Senki Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.
- ¡Que alguien me ayude! -chillo el joven de cabellera azul.
- ¿Enserio? Eres un verdadero dramático -conteste escéptica.
- ¿¡Como quiere que no me altere!? ¡ESTOY VOLANDO SOBRE SU ESPALDA!
Rodee los ojos ante lo exagerado que era. Bueno, sé que no es común estar volando en el lomo de una criatura mitológica pero no es para que grite como una niña asustada. Conozco niñitos menores que el que darían lo que fuera por estar volando en mi espalda y no llorarían como princesas en apuros.
Cada vez que daba un aleteo él se aferraba con más fuerza de unas espinas de mi espalda. Si se asusta conmigo que a decir verdad no soy un dragón grande, midiendo únicamente 8,5 metros y que tiene aproximadamente a 16 metros de envergadura, no sé qué haría si se hubiera topado con mi padre que media el doble de eso y de mi madre no se diga, era un dragón grandísimo. El pobre chico estaría atormentado por el miedo que estos le producirían.
Intuyo que quieren saber por qué este desconocido chico Kazanari está en mi lomo y principalmente, sabe la identidad que con recelo había guardado. Debo decir que todo esto fue más una necesidad que una obligación estricta de la vida que me forzó a hacerlo.
Antes de decirles el efecto, debo comentarles primero la causa de nuestra situación.
Todo había empezado en la mañana del viernes.
-Horas antes-
- "Si hay un Dios en este asqueroso mundo, por favor, venga por mi ¡ahora!"
Aquellos fueron los pensamientos que atravesaron mi cabeza al mismo tiempo en el que mis ojos contemplaban una escena que no pensé ver jamás.
Frente a mí, mientras descansaba en la sombra de un árbol que yacía en el jardín, observaba como el joven peliazul que hace menos de un mes había salvado "de buena fe" se encargaba de la limpieza del jardín. Sus heridas no mitigaron su esfuerzo, incluso parecía motivarlo aún más.
- ¿No te dije que lo dejaras? Los tomates ya fueron plantados, es momento de que te vayas -le dije bajo la sombra de ese árbol. Mi tono de voz era todo menos amable, incluso podría describirse como atemorizante.
- Mi orgullo me impide irme hasta que sus tomates nazcan como corresponde -el respondió y al mirarme soltó una liviana sonrisa.
- E-Eh… -por mera estupidez, desvié la mirada un tanto avergonzada- no es necesario -conteste apenas- temo que suena más a que quieres un lugar donde quedarte.
- Le recuerdo que me ofrecí a dormir afuera o buscar cobijo en el pueblo, pero usted me dijo que no y que era mejor quedarme en la sala de su casa -contesto con cierta audacia aun sonriendo.
Gruñí levemente. Claro, ahora eso me jugaba en contra. No era conveniente que el fuera al pueblo, la gente preguntaría y comenzaría a dudar.
- Solo te aprovechas de la situación –conteste con un chasquido de lengua.
- Véalo como guste -añadió con una pequeña risita- si me disculpa, estas verduras no se arreglarán solas.
Ni corto ni perezoso comenzó con su labor. Por más que fuera de mi disgusto, el chico sabía hacer su trabajo, cabía la probabilidad de que era un campesino antes de quedar inconsciente. Tenía buena mano con las plantas, incluso los tomates que había plantado hace poco, daban la impresión de que serían fuertes de alguna manera.
¿Cómo describiría vivir con un desagradable humano? Particularmente extraño. De todas las abominables criaturas, me toco uno que solo tiene le defecto de estar herido y que no limpia su habitación, bueno, la sala. Deja un sacrosanto desastre que una pensaría que ahí hubo una pelea.
Al menos las labores de la casa se redujeron puesto que lo pesado netamente era el jardín y como él ya se encargaba de eso, pues ya solo me tocaba limpiar dos que tres cosas.
- "Si se va a ir cuando los tomates vuelvan a cómo eran antes… ¿Entonces se ira casi en un año?" -bufe ante la terrible idea, aunque eso causo que el joven se girara a verme con una mirada confundida casi infantil- "a-ah… demasiado para mi" -desvié la mirada de forma apresurada.
Intuyo que, por mi reacción, el peliazul habrá vuelto a su trabajo y ya.
