Advertencia: Lectura para mayores de 18 años en adelante, contiene temas de violencia, gore y situaciones de tema erótico y sexual explícito. Lenguaje ofensivo y vulgar.

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Capítulo VI: Arrebato de vida

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"Dicen que las mañanas son alegres cuando estas a lado de la persona que amas, que a veces piensas que el tiempo se congela en ese instante y dura mágicamente como un sueño eterno."

El sonido de la tocineta asándose y un par de huevos quebrados se convertían en unos estrellados alineados. Un rubio alto con el cabello despeinado preparaba el desayuno, traía sus pantalones de chándal negro y una camisa amarilla, su parche ocular oscuro del diseño de un triángulo estaba un poco acomodado en su rostro, soltando un pequeño bostezo para desperezar lo cansado de la madrugada. Hizo que embozara una sonrisa y se sonrojada levemente al recordar lo maravilloso que es despertar junto a la persona que amaba, sabiendo que esto no es una ilusión de su mente.

Y es que sabía que detrás de él se encontraba la causante de sus suspiros y que siempre estuviera locamente enamorado.

Mientras que por el lado de la barra estaba la joven castaña que terminaba de picar unas manzanas y peras en cubitos, entre un par de naranjas cortando los gajos en medio y quitando las semillas dentro. Parecería una rutina que hiciera una pareja casada… Pero en realidad ellos eran solamente... prometidos.

- En un momento acabo esto – Sacando unos platos de la alacena para colocar los huevos y el tocino. – Mabel ten cuidado con el cuchillo, no quiero que te cortes. – Escuchando a la adolescente tararear una canción que sonaba en la radio. – ¿Tienes listo la fruta? – Pregunto mientras apagaba el fuego. - Preciosa – Le llamo intentando llamar la atención a la chica. - ¿Mabel?

Pero el Alfa se quedó admirando con una boba sonrisa al ver a su linda Omega cantar y bailar al son de la canción de la estación de radio con tanta alegría, que parecía deslumbrar por su cocina. Era tanta la belleza de su adorada nínfula, que se mordió el labio inferior y no pudo contener una risa nerviosa de euforia. Deseaba atraparla en sus brazos y darle un buen beso como se debía esta mañana. Pero era tanta la tentación de verla bailar que no podía creer que tuviera a una chica tan linda y adorable como novia.

En cambio la pequeña estaba absorta en sus actividades, de momentos miraba la joya de reojo; portaba en su dedo anular izquierdo un anillo en oro con forma triangular con una estrella a su lado, estaba un poco flojo por el tamaño de su falange, pero su pareja le había dicho que con el tiempo le quedaría bien justo a la medida, que no se confiara pero que igual lo tuviera en un collar por protección. Así evitaría perderlo. Pero ella estaba contenta de portarlo, que prefería tenerlo un rato más en la mano.

Se detuvo un momento absorta por el brillo de la sortija, aquella joya en su mano deslumbraba por la mañana, estaba tan feliz que era su segunda mañana que despertaba en la residencia Cipher. Era domingo lleno de tranquilidad y paz en sus vidas.

Se había animado de ayudarle a preparar el desayuno junto al Alfa, después de que ayer tuvieron mucho, mucho sexo en el día, tanto que olvidaron terminar el desayuno y comer el almuerzo, lo que fuera comida y cena apenas eran pellizcos y probadas. El licor fue su fiel confidente en esas rutinas. Solo se detenían cuando comían un dulce o Bill bebía un poco de vino, vodka, whisky o coñac el cual convidaba a su pequeña adorada prometida dosis muy bajas de la bebida ya sea preparadas, por andar de curiosa en saber el sabor de aquellas bebidas alcohólicas.

El celo le pegaba fuerte a la menor de momentos, cada vez que se alejaba un poco de su pareja volvía más necesitada, y despertaba mucho el instinto alfa del rubio, tanto que terminaban teniendo relaciones por toda la casa. No importa dónde sea; la sala, la cocina, el estudio, la habitación de huéspedes y muchas veces en la recamara del Alfa.

Sus métodos de anticoncepción habían variado en lo que fue antier y ayer; unas tres cajas de preservativos tamaño XL, lubricantes a base de agua y espermicidas especiales para el semen, retardadores de eyaculación entre supresores fuertes para él Alfa.

Ellos después de cada rutina de sexo terminaban siempre acurrucados y durmiendo una siesta o hablando hasta terminar en sueño, entre juegos inocentes y escuchar música. Aunque de momento Bill tomaba un libro y leía un poco para Mabel, cuando la menor tenia curiosidad de un tema de historia que el rubio le mencionaba.

La chica estaba tan perdida en sus pensamientos que ni se dio cuenta de la presencia del Alfa, se había pegado por detrás de su espalda y había olfateado su cabello dejando un beso en la coronilla de su cabeza como una forma de alertarla o llamar su atención.

- ¿Qué haces? – La abrazo de la cintura con delicadeza acariciando sobre la camiseta que le presto ayer, el cual le quedaba como un camisón de noche llegándole tres dedos por arriba de los muslos. Por suerte la menor usaba unos bermudas de color rojo que le quito a Bill de su cajón de ropa como venganza por tomar sus bragas.

- Termino la ensalada, jeje – Dijo ella sintiendo los suaves besos del Alfa sobre su cuello. – Bill… Basta, harás que me corte un dedo.

- Ya termine de cocinar, fuiste un poco lenta en esto, pequeña adorable tentación – Quitándole el cuchillo y los gajos de naranja para comer una y saborear su jugo, lamiendo su palma. – Esta dulce, y muy rica… fue buena idea comprarlas el viernes. ¿Quieres probar? Mabel.

- Bill – Soltando un bufido lleno de ternura al ver al rubio insistirle. – De acuerdo - Recibió un beso hambriento y apasionado del rubio, sintiendo el jugo y lo dulce y acido de la fruta. Su lengua jugaba con la suya en un movimiento sutil y seductor. Sentía derretirse con ese maldito beso profundo y su pequeña vagina se mojaba cada vez que la tocaba en su cuerpo. Era como una descarga eléctrica que recorría por su cuerpo. Maldito celo, maldito rubio sexy y endemoniado, maldita seas Bill Cipher. – Mmh… sabe d-delicioso la naranja. - Sin importarle más bajo el pantalón de pijama del mayor con lentitud y busco a tientas el pene completamente erecto del Alfa, sintiendo el tallo con las venas resaltadas y lo endurecido que estaba por el contacto y el aroma de su feromona. – Bill… esta hinchado - Soltó un gimoteo y siguió el ritmo de su beso hambriento. – Quiero hacerlo…

Detuvo el beso abruptamente el sujeto, tomando del mentón a la joven adolescente, un rastro de fulgor verdoso claro y café se denotaba brillante en sus ojos avellanados que reflejaban la más clara excitación de la menor. – ¿Tomaste la pastilla anticonceptiva? – Pregunto en forma de orden el mayor usando el tono fuerte de su voz.

- S-Sí… en la madrugada cuando se terminaron los condones. - Sonrojándose con fuerza al recordar que Bill le dio la pastilla rosa pequeñita, cuando se les acabo las tres cajas de condones, aún tenían ganas de continuar. Lo malo que ambos estaban en celo y podía durar hasta tres o cinco días el culmino de su etapa. Por suerte estaban al final del tercer día y Mabel era aún primeriza en relaciones sexuales, casi culminaba su cuarta etapa de celo, poco a poco su feromona se calmaba.

Los anticonceptivos especiales para Omegas no son baratos y conseguirlos en Piedmont con prescripción médica, son más difíciles. Pero Mabel se sorprendió que Bill tuviera uno de reserva y de los especiales, dándole indicar que en cualquier momento, podrían haber acabado juntos en la cama desde un principio.

- Perfecto – Levanto un poco la camiseta de la menor y bajo los bermudas de la chica viendo lo húmedo y mojado que se encontraba sus labios vaginales y el monte de su pubis, casi goteando con fluido acuoso y transparente, indicando que estaba en el final de su temporada fértil. – Alguien estuvo muy despierta desde la mañana.

- Tú aroma es muy fuerte cuando despertaste – Sonando avergonzada la chica al bajar un poco el dobladillo de la camiseta blanca. – Lo hiciste a propósito. – Haciendo un adorable mohín en su labio inferior. – Ahora quiero hacerlo. – Dio una mirada por detrás viendo que estaban cerca de la mesada de la cocina. Dando besitos en el rostro del Alfa trato de motivarlo a tomarla. – Mi conejito quiere…

- Pero eso no evita que te saltes el desayuno. – Dando un beso en su sien. – Vamos, el hecho de que tengamos sexo no significa que te saltees el desayuno. Ya van dos veces que te salteas la comida.

- Tú eres el primero en tomarme. – Se quejó tomando los platos con fruta y caminando a la mesa del comedor. - ¿Por qué me quitaste las bermudas?

- Mmm… - Dando una mirada picara a la jovencita. - ¿Por qué me bajaste el pantalón?

-Tramposo.

- Touché, preciosa. – Colocando los platos en la mesa. – Aparte… estamos solos. Nadie nos ve podemos andar desnudos.

- Y Pato – Menciono la chica señalando a la mascota de Bill. – Recuerda que somos tres.

- Dos y medio – Aclaro el mayor con una sorna sonrisa. – Quiero más adelante… - Haciendo una seña con sus dos dedos anular y medio simulando piernitas en la palma de su mano.

- Jejeje – Soltando una risita al ver su indirecta. – Primero hay que decirle a mis padres.

- Cierto.

Mabel colocaba los mantelitos para que Bill acomodara los platos. Pero el rubio tomaba los mantelitos y los juntaba unos cinco centímetros cerca. Hasta que finalmente se decidió en tenerlos juntos.

- Nada de lejos. – Colocando una sonrisa, vio a la chica colocar los vasos, se acercó a ella en un agarre y atrayendo a la menor la hizo sentarse en su regazo. - ¡Te quiero cerca!

- ¡Bill! – Sintiendo el pene debajo de su entrepierna presionando contra su clítoris, que aún se encontraba sensible tras los últimos toques de penetración. – Juntaste los mantelitos y así no podremos desayunar.

- No te muevas y solo comamos.

- Pero… - Siendo interrumpida por un pedazo de tocino.

- Abre la boca y da un mordisco.

Mabel obedeció siendo alimentada por el rubio, era uno de sus juegos sexuales que tenían cuando ella estudiaba o cuando él revisaba los trabajos de sus estudiantes, solo que aquí no había ropa ni un condón de por medio. Solo el roce y el contacto piel con piel.

- ¿Sabe rico? – Pregunto viéndola comer una tira de tocino.

- Sip – Murmuro feliz la castaña. – Crujiente jeje.

- ¿Puedo probar la fruta? – Viendo como la castaña le traía un gajo de naranja. – Sabe delicioso.

Minutos largos y tortuosos en los que veían quien tenía más dominio en no terminar por moverse o rogar por empezar el acto. Cuando Bill terminaba de beber su café dio una mirada a la mano de la chica quien animadamente terminaba de comer fruta y chupaba sus dedos de forma juguetona haciendo una alusión seductora al rubio.

- Tengo una idea que nos gustara.

- ¿Cuál es?

- La señorita Cipher no quiere… ¿acompañarme a un baño de regadera? – Entrelazando sus dedos y dando un beso en su dorso. –Tal vez así… nos baje la temperatura, que estas generando.

- Con gusto, Señor Cipher – Dando un beso en sus labios. – Pero quiero que me cargues.

- De acuerdo, mi prometida. – La cargo en estilo nupcial llevándola por las escaleras, mientras que Pato veía a sus dueños irse y seguir comiendo su plato de comida.

Bill se acercó a besarla sintiendo las caricias de su amada Omega, la cual no dejaba de revolver su cabello rubio e intentar retirarle el parche ocular. Cosa que Bill no se lo permitía y terminaba atrapando sus manos. Iba continuar cuando la menor lo detuvo y dio un pequeño salto bajándose de sus brazos. Mabel se alejó y le hizo una seña que se quedara ahí un momento.

- ¿Qué sucede? – Pensó preocupado por no dejarla quitarle el parche ocular. – Mabel si es el parche, no es que no quiera… no me gustaría arruinar el momento, con mi ojo…

- Bill… solo espera un poco. – Soltando una risa la menor. – No es el parche lo que me incomoda, tranquilo… no te lo quito, respeto eso.

Ella detuvo un momento al alfa y se alejó caminando hasta el cuarto de baño, viendo al rubio soltar un bufido de decepción pensando que ya se había aprovechado mucho de la confianza de su prometida, o eso pensó cuando la vio parada en el marco de la puerta retirándose el listón de su recogido simple que se hizo en el cabello, dando una mirada coqueta y dulce al alfa.

- ¿Qué intentas hacer pequeña omega? – Alzando una ceja, se acercó al cuarto de baño viendo a la menor abrir las llaves de la ducha.

- Quiero curar a mi alfa. – Atrajo al rubio dentro llevando sus delicadas manos a los botones de su camisa amarilla. - ¿Puedo?

- Adelante… tienes mi permiso, mi querida Estrella fugaz. - Dijo viendo como la menor abría cada botón de su camisa dejando descubierto su piel levemente bronceada y cubierta de algunos aruños suyos de la otra noche.

- Lo siento… - Dando miradas breves a las líneas rojizas.

- No eres la única. – Viendo las piernas lechosas de la menor que apenas eran visibles las mordeduras y los pequeños hematomas que le dejo la noche del viernes. – Yo fui también brusco en tu primera vez.

Una mano recorrió la piel de sus pectorales revisando los golpes y magulladuras por la suela del zapato de la alfa rosada. Ya no eran muy notorias, pero igual habían dejado una lesión rojiza. Abrió más su camisa observando sus músculos serratos y parte de los abdominales del Alfa cubierto de hematomas purpuras. Bill tenía un físico y musculatura perfecta a la de un Dios griego o un modelo deportivo, la pregunta que Mabel tenía en su mente era… ¿Por qué no defenderse del ataque de Pyronica? Su mano acariciaba con cuidado la zona golpeada y besaba con delicadeza su piel, escuchando al alfa suspirar y gemir suavemente.

- Lo siento, señor Bill. – Dijo ella abrazándolo y recargando su rostro en su torso. – Te han lastimado por mi culpa. Cada vez que las veo… aún siguen ahí.

- Preciosa. – La sujeto de los hombros inclinándose cerca de ella. – No quiero volver a escuchar que te disculpes – Frunciendo el ceño. – Estuviste en peligro, no sabes el miedo que tuve… cuando supe que algo malo podía ocurrirte esa noche, Mabel tú eres lo más importante para mí.

- Pero… - Tocando su rostro y besando encima de su parche. – No quiero perderte. No sé qué haría… si ya no te pudiera ver.

- No me perderás Mabel. – Sujeto su mentón y beso con suavidad sus labios, dejando que aquel sentimiento los calmara. – Mabel… te amo demasiado, eres mi vida. Jamás quiero perderte, esa noche… nos unimos y esa mañana de ayer aceptaste ser mi prometida. No sabes lo contento que estoy de escuchar esa respuesta. – Besando el dorso de su mano donde tenía el anillo. – Te amo Mabel Belle Pines.

- Estaré contigo. – Sintiendo una caricia en su cabello achocolatado. Sentía el fuerte aroma de las feromonas masculinas que desprendía su alfa.

- Aparte tu dijiste que me curarías siempre todos los días. – Sonriendo. – Cumple pequeña prometida.

El alfa mayor tomo el dobladillo de la camiseta de la fémina y lo alzo hasta su cabeza sacándolo fuera de su cuerpo, sintiendo a la menor tensionarse y ruborizarse completamente de su rostro. Tirando la camiseta aun lado de sus pies. Dio una mirada escrupulosa en su cuerpo viendo la mordida en su cuello y los pequeños chupetones rojizos que dejo en su abdomen y pechos. Después se dio cuenta de la herida en su brazo, seguía sin curarse completamente. Le daba mucha rabia y coraje saber que no pudo protegerla cuando Pyronica la ataco.

Se inclinó llamando la atención de la menor y retirando el vendaje en su brazo.

- ¡¿Se-Señor… B-Bill?! – Hablo sonrojada la menor cuando vio al rubio arrodillado. - ¿Qué hace?

- Tú también necesitas curarte esa lesión en tú brazo. – Sonriendo mientras tiraba de la vendas que le coloco ayer. Sabía que Pyronica la había lastimado cuando encajo las uñas y presiono con fuerza en su piel. – Tendrás que acompañarme dentro de la ducha. Señorita de Cipher, nos bañaremos.

- Sí – Asintió, mientras veía al rubio terminarse de quitarse la ropa y quedar desnudo de su cuerpo. Casi se le cae la baba a la menor por quedarse mirando como boba el cuerpo de su Alfa.

Ambos entraron a la ducha sintiendo las gotas tibias del agua caliente, habían empezado por lavarse el cabello siendo la menor la primera en ser atendida. Mabel casi soltaba un ronroneo placentero cuando masajearon su cabeza y parte del cuero cabelludo, sintiendo la fragancia del shampoo que le compro, un poco de aroma a fresa y moras. En cambio Bill soltó una risa cuando empezó hacerle peinados de espuma a la chica por su melena tan larga consiguiendo que ella lo tomara del cuello y empezara a tallar su rubio cabello.

- ¡Haber yo también quiero! – Haciendo cuernitos al rubio. – Ahora si pareces un demonio.

- ¡Oye! – Haciendo un pico con el cabello de la chica. – Cabeza de Púa.

- ¿Cómo te verías con el cabello muy relamido? – Aplastando su cabello. – Pareces un bolo de boliche jaja.

- Okey, suficiente. – Enjuagando el cabello de la menor para quedar una cortina color chocolate. – Es muy largo tu cabello casi llega a tu culo. ¿No me abre enamorado del tío Cosa? – Haciendo mención a Los Locos Adams.

- Celoso – Dando una pose de diva. – Aunque puede que sea la tía Cosa. Jeje tengo bastante cabello, solo estás celoso Bill.

- No – Enjuagando el suyo para dar un peinado hacia atrás y dejar las gotas resbalar en su cuerpo. – Ven aquí, pequeña tentación, ven.

Bill tomo un banquito de plástico y sentó a la menor para tomar una esponja y tallar su cuerpo con el jabón, yendo con cuidado en restregar y limpiar las zonas sensibles.

- Umm… ahmm – Soltó un murmullo sintiendo las manos del rubio sujetarla de las piernas y limpiar por debajo de la corva.

- ¿Muy sensible? – Dando una mirada seductora en su ojo ámbar.

- Aun… ahh – Soltó un gemido cuando los dedos del alfa acariciaron por la cara interna de sus muslos, hasta tocar por encima del pubis. – Y-Yo puedo… limpiarme… ahí. No necesitas hacerlo…

- No te avergüences. – Sonriendo, tomo un poco de jabón en su palma y con la espuma limpio suavemente por encima de su vulva, dando caricias. - ¿Te gusta?

- Sí… me gusta cuando… me tocas. - Estaba tan roja y excitada por lo que hacía, tanto que imito al rubio y tomo la barra de jabón tallando el cuerpo del alfa, aprovechando que estaba hincado. – Yo… T-También voy a limpiar.

El rubio soltaba suspiros y sentía las manos suaves y pequeñas de su prometida tallar su piel, por detrás de la espalda y cerca de su cuello hasta bajar por el pectoral mayor. Una pequeña jugada hizo el Alfa, lavo sus dedos en el agua y limpio el jabón de la zona intima en la menor. Empujo el banquito hasta la pared y sujeto los muslos de la menor abriendo sus piernas de sorpresa, dejando expuesto el sexo rosado de la menor frente a él.

- ¡B-Bill! – Viendo al Alfa dar una lamida encima de sus labios vaginales con su lengua húmeda y levemente áspera. – Espera… espera… me caeré y aparte...

- Ya no está sucio. – Soltando una risa cínica de como la chica intentaba detenerlo. – No hay excusas Mabel, y no te vas a caer.

- No seas pervertido tan temprano… - Soltando un bufido lleno de vergüenza. – Por Dios…

- ¿Prefieres los dedos o la lengua? – Amenazo sabiendo la menor que cuando eran sus dedos, no pararía ni un segundo en moverlos.

- Tú… boca. – Admitió sonrojada de más. – Me gusta… tú boca.

- Buena elección, preciosa.

Mabel se estremeció ante las lamidas húmedas y calientes de la boca del alfa, la diferencia entre la saliva y el agua era muy diferente. La lengua gruesa del rubio lubricaba bastante sus labios y parte su clítoris, era delicioso cuando daba lamidas cerca de su canal vaginal y tocando su uretra, penetrándola con la punta y dando lengüetazos profundos en su sensible carne de su cavidad, sus paredes se contraían poco a poco. Ella tenía sus manos sosteniendo el jabón o eso pensó cuando escucho la pastilla caer y sus manos aun cubiertas de la espuma bajar por los omoplatos masculinos del rubio y dar caricias en su cuello.

Gemido bajos resonaban en el cuarto y escapaban por la ventanilla abierta, sus piernas fueron subidas a los hombros del mayor y sentía los movimientos de la cabeza del rubio ir más rápido en lamer su vagina y dar mordiscos suaves en sus pliegues regorditos de su tersa piel. Un calor se instalaba en su abdomen y la contraía fuertemente en su vientre como una sensación próxima de venirse. Sus dedos acariciaron los mechones rubios y escuchaba el gruñido suave de su amante.

- Ah, ah, ah… - La lengua de Bill dio una lamida en su clítoris que desde hace unos momentos palpitaba con fuerza ante las caricias, poco a poco se lubricaba más con sus fluidos transparentes que emanaba de los labios menores y empapaban más la abertura de su vagina y dentro de su canal. – B-Bill… Bill… ahmm…

Lo escucho succionar con un poco de fuerza y sorber aquel néctar de sus jugos, luego un grito broto de sus labios al sentir sus dedos esbeltos y largos jugando en su entrada. Se adentró uno y luego un segundo, dando caricias de retroceso hacia adelante, tocando el piso vaginal y cerca de la uretra y el clítoris. Frotando con delicadeza y a un ritmo un poco acelerado.

- Oh Dios… Ahh, ahh… - La menor encajo sus talones en la espalda baja del rubio y apretó los mechones mojados del rubio. – Dijiste… que los… dedos no. – Ruborizándose de sus mejillas.

- Mentí. – dijo el rubio dando lamidas a su perla hinchada. – Me gusta que Mabel… gima como si fuera a desvanecerse jeje. – Pasando la punta de su lengua a tocar parte de su uretra. – Ver tú cuerpo llevarte al borde de la locura.

- ¡Ahm! ¡Bill! – Su pecho subía rítmicamente fuerte ante las estocadas que le daba con la punta de los dedos. – Dios… Dios… me vengo, no… creo… no creo B-Bill... – Sintiendo un tercer dedo masculino acariciar y moverse por dentro en forma de abanico, frotando el piso pélvico de la menor al punto de gimotear y lanzar chillidos altos, que eran música placentera para él mayor. - ¡Espera!... Ahh, ahh, ahh… ¡Uhh!... es muy rápido, mis pies… ¿Qué…? – Mabel temblaba completamente de su cuerpo, erizando la piel con cada toque en cuanto el alfa masculino la levanto un poco de las caderas comenzando a lamer con insistencia cerca de su canal vaginal. - ¡Bill!... ¡Despacio! ¡D-Despacio! – Sus pies daban un pataleo insistente en sus hombros. – Palpita… palpita mucho… no creo poder… ah, ah, ah… Bill~ - Soltando un murmullo bajo en sus labios.

- Perfecto – Sonrió con malicia. – Quiero que te vengas. – Continúo lamiendo toda su vulva y aumento la fricción y los empujones dentro de su pequeña vagina estrecha y apretada. Estaba contrayéndose demasiado, tanto que le impedía mover más los dedos de la mano. – Córrete, vamos preciosa hazlo. – Fue su respuesta antes de escuchar a la castaña lanzar un agudo grito y respirar agitada, sintiendo el orgasmo y sus fluidos caer con fuerza siendo expulsados de su vagina y las glándulas de bartolino produciendo su lubricación natural.

Por su vagina caía abundante la lubricación de la menor, pero lo suficiente para hacer un squirt que la dejo gimiendo con fuerza en su garganta, hasta perderse en las paredes de ese cuarto de baño, con su torso subiendo frenéticamente y agotada de la respiración. Los espasmos la hicieron temblar con fuerza en su pequeño cuerpo de adolescente sintiendo sus músculos relajarse en una liberación alta.

La castaña solo temblaba completamente como gelatina, sentía su vientre relajarse poco a poco con un calor húmedo en su entrada y la necesidad de sentir la penetración. Sentía las cálidas lamidas del rubio limpiando el fluido de su orgasmo; no hay palabras para expresar ni que decir. Bastaba con las acciones y miradas que se dedicaban aquella pareja como dando entender lo que había ocurrido.

