Senki Symphogear no me pertenece, es de sus respectivos autores.


En algún punto de la vida llegas a acostumbrarte a vivir con alguien. Sea como sea, por las buenas o por las malas, tener a otra persona te hace aprender a convivir y sobrellevar las adversidades.

- ¿¡CUANTAS VECES TENGO QUE DECIRTE QUE RECOJAS TU MALDITA ROPA!? -vocifere en un feroz grito que resonó incluso al bosque reacio de contacto humano.

Al joven receptor de mis gritos solo asintió tímido y nervioso.

- Y-Ya voy -contesto temeroso y de un momento a otro comenzó a recoger la ropa que estúpidamente había dejado en la habitación.

Solté un gruñido feroz y caminé directo hacia la cocina.

No había pasado ni poco ni mucho tiempo desde aquel incidente en el bosque y de que el joven peliazul supiera mi identidad. Con el fin de vigilarlo permití que se quedara en mi casa para vigilarlo lo mas que se pudiera considerando que existía una probabilidad que contara mi secreto a los demás.

Propiamente no era un mal inquilino, ¡solo que era un desastre en la mayoría de las labores domesticas! Mi trabajo de limpieza de ser poco se había vuelto demasiado con su llegada.

- ¿Cómo es que termine en este embrollo?

Ante mi suelta pregunta, la figura peliazul que había mandado a recoger la ropa, hacia aparición para contestarla.

- Le juro que la cocina no es culpa mía, yo solo tire la ropa en… prácticamente toda la casa –se excuso con una nerviosa voz.

Al mirarlo, no tuve más que reírme de su desdicha. Se veía sumamente gracioso con toda esa ropa en sus brazos, incluso de la montaña de ropa que era, había unas cuantas que descansaban plácidamente en su cabeza.

- ¿Es gracioso verme así? –agrego con cierta inocencia parecía a la de un niño que iba a ser regañado sin saberlo aún.

- Básicamente no puedo ni verte –comente con una leve risita- a ver –con cuidado retire algo de ropa de su cabeza y de la que cargaba para lograr ver su cara.

Se veía avergonzado eso si e incluso frunció el ceño como si ayudarle con la ropa fuera un tipo de sacrilegio.

- No es necesario que me ayude, puedo solo…

- Podrías si no quisieras cargar todo solo –soltando otra risita camine hacia el pequeño lavabo donde se hacia la labor de lavar la ropa- bien dicen que los flojos trabajan dobles.

- Es solo… que me pareció más rápido hacerlo de esa manera –argumento un poco tímido y al mirarlo negué suavemente con la cabeza- si llevas todo a un lugar, será mas rápido, ¿no?

- ¿No contemplaste que se te podía caer la ropa y tendrías que recogerla a cada rato? –gire sobre mis talones cuando llegue al lavabo que se encontraba afuera de la cabaña.

- B-Bueno…

Aunque me pesara admitirlo, se veía algo lindo. Se veía como un pequeño conejo con esos enormes ojos azules. Gracias a que el era un tanto mas bajo que yo, lo tenia que ver hacia abajo y podría asegurar que para el me veía algo atemorizante.

- Tsubasa, debes hacer las cosas con calma –coloque la ropa que cargaba sobre el lavabo y tome la suya para realizar dicha acción cosa que de nuevo lo hizo fruncir el ceño- hacer eso no te hace ver mayor, ¿lo sabias?

- No intentaba parecer mayor –argumento e incluso su voz emulo a una grave.

Eso de verdad no ayudaba ahora con su imagen.

Solo imagínense a un jovencito haciendo ese tipo de cosas, aun cuando quería parecer serio era derrotado por los "gallos" que salían de su voz.

Simplemente, verlo fingir madures y esas desentonadas sacaron en mis unas terribles carcajadas dignas de las comedias.

- E-Eh, no dije nada gracioso –al hablar y notar que no iba a detener mi acción, sus mejillas se inflaron- ¡estoy hablando enserio! –ante su grito salieron unos chillidos parecidos a los de una niña pequeña.

Ante ese error, cubrió su boca con sus manos, se veía aun mas avergonzado que en el principio.

Mi risa era grande y estruendosa. Descubrí que Tsubasa tiene la habilidad de hacerme reír como si no hubiera mañana. No se si se deba a que perdió la memoria, a que sea tan inocente y no sepa cosas tan comunes como lo es la limpieza de una casa; pero siempre sale con cada elocuencia.

Siempre hacia caras chistosas cuando no sabía algo: si era necesario coser, arrugaba la nariz y el ceño puesto que no podía insertar el hilo en la aguja; cuando había que limpiar el no mojaba el trapo, no, el solo "limpiaba" a paño limpio las superficies mas sucias, como si aquello funcionara de verdad; al recolectar agua, se distrajo cuando le hable y se cayo con todo y valde al rio. Incluso una vez le pedí de favor que pusiera a cocer los fideos para la cena. Solo tenia que hervir el agua y echarlos, hasta un niño pequeño podría hacerlo con mejor maestría de la que lo hizo el. Fue un estruendoso ruido el que me aviso el peligro que existía en la cocina: Tsubasa había quemado los fideos pues por descuidado se quedo dormido y al evaporarse el agua, los fideos fueron victimas de las abrazadoras llamas. El humo negro salía de las ventanas, llegué a asustarme, entre lo mas rápido que pude y mi sorpresa fue ver a Tsubasa alejando el humo con una sábana, aunque eso en realidad avivo mas el fuego. No se que le hubiera pasado a mi cabaña de no haber llegado a tiempo para arreglar su desastre.