¿Por qué no lo he corrido de mi casa? Quiero decir que lo compadezco por la determinación que muestra por enmendar sus errores, pero… a ciencia cierta no sé porque lo sigo dejando ahí. Digo, con un simple empujón a la mínima de mi fuerza lo podría mandar a volar lejos y sin regreso. La empatía puede ser fuerte con aquellos que no conoces, pero sientes cierta afinidad.
Propiamente, no podría decir si Tsubasa es malo en realidad, más que nada parece un niño buscando su camino. La pérdida de memoria no le ha permitido hablar de sí mismo, lo único que ha dicho es que sabe de plantas y… bueno eso es todo en realidad.
Aunque fuera de eso, es amable y no muestra signos de hostilidad, pareciera que simplemente quiere que le agrade e intenta ganarse mi confianza. Su forma de ser… ¿Cómo explicarlo? No es que me moleste del todo, de alguna manera me recuerda a como era mi madre; empática, sonriente, tranquila y con toques infantiles. Tsubasa en momentos especiales, como cuando no le gustaba el café que se preparaba o comía después de las 9 (no entiendo la razón de eso) hacia pucheros; pero parecía un gatito renegando, era un mínimo adorable a mi parecer.
Generalmente, mis tardes viendo la puesta de sol la pasaba sola o con algún animalito del bosque que quisiera hacerme compañía. Ahora que esta Tsubasa en la casa, él ve la puesta de sol conmigo al tomar una silla y sentarse a mi lado (una vez me comento, que no sabía la razón, pero le traía paz ver esa escena). No dice nada y yo tampoco, solo admiramos la belleza de la naturaleza en paz, como debería de ser.
Era… de alguna manera agradable tener compañía de nuevo… Tal vez, no sería tan malo si se quedara.
- "Pero… ¿Qué?" -sacudí inmediatamente mi cabeza ante aquel discurso que decreto mi mente- "¡María, por favor! ¡No puedes pensar eso de una basura humana!" -afirme. "Por más grata que te parezca su presencia, no debes hacerte de la idea de que él se quede" -una pequeña yo mental asentía fervientemente la cabeza al cruzar sus pequeños brazos dictando su autoridad- "Recuerda, tu odias a los humanos porque son unos desgraciados y todos, TODOS, son iguales."
¿Les ha pasado que sus conciencias pelean? Pues eso me estaba pasando justo ahora, la parte razonable me decía y gritaba que no confiara en él, que solo mantuviera una relación cordial con él y la otra pataleaba y golpeaba a la otra argumentando que debería darle una oportunidad, eran otros tiempos y a decir verdad mi actitud con los humanos era más que nada pasiva.
Era una batalla campal con cada uno de esos extraños y particulares pensamientos. Pero, aunque fueran consistentes no lograron evitar que mi olfato detectara un aroma ahumado y terroso; así mismo mi oído escucho varios animales del bosque gritando y llorando en constantes jadeos.
Velozmente giré mi mirada hacia el bosque que por tantos años me había resguardado y vi como pasaba por arriba de los árboles una densa y negra nube que avisaba su pertenencia al fuego.
- ¿Pero ¿qué? –solté aquellas palabras y de un brinco me incorporé- ¿hay un incendio? Eso no es posible…
- Temo que las pruebas apuntan a lo contrario –añadió el peliazul que se encontraba detrás de mí- por la dirección del humo y la distancia, no creo que llegue hasta aquí –hablo con cierta tranquilidad.
Lo observe por un momento y después al bosque. Tenía razón, estábamos en un punto seguro, pero, ¿y esos animales que perdían su hogar frente a sus indefensos ojos? Con gran rapidez el fuego arrasaría con esa parte del bosque y si mi instinto no me fallaba, varios animales serian víctimas de aquellas llamas.
- Debo ir –di un paso hacia adelante, decidida a salvarlos.
- ¿A dónde va? –deteniéndome de un brazo, Tsubasa me miro dudoso- no pensara ir al bosque, ¿verdad?
Solté un pequeño gruñido. Decirle "si, voy a salvar a los animales con mis abismales poderes dragones es lo que quiero hacer", no era plenamente viable.