La menor estaba cohibida por las caricias a través del sexo oral y la masturbación que tuvo. Siempre el rubio la preparaba o la dejaba muy satisfecha con esas caricias llenas de afecto. Sus ojos se entrecerraban antes de sentir como sus piernas bajaban de los hombros del chico y terminaba un poco recargada a la pared con su voz apagada y temblorosa de la garganta, brotando un murmullo silencioso y sintiendo la resequedad en su boca, las mejillas rojas de un color escarlata y sus ojos apuntó de llorar.

- B-Bill… - Viendo al rubio relamerse los labios como si acabara de degustar un dulce que se acabaría muy pronto, y dar una sonrisa traviesa de sus caninos blancos. Aquella expresión le hizo dar un brinco en el corazón, puesto aun recordaba la mordida que le dejo en su clavícula y parte de su cuello. – E-Eres un… malvado tuerto oxigenado. – Le reprocho con las mejillas infladas. Su voz sonaba muy afónica y ronca.

- Que delicioso es acabar en el mero punto de una mañana. – Tomando del delicado mentón a la menor, viendo sus labios rojizos y voluminosos de tantos besos que le había dado. – Pero aún no termino contigo. – Lanzando una indirecta a la Omega. – Te escucho sedienta.

- Es porque tengo sed… tú me acabas de dejar agotada. – Sintiendo las gotas de agua caer en su rostro, siendo algo refrescante en su rostro. Toco su abdomen dando una caricia tímida ante su cinturón de adonis pasando sobre los músculos marcados, tan perfectamente marcados que daban a la V sobre su nacimiento en su pene. – La ducha aún no termina.

- Yo aún no termino. – Colocando un beso en sus labios.

- Ni yo – Dijo la menor recuperando el aliento, se impulsó tomando la erección del rubio y se arrodillo teniendo el pene cerca de sus labios para dar una lamida provocadora en la punta de su glande. – Bill… tengo sed.

- Tienes sed – Emitiendo una expresión picara y lujuriosa en la menor.

- Dame leche – Dijo la menor en una insinuación sexual.

Sus manos trabajaron en acariciar y subir sobre el tallo venoso y grueso del alfa, emitiendo un calor con su aliento. Bill le dio una mirada llena de lujuria y serena, era la segunda vez que lo hacía pero tampoco quería detenerla, dio una caricia con su mano en el rostro levemente infantil de la adolescente. Sus facciones tan delicadas y suaves como la de una nínfula despertaban mucho su deseo de poseerla, cuerpo curvilíneo y delgado con sus pechos redondos y firmes, ni tan grandes ni tan pequeños eran perfectos, un trasero de buen proporción y alzado, su cintura de reloj y su torso que se perdía en forma de triangular, tez como la de un melocotón delicado y su sexo tan liso y terso ante las caricias en sus lampiños labios tan rosado por dentro como una flor en primavera. Su cabello un cascada color chocolate y tan brillante al reflejo del sol y sin olvidar esos ojos como el bosque en verano.

- ¿Bill? – Viendo con inocencia al mayor, sintiendo su caricia con tanto cuidado en su rostro.

- Lámelo – Le ordeno con su voz de Alfa a la chica, viendo que sus mejillas se ruborizaban de un color tan escarlata. Suficiente para hacerla continuar con su trabajo manual.

- Sí… - Ella dio una lamida en la punta de su glande, rozándola punta de su lengua bailando sobre el orificio de su uretra, mientras sus manos trabaja en estimular y masajear el tallo de su pene. Subiendo y bajando súbitamente en un ritmo lento y apretado en su carne. – Mmm… ahmm… - Sus labios chuparon por los costados y rozaron los bordes de la punta, el pene de Bill era largo si tuviera una regla fácilmente se va a los 28 o 29 cm, recordando el dildo que le regalo en navidad. Y eso que no tenía aun crecido el bulto cuando tenía su abotonamiento dentro de ella, como la noche de viernes que casi sentía que la partiría en dos.

Era suave de la cabeza como un casquito, forma de lápiz y aquellas venas que cuando las sentía en la lengua y parte de su paladar, botaban y palpitaban dentro en forma de bombeo. Aquel frenillo que unía la parte inferior del glande con los leves surcos de su prepucio y la corona provocaba un gemido ronco al rubio. Podría decirse que era su zona erógena favorita en el mayor.

Sus labios y un poco de sus dientes rozaban sacándole jadeos tan roncos y profundos al alfa, que incluso se asustaba cuando Bill emitió un rugió feroz pero era por la misma sensación. Un punto muy erógeno para él. Masturbarlo, siempre cerca de la base tocando un poco sus vellos púbicos rubios y subir la mitad para no interrumpir el oral, sus testículos tan blanditos y llenos e hinchados, no tanto porque Bill le había explicado que entre más relaciones o liberación de esperma, menos estarán. Aunque también la edad en cada Alfa influía.

Mabel tomo un poco más dando leves movimientos de entrada por salida en su boca, escuchando su propia saliva y el líquido pre seminal combinarse y crear un chasquido húmedo de succión. Salado y el sabor de su piel a la ducha limpia la hacían ruborizarse, jamás se había sentido tan excitada en hacer la felación. Tal vez agradecería a Grenda y Candy por enseñarle como hacer una. Y Tal vez algún día reemplazaría la cantidad de plátanos que se comió en casa y su mamá buscaba para hacer licuado en las mañanas.

- Mabel… - Susurro su nombre entrecortado el rubio sintiendo la respiración ir errática, sus manos se instalaron en su melena sujetando un puñado de su achocolatado cabello. Sin llegar a apretarlo o jalarlo, solo se limitó acariciarlo. – Es delicioso… no pares… no pares… me gusta…

- ¿Le gusta? – Sintiendo su piel erizarse ante las caricias atrás de su melena por debajo de su cuello, mientras masturbaba el pene del rubio y daba lamidas cortas en la punta.

- Sí… ten lo un poco más en tu boca - Admitido con un sonrojo en sus mejillas, su prometida lo estaba llevando al paraíso en esa misma mañana. Su rostro lucia muy sensual con sus labios rojizos tomando de su pene envuelto en su boca. – Si tuviera mi cámara te tomaría una foto, para mí.

- Pervertido. – Sonriendo y dando una lamida corta en su glande.

- No pares… - Suplico el Alfa, acercando su miembro a sus labios. – Mabel.

- Mmm… - Mabel sintió la punta en sus labios.

- No pares pequeña, ah, ah, ah… – Jadeo el rubio inclinándose un poco sintiendo las gotas caer en su espalda y cabello. – Me tienes a merced… de este placer.

La castaña nuevamente metió el miembro de regreso a su boca, llegando a frotar su lengua y paladar contra la mitad del pene; la sensación suave de su lengua y húmeda lo hacían sentir un estremecimiento. Aquel cuerpo se ensanchaba y sus venas parecían moverse, lo llevo un poco más dentro tocando casi hasta su garganta. Aunque no dudo mucho. Tuvo que sacarlo y dedicarse a masajearlo y besar la punta, dando una succión por el orificio de su uretra y acariciando sus testículos. Aun no estaba lista para hacer una mamada profunda.

Su mano izquierda trabajaba rápidamente en subir y bajar. Bill se recargo en la pared con la mirada entrecerrada y viendo a la menor chupar y mamar su pene de forma muy animada, como si de un helado se tratara.

- Mabel… Mabel… - Sujeto su rostro apretando sus mejillas lisas y tersas contra el pulgar y el índice de su mano izquierda. Permitiendo a la amada nínfula abrir un poco más de su boquita. – Abre más, por favor.

La chica estaba roja del rostro, supo cuando el alfa estaba listo, aunque ella ya estaba demasiado excitada abrió su boca y dejo que metiera su pene cubriendo un poco sus dientes de no lastimarlo. Grueso y largo tan ardiente en su boca que la misma chica escuchaba el sonido resbaladizo de su saliva y sus labios haciendo una especie de cierre hermético de succión. Escurría de la comisura de sus labios sintiendo el líquido pree seminal invadir sus papilas gustativas.

Bill la sujeto con delicadeza de la cabeza y empezó a moverse. Las embestidas empezaron como un vaivén lento y profundo el cual la menor apenas podía soportar meter la mitad, sus manos se aferraron a los muslos del alfa y parte de su pelvis, haciendo un límite de cuanto podía meter aunque eso no impidió que el rubio aumentara su impulso por meter más de su pene a su boca.

Arañando levemente y encajando sus uñas en la carne masculina y la piel del alfa. Aquel pedazo de carne grueso y caliente en su boca le provoco emitir gemidos sonoros. Bill abrió su orbe soltando jadeos y escuchando la saliva de la menor resonar en su cavidad, la sensación de vibrado por sus gemidos fue un deleite fantástico para el mayor.

- ¡Mierda! – Emitió un rugido placentero el rubio sintiendo su pene palpitar y estimularse más. Era extraordinario como una chica de quince podía tenerlo al borde de la excitación y la locura, una belleza tan prohibida e inocente. – Mabel… estoy cerca. Casi… un poco más… un poco más… ahhh… ah, ah, ah, ¡ahhh! ¡Mmh!…

El Alfa se relamió los labios y sujeto su rostro a guiarla más en la cogida. Mabel emitió un gemido agudo de sorpresa, sus manos se retenían en su abdomen tonificado, pero cuando fue más rápida las embestidas… solo sentía la baba caer y la lubricación del mayor generarse en la punta del glande. Su boca caliente y húmeda trabajaba en complacer al rubio, escuchando gemidos y jadeos. El agua de la regadera cubriendo sus cuerpos y los sonidos de una felación resonando en la habitación del baño.

Bill entreabrió su orbe para admirar a la chica con los ojos cerrados y su rostro enrojecido, sus pechos balanceándose un poco brusco por las embestidas y sus manos quedar sujetas a los costados de su abdomen. Encajando las uñas y emitiendo un gemido ahogado gutural.

- Me vengo… - Fue lo que articulo el rubio al sentir la lengua de la menor quedar como soporte y sus labios abiertos, dejando la mitad de su pene dentro. – ¡Nhg! ¡Ahh!... ¡Ahg!

Mabel sintió las venas palpitar de ese grueso pene antes de expulsar ese espeso y caliente liquido caer en chorro y bajar por su garganta. Levemente abundante el cual tragaba y desbordaba la mitad en sus labios.

Bill jadeaba con fuerza y apretando levemente la melena de la adolescente. La chica metió un poco más y salió lentamente quedando sus labios en la punta y succionando. Tosió un poco por el reflejo de deglución rápida. Un poco de líquido seminal caía por la comisura de sus labios y el sonido de deglución pasó a escucharse de forma erótica para el mayor.

Mabel saboreaba y relamía sus labios disfrutando del semen del rubio. Muy rijoso para pensar que una chica de edad menor que él, pudiera dejarlo con ganas de continuar, y no parar en este día.

- ¿Dulce? – Preguntando al saber si esta vez le gusto su esencia, viendo a la chica asentir con las mejillas rojas y lamerse los labios. – Alimentarme con fruta y un poco de agua, te sabría tan bien.

La menor no pudo quedarse más en esa posición, sus rodillas temblaban al punto de caer de nalgas con las piernas cerradas y una mano cubriendo su intimidad, su rostro estaba en un tono como la granada y soltando suaves jadeos respiratorios cortantes. Sentía su vagina correrse y emanar un orgasmo que bajaba por sus muslos. Su feromona liberaba un aroma atrayente y delicioso para el Alfa. Casi pidiendo a gritos que la tomara en esa misma ducha.

- B-Bill… - Levanto su mirada avellana hablando en forma de una dulce súplica lasciva, su cuerpo temblaba y sus mejillas estaban coloreadas del rojo más intenso. – Tengo calor… aquí. – Señalando su vientre. – Mucho calor… mi cuerpo arde.

- Yo también tengo calor. – Realizo un movimiento cafuné en su cabello rubio dando una mirada seductora y seria con la ceja levente fruncida. Su alfa despertó y lo que haría con Mabel le preocupaba, puesto que tenía muchos deseos de continuar. Veía su cuerpo lleno de chupetones, hematomas y mordidas. Se debatía mucho en la relación, era menor y estaban haciendo cosas de adultos. Acciones de una pareja casada. – Mabel – Gruño profundo y atrapo en un beso apasionado a la menor, escuchando gemir más y retroceder a gatas la menor hacia la pared de la duchas con los ojos empañados en la chica. – Mabel… Lo siento, lo siento…

- ¿P-Por qué…? – No tuvo tiempo de preguntar la menor cuando vio al rubio moverse rápido levantándola. Solo alcanzando a ver un rastro en el orbe del Alfa un dorado intenso con la pupila contraída como la de un felino o un animal salvaje.

Bill no tuvo que pensarlo mucho para cargar a la menor y sacarla de la ducha. Apago la regadera y la tomo en brazos, llevándola lo más rápidamente a la habitación. La tenía sobre su hombro le dio una nalgada apretando amorosamente su glúteo derecho y acariciando el sexo humedecido de la menor robándole un gemido. Mabel estaba muy ruborizada a donde se dirigían con rapidez. A la cama donde estaban hace dos noches haciendo el amor sin parar.

- ¡Bill! ¡Espera! – Dijo Mabel ruborizada de más y sintiendo los dedos del mayor masturbarla en su entrada. - ¡No debes correr! Jejeje - Viendo al rubio adentrarse a la recamada.

La depósito en la cama King size dejándola en la orilla, la atrapo en un beso hambriento y lleno de energía el cual apenas ella pudo corresponder tras su arranque lleno de lujuria salvaje en su comportamiento. Aquel beso fue una de las sensaciones más dulces y ardientes que experimentaba la chica en su corta vida. Las otras noches fueron también apasionadas, pero esta vez veía al rubio más necesitado y desesperado por su contacto. Bill rompió el beso sujetando a la joven de sus caderas tirando cerca de su contacto hasta su entrepierna donde topo con su miembro masculino.

- Bill… - Viendo al mayor buscar con rapidez en la mesita de noche lubricante, tomando una gran cantidad para colocar en su pene y en la vulva de la pequeña. - ¿Haremos el amor? ¿Me darás amor? – Viendo el orbe ambarino del rubio verla con harto deseo. – ¿Quieres hacerlo conmigo? querido Bill… - Dando besitos en el torso masculino del rubio.

- ¡Sí! – Soltando una afirmación profunda. – Sí, sí quiero hacerlo, quiero tenerte para mí. Que te quedes conmigo en esta cama y no salgas de aquí. Quiero amarte, quiero más de ti Mabel.

Fue recibido con la menor enrollando sus piernas a la cintura y atrayéndolo. El rubio cepillo la punta de su pene contra su vulva robando gemidos dulces y calientes de la chica. Su aroma a peonias, freesia, a dulce y su feromona de la fémina lo volvían loco. Ingreso el glande de su capuchón empujando contra su cavidad lubricada sintiendo esa estreches en sus paredes escuchando un grito corto de la adolescente, su Omega era normal que le doliera aun por el tamaño del miembro y porque su vagina aún seguía siendo pequeña y estrecha. Siendo el único su compañero sexual, poco a poco seguiría adaptándose a su tamaño.

- Es muy… grande… - Soltó un gimoteo la menor. – B-Bill tu pene es muy grande…

Mabel daba caricias en los antebrazos del rubio para que continuara, dándole el libre acceso de iniciar las embestidas. Lo cual el Alfa ya le había advertido de las relaciones sexuales, siendo pacientes al iniciar. Comenzó a mover su pelvis dando golpes sutiles a la entrepierna de la menor, el cual la chica sentía placer en sentir su clítoris frotarse entre los golpes con la pelvis musculosa de su pareja y los testículos restregándose y golpeando contra los labios mayores y parte de los glúteos de la chica. Se movía en círculos dentro un momento y daba lentas embestidas sin llegar a salir un solo momento. Escuchando a Mabel suspirar y gemir suavemente entre las penetraciones, poco a poco aumentaba los empujones siendo un poco más profundos.

- Mabel… - Dando caricias a los muslos blancos y cubiertos de algunos moretones a la castaña. – Voy hacerlo más fuerte… - Se acercó cerca de su rostro. – Aunque lo hemos hecho, aun eres joven… no quiero lastimarte mucho.

- E-Estoy… bien… - Hablo la chica tímida en sus palabras, tomando las sabanas y apretando suavemente. – B-Bill… hazlo…

- Dime que pare cuando duela demasiado… - Viendo a la castaña cerrar sus ojos.

- S-Sí… - Respondió deseosa.

Aumento los empujes siendo estocadas rápidas que chocaban entre el pubis y las nalgas de la chica. Sujetando entre las corvas sus piernas dando impulso en atraerla a su intimidad y crear esa deliciosa fricción contra sus genitales. Mabel miraba el abdomen de Bill tan tonificado con esos cuadritos que contrastaban en su piel de alabastro cubierto aun por las gotas de agua, poco a poco el dolor iba cediendo y abría paso al placer. Su entrada estaba muy mojada y resbaladiza al punto que el miembro del rubio abarcaba con totalidad su canal vaginal, volviéndola muy sensible a sus paredes vaginales y carnales. De sus labios temblorosos brotaban los sonidos dulces de sus gemidos como un ruego ante la estimulación, suspiros erráticos que se perdían tras sus respiraciones.

Bill se inclinó más y colocaba besos alrededor en sus senos dando lamidas en la punta del pezón y aureola, atrapaba uno entre sus labios y comenzaba succionar, mamando con avidez aquella suave mama que su piel le sabía gloria, tan fresca y blandita.

- Mmm… ¡Ahg! ¡Uhh! - Mabel se sonrojo de ver al rubio tan atento en consentir su seno izquierdo, manteniendo el agarre en los costados de sus muslos. – D-Despacio… despacio - Murmuro la chica sintiendo la succión de su boca lentamente. - ¡Ahh!

- Están un poco más grandes. – Soltando una voz cantarina el mayor al dar una lamida al derecho y mamarlo con deleite, succionando a un ritmo fuerte y considerable.

- Es… porque… - Estaba muy avergonzada de decirlo. – Chupas mucho mi pecho.

- Me gustan – Se acercó a su rostro y beso sus labios. – Me gusta mucho tu pecho, sabe delicioso. Me gusta lamerlos, morderlos y mamar esos muffins esponjosos que tienes.

La necesidad se vio presente y movió sus caderas siguiendo el ritmo del mayor, al punto de la misma excitación daba tropiezos en su contacto. Necesitaba que su alfa fuera más rápido.

- Bill… Bill… más… más…. Por favor… más – La chica se aferraba a sus antebrazos encajando sus uñas. El choque de sus pieles y como el rubio se inclinaba a cogerla con más rudeza hicieron que emitiera un chillido de satisfacción. - ¡Ahh! ¡Ahh! ¡Síí! ¡Bill!

El pene entraba y salía sin llegar a separarse dando fuertes embestidas tanto que el colchón resonaba con cada subida y bajada. Coloco una rodilla arriba de la orilla de la cama para profundizar y tirar más de las delgadas piernas de la menor alzándolas hacia arriba, un berrido de excitación emitió la chiquilla sintiendo los golpes y la fricción rozar repetidas veces la entrada del cérvix demasiado cerca de su útero. Su voz emitía el sonido más alto de forma entrecortada, disfrutando el acto carnal.

Mabel estaba demasiada pérdida en el placer pensando que casi no alcanzaría a mantenerse consciente de lo que estaba haciendo. Su cuerpo se estremecía y veía claramente el bulto asomarse en su vientre dando golpe tras golpe.

- ¡Ahh! ¡En ese punto! ¡Ahí! ¡Ahí! – Alzo la mirada al Alfa. - ¡Bill! ¡Bill!

- Grrr…. ¡Ahhg! - El alfa soltó un rugido yendo muy rápido en las embestidas que sentía la misma lubricación de la Omega emanar y la botellita con espermicida que le puso combinarse y caer en un hilillo por debajo de sus glúteos, dentro iba ir en un disfrute placentero estimulando el frenillo de su glande y parte de la base de sus testículos quedando empapados por la salida de fluido en la vagina. Su escroto daba palpitación y se contraía de su muslo con cada tirón y empujón. - ¡Mierda!... ¡Mierda! ¡Mierda! ¡ahh! – Se relamía los labios y abría su boca soltando jadeos sonoros. - ¡Mabel!... eres deliciosa pequeña, joder tu vagina me aprieta tan exquisito… - Le susurro cerca de su oído, dándose impulso aumentar el galopeo de sus embestidas escuchando el impacto de sus pieles resonar con fuerza similar a las palmadas y azotes. Sus testículos dando brincos que terminaban rozando con sus glúteos redondos. – ¡Ñmm!… Quiero… Correrme.

- ¡BILL! – Grito la castaña enterrando sus uñas más en sus brazos al punto de dirigirse al torso del rubio y arañar sus músculos serratos. Consiguiendo que el mayor solo soltara un risa hilarante y un sonido gutural lleno de excitación.

En dos movimientos rápidos fue soltada de la posición dando un cambio brusco en el acto, la menor quedó acostada boca abajo y con sus nalgas hacia arriba, el glande entrando por sus pliegues y cogiéndola completamente, siendo penetrada rudamente por detrás, su vagina mostraba un eritema leve y rojizo en sus labios menores tras la fricción constante de la piel en sus genitales. Mabel soltó un pataleo y se aferró a las sabanas mientras gritaba tan alto brotando el sonido de su voz llena de éxtasis tras las embestidas profundas.

Bill sabía que esta posición en casi cuatro la estimulaba demasiado, llegando alcanzar dentro y con profundidad. Llegando ambos a disfrutar del clímax de su orgasmo.

- ¡BILL! ¡BILL! ¡AHH! ¡ME VENGO! ¡ME VENGO! – La chica iba bajar sus caderas, pero el agarre del alfa la tenía sujeta, sus piernas sosteniendo las suyas entrelazadas y la espalda del rubio cubriendo su cuerpo pequeño sin llegar aplastarla. - ¡ME VOY A CORRER! ¡BILL! ¡ME CORRERE! – Su vagina daba palpitaciones y su cuerpo se estremecía en una sacudida espasmódicamente eléctrica, escuchaba la voz masculina rugir con fuerza y el soplo caliente de su aliento contra su oído erizándola completamente de su piel. – Bill… Bill… estás muy cerca… te siento… B-Bill… ¡Ahh! - Murmuró la chica roja y tratando de reprimir sus gritos y gemidos que iban en aumento descontrolados. – D-Dioos… Dios.

La pequeña joven no sabía qué hacer, el alfa aplastaba su vientre con sus manos y aquel grueso pene no paraba de salir y entrar estimulándola completamente en sus paredes, más con el agarre de su vientre. Sus piernas se estiraban y los dedos de sus pies se contraían, la necesidad de venirse era grande, aunque temía que otra cosa se viniera puesto que sentía las ganas de orinarse. Su pecho botaba con cada empuje restregándose en la tela de algodón. Sus pezones sensibles al roce provocaban que la chica sintiera ese agradable escalofrió en su cuerpo cubrirla enteramente.

De repente sintió que se acostó encima de ella sintiendo de lleno como su pene ahora golpeaba muy cerca de su útero y estimulaba su clítoris contra las sabanas arrugadas de la cama. Fue suficiente para que ella olvidara reprimirse y terminara brotando los sonidos lascivos y llenos de lujuria; tanto que jadeara y gritara tan fuerte que intento callar sus gritos con la almohada. Estaba preocupada que alguien los escuchara o peor que los vecinos escucharan sus gritos de placer y llamaran a la policía.

Nadie sabía de esto, y aunque muchos del vecindario de Bill eran gente mayor o familias que salían el fin de semana en puente, no estaba muy segura de querer delatar al alfa rubio de que tenía una pareja muy joven que él.

Aunque era muy evidente el sonido de gemidos, los golpeteos de la base contra la pared de la habitación y el colchón que sonaba como si alguien saltaran tan fuerte arriba de la cama sin parar. A pesar de que las cortinas de la habitación estaban cerradas, después de su segunda noche, se había preguntado la menor… ¿Bill cerro la ventana o solo las cortinas? Puesto que el alfa le gustaba presumir que tenía pareja, o eso es lo que le dijo una vez Candy cuando le hablo de sus experiencias con Gideon.

"A los Alfas les gusta hacerles saber que tienen pareja o destinataria"

Mabel soltó la almohada y llamo a Bill el cual solo jadeaba y emitía sonidos roncos sabiendo que él estaba muy cerca de correrse.

- Bill… para… para… nos escucharan afuera. - Dijo la castaña sintiendo esas ganas que no podía contenerse. – Enserio… me… correré. Mi… mi conejito palpita… palpita mucho.

- Córrete linda – Hablo en un susurro caliente que erizo la piel de azúcar de la menor. Mientras mostraba una sonrisa llena de maldad ante su amenaza. – No importa… córrete. – Dando una lamida a la colcha de su oreja. – Córrete todo lo que quieras preciosa, no te dejare ir. Quiero que grites y les hagas saber que yo ten brindo placer en mi cama.

