Disclaimer: ¡Haikyuu! Le pertenece a Furudate Haruichi.

Summary: Si hay palabras que no se deben decir, entonces, ¿cuáles son las que sí se deben decir?

Advertencia: Aparición de un OC y temas que resultan sensibles para algunas personas.

Palabras que sí se deben decir.

Julio 30. 5:30 am.

Bokuto Kotaro giró por millonésima vez sobre su cama para ver el reloj y suspiró con alivio al ver que, al fin, después de pasar toda la noche en vela, era una hora decente para levantarse. Sus pensamientos estaban atormentándolo desde que su llamada con Akaashi había terminado.

—¿De verdad pude llegar a ser tan miserable? —se preguntó mientras hacía sus preparativos para ducharse, se miró en el espejo de su baño y no se reconoció—, ¿qué hice? —se llevó la mano a la frente, sabía que tenía que solucionar muchas cosas, pero su orgullo lo hacía sentir acorralado.

Ni siquiera sabía exactamente por qué se había comportado de esa forma, a esas alturas, evidentemente ya tenía una idea del motivo que lo orilló, pero todo sería más fácil si alguien se lo dijera directamente.

Una de sus primeras penitencias para pagar por lo que hizo, fue ducharse con agua fría, se repitió que se lo merecía mientras sentía como sus músculos se encogían e incluso llegaban a doler al entrar en contacto con la temperatura del agua. Sintió como un regalo del cielo cuando pudo cubrir y apaciguar los ligeros temblores de su cuerpo con la toalla tibia.

Al salir de la ducha, observó la cajita con el broche en su mesa de noche. Suspiró de nuevo, sabía que sería un largo día. Había muchas cosas que Akaashi no quiso decirle pese a todo y no podía evitar sentir curiosidad, pero para conocer la parte de la historia que era borrosa para él, primero tenía que hacer bien lo que le correspondía y en dónde sí estaba involucrado.

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Julio 30. 7:30 am.

Sabía que estaría en problemas muy graves si el entrenador descubría que se había fugado en cuanto se dio la vuelta. Para empezar, ni siquiera planeó ir al entrenamiento de la mañana, pero lo vieron llegar a la escuela y de inmediato gritaron su nombre.

—¡Bokuto, deja de esconderte detrás de los basureros, no es tiempo de jugar, hay que entrenar! —el chico maldijo susurrando, él creía que su escondite era infalible.

Ahora debía ir, pero por extraño que pareciera, al no haber ningún torneo realmente cerca, sentía que era mucho más importante arreglar las cosas con su amiga que jugar volley, cosa que en otros tiempos le hubiera parecido espantosa. Por ese extraño motivo, decidió no pensar mucho las cosas y hacerlo, así que cuando el entrenador se distrajo mientras ellos hacían una serie de push-up, decidió saltar detrás de los arbustos y escabullirse a la entrada, antes de que los demás estudiantes llegaran y no alcanzara a hablar con (T/N) lo antes posible.

—¡¿En dónde se metió Bokuto?! —oyó gritar al entrenador a tan sólo unos pasos de haberse alejado. Cerró los ojos con fuerza esperando ser encontrado y reprendido duramente.

—¿Bokuto? —intervino Akaashi, quién no había perdido detalle de lo que había hecho su mejor amigo desde que había llegado— Él no estaba aquí, ¿o sí?, al menos yo no lo vi.

—¡¿Qué demonios, Akaashi?!, ¿me estás tomando el pelo?

—Yo no suelo hacer esas cosas, no sé de qué me habla…

—Estoy seguro de que lo llamé en la mañana cuando estaba escondido detrás de los basureros.

—Ese idiota… —susurró por lo bajo— ¿Seguro? Bokuto es muy extraño, pero jamás lo he visto esconderse detrás de un basurero, tal vez detrás de los arbustos.

