana me pidió que fuera, los ayudara a salvar el multiverso. ¡Yo no quería ir! — Suspira. — Fui, por Svetlana y nuestro bebé. —
Bruno toma una galleta. Sonríe con un poco de amargura.
— Los héroes me odiaban. Siempre gritando. No mates esto, no mates lo otro. No destruyas esto, no puedes torturar a las personas. No puedes maldecirlos. No puedes prenderles fuego para verlos quemarse. Estaba harto, les grité una maldición y me fui. No pude mentirle a Svetlana, le dije que no me quedé hasta el final. —
Bruno toma un sorbo de su té, que ha comenzado a enfriarse. Jasón pregunta con interés:
— ¿Qué ocurrió? — Bruno dice con pesar:
— Volví a la batalla. Los héroes nunca comprendieron qué hacía. Así que no les dije cómo acabar con el enemigo. Llegué sobre ellos como una tormenta de destrucción. A diferencia de antes, no me contuve. Los héroes estaban tan aterrados que intentaron matarme, pensaron que yo era más peligroso. Me reí de su estupidez. Yo los estudié y los derroté. Me quedé frente a Batman, y tiempo después me arrepentiría de no haberlo asesinado. Regresé a casa y encontré una nota. Fui al hospital, llegué a tiempo para ver a mi hijo nacer. Una de las enfermeras lo trajo a mí. El infierno se disparó. Los médicos, magos y nigromantes intentaron salvar a Svetlana, pero ella murió. Thomas, Alfred y yo nos quedamos solos. Mi esposa murió y yo no pude estar con ella esos últimos días por Batman. Sabía que era tonto, pero comencé a odiarlo. No sabía cómo, pero algún día me vengaría del desgraciado. —
Jasón se sorprende al escuchar a Bruno hablar con tanto odio. Él continúa:
— La desgracia siguió apareciendo. Thomas estaba enfermo, había nacido sin un corazón espiritual. Su corazón físico colapsaría cuando tuviera cinco años. Además, era un monstruo, era mi monstruo. Me encerré en la mansión junto a él para evitar que destruyera el mundo, mientras buscaba una solución. —
Bruno toma otro sorbo de té.
— Cinco años pasaron con una respuesta. Sacrificar veinticuatro personas cada día para alargar la vida de mi hijo. Robé criminales de una prisión, sus crímenes no eran graves, pero no había más. — Hace una pausa al reflexionar un poco.
— En mi mundo no hay villanos como los de este. Entré a la habitación de hospital, mi corazón estaba lleno de pesar. Yo aniquilaría al mundo, al universo, si eso le daba una oportunidad a mi hijo. Incluso mataría a los niños de otros por el mío. Al verlo él estaba mejor que nunca. Sonreía y me llamó por primera vez papá. — Bruno ríe con suavidad. — Estaba muy feliz. Al preguntarle cómo lo hizo, me dijo que conoció una luz. La luz le dio un trozo de su corazón. Lo llevé a conocer el mundo, por primera vez en cinco años salía al mundo, lejos de las paredes de nuestra casa o un hospital. Mi hijo solía hablarme de la luz, yo sabía que le debía a esa luz y pagaría mi deuda. Pasó el tiempo y Thomas se sacrificó por alguien, por primera vez, lo hizo por la luz. Él me pidió que salvara a la luz, pero yo quería salvarlo a él. Busqué la luz. —
La batifamilia siente sus corazones ser estrujados, mientras siguen inmóviles, obligados por una fuerza invisible. Son presas de una presencia y presión que llena sus almas de terror. Intentan mover sus músculos, gritar y golpear a ese infeliz.
Bruce observa a Jasón escuchando con atención. Su rostro aún tiene incertidumbre, desconfianza, pero le pone tanta atención como un niño escuchando una historia increíble. Un niño que jamás tuvo padres que le contaran una historia y le desearan buenas noches. Una persona la cual jamás ha sido amada como merece.