La adolescente fue abrazada y sintió las estocadas golpearla con profundidad sintiendo su vagina contraerse y atrapar el pene, siendo sus embestidas duras y más sensibles en la fricción. Sentía las manos grandes del mayor acariciar con ternura sus senos y depositar numerosos besos en su espalda y cuello de forma cariñosa. Mabel se sentía contenta de sentirse muy querida por su Alfa, aunque estaba muy cerca de venirse y le daba aun vergüenza la cantidad de fluido que podría manchar las sabanas.

Los dedos masculinos frotaban sus pezones y tiraban suavemente, dando masajes y apretando con ferviente deseo. Su clítoris palpitaba al ritmo del frote contra la sabana y sin más aguante emitió un grito agudo y los sollozos que fueron sonando como un gimoteo.

- ¡AHHHH! ¡AH,AH,AH! – Mabel sentía su vagina explotar tras el torrente de fluidos que se acumulaban dentro y desbordaba a los lados del pene masculino. Mientras que el rubio continuaba penetrándola sin parar, el pene palpitaba y se ensanchaba levemente. Un segundo liquido salió disparado combinado con su lubricación y mojo la cama llenándola de semen y el mismo fluido transparente y acuoso. – Uff… uff… ahhh…. – Temblaba y sus manos apenas tenían fuerza, sus ojos estaban entrecerrados y sus labios rojizos corriendo de la comisura un hilillo de saliva con suspiros calientes.

- Mabel…. – Le llamo al punto de sentir su pene palpitar y quedarse quieto un momento antes de dar unas 3 estocadas corriéndose dentro de ella liberando la carga espesa y blanca terminando de alojarse dentro de su útero. Salió con su semilla cayendo de sus pliegues femeninos y la punta de su pene goteando aún más.

La castaña dio media vuelta respirando con fuerza, estaba acostada boca arriba y sus ojos avellanados emitían unas lágrimas cristalinas con las mejillas rojas, haciéndola ver sumamente sexy y adorable, tan vulnerable en un momento como este y con ese cuerpo lleno de marcas de mordidas y chupetones.

Bill la recostó más en medio y sujeto sus piernas envolviéndolas a su medio torso, cepillando contra su clítoris y uretra, notaba que la chica emitía un sonido agradable de la excitación. No lo dudo adentrándose nuevamente, su glande lo empujo dentro de su vagina y se movió con lentitud, abrazo su cuerpo dando caricias y besos en su rostro como un consuelo.

- Mi amada Mabel – Susurro enamorado el rubio. - ¿Te gusta? – Sus embestidas eran un vaivén un poco más rápido al ir en aumento. Enterró su rostro en su cuello lamiendo la cicatriz de su marca de pertenencia.

- B-Bill…. – Emitió un ronroneo casi afónico tras la sesión. – No salgas…

- Mabel… quiero más… - Aclaro lo que quería hacer rozando sus colmillos en la piel de su herida. – Eres mía, solamente mía.

- Sí… - Llevo sus brazos al cuello del Alfa moviendo sus caderas y emitiendo gemidos bajos. – Bill… Ahmm… ahh, ah, ah… más… muérdeme.

- Mabel… te amo, te amo demasiado… - Beso sus labios callando de momentos sus gemidos altos cuando comenzó a penetrarla con rapidez.

- ¡Q-Querido!…. Bill – Acaricio sus mechones rubios y lo atrajo más al beso. Tirando suavemente de su cabello en un revuelo de emociones. Rompió un momento el beso viendo al mayor posicionarse en su cuello nuevamente y colocar su mordida. – Quiero… estar contigo.

Un grito lleno de dolor y la sangre emano, cubrió un momento su boca tras el acto. Bill sabía que los Omegas al ser marcados tras al momento del sexo emitían un grito lleno de delirio, éxtasis y un orgasmo tan dulce y melifluo que podía ser escuchado por cualquier Alfa. Podía ser tan fuerte su voz que haría entender a todos que era su pareja y provocar que algunos Alfas sintieran envidia y la buscasen. Los gritos placenteros de una Omega en celo eran muy atractivos y algo prohibido puesto despertaban los instintos salvajes del Alfa.

Aunque eso no lo exonera de lo que haría ella al enterrar sus uñas en la piel de su espalda y rasgar dejando marcas muy visibles y con cicatriz que duraría hasta meses. Como forma de pertenencia y recordatorio de su acto.

Bill se había emocionado parte de su corazón latía con fuerza. Ambos amantes se daban toda muestra de afecto y sentimientos.

Cuando pensó que era momento de quitar su mano y dejar de retener los gritos de placer de la chica. La vio soltando lágrimas y con una lesión en sus labios de rosados, el cual beso con lentitud saboreando su sangre. Se acercó a su cuello viendo el rastro carmesí en la herida. El rubio lamio la marca de pertenencia que le hizo a su Omega, aquella marca que demostraría a todos que ella tiene un lazo muy profundo con él Alfa siendo por fin su destinataria.

La castaña emitió un gemido sonando como un melifluo suave seguido del quejido de dolor, algo se expandía dentro y hacia las embestidas más profundas e íntimas. Bill estaba muy sensible y gimoteaba jadeando del calor y la excitación. El tallo de su miembro se hinchaba y subía quedando de anclaje cerca del cérvix. Aquel Alfa mayor se había anudado, no lo había hecho desde la noche anterior… Bill abrió su orbe dorado desmesurado al darse cuenta de lo que había pasado.

- Oh no… - Dijo el Alfa sonrojado al darse cuenta de algo muy importante. – Mabel… espera… no te muevas.

Aunque la menor emitió una sonrisa risueña y maliciosa dando movimientos muy sutiles en su cadera. El calor sofocante y la lujuria habían predominado en el celo de la adolescente, tanto que la castaña puso ojos de borrega enamorada.

- Bill… ah, ah, ah…. Más, más fuerte… lléname. – Exigió y suplico la menor meneando sus caderas con un poco de dolor entre gemidos tras ensanchamiento del pene masculino.

- Pequeña… debo salir, debemos parar... – Sonando preocupado el rubio de lastimarla en el proceso de anudamiento. – Maldición ah, ah… ¡Carajo! - Viendo que la chica seguía dando caricias y besando su cuerpo con delicadeza. - ¡Mabel! Espera detente… si me corro, la pastilla no asegurada que no quedes embarazada.

Mabel abrazo a Bill del cuello tan fuerte y con una sonrisa llena de emoción y con ojitos brillosos que destellaban estrellas no dudo en decirlo. La palabra que él quería escuchar y anhelaba con mucha ilusión y deseo, pero no en su momento, no ahora que apenas es pareja a escondidas.

- Quiero tenerlo… - Besando los labios del alfa con tanto fervor. – Quiero un bebé, quiero tener un cachorro tuyo. – Dando suplicas al rubio. – Por favor Bill… por favor… lo quiero… embarázame.

- Mabel…

- Bill, por favor… - Dando besitos en su mejilla. – Lo quiero, quiero tenerlo.

El alfa rubio no dudo en escuchar esas respuestas, maldito celo, maldito nudo, maldita sea por no ponerse condón. Cuando lo hicieron la noche anterior no hubo problemas porque tenía el condón puesto.

La tomo de las piernas alzándolas a sus hombros y comenzó a embestirla de forma salvaje, como si hubiera necesitado de un permiso para continuar.

En menos de 5 minutos la menor no paraba de gritar y jadear tan alto que estuvo muy seguro que todos en su vecindario escucharían a las 10 de la mañana el sexo rudo y descontrolado que tenían en la habitación. El sonido de chapoteo sus sexos sonando con fricción y golpes en sus pieles; los gritos femeninos de su bella prometida y la cama a no más poder con el ruido de la base de madera con la cabecera dando golpes incesantes a la pared con fuerza.

Su glande aferrado en la entrada de su cérvix solo rozando de repetidas veces la entrada y salida con el nudo formado en el cuerpo de su pene. Bill disfrutaba la estimulación, casi llegaba a su clímax, las paredes de la castaña lo aprisionaban y aumentaban su empuje un poco más difícil. Ambos gemían y estaban sus rostros sonrojados. Entre las intensas embestidas y la contracción la chica emitió un gemido alto que se perdió entre la habitación.

Un torrente de eyaculación la lleno dentro de su útero sintiéndose tan llena, su vientre que estuvo plano veía el bulto del pene y como se hinchaba un poco por la carga seminal de la primera, segunda y la tercera corrida. Mabel estaba abrazada a la espalda del rubio y tenía una sonrisa que deslumbraba por la satisfacción. Sentía aquel espeso y caliente semen caer por los bordes de su vagina y su cuerpo relajarse.

Bill se recostó sin aplastarla mucho dejando que se corriera y emitiendo un gemido ronco, el sofocante calor y sus aromas mezclados lo hicieron disfrutar del sexo. Su miembro seguía hinchado pero la sensación placentera nadie se lo podía quitar. Sus manos acariciaban el cuerpo frágil y delgado de su amada Omega. Sus cuerpos húmedos y calientes de temperatura.

Los minutos pasaron en esa habitación, Bill miraba a su castaña suspirar suavemente y removerse un poco en la cama acercándose a su lado, sus brazos extendidos en su pecho y su cabello siendo una melena sedosa achocolatada esponjosa.

- Mabel… - Hablo un poco nervioso el rubio al verla recostar su cabeza en su pecho. – No aguanto más – Menciono muy profundo en su voz. – Quiero que estés conmigo. – Frotando su rostro contra la coronilla de su cabeza. – Quiero que vivas conmigo en esta casa. Quiero… que seas mía, mi amada esposa.

- Yo… también quiero. – Soltando una risita risueña. – Ya me dices esposa, jeje.

- Quiero que lo seas. – Dijo en tono ilusionado. – No quiero estar separado mucho tiempo de ti, preciosa.

- Sí… - Abrazando al rubio con fuerza y soltando un suspiro lleno de felicidad.

- Debemos decirlo pronto – Respondió el rubio.

- ¿Mis padres? – Levanto la mirada la menor algo sorprendida por lo que dijo.

- Sí – Respondió. – Si seguimos separados…

- Bill – Tomando su mano la guio a su vientre.

Una pequeña imaginación se creó al pensar en ella embarazada con su barriguita crecida y cargando un hijo suyo.

- Bill, ¿Y si quedo? – Dijo ella en un tono de voz muy soñador.

- Eso estaría bien, lo amare ambos. – Sonriendo.

Varias almohadas tiradas al suelo y las sabanas junto con el edredón echas un desastre tras el sexo reciente.

- Bill… - Hablo la menor en tono afónica. – Te amo. – Colocando una sonrisa tierna. – No sabes que te amo demasiado.

- Yo también, mi Mabel. – Mostrando una sonrisa el rubio. – Aunque yo te amo de aquí hasta el universo.

- Entonces… - Se acercó susurrando hasta su oído. – Yo te amo hasta los otros universos.

- Me has ganado preciosa. – Soltando una risa y besando su frente. – Tu amor es demasiado grande para mí.

Ambos les gano el sueño y terminaron durmiéndose un momento entre caricias y besos.

"Una concepción pronto llegarían en sus vidas"

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Ambos estaban en el sofá de la sala escuchando música y comiendo un poco de pastel, era las tres de la tarde cuando aprovecharon para ir la mitad del mediodía para ir al supermercado y comprar algunos víveres para el Alfa y pasar a la farmacia por ungüentos, parches, vendas y antiséptico, supresores y la famosa píldora para Omegas. Puesto que aunque le hayan ganado el celo y los deseos de concepción de un bebé. Bill se recordaba que Mabel solo tenía 15 años, aunque dentro de unos meses cumpliría 16 años. Embarazarla arruinaría un atraso de estudios y sería muy seguro que su padre lo colgaría. Aunque por un lado deseaba mucho tener a su destinataria cargando un hijo suyo.

Durante la mitad de la tarde cocinaron y comieron algo ligero. La menor no pudo resistirse a la tentación de un poco de dulce. Por lo que termino comprando rebanadas de pastel a petición de su prometida, y que mejor lugar que comerlo en la sala.

- Bill ¿Te gusta más el pastel de fresa o el de chocolate?

- Me gustan ambos… pero creo que prefiero más el de fresa. – Dijo el rubio dando otra cucharada a su pastel disfrutando de su bocadillo. – El merengue sabe sedoso y dulce y la fresa envinada le da ese toque que me gusta. Sin olvidar el pan de vainilla tan esponjo rico que me recuerda a…. – Viendo los pechos de la menor. – A estos. – Dando un apretón juguetón al seno izquierdo de la castaña.

- Pervertido. – Dando un leve manotazo. – Bill, no seas mañoso.

- Me gustan estos mufins, si le pusiera crema batida… me los comería.

- Bueno pues yo prefiero el de chocolate. – Dijo la castaña degustando de su pastel. – Tiene trocitos de cereza y fresa, el pan es delicioso y la crema es un chocolate de leche con ralladura de chocolate amargo. – Sonrojándose levemente. – Aparte… me recuerda a ti.

- ¿A mí? – Extrañándose. – Bueno Mabel, mi piel no es negra y no soy afroamericano.

- ¡No tonto! – Soltando una risita. – Me refiero a su aroma… el aroma que emites.

- ¿Mi feromona?

- ¡Sí! – Dijo ella. – Huele a chocolate…. Vainilla y un poco ha maderada.

- Mmm… cierto. – Pensando un poco en la conversaciones que había tenido con otros alfas. – Lo aromas solo pueden distinguirse completamente cuando hay lazo o son…

- ¿Mate?

- Destinatarios, ¡Exacto! – Dijo el rubio emocionado. – Hueles a flores y a dulce, la fresa… la fresa me recuerda a ti. Los dulces de regaliz que como y las flores de peonia y freesia del apartamento de biología. – Viendo a Mabel. – Cuando no te veo… voy a esos lugares, esperando a encontrarte o recordarte.

- Jejeje… ¿vas a una dulcería? – Soltando una risa al escuchar su explicación de anhelo.

- Mabel… ¿A dónde vas cuando no me ves? Y tienes muchos deseos de verme. – Frunciendo el ceño como si lo que hubiera dicho hubiera sido un disparate obsesivo. - ¿Cuándo no aceptabas tus sentimientos? ¿Cuándo estuvimos separados en verano y todo diciembre a dónde fuiste?

- Yo… - Recordando que daba muchos paseos por el bosque de Oregón en el pueblo de Gravity Falls, siempre oliendo cerca de los árboles de fresno y pino. – Iba al bosque… y siempre traía chocolate en mi bolsillo.

- ¿Qué más? – Pregunto Bill.

- La vainilla…. Había una planta en la residencia de los Noroeste. – Dijo ella. – Me acuerdo haberle pedido a Pacifica, una varilla de vainilla.

- ¿Cuándo fue eso?

- Verano… después de conocernos. – Se ruborizo de sus mejillas al darse cuenta de lo que el Alfa le explicaba. – Iba al bosque… y me relajaba, sentía como si alguien me abrazaba, tan cálido como el verano.

- Es lo mismo que me sucedía – Dijo Bill abrazando a la chica por detrás. – Mabel… cuando me dan esos aromas. Pienso que estás conmigo dándome un abrazo o esperando escuchar tú voz, recibir un beso o que me digas… estoy en casa.

- ¿Bill? ¿Qué sucede? – Viendo al rubio atraerla a su pecho y entrelazar su mano donde ambos portaban el anillo.

- Cuando no estás aquí… te extraño demasiado – Colocando una expresión llena de melancolía. – Mabel estoy muy enamorado de ti, pequeña no sabes cuánto te amo. Me llenas de felicidad el tenerte a mi lado.

- Me lo dices siempre Bill – Acurrucándose en su pecho. – Soy muy feliz estando a tu lado. Yo también te extraño cuando no te veo…

De repente la señal de la radio comenzó a interrumpir la transmisión al mencionarse el reporte de un noticiero.

"Anoche se reportó la desaparición de una Omega de 15 años a las 20:30 hrs, sus amigos la vieron por última vez en el cinema cuando fueron por bocadillos a la dulcería. Actualmente siguen en interrogatorio. Brittney Wong cursa el último semestre de la secundaria Media Luna, perteneciente a la clase 3-B. Si alguien sabe de su paradero comuníquese al número de la policía de Piedmont. Lo siguientes son datos de la chica; complexión delgada, cabello oscuro, tez rosada con pecas, mide 1,57 mts y vestía el uniforme de porristas de la secundaria."

- Brittney… - Dijo Mabel en un musito débil y tembloroso.

- ¿Mabel? – Apago la radio viendo a la castaña a cohibirse en un ovillo cerca de él.

- Va en mi salón, suele ser una chica presumida y es muy atrayente a los alfas. – Su mirada avellana se tornaba llena de angustia y preocupación. Era notorio que sus compañeras de la secundaria y preparatoria estaban desapareciendo. – Es muy popular…

- Ha habido mucha desaparición de omegas. – Dijo Bill preocupado mientras seguía escuchando el informe de la policía de Piedmont. – Una persona secuestra en público.

- Ella siempre está rodeada de amigos y compañeros de la escuela… ¡¿Cómo es posible que no la hayan visto?! – Recordando el ataque de Pyronica en el baño. – Pero era tan visible. – Tocando su herida. – Era… notorio.

- Mabel.

- Ellas solo se alejan… un momento. – Dijo la castaña recordando las veces que estuvo sola. – Y cuando es la oportunidad, desaparecen de la vista de uno sin dejar rastro.

- Tú no lo estás. – Le recordó el rubio sintiendo lo asustada que estaba la chica. – Estas conmigo.

- Bill…

- Mabel no estás sola, por este momento estás conmigo. – Hablo en un tono sereno calmando a su Omega. – Nadie te hará daño, no lo permitiré. – Tocando los vendajes de su brazo. – Fue un descuido esa vez… pero te prometo que no estarás en peligro. Ni quiero que te lastimen. Y si alguna vez te perdieras, yo no pararía de buscarte te encontraría y te tendría en mis brazos… porque eres mía, así como yo te pertenezco. Eres mi destinataria siempre lo serás.

- Sí – Abrazándose más al rubio. – Tranquilo, Bill… me siento muy segura a tu lado. – Llevo sus manos tirando de la solapa de su camisa. – Estoy contigo, eres mi protector y mí querido Alfa, eres al que más quiero en este mundo. – Dando un beso en sus labios. – Y también a Pato. – Mirando al cerdito que dormía plácidamente en su camita.

- Pero me quieres más a mí. – Canturreo contento el mayor soltando una risa junto a la castaña, el cual se fundió en un suspiro largo quedando recostados en el sofá. – Mabel…

La joven alzo la mirada viendo al alfa tocar su anillo y mirar un punto hacia el techo con su ojo ambarino, lo tenía cristalizado a punto de escurrir la lágrima en su orbe dorado. Ella lo abrazo sintiendo el latido de su corazón ir a prisa.

- Bill, estaré bien – Dando caricias suaves en su cuerpo. – Señor Bill… quiero que mis padres lo sepan. Que usted es mi destinatario.

- ¿Estas segura? – Viendo a la chica asentir sonrojada. – Sabes que tu padre me esperara con una escopeta.

- Lo sé. – Soltando una risa. – Pero quiero ser oficialmente su novia y prometida. – Cortó una pausa y mordió levemente su labio inferior. – No – Respondió antes de atraparlo entre sus brazos y decirlo con emoción. - ¡Quiero ser tú esposa!

- No sabes la emoción que me causas cada vez que lo repites – Mostrando una sonrisa. – Deberíamos hacerlo pronto.

- Solo necesitamos la fecha para decirlo. – Pensando un poco que día sería bueno, hasta que recordó el verano. – ¡Lo tengo!

- ¿Qué día?

- 31 de agosto.

- ¿31 de agosto? – Viendo a la castaña con un poco de confusión. - ¿Tú cumpleaños?

- Cumpliré 16 años – Sonando orgullosa. – Para las Omegas es nuestra mayoría de edad jeje, una vez lo dijo Wendy.

- Suena arriesgado posponerlo muy lejos… pero. – Viendo a la adolescente hacer un adorable mohín en sus labios, no dudó en aceptar esa propuesta. – Daremos la noticia esa fecha.

- ¿Puede pedirme matrimonio? – Soltando una juguetona voz.

- Mabel por favor, no juegues con mis ilusiones. – Dijo soltando un gimoteo el rubio. - No sabes que es lo que más quiero pedirte, pero tu padre solo me dejara hasta el punto de ser tu novio. Y para casarnos necesitaría que tuvieras los 17 años.

- De acuerdo. – Viendo su anillo. - ¿Prometidos en secreto?

- Condenada Omega – La atrapo debajo de él haciéndole cosquillas y atacándola a besos cortos. – Sabes muy bien que eres mi prometida, y cuando cumplas 17 te casaras conmigo.

- Jajaja, basta Bill… ¡Sí! ¡sí me casare contigo! – Soltando una risa. - ¡Sí, quiero! ¡quiero ser tú esposa!

En ese momento el locutor de la radio anunciaba el bloque de horario de música, haciendo que la menor asomara su cabeza de lado en dirección a un reloj de pared que tenía el rubio.

- Casi son las cuatro.

- Mabel… - Viendo la hora Bill. - ¿A qué hora llegaba tú hermano a tú casa?

- Antes de las seis de la tarde. – Abriendo los ojos se acordó que había pasado mucho tiempo con Bill, que ni se dio cuenta que casi eran las cuatro de la tarde en domingo. – Oh no, no me acordaba de que llega mi hermano. – Sonando en estado de pánico.

- Tranquila. – Besando la coronilla de su cabeza. – llegaremos rápido, no hay casi tráfico en domingo.

- Sí – Dando un beso esquimal de nariz. – Pero no debes acelerar mucho ese carro amarillo o parecerás un rayo tipo Flash.

- Mabel… - Abrazando a la chica con ternura. – Tranquila yo te protegeré.

- Sí, Bill…

- Bueno… busquemos tu vestido, no puedes irte con mi ropa o pensaran que me robaste.

- ¿Me devuelves mis bragas?

- No.

- Entonces me quedo con la camisa. – Abrazándose a sí misma.

- Puedes tenerla… pero debes ponerte tu vestido. No puedes andar en tu casa con mi camisa puesta.

- De acuerdo.

El rubio tomo a la chica del brazo antes de ayudarle a buscar su ropa, puesto que aun traía su camisa y unos short que le quedaban holgados.

- Debemos cambiarte.

- S-Sí… - Sonrojándose al recordar que casi este fin de semana había usado la ropa del rubio. Sus aromas estaban impregnados y mezclados, era evidente que el rubio había tenido algo con ella. Más tarde buscaría como ocultar el aroma de su Alfa.

Mabel subió junto con Bill hasta la habitación cerrando la puerta y viendo al rubio quitarse la camisa. Ella se retiraba las prendas antes de ver la mesita de noche y abrir el cajón. Vio la caja y encontró un preservativo que sobro, lo tomo en su mano, girándose sobre sus talones detuvo al rubio llamado su nombre. Bill se volteó y se sonrojo completamente, tanto que la menor corrió a saltar en sus brazos, atrapando sus labios en un beso dulce y amoroso.

- Bill… - Sonriendo de forma coqueta. - ¿Podemos hacerlo un poco más?

- Solo un momento. – Dijo el Alfa intentando calmar a su prometida.

- Sí… - Atrayéndolo a otro beso.

"Por favor Dios… permíteme estar con él, en verdad lo amo"

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- Ey, mujer… tú fianza fue pagada. – Abriendo la puerta de la celda. – Puedes irte.

Dijo el guardia abriendo la puerta para dejar salir a la peli rosada. En cuanto puso los pies fuera del lugar de detención encontró al peli azul grisáceo esperarla afuera con una bolsa de papel de Donkin Donut's y un café.

- Te ves un asco, Py. – Dijo el sujeto.

- Nadie te pidió tú limosna y tu buena obra del día, estúpido engreído. – Caminando hasta la oficina del oficial de policía.

El chico solo miro al guardia antes de darle la bolsa y el café.

- Tiene un mal día – Encogiéndose de hombros. – Seria un desperdicio que esto se tirara. Así que tenga.

- Gracias chico, aunque ella sabe muy bien lo que hizo, no debe comportarse así. – Dijo el celador en guardia.

- ¿Cómo se sentiría si un día se entera que su Omega tiene un destinatario y no es usted? – Frunciendo el ceño. – Buen tarde, señor.

Pyronica recogía sus cosas que eran devueltas; su billetera, credencial, supresores, condón femenino, una llave su apartamento. El sujeto llego así ella antes de acercarse al oficial.

- No es el primer reporte de un Alfa atacando a una Omega estudiantil y un Alfa profesor de las instalaciones. – Comento el oficial. – Pero tampoco es la manera de comportarse como ciudadana de Piedmont.

- Váyase al diablo. – Tomando sus pertenencias para guardarlas en sus bolsillos. Antes de ser tomada de la muñeca.