Pese a que hace cada desastre en la cabaña, no sabe hacer labores propias del hogar y que incluso es un riesgo que sepa mi identidad, me saca varias sonrisas. Son torpes y a veces muy ruidosas, pero es algo que disfruto mucho. Me relaja reírme del e incluso cuando el ríe conmigo.

- Temo que si es gracioso –agregue con un poco de dificultad pues me recuperaba de las carcajadas de hace unos segundos- si hubiera una forma de grabarte y mostrarte lo torpe que eres, verías por qué mi intensa risa.

- Solo se burla de mi… -ahí estaba de nuevo, frunciendo el ceño como un pequeño conejo- se que soy un inquilino complicado, pero parece que no me tiene mucha consideración.

Una pequeña pero visible sonrisa salió de mis labios al verlo ejercer esa acción. Las palabras, "es adorable" no salieron de mi cabeza al continuar mirándolo.

- Ya, ya, déjate de quejas –pique su nariz de forma involuntaria y el de inmediato la arrugo mas- no te molestaría si no te tuviera un poco de aprecio. Ve eso como un cumplido

Sorprendido por mis palabras y por mis acciones, coloco su mano inmediatamente sobre su nariz.

- Iré a hacer cena, te hablare cuando este –con la actitud mas fresca del mundo me di la media vuelta y camine como si nada a la cocina donde me esperaba mi destino.

Di unos cuantos pasos sin darme la oportunidad de mirar hacia atrás, mostrando ese lado de "princesa" que muchos en el pueblo elogiaban. Solo era necesario cruzar el marco de la puerta de la cocina puesto que incluso el de la cabaña se había quedado atrás con mis pasos que iban acelerando su ritmo segundo a segundo, para soltar un gritillo sordo que por fortuna no seria escuchado ni por los animales del bosque.

- ¿Q-que rayos acabo de hacer? -fueron las palabras que salieron de mi boca luego de cubrirla con mis manos- fue simplemente un impulso nada mas, no significa nada ¿verdad? -mi voz tambaleaba, titubeaba en que si lo que había hecho era verdad o una burda falsedad -pero lo hice, ¿Por qué? -caminé en círculos por la cocina buscando una explicación a mi divagación- es lo que hacen los amigos. Todos los que veo en la calle son así de afectuoso, es normal que yo lo sea también ¡claro que sí! -alce el puño con determinación y en menos de un minuto me detuve y mi mirada se ensombreció- ¡pero ni siquiera somos amigos! -arrastre mis manos sobre mi cara con desespero.

¿Era la falta de contacto amistoso el que me hacia comporte así? Claro que si, ¿Qué mas podría ser? No podía sentir empatía por un humano, bueno, hace rato dije que me parecía gracioso y lindo… ¡Ah, no entiendo nada de lo que me esta pasando!

- Es porque el parece un conejo indefenso -fueron las palabras de consuelo que salieron de mis labios- si, es obvio que es por eso -coloque mi mano sobre mi pecho que no dejaba de sonar cual tambor- mi madre siempre me dijo que tenía una empatía por los animales pequeños y él es básicamente mas pequeño que yo ¡claro que es por eso! -asentí varias veces para hacerme a la idea de mis palabras- si es así… ¿Por qué no dejas de latir? -baje la mirada y observe mis manos que incluso temblaban levemente- yo… no entiendo nada…

Mis palabras fueron mitigadas por el tambor que había reemplazado mi corazón. Era un sonido irregular, atípico incluso para alguien de mi condición y de una particular manera era cálida que me provocaba sonreír torpemente como hace momentos.

- ¡No puedo estar pensando eso! -mis palabras se acompañaron con un fuerte golpe de mis palmas contra mi cara- ¡debo hacer la comida! ¡y tu, deja de latir como loco ni que fuera a morir! -señale mi pecho con mi dedo índice, buscando ser lo mas autoritaria posible.

Contrario a lo que le pedí, el muy desgraciado continuo constante con aquel incesante zarandeo como si no hubiera un mañana.

- ¡Oh! Contigo no se puede -gruñí y me encamine a la pequeña alacena- te voy a ignorar. Eres un órgano vital muy insoportable, ¿lo sabes? -de nuevo me dirigí a mi pecho y continúe con mi labor.

Al son de mis pasos nerviosos alcancé la alacena y al abrirla pude notar que no había mucho material para la cena. Por no decir que no había nada.