- Iré al pueblo –mencione de forma neutra, no dando espacio a la duda- debo avisarles del incendio para que tomen sus precauciones.
- Si a nosotros no nos afectara el incendio no entiendo porque a ellos si –dijo sin entender la lógica de mi mentira- sea como sea, permítame ir a mí. Prefiero que se quede en la cabaña al margen de la situación.
Solté tremenda carcajada- se tiene muy sobrestimado, Kazanari-san –de un pequeño empujo logre soltar mi brazo de su agarre- usted es el que debe entrar a la cabaña y esperar por mi ¿entendido?
Solo se quedó unos segundos sin hablar y frunciendo el ceño se negó a dejarme ir- no y no lo entenderé. Puede que sea menor, pero aun así entiendo la responsabilidad de cuidar a una mujer, por lo que me veo en la penosa necesidad de no dejarla ir.
Otra pequeña risita salió de mis labios después de unos momentos sin hablar. Sorpresivo, así es como describiría a Tsubasa.
- Bien, aquí tenemos un problema –di un paso hacia adelante y él no se movió- tú quieres cuidarme porque soy mujer –reí de nueva cuenta- tú mismo lo dijiste, el incendio no llegara al pueblo por lo que no debería de haber problema con que vaya a dar un pequeño aviso al pueblo, ¿verdad?
- Sea cual sea la situación, no puedo permitirlo –se mantuvo firme- iré yo y daré el aviso, usted quédese aquí.
Sonreí con un poco de descaro- como anfitriona no puedo permitirme que haga mi trabajo – al colocarme a su costado, puse mi mano sobre su hombro- caminando – "Eso y de que, si lo descubren allá, me van a perseguir" –fue el pensamiento fugaz que acompaño mis pasos lejos de su alcance- debes de confiar en tus mayores, ¿no lo crees? Volveré rápido, lo prometo.
Antes de que el siquiera se diera la media vuelta, desaparecí de su campo visual y me dirigí al bosque. Dejándolo estupefacto y sin posibilidades de reclamar.
Bosque
Había llegado tan rápido como mis piernas me lo permitieron. En efecto, los animales corrían desenfrenados de las llamas de origen desconocido.
Apreté mi puño con enojo reprimido. Los incendios espontáneos no eran precisamente comunes por no decir que jamás se habían presentado en ese lugar. Eso debía ser sin duda, obra de un humano de mal corazón que solamente hizo aquello por gusto y place.
- No tengo tiempo para pensar en eso –sacudí rápidamente mi cabeza y me dediqué a tomar unos cuantos animales y sacarlos lejos de ahí.
POV Normal
Si bien, sacar unos cuantos no era problema, pero cuando se venía la odisea de agarrar animales pequeños como los conejos, ardillas y/o pájaros, la situación se volvía extremadamente cansada incluso para alguien con las habilidades de María.
Aunque fuera lo último que haría, iba a sacar a los animales de ahí, iba a salvarlos. No perecerían en su hogar, no lo harían.
o-o-o
No supo bien el tiempo que transcurrió, solo que el fuego parecía no querer detenerse y arrasaba cada vez más el bosque. Por cada animal que salvaba, otros dos desaparecían y esperaban que alguien fuera en su búsqueda.
- Esto no tiene fin –miro por todos lados cuando se volvió a adentrar al bosque- sería mejor si sofocara el fuego…
Con su aguda vista llego a ver en la lejanía un pequeño lago que podría ayudarla terminar con el incendio.
- Ahora me siento estúpida por no pensarlo antes –solté un pesado suspiro de forma pesada- ¿pero que…?
Antes de comenzar su andar, noto una figura que se alzaba torpemente por las brasas del bosque.
- ¿Es enserio? –rezongo al saber de quien se trataba.
La figura que tosía fervientemente era la de su inquilino Tsubasa. Se veía mal, no solo por la tos, si no por el polvo negro que cubría tanto su cara gran parte de su cuerpo.
- ¿Qué rayos haces aquí? –le pregunto un tanto furiosa la pelirrosa al recién llegado que apenas la vio y le sonrió forzadamente- y ni me sonrías que no es gracioso ni bueno que estés aquí.
- Mucho menos que usted este a-aquí –tosió un par de veces más- algo me decía que no iba… -tosió de nueva cuenta- que no iba a ir al pueblo y vendría al bosque para intentar ayudar.
