Dia veinticuatro: compartiendo una malteada
Peleaba con su madre todo el tiempo. A gritos que harían sentirse avergonzada a una banshee.
Siempre era igual. Bakugou decía algo inapropiado e insensible, su madre lo juzgaba y lo reprendía inapropiada e insensiblemente. Su padre miraba en un silencio resignado o intentaba tranquilizarlos de forma segura, de forma no muy diferente a como lo haría con un par de gatos territoriales malhumorados, realmente dependía de si había visitas y de quienes eran esas visitas.
Esta vez habían sido menos gritos y más llanto falso (o real, quien sabe en realidad) para manipularlo. Lo peor era que ella ni siquiera escuchaba lo que estaba diciendo. Ella había puesto sus expectativas ridículas y socialmente aceptables, y en el momento en que Katsuki decía que no ya nada tenía validez además de que era un niño estúpido e inmaduro que no entendía el sentido de la vida y ella era su madre y debía escucharla…
Bakugou se quitó los brazos de la cara cuando escucho el característico ruido de la licuadora salir de la cocina. No era como si fuese especialmente dramático pero el sonido ahuyentaba cualquier sentimiento de melancolía y pesar para sustituirlo con irritabilidad y malhumor puro. El estaba teniendo un momento de reflexión y Shoto solo estaba siendo… bueno, en realidad solo esta siendo el mismo. Como de costumbre.
Por un momento debatió si debiese ir y evitar que su esposo quemara la licuadora de nuevo o quedarse tirado en el sofá a ser miserable un poco mas. La primera opción gana. Bakugou no cree que pueda soportar ver la sonrisa burlona de la dependienta de la tienda de electrodomésticos al verlo de nuevo, al menos no por esta semana. Mejor esperar a que Shoto incendie esa horrible lampara que Uraraka les regalo por navidad y que Bakugou esta seguro que ella compro en alguna venta de garaje prescindida por un anciano daltónico… o Aizawa. Shoto ama esa maldita cosa, Bakugou solo quiere que muera lenta y miserablemente. Es horrible.
El sonido de vidrios rotos lo decide.
Suspira y decide que definitivamente necesitan una casa real, en lugar de su pequeño departamento al que llaman hogar, una casa grande donde pueda esconder alguna habitación libre de bastardos mitad-mitad adorablemente torpes. Se emocionaría mas si la idea de una casa no alentaría más a su madre y sus ideas de que es lo ideal y lo mejor para ellos.
Cuando llega a la cocina es recibido por la imagen de Shoto arrodillado en el piso recogiendo los fragmentos de lo que casi seguro era su ultima copa de vidrio.
Al parecer verán a esa dependienta antes de lo esperado.
Al menos no fue la licuadora.
Ella no lo dejaría verla a los ojos con orgullo después de tres veces este año. Y solo era mitad de febrero…
Shoto definitivamente debería dejar de intentar hacer postres.
Suspira, que es la regla general. Shoto rompe cosas, Bakugou intenta no enojarse por ello… ya paso el punto de que ni siquiera resulta entrañable. Y aun así solo imaginarlos con una pequeña cosa dependiente de ellos…
Sería mejor empezar con un perro.
—Auch—apenas es un murmullo, mira mientras Shoto se lame el dedo herido por uno de los fragmentos de vidrio.
Quizás un gato. Los gatos son mas independientes. Quizás incluso podría entrenarlo para que cuide de Shoto, al menos alejándolo de la cocina y cuando inevitablemente falle entrenarlo para que despierte a Shoto cuando algo de su comida comience a humear.
Eso sonaba mas factible. Al menos mucho mas que pequeñas alimañas de en dos piernas.
—Deja eso —le dice a su esposo, sería malo si se hiere mas intentando arreglar su desastre. Si alguien en el mundo es capaz de morir desangrado limpiando fragmentos de vidrio es Shoto. Bakugou no alberga ninguna duda al respecto.
Se apoya contra el marco de la puerta con lo brazos cruzados contemplando el espectáculo durante unos segundos antes de hablar.
—¿No era esa nuestra última copa de vidrio? — Shoto solo murmura de acuerdo, su dedo herido en su boca. He aquí uno de los héroes mas reconocidos de su generación, si no de la década.
Bakugou solo niega con la cabeza. Mas allá de enojarse, molestarse por la torpeza innata en cualquier aspecto no atlético o heroico de Shoto es nada mas que una perdida de tiempo. En su lugar busca la escoba y empieza a limpiar los fragmentos de vidrio adecuadamente.
—Un niño no duraría más de un día en esta casa —se le escapa inconscientemente, la discusión con su madre aun dando vueltas en su mente.