- Escúchame bien, una segunda multa e iras a la cárcel por 3 años. – Frunciendo el ceño. – Los ataques contra un Alfa no son graves, pero contra una Omega son d años de cárcel o lo que dicte el juez. – soltando el brazo de la mujer. – Tienes suerte que los padres de la chica no presentaran cargos o no estuviera presente. Ella misma te hubiera mandado al bote.

- Entonces… - Soltando una risa y mostrando una sonrisa cínica. – ¡Estoy de suerte solo porque ella no estaba! – Golpeando el escritorio. – Dígame oficial, ¿Quién jodidos testifico todo?

- Pyronica – Tratando de calmar a la peli rosada.

- ¡No! ¡Suéltame! – Apretando los puños. – Deme los malditos nombres.

- Las victimas dieron sus testimonios y las personas presentes. – Comento el oficial. – El señor Cipher y el joven Gleeful testificaron los hechos, su hermano no pudo estar presente porque tuvo que llevar a su esposa al hospital, al igual que Mabel Belle Pines por heridas secundarias. – Sacando la carpeta del reporte. – Así que señorita le pido que va su voz y calme sus maldita feromona de ira, puesto que le digo que tiene la maldita suerte de no irse a la cárcel por ataque a una omega menor de edad, una provocación de casi un aborto contra una omega mayor y por lesionar a casi a gravedad a un profesor de rango Alfa.

- Bill Cipher se contuvo en el ataque e implemento el protocolo para calmarla sin usar violencia contra usted. – Dando una mirada seria a la peli rosada. – Las lesiones que le hizo. – Sacando las fotografías. – Podría llevarla a la cárcel, ¿Qué no entiende? Sí él no hubiera detenido la orden de aprensión, diciendo que fue porque no tenía la cabeza clara y es una estudiante de último año de universidad. Fácilmente le tendría una celda asegurada.

- Oh, entonces se hizo el empático. – Soltando una risa la peli rosada. – Dígame señor… - Acercándose al oficial y tomando la foto del rostro de Bill. – Acaso se ha preguntado ¿Cómo un Alfa de su edad, se preocupó por una jovencita secundaria a cierta hora de la noche en un baile de… lazo? Que es exclusivo de la universidad solo para protegerla. ¿Y qué hacia ella en un baile para adultos? ¿Cuál es su relación? – Apretando la foto. - ¡¿Cuántas veces la besa?! ¡¿Se la coge en secreto?! ¡¿Cree que siga siendo un buen alfa?! ¡¿Un buen profesor sin una relación con una omega menor?!

- Señorita Areckva – Dando una mirada fija y seria de sus ojos oscuros. – A mí no me importa si tienen o no una relación. Sus padres saben si está permitido o no la relación de su hija con el señor Cipher. - Sacando otra carpeta – Bill Cipher dio su testimonio en base a la relación con la chica.

- ¿Qué? – Arrugando la foto.

- Su proceso de relación es permitida, aunque falte testimonio de la menor. – Leyendo la información. – Parece haber cuál es el problema. – Viendo a la peli rosa gritar enojada. – Si usted les hace daño, no me quedara de otra más que encerrarla.

- ¡O-Oficial! – Viendo la placa del sujeto. - ¡Horacio! – Sujetando a su amiga. – Tranquilo yo la vigilare, le aseguro que ella estará más calmada. Solo que… - Apretando los hombros de la alfa rosada. – Para ella sigue siendo doloroso el rechazo de la Omega Mabel Belle Pines. – Comento en un tono calmado. – Usted entiende, solo es una rabieta hormonal. Pero la mantendré vigilada.

- Las rabietas se vuelven un problema chico.

- Lo sé. – Sacando a la chica de la oficina. – Lo siento mucho, y no nos acercaremos a ellos.

La peli rosada salió de la estación de policía hecha una rabieta de emociones negativas y confusas, el chico de cabellera azul grisácea la alcanzo en la avenida Lincoln cuando dio una patada a un buzón de correos.

- Golpeando el buzón no hará que calme tú odio y rompimiento del corazón.

- ¡Cállate la jodida boca Kriptos! ¡Vete a chupar el puto pito de un muerto! – Dijo molesta la Alfa rosada antes de derrumbarse en la banca de la parada de autobús. - ¡Mierda!

- Ay, hermana… - Sentándose a su lado y tomándola de los hombros. – Te dije que fueras sigilosa y tomaras rápido a Mabel Pines. No que te quedaras platicando como idiota enamorada.

- Tú no lo entenderías… - Soltando un sollozo. – Ella… me miro, estaba asustada y… solo quería que viniera conmigo. Solo quería que me amara, que me diera esa sonrisa que le da a ese estúpido tuerto pedófilo.

- Tú tampoco estas lejos… de tú edad de 29 años. ¿Oh no, hermanita?

Pyronica dio una mirada vacía en sus ojos violetas, era claro que no era una alfa joven a la vista de otros de su igual categoría. Era como si el sujeto hubiera dado una confesión definitiva, antes de embozar una sonrisa sádica y soltar una risa cínica y descarada de parte de ella.

- Solo estamos repitiendo por tercera vez el último año. – Dijo la peli rosada. – Mi tesis… mi tesis ya casi acaba.

- Tengo a la décima. – Comento Kriptos. – A la avariciosa y ególatra. Necesitamos recoger a la onceava y tú… doceava doncella.

- Mi doceava… ella es mía. – Dijo Pyronica. – Sí Mabel no acepta ser mía… por las buenas. - Levantándose del asiento. – Entonces no me queda de otra… ella tendrá que aprender. De que ella no será de nadie.

- ¿Cuándo será nuestro siguiente movimiento?

- Aguarda… solo déjame, dejar que esto se calme un poco más. – Menciono. – No debemos levantar sospechas, aparte debo trabajar con la modelo. – Caminando por las calles. - ¿Sigue viva?

- Sí – Menciono Kriptos. – Aunque fue difícil llevarla al lugar, me araño el cuello y me dio un buen golpe en los bajos.

- Espero que no la hayas dañado.

- Oh claro que no. – Dijo. – Solo la relaje, sabes que no inicio la diversión sin tu permiso.

- Necesitaremos materiales de pintura – Dando una mirada perspicaz al alfa. – Ya sabes lo primordial para el oleó; quiero equipo de limpieza y pinceles de punta fina de pelo de camello, ¡ah sí! se me arruinaron unas canvas de algodón que tenía guardado en el sótano. Puedes conseguirme 80% algodón y 20% lino.

- Este proyecto sale de tu presupuesto en la universidad. – Arqueando una ceja. - ¿El coordinador aceptara otra carta? ¿Qué hiciste con el lienzo de las canvas reservadas?

- Mientras pintaba una de las doncellas, se le ocurrió luchar y pues… que te puedo decir. – Soltando una risa oscura. – La sangre no va en el blanco. – Camino un poco por la calle guardando sus manos en sus bolsillos de pantalón. – Kriptos… también debemos ir al aserradero… unas cuantas cuerdas bien fabricadas y un potro de madera, maquillaje y un traje para nuestra invitada.

- ¿Qué tienes en mente?

- Quiero que esto sea perfecto.

══════ •『 』• ══════

[Tres meses después]

18 de Mayo de 1985

Residencia Cipher, área de jardín.

- ¡Feliz cumpleaños, Melissa Luna!~ - Cantando los invitados. – ¡Feliz cumpleaños a ti!

La mujer soplo las velas del pastel blanco adornado con lilas antes de escuchar los aplausos y las felicitaciones de los presentes entre numerosas fotografías que tomaba el pelirrojo.

- Vamos sonríe, oh no me digas que Tad ya te pego su maldito humor de pesimista antipático. – Dijo Phill con una cámara instantánea desechable.

- ¡Phill quítate de ahí! ¡Esa no es tu esposa! – Dijo Tad molesto trayendo el cuchillo y los platos. – Aparte le pedí específicamente a Bill que tomara las fotos, él tiene una cámara profesional. Tú no.

- Cierto. – Dijo el rubio con una venita exaltada en su frente. – Solo arruinas la iluminación y el entorno de la cumpleañera con tu mera presencia.

- Ambos pueden tomar fotos querido. – Dijo la Omega de forma contenta mientras frotaba su vientre abultado de 6 meses. Pronto no tardaría en nacer su bebé. – Vamos no seas egoísta… ¡Auch!

- ¿Qué sucede? – Sonando preocupado Tad. - ¿Tienes contracciones?

- No, pero el bebé y yo tenemos hambre y creo que me patea por comida.

- Tranquilo Tad, son los antojos. – Dijo Wendy. – Cuando estamos en gestación tenemos más hambre. – Comiendo una banderilla. – Recuerda el periodo de gestación de una Omega y Alfa es corto pero lleno de emociones.

- Preciosa que dijimos de la dieta. – Menciono el pelirrojo. – El doctor dijo que no abuses de carbohidratos y azucares, puedes terminar con… - Se calló la boca un momento el pelirrojo al ver la mirada siniestra y amenazante de su esposa.

- Vamos Phill, llevo apenas 3 meses y medio, además quien carga el bebé ¿Tú o yo? Anda dime querido. – Comento con un aura amenazante.

- Tú querida. – Menciono asustado. – Te traeré pastelillos.

- Gracias – Volviendo a sonreír. – Mira en el cuarto mes me controlare, dejare de comer dulces.

- Eso dijiste en abril cuando fue el día del niño. – Murmuro bajo el pelirrojo.

- ¿Qué dijiste?

- ¿Quieres de chocolate o vainilla? – Soltando una risa nerviosa.

Will se encontraba con Isabella y su hija comiendo antes de que Mabel soltara un suspiro de desánimo y se desplomara en la mesa.

- ¿Qué sucede? – Pregunto el peli azul, viendo a la menor portar un suéter de cuello de tortuga que ella misma tejió. - ¿Tienes calor? puedes quitarte el suéter.

- No es… nada. – Jugando con un mechón de su cabello. – Solo que… - Viendo en dirección al Alfa rubio que estaba tomando fotos a la esposa de su primo con tanta emoción. – Es mucho estrés correr de un lugar a otro, y luego ver esto.

- Es bueno que tu hermano te haya traído. Sé que se acerca la boda con su prometida Pacifica Northwest, y veo que esta… ¿Cómo puedo decirlo? Calmado.

- ¡Calmado! – Exclamo Mabel con los ojos abiertos antes de desplomarse. – Es un torbellino de emociones hecho en una mujer. – Dijo ella. – Dipper lo veo correr de aquí para allá con la final de su tesis y los exámenes de titulación en junio. Terminará el semestre pronto y mi padre le dio la oportunidad para presentar el examen temprano al igual que sus prácticas. ¡Es una total locura en casa! Más si trabaja.

- ¡Vaya! ¿Se puede hacer eso? – Pregunto la castaña de cabello marrón oscuro hacia Will.

- Sí, pero no se los recomendamos a muchos puesto que… le decimos que es el síndrome de Burnout, ya que es una carga muy pesada para ellos.

- ¿Pero terminarían rápido?

- Sí… pero muy cansados y con un vacío en sus vidas, si no saben cómo continuar más adelante. – Comento. – De que sirve adelantar un proceso, si no tienes aun el lugar a donde quieres ir.

- ¿Te refieres a planes de trabajo? – Pregunto Isabella.

- Aparte. – Explicándole. – Cuando uno es adolescente apenas eligen la carrera, pasan la mitad de su vida estudiando esa carrera, conviviendo con el cuerpo estudiantil de la universidad en base a sus actividades culturales, recreativas, deportivas y sociales. Mientras no pierdan el enfoque de su carrera. También les da la oportunidad de abrirse más en las relaciones para buscar pareja, explorar su sexualidad y lo que muchos "dar su encuentro consigo mismo". Un viaje de autoexploración.

- Ah ya entiendo. – Dando una mordida a su banderilla. – Digamos que es disfrutar la vida estudiantil al máximo antes de meterte a la madurez extrema.

- Sí, en este caso si el alumno se adelanta en todo eso y sale de la universidad temprano. – Dando un suspiro y viendo a su hermano. – Sale frustrado sin haber disfrutado su vida estudiantil y yendo de lleno al trabajo que eligió. Pero a ¿Qué costo? Sacrificar amigos, una oportunidad de relación. – Dijo. – Si, suena exagerado y dices que lo repones, pero no será ya fácil de manejar, en su vida se encontrara con topes muy grandes otros… muy pequeños. – Viendo a Mabel. – Por eso no hay que adelantar las cosas, tú hermano no está mal, solo que a partir de aquí… bueno será algo estresante el traerte o salir contigo. Puesto que ya hay una prioridad mayor en tu familia.

- Ya veo… - Dijo Mabel al saber un poco más del comportamiento de su hermano mayor.

De repente el rubio apareció cayendo encima de la castaña menor provocando que fuera empujada a la mesa y embarrándose de puré de papa. Mientras el alfa se estiraba haciendo un drama de exageración.

- Me muero… me muero de calor. – Diciendo medio drama. – ¡Me derriiiiiito!

- ¡Bill! – Se quejó Will. – No seas un pesado con Mabel, que no ves que pesas gordo. ¡Bájate!

- ¿Así? – Girándose y atrapando a la chica en sus brazos. - ¿Yo peso?

- Sí… - Soltando una risa y frunciendo el ceño antes de ver que se alejaba cada vez que Tad se acercaba a su lado y hacia una mirada ladeada en el rostro. No le gustaba que Bill estuviera ignorándola. – Me manchaste de kétchup y puré. – Señalando su suéter rosa al alzar un poco y ver que traspaso a su blusa lila y su rostro.

- Lo siento linda. – Dando una lamida a su mejilla y apartándose rápidamente. – Listo.

- Mami el señor… está lamiéndola como Pato. – Señalo la pequeña.

- Sí, Esteé… es un puerco el señor Cipher. – Frunciendo el ceño la oji cían. – Un puerco marrano.

- Nenita, Bill ya es un cerdo. – Dijo Will. – Por eso actúa como uno.

- Te escuche. – Frunciendo el ceño el rubio. – No puedo limpiarle su cara, sin que mal piensen.

- No – Dijeron los tres incluido su novia.

- ¿Tú también Mabel?

- Me dejas tus babas. – Limpiándose con la servilleta, nuevamente Bill se apartó cuando vio a Tad acercarse más. – Yo… sabes. Voy al baño a retirar la mancha. Sí mi mamá la ve, me castigara hasta el año 2000.

La castaña se levantó de su asiento dejando al alfa rubio con una mirada de perrito regañado.

- ¿Creen que este molesta? – Dando miradas a los lados. – La he notado un poco distante y fría conmigo – Agachando la mirada. – Bueno en este día está un poco más alejada, yo creo que mucho.

- Bueno… la recibiste en tú casa como una extraña, has estado tomándole fotos a Melissa y a Tad, y por si fuera poco te tiraste encima de ella y… llevas más de media hora tratándola como invitada ajena. – Comento Will. – No es habitual verte ignorándola, por lo general estás pegado a ella como sanguijuela o quieres de su atención.

- Sabes que Tad y Melissa están aquí. – Dando miradas a su primo y su esposa. – Ellos no lo saben aún y no creo que sea el momento adecuado.

- Y tú sabes como una Omega se siente rechazada de afecto, si su alfa actúa como un idiota y distante durante una fiesta.

- ¿Así? – Pregunto ambos alfas.

- Will… no me hagas golpearte con un látigo.

- Supongo que… aún no sé cómo lo tomara Tad. – Dijo Bill. – Tiene la ligera sospecha pero… aun no me ve como un buen prospecto de buen novio para Mabel. Ya sabes cómo es él, tiene más educación de aquel vejete que de nuestra madre.

- Entonces deberías hablar con él primero. – Dijo Will. – Ya casi todos aceptamos que sales con Mabel, y más si es tu destinataria. Separarlos seria el suicidio en ambos, aparte de que están enamorados.

- No es tan fácil.

- Bill… si no lo haces ahora, cuando vayamos a la mansión a enfrentar a nuestro padre. será más difícil y necesitamos a Tad de nuestro lado. – Menciono. – Es nuestro primo. Alguien cercano a la familia Strange. Él entendía más a nuestra mamá y podría ser la persona que ponga fin a sus amenazas y nos deje a Phill y a mí en paz, y tal vez a ustedes.

- De acuerdo… hablare con él.

- Y discúlpate con Mabel. – Dijo Isabella. – Debe estar llorando, ya que tu actuaste muy tonto al hacer una broma después de ignorarla en lo que va de la fiesta.

- ¡¿Mabel está llorando?! – Se levantó de inmediato de su asiento. – Debo ir a verla.

Will vio a su hermano entrar a la casa antes de darle una mirada a Isabella que estaba con una sonrisita de complicidad.

- Eres una diablilla traviesa.

- Alguien debe darle de vez en cuando un empujón a ese idiota oxigenado. – Comento la castaña. – Como tú que debes de… - Tomando su rostro y dando un beso en sus labios. – Tratarme más como tú esposa querido.

- Isa… - ruborizándose.

- Mamí besaste otra vez al señor morita. – Soltando una risita la pequeña. - ¿Te quieres casar con él?

- Sí – Sonando firme la chica. – Pero el señor morita es tan lento de traerme el anillo compromiso. Dime Estée… ¿No te gustaría que fuera tu papi?

- Señor morita – Tirando de su camisa. – Ya dele el anillo. – Sonriendo la niña. – Quiero que seas mi papá.

- Deseas esto… querida Estée – Tomando sus manitas. – Prometo ser un buen padre para ti y tú mami.

- Entonces… - Sonrojándose de sus mejillas. – ¿Puedo… decirte papi?

- Sí.

- ¡Ay! ¡Eres tan linda! - Dijo la castaña abrazando a su hija.

Tad se encontraba conversando con Phill hasta que noto que su primo Will era muy cercano a la niña y la mamá que habían invitado.

- No crees que Will está siendo muy paternal con esa niña. – Dando un mordisco al pastel. – Entiendo que es un Beta y eso… pero ellos no les gana ese afecto, como a nosotros. – Soltando una risa llena de cinismo. – Es más propio de un Alfa como Bill o tú. Para él sería bueno, buscar una pareja que sea compatible con él.

- ¿Enserio es broma? – Dando una mirada incrédula a lo que dijo su primo. – Tad Vamos es normal, independientemente sea un Alfa, Beta u Omega, de todos modos es su hija.

- ¡¿Qué?! – Tosió con fuerza atragantándose con un pedazo de pan. - ¡¿Hija?! ¿En qué momento?

- Upss… - Soltando una risa nerviosa dándose cuenta de que soltó la información antes de tiempo. - ¿Will no te lo dijo? Sobre… ¿ella? – Señalando con el tenedor a la pequeña.

- ¿En qué momento sucedió esto? – Frunciendo el ceño. – Y dices que es su hija, pero si a esa niña le calculo 3 años de edad.

- A lo mucho que se de esa pequeña… tiene unos dos años y tres meses cumplidos. – Sonando positivo en su voz. – ¡Vamos Tad! No te hagas el sorprendido, no somos quien digamos conservadores. – Viendo a su hermano menor llevándose bien con la niña. – Will también se sorprendió al enterarse de que tenía una hija oculta en el otro lado del mundo. Y por si no lo has notado… quiere acercarse un poco más a su hija, aunque cuesta trabajo formar una relación. – Barriendo el merengue. – No todos los hijos de omegas que crecieron alejados de su padre, forman un lazo paternal. Algunos casi lo rechazan. – Recordando a su hermano Bill.

- Ahora que lo dices – Llevándose una mano a su barbilla para frotarla y lanzar un sonido de meditación. - A esa mujer solo la vi una vez en la residencia de tú padre, el día que nos reuniste a todos para el compromiso con tú esposa Wendy. – Dijo. – Sí, único evento en la que te salve el pellejo y la de tus hermanos. Después de ahí, se cortó los lazos de visitas... hasta que Bill se reunió de nuevo con nosotros y quiso participar cuando nació tu primer cachorro.

- Y sabes que te agradezco todavía y eternamente… que hayas defendido nuestra relación y evitaras que mi padre lastimara a Wendy. – Viendo al peli malva. – Pero… durante esa reunión… yo no sabía que había otros planes de mi padre para arruinarle la vida a mis hermanos.

- Explícate. – oblicuando una ceja y una mirada interrogatorio al pelirrojo.

Atrajo a Tad a una caminata por el jardín alejándolo de la conversación que tendrían, no quería que ninguno de los presentes se enterara o se involucrada de manera súbita.

- Esa chica se llama Isabella Mary Gleeful, pertenece a la familia Gleeful. No sabes que ellos son conocidos en la sociedad alta por ser una familia.

- Llena de engaños y mentiras. – Comento Tad. – Estoy al tanto de ellos, pero los Gleeful obtienen su fortuna por medio del negocio de la telepatía y por digamos tíos. Por lo que no lo veo una familia mala, tienen buena reputación.

- Bueno primo, actualmente Isabella está bajo protección de Will. – Dando una mirada rápida a la Omega. – Ella era una de las estudiantes de William, cuando la joven iba a primer año de universidad se imprimo a Will, aunque él todavía no era consciente de sus sentimientos en ese momento. – Comento Phill a su primo quien mantenía su porte calmado. – Agosto de 1983 ellos empezaron a salir en secreto y con discreción lejos de la mirada de los directores y nuestra familia.

- No fue en ese año que estaba apenas aplicando para la base de profesor, como Bill.

- Sí – Respondió. – Pero recuerda que Bill ni nos dirigía una palabra, siempre actuó distante con nosotros. Muchas veces decía que no éramos sus hermanos e incluso nos ignoraba.

- Cierto, también me lo aplico a mí. – Soltando una risa. – Aun sigue poniéndome seguros en esta casa.

- Bueno mientras yo salía con Wendy, no sabía que Will estaba de novio con esa chica. – Comento. – Al parecer el único que sabía era mi padre, puesto que nos estaba vigilando.

- ¿Qué el señor Karl Cipher?

- Yo tampoco lo sabía, pero lo mucho que he sabido por parte de la… chica y su hermano gemelo Tyron Gleeful. – Soltando un suspiro. – Mi padre los investigo e incluso empezó a vigilarlos en secreto, para cuando fuera el día que abordara a la chica y le pidiera que se alejara de Will con una amenaza de muerte – Dando una mirada rápida a su hermano. – Mira no quiero enredarte mucho, soy malo para el orden de las cosas y dar información, solo sé que el día de mi compromiso con Wendy invite a mis hermanos y claro, les di permiso de traer a alguien a la residencia.

- Que por cierto, tú padre no estaba contento de ver a Bill presente en la mansión.

- Lo sé. – Dijo un poco abrumado en el asunto. – Sé que Bill la pasó mal ese día, fue discriminado, mi padre no dejaba de decirle bastardo e incluso le aventó un plato a la cabeza y una botella de vino mientras lo pisoteaba y lo degradaba.

- Ella y Wendy lo vieron… algo no tan agradable y cruel, violencia en la familia. – Comento Phill. – Y fui muy cobarde no haberlo defendido en ese momento. – Dando una mirada a Tad. – Pero tú lo ayudaste, enfrentaste a mi padre e impediste que también rompiera relación con Wendy. Sí no hubieras estado ese día… creo que seguiríamos disueltos. Aunque… con más problemas.

- Parece ser que tú padre busco otra forma de entretenerse y seguir molestando a tus hermanos. – Viendo a la pareja de Will e Isabella. – También tú hermano no me dijo que era su novia, solo me dijo que era amiga suya… ¡Dios! ustedes son unos completos idiotas en presentar a sus Omegas.

- Bueno pues ahora la pareja de Will esta problemas. – Comento Phill. – Cuando mi padre la abordo en la cena de compromiso, parece ser que amenazo en matar a su hermano y a su novia. También en lastimar a mi hermano, dijo que le haría lo mismo que le hizo a Bill. Razón por la cual dejo a Will y rompió todo lazo con él, incluso ocultando su embarazo e identidad.

- ¿Y que hace aquí? – Dando una mirada seria al pelirrojo. – Sí está en peligro, no debería estar alejada de William.

- Parece ser que él viejo la encontró recientemente y la hizo venir a la fuerza a Piedmont, posiblemente… a lo que me dijo Will por parte de ella, es que quiere a la niña.

- ¿Su hija?

- Es como mis hijos. – Viendo a sus dos pequeños andar cerca de su mamá. – Creas o no, tienen parte de la herencia de mi madre, entran en el testamento que nos dejó a mí y a mis hermanos. Parte de la mansión, sus bienes y fortuna también son de ella. – Menciono. – Se dice que son bienes separados, pero compartidos aun con el conyuge.

- Sí. – Dijo Tad sabiendo un poco del tema. – Sí no mal recuerdo tus padres se divorciaron 3 años después de su boda, pero continuaron juntos casi como unión libre, lo hacen para proteger los bienes que van adquiriendo. – Comento. – Tú padre lo hizo para evitar que su familia no se quedara sin nada si algo llegara a pasar dentro de su compañía o falleciera en su momento. Así también es una forma de no generar impuestos e incluso evitar hipotecas cuidando siempre de los bienes que junto su pareja.