- Sea cual sea, no debiste venir –coloco con cuidado el brazo del peliazul sobre su hombro y camino junto con el- debo llevarte a un lugar seguro. Si no ibas a ayudar, no te interpongas. Según tú, ¿en qué ibas a ayudar estando así?
- No… No quería dejarla sola –agrego el ojiazul en una voz pausada y por culpa de inhalar tanto humo su caminar se volvía tambaleante- es una persona de buen corazón y aunque no la conozco de mucho tiempo, sé que tiene un enorme cariño por la naturaleza y si se presentaba la oportunidad…
Solo por unos breves segundos, María pestañeo y quedo confundida con esas palabras. No se habían referido a ella como "de buen corazón" en muchos años y eso la dejaba desarmada.
- Eso fue…
Intento contestar, solo para hacer notar que sus cometarios no la afectaron; aunque sus simples dos palabras fueron interrumpidas por el crujir de un árbol que ya amenazaba con caer, no, ya estaba cayendo.
- ¡Yo…no, puedo permitirlo! –en un intento de caballerosidad apresurada se posiciono enfrente de la mujer pelirrosa.
Ante el enorme árbol de fuego que iba cayendo, el peliazul no dudo y se mantuvo en su posición; María por su parte… soltó un pesado suspiro. Si bien, las intenciones del joven no eran malas, había una solución más fácil y a decir verdad no le gustaba para nada.
Con un pesado suspiro tiro de la camisa del ojiazul para así colocarlo detrás de ella y de un puñetazo hizo trisas el árbol.
- ¿Pero ¿cómo…?
- Mejor cállate –María fulmino las palabras de Tsubasa con las suyas.
Haciendo uso de sus habilidades especiales y más a disgusto que por placer, se convirtió en dragón y con el batir de sus alas que acompañaron los gritos de asombro del peliazul, negó con la cabeza varias veces.
- ¿C-c-c-como es que…? -con suerte el joven podía articular palabra alguna, se encontraba demasiado sorprendido por lo que sus ojos vislumbraban- ¿e-esto es verdad? D-debe de ser humo…
- Si fuera el humo, yo también estaría alucinando, ¿verdad? -cuestiono un tanto fastidiada por esa actitud infantil.
No daba crédito a lo que sus ojos vislumbraban, era simplemente increíble que aquello estaba pasando. Un dragón con el cual los niños soñaban con matar o montar ¡hablando enfrente dé el!
- Esto es demasiado para mi… -acaricio su cabeza y sacudió sus cabellos azules- ¿de verdad está pasando esto? -al preguntar noto como la dragona negaba y soltaba un bufido.
- Para tu desgracia y la mía, todo esto está pasando y no es de mi agrado mostrártelo -hablo sin mover su hocico, los únicos indicios de su insatisfacción era que rotaba sus ojos y su voz hastiada- mira, no tenemos tiempo para que te quedes como idiota, mejor sube y hablaremos de esto en un lugar seguro.
El ojiazul titubeo, no sabiendo que era lo correcto. La lógica era inminente en esos casos, pero tenía miedo de que algo malo pasara.
- B-Bueno, yo….
Tras el crujir de varios árboles y el crepitante sonido de las brasas hizo que María gruñera ante la indecisión del joven.
- ¡Bien, nos vamos! -haciendo uso de su cola lo tomo por la cintura y lo arrojo a su espalda- ¡no hay tiempo! -de un aleteo subió al cielo en su intento de alejarse del incendio.
Tsubasa por su parte y por recomendación de su conciencia del terror que tenía, se aferró a la espalda de la pelirrosa y esta no pudo más que suspirar por la poca valentía que en esos momentos presentaba.
Y eso nos lleva a los inicios de la narración, aunque esta no tenía una continuación audaz y perspicaz como se esperaría de Tsubasa, no, el simplemente por tantos giros que hizo María en el aire, se desmayó sin reparo. No dando entrada a charla o de decirle el plan que tenía la pelirrosa para apagar el fuego.
El simplemente quedo a merced de María cuando se desvaneció.
-Después del incendio-
- Y de nuevo te tengo aquí, genial -la pelirrosa negó con la cabeza al ver la situación en la que se encontraba.