Jasón pregunta después de sentir demasiada larga la pausa de Bruno:
— ¿Encontraste la luz? — Bruno asiente:
— Era una noche oscura en una ciudad maldita. La luz se había enfrentado contra un regimiento, después de perder sus ganas de vivir y respirar. Había muerto entre la basura, deseoso de no volverse a levantar. Yo lo tomé entre mis brazos y corrí. Obligué a mi voz a cruzar las tinieblas. Le hablé de tantas cosas y le hice un juramento. Si me acompañaba nunca lo dejaría, hasta que él me dejara. Incluso si se iba lo seguiría hasta mi último aliento y le arrastraría a casa como un mar embravecido. — Sonríe. — Lo llevé a casa. Algo me molestaba, mi victoria no estaba completa. Batman no se había dado cuenta de lo que hice, habían pasado casi seis meses y el infeliz no se había dado cuenta que faltaba uno. Fui con Ricardo y le dije que hiciera lo que Thomas le pidió. — Ricardo asiente. — Pude ver el rostro de Batman lleno de desesperación. Esa noche dormí tan feliz. — Jasón cuestiona:
— ¿Por qué odias a Batman? — Bruno responde:
— Es un imbécil. Yo… había perdido a mi hijo. Él había recuperado a su hijo, pero jamás le dio la importancia que tenía. Siempre puso a los otros sobre sus hijos. Yo… yo merecía tener a mi hijo. Yo no podía abrazarlo… la casa, el mundo parecía tan vacío. Y él tenía a su hijo de regreso, sólo tenía que extender su mano y tomarlo para llevarlo a casa. Sin embargo, él lo golpeó hasta la muerte. Así que… yo no podía llevar a mi hijo a casa, pero podía salvar a otro chico y darle un hogar. — Jasón acusa:
— ¡Lo llevaste para remplazar a tu hijo! — Bruno niega:
— Nada y nadie puede remplazar a mis hijos. Nadie puede tomar el lugar de Thomas. Jasón, ¿construirías una habitación dentro de otra habitación para remplazar el espacio? — Jasón sigue esperando. — Yo no lo haría, no puedo remplazar un zafiro con un rubí, ni el oro con platino. La luz no puede remplazar a la oscuridad en mi corazón. Tengo un lugar para cada una. Si vienes conmigo tendrás tu espacio, uno que no puede ser remplazado o llenado por un sustituto. —
Jasón mira el té. Odia ese sentimiento, la desesperada necesidad de tener esperanza. Sentirse tan necesitado de afecto como si fuese un omega débil. Responde:
— No confío en ti. — Bruno responde:
— La confianza es algo que se gana. Yo no he mostrado que merezca tan grande tesoro de tu parte. — Bruno se arrodilla frente a Jasón, toma una de sus manos. Le sonríe al decir. — Sin embargo, soy tan desvergonzado como para pedir una oportunidad. Suplico por una prueba que me permita demostrarte mi valía. —
Jasón retira su mano. Mira hacia otra parte al intentar ocultar el rubor de sus mejillas. Se siente estúpido. Él soñó más de una ocasión, en que Bruce hiciera esto, se inclinara como en las novelas, como si fuese un caballero, SU caballero. Siempre se ha preguntado, si esos delirios se debieron por su edad, por haber sido la damisela en peligro la cual es rescatada. Jamás pudo encontrar la razón de su enamoramiento de Bruce. No podía verlo como a un padre. Solía imaginarlo como si fuese Su caballero. Incluso ahora, después de tanto dolor y tiempo, después de morir sin que su caballero llegara a rescatarlo. Algo de ese enamoramiento sobrevive, incluso después de estrellarse tantas ocasiones bajo los puños de Batman. A pesar de saber que no es quien será rescatado, sino uno de los villanos a los cuales el caballero se enfrenta. Si lo piensa, le duele el corazón de saberlo. La terrible verdad, es un villano menor en la historia de Batman, alguien por debajo del Joker, una basura que pisará con su bota sin miramientos y dejará desangrarse en el piso en espera de la policía.
Siente la calidez que aleja la horrible sensación. Escucha su voz abriéndose paso entre el dolor y la soledad:
— Mírame Jasón… respira… respira… —
Jasón mira aquel rostro, al inicio borroso. Ve una expresión llena de preocupación dirigida a él. Nadie, tal vez Alfred, se ha preocupado por él. Tutsi no lo conoce en realidad. Roy, Kory, Artemis y Bizarro, ellos se preocuparon, pero sabían que él estaría bien. Todos siempre han pensado que él es un Alfa, un Alfa que no necesita una familia. Nota que está recostado en el piso. Esa persona lo mira mientras tiene las manos a los lados de la cabeza de Jasón.