- ¿Acaso Tsubasa volvió a quemar cosas o las tiro porque pensó que estaban echadas a perder, otra vez? Ahora que lo pienso, ha estado en la cocina mucho tiempo, aún cuando le dije que se alejara porque quema las cosas -alce la ceja sin darle muchas vueltas al asunto- es probable, el tonto no sabe ni cuando el queso tiene moho -negué suavemente con la cabeza aunque en unos pocos segundos comencé a reír tenuemente- bueno, también yo porque lo mando a hacer esas cosas que se bien que va a arruinar- de nuevo volví a reír- ¡espera! -sacudí ferozmente mi cabeza al notar la torpe acción que estaba cometiendo- ni se te ocurra seguir jodiendo, ¿entendido? -señale mi pecho y después mis mejillas- si a ustedes se les ocurre ponerse coloradas las tallare con una piedra pómez hasta que se pongan roja pero de la sangre que va a correr por ustedes -sin mas me acerque a un pequeño espejo que descansaba en la cocina y señale mi cuello- y tu desgraciado, vuelve a soltar risitas estúpidas y en tu vida vuelvo a limpiarte y quedaras mas negro que la conciencia de Odín.

Gruñí ante mis feroces palabras que estúpidamente pensaba que les llegarían a las partes seleccionadas. Con una mirada voraz en el espejo yo ya aseguraba que esas tonterías no volverían a pasar.

- Volviendo a lo que nos importa – regreso a la alacena recordé al verlo que no había nada para la cena - Supongo que tendré que ir por mas –suspire sin mucho animo a salir.

Aunque el lado positivo es que podría alejarme de la casa por un rato y calmar esos pensamientos estúpidos.

No me gustaba del todo ir al pueblo. Mas que nada por las mujeres molestas que tenían esa terrible idea que me iba a robar a su marido. Eran simplemente un fastidio, mas la señora de los abarrotes que era la que con mas desprecio me miraba; pero malamente era necesario ir a su tienda si quería comer algo decente para hoy.

- Al mal paso darle prisa, ¿no?

Sin pensarlo mas me dispuse a irme a comprar los víveres, no sin antes decirle al inquilino que tenia que retirarme por unos minutos.

- ¡Tsubasa, voy al pueblo! ¿quieres algo? –pregunte casi con un pie fuera de la casa.

Cual magia, en menos de lo que canta un gallo, el peliazul ya se encontraba al lado mío.

- ¿Vas al pueblo? ¿Puedo ir? –pregunto con un poco de esperanza a de que esa vez aceptara su petición.

- Te he dicho que no –dije tras bufar- recuerda cual es nuestro acuerdo –el bajo la mirada sin mucho animo- a ver, ¿Cuál es el acuerdo?

- Puedo quedarme a vivir aquí siempre y cuando no ponga un pie en el pueblo sin su autorización- hablo desanimado- se que lo hace para que no diga su secreto, pero a estas alturas ya debería de confiar en mi, ¿no lo cree?

Analicé un poco la situación, al verlo tan triste y básicamente suplicando por esa pequeña petición, no tuve mas que ser sincera con el.

Al poner mi mano sobre su hombre, el alzo la mirada esperanzada y le conteste- no podría confiar en un humano ni en un millón de años –mi voz emulaba una graciosa y los ojos cerrados con esa aura amenazante, supuse que logre transmitirle mi mensaje.

Al yo abrir mis ojos después de tales palabras, me tope con la mirada atónita del peliazul, que se soltó de mi agarre y se dirigió a la pared.

- ¿Ahora que tienes?

- Nada…- dijo con un pequeño hilo de voz- es solo que ha lastimado mis sentimientos como Sakimori…

- ¿Tus que…? -pregunte sin entender mucho del termino.

- No se que sea, solo es algo que salió solo de mis labios -al mirarme, este frunció el ceño- solo me gustaría ir de vez en cuando al pueblo, ¿eso seria tan malo?

Hay estaba esa mirada de animal perdido y de inmediato sentí como el calor subía por mis mejillas. Seria fácil negarme de no ser por esa peculiar y mala habilidad del peliazul.

- "¿¡Que les dije!? ¡Nada de sonrojarse!" -les dije antes de dignarme a contestarle- mira -tomé aire y lo solté lentamente para centrarme- ¿Qué tal si te llevo al pueblo después? Ahora es muy noche y no quiero llamar la atención.

- ¿Es enserio? -me miro con cierta esperanza.

- Si -asentí con un suspiro- no se cuando pueda, pero prometo hacer tiempo e inventar una excusa para decir que hay un joven viviendo conmigo.

- ¿Es necesario eso? -alzo la ceja de forma inocente- podemos decir que solo soy un viajero y que usted me esta dando asilo.

- ¿Y que digan que meto hombres extraños a mi cabaña, así como si nada? Solo les daría armas a esas viejas arpías para correrme del pueblo -gruñí levemente- solo buscan excusas para sacarme a patadas de aquí.

O sea, me iba a ir de todas maneras, pero no bajo sus condiciones.

- Eso suena complicado… -el cerro un poco los ojos y después los abrió para mostrar a continuación una suave sonrisa- pero esta bien. A fin de cuentas, estoy bajo su cuidado, seguiré todas sus indicaciones.

- Si… Eso es bueno -un poco atontada por sus acciones desvié la mirada- si eso es todo, ¿quieres algo del pueblo?

- Si no es mucho problema, me gustaría azúcar, ya no hay -asentí ante su petición.

- Bien -di la media vuelta para huir de esas sensaciones- vendré pronto, no quemes la cocina, ¿entendido? -caminé sin esperar una respuesta, aunque de lo único que podía estar segura es que sacudió su mano en signo de despedida.