Simplemente estaba donde inicio esta pequeña historia: con Tsubasa descansando en su cama como aquel primer día.
¿era diferente? Debía aceptar que sí. Al menos conocía al tipo que metió a su cama… bueno, eso sonó mal: Mas bien, al sujeto que rescato ya en dos ocasiones estaba descansando en su cama.
- ¿Qué no entiendes de limites? -negó con la cabeza entre suspiros- eres un humano, limitate a obedecer. Solo te pedí quedarte aquí, no irte a fingir ser un super héroe y dirigirte a tu muerte. Humano idiota.
Sus comentarios ácidos fueron acompañados con la acción de su mano derecha de limpiarle el hollín de la cara. En su mente solamente pasaba las groserías que quería gritarle en cuanto se despertara.
¿Por qué salvarla si apenas se conocían? ¿Qué lo motivo? ¡era una simple orden, debió seguirla! Ella se podía valer por sí misma, no necesitaba a ningún príncipe azul que la salvara, así siempre había sido y así sería el resto de su vida, lo juraría en la tumba de sus padres si así se lo pidieran.
- Aunque fue así… -con una mirada pasiva paso el pañuelo por la mejilla del joven con el mayor cuidado posible. Era como si sus palabras poco a poco se suavizaran con el ondear de su mano- ¿Por qué me preocupa que no despiertes…? -su mano con el pañuelo terminaron en la comisura del labio del peliazul.
Inconscientemente, se encogió e intento llegar a la altura dé el, acercándose estúpidamente como un animal curioso por su nuevo juguete. Solo hasta que Tsubasa soltó un gruñido adolorido fue que se alejó de un respingo y metió sus manos por debajo de sus muslos sin razón aparente.
- ¿Q-que…? ¿Qué fue lo que paso? -alcanzo a preguntar el joven que apenas recobraba la compostura- ¿Cómo llegamos aquí? -pregunto cuando vio a la pelirrosa, aunque por su estado actual no podía moverse mucho o incluso darse cuenta que su acompañante estaba sonrojada.
- Solo… Solo te traje aquí después de que apagué el incendio -contesto en su intento de parecer arrogante pero esos titubeos solo la hacían parecer graciosa.
- Oh, entiendo -contesto y frunció levemente el ceño - ¿Cómo lo apago? -se atrevió a preguntar.
- Yo solo… -con un carraspeo intento volver a su compostura- solo tome agua del lago y lo apague- contesto sin más.
A decir verdad, se estaba viendo humilde. El proceso de traer el agua radico en encontrar un árbol hueco en donde cupiera el agua y este mismo no tuviera tantas fugas; cargarlo de agua y llevarlo volando hacia el incendio; repetir ese proceso más de una vez hasta que la última llama se extinguió. Por ahora, no lo agobiaría con tantas cosas, lo dejaría descansar.
- Entiendo… cerro los ojos al descansar su cabeza sobre la almohada, aunque inmediatamente abrió los ojos y jadeando alzo medio cuerpo de la cama- ¡ya recordé! -torpemente la señalo con asombro- ¡usted es un dragón!
- ¡Shhh! -lo callo de inmediato y le envió una mirada de muerte- no tienes que gritar eso, aunque estemos lejos del pueblo, siempre puede haber un chismoso por ahí.
- Lo-Lo lamento -se encogió en su lugar cual niño regañado y prosiguió- es que… de verdad fue una sorpresa.
- ¿Qué es una sorpresa exactamente? -cuestiono la dragona al alzar la ceja- ¿Qué sea un ser mitológico o que existan?
- La segunda -trago saliva, nervioso de que sus comentarios se vieran mal. La antigua actitud pasiva se había ido para darle paso a una agresiva con brazos cruzados y piernas imitándolos- pensé que eran… pues eso, leyendas.
- Son leyendas que debes de mantener en secreto -su voz se volvía dura y fría- si me entero que le contaste a alguien del pueblo sobre que soy un dragón, te juro por todo lo bueno que te agarrare del pescuezo y te daré de comer a los lobos después de quemarte con hielo, ¿entendido?
Tsubasa se estremeció de solo de pensar en esa dolorosa muerte- y-yo lo entiendo. No lo diría, pero agradezco la…. "sugerencia".