Jasón estira su mano. Necesita saber que es real, asegurarse que no es un sueño desesperado, una alucinación. Lo necesita para respirar de nuevo. Debe saber que están vivos y no es como en esa pesadilla llena de sangre y monstruos. Sus dedos tocan la piel de ese rostro. Quiere soñar que se trata de Bruce, pero es imposible. No es más que un enemigo y aliado potencial para Batman, algo que puede usar y desechar cuando no necesita. Una especie de mercenario y saco de boxeo gratuito.
Sonríe. Ve a la persona corresponder. Le dice de manera mecánica:
— Estoy bien. — Bruno responde:
— No, no lo estás. Sin embargo, me alegra tanto que estás vivo y respirando a pesar del dolor. —
Jasón quisiera quedarse así: recostado, viendo aquel rostro y esos ojos sin odio hacia él, deseando que se tratara de otra persona. Ya ha mostrado mucha debilidad a sus enemigos. La batifamilia los observa, aunque fingen seguir cenando como una familia. Ellos verán que su estabilidad mental no es buena van a lanzarlo a Arkham. No quiere que sus últimos días sean en ese infierno. Se sienta al alejarse del calor. La frialdad del mundo vuelve a arrastrarse en su piel al entumecerlo. Escucha a Bruno decir:
— Ven a casa conmigo. No tienes que quedarte aquí. No les debes. — Jasón responde al abrazar sus rodillas:
— Me lo debo a mí. Me debo al menos cumplir uno de mis muchos sueños. — Bruno suspira:
— ¿Puedo acompañarte? ¿Puedes permitirme ir contigo? —
Jasón quiere negarse. Mira a Bruno, espera encontrar algo del desdén de Batman en él, no está. Desea creer, pero está cansado después de ser burlado tantas ocasiones. Su corazón está tan hambriento de amor y eso lo ha llevado a herirse incontables ocasiones. Responde:
— No. —
Ricardo se levanta al tomar dos cuchillos de la mesa. Una sombra emerge de la pared para detener una garra hecha de humo. Bruno abraza a Jasón al decirle:
— Te protegeremos. —
La garra es cortada y se retuerce antes de arrastrarse hacia Jasón. Ese pedazo del monstruo se combustiona. La batifamilia siente que puede respirar de nuevo y moverse, es como si un escudo los defendiera de la energía que los aprisionaba. Escuchan una voz robótica:
— Vine a ver por qué tardaban tanto. —
Todos mira al recién llegado, quien lleva un casco con un par de ojos azules refulgentes, una armadura, pantalones camuflajeados y botas, el Caballero Arkham. Ricardo sonríe al decir:
— Bruno quiere robarse a Jasón de este mundo. — El Caballero Arkam se aproxima a Bruno, le dice:
— Él no soportará un viaje interdimensional. Bruno, no puedes llevarlo contigo. — Bruno responde con total convicción:
— Me quedaré. —
La sombra que ha matado al monstruo suspira. Ricardo decide tomar otro trago de té. El Caballero Arkham le recuerda:
— Prometiste estar en la cena. Damián va a presentar a su prometida a la familia. Tienes que estar ahí. — Bruno dice:
— No voy a dejarlo solo, herido y en tan mal estado. — El Caballero Arkham dice:
— Él morirá si da tres pasos. Bruno, tienes que dejarlo descansar. Lo prometo, si lo deja descansar mañana podrás visitarlo. — Bruno dice:
— No. — El Caballero insiste:
— Puedes dejar guardianes. Bruno necesitas dar un paso atrás y pensarlo. No tienes la información suficiente. Su juicio está comprometido. Piénsalo, un monstruo vino a matarlo. ¿Por qué? Puedes sentir este mundo desmoronarse. ¿Por qué? ¿Realmente quieres hacer esto? — Bruno mira al caballero Arkham. — Necesitas poner las cosas en orden si vas a embarcarte en esta aventura. — Bruno asiente. — Debo advertirte que esto es algo que no puedes ganar. Así que terminarás con el corazón roto. — Bruno cuestiona:
— ¿Él estará bien? — EL Caballero Arkham responde:
— Lo estará si es salvado a tiempo. —
Bruno mira a Jasón, quien está inconsciente en sus brazos. Pide al cargar al joven al estilo novia:
— Alfred. ¿Puedes permitir que Jasón duerma esta noche aquí?… por favor. Él necesita una habitación. — Alfred asiente:
— Sígame, señor. — Bruno le ordena al pingüino:
— Cambia todo, quiero que pongas las más finas telas, los muebles más refinados y las alfombras más suaves. Antes que lleguemos. —
El pingüino se acerca a Alfred, intercambian unas palabras antes de que salga corriendo despavorido.