Fueron mis fugaces sentimientos los que me acompañaron aquella estrella noche.


-A medianoche en la cabaña-

Tiempo después de que María llego.

Casi al próximo día fue cuando logre llegar a la cabaña. Inusualmente había una peculiar oscuridad, si bien la cabaña se iluminaba con velas, no se encontraba en su totalidad sumida en la penumbra de la noche. Si no que daba siempre un aura cálido y hogareño a su peculiar manera de ser.

Estaba sentada en la mesa que daba justo a la ventana, esta misma permitía una vista del bosque y las estrellas de aquella noche. Era un placer culposo ver las estrellas que solían alumbrar sus noches, me calmaban y me hacían recordar mejores momentos.

- Lamento la tardanza, aquí tiene su té.

Fue la voz del peliazul que me hizo desviar su mirada pera verlo. El joven dejo el té sobre la mesa. El vapor del té se elevó, emitiendo un robusto pero relajante aroma. Si, era otro aroma que me gustaba mucho.

Mientras el realizaba esa acción, lo mire de pies a cabeza, fijándose detenidamente en sus manos que poco se veía si estaban o no enrojecidas.

- ¿Lavanda? -alce la ceja con un dejo de curiosidad.

- Si. Leí en uno de sus libros que la lavanda ayuda a dormir, por lo que es perfecta para la noche -hablo bajo, pasivo, apacible.

Levante la taza de té hasta mis labios y tome un sorbo. Tenia algo en mente, pero estaba demasiado apenada como para decirlo en voz alta.

- Lamento haber acabado con las velas, le juro que fue un error -el se disculpo agachando su cabeza- no pensé que ponerles vinagre a las velas haría que no funcionasen más.

- Eso no importa… -hablo de forma pausada, sin darle importancia a la situación- Tsubasa -al llamarlo el dio un pequeño salto- ¿están bien tus manos?

- No es nada -el hizo una pequeña risita- no uso toda su fuerza en ese puñetazo, así que pude resistirlo.

Sus palabras me dejaron sin habla, sabia lo fuerte que era mi golpe más débil y aun así el no se quejaba en lo absoluto.

El malentendido, el estúpido malentendido había surgido no solo por lo que ocasiono el peliazul, si no porque en el pueblo había un festejo y no me dejaron ir hasta que me tome medio barril de cerveza para así demostrar que tengo mejor aguante que los habitantes de ahí. De ahí que llegara tan tarde. En cuando pisé la casa y no vi la luz, sentí una figura que me miraba en las sombras, le solté un puñetazo y al escuchar como cayo, y gracias a los rayos lunares que lo iluminaron, pude ver a Tsubasa contra el piso con las manos enrojecidas.

Después de eso, el joven peliazul insistió en preparar el té, aunque no se lo pedí. Sabia que el no buscaba una disculpa aun que todo fuese un malentendido y eso la tenía un tanto inquieta.

- Si vuelvo a llegar tarde, no me esperes en la oscuridad -afirmé cuando le di otro sorbo al té- no quiero hacerte daño.

- Lo tendré en cuenta -hablo formal.

Cerré los ojos tras suspirar. El chico era imposible cuando ya estaba en su plan "caballerito". Lo único que pude hacer es dar por terminado el té y saborear el dulce regusto.

- Estaba particularmente dulce -dirigí mis palabras al joven que estaba parado a mi lado- ¿añadiste miel?

- Miel de trébol, la hice a mano -comento tranquilo y con una pequeña sonrisa- según leí, su dulzura es natural, no como la sacarina.

- ¿El trébol puede generar miel? -ante mi pregunta el asintió- debo decirlo, leer te hace bien. Te has vuelto útil chico.

- Siempre es un placer.

- Hacías un buen té antes, ahora es mejor.

- Me halaga.

Con esas palabras, mire al cielo como usualmente lo hacía. Las miradas mas inocentes y amables salían a relucir al observar el claro cielo estrellado, una mirada que permanecía igual según mi propia autoevaluación. Mi perdición eran las estrellas, siempre había sido así, eran mis más grandes confidentes.

- Siento que el cielo estrellado de esta noche esta mas brillante de lo que recuerdo.

Fue un comentario irrelevante, no agregaba nada, pero, aun así, sentía que debía decirlo.

- Esto es quizás a lo que las personas llamas "una bendición disfrazada" -comento sereno y también miro las estrellas- si las velas siquiera prendidas, no podríamos ver esta admirable escena.

- Y pensar que hace unos días tiré las velas de respaldo -reí con cierta ironía.

- De no haberlas tirado, no tendríamos esta platica.

- Y pensar que nunca hablamos cuando las estrellas salían -otra risa salió de mi boca- normalmente me sentó aquí a ver y tu en veces me acompañas.

- Es porque se ve tan centrada e hipnotizada por las estrellas que no me gusta la idea de interrumpirla -el soltó también una risita- el tiempo vuelva, ya paso tres meses que estoy aquí.

- ¿Ya tanto? -el asintió ante mi pregunta- vaya, eso no lo esperaba.