Todoroki se ríe.
—Diría que Midoriya duro mucho más que eso—dice, aludiendo a aquella vez que un quirk de regresión de edad alcanzo al bastardo de Deku. Bakugou solo le pone los ojos en blanco asegurando los vidrios rotos en el contenedor lejos de su adorable pareja propensa a los desastres.
—Eso es de lo que se trata entonces—Shoto dice, su voz es un oasis de calma en medio de una tormenta, tan impoluto como siempre. Jamás deja de sorprenderlo, la dicotomía de la imagen tranquila y serena que roza en lo intimidante de Shoto en contraste con el desastre ambulante que Katsuki sabe que puede llegar a ser. Pero es Shoto, entonces no es más que contradicciones contenidas en un lindo paquete a dos colores—. creí que era algo mucho peor por como tu madre lo hizo sonar. Supongo que el dramatismo les viene de familia.
—¿Ella te llamo? —Bakugou pregunta, si se entera de que su madre esta intentando meterle ideas a Shoto en la cabeza se desatara el infierno de una forma que ni los más salvajes torneos de Monopoly en los internados en UA presenciaron.
Shoto asiente y luego empieza a rebuscar en la alacena mientras habla.
—Me dijo que pelearon —empieza—, dijo que se sentía mal porque cree que tal vez está siendo demasiado dura contigo, ya ves. Creo que solo es un reflejo para ella. Hablamos de algunas cosas un rato—Shoto lo mira entonces, una taza fea con temática de All Might en una de sus manos y una de Spiderman en la otra, su mirada demasiado profunda para alguien que viste una camisa con estampado de mapaches danzantes— no creo que estés equivocado —continua—, pero puedo entenderla un poco. En cualquier caso, es algo que finalmente solo nosotros podemos decidir.
Bakugou arruga la nariz.
—No hay nada que decidir—dice. Porque no lo hay. Es estúpido. Ellos no necesitan niños de entre todas las cosas para satisfacer cualquier retorcido sentimiento de validación sobre su relación. Ser solo ellos dos, incluso después de tantos años basta, de ninguna manera significa que solo porque no tienen pequeños engendros salvajes correteando por ahí como algunos de sus amigos estén rotos. O sean una familia menos de lo que cualquier otra lo seria.
Todoroki empieza a servir el contenido de la licuadora en las tazas. Es de un rosa intenso y Bakugou puede sentir la bomba de azucares que contiene solo con mirar mientras el liquido se vierte. Los batidos de Todoroki son bastante infames, mas por la tendencia del hombre de ofrecerlos como alguien ofrecería té cuando está consolando a alguien, supone que su capacidad para producir hielo tiene algo que ver. O su continua asociación con sugar-man o como sea que Sato se haga llamar.
Shoto le da un largo trago a la taza con decorados de All Might antes de pasarle la otra a Katsuki.
Esta por comentar como preferiría una taza de café negro, pero las palabras mueren cuando Todoroki se relame los labios quitando el exceso de la bebida y sigue hablando.
—Quizás tenga algo que decir sabes—dice, y Bakugou se sacude mentalmente. No es el momento—, no estoy diciendo que corramos y atrapemos al primer niño que encontremos o lo que sea, pero no creo que sea, ya sabes… algo malo. Se que tienes esta idea absurda de que no puedo cuidarme a mí mismo, y no puedo decir que tenga a los mejores referentes en cuanto a criar a un niño, pero…—su voz decae, hay algo intrínsecamente triste en la profundidad de sus ojos. Algo que Bakugou no veía ahí desde hace un largo tiempo. Es en momentos como ese que lo que mas desea es ir y golpear a Enji Todoroki directamente a la cara.
Shoto bufa y se apoya contra la encimera de la cocina con las manos envueltas alrededor de la tasa y la mirada perdida en las muescas de sus bordes. Es una taza vieja. Un sobreviviente del desastre humano que puede a llegar a ser su marido. Pero también es la favorita de Shoto, Katsuki se la regalo cuando aun estaban en UA como una broma, pero Shoto la había cuidado desde entonces como a un tesoro.
No un desastre tan grande en realidad. No con las cosas que de verdad le importan.
—No… dios, sonaba mucho mejor en mi cabeza, lo juro—Todoroki alza la mirada hacia él— lo que intento decir es que, si de verdad es lo que quieres en algún momento, yo estaría de acuerdo. Porque, aunque no estoy seguro de que lo vaya a hacer bien y solo se que es lo que definitivamente no debo hacer y estaría aterrorizado sé que estaría bien porque aún te tendría.