Bruno carga a Jasón con total majestuosidad y seriedad. Es seguido por Ricardo, el caballero Arkham y la sombra que revela su forma. La batifamilia siente un escalosfrio al verlo, es una versión de Jasón. Una versión delgada, de cuerpo más estilizado que Dick, sin aparentes músculos, piel pálida, colmillos de vampiro, ojos con iris azules y pupilas rojas.
Bruce salta de la silla, intenta seguirlos. La versión vampírica de Jasón se para en la puerta, impide a los murciélagos salir. Bruce da un pisotón en el suelo al exigir:
— Apártate.
— No. — Dick grita al intentar golpearlo:
— ¿Quién te crees que eres? — El sujeto toma el puño de Dick al apretarlo al romperle la mano:
— Soy Thomas Díaz, hijo de Bruno Díaz y Svetlana Romanov. Primero en la línea de sucesión de la nación Vampira. ¿Tú quién eres? — Damián da un paso al frente al decir:
— Soy Daminal Wayne Al-Ghul. Hijo de Talia Al-Ghul y Bruce Wayne. Único hijo de sangre de Bruce Wayne. Heredero de la familia Wayne y Al-Ghul.
— Ser hijo de plebeyos no supera mi linaje real. — La voz del Caballero Arkham interrumpe:
— Maldito elitista. ¿Me despreciarás por ser una rata callejera? — Thomas sonríe al voltear a ver al Caballero.
— ¿Cómo podría despreciar a mi hermano? A la última línea de sangre de su mundo, el último Rey legítimo.
— Basta de mierda. — Thomas le comenta al caballero:
— Sé que también lo sentiste. Lo extraño de este mundo. No hay líneas de sangre mágica y todo se desmorona. ¿Por qué los humanos hicieron esto? — El Caballero cuestiona:
— ¿Por qué estás tan seguro?
— El monstruo. No pudo haber pasado a este mundo sin que un humano lo convocara. — El caballero inclina su cabeza a un lado, lo piensa un momento:
— Debemos investigarlo antes de emitir un juicio de esa magnitud. —
Bruno llega junto a Ricardo y el pingüino, dice:
— Debemos irnos, pero volveremos. —
El Caballero Arkham truena los dedos y ellos desaparecen. Bruce corre va a la habitación que Alfred designa a Jasón los momentos en que se queda, las pocas ocasiones. Sube las escaleras con esfuerzo. Va a la puerta, se pone de puntillas. Con las puntas de sus dedos logra girar la perilla. Puede entrar a la habitación.
Enciende la luz y puede observar el interior. La habitación se siente fría y desolada. La cama está tendida. Busca a Jasón, él no está. Sale sin cerrar la puerta. Va por Alfred. Le pide al mayordomo que lo acompañe. Ambos ven lo mismo, Jasón no está.
Bruce cae de rodillas, no puede evitar llorar a todo pulmón. Está harto de perder. Cansado de esta mierda que se reinicia sin que él pueda salvar a su alma gemela. Le duele que Jasón se aferre con desesperación a alguien más que no sea él. Decepcionado porque no puede encontrar la solución correcta. Ve por la ventana la Batiseñal y llora más fuerte. Él no puede salir viéndose como un niño y responder a la llamada del comisionado.
Dick trata de calmarlo. Sin embargo, Bruce sigue haciendo berrinche como si fuese un verdadero cachorro. Un cachorro de dos o tres años, el cual quiere con desesperación a su omega favorito.