- Al menos entiendes tu lugar aquí, niño.
- ¿Puedo preguntar algo?
- Ya lo estas haciendo, pero bueno, has otra pregunta.
- ¿Qué tantas criaturas mitológicas hay por ahí? -indago curioso.
- El mundo aún guarda varios secretos y entre ellos, y entre esos misterios nos encontramos los seres mitológicos -añadió un tanto soberbia- no lo entenderías aun si te lo explicara.
- ¿Podría intentarlo? -pidió viéndose sumamente interesado en la plática- quero saber más de esas fabulosas criaturas.
- ¿Por qué tendría que decirte? Eso es algo que no le concierne a un humano como tu -gruño y desvió la mirada.
- En ese caso, usted no me diga nada en concreto, solo conteste mis preguntas, ¿sí? -mantuvo ese sutil tono adorable y la mayor no tuvo más remedio que asentir.
No es que tuviera muchas opciones, no podía correr a un herido de su casa. Ni su padre sería tan cruel… olvídenlo, si fuera con él, ya lo hubiera arrojado a los lobos.
- Bien, en ese caso… -el peliazul emocionado analizo sus futuras preguntas al frotar su dedo índice con su mentón y comenzó- ¿existe el monstruo del lago Ness?
- ¿Nessi? Si, ella vive en un lago en escocia -contesto sin darle mucha importancia. No era malo decir si existía o no, lo que no diría es su ubicación exacta.
- Genial -los ojos azules de Tsubasa poco a poco iban aumentando su brillo- ¿chupacabras?
- ¿Quién? A ese ni lo conocen en su casa.
- ¿Pie grande?
- Te presentaría a pie pequeño, pero ese se extinguió.
- Eh… -cerro los ojos brevemente- "tal vez debería preguntar por cosas locales" -al pensar, abrió los ojos y continuo- ¿Un Genbu*?
- ¿La tortuga? Si claro, es bastante amigable la verdad.
- ¿Suzaku*?
- Es un fénix poco encantador y ama molestarme, pero si existe para mi desgracia.
- ¿Byakko*?
- El tigre me cae bien, es versátil y siempre es fácil hablar con él.
- ¿Seiryu*?
- Estas hablando con un dragón justo ahora, ¿enserio me vas a preguntar por otro?
- Lo lamento…
- Si solo me vas a hablar de los cuatro guardianes, es mejor que me vaya a preparar la cena -se levantó de la silla y al darse media vuelta dio unos pasos para irse.
- ¡Espere! -Tsubasa tomo su mano para meterla y ella lo hizo y lo miro resignada cuando observo esa mirada de cachorro perdido.
- Bien, me quedare… -al sentarse en la silla, el peliazul asintió satisfecho y listo para más preguntas.
Él se puso serio como nunca antes cuando entre sus memorias encontró algo que siempre había querido saber.
- Hablemos de Buda*
- "Esta va a ser largo…"
María suspiro, en parte era culpa de ella, lo alentó y ahora tenía que pagar las consecuencias de esos actos.
Pagaría su penitencia al ser cuestionada sobre la divinidad o criaturas mitológicas que han cursado en la tierra.
-Horas después-
- ¿Ya son todas tus preguntas? –pregunto hastiada y fastidiada la mujer pelirrosa.
A ciencia cierta, no sabía cuántas horas había pasado respondiendo dudas que para ella eran estúpidas; pero de lo único que tenía certeza era de que una terrible migraña persistía aun después de terminar el cuestionario.
- Por ahora, son todas –asintió agradecido con la cabeza- no puedo creer que todas esas leyendas, bueno algunas –frunció el ceño levemente- sean de verdad.
- Las maravillas del mundo en su esplendor –extendió las manos y se encogió de los hombros- bien, me retiro –al levantarse de la silla la detuvo el joven al tomarla de la muñeca- ¿ahora qué?
- Debo agradecerle correctamente –sonrió suavemente, mostrando ese encanto inconsciente- sé que es tarde, pero permítame hacer la cena- aun cuando sus acciones eran buenas su estado físico no le permitió moverse sin toser.