- Y hemos tenido menos tiempo, he notado que las ultimas semanas de cada mes es cuando menos tiempo tiene de ver las estrellas y menos tiempo para que este a su lado haciendo lo mismo -añadió el peliazul.

Tsubasa soltó un suspiro y me miro.

- Ha trabajado duro. Si, he estado poco tiempo con usted, pero se que se ha esforzado mucho por cuidar de mí, del bosque e incluso de esta pequeña cabaña -su voz detonaba agradecimiento.

- No puedo hacer menos -hable entre suspiros- este lejos de ser suficiente. Si por mi fuera, me quedaría en estos lugares para cuidar del bosque. Ya casi es temporada de caza y la cosa se pondrá amarga si no estoy aquí para cuidarlos. Es una pena que ya casi sea la hora de las tragedias.

- No todo debe ser duro o complicado -el inclino levemente la cabeza- permítame trabajar con usted para que su carga no sea pesada.

- No creo que sea necesario…

- ¿No lo dijo antes? ¿los flojos trabajan doble? Debe permitir que alguien mas le ayude debes en cuando -usando mis palabras contra mí, sonrió tranquilo.

Al mirarlo y no ver ni un atisbo de duda de que flanquearía, sabía que no podría alejarlo por mas que quisiera.

¿Qué mas da? Me mostro su fortaleza al detener su puñetazo, si lo entrenaba bien, podía ser un buen aliado.

- Gracias -asentí con la cabeza- espero que este año los cazadores desistan y dejen en paz a las criaturas del bosque.

- ¿Eso cuenta como un deseo de la señorita María? -el soltó una risita traviesa y alce la ceja con duda ante eso.

- Supongo que podrías verlo de esa manera…

- Ya que la dragona María ha dicho su deseo, es el momento que María me diga su deseo de cumpleaños.

- ¿Eh?

- Tal vez no lo recuerdes, pero un día, en un intento de recuperar mis recuerdos, hablamos sobre los cumpleaños y al no recordar el mío me diste el día en el que me encontraste, y me dijiste el tuyo que curiosamente es hoy -añadió de forma sencilla como si fuera normal. Hablaba con soltura, no con la formalidad de hace unos momentos.

- ¿Dije eso?

Incluso había olvidado mi propio cumpleaños. El día en el que llega al mundo y mis padres se fueron lejos de sus manadas para rehacer sus vidas. Lo mas probable es que era mas de la media noche y por ende era el siguiente día, ¿Cómo es que lo calculo, así como si nada?

Es más, ¿ahora que le dio por hablar sin formalidad?

- Espera un minuto -Tsubasa dio la media vuelta, fue a la cocina y en un santiamén volvió con un pequeño plato.

- ¿Tsubasa?

Al colocarlo encima, no supe bien que era. Tenia un color grisáceo con un tipo costra de color marrón sobre ella.

- Es un Menjar blanc* -añadió el joven con orgullo- me tomo varios intentos, pero pude hacer algo decente ¿Qué tal? Hoy lo termine aprovechando que te fuiste al pueblo.

Mis ojos, siguiendo a Tsubasa se encontraron de repente con una luz de una vela anaranjada.

- ¡Feliz cumpleaños, María! -soltó en un grito alegre y efusivo. Se notaba lo feliz que se encontraba.

Era un cálido brillo que iluminaba tanto los ojos del joven como los míos.

Ahora todo tiene sentido. Por eso es que ya no había material en la alacena y también porque no había velas, él había estado viendo cual de ella quedaría con el postre. Del Menjar blanc se desprendía un olor a canela quemada y limón pasado, se supone que era un dulce sumamente balanceado y blanquecino, no uno que oliera a ahumado.

Aunque… ¿no era más fácil hacer un pastel?

- ¿Lo hiciste tu? ¿enserio?

- Si, puede que no sea la consistencia perfecta y que parezca mas bien una gelatina -dijo entre risitas- pero lo hice con todo mi esfuerzo y dedicación.

- ¿Te has puesto a pensar que pude haberte mentido con la fecha? ¿Qué pasa si hoy no es mi cumpleaños?

- La fecha no es lo importante -le dio un pequeño empujón al palto con su postre en el hacia mi- lo que le da significado es la ceremonia que hacemos para festejar. Ya sea para marcar su crecimiento hasta ahora o para desearle un futuro brillante, hacemos que el día sea especial porque es un nuevo comienzo -al terminar sus profundas palabras miro su postre- por favor, sople la vela que no se cuanto tiempo se pueda sostener.

Ciertamente la vela parecía hundirse en el postre como si no hubiera mañana.

No tuve mas remedio que acatar su indicación, cerré los ojos y soplé la vela.

En otro momento, alejaría ese extraño postre, pero… no pude, mas bien, no quise lastimarlo. Lo había hecho con todo su esfuerzo, solo para esta persona que si quiera lo dejaba salir a caminar al pueblo. Podría decirse que lo tenía bajo mi merced…

Con la valentía de mis ancestros, quite la vela y con una cuchara agarre una porción del postre para proceder a meterla a mi boca.

- "Es demasiado dulce…" -fue lo primero que pensé, pero al ver sus ojos llenos de ilusión, formé una sonrisa tenue en mis labios- tiene un sabor… dulce bastante particular.

