¿OTRA SERPIENTE MÁS?

Entre las brumas de sus sueños, empezó a escuchar un gran ajetreo en la casa, que la hizo abrir los ojos. Se movió intentando levantarse, pero un brazo fuerte se lo impidió al mismo tiempo que un rugido varonil en forma de reclamo escapaba de la garganta de su acompañante. Ella volteó a verlo con una pequeña sonrisa en el rostro y fijó su mirada en esos ojos azules que tanto adoraba.

—¿A dónde vas tan temprano? —preguntó Ron con la voz rasposa.

—Algo pasa afuera —indicó la pelinegra, intentando nuevamente levantarse de la cama sin éxito alguno; ya que el brazo del pelirrojo no aflojó—. ¡Oye!

—No seas chismosa y vuelve a dormir, aún es temprano —dijo esto el chico, mientras la abrazaba mas fuerte y la pegaba a su pecho. El olor masculino del gryfindor la embelesó durante unos minutos, pero un nuevo ruido particularmente fuerte los hizo abrir los ojos a ambos.

—¿Qué diablos tienen en esta casa, que hacen ruido tan temprano? —gruñó Ronald.

—Eso es para lo que me quería levantar —dijo con el entrecejo fruncido Nicte.

—Ahhh… Está bien, vamos a ver que dragones pasa afuera —dijo el pelirrojo y ambos salieron de la habitación para ganarse con un correteo de casi todos los habitantes del Nº12 de Grimmauld Place—. ¿Por qué están que corren como hipogrifos locos todos ustedes? —preguntó un ofuscado Ron a una apurada Luna.

—Hermione y los chicos vuelven a su misión por los Horrocrux —indicó la rubia, quien luego de explicarles continuó su camino.

—¿Así que piensan irse ya? —dijo entre dientes la pelinegra—. Pues, no se van a deshacer de mi tan fácil.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó confuso el chico.

—Que es hora de que nosotros también empaquemos —indicó Nicte, mientras entraba nuevamente a la habitación y las cosas de ambos iban guardándose en dos maletas—. No creas que ahora que estamos juntos, te me escaparás cariño —le dijo a un Ron con la cara tan roja como su cabello.

En otro lado de la mansión, una estresada Hermione se encontraba verificando que todo lo de su lista se encontrara ya empacado; mientras un rubio blanqueaba los ojos y un moreno miraba a su leona divertido por lo maniática y perfeccionista que era.

—Por enésima vez Herms, ya tenemos todo —indicó el rubio.

—Déjame verificar eso Draco y no me distraigas, sino harás que empiece de nuevo y eso no queremos ¿no? —el chico ante sus palabras alzó las manos en forma de rendición y luego hizo un ademán como si cerrara un candado en su boca. Justo al instante, un pelinegro ingresó atropelladamente a la habitación con un paquete en manos.

—¡Hermione acá tengo lo que me pediste! —gritó el chico de gafas, antes que ambos slytherin pudieran impedirlo; quienes luego de la interrupción voltearon a ver a la castaña con los ojos como platos.

—Gracias Harry, ponlo ahí por favor —ordenó la chica, mientras volvía a su lista; pero ahí mismo frunció el ceño—. ¡Sapos hervidos! Perdí la cuenta, creo que tendré que comenzar de nuevo —indicó con una sonrisita nerviosa.

—¡Nooooo!

—¡Potter yo te mato! —gritaron ambas serpientes volteando a ver al gryfindor con desesperación.

—Oops… —dijo el león tapándose la boca.

—Dejen en paz a Harry y mas bien ayuden a contar las cosas que tenemos —indicó la castaña, lo que hizo que al pelinegro se le escapara una risita burlona; ante ello la chica agregó—. Tú también Harry, ayuda a los chicos —ocasionando que los otros dos se burlasen esta ves y el pelinegro soltara aire ofuscado.

—Está bien —respondió desganado el gryfindor y al ver las sonrisas burlonas de las serpientes les increpó—. Idiotas.

Ya era la hora de almorzar cuando Hermione por fin había terminado de organizar todo lo que debían llevar a la misión. Los tres chicos se encontraban tirados en la alfombra exhaustos por los correteos que la leona los había obligado hacer; de pronto se escuchó un rugido gutural que provenía de los tres estómagos y todos se rieron.

—Por Merlín, esa mujer casi nos mata —expresó teatralmente el moreno—. ¿Siempre ha sido así de mandona?

—Siempre —respondió sonriendo el pelinegro—. Aunque si no fuera por ella, yo estuviera muerto hace rato; así que obedezco feliz.

—Eso tenlo por seguro Potter —indicó el rubio, orgulloso de su chica.

