Me despedí de los chicos y me fui directo a casa, es agotador tontear tanto con ellos y aún tenía tiempo libre antes de ir a que me regañaran por segunda vez en el día. Saludé a mi hermoso minino Theo el cual saltó aferrándose a mi pierna y clavándome sus pequeñas uñas.
– Ouch, lo siento, lo siento, no volveré a llegar tarde pero suéltame pequeño bribón. –dije mientras trataba de despegarlo, siempre que llego de pasar tanto tiempo fuera hace lo mismo, mis pobres piernas están cubiertas de mini rasguños por lo mismo. Lo tomé entre mis manos y me tiré con él en el sofá, antes de darme cuenta ya eran las 7:45.
"Me va a matar" pensaba mientras corría a toda velocidad para llegar al gimnasio Frontier, de puro milagro llegué antes que Rinne, el alma me regresó al cuerpo. Entré saludando a los pocos instructores que conocía y a la señorita Jill Stola que es la entrenadora personal de mi amiga.
-¿Ya te has decidido a registrarte aquí y entrar a alguna competencia de una vez por todas? –me decía como todas las veces que vengo, solo negaba con la cabeza. –Vamos, te doy lo que quieras, –un atleta como tú es justo lo que necesitamos.
- Lo pensaré señorita Jill, esta vez de verdad. –respondí con una sonrisa, pero nunca lo hago.
-Deberías decirle que sí de una vez por todas. –dijo una voz a mis espaldas sacándome el susto de mi vida.
– ¡Casi me matas de un infarto!
– Exagerada. Yo también estoy feliz de verte y estoy bien, gracias por preguntar. –respondió con un notoria molestia.
– Uy, amanecimos bravas. ¿Pasó algo? –pregunté sin obtener respuesta. -¿Problemas en el paraíso?
– Es que no entiendo por qué es así, solo quiero salir un rato con mi amiga y se enoja como si hubiera roto su figura de monita china favorita, lo peor es que no es la primera vez que pasa. –respondió, o bueno, explotó.
– Ou, lo siento supongo…
– No es tu culpa, es de ella y sus inseguridades que a veces son demasiado.
–Bueno es que yo también me sentiría amenazada por una bella y talentosa alemana que tiene un certificado especial de la NASA –le dije regalándole un guiño.
– Cuanta humildad de tu parte, ¡además te lo sacaste en una caja de cereal!
–Pero fui la primera en obtenerlo en TODO EL MUNDO, esa cosa es mi orgullo.
– Lo sé "agente especial" –dijo empezando a reír. –Tantos premios y talentos para que tu favorito sea el de una caja de cereal.
– Cuando tengas uno vas a entenderme.
Caminamos juntas hacia los vestidores hablando de nuestra semana, algunas aventuras, me volví a doctora corazones para ayudar en esa gran relación asegurando que mis relaciones fallan pero mis consejos no, espero. Finalmente tocamos la razón principal por la que nos reunimos, mi gran metida de pata.
-Sabía que eras idiota pero no a ese grado, te hace daño juntarte con los chicos porque ya comparten la misma neurona. –dijo dándome un gran golpe. –Cuatro cabezas que no pueden llegar a una solución que es más obvia que la tabla del uno.
– En serio deberías darme una moneda por cada vez que me llamas idiota. –respondí ajustándome los guantes.
– Sabes que es con amor, o bueno, algo. –dijo dándome un guiño, sin quererlo sentí un pequeño ardor en mis mejillas.
– ¡Por cosas como esa es que piensan mal!
– Silencio, sube al cuadrilátero para darte una paliza.
– Cuanta seguridad, ya veremos quien le da la paliza a quien. –le dije con una sonrisa coqueta, ahora fue su turno de sonrojarse. –Lo sé, soy irresistible.
– Creo que eres una idiota.
– Venganza por usar tu encanto.
Me deslicé por debajo de las cuerdas quedando frente a ella, nos pusimos en posición y el entrenador dio la señal. Rinne es rápida, muy a penas logro esquivar sus golpes pero solo le estoy dando cierta ventaja. Es momento de tomar esta pelea en serio.
– Al fin contratacas –dice con la respiración entrecortada después de esquivar mi puño.
– No es divertido si tú eres la única que lo hace.
– Presta atención, solo discúlpate con la chica y haz que le agrades de buena manera.
– Wow, ¿por qué no se me ocurrió antes? –respondí lanzando un golpe que logró esquivar.
– Por idiota –contratacó pero yo no tuve la misma suerte.
– Ouch, ¿solo querías desahogarte en vez de ayudarme?, recuerda que estás enojada con Fuka y no conmigo. –le reproché.
– También contigo, además ya te ayudé, solo que tú y tus otras tres neuronas les gusta complicarlo más de lo que es. –En un movimiento rápido esquivo una fuerte patada. –De seguro te dijeron que llegaras con una cartulina y un regalo caro.
– Claro que no, bueno sí, pero una disculpa es más complicado que hacer la cartulina.
– Pues envíale una carta o yo qué sé, lo que te permita tu ego, deja de sobre pensarlo tanto.
– Cuando tú dejes de sobre pensar tu problema con Fuka y me dejes decirle que todo es un error, yo dejaré de hacerlo.
– No, eso yo lo voy a arreglarlo a mí manera.
– Hacerle la ley del hielo no va a solucionar nada, si no hablas tú con ella lo haré yo. –dije antes de derribarla en una maniobra rápida. –Solo hazlo, quiero evitar más problemas para que no te sientas peor. –le tendí una mano.