- A lo mucho que sé, yo soy heredo principal por el momento por parte de mi padre.

- Es porque tienes más gen de tu padre y linaje, incluso heredaste su cabello y el color de sus ojos. – Soltando una risa. – Lastima te toco la viva imagen de Karl.

- Y eso lo odio, porque fue la razón por la que Bill se distancio de mí y de Will. – Menciono molesto. – No sabes cómo odio que mi padre indague en nuestros asuntos.

- Phill… ¿Qué quieres? – Viendo al pelirrojo. – Que vaya y hable con Karl, lo primero que hará es intentar echarme y por lo mucho ira tras de ustedes.

- Will convocó una reunión en la residencia, pidió hablar con mi padre… Wendy y yo iremos de apoyo, también que deje de amenazar a Isabella.

- Sabes que tú padre no aprueba ninguna relación que tenga William con alguien. – Comento. – Que sea dé su nivel. Tú sabes que Will es un Beta, y los Betas bueno no tienen dominancia.

- Sí, y ahí entraras tú, porque Tad te queremos de nuestro lado.

- ¿Sabes lo que implicara el apoyarte en esto? – Comento. – Pero seguros que ¿quieren romper el testamento de su padre y madre?

- ¡Dinero! Enserio no queremos nada de él, y si perdemos lo de mi madre ¡lo perdimos! ¡y listo! – Respondió exaltado un poco de su voz antes de callarse nuevamente y continuar. – Will, yo y Bill estamos de acuerdo en esto. ¡Cortar lazos! No queremos que se acerque.

- ¿Bill también? – Dando una ceja levantada llena de intriga. – Bill quiere participar… ¿Por qué? Si ya tuvo mucho daño del viejo Karl. Incluso le dejo ceguera parcialmente completa.

- Porque… él será el siguiente en la mira, ya sabes en querer arruinarle su vida, estará en problemas cuando se resuelva esto.

- ¿Bill con problemas? – Soltando una risa. – Vamos Bill quiso emanciparse y abandonar la mansión a los 14 años. Si no mal recuerdo ya no quiso saber nada de su padre, es más incluso lo aborrece y prefirió que lo dejara en paz, por eso procedió a alejarse de la familia.

- Sí, pero para el viejo buscara desquitarse con él de una forma u otra. No dejara a Bill en paz puesto que él ha estado en contacto con nosotros. – Comento dando una mirada insegura a Tad de contarle el secreto. – Tad – Le llamo por su nombre de forma difícil y arrastrada. – Veras hay otro asunto por el cual no hemos hablado con mi padre aun. Y tiene que ver con Bill. Pero es algo delicado el tema y muy frágil.

- ¿Y cuál es ese asunto? – Hablo intrigado viendo al pelirrojo fruncir el ceño y morderse el labio. – ¡Vamos Phill! ¿Qué asunto es? ¿Qué tan delicado puede considerarse tabú en la familia?

- Necesito que hables con Bill a solas y en privado. – Metiendo las manos al bolsillo. – Creo que su yo lo digo meteré más la pata y no me entenderás ni lo que diga.

- ¿Tan grave es? – Bajo un momento la mirada y dio una mirada a su esposa. – Algo que no puede saber Melissa o Wendy.

- En realidad no mucho… creo. – Dijo. – Wendy lo sabe… pero prometió no decirlo hasta que Bill, haya hablado contigo.

Phill estaba sudando un poco de la preocupación puesto que vio a Tad deja el plato de pastel y acomodarse sus guantes de piel y parte de su corbata. Sabía que esa postura y esa expresión afligida y frívola de su rostro expresaba en ese momento la enorme seriedad que tenía al asunto, y que fácilmente podría estallar en segundos si no conseguía las respuestas inmediatamente. Solo en su pensamiento se reprimió mentalmente decirse la palabra "Mierda, ya metí la pata" era claro que después de esto sus hermanos lo iban a matar.

- ¿Dónde está Bill? – Buscándolo con la mirada.

- Tad de preferencia habla con él, después de la reunión. – Respondió como sugerencia. – Aun tenemos una fiesta y es el cumpleaños de Melissa.

- No, yo creo que debo hablar con mi primo. – Frunciendo el ceño antes de dar otra mirada al jardín y ver que no estaba Mabel Pines en el lugar. – Inmediatamente, debo hablar con él.

- Tad.

- Algo me oculta otra vez mi primo y se cuándo me oculta cosas importantes o peor graves. – Respondió. – Tal vez no le ayude en el hospital porque no me dijo nada, pero puedo saber que tiene y quiero evitar que esto se agrave.

- Pero espera un poco – Dijo Phill tomando del traje al de cabello malva.

- No Phill, y suelta el traje o juro que tú cabeza rodada sobre el pavimento.

══════ •『 』• ══════

En el cuarto de baño la joven castaña se retiró el suéter de lana, busco entre los gabinetes del lavabo una barra de jabón. Empezó a mojar la tela y restregar una parte antes tomar la barra y limpiar la mancha de kétchup y puré de papa. En su piel aún se veía la cicatriz de su marca de pertenencia que le hizo el alfa y algunos leves puntos rojizos de ruptura de pigmento en su piel que se mostraba en su escote y parte del costado de su axila derecha.

Estaba concentrada fregando la tela contra sus puños que perdió un momento la fuerza en sus manos y parte de su cuerpo, tuvo que agarrarse de la orilla del lavamanos y cerrar los ojos.

- Pero… ¿Qué? – Sentía la sensación de devolver el estómago. Cerrando la llave del agua camino hasta el retrete y levanto la tapa antes de soltar y vomitar lo que había ingerido.

Un sabor amargo le hizo regurgitar nuevamente ante una nueva arcada y vomito otra parte de los alimentos. Las lágrimas picaban en sus ojos y el dolor de su garganta se hizo presente por el esfuerzo. Ella sabía que tendía ser nerviosa en situaciones de estrés, y ver a Tad Strange el amigo de su papá tres veces en el mismo mes le estaba generando ansiedad.

Primera porque Bill la estaba tratando como una invitada sin prestarle atención por completo o de momentos intentaba aparentar que quería ser buena pareja, aunque entendía muy bien que no sabría cómo lo tomaría Tad.

- Qué asco… - Dijo ella temblando de su cuerpo, bajo la palanca del baño y se dirigió a lavarse la boca. – Perdón señor Bill – Se disculpó previamente al tomar uno de los artículos de higiene del rubio. Busco en un botiquín un cepillo de dientes extra, hasta que encontró al fondo de los medicamentos supresores, una prueba.

Tomo la prueba y leyó lo que decía parte del instructivo. Mabel jugaba entre sus manos el cartucho y sintió sus mejillas calentarse de la emoción. En todo el tiempo que permaneció con Bill no se había atrevido a buscar una prueba de embarazo.

- No creo que venga nadie… - Dijo la pequeña adolescente viendo el cartucho y dejándolo en el lavabo. – No, no debo hacerlo… dice Bill que no debo atraer algo si no hemos resulto algo primero. – Tomo el dentífrico y decidió lavarse los dientes.

Siguió cepillando sus dientes y viendo de momentos de reojo el cartucho, tomo agua y escupió la pasta. Hasta que quiso agarrarlo entre sus manos el cartucho y terminar de leer el instructivo.

- ¡Solo es una prueba! – Hablo nerviosa y en alto. – Se lo pagare después…

Rompió el sello de seguridad sacando el cartucho y retiro la boquilla donde protegía el Test. Levanto la tapa de váter y se sentó esperando orinar el cartucho. Tuvo cuidado de no ensuciarse y cerrar la boquilla de la prueba. Espero el tiempo en que se reflejara la marca, solo tardaría unos 15 minutos.

- Vamos no es tanto tiempo… - Fue cortada de su propia conversación al escuchar la puerta tocarse.

- Mabel, ¿Estás ahí? – Tocando la puerta. - ¿Mabel?

- Mierda… - Tomo el cartucho y lo escondió entre un mueble de toallas. – Ehmm… si estoy aquí. – Abriendo la llave del agua para tomar su suéter y sacudir dentro de la ducha las gotas de agua. – Estoy terminando de limpiar la mancha, no entres estoy desnuda.

Escucho la puerta abrirse de forma rápidamente y entrar el alfa rubio viendo a la joven con las mejillas rojas en su rostro y con vestimenta a excepción del suéter.

- Mabel, ya te he visto desnuda. – Frunciendo el ceño. - ¿Qué haces?

- Estoy limpiando la mancha.

- Vamos solo lo vas a extender de esa manera. – Acercándose a quitarle el suéter y ver la mancha de un color crema pastosa. – Sabes que tengo detergente abajo en el sótano, no quisiera que esta prenda se perjudique por condimentos.

- Sí, pero no quise incomodarte.

- ¿Incomodarme? – Inclinándose. – Vamos pequeña no lo harías, recuerda que también Mabel es bienvenida y es su hogar. – Dándole a la chica una sonrisa suave de sus labios. Lanzo la mirada viendo el cuerpo de la joven cubierto de puntos rojizos. – Parece piquetes de mosquito todo tu cuerpo.

- Claro, el mosquito se llama Bill. – Frunciendo el entre cejo y cruzándose de brazos. – No puede verme Tad así, Bill. Necesito que se seque ese suéter lo más rápido posible.

- No creo que se pueda, querida – Respondió Bill quitándole el suéter de sus manos. – Deberías tranquilizarte estas en mi casa y no hay problema con llevar mi ropa.

- Ven te voy a dar una camisa de las mías. – Tomando su mano con delicadeza.

- ¡No Bill! – Retirando su mano bruscamente.

- Mabel.

- Lo siento… pero… - Sintiendo su mirada humedecerse y la sensación de dolor de cabeza. El estrés la estaba carcomiendo a cierto punto que sentía las lágrimas al borde de sus ojos. – Lo siento sé que me dijiste que tuviera cuidado en las palabras y más porque es Tad y Melissa los que están aquí, solo que…

- No – Se arrodillo acercándose y abrazando con fuerza a la menor, sintiendo las lágrimas salir de su orbe. – Yo soy el que debería pedirte perdón. – Soltando un gemido lleno de angustia y tristeza. – Sabia que esto sucedería Mabel, lo siento, lo siento mucho… no mereces este trato, no eres alguien ajeno en mi vida.

- Bill – Correspondió a su abrazo sintiendo al rubio temblar completamente del cuerpo.

- No me he dado cuenta que te has sentido de esa manera; rechazada y oculta. Yo solo trataba que Tad me diera tiempo de explicarle de lo nuestro. Pero solo sigo empeorando esta situación.

- Bill no llores. – Dando un beso en su frente, emano su aroma calmante para tranquilizarlo sintiendo sus músculos relajarse un poco. – Sé que él lo entenderá, si ambos hablamos con él.

- Mabel, no me gusta hacerte esto. – Acariciando su cabello en un movimiento cafuné y suave. – Sabes que me gusta estar contigo, estar tomado de tu mano y que estés a mi lado. Escuchar tu voz y que me des esas sonrisas solo para mí. Pero este trato es muy cruel, estas sufriendo mucho el mantenerlo oculto. – Soltando un suspiro pesado. – Mabel perdóname… sé que estas estresada y llena de preocupaciones al punto que tu cuerpo… - Viendo a la chica cubrirse sus labios. - ¿Cuánto tiempo llevas con malestar?

- Solo dos semanas… pero he intentado el no pensarlo mucho. – Abrazándose a sí misma. – Estaré bien, Bill.

- ¡Demonios! – Se molestó por ser poco precavido en los sentimientos de su pareja. - Creo que solo sigo haciéndote daño y solo soy un maldito posesivo, alguien que te priva de tener una relación sana. Solo un Alfa que abuso de la inocencia de una chica como tú, Mabel lo siento…

- ¡Oye! – Sujetando su rostro y dando un golpe fuerte en ambos cachetes. – ¡Ya fue suficiente! ¡Mírame Bill!

- Mabel… - Abriendo su orbe.

- ¡Eres un idiota tuerto pervertido! – Le hablo alto y claro. – Hay cosas que no puedo perdonarte. – Continúo en su explicación. – Oye no soy tan pequeña, deja de tratarme como si fuera tan frágil para saber ciertos asuntos. Es cierto… eres muy tonto para darte cuenta que no me gusta que me ignores y me trates como una persona ajena estando Tad cerca. ¡Claro que me molestare mucho! ¡Soy tu novia! – Dando otro golpecito en su rostro. – Eres imprudente cuando me besas, no sabes dónde hacerlo o cuando me agarras de sorpresa, haces que mi corazón lata como loca enamorada. También… - Tomando las solapas de su camisa de vestir con fuerza. – Yo también… me preocupo y me pongo triste… sí Bill llora, yo me pongo muy mal. Porque solo hace que piense… que no puedo permanecer o caminar tranquilamente a tu lado. – Soltando unas lágrimas de sus ojos avellanados. – Bill… en realidad me gustas mucho, te amo demasiado. – Levanto el rostro dando una mirada enojada. – Pero si sigues diciendo eso… yo me alejare… me terminaras apartando y me iré de tu lado para siem…

Fue interrumpida por unos labios callando su voz en la oración y sintiendo aquel beso deseado y anhelado. Sus manos aflojaron su agarre y fueron sujetadas por las del mayor, apretando suavemente y acariciando el dorso con ternura. Mabel cerró sus ojos dejándose llevar por aquel cálido beso sintiendo sus lágrimas correrse y sus mejillas calentarse.

- Mabel… - Musito suavemente el alfa con su mirada entrecerrada. – No dejare que te alejes de mí. – Besando sus labios sentía a la joven adolescente caer rendida en sus brazos. – Perdóname pequeña, sabes que deseo estar contigo y no apartarme de tu lado. Perdóname por tenerte conmigo y por no querer que te vayas de mi lado, ya que… tú eres mi destinataria.

- Dejaras de estar afligido… ¿evitaras ignorarme? – Pegando su rostro en su hombro izquierdo.

- Sí… - Abrazando a la chica. – Sí es de hablar con Tad de esto, será mejor que se lo diga necesita saberlo.

- Sí – Correspondiendo su abrazo.

- Ahora… - Dando una caricia sobre su espalda. – Debemos buscarte una camisa para que no andes así.

- Sabes algo – Mostrando una mirada picara e inocente.

- Me gusta la marca. – Mostrando su cuello al rubio. – Me hace sentir digamos feliz jeje.

- Sí, quiero que la muestres – Sonriendo el rubio de ver su marca de lazo en ella. había cicatrizado dejando varias finas líneas pequeñas donde encajo sus colmillos y dientes. – Pero espera un poco, aún es pronto.

- Bill.

- ¿Sí, qué sucede? – Viendo a su novia un poco nerviosa y las mejillas sonrojadas.

- Yo… quiero decirte – Se acercó al mueble de toallas buscando la prueba. – Tome unas cosas del botiquín. Tenía curiosidad de ver algo… - Soltando una risita. – Pero sabes… quería darte algo, tal vez sea algo muy interesante y te guste.

- ¿Qué me ocultas? ¿una sorpresa? – Su voz sonaba emocionado de que su novia le tuviera un regalo. - ¿Qué es?

- No lo sé… apenas iba a ver. – Se hinco buscando en el mueble el cartucho. - ¿Dónde lo deje?

- ¿Ibas a ver? – Colocando una expresión confusa. - ¿Qué ibas a ver Mabel?

- Veras yo tome de tu botiquín una prueba… - Una voz alta y enfurecida se escuchaba por fuera del baño.

- ¡BILL! ¡¿DÓNDE ESTÁS?!

- ¿Ese es Tad? – Dijo Mabel sintiendo su piel erizarse y colocar una expresión preocupada. – Suena a cuando me regañaba por sacar baja nota en Geografía.

- ¿Qué? – Dijo Bill con una voz nerviosa, sintiendo su sangre helarse. – Sí suena más enfurecido de lo normal. Esa es su voz cuando sabe que le he mentido.

- ¿Cuántas cosas le ocultaste?

- Unos diez o quince secretitos.

- ¡¿Secretitos?!

Unos golpes se escucharon en el cuarto de baño antes de escuchar la voz serena y friolenta del alfa de cabello malva.

- Bill – Le llamo Tad. – Sí estas ahí y tienes algo que decirme… - Tomando aire. – Sera mejor que lo digas temprano, antes de que lo descubra a la mala. – Buscando en su bolsillo una navaja pequeña. – Recuerda… soy bueno abriendo puertas y averiguando secretos ocultos.

El picaporte giro y se abrió la puerta revelando al rubio con una expresión molesta.

- No violes la puerta – Dándole la vista a su primo de la escena que tenían. – Es caro cambiar la chapa violada por un cuchillo.

- Así que… la señorita Pines está involucrada en el problema – Cruzándose de brazos. – ¡Ay Bill!, en que lío te metiste ahora.

- Podemos hablarlo en la habitación insonora. – Comento el rubio dando una mirada alrededor.

- ¿Vendrá ella? – Señalando a Mabel que caminaba delante de Bill mostrando su cuerpo, dándole apreciar la marca de pertenencia. – Creo que si vendrá con nosotros, veo que es serio el asunto.

- Yo también quiero decirle algo señor Strange. – Dijo Mabel con voz firme.

- Bien jovencita – Dándole una mirada amatista seria. – Porque tus padres van a querer saber sobre esto. – Apuntando con un dedo la marca en la menor. – ¿Y cómo es posible que mi primo no ande en la cárcel? Tras marcar a una jovencita de quince años a tan temprana edad de su adolescencia.

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Habían pasado alrededor de 40 minutos en que la pareja estaba hablando con el peli malva, entre explicando en el momento que se conocieron y como su relación fue desarrollándose poco a poco. Antes de llegar a la marca y su actual estatus en su situación. Tad estaba con un puño apretando en su torso y el brazo flexionado dando soporte a su barbilla colocando pose de pensador. Su forma de explicar de ambos lo confundía y le hacía botar una venita de momentos. El peli malva solo soltó un bufido exhausto y llevo sus dedos índice y pulgar al puente de su nariz, frotando con inquietud como si fuera una forma de calmarse.

- Solo quiero saber una cosa – Deteniendo abruptamente la conversación de la pareja. – Dicen que antes de las salidas y eso… ¿ustedes pasaron la noche en un motel? A las afueras de la ciudad de Piedmont, solo porque llovía fuerte y no podias conducir en carretera – Comento intentando calmarse. – Y por si fuera poco más para empeorar el asunto… Bill pidió un cuarto con dos camas separadas. – Dando una mirada inquisitoria al rubio y a la castaña. – Díganme ¿durmieron separados? Solo eso quiero saber.

- Tad – Hablo Bill molesto en picar en el asunto de esa noche. – Lo que paso en la noche fue…

- ¡Tuvimos sexo! – Respondió Mabel sonrojada de su rostro. – Yo se lo pedí… era mi primera vez... en tener sexo, y Bill dijo que no quería que mi primera vez fuera ahí. Solo nos tocamos esa noche… ¡y hubo besos! ¡montones de besos! – Apretando los nudillos en su regazo. – Quería verlo masturbarse… quería que me tocara. – Explico la menor teniendo la mirada de Bill contraída y con un semblante lleno de preocupación, casi escuchando sus pensamientos decir: "Hola, soy yo de nuevo Dios", pero continúo con la conversación. – Pero no impidió que durmiéramos juntos; fueron las primeras caricias y besos que nos dimos, también fue mi primera vez por detrás.

- ¿Detrás? – Pregunto Tad con el ceño fruncido. – ¿A qué te refieres por detrás?

- Trasero – Dijo ella. – Bill me penetro en el trasero.

- ¡Mabel! – Dijo Bill sonrojado y tapando su boca. – Sí dormimos juntos, pero no hay que ser explícitos.

- Fue una vez. – Derrumbándose el mayor. – Mi niña fue corrompida por una bestia como tú. Por tan solo una vez en un motel.

- Fueron un poco más – Dijo la menor retirando la mano del rubio. – Pero todo fue con protección y por detrás.

- Mabel no sigas – Dijo Bill ruborizado de las mejillas y sintiendo la ira de su primo apuntarlo hacia él, listo para mandarlo a su tumba. – Tad no merece saber eso.

- Bill… - Dando una mirada fulminante y asesina. – Te la llevaste antes del matrimonio y llevaste una relación muy profunda sin el permiso de sus padres. ¡¿En qué diablos estabas pensando?! – Levantándose bruscamente. – Encima lo disfrazas con visitas de cuidado y tutorías, ya se me hacía raro que de repente sintieras interés en la señorita Pines.

- ¡No siempre es sexo! – Dijo Bill.

- ¡Cierto! – Dijo la castaña. – Bill me ha enseñado tutorías, hemos aprendido a cocinar y ya no se le quema el huevo en la sartén. – Comento orgullosa la chica. – También me ha enseñado su estudio de fotografía, tiene muchas fotos de paisajes y la foto de su mamá es muy bonita.

- ¿Ella sabe de tú madre? – Sonando sorprendido Tad, puesto que era un tema Tabu en la familia Cipher.

- Merece saber de mi familia, si va ser mi pareja de por vida. – Frunciendo el ceño. – Esta en su derecho saber de mis padres y el por qué deje la casa a temprana edad.

- ¿Y ella hablado de sus padres? – Dándole una mirada interrogatorio a la menor. – Sabes de lo que su papá hará con ella al final de la graduación de la secundaria. Tienes una idea del problema que tendrá ella cuando su padre la aleje de ti.

- ¿Problema? ¿Qué hará mi padre después de mi graduación?

- ¿No lo sabes? Y vives en tu casa con tus padres, no sabes sus planes contigo.

- Tad – Hablo molesto levantándose de su asiento. – Charles Pines dijo que hablaría con su hija en privado.

- Bill, si ella esta imprimada contigo. Lo bueno es que deberías terminar esto o la vas a lastimar de más.

- ¿Bill? – Dando una mirada confusa al Alfa.

- Mabel, tú padre te quiere mandar a un internado lejos de casa. – Explico Tad. – Se supone que empezaras el internado en julio para que te vayas adaptando dentro del campus.

- Internado… ¡No! – Dijo molesta la castaña. – He cumplido bien en mis calificaciones, se supone que iría a la preparatoria Media Luna, junto a mis amigas… mis mejores amigas.

- Y claro que iras a esa escuela, si tan solo le dices a tu padre que tú y Cipher tienen una relación. – Explico Tad. – Mabel tienes quince años y para los Omegas como tú el tener 16 o 17 años se vuelven adultos de sus decisiones y están de acuerdo con los términos que implica tener pareja o trabajo.

- Sí… - Agachando la mirada.

- Sabes que ya no hay tanta discriminación en los Omegas en conseguir empleo como era en el año de 1920. Al igual que unirse en un matrimonio o comprometerse.

- ¿A qué quieres llegar Tad? – Viendo a su primo aplicar presión en su novia.

- Solo quiero ver si Mabel está unida a ti o solo es un mero enamoramiento caprichoso de una adolescente.

- Tad, no hagas esto – Le dedico una mirada furiosa a su primo.

- Una Omega sabe a qué me refiero.

Mabel se levantó furiosa y se acercó al Alfa mayor de cabello malva, su cuerpo temblaba pero se mantenía firme y llena de valentía en dar una muestra de que amaba a Bill.

- Mabel no lo hagas – Alzo su voz el rubio en medio de orden.

La joven adolescente sentía estremecerse y tratar de evitar esa orden, aunque odiara esa palpitación en su cuerpo.

- Mabel es muy serio en lo que te estas metiendo. – Aclaro Tad. – Tú padre me pidió que te cuidara, hasta que fueras firme de tener decisiones y poder llevar una relación estable con un alfa. – Dando una mirada desaprobatoria a Bill. – Claro que esperaba un alfa de tu edad.

- Mi papá, mi mamá siempre me han cuidado al igual que mi hermano mayor Mason. – Apretando el puño. – La decisión que tome no me importara si salga lastimada. – Se quedó enfrente de Tad sujetando una parte de su blusa. – Pero yo… ¡AMO AL SEÑOR BILL! – le respondió con energía en su voz y revelando la marca de pertenencia. – Yo amo a Bill… ¡Quiero estar a su lado! – Las lágrimas caían libremente por sus mejillas rosadas. – Mi madre me enseño todo… cuando encontrara a mi destinatario, sabría quien seria y como reaccionaria.

- Mabel… - Viendo la marca de la pequeña.

- Señor Tad… usted no sabe lo que sucede cuando no veo a Bill. – Abrazándose a sí misma. – Mis amigas me han advertido que siempre ha sido un tabú o que es malo enamorarse de un alfa mayor. Es raro en la sociedad ver parejas de Omegas y Alfas que se consideran Manther. – Se detuvo un momento mordiendo levemente su labio de frustración. – Se lo que dirá… soy joven y mi imprimación fue temprana, pero quiero decirle… - Levanto la mirada viendo el semblante serio de Tad. – Que si hubiera podido olvidarlo, si tan solo no pensara en él, si no me doliera el estar separada de Bill, si tan solo no escuchara su voz o dejara de amarme.