Bakugou sonríe, incapaz de controlarse estira la su mano y toma la de Shoto, que aun descansa alrededor de esa fea taza, mira como los delgados y largos dedos de su esposo siguen a los suyos propios automáticamente y encajan juntos con suavidad sin siquiera un momento de consideración.
—Esta bien —su voz es baja, solo lo suficientemente elevada para que Shoto la escuche tan cerca como están, Bakugou se asegura de hacer contacto visual antes de hablar de nuevo—. Como el infierno que serias mil veces mejor que tu inútil padre de mierda siendo un padre.
Shoto sonríe y el corazón de piedra de Bakugou se ablanda un poco, se permite que todos los bordes ásperos que conforman su personalidad se suavicen y asienten solo para esta persona.
—Y está bien su algún día quieres adoptar, raptar o recoger a un niño. Te respaldare, pero esto no se trata de nosotros. Se trata de esa vieja bruja imponiendo sus estúpidos ideales…
Se interrumpe con la suave risa de Shoto, Shoto se tapa la boca intentando parar. No funciona. Bakugou rueda sus ojos y niega con la cabeza… y el aquí sosteniendo su sangrante corazón en sus manos para esta cruel belleza.
—Lo siento, Katsuki lo siento— Shoto quita la mano de su cara, sus mejillas resplandecen en rojo y su mirada es cálida como el sol en invierno—, es solo que debí haber sabido que se trataba únicamente de otra de tus peleas con la señora Mitsuki.
—Mmf —Bakugou se enfurruña, hace la su taza aun intacta aun lado y se tira sobre la encimera, cualquier niño mimado seria humillado ante la fuerza de tal berrinche. Todoroki solo sonríe y se acerca a su lado acomodando una mano alrededor de su cintura y empezando a acariciar su cabeza pasando sus estilizados dedos a través del cabello rubio y esponjoso.
Su voz suena suave en su oído cuando vuelve a hablar.
—Pero —sus dedos se detienen en su cabeza por un momento como si estuviera contemplando en su cabeza que decir a continuación—, antes lo decía enserio, sobre tener hijos. Es algo que me gustaría hacer contigo. Algún día, cuando estemos listos.
Bakugou voltea su cabeza, están tan cerca que puede distinguir cada una de las pestañas en los hermosos ojos de Shoto y ver claramente el contraste de su piel saludable al encontrarse con la piel cicatrizada en su rostro.
—Bien— dice y solo para ser un mocoso agrega—, pero conseguiremos un gato antes. Si logras que no se pierda o muera de hambre al menos durante un año podemos pensarlo correctamente.
Shoto solo sonríe y lo besa para mostrar su acuerdo.
Sus labios son un poco demasiado dulces con el sabor de malteada aun persistente en su boca. Bakugou lo sigue besando de igual forma.
O0o0o0O
Una semana después Todoroki llega con un pequeño engendro de ojos oscuros e inteligentes detrás de unas gafas de montura cuadrada.
—Hable con Yaomomo sobre nuestros planes sobre los niños—Shoto hace una pequeña mueca cuando la niña casi choca con uno de los gabinetes en la sala— y ella nos inscribió de niñeras.
Bakugou considera al pequeño demonio unos segundos antes de encogerse de hombros. Si van a echar a perder a algún pobre niño, mejor este que no es suyo. Yaoyorozu probablemente tuvo un lapsus mental al dejarle a su adorada hija, había que aprovecharlo.
—Oí, mocosa, ¿tienes hambre? —Bakugou le grita a la niña.
Ella se vuelve hacia él, toda ira indignada ante los malos modales de su cuidador, la viva imagen de su padre.
—Mi nombre no es mocosa, es Teiko — ella dice, ni una pizca de la timidez de su madre, a la vista solo hay ojos determinados y postura recta, mmn, ella es de las fuertes, a Bakugou le agrada solo por no dar un paso atrás cuando la atraviesa con su mirada—, Iida Teiko. No mocosa.
Bien. Quizás funcione. Bakugou ira con ello con todo lo que tiene.
Al final tiene a la pequeña mocosa envuelta alrededor de su dedo cantando sus alabanzas y admiración ante un estupefacto y horrorizado Iida que no puede creer que Bakugou de todas las personas en realidad tenga carisma para los niños.
Al final Iida se resigna a que la su pequeña se ha apegado a Bakugou y Todoroki de alguna manera y lo único que puede hacer es aconsejarla sobre no seguir los hábitos más cuestionables del rubio. Ella a pesar de ser pequeña e impresionable es perspicaz y entiende. Nada de maldecir y ser maleducada. Asiente.
Bueno, piensa Bakugou, quizás no sea tan mala idea después de todo. Algún día.