– Vamos… -dijo al tomarla, una vez de pie decidí abrazarla por la espalda –Deja de hacerte la ruda, entiendo que no te gusta estar así con ella pero debes dejar de enojarte por pequeñeces.
–Oh, cállate que ya entendí y suéltame que estas toda sudada.
–Igual que tú, además hago esto por una pequeña razón –respondí dando una disimulada mirada a mi espía, me he vuelto sensible a las miradas de odio, sobre todo a las de cierta persona.
A lo lejos una chica de pelo castaño las observaba con gran recelo, para ella no era cuestión de desconfianza en su novia más bien en quien no confiaba en su rival. Volteo a ver a su compañera quien le extendía una botella de agua.
– ¿Qué me perdí? –respondió Miura.
–Nada, solo ella coqueteando con mi novia…
– Se movían muy rápido y no he podido verla bien pero se nota que es muy buena en las artes marciales –respondió Miura. -¿Por qué tanto problema con esa tipa?
– Bueno, no creo que te agrade que alguien le lance ciertas sonrisas a tu novia.
– Deberías solo hablar con ella y decirle que pare, mostrarle quien manda.
– Rinne no quiere que vayamos a pelear…
–Dije HABLAR, no vas a llegar a darle un puñetazo, ¿qué tal y solo es un malentendido?
– Uy sí, como si fuera un accidente.
–Mira, hay gente con encanto natural que puede hacerlo sin querer como Vivio. –dijo Miura tratando de ocultar su sonrojo. –No puedes negar que también te ha sacado algunos suspiros con su sonrisa.
– Tal vez… -respondió Fuka desviando la mirada.
– Hey, terminaron de entrenar. –dijo mirando a las chicas que se bajaban del cuadrilátero. –Vamos, al fin podré conocer tu rival de amores porque no creo que esa chica sea la gran cosa como para que te preocupes porque te quite tu novia.
– Primero debes conocer a la "señorita perfecta"
Avanzaron lentamente hacia las chicas, Fuka iba de muy mala gana pero debía arreglar las cosas. Rinne la recibió con una mirada fulminante que la hizo sentir nerviosa, tanto que hasta las manos le sudaban; estaba frente a ellapero las palabras no salían de su boca.
– Em, yo… -tartamudeo, recibiendo un codazo que la hizo hablar. – ¿Podemos hablar?
– Bueno. –respondió de manera cortante la peliblanca, se dio media vuelta y comenzó a caminar, seguida por la mayor. No sin antes dedicarle un guiño a su amiga.
– Uuff cuanta tensión, ¿no crees? –dijo Miura tratando de bajar la incomodidad.
– Vaya que sí, espero que todo salga bien. Por cierto, soy Einhart Stratos pero puedes llamarme solo Einhart. –dijo la chica de ojos bicolor extendiendo su mano y dedicándole una sonrisa que dejando atónita a su compañera.
– Hola Solo Einhart, yo ser Rinaldi digo Miura… -tartamudeo sin sentido mientras estrechaba su mano haciendo que la peliverde soltara una pequeña risa. –Em, ¿puedo empezar de nuevo?, soy Miura Rinaldi y soy compañera de Fuka. ¿Sonó coherente?, sí sonó coherente.
– Sí, sonó bastante bien Miura pero necesito mi mano. –dijo Einhart señalando sus manos aún entrelazadas, la chica la soltó de repente.
– Ay, no, lo dije en voz alta y lo lo siento, no me di cuenta. –decía con gran nerviosismo.
– No pasa nada, un gusto en conocerte pero si me disculpas debo irme ¿podrías avisarle a Rinne? Por favor. –dijo a lo que la otra chica solo asintió. –Nos vemos. –añadió haciendo un pequeño gesto con la mano.
– Adiós… -se despidió mirando cómo se alejaba lentamente.
– Hey, ¿estás bien? –Fuka llegó dando un golpe en la espalda.
– Es hermosa…
– ¿Qué dices? –dijo pasando su mano frente a su amiga pero esta ni siquiera parpadeó.
– Que Einhart es hermosa…
– Wowowowowo espera, no, no y no ¡Rinne, tu amiga rompió a Miura!
– ¿Por qué gritas? –dice la peliblanca acercándose.
–Rinne, ¿por qué no mencionaste que tu amiga era tan bonita y genial?
– Bueno, nunca preguntaste. –dijo a lo que su novia carraspeó. –No puedes negarlo.
– Es guapa y ya, no es para tanto.
– Creo que me enamoré a primera vista de ella… –dijo soltando un suspiro. –Espero volver a verla, me tengo que ir, adiós. –se fue sin decir más.
– Oh no, esto es muy malo.
– ¡¿Qué le voy a decir a Vivio?! –gritó llevándose las manos a la cabeza. –Esto es malo, muy malo, va a matarme o peor aún, va a llorar. –decía caminando de un lado a otro.
– Hey, calma que aquí nadie va a llorar. –dijo Rinne con dulzura, deteniéndola y tomando su cara entre sus manos. –Sabemos que Miura es muy enamoradiza, en cuanto vea a Vivio se le pasará.
–¿Estás segura? –preguntó tratando de mantener la calma, la peliblanca solo asintió y depositó un pequeño beso en la punta de su nariz. –Bueno, confiaré en ti como siempre. Nadie se enamora en un día, ¿cierto?
–Verás que solo es un crush pasajero.