- Si, por que claramente puedes hacerlo –rodo los ojos y con un pequeño empujón coloco al joven de regreso en la cama- mira no te compliques la vida, hare yo la comida. Ya cuando te recuperes, te encargaras de todos los desayunes, ¿entendido?
El joven asintió entendiendo su posición, aunque después de unos pequeños segundos, sonrió- ¿eso significa que quiere que me quede con usted? ¿ya no me va a echar?
María lo miro fijamente, si, en definitiva, era un espécimen raro humana. ¿Quién se pondría feliz por vivir con un dragón que podría despedazarlo en segundos?
- ¿No me tienes miedo? -pregunto en búsqueda de una explicación a esa especial contestación- ¿sabes los riesgos que implica estar conmigo?
- Quiero estar aquí -contesto sin titubear tomando por sorpresa a la pelirrosa- en vez de dejarme a mi suerte, usted me recogió y me cuido. No puedo dejarla sola solo por su "condición".
- Es estúpido un ideal de caballero en estos tiempos, ¿no crees? -alzo la ceja con cierta soberbia- crece niño, que un día el mundo de los hombres te va a golpear y te darás cuenta de que no es tan fácil como parece -dijo de forma acida, con el fi de herir a su acompañante.
María se miraba altanera y soberbia, Tsubasa por su parte guardo la calma y mantuvo esa sonrisa apacible.
- Así el mundo se ponga en mi contra, no desistiré a mis ideales -dijo claro y firme en su convicción.
- ¿Y si el mundo te juega en contra? -soltó la mayor en una áspera risa- ¿Qué harás cuando no te quede nada más que eso?
- Moriré feliz de ser así -hablo orgulloso- un ser vivo no tiene mas que sus ideales y su palabra. Lo demás lo dejaremos aquí el día que partamos a otro mundo.
- Gracias por lo que nos dejas a los demás -alzo la ceja y con una risa socarrona.
- Creo que no me escucho bien -haciendo un sobre esfuerzo se alcanzo a levantar de la cama y posar su mano sobre el hombro de la mayor- dije "un ser vivo", eso la incluye a usted y a cualquier criatura mítica que haya faltado de mencionar. Que seamos de diferentes razas no es sinónimo a que no podamos llevarnos bien, coexistir -agrego cerrando los ojos y asintiendo- ¿usted no quiere llevarse bien conmigo? ¿le parezco desagradable? -al abrir sus ojos, imito la cara de un pequeño perrito perdido.
María pestañeo un par de veces e incluso, aunque fuera pequeño, un pequeño sonrojo vago por sus mejillas.
- Eh… -carraspeo un poco para volver en si y no contestar una tontería- s-supongo… -incluso tuvo que tomar y soltar aire un par de veces antes de seguir- no eres el peor de los humanos…
Olvídenlo, María había entrado a modo "indefensa". La cercanía con un humano agradable no la hacia sentirse cómoda, era algo que simplemente no había experimentado. La mayoría de los de su especie (humanos) solo se acercaba a ella cuando necesitaban algo y viceversa, con ese joven de cabellera azul, las cosas eran diferentes. El era diferente a los que había conocido en su longeva vida.
- ¿No soy el peor de los humanos~? -al mecerse un poco, se volvió a sentar en la cama puesto que su condición ya no le permitía quedarse mucho tiempo parado- creo que eso es un alago, ¿verdad, María?
- ¿E-eh? -de un respingón miro al joven de forma incrédula- ¿Quién te dio permiso de hablarme por mi nombre?
- Pienso que, para poder llevarnos bien, debemos romper poco a poco esas barreras -aclaro el al encogerse de los hombros. Se veía divertido por las reacciones que le estaba provocando a la pelirrosa- usted nunca me ha dicho por mi nombre, ¿no es buen momento para hacerlo?
- ¿C-como por qué?
- Porque viviré aquí hasta que el resto de mi vida~
- ¿Con permiso de quién? ¿o qué? -aun en su vergüenza, alzo la ceja dudosa- no recuerdo haberte dicho que te podías quedar mas tiempo, es más, vete -señalo la puerta, intentando verse amenazante pero ese sonrojo no la hacia mas que parecer un pequeño ratoncito.