Zatanna llega después del llamado desesperado de Dick Grayson. Se sorprende por la escena. Mini Batman llorando en el piso, las aves tratando de calmarlo. Alfred buscando por la habitación. Damián acariciando a su perro mientras observa a todos con desaprobación. Tim escanea cada rincón en busca de una respuesta.
Ella pone un pie dentro del espacio. Lo siente, una fuerte presión mágica. Hay algo en el lugar. Comienza a observarlo. Nota una pequeña línea casi transparente. Pone sus manos sobre ese lugar al recitar un hechizo. Una espada casi la parte a la mitad. Todos ven a un elfo lanzando su ataque de nuevo contra Zatanna.
Ella pone una barrera. Observa al Elfo sonreír cuando siente una patada en el abdomen. Siente su espalda estrellarse contra la pared. Escucha a Dick llamarla por su nombre. Se obliga a recuperar el aliento. Lanza otro hechizo. Un escudo dorado lo detiene. Bruce se pone frente a los combatientes al exigir:
— ¡Dime dónde está! —
La espada del elfo se levanta dispuesta a partir en dos al mocoso. El sonido de dos hojas inunda el lugar. Una cuchilla envuelta en fuego detiene el ataque. El Elfo da un salto atrás antes de arrodillarse y decir:
— Mis disculpas joven amo. Regrese a la habitación. Eliminaré a sus enemigos en silencio. — Jasón cuestiona:
— ¿Vas a matarlos?
— Sí. Ellos han venido a perturbar el descanso del joven amo. — Jasón siente como si su cabeza comenzara a punzar. Pregunta con cansancio:
— ¿Quién eres tú y por qué me llamas joven amo? — El elfo responde:
— Soy Billos de la aldea de los Elfos del Norte. Soy su guardia hasta que lleguen sus regimientos joven amo. Le digo Joven Amo, porque el maestro Bruno les ha dicho a todos que lo aceptará como su heredero. — Dice con emoción. — El maestro Bruno va a robar de otro mundo una joya más. Lo protegeremos y atesoraremos como usted lo merece Joven Amo. — Jasón cuestiona:
— ¿Crees que una rata callejera como yo merece tal honor? — Billos, el elfo, responde:
— ¡Sí joven amo! Yo puedo ver la luz sagrada que emana de su aura. Sólo alguien amado por un dios podría tener esa aura. Los elementales del viento dijeron que usted es el amado Omega Real de la diosa Afrodita. — Jasón ordena:
— No quiero disputas en esta habitación. Billos necesito saber de Bruno y su familia. — Billos asiente:
— Será un honor Joven Amo. — Billos saca una tetera y dos tazas. Sirve té en ambas y entrega una a Jasón. — Tomemos té y conversemos Joven Amo. —
Billos toma un trago. Jasón prueba el té después de ver al elfo tragar. Pregunta al sentir que su malestar disminuye:
— ¿Qué clase de té es?
— Es el té especial de mi aldea. Se hace con las hierbas que crecen alrededor del lago que rodea al árbol del mundo. Es medicinal y ayuda al descanso. — Jasón toma otro trago. — Es muy popular porque aleja las pesadillas, después que la Luz dio su bendición a nuestro lago. —
Jasón se siente algo abrumado. Este elfo parece ser un admirador de Bruno y la Luz. Se siente tranquilo, a pesar de las miradas de la batifamilia y que Billos aleje a Bruce. Ve al niño berreando al extender sus brazos. Se siente muy tranquilo, tanto que no le importa. Mira la taza, toma un último trago. Se sienta en la cama antes de dejarse caer dormido. Billos grita:
— ¡Joven amo! —
Bruce aprovecha para aproximarse. El resto de la batifamilia también lo hace. Revisan a Jasón, se quedó dormido. Billos sonríe:
— No pensé que el Maestro Bruno tenía esto en mente. —
Billos extiende sus brazos para cargar a Jasón. Bruce se le lanza encima al golpearlo con sus pequeños puños al decir:
— ¡No voy a dejar que te lo lleves! — El Elfo agarra al niño, lo aleja al verlo. Le sonríe al decirle:
— No puedes vencerme. Ni tú ni tus asquerosos subordinados. Los Elementales me hablaron de ti… Batman. — Lanza al niño a los brazos de Dick. — Llevaré al Joven Amo a su habitación. — Tim levanta su voz:
— Puedes dejarlo aquí. — El elfo se ríe, pregunta con desdén:
— ¿Aquí? En este lugar tan endeble donde los monstruos pueden atacarlo. Este lugar es más inseguro que las calles del Callejón del crimen. Él estaría más seguro dentro de un contenedor de basura que aquí. — Bruce grita:
— Yo voy a defenderlo. — El elfo suelta un bufido, niega:
— ¿Quién te protegerá Batman? — Señala a la ventana. — Los elementales dicen que los locos se escaparon de Arkham. Ustedes pueden ir a jugar con sus amiguitos y me dejan hacer mi trabajo. —
Bruce insiste:
— Me quedaré con Jasón. —
El elfo toma entre sus brazos a Jasón. Una fuerte ráfaga de viento lo protege. Zatanna intenta luchar contra aquella barrera. Ven como una de las paredes se abre. El elfo entra mientras el muro regresa a la normalidad.