- No sé qué fue lo que hizo o porque me gusta tanto el señor Cipher – Soltando una risa nerviosa entre lágrimas. – Solo sé qué es mi Alfa, y mi corazón no para de latir cada segundo que estoy a su lado.

Tad se inclinó levemente examinando la cicatriz y posando un dedo para presionar en la herida, consiguiendo un quejido de la menor.

- ¡Mabel! – El rubio abrazo con fuerza a la menor intentando protegerla de Tad, antes de sentir su cuerpo temblar. – Tad… se lo que piensas, que esto es una locura… que perdí la razón y el juicio y termine arrastrando conmigo una Omega menor a un consentimiento fuera del permiso de sus padres y tutor. – Levantando la mirada. – Sabes como soy y me conoces Strange, sabes que no haría esto y la dejaría fuera del asunto.

- Te conozco Bill – Respondió Tad mirando a la pareja. – Y a Mabel también, pero quiero saber una cosa más.

Dando una mirada fija al rubio frunció el ceño antes de preguntarle nuevamente.

- Bill… ¿La amas? – Viendo el agarre protector que ejercía el rubio sobre la castaña, casi cuidando de no lastimarla ni ejercer presión en su piel. – Estarías dispuesto a reclamar su mano, pelear por ella y enfrentarte a la familia Pines.

- Tad… - Embozo una sonrisa Bill.

Bill se inclinó levemente abrazando suavemente de la cintura y tomando de la mano a Mabel, mostrando sus anillos. Una sonrisa sincera y llena de confianza brindaba el rubio al tener cerca de su prometida. Fue en ese momento que Tad Strange comprendió los sentimientos de su primo.

- No sabes la felicidad que me abruma al tener cerca a esta dama, cuando me recibe en casa y me responde con un; "bienvenido a casa" en el recibidor de mi oficina o en mi hogar. – Dándole una mirada cálida y lleno de amor especial a la adolescente. – La señorita Pines tiene mi vida sosteniendo en sus manos, ella es mi luz y mi estrella resplandeciente en el cielo. – Aclaro soltando una risa nerviosa al igual que ella, no pudo evitar que su orbe derramara unas lágrimas saladas. - Mira lo cursi que me has convertido pequeña, si esto no es amor entonces soy un loco sin motivo alguno que perdió el juicio de su mente. – Besando la mano de la chica. – Solo quiero seguir vivo sólo para decirle a ella siempre, cada segundo de su vida que la amo, y la amare por el resto de mis días.

- Señor Bill – Sonriendo tiernamente al rubio. – Yo siempre lo amare mucho.

- Dios paren sus… ¡Uhg! – Sosteniéndose sobre la cómoda de la habitación. – Esta bien entendí, ya entendí pero paren de hacer eso… sus aromas son muy fuertes.

- Eras tú el que quería una prueba.

- L-Lo siento señor Tad – Tartamudeo levemente avergonzada de emitir su aroma.

- Tranquila – Aclaro el peli malva antes de cambiar su expresión a una despreocupada. – Viendo que ya se de este asunto grave. Ya sé cómo encarar a tu padre Bill, para evitar que dañe en algún futuro a Mabel. – comento. – No olvidemos que sigues dentro del testamento de tú madre.

- ¡Al diablo con el testamento! – Gruño molesto. - ¡No quiero nada! ¡Ni la parte del dinero, ni la mansión! Solo quiero estar con ella.

- Cálmate Bill – Sonando profundo. – Enfría esa maldita cabeza que tienes y solo por una vez piensa con claridad, antes de emanciparte completamente de tu familia. – Dándole un golpe en la frente al rubio. – Cortar lazos con tu padre no es sencillo aun teniendo la edad legal, puede que Karl te tenga resentimiento y odio por tener las características del amante de tú madre. Pero Karl siempre fue protector de los genes Cipher y tu llevas algo característico de él.

- Lo vi cuando trato de poner un pie en el hospital e intento llevarse el primer hijo de Phill y Wendy.

- Su testamento especifica que su fortuna solo pasaría a los herederos de la familia Cipher, los primogénitos que tenga sus hijos.

- Kvothe el hijo de Phill.

- Y la niña… que apenas conocí.

- La hija de Will. – Frunciendo el ceño el rubio.

- Sí, aparte si en un futuro la señorita Pines, llegara a concebir un cachorro tuyo. – Soltando un suspiro. – Hará lo posible para arrebatarlo o en los peores de los casos… eliminarlo.

- ¿Qué? – Mabel se sorprendió ante la situación.

- Eso no pasara, porque ese maldito estará lejos de ella.

- Y eso evitaremos. – Aclaro Tad. – Pero antes de darle una fuerte discusión a Karl. Creo que primero debemos dar una explicación a las personas más cercanas de la señorita Pines.

- ¿Explicación? – Pregunto la castaña sin entender a que se refería.

- Señorita Mabel… ¿Qué tanto saben tus papás de esta relación? solo digo para que te dejen venir sola sin chaperón y estar tan cerca de Bill. – Colocando una sonrisa traviesa. - ¿Qué tanto habrán hecho ustedes dos solos y sin supervisión?

- ¡¿Ehh…?! – Se ruborizo de la vergüenza al darse cuenta a que se refería Tad.

- ¡Oye! – Apretando un puño. – No ibas a indagar en ese asunto.

- Bill, es claro que Mabel no es señorita. – Entrecerrando la mirada. – Y tiene una marca muy especial en el cuello, que por cierto aun le duele cuando es tocada en esa zona. Debe ser reciente la mordida de remarques que tuvo.

- Solo la reforcé.

- Claro, ¿y sin apararse? – Cruzándose de brazos. – Yo hago esas mordidas a Melissa y sabes que son especiales por que refuerzan lazos. Los hacen más sensibles y evitan que el celo de ella sea fuerte la próxima vez.

- ¿Y qué andas de mitotero? Solo ayudaras o no.

- Por supuesto, solo una cosa. – Dando una mirada entrecerrada al rubio. – Déjala respirar un poco y no dejes marcas que obliguen a la señorita Pines, usar suéteres que generen calor.

Mabel estaba tan roja como una amapola que había olvidado todo de esa noche, e incluso que Bill reforzó la marca cuando estaban en la oficina de este. Aunque algo tenía razón Tad, su familia no sabía que salía con Bill, solo deducían y decían bromas imposibles de creer.

- ¿Puedo decir algo? – Levanto la mano la joven.

- Mamá tiene una idea de quien es mi alfa – Hablo la chica soltando una declaración a ambos. – No hace falta que diga que es Bill, cuando ha visto las flores que me regala todos los días.

- ¿Flores? – Dando una mirada amenazadora al rubio. - ¿Le envías flores todos los días? No puedes ser más estúpido.

- Una dama debe recibir flores, y a Mabel le gusta mucho las flores.

- ¡Claro! Mas si es una chica de quince que las recibe de un sujeto que le dobla 12 años de su edad.

- Su padre también lo sabe, tiene una idea que ando detrás de ella. – Soltó Bill su declaración con una ira tras los regaños de Tad. – Aunque Charles lanza esas miradas y esa voz amenazadora conmigo.

- ¿Hablaste con mi papá? – Pregunto Mabel.

- ¿Su padre sabe tus intenciones?

- ¡Sí! – Sonrojándose el mayor. – Aunque no le dije muy bien mis intenciones con su hija, Pero sabe que tengo interés.

- ¡Demonios Bill! – Llevándose una mano al puente de la nariz para sobar lentamente. – Encima eres muy idiota para hablarlo.

- Me abordo después del baile que tuvieron en la secundaria de Mabel.

- Bueno… veo que para arreglar esto, primero hay que ver a los Pines.

- Pero… - Sonando preocupada.

- Mabel… si quieres seguir viendo a Bill, debes hablarlo con tus padres. – Comento. – Todavía eres menor de edad en tomar decisiones, pero si el señor Pines sabe de esto… posiblemente le permita a Bill seguir viéndote e ir tranquilos en su relación, sin tener que ocultarlo todo en ambas familias. – Dando una mirada de halcón acusatorio al rubio. – Creo que es correcto que lo sepan.

- Melissa está en sus últimas semanas Tad, ¿quieres traer a tu primer cachorro tan rápido?

- Cierra el pico, Bill – Apretando un puño. –Tú eres el que menos debe opinar de la situación.

- ¿Tad estas molesto? – Pregunto la chica con preocupación.

- Molesto… - Se giró sobre sus talones encarando a la menor. – Sí, muy molesto señorita Pines, solo por el momento… pero no será mucho, Mabel.

Tad soltó otro suspiro grande antes de volver a calmarse y pensar con seriedad un plan. Era bastante obvio que su primo estaba en aprietos, antes de resolver la disputa en su familia.

- ¿Tienen… una fecha para hablarlo? – Pregunto hacia la pareja.

- Pensaba hablarlo con el señor Pines los últimos de agosto – Aclaro. – Antes de que cumpliera 16 años.

- Una fecha de casi mayoría. – Comento Tad. – Pero debo decirte primo, que si quieren tener éxito con tu padre. – Alisando su cabello hacia atrás. – Hay que resolver sobre su relación, evitando dejar cabos sueltos.

- Seria… - Temiendo lo peor.

- Charles no tendrá reunión los primeros de junio, el comité de la universidad tomara un receso antes de la finalización del semestre y la graduación de los superiores está casi cerca en mediados de junio. – Comento. – Seria perfecto una cena, así que Mabel – Dirigiéndose a la jovencita. - Has invita el señor Pines invite a Bill en tu dominio y tú – Señalando a Bill. – Habla con Charles y su familia y en el momento que sea oportuno, pide la mano de la señorita Mabel, como su novia.

- Es prometida – Dijo Bill.

- Sí, pero sin la autorización del señor Pines jaja… puede ser un crimen mi amigo. – Señalando los anillos. – Sera mejor que los guardes y no los muestres hasta que tengas permiso oficial de su padre.

El alfa vio el anillo suyo y el de Mabel, por una vez tenía razón su primo Tad Strange. Hasta no conseguir el permiso del señor Pines su relación seguiría siendo prohibida y mal vista ante los ojos de la sociedad. Tuvo suerte que en San Valentín no le llegara una orden de arresto por andar con ella en un baile de universidad, un evento únicamente para Alfas y Omegas adultos y unidos en lazo.

- Bill… - Viendo la castaña su anillo.

- Solo será por un momento, Estrella fugaz. – Retirando su anillo de su mano. – Prometo dártelo.

- Sí – Asintió dejando que su alfa se lo quitara.

- Mabel – Le llamo Tad.

- ¡S-Sí! – Sonando nerviosa.

- Oculta esa marca y… - Viendo su cuerpo. - ¿Has ido al hospital sobre tus chequeos?

- ¿Chequeos? – Pregunto Bill confundido.

- Mabel tiene que ir a psicología y revisión médica. – Comento Tad con una ceja levantada. – ¿Will no te lo dijo? Fue el tutor designado que Mabel dio, cuando fue el ataque de la estudiante Pyronica Areckva. – Dando una mirada a la castaña que mantenía la cabeza agachada de la vergüenza. – Mabel fue agredida por ella, pero no fue lo único que hizo. Al parecer Pyronica intento abusar de…

- ¡Detente! – Alzo la voz la castaña. – Sí he ido… estoy bien, lo juro estoy bien señor Tad.

- Mabel – Viendo a la chica cohibirse entre sus hombros. - Lo sabía, pero no me dijiste lo otro… - Se acercó a la menor con la mirada acuosa.

- Creo que sería bueno que ella te dijera sin mi presencia. – Dijo Tad saliendo de la habitación. – Hay algo de lo que necesitan hablar y por cierto Bill, no la presiones, deja que ella lo diga.

El rubio estaba sorprendido de ver a la castaña rehuir a su toque, hasta que la menor camino hacia la ventana, como si intentara encontrar una respuesta en la vista del jardín. Bill lo único que hizo fue sentarse en uno de los sillones que tenía en la habitación insonora.

- Fue antes de…

- Era virgen antes de hacerlo, fuiste el primero… - Dijo la castaña. – Pero… un día antes del baile de mi escuela… ella me invito a donde vivía.

Mabel se acercó lo suficiente para hablar del asunto. Sus mejillas ardían y sus ojos se humedecían de tan solo recordarlo, aquella habitación y el abrumador olor fuerte de aquella alfa.

- Ella me invito a pasar, me mostro su apartamento y sus trabajos. – Recordando los lienzos pintados por la peli rosada. – Eran su proyecto… me dijo que eran trabajos importantes y que debía entregarlos antes de su final del año escolar. Parecía una tarde con una conversación amena entre dos amigas.

- ¿Estabas sola con ella?

- Sí…

- No te sentiste con ella ¿mareada o caliente?

- …Sí, le dije que me sentía mal, ella comenzó a hablarme de relaciones. – Bajando la mirada. – Mire que no traía collar y pregunte por él, porque se supone que es una Omega igual que yo. – Tocando su collar rosa. – Se supone que era una omega, ¿O no? Bill.

- Mabel…

- Pero… - Recordó como la había aprisionado y masturbado contra su voluntad. - Ella me toco y beso… yo no… puedo responder a eso.

- Mabel – La tomo de su muñeca atrayéndola hacia un abrazo protector.

- Bill… ¡tenía miedo! – Recordando el asco que tuvo al terminar y sentirse que había traicionado la confianza de su alfa. – Yo lo siento… enserio no quería… no quería.

- Tranquila, estás conmigo Mabel – Abrazando su cuerpo con delicadeza y dejando que su rostro se ocultara en su pecho, escuchando su sollozo. – Estas conmigo Mabel.

- Bill… yo hui… ella me dejo ir. Salí corriendo del complejo de apartamentos. – Abrazando al alfa sintiendo como lo reconfortaba. – Trate de olvidar el incidente… que era un malentendido. Pero ella insistió, me quería llevar de regreso… el día del baile de la universidad, ella intento llevarme lejos.

- No se lo permití – Acariciando su cabello. – Mabel, si no hubiera llegado… ¡Dios! Creo que te hubiera perdido, no sabría lo que hubiera pasado perdería la mente y me haría cometer una locura.

- Bill. – Viendo al rubio derramar lágrimas.

- Mabel… eres todo para mí – Ocultando su rostro en su cuello y abrazándola con fuerza. – Sin ti mi mundo se derrumbaría, Mabel eres lo que más amo en vida. Si te perdiera… yo pondría fin a la mía.

- Bill no digas eso – Tomando su rostro. – Acabar con tu vida, jamás digas eso… sabes que estaré contigo.

- ¿Lo prometes?

- Eres lo que más amo. – Dando una mirada sincera al rubio. – Bill… ¿Tú prometes amarme? Estarás a mi lado y no me dejaras.

- Mabel – Sujetando su rostro acaricio sus labios. – yo…

Aquella tarde de mayo mi amado Bill Cipher me juro amarme por toda la eternidad. Un beso que se perdió en la habitación y solo el lloriqueo de dos amantes jurándose una promesa de amor.

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Sábado 8 de Junio de 1985

Charles Frederick Pines un hombre de casi mediana edad se encontraba en su habitación arreglando su traje de ocasión; una vestimenta de gabardina color café con un saco ocre de tres botones cobrizos, adornada con una corbata guinda de puntos. Su esposa Caroline apareció ayudando acomodar el nudo de la corbata dando como finalizado la presentación del traje.

- Ya está todo listo. – Comento contenta Caroline. – Prepare un asado exquisito.

- Aun no entiendo… cómo es posible que no entreguen informe rápidos esos profesores, digo los estudiantes están a graduarse y mira a que fecha estamos.

- Tranquilo querido, todo esto ira bien. La graduación de la universidad será esplendida. - Arreglando un poco su labial. – Por cierto ¿Por qué el señor Bill Cipher vendrá a cenar a nuestro hogar?

- Oh pues… me entere por Tad Strange que Mabel le ha ido bien en sus tutorías, aparte de que ella quedo en el cuadro de honor. – Comento orgulloso. - ¡Primer lugar! Como su hermano mayor Mason.

- Qué mejor que agradecerle al señor Cipher por impulsarla en su estudio. Aparte creo que él quiere hablar de unos asuntos importantes sobre el futuro de nuestra hija. - Colocándose unas mancuernas con el diseño de un águila. – Con base a Mabel, presiento que será muy aplicada como su hermano mayor, tal vez se interese en tomar mi base más adelante.

- Querido estas muy ilusionado. – Comento la esposa aun sabiendo un poco de la situación. – No se te hace que esto es muy formal.

- ¿Formal? En qué sentido, es solo una cena presencial.

- ¿Y qué Mason y Mabel estuvieran presentes con ropa formal? E hiciera hincapié que estuviera presente nuestra hija. – Golpeando con sus dedos el tocador de madera. – Charles yo creo que esto es otro asunto de importancia.

- Vamos querida, Mason a lo mejor saco una buena nota con Phill y quiere apoyarlo en su proyecto final, y Mabel de lo más seguro, se siente orgullosa y quiere dar buena impresión a su tutor. Está en buen posicionamiento en el cuadro de honor, que diría ¡el mejor lugar! – Mostrando una sonrisa. – Escuche que está en el primer lugar de su generación, no todos llegan a esa posición. – Sonando en un alardeo de superioridad. – Ella se graduara con honores de la secundaria.

- Querido… - Viendo a su esposo peinar su cabello de forma nerviosa, tanto que se le caía el peine de las manos.

- ¿Qué sucede?

- Y si hay otra noticia aparte de un… consejo educativo y otro de futuro. – Dandole entender los planes de Bill hacia su hija. – No es el primer Alfa que lidiamos, hemos protegido mucho a Mabel, al punto que este no podremos. – Haciendo alusión que golpeara con un bate de beisbol. – Solo lo digo para que no te precipites.

- ¿Qué te hace pensar que Cipher quiera hablarnos de otro tema? – Alzando su ceja. - ¿Qué piense que tiene otra intenciones? A parte Mabel no… no tiene interés, lo ve como… como protector.

- Cercano.

- Un familiar.

- Tal vez su pareja.

- Caroline, vas sacando muchas conclusiones y aun ni sabemos. – Recogiendo el peine. – Tal vez vio algo y nos quiere advertir.

- Bueno… - Acercándose junto a su esposo. – Mason pronto se casara con la joven Northwest.

- Sí, también es algo apresurado, pero el chico sabe lo que quiere. – Tomando una loción para aplicarla en su cuello. – No lo culpo.

- Y no te trae un poquito de recuerdo cuando Mason fue a pedir la mano de Pacifica. – Comento. – Solo digo, es casi la misma sensación a cuando fuimos a la cena de su familia.

- Caroline ¿a qué te refieres?

- No creo que el señor Cipher no venga solo hablar de los estudios de Mabel o la boda de Mason.

- Caroline – Soltando una risa jocosa y medio temblorosa. – Me dices que el señor Bill Cipher quiere darme otra noticia, ¿un asunto con uno de nuestros hijos?

- Hija. – Respondió con una sonrisa llena de confianza en su premonición del asunto. – Solo recapacita un poco querido, ¿Cómo me pediste la mano?

En ese momento Mabel se encontraba en su habitación dando vueltas y vueltas en círculos mientras mascaba un mechón de su cabello. Llevaba un vestido color rosa perla discreto de hombros cortos y corte cuadrado en el escote de su pecho, cubriendo la espalda, un tiro de falda que llegaba por dos dedos encima de la rodilla; medias de color blanco y unas zapatillas blancas de tacón medio. Su cabello iba suelto con algunos rulos suaves que caían enfrente como una cascada color chocolate brilloso. Portaba un maquillaje discreto; solo la base en polvo, rubor y tinte rosado en sus labios.

- Estoy nerviosa – Aun no se imaginaba el escenario que armaría Bill en cuanto empezaran hablar de su relación. – Tranquila Mabel, tú y Bill lo practicaron por semanas… frente a Tad.

Su corazón golpeaba rápidamente y sus manos sudaban con tan solo imaginarse a su papá prohibirle ver a su amado Alfa.

- Esto es tan difícil – Se cohibió la menor de tan solo abrumarse entre el asunto.

- ¿Qué es difícil?

- ¡DIPPER! – Soltó un grito alto la castaña al ver a su hermano parado en el marco de la puerta con la corbata a medio atar. – ¿Hace cuánto que estás ahí? Hermano.

- Bueno toque tu timbre… pero creo que no la escuchaste. – Comento. – Nuestras habitaciones casi son imposibles de comunicarse. – Sentándose en la cama. – Soy terrible en esto… ¿me ayudas?

- Debiste esperar a que Paz llegara – Acercándose a su hermano para tomar el extremo de la corbata y formar el nudo.

- Llegara pero un poco tarde, no quiso que la trajera aun.

- Una debe estar muy linda para su hombre.

- Mabel.

- ¿Sí, hermano?

- Emites un aroma a preocupación. – Tomando sus manos. - ¿Qué sucede? Tú no eres así, te noto muy tensa.

- Solo estoy… nerviosa.

- ¿Nerviosa? – Soltando una risa despreocupada. - ¿Por qué? Escuche de papá que andas en el cuadro de honor, ya sabes primer lugar y te ha ido bien en los estudios.

- Sí.

- Yo soy el que debería estar nervioso, ya sabes a finales de junio será mi boda con Pacifica. Y en realidad temo meter la pata y arruinar la ceremonia con mi tartamudez nervioso.

- Vamos Dipper, lo harás bien. Y apuesto que serás un buen esposo para mi cuñada y de seguro no meterás la pata con llevar eso. – Señalando la gorra de pino que tenía oculto eb su saco.

- Es de buena suerte.

- No combina Dipper, y ni creas que no la vi en la cena de navidad.

- Vamos es regalo del tío Stan.

- Pues dile a nuestro tío Stan que consiga al más discreto.

- Veré que me puede dar. – Mostrando una sonrisa.

- Sí – Recibiendo una caricia afectuosa en su cabeza, antes de notar el rostro de su hermano cerca de su cuello.

- Que extraño… - Dando una mirada al cuello níveo de su hermana donde portaba el collar de protección.

- ¿Q-Qué sucede? – Se puso nerviosa al punto de alejarse un poco y ver a su hermano fruncir el ceño.

- Sueles oler dulce, pero ahora hueles como un aroma de frutos y maderada. – Cruzándose de brazos y llevando su mano a frotarse la barbilla de forma pensativa. – Es como si… tuviera un Alfa.

- ¿Un alfa? – Sonando alerta.

- Lo sé, suena algo loco y fuera de su lugar jeje – Soltando una risa su hermano mayor. – Sería imposible que mi hermana tuviera ya novio. Actúas muy tímida con los chicos y apuesto que no has encontrado un alfa, de tantos chicos que hay en el instituto.

- Sí puedo tenerlo – Inflo sus mejillas molesta al verlo reírse.

- Si, pero temporal – Menciono un poco aliviado. – Mabel cuando seas un poco más mayor entenderás cuando encontraras a tu destinatario.

- Dipper… - Sentándose en la silla de su tocador. – ¿Y si tengo un novio? ¿Y descubro que es mi destinatario? Aunque sea… un poco mayor que yo.

- Mabel, no es fácil encontrarlo a tu edad – Comento el castaño. – Cuando eres adolescente te invade una gran cantidad de hormonas, te cuesta trabajo identificarlo puesto que todos los aromas y su personalidad pueden llegar agradarte. Al punto que pienses que es tú pareja destinada.

- ¿Tú como supiste que Pacifica era tú destinataria? – Pregunto curiosa.

- Creo que… con ella fue inesperadamente una suerte y sorpresa el saber que mi mejor amiga era… digamos que mi mater. – Se ruborizo levemente al recordad cuando tenía casi la edad de Mabel. – Al principio fueron citas y claro que preguntaras si hubo un beso y eso… pero sí, si hubo.

- Vaya – Sonando contenta de su voz. – ¿Cómo podías verla? Eran en vacaciones, dime fue antes de que le dijeras a mamá y a papá que te gustaba Pacifica.

- Creo que era obvio lo de las vacaciones y pues papá y mamá son muy intuitivos, Mabel.

- El día que supe que Pacifica era mi mater y no una simple novia producto de mis caprichos de Alfa, fue durante el celo de ella. – Comento un poco nervioso de hablar un tema privado con su hermana menor. – Tal vez lo recuerdes, estabas a salir de la primaria.

- Creo que sí, olvidaste ir por mí. – Recordando la castaña que también fue cuando Will Cipher la llevo de regreso a su casa. – El profesor Will me llevo de regreso, porque por suerte el pasaba por ahí a tomar el autobús y él llego a perderse, aún recuerdo ese día.

- Bueno pues mientras paseabas en autobús con el profesor Will. – Sentándose a su lado. – Creo que puedo decírtelo a ti… ya que pronto cumplirás 16 años.