—Trio de holgazanes ¿Por qué están tirados como marmotas en el suelo? —exclamó una castaña con el ceño fruncido al entrar a la habitación. Todos, sin excepción, se levantaron al instante de un brinco; muy al estilo de soldados al ser atrapados por su superior. Esto hizo que la leona no pudiera más y se echó a reír.

—Ah mujer cruel —expresó el moreno.

—Lo siento chicos —dijo Hermione entre risas—. Pero debieron ver sus rostros.

—Eso no me dio ninguna gracia —dijo renegando el rubio, pero luego de un tierno beso de la castaña este se suavizó y le sonrió.

—Blandengue —lo picó Harry.

—Calla cuatro ojos.

—Ya chicos tranquilos —los calmó la chica—. Venía a preguntarles si ya quieren almorzar.

—¡Haber preguntado antes! —casi lo gritó Blase, para salir corriendo rumbo a las cocinas junto a los otros dos; mientras Hermione se reía de la aptitud infantil que los chicos tenían a veces.

Al rato la castaña salió de la habitación rumbo a las cocinas para acompañar a los chicos a almorzar, justo en el pasadizo se encontró con una rubia que venía de la habitación de Nott. Aprovechando que su amiga se encontraba ahí, le pidió el favor de avisarles a Ron y Nicte que ya se encontraba lista la comida y que podían bajar; ella no iba en persona, pues no quería ocasionar otro conflicto con su hermana. Una ves la rubia cambió de dirección, rumbo a la habitación que compartía la pelinegra con el pelirrojo, ella bajó a encontrarse con Draco y los demás.

—Mmm huele muy bien aquí —dijo la leona al ingresar a las cocinas, mientras veía a Harry con las otros dos serpientes, devorar todo lo que les ponían en los platos.

—Pasa Herms y siéntate, que ahorita te sirvo —le indicó la menor de los Weasley.

—Prueba esto mi leona, está delicioso; la mini comadreja es una artista de la cocina —se apresuró el moreno a meterle en la boca un trozo de carne guisada, lo que ocasionó que la castaña se atorara.

—Si serás bruto —le recriminó Draco, mientras sobaba suavemente la espalda de su novia—. Ten cuidado, que casi la matas.

—Disculpa me emocioné —dijo avergonzado Blase—. Es que todo está muy rico —Todos se rieron ante el comportamiento infantil del chico. A los minutos ingresó Luna, acompañada de Ron y Nicte; y el ambiente se puso de pronto algo tenso.

—Siéntense todos a la mesa que ya les sirvo —Ginny rompió el silencio que se había formado. Los chicos al escucharla le hicieron caso y esperaron que les sirva. Cuando todos se encontraban comiendo en silencio, este fue interrumpido nuevamente, pero esta vez por la pelinegra.

—Me dijeron por ahí que vuelven a la misión —indicó como quien no quiere la cosa.

—Así es Nicte —respondió la castaña, adelantándose a la respuesta, casi segura, agresiva de Draco.

—¡Vaya! Y ¿Por qué no me avisaron para hacer mis maletas también? —continuó preguntando la pelinegra, con el mismo tono calmado.

—No sabía que debía avisarte hermana —volvió a responder igualmente calmada, Hermione; mientras sentía como la mano del rubio se contraía en un puño, así que puso la suya encima para calmarlo.

—¡Hermanita me sorprendes! —expresó de una forma fingida—. Cómo no vas a avisarme, si realmente esa misión me pertenece a mí, no a ti —dijo lo último con los dientes apretados.

—Bueno querida hermana, será por el hecho que quien ha estado partiéndose el culo buscando esos malditos artefactos soy yo; mientras tu estabas aquí de lo lindo, haciéndote pasar por mí.

—las reacciones ante el lenguaje florido y poco habitual de Hermione fueron muy variadas; por un lado Luna, Ginny y Ron se quedaron boquiabiertos, Harry y Blase casi se atoran por las carcajadas reprimidas, Draco puso una cara de satisfacción al ver que la castaña no se dejaba y Nicte simplemente mantuvo su cara neutral y seria. Ambas se enfrascaron durante unos minutos en una guerra de miradas, que avecinaba una nueva pelea entre ambas gemelas.

—Ehhh… bueno… no creo que haya problema que los acompañemos Herms —interrumpió Ron el incómodo momento—. Mientras más seamos mejor ¿no? —intentó apaciguar.

—De ninguna mane… —empezaba a reclamar el rubio, pero fue interrumpido.

—Yo creo que estaría bien que ambos vayan —dijo una Luna sonriente—. Además, estaba pensándolo mejor y creo que es recomendable que yo me quede.

—Pero Lovegood…

—Nadie va a cuidar a Theo mejor que yo —interrumpió nuevamente al rubio, quien al escuchar dichas razones, se cayó.