Bruce se niega a salir de la habitación. Sus aves van a ver lo del escape de Arkham. El niño se sienta junto a la pared. Trata de parecer lo más patético posible, piensa que tal vez Jasón lo escuche y salga obligado por su instinto omega.
Bruce no sabe que esa puerta da un pasillo de piso de mármol. La habitación de Jasón está al otro extremo del pasillo.
El elfo decide tomar el resto del té de la tetera. Comprende por qué el Joven Amo Jasón está tan cansado, después de ver a la familia de Batman y tener un breve intercambio de palabras. Admira un poco más al nuevo Joven Amo.
El Elfo se despierta cuando Jasón grita. Entra con premura. Ve a su Joven Amo levantarse y salir corriendo. El reloj le dice que son las tres de la tarde. Él tenía muchos compromisos y cosas por hacer. Slade lo debe estar buscando.
Corre por el pasillo, empuja la puerta, tiene que saltar para evitar golpear al niño que estaba recargado en la pared. Sigue adelante. Se asoma por la ventana, ve que parte de Gotham está en llamas. Se detiene. Escucha una voz a sus espaldas:
— Ellos fueron a cumplir tus compromisos. —
Jasón voltea, ve a la versión vampírica de él. Lo observa sonreír. Lo escucha preguntar:
— ¿Quieres que traiga a Slade? ¿A qué hora sale tu barco? ¿Quieres ir a ese crucero? — Jasón responde:
— Sí. ¿Por qué tienes tanto interés? — El vampiro dice al extender su mano:
— Soy Thomas Díaz. Padre planea seguirte y yo quiero viajar en barco. — Jasón cuestiona en voz baja para no despertar a Bruce:
— ¿Por qué? — Thomas responde:
— Soy mitad vampiro. No puedo atravesar grandes cuerpos de agua de manera fácil. En mi mundo jamás he viajado en barco. — Toma las manos de Jasón al decir con alegría. — Podemos ser compañeros de viaje. —
Jasón se siente agotado. La alegría de este vampiro, el amor de Bruno y sus otras aves. Siente que puede vomitar por la presión. Hay unas palmaditas en su espalda:
— Nosotros te vamos a proteger de Batman y los monstruos. —
Jasón mira a Thomas sin comprender del todo lo de los monstruos. Él sabe que existen, se ha enfrentado cientos de ocasiones a ellos.
Bruce se despierta. Escucha a Thomas decir:
— Ellos están tratando de matarte. El desgraciado de ayer ataca cuando tu corazón pierde fuerza. Pone su garra en tu corazón y presiona, te hace caer muerto al dar tres pasos. ¿Realmente tienes la ruptura? —
Jasón mira aquellos ojos, mira a otro lado. Todo indica que eso lo está matando. Lo del monstruo suena plausible. Escucha la pregunta de Thomas:
— ¿Tu alma gemela está viva? — Jasón niega:
— No, era un hombre malo. — Thomas insiste:
— ¿Cómo se llamaba?