- ¿Y qué es?

- Mabel cuando un alfa se imprima en su pareja, experimenta un lazo ya sea mutuo o no mutuo. En mi caso fue mutuo. – Explico. – Pacifica al entrar en celo y no tomar supresor aun sabiendo que fui a visitarla, me hizo invitación a quedarme con ella.

- ¿Eso quieres decir que tú…? – Dando una mirada entrecerrada.

- Antes de los 16 años, Paz y yo tuvimos relaciones. – Respondió un tanto serio. – Mamá y Papá no lo saben. Pero como te dije papá es muy intuitivo y supo lo que sucedió esa noche.

- Pero estabas en la casa de Pacifica.

- Sí, pero sus padres no estaban y te voy diciendo que los Alfas no podemos esconder el aroma de nuestras parejas.

- ¿Qué? Espera… ¿Por qué? – Levanto una ceja inquisitiva y confusa ante lo que dijo su hermano.

- Mabel – Cruzándose nuevamente de brazos y dándole una mirada directa. – Tal vez no lo sepas, pero a nosotros nos gusta presumir o mantener el aroma de nuestra mate. – Se levantó de su asiento para mirarse al espejo y acomodar su cabello. – Esa es una señal cuando un alfa se da cuenta que encontró a su destinatario, una persona normal se ducharía o se cambiaría dejando a la chica que fue de una sola noche o compañía.

- ¡¿Por qué se dejarían nuestro aroma?! – Dijo ruborizara la menor de tan solo recordar como el rubio la aprisionaba entre sus brazos o robaba una prenda suya, o el tan solo hecho de verlo apegado a ella cada momento. - ¿Qué no les preocupa de lo que digan los demás?

- Bueno que no entiendes, estamos muy apegados a nuestra destinataria. – Le recalco a su hermana. – Eso es lo que diferencia de un destinatario a una pareja, un novio común solo es amor pasajero. Pero cuando tienes pareja destinataria, se forma el lazo y la imprimación. Aparte de que hay nudo de por medio… eso es inevitable al tener a tu mate cerca.

- Mabel, cuando encuentras a la persona que quieres pasar el resto de tu vida a su lado dejas que te marquen o en el caso de los alfas los marcamos para que estén enterados los demás, de que eres su pareja. – Viendo a su hermana mostrar una sonrisa nerviosa. – No hay nada de malo que queramos con nuestra destinataria estar con ella o formar una familia.

- Familia… - De tan solo recordad que el Alfa rubio habla ilusionado de formar una familia con ella. – Dipper…

- ¿Qué sucede?

- Ha habido casos de Alfas mayores y Omegas jóvenes que se casen o estén juntos.

- Bueno… - Haciendo un leve recordatorio. – Gideon es un alfa de mi generación y si no mal recuerdo sale con tú amiga Candy, que es cuatro años menor que él. – Continuo. – Se podría decir que su relación no es mal vista. Pero te diré algo; recuerdas a Wirt mi amigo de la universidad.

- El chico de nariz rosada y cabello marrón. – Dijo un tono alegra. – Es un omega, ¿no?

- Sí.

- La otra vez lo vi un poco nervioso con base a la tarea que hacían.

- Claro, y tú tenías que irte a dormir esa vez. – Soltando un suspiro. – Pero creo que tienes edad para escuchar este asunto.

- ¿Y qué asunto es?

- Wirt tiene 19 años es un omega que ya tenía pareja. – Comento. – Pero su pareja es… un profesor de nuestro campus, lo apodan "Beast" por ser algo cruel en calificar exámenes. El punto que es mal visto una relación de estudiante y profesor, más si tú pareja te lleva por 13 años. – Dando una mirada a su hermana quien se mantenía seria. – Mabel, cuando Alfa es mayor y sus deseos se intensifica cambia mucho en la relación; él querrá formar una familia y tendrá el anhelo de tener hijos y que su Omega o Beta este a su lado. También eso implica las relaciones sexuales.

- ¿Qué tiene que ver eso? – Pregunto curiosa.

- Creo que me estoy metiendo de lleno en eso, mamá podría explicarte. – Dijo sonrojado de las mejillas. – Pero lo que sucede con mi amigo, es que su relación no es muy libre que digamos, llevar una relación en secreto trae muchas consecuencias.

- ¿Es malo? – Agachando la mirada. – Es malo… tener una pareja un poco mayor.

- No sabría decirlo Mabel – Comento Dipper. – Pero tampoco diré que es bueno.

- Dipper… ¿y si yo estoy imprimada en alguien mayor?

- ¿A qué te refieres?

De repente tocaron el timbre de la habitación avisando a los dos hermanos antes de ver a su madre abrir la puerta.

- ¡Ahí están! – Mostrando una sonrisa. – Hace rato que estamos esperándolos.

Mabel se apresuró a levantarse y salir pasando enseguida de su madre, quien la aludió de lo hermosa que se encontraba.

- Mason, la señorita Pacifica lleva rato esperándote. – Viendo al castaño colocar una expresión seria en su rostro. - ¿Qué sucede?

- No es nada.

La joven castaña caminaba por el pasillo antes de escuchar la voz del rubio hablando con su padre, apresuro el paso y llego a las escaleras viendo abajo en el recibidor al Alfa.

Bill levanto la mirada encontrando a su amada nínfula bajar por las escaleras lentamente como un ángel esplendido por su belleza e inocencia. Aquel vestido la hacía verse un poco más madura mostrando su figura delgada de reloj y la curvatura de su pecho y cadera. Al llegar a su lado el rubio se acercó entregando un ramo de narcisos amarillos y peonias de color rosa pastel.

- Son hermosas – Mabel se ruborizo al ver las flores y el color, sabía lo que decían en el idioma de las flores. Will le había enseñado la otra vez que la vio recibir las flores de su hermano. Lo que significaba cada una. El mensaje de ahora era más que claro: "anhelaba su amor y el deseo de integrarse a su familia". – Me gustan.

- Un hermosa señorita… no. – Mostrando un porte de interés. – Quiero decir que usted es una dama muy bella que se ve tan esplendorosa esta noche. – Tomando con delicadeza su mano. – Señor Pines, debo decir que su hija es digna de una señorita Omega muy respetable, incluso creo que me robo el aliento y el corazón hace un momento.

- Solo no la intimides Bill, recuerda la última vez que te rompió la nariz. – Señalando la nariz.

- No lo haría, ¿o si jovencita? – Soltando en tono de broma.

- Tal vez – Sonriendo. – Solo me falta la puerta.

- Sí es así, entonces no tan fuerte. – Devolviéndole la sonrisa. – Oh te buscare y me vengare.

Bill siguió al padre de Mabel hacia la sala mientras discutían unos asuntos de los nuevos programas de la universidad. Pacifica se acercó y saludo a Mabel antes de mostrar una sonrisa y ver a Bill con el padre de ella. Le dio un leve codazo a la joven sacándola de su sueño.

- ¿Planeas conquistar al señor Cipher? – Sonriendo. – Porque lo estás logrando con ese vestido y tú belleza. Aparte que desprendes un aroma rico.

- Yo… - Sonrojándose. - ¿Me veo bien? – Llevando sus manos a su pecho y apretando el ramo.

- Algo me dice que nos tienen preparado una sorpresa. – Sonando contenta la rubia. – Esperemos que no solo sea un "agradecimiento" por llegar a los primeros.

- Puede ser.

- ¿Sabes las consecuencias de esto? – Dirigiendo una mirada seria. – Tengo una idea, pero es muy pronto y quería preguntarte, ¿estas segura de decirlo? ¿enfrentarlo?

- Tal vez – Viendo que su mamá y su hermano se reunían con ellos. – Pero quiero que lo sepan.

- Creo que deberíamos reunirnos. – Dijo la señora Pines. – Que bueno que llegaras Paz, mi hijo debió traerte pero me imagino que tus padres aún son sobreprotectores.

- Un poco mamá – Dijo con confianza la rubia sintiendo el afecto maternal de su suegra. – ¡Por cierto! Traje una ensalada de papa para acompañar la cena, espero no haberle echado mucha pimienta.

- Oh, gracias Pacifica. – Recibiendo el bol de metal. – La probaremos jeje.

- Por cierto parece ser que no soy la única en traer algo, el señor Cipher le trajo flores a Mabel y creo que también preparo algo para la cena. Andaba un poco ocupado de las manos y le ayude a llevar la charola a la cocina.

- Ese hombre, no tenía que preparar nada. – Dijo ella. – Es un invitado a cenar, yo soy la anfitriona.

- Tal vez quiere que pruebes su comida.

- ¿El señor Cipher cocina? – Enarco una ceja de sorpresa el castaño. – Escuchado rumores entre algunos compañeros de la carrera de que cocina tan mal.

- ¿Y quién dijo esos rumores? – Pregunto Pacifica.

- Las chicas alfas y omegas de la carrera de lenguas extranjeras y comunicación. – Comento con una risilla. – Tiene mala fama de comida entre los alumnos de algunas carreras, también escuche que está vetado de los eventos de ventas de pastelillos por quedar mal en la carrera de gastronomía.

- El señor Cipher no cocina tan mal. – Respondió Mabel haciendo un leve puchero. – Esas son mentiras grandes. Cuando tenía mis tutorías a veces me quedaba a cenar, mientras esperaba a Dipper. Y podrá quemar un huevo, pero la pasta le sale bien.

- Eso es mucho abuso de hospitalidad Mabel – Menciono su hermano. - ¿Has dejado que cocine tus comidas?

- No, pero me invita.

- Es raro, porque el profesor Bill no invita a gente a cenar en su casa. – Frunciendo levemente el ceño. – Por lo general termina la tutoría y te despacha.

- No lo creo, Dipper. Tal vez cambio así que… cambiando de tema. – La rubia tomo de los hombros a su prometido empujándolo suavemente a la sala. – Vamos con tus padres, Sherlock. Y deja de averiguar si el señor Cipher cocina o no.

La castaña los siguió hasta la sala viendo como Bill conversaba con su padre frente a la chimenea. El alfa se encontraba muy nervioso de la situación y con una sonrisa seria mientras asentía a todo lo que decía el señor Pines. Antes de que se uniera su hermano y picara más en el asunto.

- Mabel pasara a preparatoria, y yo pronto me graduare de la universidad para comenzar a trabajar en el final de proyecto. – Comento Dipper mientras llevaba sus manos al bolsillo. – Creo que es conveniente tener cambios en el horario de Mabel.

- ¿Te refieres a las tutorías? – Dijo Charles. – Cierto, Mabel no podrá ir a más tutorías debido que nadie podrá llevarla a sus clases o recogerla. Aparte no me gustaría que mi hija acaparada su tiempo. – Tomando su copa. – Aquí entre alfas necesitamos de nuestro tiempo para dar prioridad en cosas más importantes.

- Yo podría traerla de regreso, aunque ella no es ni una molestia en mi tiempo. – Aclaro Bill. – Aunque… ¿en qué se refiere de cosas importantes?

- Oh no, no debiste decir eso profesor Bill – Dando un sobre giro hacia arriba a sus ojos avellanados. – Ahora empezara la charla.

- ¡Señor Cipher! Muchacho que en esa mente solo piensas en puro trabajo. – Dándole un golpecito en el hombro. – Chico debes pensar en el futuro, ¿o acaso no hay una omega en mente? ¿no tienes planes de tener una futura novia?

- No lo agobies, papá.

- Es una pregunta, Mason – Dando una señal con su dedo. – Tú ya estas a casarte.

- Pero preguntarle si va tener novia es meterse mucho en su vida privada.

- Vamos es amigo de la familia.

- Tú compañero y empleado de trabajo. – Aclaro el chico mostrando un porte serio. – Así que no lo bombardees tan pronto.

- No me molesta joven Mason – Respondió Bill con tal seguridad en su voz.

- Ves – Haciendo un gesto relajado para darle que continuara el alfa rubio.

- En realidad si tengo en mente a alguien que me atrae desde hace un año.

- ¿Enserio? – Dijo Dipper sorprendido.

- ¿Qué te asombra joven Mason? – Dando una mirada al castaño. – Soy un Alfa común con interés de tener novia, y tal vez jeje… formar una familia con descendientes. – Soltando un bufido seguido de una risita. – No siempre soy el malo de la historia, ¿Entiende? Sé que ha escuchado muchos rumores de mí. Malos o buenos pueden ser verdaderos o falsos. Pero no soy el profesor cruel y despreciable sin corazón que no piensa en nada relacionado de tener una pareja o acompañante de por vida. – Dando una mirada rápida en la castaña que estaba a lado de su madre y de la prometida del hermano mayor de esta. – Es más es lo que más deseo con mucho anhelo, y desde siempre. – Contrayendo sus hombros en un gesto de relajación. – Y eso es estar con mi destinataria y pasar el tiempo a su lado. Respetándola y amándola como se debe.

- Ves Mason y tú pensabas que era un sujeto cruel. – Dijo Charles. – Creo que las estudiantes tienen un concepto muy equivocado de usted señor Cipher, pero no es nada que dañe su reputación.

- Solo son rumores, Charles.

- Sí, solo rumores. – Dijo Dipper alejándose.

- Bien y si dejan la conversación un momento y vienen a cenar. – Infligiendo autoridad la madre de Mabel. – Es una velada para nuestros invitados.

- Cierto querida.

Pacifica fue recibida por Dipper cuando este le abrió la silla para que se sentara. La castaña miro a su padre hacer lo mismo con su madre, estaba contenta de ver tanto gesto en las parejas. Ella sintió la mano del rubio mayor posarse en su espalda y atraerla suavemente hasta la silla abierta.

- Señorita Mabel – Haciendo un ademan y una reverencia. – Debe tomar asiento o no disfrutara de la cena.

- Gracias, señor Bill – Sintió la mano del alfa rubio tocar la suya con suavidad dando un apretón con delicadeza.

- En su momento… - Respondió embozando una sonrisa. – Espero esa respuesta de tus padres.

La chica enrojeció de sus mejillas ante lo que susurro, aunque ella vio que su hermano la miraba fijamente y con el ceño levemente fruncido ante la sospecha. Bill tomo su lugar pero al frente de ella, teniendo a lado a Dipper y al padre de Mabel.

La velada transcurrió con paz entre novedades y noticias con base a los planes de boda de Dipper y Pacifica. Aunque de momentos Mabel tropezaba con la mano del alfa rubio cada vez que tomaba un panecillo o pedía la ensalada de papa.

- La boda cuando se efectuará, si me es posible el recordatorio. – Pregunto Bill.

- Pensamos la fecha el 15 de noviembre. – Comento Dipper. – Aunque el término de la primera parte de las prácticas profesionales y el proyecto de titulación me preocupa un poco, a pesar de adelantar en junio todo. Pero para entonces estaré en el periodo de descanso.

- Es una fecha muy pronto.

- El chico se ha estado esforzando.

- Aunque joven Mason puedes reconsiderar y tomar la fecha de diciembre, para estar un poco más relajado y no tan estresado. – Comento Bill.

- Eso planeábamos, pero…

- Iniciara mi servicio en enero. – Dijo la rubia un poco sonrosada de sus mejillas. – Y Dipper y yo planeábamos ir a vacacionar un rato en Ámsterdam. Él lo prometió y que dejaría un rato de andar viendo libros.

- Jeje te aseguro que mi hijo dejara todos esos libros, ¿Verdad Mason? – Dándole una mirada seria a su hijo. – No me quiero enterar que andas estudiando más de la cuenta y escribiendo informes en la luna de miel.

- Mamá… claro que no haré eso. – Dando una mirada a su prometida que lo miraba con los brazos cruzados. - ¿Puedo llevar el de física universal?

- No.

- Rayos.

Todos soltaron una risa por el momento, hasta que el señor Pines volvió a hablar para mencionar unos asuntos con Bill. No sin antes escuchar a su hija.

- Papi me pasas la sal.

El señor Pines y Bill estiraron su mano hacia el salero antes de tocarse y mirarse con extrañez.

- Oh, perdón – Se excusó Bill. – Iba a tomarlo.

- Solo un momento – Dijo el señor Pines pasándole el salero a Mabel.

Por un momento Bill se reprendió por moverse imprudente a la mención de esa palabra.

- Bill ¿estarás presente en la boda? – Pregunto Charles. – Tad no me quiso decir más, intento ser muy reservado acorde a la invitación, aunque Will y Phill me confirmaron que irán.

- Claro que estaré presente. – Menciono. – Eso si mi acompañante tiene permiso de ir conmigo.

- Vaya, un acompañante. – Dijo Caroline. – Enhorabuena, ¿Quién es la afortunada?

- Una bella chica que conocí. – Dando un sorbo a su bebida. – Aunque claro estamos en ver si puede ser mi pareja.

Mabel ahora se encontraba nerviosa puesto que Bill no dejaba de mirarla ni un minuto, ante lo que dijo. Solo volteo a ver alrededor, antes de que pudiera decir algo su hermano mayor se adelantó interrumpiendo la conversación que su madre y padre habían formado.

- Señor Cipher – Cortando un pedazo de carne de su filete. – Debo decir que se esmeró mucho en hacer este moderado asado, y es la primera vez que pruebo de su comida.

- Vaya Mason eso es…

- Déjeme terminar – Dando una mirada interrogatorio al rubio. – También quiero agradecerle, aprovechando un momento para hablar y decirle gracias por ayudar a mi hermanita en sus notas y llevarla al primer lugar con honores al cuadro de su generación. Sin olvidar las veces que cuido de ella y aguanto cada capricho suyo.

- La señorita Mabel no es abusiva en caprichos y se podría decir que son recompensas por su arduo trabajo.

- Claro – Dando una mirada a Mabel. – Pero curiosamente estado pensando algo que estado pensando en la velada, y es que… creo que quiero salir de una curiosidad.

- ¿Sobre qué joven Mason? – Indago el rubio en lo que soltaría el joven Pines de mente brillante al saber que desataría el apocalipsis en menos de 10 segundos. – Si no es mucha molestia mi pregunta.

- Mason – Hablo su padre intrigado en lo que diría su hijo. – Tienes al señor Cipher muy atento, ¿Qué intentas preguntar o sacar de tú curiosidad?

- Descuida padre solo quiero confirmar algo.

- Cualquier cosa lo aclarare.

- Dipper podemos…

- No Mabel – Girando su rostro para ver a su hermana. – Haber Mabel, en estos últimos días estado pensando mucho sobre el señor Cipher, que te ha estado dándote asesorías durante tú año escolar. – Viendo a su hermana ponerse rígida. – Mabel, veras sonara muy loco de mi parte o puede que sea una estupidez mía al tener esta clase de pensamientos. Mi prometida dice que es imaginación mía, de que tú y él se ven a escondidas. Como si fueran amantes de novela.

- ¡Dipper! – Hablo Mabel nerviosa viendo a Bill y a su padre.

- Déjame terminar Mabel, sin embargo tuvimos una conversación previa tú y yo. Que hizo que sospechara un poco más. – Hablo apresurado en sus palabras. – También estado escuchando al profesor Will y a Bill hablar sobre ti, de que como ibas en la relación durante estas últimas semanas y si habían hablado con nosotros. – Soltando una risa. – No sé por qué carajos pensé; mi hermana tiene una relación con un alfa mayor que le dobla la edad o incluso más… y sin olvidar que curiosamente su aroma cambio en los últimos meses. – Dando una mirada a Bill. – Es curioso ya que Bill tiene ese mismo aroma, es como si hubiera un lazo. – Golpeando sus dedos en la mesa. – Ahora que me pongo a pensar en esta conversación y esta reunión. Y la previa platica que tuvimos Mabel, diría que el señor Cipher y tú son algo.

Su hermano había soltado la noticia, Mabel dio una mirada rápida a su madre, quien se mantenía serena y algo sorprendida en su mirada. Pacifica no decía nada pero con su mirada le dio indicar a la pequeña sobre las consecuencias, al saber que se revelaría todo. Lo único que veía la castaña era la cara fúrica de su padre y como su hermano gruñía de molestia.

- Dipper puedo explicarlo. – Intento Mabel hablar.

- No, yo debo decirlo. – Comento Bill.

El castaño golpeo una mano en la mesa y miro enfurecido a su hermana viendo como esta se a cohibía en su silla.

- ¡MABEL! – Hablo en tono de alfa. - ¿QUÉ CARAJOS TE SUCEDE?

- No le hables así a ella – Dijo Bill defendiendo a la castaña. – Escucha a tú hermana antes.

- Oh cállate, sabía que algo malo ocurrió cuando la deje para la fiesta de cumpleaños del señor Strange. – Dijo. – Pensé que solo era mi imaginación y solo era estrés por no dormir bien, pero… ¡Diablos paso por el pasillo de los salones y me he encontrado a usted y sus hermanos hablando de ella!

- ¡MASON CÁLMATE! – Alzo la voz su padre. – Hablar en orden no hará que cambie las cosas.

- Padre ¿estas aceptando esto? – Sonando ofendido. – Que mi hermana salga con él.

- No, claro que no. – Dando una mirada de muerte a Bill. – Señor Cipher, sabe cuál es mi respuesta. Cuando hablamos de Mabel, jamás pensé que se refería a ella como pareja.

- Señor Charles, con todo respeto respondo con verdad y honestidad, que en ningún momento le falte el respeto. – Hablo Bill. – Sé que no fue el momento correcto ni la velada para decirlo. Pero era necesario hablarlo con usted y su esposa. – Continúo sabiendo que se echaba la soga al cuello. – Yo estoy imprimado en su hija, fue antes del inicio del verano pasado que yo buscaba a la chica. Cuando la encontré en realidad me lleve la sorpresa de que se trataba de su hija, pensé que era una confusión pero… la señorita Pines y yo tuvimos una creación de lazo.

- ¿En qué momento? – Dijo Charles escuchando a Bill.

- La tarde-noche cuando entregue el informe en su oficina. – Respondió Bill. – Cuando la señorita Pines entro y azoto la puerta. Esa vez… fueron solo dos minutos los que bastaron para encontrarla y establecer una comunicación con ella.

- Pero mi hija no te dirigió palabra.

- Claro que lo hizo.

- ¿Mabel? – Dando una mirada a su hija.

- Le di un pañuelo… y me disculpe con él. – Dijo ella temerosa. – Papá… al día siguiente cuando fui a dejarle algo al profesor Phill, para felicitar por la llegada de su segundo hijo. No lo encontré, pero…

- Me encontró a mí. – Dijo Bill. – Yo la corrí pensando que todo era un error, una equivocación. Pero me di cuenta que la lastime al portarme grosero con ella, ya que sentí la sensación de pesadez y tristeza. Ella también lo sintió.

- Yo me escondí en un salón… recuerdo ese día, estaba triste y llore – Dando una mirada a Bill, quien le dio devolvió una mirada serena en su ojo ámbar. – Luego me encontró.

- Esa tarde no dijimos mucho, pero fue lo suficiente para saber lo que sucedía. – Comento el rubio. – Ella no sabía si estaba imprimada en mí, pero yo sabía que era mi destinataria.

- Ja, no crea señor Cipher, ella se enamora fácilmente porque es joven. – Dijo Dipper. – Lo sé porque solo tiene 15 años, es muy joven para saberlo aun.

- Mason – Sentencio el padre de Mabel intentando mantener el porte. – Señor Cipher, puede estar imprimado en ella. Pero decir que es su mate es muy fuerte el asunto. – Comento. – Usted sabe que un lazo así es imposible de separar, si mi hija no corresponde sus sentimientos sería un suicidio para usted y a la vez su sentencia a terminar en la cárcel por intentar forzar algo con una Omega joven.

- ¡Me imprime en él! – Hablo Mabel con las mejillas sonrojadas. - ¡Papá!, ¡Te juro que me imprime en él! – Protestando. – No es una mentira, tampoco negaría este sentimiento. ¡Me gusta el señor Bill!

- ¡Es un alfa mayor! – Tirando la silla. - ¡Mamá y Papá te lo prohibieron, Mabel!

- ¡Lo sé!

- ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Por qué insistes en estar con él?!

- ¡Porque lo amo, Dipper! – Grito con sus fuerzas, apretando sus manos en su vestido. – Amo a Bill… lo amo… ¡Él es mi alfa!

- Mabel…

- Yo también le gusto… somos compatibles, es mi destinatario… - Menciono. – Bill… Bill es mi alfa… mi mate. – Menciono ella. – Tarde en descubrirlo… las veces que intente negarlo, que trate de evitarlo. Era porque no sabía si solo era un mero enamoramiento, como decían mis amigas o mamá. – Dijo ella. – Intente salir con otro alfa de mi edad, pero solo me lastimaba más y lloraba. Cuando veía al señor Bill, me reconfortaba y me sentía protegida. Me dolía bastante estar separada de él, aunque no era la única.