- Lo dulce puede hacer que no concilie el sueño, al tomar té de lavanda, podrás dormir como si nada.

- Eso explica porque me lo diste justo hoy. ¿tenias eso en cuenta? -el asintió mientras yo le daba otra probada al postre.

Lo mire de forma inconsciente, solo para encontrármelo sonriendo a la luz de la luna.

Le debía unas cuantas sonrisas, mis días aburridos se volvieron interesantes cuando lo conocí. Sin embargo, no doy fe a mis habilidades para expresar un sentimiento que no podía nombrar y que sonara natural.

- ¿Le gusta? -pregunto esperanzado aun después de escuchar mi comentario de su dulzura.

- Esta bien.

Mi derrota era inminente cuando se trataba de poner mis sentimientos en palabras. Pero al menos, espero, que mis acciones hablen mas que yo misma.

- Es un placer que te gustara -asintió orgulloso de su triunfo- será mejor que se lo coma, solo hice para ti y espero que lo degustes todo.

- "Vaya conveniencia"

El joven me miro, como si entendiera que le agradecía, pero no lo podía decir abiertamente. ¿será que me convertí en un libro abierto para él? Sabiendo esta posibilidad, me siento aliviada, pero a la vez inquieta.

- Tsubasa…

- ¿Pasa algo malo, María? -pregunto dudoso.

- Hoy… por ser un día especial… -carraspeo un poco antes de continuar- ¿Qué tal si te sientas a mi lado? Prometo no hacer gestos como otras veces.

Tsubasa me observo unos cuantos segundos y asintió sin titubear. Se quedo a mi lado, observando la luna.

Bajo aquella luz, de repente, me di cuenta lo cautivadora que era la sonrisa de Tsubasa. Quería mantener una conversación para sacar esos pensamientos raros de mi cabeza, pero no encontré palabras apropiadas para ese entonces.

- ¿Aun duda de mí? -sus palabras fueron las que rompieron el insólito silencio.

Al mirarlo, solté un suspiro pesado – te mentiría si te digo que no. Los humanos siempre le temerán a lo que no conocen e intentaran exterminarlo sin permitir explicación alguna.

- ¿Yo intente eso? -cuestiono sin bajar su mirada del cielo- me sorprendí, pero me gusta la idea de que tenga ese lado "místico" es un encanto extra.

- ¿Así que encanto? -fuera de que sus confusas palabras, solo de contestar con una diminuta risita.

No seria tan malo confiar en alguien por una vez…

- ¿Cómo podre saber si no me traicionaras? -decidí darle el voto de la confianza- necesito una garantía -cante mis palabras el me miro con gran seriedad.

- Nunca lo haría -afirmo.

- ¿Cómo lo se? -sus ojos índigos quedaron clavaros en mis propios ojos, buscando así un segundo en el cual flanqueara- el miedo es lo suficientemente fuerte para hacer hablar hasta el hombre mas duro.

- Debe creerme…

- Tu palabra no me es suficiente -negué con fuerza- necesito algo que garantice que no dirás nada.

- Mi vida será mi garantía -hablo sin dudar ni un segundo.

- ¿Es enserio? -alce la ceja dudosa.

- Si, lo digo enserio -asintió y se irguió en la silla- si llegó a traicionarla, podrá matarme, no me opondré.

- Sabes que de alguna manera lo hare.

- Estoy preparado mentalmente para eso -inclino la cabeza cerrando los ojos a su son.

- Sabes que no es cierto.

- Lo harás y lo permitiré -levanto la cabeza, mostrando una cautivadora sonrisa- después de todo, te estoy dando mi palabra.

Tal fue el impacto de sus palabras que no tuve el valor de verlo a la cara. Me limite a mirar el cielo que celoso de mi sonrojo y como castigo, ilumino con mas fuerza gracias a la luna para que aquellas motas rojizas fueran totalmente visibles.

- Maldición… -musite entre quejidos y tome aire en un intento de relajarme- bien -definitivamente no podía seguir ahí -al levantarme de mi asiento escuche como mi acompañante también imito mi acción- puedes quedarte de forma permanente, después veremos lo del pueblo como dijimos antes -hable sin mirarlo, no quería que presenciara ese lado vergonzoso de mí.

- ¿Sí?

- Si, lo hablaremos mas tarde. Buenas noches.

Ni corta ni perezosa fui directamente a mi habitación donde la esperanza de que aquellos colores bajaran era entre alta y baja según los latidos de mi corazón.

¿Por qué? ¿Por qué a mi cuerpo le gusta sentirse así? Solo es un estúpido humano, solo eso y nada más. ¿Cómo logra que me agite de esa manera y caiga a su merced?

Era cálido y agradable, confuso e incómodo, quería tenerlo cerca, pero a su vez no. Hablar con él y estar en un silencio cómodo. Aun sabía bien que le sucedía al lado de ese joven, solo llegaba a la conclusión que de manera progresiva todo se volvía más confuso.

Eran preguntas que anhelaba que se contestaran de una buena vez. Pero las cosas no siempre son como uno desea. ¿Sera simplemente que los astros le contestarían después? No sabia decirlo con certeza, solo que le rezaba a su madre para que le diera claridad en esos aspectos puesto que aquellos sentimientos la confundían a sobremanera. Por mientras, conviviría con él, lo conocería más y a su vez, con esperanza abrazadora, sabría que es lo que aquejaba su mente desde hace tiempo.