— Felipe Garzonas. — Thomas comenta:
— Lo investigaré. ¿Estás seguro que él era tu alma gemela? — Jasón asiente:
— Él podía ver mi marca. —
Bruce salta al gritar:
— ¡No es cierto! ¡Él era un meta y no tu alma gemela! — Bruce siente ambos pares de ojos sobre él. Siente temor de la reacción de Jasón, en ninguna de las ocasiones fue buena. Juega con sus dedos al murmurar. Sabe que su avecilla no le entendió así que grita. — ¡Yo soy tu alma gemela! —
Jasón está por arremeter. Bruce espera ser atropellado por su ira. Thomas abraza a Jasón, le dice:
— Batman es malo. Es seguro que él no quería que lo obstaculizaras. ¿No es algo qué él haría? —
Jasón empuja a Thomas, se aleja al estar decidido a salir. La mansión se siente tan claustrofóbica como su féretro. Bruce trata de detenerlo al igual que sus hijos. Bruno espera fuera de la mansión, está sentado dentro de una limusina. Jasón sube dispuesto a marcharse lo más lejos posible de Batman y su maldita ciudad.
Thomas sonríe, su cuerpo se descompone en centenas de vampiros que salen volando por la ventana.
Bruce siente que esta situación es extraña. Decide hacer algo que tal vez debió hacer desde el inicio: ir al crucero donde va Jasón.
Jasón permite que Bruno lo abrace. Siente que todo tiene sentido. Su enamoramiento de Batman, su necesidad de aprobación y amor de ese maldito. La forma en que lo llamaba cuando estaba medio zombi, en su tumba y cuando el Joker lo torturaba. Siente que esta traición duele más que cualquier cosa que ha sentido antes.
Slade está en el muelle. Ve el auto lujoso, espera a Wayne bajar. Cuando el millonario baja no es lo que espera. Este sujeto se ve más joven y perverso. Sabe que no es Bruce Wayne, piensa en clones o gente de otra dimensión. Ese sujeto baja a Jasón quien está inconsciente. Lo ve cargar al muchacho al estilo novia. El tipo sube al barco con gracia, sin balancearse, entrega la preciosa carga a Slade, le dice:
— Los veré en el barco. — Le lanza un fajo de billetes al mercenario. — Él es mi hijo ahora. Te pagaré para que no te entrometas en mi camino. Piensa la cifra y dímela cuando nos volvamos a encontrar. —
Slade ve el fajo de billetes que ha caído al suelo, lo patea al agua. Observa al auto alejarse.
El mercenario no esperaba encontrar de nuevo a tan desagradable sujeto. Está en la cubierta del barco esperando, con una sonrisa torcida y acompañado de dos sujetos parecidos a Jasón y Richard. El millonario se aproxima, le dice a Jasón:
— Jasón, por favor ayuda a Thomas, siente algo de nauseas mientras hablo con Slade. —
Jasón intenta negarse, pero le es imposible. Slade sabe que esto es inusual. El sujeto se presenta:
— Soy Bruno Díaz. ¿Ya pensaste en el precio? — Slade se ríe. Responde como si se tratara de un reto:
— Quiero el equivalente al presupuesto anual de los Estados Unidos. — Bruno cuestiona:
— ¿Tienes alguna preferencia para la forma de pago? — Slade niega. — Bien. — Bruno le entrega un contrato. — Pon una gota de sangre sobre la línea donde está tu nombre y la transacción será realizada. —
Slade lee los papeles. Todo se resume a que morirá si vuelve a contactar con Jasón después de recibir el pago. Nota la cantidad, es el doble del presupuesto anual de Los Estados Unidos. Firmar esto lo convertirá en un hombre más rico que el más rico. Piensa en Jasón, el cómo puede ser que le queden unas horas o unos meses. Intenta engañarse, pensar que su relación sólo es laboral, un intercambio de valor. Sus pensamientos son interrumpidos, la hoja que corta su dedo y su huella se plasma en el área designada. Siente que esto es trampa. Intenta reclamar, pero siente su cuerpo desplomarse.
