La adrenalina es algo increíble, el ritmo cardíaco y respiratorio se acelera, de alguna manera el cerebro deja pensar las consecuencias de sus actos, el dolor es desplazado a un rincón, guiado por el instinto tan básico de supervivencia, algo tan arriesgado como saltar hasta un árbol sin saber escalar era un juego de niños.

Cheng conocía bien el efecto de la adrenalina sobre su cuerpo, el dolor de las garras en su abdomen no se sentían tan intrusivas ni dolorosas como realmente debían ser, rápidos pensamientos corrían por su mente, decisiones que le costarían un brazo y aún así para él era un riesgo mínimo.

Con un lobo común, tenía la oportunidad de meter su antebrazo en el hocico y esperar que fuera un mordisco lo suficientemente profundo para dejar marca más no para arrancar su brazo de un tajo, el tiempo de reacción sería el suficiente para apuntar el arma entre las cejas del lobo y matarlo de una vez por todas.

Una medida rápida, dolorosa pero necesaria para salir bien librado, pero, esto no era un lobo normal, un movimiento en falso y sería rasgado con fuerza por aquellas fauces, la capacidad mandibular era desconocida, sí hacía ese tipo de procedimientos era probable que acabará perdiendo el brazo, o como mínimo, con una herida tan severa que sería imposible de curar. Incluso, perder un brazo no le aseguraba la victoria.

¿Cuantos disparos tenía el cuerpo de ese lobo?

Sin duda los suficientes para que uno común muriera un par de veces.

La resistencia aumentada, inteligencia suficiente para emboscar, fuerza, velocidad, pero sobretodo sed de sangre era algo a tener en cuenta antes de cometer una estupidez impulsada por la adrenalina.

Tampoco se podía quedar quieto, el tiempo corría y esa bestia no se detendría esperando que él pensará una mejor solución, probablemente tenía un par de costillas rotas.

Un nuevo gruñido lo puso alerta, actuando por impulso, su mano derecha golpeó la garganta del animal con el arma, manteniendo la distancia con está, ¿Cuántas balas le quedaban? ¿Una? ¿Dos? En el calor del momento no sabía a ciencia cierta cuántas veces disparó su revolver, y eso le ponía más presión.

-¡Cheng! _El gritó de su padre se escuchó sobre cualquier gruñido.

-Estoy bien, terminen de matar a los demás y saquen a la sacerdotisa de aquí _Sus palabras salieron entre líneas, para que solo su padre las captará, él no era importante, no cuando la muerte de esa mujer acarrearía problemas con los templos.

Nuevos disparos se escucharon, dándole la señal que su padre lo escuchó, seguramente él, el señor Jian y los pocos hombres que quedaban de pie hacían lo posible por alejar a esos lobos de la sacerdotisa.

Se permitió dar una mirada de soslayo, teniendo cuidado de no presentar su cuello para una mordida que le arrancaría la piel, los lobos que rodeaban a la mujer ignoraban los disparos, prefiriendo centrar su atención en la Omega que se encontraba sobre una mesa.

Por alguna extraña razón, ningún lobo la atacaba, solo se quedaban a su alrededor, lanzando gruñidos de molestia, como si algo les impidiera tocarla...

Cheng no era alguien muy religioso, su familia tenía largos años de estar estrechamente relacionada con algunos templos, tanto así, que sus antepasados e incluso su padre se casaron con una sacerdotisa ofrecida por los templos, era una manera de mantener a raya la maldición familiar. Después de la muerte de su madre, y ser consciente que algunas contenciones no servían, Cheng dejó de creer en la gracia divina, si se salvaba o moría dependía de él, de nadie más, pero el ver como aquella Omega se mantenía siendo rodeada más no atacada, como si de un manto invisible estuviera a su alrededor, era algo inverosímil, tanto como estos lobos.

Los ojos oscuros de Cheng chocaron con los de la mujer, que tenían un brillo amarillento, la parte Omega estaba siendo manifestada, pero eso no podría ser la única razón del alejamiento de los lobos ¿Verdad?

Mordió su labio, su padre estaba suficientemente concentrado en aquellas bestias así que no tenía que preocuparse, todo empezaba con la hipótesis, y la única manera que fuera una teoría sería probarla.

Inhaló profundamente, centrándose en aquella imagen mental del paraje congelado, condiciones meteorológicas normalmente nada recomendables para tener una planta de menta.

Su lobo lo saludó con un movimiento de cabeza, no necesitaba informar la situación, ambos eran uno.

Cuando abrió los ojos, el color grisáceo se fue despejando, como si las nubes de las tormentas se dispersaran, dejando salir el sol.

Ámbar chocó con granate, esperando que solo eso fuera suficiente.

Como si eso mágicamente creará una barrera entre él y el lobo, lanzando a la bestia con la fuerza del impacto al otro lado del salón...

Pero eso no pasó, lo que sea que mantenga a raya a los demás lobos, no se debía a que el Omega de la mujer estaba parcialmente afuera.

Soltó un gruñido al tiempo que las nubes grisáceas regresaban a sus ojos.

Pensaba en una nueva ruta de acción, cuando el lobo sobre él fue impactado por uno de sus laterales a nivel estomacal.