El era una buena persona, nada malo debía de pasar en su cercanía, ¿verdad?


-Tiempo después-

POV NORMAL

- ¡ATRÁPENLA, MÁTENLA!

- ¡SE COMERÁ A NUESTROS NIÑOS!

- ¡VAMOS!

Gritos y feroces gruñidos de aldeanos enfurecidos con antorchas la perseguían. De nuevo, la escena de fuego abrazador, aroma a perdición y muerte eran presentes. Hacia años que no se sentía tan asustada y a su vez tan vulnerable.

Sin si quiera avisar, los aldeanos quemaron su casa, salió a ver de que se trataba y unos tipos la agarraron con sogas. Llamándola bruja maldita la iban a llevar a su hoguera improvisada.

¿Qué rayos pasaba? Esa mañana todo había sido normal. El panadero le sonrió e incluso le regalo un poco más, las señoras amargadas parecían incluso menos enojadas con la vida desde su punto de vista, hasta dejo que Tsubasa fuera al pueblo ya cuando su excusa de ser "primos lejanos" fue establecida. Las cosas andaban bien, no parecía haber algo que provocara la ira de los aldeanos.

Esperen… ¡Hoy fue cuando Tsubasa fue solo por primera vez al pueblo! ¿sería que él la había traicionado? No, el le dio su palabra, no podría ser de esa manera.

María miro a sus alrededores buscando al peliazul, quería que la ayudara y que aclarara la situación. Una parte de ella no quería creer que él podía haber revelado su identidad después de tanto tiempo de convivencia. Habían pasado tanto ¿Por qué la traicionaría de esa manera?

- ¡Atenla! -grito un hombre enorme como un toro.

Ella intento forcejear, pero no quería lastimarlos, por eso mismo no utilizo sus fuerzas de dragón. Grito desesperado que la dejaran en paz, que ella no era una bruja, pero el pueblo que antes afirmaba que la quería ahora solo la repudiaba y no la escuchaba. Para ellos, ella solo era una mujer maldita que era aliada del diablo.

Las mujeres que tanto la odiaban se regocijaban en su desdicha y los hombres ni siquiera la miraban a los ojos.

Dolida por ese rechazo, cerro los ojos, llamaba internamente a sus padres para que la salvaran e incluso, en un destello de esperanza pensó en Tsubasa; pero este nunca se apareció por mas fuerte que fueran sus rezos.

Si, él la había traicionado como ella temía. Le dolía de sobre manera, confiar en alguien y que luego te aviente a los lobos, no es algo que le deseas a un "preciado compañero".

- ¡Prendan la hoguera!

Aquellos gritos de la multitud la desquiciaban, la hacía temer más por su vida e incluso, no por la suya propia, si no por la de los aldeanos que de no ser por su fuerza de voluntad ya los habría echo trizas con sus habilidades.

Aunque… ¿Valia la pena guardar sus habilidades ahora que ellos la juzgaban? Había sido traicionada por el único humano en el cual confió, básicamente iba a morir si no hacia algo, entonces ¿Por qué seguir ocultando ese enojo que por años se guardó? Los humanos eran simples basuras estúpidas que, si se podía, debían ser eliminadas, ninguno de ellos merecía su misericordia.

Así que, sin vacilaciones, con un simple movimiento se deshizo de las sogas que la ataban y alejo a los hombres con una velocidad y fuerza descomunal. No, no los mataría, ellos no merecían la pena de que sus garras se mancharan con su sucia sangre; pero mínimo le haría el suficiente daño como para nunca volver a meterse con ella.

Los hombres, valientes en esos momentos se aventaron contra ella, pero con agiles movimientos María los alejo y noqueo. Hombre tras hombre iba intentando su suerte, pero era nula, eran campesinos, a fin de cuentas, ninguno tenia experiencia en la lucha como lo tenían los asesinos de sus padres.

Sobre la gran pila de cuerpos inmóviles, ella dio un fuerte grito, un rugido tan grande que incluso los pájaros del bosque emprendieron el vuelo.

Todas esas frustraciones, el dolor y la amargura iban saliendo con cada golpe propiciado a los aldeanos. Era la fuerte manifestación del dolor de la traición.

Confió ciegamente en alguien y este la apuñalo por la espalda. Irónico, ella de verdad pensó en que podía creer en alguien, en un humano que parecía amaneale. Que la trataba como un ser vivo y no como un arma de matar.

- ¡Toma esto!

Un frenesí aldeano corrió hacia ella con una afilada lanza, la cual María le respondió con un tremendo golpe en la boca del estómago; pero esta misma no contemplo el alcance de la lanza pues esta se clavo directamente en su abdomen, perforándolo en el proceso.

- Mierda…

Al ver la herida de su abdomen, el cual no tuvo la precaución de proteger con escamas, emprendió el vuelo al convertirse en un dragón completo.

- ¿¡Que es eso!?

- ¡No era una bruja, era un monstruo!