El mercenario mira alrededor. Está en su casa, en la estancia. Se pregunta por lo que estaba haciendo. Intenta recordar quién es él. Mira alrededor, ve su reflejo y no puede reconocer a la persona que le devuelve la mirada. Sabe que debe estar en otro lugar, que es importante, se esfuerza. Su cabeza comienza a doler, cae de rodillas al poner sus manos sobre su frente. El dolor aumenta conforme sigue intentando recordar.
Jasón espera en el camarote por Slade. Bruno entra al decir con una sonrisa:
— Él no vendrá. Le salió otro negocio lucrativo. — Entra al camarote, se sienta en la cama al decir. — Nosotros te acompañaremos. — Sonríe de manera inocente, es una expresión que jamás ha visto en Batman. — Nos divertiremos mucho. —
Billos aparece en la puerta, toca. Bruno voltea a verlo. El elfo dice:
— Necesito reportarle algo Maestro. — Bruno se levanta al comentar:
— Puedes quedarte aquí o con nosotros. — Jasón niega:
— Prefiero estar aquí. — Bruno asiente al decir antes de salir:
— Nos veremos luego. —
Jasón ve la puerta cerrarse tras Bruno. Abraza el oso naranja que Slade le dio. Se pregunta por qué el mercenario rompió su promesa. Se cuestiona por qué nadie puede elegirlo al menos una vez en la vida. Por qué tiene que ser la segunda o última opción siempre.
Jasón siente la desesperación y tristeza embargar su corazón. Se detiene cuando ve una daga venir a él. La cuchilla no lo hiere, pasa a un lado, golpea a una enorme sombra la cual da un alarido antes de desaparecer. Ricardo comenta como si nada hubiera pasado:
— Esa basura es persistente. — Sonríe. — Vamos a explorar el barco. ¿Quieres venir? —
Jasón suelta el oso. Necesita información y al parecer sólo Bruno y sus aves pueden orientarlo. Decide acompañar a Ricardo y Thomas a su aventura.
Bruno observa a Alfred quien camina por la cubierta junto a Bruce. Bruno hace un gesto de desagrado, se deshizo de Slade, ahora tiene que hacerlo de Batman. Pensó que el desgraciado se quedaría en Gotham por el caos. Cuestiona:
— ¿Ellos hicieron las cosas bien? — Billos asegura:
— Sí Maestro. Los elfos acorralaron a los criminales mientras los vampiros tomaron sus vidas.
— ¿Fueron por Ra's y los otros objetivos?
— Sí, Maestro. Todos han muerto.
— ¿Cuál es el estado de los héroes?
— Han comenzado sus investigaciones. Las aves de batman tratan de comprender qué ocurrió. Los otros héroes están buscando respuestas.
— Sigan causando caos para que estén entretenidos. — Billos hace una reverencia:
— Así se hará Maestro. —
Billos desaparece. Bruno sigue mirando a Bruce con ganas de matarlo con la mirada. No puede aniquilarlo sin saber qué sabe. Necesita descubrir por qué él parece saber algo. Sus contactos le dijeron que él recuerda cada reinicio, pero no todos. Debe saber quién está reiniciando este mundo, sus razones y por qué Jasón parece ser el único con su alma intacta.
Bruno cierra sus ojos. Puede ver el mundo, todo se desintegra. Incluso Bruce Wayne ha comenzado a desmoronarse. Si es honesto, a esta dimensión le restan dos o tres reinicios antes de colapsar. Siente la urgencia de tomar a Jasón y llevárselo. Sin embargo, no está seguro si este mundo lo arrastrará de regreso. Necesita asegurarse que él estará a salvo, que podrá sacarlo de este ciclo. Uno de sus contactos le susurra:
"Dos intentaron llevárselo antes." Bruno dice:
— ¡Buscaré la manera de sacarlo de aquí! ¡Voy a llevarlo a casa! —
Bruce mira la gente. No recuerda haber salido de vacaciones, algo real, desde la muerte de sus padres. Alfred lo lleva de la mano, van hacia su camarote. La premura los hizo encontrar uno algo pequeño y básico.
Alfred pone las maletas sobre la cama. Va a cerrar la puerta cuando los ve pasar. Ricardo lidera, es seguido por Jasón y atrás va Thomas. Ellos se ríen mientras corren de un guardia, quien les pide que regresen el extintor que Ricardo ha robado.