—Harry, creo que tú también deberías ir —esta vez fue Ginny quien tomó la palabra, Harry iba a contradecir pero ella se adelantó—. Yo mejor me quedo a ayudar a Luna, pero a ti te van a necesitar por tu conexión con los Horrocrux.

—La mini comadreja tiene razón Potter —esta vez habló Draco—. Si contigo podemos conseguir mas rápido esas cosas, lograremos destruir a ese maldito de una vez.

—Y salvar a Theo en el proceso —indicó Luna y todos asintieron—. Bueno, creo que iré a ver como sigue —dijo la rubia levantándose de la silla, pero no dio más de dos pasos y se desmayó, siendo sujeta apenas por Blase, antes que su cuerpo impactara con el piso.

—¡Luna! —gritaron casi todos, preocupados por su amiga.

Blase corrió con la rubia en sus brazos hacia su habitación, seguido por todos los demás. Una vez la recostó en su cama, la castaña y la pelirroja se adelantaron para examinarla.

—¿Qué es lo que tiene? —preguntó preocupado el pelinegro.

—Solo es un desmayo —le respondió su novia.

—No es la primera vez que sucede —interrumpió el moreno preocupado—. Eso no es normal.

—No, no lo es —secundó Ron—. ¿Qué puede tener? —Nicte al ver la preocupación del pelirrojo por la chica, ardió en celos; no los podía controlar, él era suyo y solo se podía preocupar por ella.

—Son solo desmayos, no es la gran cosa —dijo de forma brusca la pelinegra, mientras tomaba de la mano al chico—. Vamos, no es bueno que estemos muchas personas aquí —Ron quiso reclamar—. ya nos avisarán cualquier cosa.

—Nicte tiene razón —indicó esta vez Hermione—. Déjennos a Ginny y a mi encargarnos, nosotras les avisaremos apenas se encuentre mejor.

—Pero apenas despierte nos avisan —indicó un preocupado moreno.

—No te preocupes Blase, eso haremos; ahora por favor retírense —todos sin excepción les hicieron caso y dejaron la habitación, pero se mantuvieron esperando en el pasillo.

Una vez se quedaron las tres chicas solas, Hermione convocó un pequeño bolso donde tenía un botiquín mágico con diferentes pociones y antídotos. Empezó a rebuscar hasta que encontró un pequeño frasco con un líquido rosa chicle.

—¿En serio lo crees? —preguntó la menor de los Weasley al ver el frasco en las manos de su amiga.

—Ya van varios desmayos Ginny, además del cansancio; es probable.

—Tienes razón, ven ayúdame a despertarla y a que se siente —la castaña no lo pensó mucho y se acercó para que entre las dos acomodaran a una rubia que poco a poco iba recuperando el conocimiento.

—¿Qué pasó? —preguntó en un susurro Luna.

—Perdiste el conocimiento —indicó Hermione, para luego darle el frasco—. Toma, bebe.

—¿Esto es? —ambas chicas asintieron, lo que provocó que los ojos de la rubia se abrieran por completo ante la posibilidad—. Oh, Theo —dijo esto mientras que con los ojos aguados, tomaba la poción y esperaba con sus amigas.

Después de unos minutos, la Ravenclaw empezó a sentir un cosquilleo en su vientre bajo y un pequeño calor proveniente de ahí, así que se subió la camiseta dejándolo a la vista y ante la mirada asombrada de las tres, se iluminó con un destello blanco, respondiendo a la interrogante anterior.

—Luna estas embarazada —no alcanzó a decir más porque todos entraron atropelladamente al sentir un destello que salía de la habitación.

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó un preocupado Harry.

—¿Luna está bien? —secundó Blase.

—Mierda —atinó a decir Draco al ver el frasco casi vacío en el velador—. Ahora debemos apurarnos en destruir al maldito o Theo nos asesinará por no apresurarnos.

—No comprendo ¿Qué es lo que pasa? —preguntó confundido el pelirrojo.

—Luna está embarazada —respondió Hermione con los ojos brillosos ante la hermosa noticia, que su amiga se convertiría en mamá.

—¡No! ¿Otra serpiente más? —exclamó preocupado Ronald.

—Puede ser un águila también —indicó con su típico tono soñador la rubia, ocasionando la risa de todos, menos un pelirrojo y una pelinegra.

Hola a tod s, vengo por fin con un nuevo capítulo y es que parece que mi bloqueo de mente ya terminó, espero que siga así. Disculpen por la cantidad grande de tiempo, que los hice esperar; prometo que muy pronto publicaré otro capítulo.

Espero que les guste y disfruten este capítulo l s quiero!

Nota: Ningún personaje del mundo de Harry Potter me pertenece. Todo este extraordinario mundo le pertenece a la grandiosa J.K. ROWLING.