El negó con la cabeza- le dije que no me iría. Quiero quedarme al lado suyo -afirmo- tal vez no sea de mucha ayuda, pero me quedare aquí. Véame mas bien como un… "su as bajo la manga", cuando necesite algo del jardín con gusto poder ayudarla estando aquí.
- Mas bien suena a que serás el comodín… -al verlo tan decidido bufo- bien, te puedes quedar.
- ¿Enserio? -se vio contento con esas palabras- muchas gracias María.
- No me digas por mi nombre, que no te he dado el derecho de hacerlo.
- ¿Se pide permiso para eso? -fingió locura cuando sabia la respuesta- permítame compensarla, diga por favor mi nombre y así estaremos a mano.
- ¿Eso que tiene que ver?
- A que, si usted me llama por mi nombre, prometo no nombrala con el suyo de nacimiento -puso su mano sobre su pecho y asintió- ¿por favor?
Hay iba de nuevo, esa cara de perro abandonado de lograba hacerla dudar, aunque no fuera por mucho tiempo. El la seguía mirando como si no tuviera nada mejor que hacer, no se rendiría hasta conseguir su objetivo.
- Yo… -trago saliva- ¿Por qué tengo que hacerlo?
- ¿Por qué lo pido por favor~?
- Ah, que fastidio… -carraspeo y suspiro- Tsu… -las primeras silabas fueron acompañadas con el leve mecimiento del autor de tal tortura- va…
- Ya falta poco, vamos dígalo completo~
- Tsuba… -antes de decirlo, una ola de nervios ataco y no la permitió terminar- ¡no voy a decir semejante estupidez!
María se dio la media vuelta, tenia que irse de ese lugar. Mientras más que quedara, más peligraba su salud vascular, tantos sonrojos no eran buenos para ella.
¿Por qué no simplemente lo sacaba a la fuerza de su casa? Si era sincera, ha sacado a muchos con menos razón que las que el joven manifestaba. ¿quererse quedar a su lado? Podría ser solo un simple capricho de un niño que descubrió un juguete nuevo, una promesa que no sería cumplida como un "Juntos por siempre".
- Si su desprecio significa que me acepta, entonces lo agradezco -vocifero el peliazul al ver como la pelirrosa se alejaba para ir a la cocina- estaré aquí si necesita algo, puedo ayudarla en lo que guste.
- Desaparece… -mascullo y gruño confundida con ese pequeño nerviosismo que se presentaba cuando lo veía sonreír así.
- ¿Qué dijo? No la escuche.
- No dije nada… nada.
Sin mirar hacia atrás, María se dispuso a hacer sus tareas, cuestionándose cada minuto el porque ese cambio tan radical de emociones en ella. Primero encontraba siendo razonablemente amable, después le grito e intento pisotear su honor, y ahora actuaba como una cria torpe.
Ni ella misma se entendía…. Aunque, debía aceptarlo, aunque le pesara, no le desagradaba la presencia del joven o tampoco le molestaba haberle dicho sobre su "condición".
"¿Podre confiar en él?" fueron las palabras que se dijo en su labor.
Ay María… ¿Cómo te explico que las cosas no son tan fáciles?
Contestando review:
Uzuki: Y mas maldad porque tarde en actualizar… ¡Lo lamento! ¡Muchas gracias por todo!
Excusa no tengo la verdad…. Fueron dis difíciles, me volví a enfermar jajaja… ando con todo este año xD.
¿Soy la única que piensa que Tsubasa ya esta pariendo un princeso? No se preocupen, ya tendrá su momento.
Según yo, esto iba a ser de una o dos partes, ahora me falta otra y termino con el pasado de María… Creo que lo puedo terminar en esta semana, simon, si se puede.
Bueno me despido, muchas gracias por leer owo.
*Genbu, una tortuga con una serpiente enrollada en el caparazón que representa la tierra; Suzaku, una majestuosa ave fénix que representa el fuego; Byakko, un tigre blanco símbolo del viento; y Seiryu, un dragón de color celeste cuyo elemento es el agua.
*Espero que entiendan lo de Buda xD. No sé si han notado que Tsubasa en casi todas sus canciones de batalla pone algo de acabar con Buda y esas cosas. Pero ya en la última temporada este desaparece de sus versos, ¿será que se referirá a su abuelo? Al deshacerse de eso, de ese hombre malvado ¿acabo con buda?