Las fauces gruñeron en obvia molestia, volteando su vista a su atacante. Cheng hizo lo mismo, esperando ver a Qiu con una sonrisa divertida por tener que salvarlo, como si de una princesa se tratará, pero en vez de eso, chocó con una figura similar a la suya.

-Levántate de ahí Cheng _El He disparó nuevamente.

Con la adrenalina corriendo aún por su cuerpo, y la atención del lobo en algo que no fuera él, Cheng recogió sus pies, para luego estirarlos con toda la fuerza posible golpeando la boca del estómago de aquella bestia.

Se incorporó casi al instante, esos dos movimientos más tarde le pesarían, pero ahora eso no importaba, recargó su revolver, apuntando de nuevo la cabeza, si era necesario vaciaría todos sus cartuchos.

Tres disparos nuevos a la cabeza, sus orejas estaban afuera, manteniéndose más atento a su alrededor, no cometería los mismos errores.

No importaba lo que costará, mataría esas bestias, no podía dejarlos ir, eran demasiado peligrosos para estar sueltos.

Un aullido más parecido a un lamentó escapó de las fauces de aquella bestia, seguido por nuevos aullidos de los demás lobos que se retorcían como si sus cuerpos estuvieran siendo quemados.

El lobo frente a él se encogió sobre sí mismo, llevando sus garras a sus orejas, de manera impresionante, como si no fueran ya suficientes cosas raras, las patas delanteras comenzaron a perder pelo, cayendo en grandes cantantes al suelo, las garras se dividían y alargaban dejando ver dedos humanos, el hocico se encogía sobre sí mismo.

En cuestión de segundos, los lobos peligrosos daban paso a humanos... Simples betas, explicando así la falta de olor, pero sembrando más preguntas que respuestas, más porque los betas eran humanos que no tenían un lobo en su interior, que lograrán una transformación total era... Imposible, igual que el regresar a ser humanos después de perder la humanidad.

Y ahí, frente a sus ojos estaban las pruebas de que era posible.

Cheng miró los ojos desorbitados del beta frente a él, sus aullidos fueron sustituidos por gritos, de repente, como si fuera una acción en cadena, todos los betas se quedaron en silencio.

Nadie decía nada, los He se miraban entre ellos, matarlos ahora sería una opción lógica, pero matarlos sin tener información de que demonios estaba sucediendo era algo arriesgado, no sabía si vendrían más, o quién los enviaba, la información era necesaria.

No tuvieron mucho tiempo en decidir, pues los betas comenzaron a vomitar una cantidad preocupante de sangre, como si estuvieran expulsando toda la sangre de su cuerpo, gorgoteando de forma desagradable.

Cuando los cuerpos estuvieron vacíos, estos cayeron en el charco de sangre, desprovistos de vida.

Al no estar la amenaza cerca, el cuerpo de Cheng comenzó a sentir el cansancio que venía después del subidón de adrenalina, anexado a eso, las lesiones de su cuerpo dolían hasta con respirar.

Volteó su cuerpo, mirando a uno de los hombres de su padre que aún quedaba en pie.

-Quiero un informe completo de este desastre _Conteniendo una mueca de dolor, sacó un cigarro de su ropa, llevándoselo a los labios- En especial de estos hombres, quienes son, sus conocidos, familiares, escuelas donde asistieron, sus rutinas diarias, todo, por más irrelevante que parezca _Miró a la sacerdotisa- Señorita, esperó poder contar con su presencia más adelante, cuando mi casa sea un lugar seguro.

Inclinó la cabeza, dejando que sus palabras deslizaran sus intenciones entre líneas.

-Estaré encantada de hablar con usted señor He _La Omega dió una reverencia pronunciada.

El He asintió, sus ojos se fijaron en la puerta de entrada, justo cuando Qiu apareció.

-¿Está todo como lo pedí Qiu?

-Sí señor He, todo en orden.

-Bien.

Cheng avanzó hasta Qiu dándole una orden silenciosa para que lo siguiera.

Lograron pasar uno de los pasillos el cuerpo de Cheng colapsó ante el cansancio.

Las manos de Qiu rodearon con suavidad el cuerpo, al tiempo que chasqueaba la lengua.

-Siempre tienes que hacerlo todo a tu manera, esta vez fuiste muy lejos _Lo regañó sin importarle que en ese momento su jefe no lo estuviera escuchando.

Con cuidado pasó sus manos por la espalda y por detrás de las rodillas, alzandolo.

-Te llevaré a la cama para arreglar lo de la señal y llamar al doctor, no te preocupes por nada Cheng, lamentó la demora, pero ya estoy aquí.

Su naríz rozó las mejillas de su jefe impregnando la piel expuesta con sus feromonas.

En su interior su alfa ronroneaba por tener cerca al Omega.

Continuará.

Según mis cálculos, ya estamos casi a la mitad de la historia, por lo qué, vienen unos capítulos más tranquilos, conteniendo los daños de esta noche.

Muchas emociones y sorpresas en una sola noche, pero que eran necesarias para la trama que tengo en mente.

¿Tienen alguna teoría de la Omega sacerdotisa y por qué no era atacada?

No duden de colocar teorías, no importa lo descabelladas que parezcan.

Sin más que agregar.

Nos leemos luego.

Angel sin Luz/Blekk-Universe.