Ante las cacofonías de los habitantes, la dragona en un fuerte gruñido soltó una estela de hielo que alejo a los humanos de ella mientras esta abría paso por el cielo. Necesitaba un lugar para sanarse o, aunque sea que estuviera lo sufrientemente lejos para descansar. La herida era grave, se sentía fatigada incluso al volar solo por unos instantes, pero no podía darse por vencida, su fuerza de voluntad era demasiado alta como para rendirse, así como si nada.


-Momentos después-

No recuerda bien como llego ahí, ni mucho menos cuanto tiempo en hacerlo. De lo único que estaba segura es que había tardado demasiado para hacerlo por si misma.

En su forma dragón descanso en un bosque desconocido. Jadeaba y bufaba, todo en una desarmonía catastrófica que demostraba que ya se había resignado a la muerte.

- "¿Qué razón tenía vivir? La persona en la que mas confié me traiciono de la forma mas descarada posible. Lo peor es que si quiera tuve tiempo de reaccionar o de prepararme. Todo parecía tan normal, vivíamos en armonía, aunque lo regañaba por ser un pésimo "amo de casa". En un descuido todo aquello se fue por un caño, el solo se aprovechó de mí, me hizo confiar que podía ser feliz a su lado y solo corto mis alas para anclarme al piso" -se regaño a si misma por lo ingenua que fue.

Sus ganas de vivir se fueron, solamente esperaba que su fin fuera pacifico, no como el de sus padres que se fueron dándolo todo en una batalla.

- ¿Q-Que es eso…?

Escucho en la lejanía una pequeña voz y al enfocar la vista vio entre los rayos lunares a una niña de no mas de seis años. Su cabellera negra se confundiría con la noche de no ser por la luna y esos brillantes ojos rosados.

- "Genial… otra humana que va a gritar y me darán el golpe final" -en su bufido el aire se espeso- "Al menos veré a mis padres de nuevo"

Cerro los ojos resignada a lo que seria su final. Aun cuando paso un tiempo considerable, no había hostilidad por parte de la niña que la encontró. Pese a todo, solo abrió los ojos cuando sintió un pequeño y cálido contacto en su hocico.

- "¿Qué sucede?" -pestañeo un poco sin darle crédito a lo que veía y sentía- "¿Por qué no parece asustada?"

No sabia como interpretarlo, la humana de cabellera negra se encontraba temblando por unos segundos, aunque tras sacudirse se vio como alguien confiable.

- Te cuidare… -dijo solemne esa diminuta figura- no sé cómo… pero lo hare.


-Seis años en el presente-

POV María

- A decir verdad, no entiendo cómo es que no tuviste miedo de mi -como en antaño, miré la luna y sus grandes estrellas- ni mucho menos como es que después de una traición pude confiar de nuevo en alguien -reí con ironía- ¿será que estaba urgida de cariño? -fruncí suavemente el ceño- no, claro que no. Shirabe tiene algo que me hace querer estar a su lado. Lo único que recuerdo con certeza de es anoche fue tu mano en mi cara en mi estado humano. Tus pequeñas manos se ocuparon de hacer presión en mi abdomen para que no desbordara la sangre que difícilmente logre contener yo. Vi tus lagrimas y estas cayeron sobre mis mejillas, pedias a gritos que viviera y que no te abandonara -de nuevo otra risita salió de mis labios- no me conocías y aun así gritabas con tanta fuerza que tus ganas de que viviera me fueron otorgadas. Viví para cuidarte y mi vida ahora es tuya, Shirabe.

Mientras siga viva, mientras este corazón siga latiendo, protegeré a Shirabe sin importar nada. Incluso de ti Tsubasa, no permitiré que la lastimes con tus malditas mentiras. Nunca mas caeré en tus mentiras, Tsubasa, nunca.


*Menjar blanc: es una crema dulce aromatizada con canela y piel de limón que se toma como postre. En la cocina medieval esta comida se preparaba con pechuga de pollo, almidón de arroz, azúcar, almendras y a veces leche y otros ingredientes.

¡No saben lo que tarde con este capítulo! Si no, pregúntele a Ayrton, el sabe de lo que hablo xD. Dios, no pensé que lo terminaría.

Ahora ya sabemos porque María lo odia, aunque no duro mucho, pero siento que lo importante de cierta manera era su relación y cono equilibrio o complemento mas bien, su desenlace. Cada historia tiene dos o mas versiones, ahora solo nos falta una y es la de Tsubasa, pero esa la veremos después.

Bueno… eh. ¿Cómo se los digo? Voy a suspender esta historia momentáneamente. Se que de todas maneras no estaba subiendo todos los domingos, pero no es lo que quiero, me gusta cumplir y para hacerlo debo suspenderla y trabajar tanto en estos capítulos como en unos proyectos que tengo. Espero que sepan esperar , de verdad lo lamento. Daré todo de mi para tener los capítulos de calidad que merecen.

Bien…

Contestando review:

Uzuki: Espero que este capitulo cumpla tus respectivas owo. ¡Muchas gracias!

Sin más que decir: dudas, criticas o alguna cosa por favor no duden en comentarlo. Sus reviews alimentan la creatividad de cualquier escritor, asque regalen, aunque sea un review a cada historia que lean en sus hermosas vidas.

Nos vemos en la siguiente actualización~ n_n