- Mabel… eres una adolescente, tendrás dentro de dos meses y medio tendrás 16 años. – Respondió su hermano calmando su coraje. – El señor Cipher… no es un alfa como yo o como los chicos de tú edad. – Continuo. – El busca una pareja, que este a su lado. Y el tendrá caprichos como alfa, entre ellos el deseo de casarse y formar una familia.

- Y yo quiero casarme con él.

- ¡Mabel!

- Dipper, lo amo y quiero ser su familia. – Dijo ella. – Sabes muy bien que no pueden separarme de mi destinatario, si lo hacen… es dolor para ambos.

- Sabes las consecuencias Mabel – Dijo su madre. – Tener un alfa, no es un juego de adolescentes.

- Mamá… hablo enserio, yo amo al señor Bill.

- Mabel – Hablo su padre. – Cálmate y deja de emanar ese aroma que solo nos mareas, aunque veo que Bill no tiene problemas. – Dando una mirada acusatoria al rubio. – Es bastante claro que es tú destinatario.

- Lo siento, señor Pines. – Agachando la mirada el alfa rubio. – Ella no me incomoda, pero enterarse de la noticia de esta manera no era como lo planeamos.

- Lo sé, aunque algo así me imaginaba. – Viendo a su familia sorprendida.

- ¿Sabia de la relación de Mabel y el señor Cipher? – Hablo Pacifica sorprendida.

- No tanto, pero tenía una vaga sospecha. – Aclaro Charles acomodándose en su silla. – Tanto tiempo como coordinador y he detectado tantas mentiras y secretos en la universidad. – Comento. – No es la primera pareja de Alfa y omega entre edades distintas que llevan una relación en secreto.

- Papá…

- Mabel, ¿Quiero hablar a solas con Bill Cipher? – Dijo Charles. – Mason tú también vienes.

Los tres alfas se retiraron al estudio del padre de Mabel. Mientras que las chicas recogían un momento los platos de la cena.

- Jovencita, debemos hablar de algo importante. – Dijo Caroline, teniendo a lado a Pacifica. – Vamos a tu habitación.

Mabel solo sentía su sangre helarse y caminar a su habitación a enfrentar su sentencia. Ella estaba preocupada que Bill estuviera a solas con su padre y hermano, capaz lo acribillan y lo muelen a golpes para deshacerse de su cuerpo y hacer que nada de esto paso. Pero su imaginación volaba demasiado.

Su madre se sentó en el tocador y Pacifica cerró la puerta una vez que estuvieran adentro. Fue lo suficiente para hablar del asunto entre mujeres.

- Muy bien Mabel, creo que eso que dijiste fue bastante sorprendentemente sincero y revelador. – Dijo su madre. – Aunque ya me imaginaba que el señor Bill era el que enviaba esas flores, y no un jovencito de tú edad.

- ¿Sabías que era Bill? – Viendo que la rubia y la mamá se daban una mirada de complicidad.

- Jajaja – Soltó una risa su madre y Pacifica.

- Ay Mabel – Dijo Pacifica.

- Hija todas sabemos que un chico de tú edad, no tiene suficiente dinero para pagar flores todos los días.

- Aparte cuando sabemos cuándo una omega está enamorada es imposible bajarla del cielo. – Comento Pacifica. – Pones los mismos ojos soñadores y sientes caminar entre nubes.

-También porque aunque no lo creas, ante los ojos de una madre, detecta cuando si hija se arregla muy bonita o indaga en cómo aprender a cocinar. – Dijo su madre. – Y tú Mabel, antes eras floja y solo te levantabas a tomar el cereal y escuchar la radio, sin olvidar las salidas con tus amigas.

- Entonces… ¿qué opinas de mi relación con Bill?

- Bueno… como te dije me tomo por sorpresa y más a tú padre. – Cruzando las piernas. – Pero jamás pensé que lo traerías, esperaba ver cuánto durabas con el teatrito del estudio. Pero tampoco me hubiera gustado que siguieras mintiendo hacia nosotros, tú familia. – Frunciendo el ceño. – Más si tú aroma cambio mucho.

- Mabel ¿algo que confesar? – Dijo Pacifica llevando sus manos a la cadera. – Estoy como Dipper, molesta y tal vez me preocupa esta relación ya que es un alfa mayor y no diré cuantos años tendrá el profesor Cipher.

- Y cómo te dije – Menciono Caroline. – Los alfas más activos y maduros, buscan más caprichos y deseos. – Continúo teniendo la atención de su hija. – Más si se trata de su pareja.

- Y tengo entendido que no eres virgen, ¿cierto? – Dijo Pacifica.

- Mabel… ¿tuviste relaciones con Bill Cipher? – Pregunto su madre.

La joven estaba más que muerta de miedo y de nervios al responder que si tuvo o no, pero en vista que no encontraba lugar para esconderse u omitir la conversación tuvo que responder.

- …Sí – Ruborizándose de sus mejillas y apretando sus manos en su vestido.

- ¿Hace cuándo fue?

- Mayo… fue la última vez, los días primeros. – Admitió la Pines ladeando su rostro.

- ¿Te obligo? – Pregunto su madre nuevamente. – Y no quiero mentiras Mabel, dime acaso él te amenazo, uso la voz contigo o te orillo a tener relaciones sexuales sin tu consentimiento…

- Mabel, a veces los Alfas mayores tienen mucha atracción con Omegas jóvenes como tú. Les atraen como física y sexual, más por su personalidad. – Dijo Pacifica. – Aun es un tabú el que existan ese tipo de relaciones, a pesar de que ha cambiado eso en los siguientes años. – Colocando una mirada seria de sus ojos azules. – Aunque también algunos aprovechan cuando uno está en celo, y ella permite que siga.

- ¡No! – Frunció el ceño enfurecida de pensar que su madre y su cuñada pensaran que Bill fuera un violador o solo se hubiera provechado de ella. - ¡Él no abuso de mí! ¡Bill no es un violador o un aprovechado! ¡Jamás me forzó! ¡Ni me amenazo por tener relaciones!

- Ya veo – Dando una mirada seria. – Entonces me dices que esto fue consensuado, que tú… ¿Quisiste hacerlo? – Cruzándose de brazos. – Aun sabiendo lo que sucedería. – Levantándose de la silla. – ¿Sabes lo que pasa cuando tienes sexo?

- Sí… - Sintiendo la mirada intimidante y acusatoria de su madre. – Hemos usado protección. Y él ha sido cuidadoso, pero… yo de momentos soy impulsiva y de momentos… me gana el sentimiento, madre.

- El sentimiento – Embozando una sonrisa. – Así que piensas eso aun a tú edad.

- Señora Pines… ¿usted cree? – Dijo Pacifica con las mejillas sonrojadas.

- Vuelvo en un momento.

Saliendo un momento de la habitación la mujer, la joven omega y la rubia solo vieron que el ambiento se tornó tenso.

- ¿Estará molesta conmigo?

- No creo, pero no fue correcto tener relaciones en secreto. – Comento Pacifica un poco nerviosa por la actitud de su suegra. – Mabel cuando se tiene relaciones hay muchas posibilidades de quedar…

- Embarazada a la primera – Respondió la adolescente. – Lo sé.

- Pues tú y el profesor Bill no lo pensaron mucho.

- Uyy… ¿Estaré en problemas? – Viendo que regresaba rápido su madre con una cajita de prueba de embarazo agitando en su mano.

- Sí sale positivo, sí. – Comento Pacifica. – Pero si sale negativo, también. Así que no sabría que decirte: más que tener paciencia.

- Okey jovencita, supongo que es la primera vez que lo usas, ¿o me equivoco?

- Sí – Mintió aunque el primero nunca pudo ver el resultado.

- Vamos a leer las instrucciones y… esperar. – Comento su madre. – Solo es para saber, si espero un nieto… pues que bueno y que gusto. – Aclaro la madre. – Ya sabes que siempre quise nietos, pero todavía no de ti.

Mabel estaba más que avergonzada y ruborizada que el color de una rosa roja, tomo el cartucho y lo examino un momento antes de ir al baño y utilizarlo.

Mientras tanto Bill le había explicado al padre de Mabel lo que había sucedido, desde el momento que la conoció hasta el punto que llevaba su relación con ella.

- Eso es sorprendente… - Dijo Charles caminando en vueltas sobre el estudio. – Todo en ese lapso sucedió.

- Sí.

- ¿Las citas? ¿Las tutorías? – Pregunto Dipper. - ¿Las tutorías fueron verdaderas? O simplemente fueron mentiras tuyas, Cipher.

- Eso sí, de las tutorías fueron ciertas. En cambio las salidas en parte, Will no era el invitado, siempre era yo. – Respondió. – Pero debo decir que Mabel le echo ganas al estudio.

- Una cosa más… ¿tuvo relaciones con mi hija? – Dijo Charles dando una mirada amenazadora al rubio, el cual pudo notar como su ojo se contraía y ladeaba un poco la mirada de su orbe ambarino. – ¡Lo sabía! La noche que ustedes se fueron a esa feria, se acostó con mi hija.

- Mabel… se sintió opacada por el celo. – Dijo Bill. – Varios Alfas estaban detrás de ella, no tenía rastro de celo durante la feria, hasta que íbamos en el auto. Esperaba que ella se calmara, pero veo que no fue así. Terminamos cediendo, aunque la relación no fue completa quedo a medias esa noche.

- ¿En qué momento fue?

- ¿Disculpe? – Sabía a lo que se refería.

- Mi hija tiene aroma suyo y también hay señal de que fue marcada. Su collar y el maquillaje no lo cubre.

- Le hice una marca, y… también una promesa. – Mostrando un anillo de promesa. – Mabel tiene uno, pensaba dárselo claro con su permiso.

- ¿Cuándo se lo dio? – Resoplo molesto el mayor dando golpes en su escritorio con sus dedos. – No creo que dar un anillo en una cena improvisada era verdadero motivo de la confesión. – Levantando una ceja. – Usted se lo dio temprano, ¿Cuándo fue?

- El 16 de febrero… - Hablo él mayor. – Después del baile de San Valentín en la universidad Decima Luna. – Continuo. – Pero claro con la condición de no usarlo, hasta tener aprobación de usted.

- ¿Se vieron esa noche?

- Sí.

- Mierda… - Dijo Dipper. – Lo sabía, Mabel me ocultaba algo ese día.

- Joven Mason tú no te escapas de esta, ¿Dónde estabas ese día? – Frunciendo el ceño su padre. – Estaba claro que estarías con tú hermana todo el fin de semana.

- Fui con Pacifica, pensé que ella se quedaría encerrada o con sus amigas, que jamás saldría con un profesor de universidad que no sabe diferenciar entre una pareja de su edad.

- Mason – Le reprendió su padre usando el tono de su voz. – Debes calmarte, es algo que aprenderás un día, si esto llegara a pasar con tu hija.

- Sabes que abuso de Mabel, ella es muy joven. No diferencia entre un noviazgo a una pareja mate – Comento furioso el chico.

- Tú hermana sabe bien que tomo decisiones no aptas a su edad, pero recuerda cuando un alfa y un omega tienen lazo no se separa ni se interrumpe. – Caminando para quedar enfrente de Bill. – Usted sabe las consecuencias al no pedir un permiso a tiempo a los padres. Ni tampoco poner en prueba el periodo de tiempo de cortejo.

- Fue mi culpa no haber pedido su consentimiento. – Comento Bill decepcionado de sí mismo. – Pero el periodo… el periodo que no vi a Mabel fue un poco largo, casi 4 meses.

- ¡Y serán más si no me hubiera dicho a tiempo! – Alzo un momento su voz en tono colérico. - ¡Confié en usted!

- Me apena no haberle dicho Charles, sobre la relación que empezaba a surgir.

- Si tan solo me hubieras dicho.

- Señor Pines, quiero serle sincero. Estoy verdaderamente imprimado en su hija, no es deseo o capricho, tampoco es un amor espontaneo que se ira en solo unos meses si llegara a buscar otra omega. – Dijo con tono lleno de seriedad. – No estoy enamorado, yo amo demasiado a esa chica, tanto que desearía estar a su lado. Ella me ha dado todo lo que he perdido hace años, solo… no puedo creer que una joven omega tan dulce y buena me haya dado tanto y yo casi nada. – Embozando una sonrisa. – Ella me quiso aun con todos mis defectos; no soy un hombre muy atractivo para una jovencita de su edad y fácilmente ella podría haberme botado al mes o me hubiera pedido no verla nunca más, puede que tenga mala reputación a base de rumores en la universidad que no son del todo cierto, ella vio que al principio no me llevaba con mi familia ni tenia buena relación con mis hermanos. Sin olvidar que casi perdía el tiempo vagando solo por fuera de la ciudad, en mis días de depresión.

- Lo que digo es que ella… desde que la conocí ha sido para mí una "Estrella Fugaz" en mi camino. Encontrarla ha sido una odisea y una tortura para ambos. – Comento Bill al recordar a su hermano mellizo. – Vera señor Pines, al principio Mabel no me buscaba a mí. Siempre era mi hermano Will, ella pensaba que estaba imprimada en él.

- ¿Y no fue así? – Dijo Charles.

- Recuerdo que mi hermana se ponía alegre con ver a Will.

- Cierto. – Comento Bill. – Pero resulta que todo era confusión.

- ¿Confusión? – Pregunto Dipper. – En qué sentido.

- Will era afán de usar mis trajes, claro cuando apenas se estaba mudando a su nueva casa. – Explico Bill. – Mabel no sabía de quien era el aroma del alfa, pero igual estaba conmigo. Claro que lo descubrió la noche de año nuevo, cuando le di el espacio Will y le pedí que fuera con ella para que confesara sus sentimientos. Pero… esa noche fue un giro inesperado el encontrarme a ella y tirarme un montón de insultos por rendirme. Pero también… fue el día más feliz de mi vida saber que era amado por ella, y que era su destinatario.

- Bueno, no puedo matarte ni tirar tu cadáver por alguna parte de Piedmont. – Soltando un suspiro el mayor. – Eso sería suicidio para Mabel y la lastimaría severamente en sus emociones, y a mí me importa más la felicidad de mi hija que verla llorando por alguien como usted.

- Papá significa que tú…

- Bill Cipher – Frunciendo el ceño. – No me tienes contento y claro que te has ganado el odio conmigo y me gustaría molerte a golpes con un palo y dispararte, pero si mi hija te ama demasiado al punto de morir y dejar que sea marcada para desafiarme en mi autoridad. No me queda más que pedirte… - Tomando de los hombros al rubio. – Que por favor no la abandones ni la hagas infeliz. Prométeme que la cuidaras y que cumplas la promesa de amarla y respetarla. Oh juro que te matare en este mismo instante.

- Señor Pines – Embozando una sonrisa. – Ella es la mujer que amo y es mi Estrella Fugaz, mi anhelada y amada Mabel. La chica que será mi esposa y mi acompañante de por vida, claro por su permiso.

- Eso espero muchacho.

- Yo… lo niego. – Dijo molesto el castaño. – No puedo permitir que Mabel este con usted, es mi hermana. – Salió furioso del estudio.

- ¡Mason!

- Creo que aún no tengo aprobación de su hijo.

- Debe calmarse, aún debe tratar de asimilarlo. – Dando una mirada al rubio. – Aunque sigo molesto por cortejar a mi hija sin mi permiso.

- Pensé que lo había dejado claro la noche de San Valentín.

- Dije que a lo mejor lo pensaría, Cipher. – Dijo. – No que te dijera, ve por ella.

- Y entonces no puedo estar con ella.

- Bill no tientes tu suerte, ya tienes el permiso. – Dijo. – Pero bajo mi condición.

- ¿Y esa es?

- Periodo de separación, solo te pido 3 meses.

- Quiere ver que sea verdadero lo nuestro.

- Lo justo Bill – Colocándose en porte recto. – Sí mi hija sigue queriendo estar a su lado, le permitiré sin ningún reproche estarlo.

- Lo hare. – Extendiendo su mano. – Pero a Mabel no le gustara esto.

- Ella deberá aprender.

Ambos alfas salieron del estudio encontrándose a las chicas con una sonrisa en sus rostros.

- A qué se debe el estar contentas – Pregunto el señor Pines.

- Bueno pues… - Mabel tenía en la mano el cartucho.

Bill abrió su ojo y sentía su corazón latir deprisa el cual se acercó a paso cauteloso a la joven. Mabel no entendía que sucedía con el rubio al verlo caminar tembloroso y con ganas de llorar, pero luego la madre de ella aviso la noticia.

- Dipper – Llamo la mamá de Mabel.

- ¿Qué sucede? – Pregunto el castaño.

- Con más razón deberán casarse temprano.

- ¿Por qué lo dices?

- Mabel trae la prueba de Pacifica.

La joven se disculpó un momento y con una sonrisa se acercó a su hermano.

- Creo que seré pronto tía. – Dijo Contenta la menor. – Felicidades hermano, serás Papá.

- ¡¿Un Pines Northwest?! – Dijo el padre enorgullecido. – Eso es bueno. – Abrazo a su hijo.

- Seré… ¿Padre? – Dijo el castaño emocionado. – Lo seré…. – Viendo a su prometida con lágrimas en los ojos. – Seré papá, ¡Paz voy a ser papá!

- ¡Sí!

Bill estaba un poco sacado de su confusión hasta que Mabel se acercó y tomo su mano guiándolo dentro del pasillo, le mostro el de ella el cual marcaba un negativo.

- Negativo – Inclinándose a ella quien la veía levemente triste de su rostro, un poco rojiza de sus ojos. - ¿Mabel?

- Y-Yo quería… - Dijo la adolescente las ganas de querer llorar nuevamente. – Bill… mi madre dijo que posiblemente no me encontraba lista en ese momento, puede que pase por mucho estrés… tras los conflictos emocionales. Que no llorara y que estaba bien en no embarazarme… pero… - Tocándose su vientre. – Pero…

El rubio la abrazo con fuerza y beso la coronilla de su cabeza soltando un leve sollozo ahogado en el abrazo.

- Bill – Correspondiendo su abrazo cálido y dejando al Alfa llorar.

- Mabel… lo siento, no debí estresarte.

- Bill – Atrayendo su cuello para darle un beso rápido en los labios. – La próxima… te hare papá.

- Jeje… - Soltó una risa nerviosa y junto su frente con la de la menor. – Para ese momento serás mi prometida.

- Quiere decir que…

- Tu padre me dio el permiso de tenerte como mi novia.

- ¡Sí! – Grito la chica abrazando al rubio con fuerza.

- Espera… - Dijo Bill sintiendo que la chica de abalanzaba llena de felicidad por la otra noticia.

Su padre se presentó en la escena junto a su esposa viendo a la pareja.

- ¡Señor Cipher! ¿Qué no le dije?

- Su hija se emocionó – Dijo el rubio que se encontraba en el suelo recibiendo el ataque del abrazo de la omega.

- Mabel, suelta a señor Cipher. – Sonando autoritario. – Van a estar separados por tres meses ese es mi condición.

- ¿Por qué? – Se quejó la castaña haciendo un leve puchero con sus mejillas. – Es mi novio y mi mate.

- Mabel, solo es una prueba. – Dijo su madre. – Es para saber si no es el celo lo que te domina.

- ¡No lo es!

- Entonces haz caso y suelta al señor Cipher. – Dijo Charles. – Si me demuestras que él no es solo un enamoramiento simple y fugaz, aceptare su relación.

- De acuerdo…

De repente se escuchó el cielo retumbar de los truenos y la fuerte lluvia, el señor Pines sabía que esta noche no podría echar a Bill ni mandar a Pacifica a su casa con su hijo.

- Por esta noche. – Sentencio el Alfa mayor hacia las parejas. – No quiero otra situación.

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Bill se encontraba arreglando las almohadas que le ofreció la señora Pines del cuarto de invitados, estaba un poco nervioso y avergonzado el tener que quedarse por la fuerte lluvia. Hasta que Caroline hablo un poco con el alfa.

- Así que conquistaste a mi hija y robaste el corazón de mí hija.

- ¿Esta molesta?

- Un poco, pero es normal… - Soltó un suspiro la mujer. – Una madre estaría molesta y enfurecida si llegaran a robarse a su más preciado tesoro.

- Lo siento mucho.

- No se disculpe – Menciono la castaña. – Tarde o temprano mis hijos me traerían a sus parejas con los que pasarían el resto de sus días.

- Solo que me sorprendió que… mi hija llorara por no quedar embarazada. – Dando una mirada perspicaz al rubio. – La mayoría de las adolescentes se aliviarían o estarían contentas de no estarlo, por temor a ser madres jóvenes o acabar con su vida social.

- Ella lo quería. – Recordando el rostro triste de su omega.

- Sí – Agachando la mirada. – Aunque sabes señor Cipher, me gustaría expresarme que en un futuro, sí me gustaría tener un nieto suyo. – Comento con una voz serena. – No lo sé, un pequeño Cipher Pines.

Dijo la madre de Mabel antes de entregarle la manta, dejando al Alfa rubio con una leve sonrisa y una sensación de calma. Deseaba mucho entrar en una familia, y siempre había tenido un profundo respeto a la familia Pines por la forma en que se cuidaban.

══════ •『 』• ══════

Mabel salió despacio de su habitación y camino hasta la habitación de invitados, abrió la puerta entrando y encontrando al profesor recostado solo admirando la lluvia.

El rubio alzo la mirada viendo a la menor recargada a la puerta de la habitación con uno de los peluches que una vez le regalo en la feria, un oso de felpa, cuando fueron al festival de la calabaza a las afueras del pueblo. Admiro su atuendo de dormir; pantaloncillos cortos, un camisón largo que llegaba a sus caderas y sus pantuflas de gatito. Su cabello suelto y levemente revuelto por la almohada.

- ¿Mabel? – Sentándose en la cama. - ¿Qué haces aquí? Tú padre está dormido y tú no debes estar aquí, solo me dieron esta noche en lo que se calma la tormenta.

- Descuida soy tu novia – Embozo una sonrisa risueña la adolescente acercándose a su cama. – Aparte… me aterra los truenos y el cuarto resuena mucho estando sola.

- Sí, eres mi novia solo con permiso de tu padre y bajo su vigilancia – Frunciendo el ceño al ver a la menor subirse y gatear hasta quedar a su lado, mientras tomaba la manta y se cubría junto a Bill. – Mabel, enserio no quiero perderte solo porque andas aquí. Aguarda un poco hasta mañana, cuando tú padre no me amenace con matarme al igual que tu hermano.

- Dipper anda con Pacifica en su cuarto – Comento la castaña. – De seguro su futura esposa lo calmo y quedo profundamente dormido, más con la noticia de que será padre.

- Tú padre puede venir.

- No estamos haciendo nada malo – Empujo al rubio acostándolo al colchón cayendo encima suyo.

- Estas contenta porque tú padre y madre dijeron sí a lo nuestro.

- ¡Sí! – Respondió contenta abrazando al rubio. – Bill es mi novio ahora.

- Novio en supervisión – Aclaro. – Estoy como Gideon solo que más estricto en la supervisión.

- ¿No puedo dormir en tu cama por esta noche?

- Estas violando la primera regla de tu padre, o creo que ya llevas 3.

- Papá tiene el sueño profundo, dice que está despierto y que anda cuidando los pasillos. – Menciono. – Te diré algo, el otro día baje a la madrugada y tome helado y vi la tele novelas hasta las 5 de la mañana. – Recordando su travesura. – Apague la tele porque sé que mi mamá se levanta temprano y pone el café para mi papá, al igual que Dipper sale muy a prisa con su amigo Wirt a correr.

- ¿Te sabes el horario de tú familia?

- Sí – Recostando su rostro en su pecho. – Bill… tranquilo me iré a las 6 y no pasara nada malo.

- De acuerdo… - Abrazando a la chica con fuerza y emitiendo un suspiro relajado hasta emitir un sonido de felicidad en sus labios. – Mabel…

- ¿Qué sucede? – Soltando una risa por el afectuoso abrazo bajo la manta.

- Eres mi novia – Sonando contento. – No sabes cuánto me alegra tenerte a mi lado.

- ¿Estabas desesperado por abrazarme?

- Sí.

- Yo también quería que me abrazaras de fuerte, cuando escuche que mis padres te dieron aprobación, aunque mi hermano sigue molesto.

- Por un momento me hacía ilusión terminar empalado en tu jardín.

- No exageres, Bill. – Inflando sus mejillas. – Buenas noches.

- Mabel, preciosa te he dicho que el beso de buenas noches es aquí – Se acercó besando sus labios de forma apasionada, despacio y suave disfrutando de sus suaves labios. La chica llevo sus manos a su cuello atrayéndolo sin llegar a separarse. Solo tomando un respiro corto. – Dijiste buenas noches, pequeña.

- Sí, pero… quiero que me beses un poco más.

- De acuerdo mi amada prometida. – Sonriendo el alfa.

- No te separes de mí, Bill.

- Jamás lo haré, mi preciada Mabel.

Esa noche debí abrazar muy fuerte a Mabel, por hacerme el hombre más feliz de esta vida. Sé que ella seria mía y me esperaría.

[Parte 1]