—¡Pero los demás lo vieron! —y realmente fue así, pero como llegó más callado que de costumbre y Akaashi, una persona de la que no se debe desconfiar, decía que no era cierto, entonces los demás supusieron que sólo les pareció haberlo visto y guardaron silencio— ¿Esas almejas de ayer estaban mal? —comenzó a dudar también aquel estricto hombre.

—Tal vez —añadió Akaashi—, Bokuto también comió almejas ayer y cuando estábamos estudiando, vomitó, tal vez aún esté en cama porque no se siente bien, anoche hable con él… Tiene una espantosa diarrea, de esas en las que te da miedo hasta toser o estornudar por accidente.

Bokuto se sintió muy agradecido por el gesto, pero se tuvo que morder la lengua para no gritarle a Akaashi desde donde estaba, que lo de la diarrea había sido demasiado, pero no podía. Esperó hasta que el entrenador levantó los hombros confundido y siguió en lo suyo.

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Miles de rostros pasaron, pero ninguno era el de (T/N) y los minutos corrían, se sentía un completo tarado esperando solo, ahí ante los ojos curiosos de los demás, que se preguntaban por qué no estaba con su equipo como de costumbre, pero ninguno se atrevía a hacerlo directamente porque su semblante y lo que reflejaba en sus ojos era tan triste, que dejaban claro que no era lo mejor que se pudiera hacer en esos momentos.

Incluso cuando solo faltaban cinco minutos para que la campana sonara, (T/N) no aparecía, entonces pasó de estar solo desesperado a desesperado y preocupado, no era costumbre de ella llegar tarde.

—Deberías ir a clase, a quién quiera que estés esperando, no vino hoy a la escuela —le sugirió el profesor que se encargaba de vigilar la puerta ese día. Bokuto agachó la cabeza, pero no se movió ni un centímetro de donde estaba.

A lo lejos, por la avenida, comenzó a escucharse el lento y pesado caminar de alguien. No se molestó siquiera, él conocía el sonido de sus pasos y estos no eran ni similares.

—Corre, chico, la campana está a punto de sonar… —dijo el maestro al caminante, confirmándole a Bokuto que incluso era un hombre. (T/N) definitivamente no iría a la escuela ese día.

—Sí, lo siento —respondió el otro de forma automática y con una voz tan triste que parecía la de un muerto en pena, pero fue suficiente para que Kotaro reconociera ese acento extraño y ese tono tan suave. Como si un perro viese una ardilla, giró su cabeza en dirección al sonido, desplegando sus gigantes ojos de búho.

Hyun caminaba arrastrando sus pies, ni siquiera intentaba llegar a tiempo a clase, estaba agazapado y con la mirada en el piso, siguiendo sus propias pisadas, su delgado cuerpo parecía temblar ligera y constantemente. A Bokuto le bastaron cuatro zancadas suyas para ponerse justo tras de él y sujetarlo del brazo, demonios… Incluso el brazo de (T/N) parecía más ancho.

—¡Oye! —le llamó, él pareció intimidarse, pero Kotaro se preguntó por qué, no le había hecho nada… directamente. Hyun lo volteó a ver, los ojos estaban sumidos y tan pequeños, parecía que había llorado mucho, sus labios estaban resecos y su cara mucho más pálida que de costumbre. Bokuto retrocedió ante la tristeza y desesperación de aquella mirada.

—No tengo nada que pudieras quitarme… —respondió.

—¡No voy a quitarte nada! —aclaró un poco ofendido.

—De acuerdo…

—¿Sa-sabes dónde está (T/N)?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

—¡¿Podrías dejar de contestarme solo con monosílabos?!

—No.

—¡Es por eso por lo que no me agradas! —explotó Bokuto, cuando se dio cuenta de que lo había arruinado otra vez, se llevó la mano a la boca —Maldición —susurró entre dientes, observó a Hyun, había agachado la cabeza nuevamente y apretaba los puños con mucha fuerza.

Quiso ponerle una mano en el hombro para tranquilizarle y pedirle perdón, pero no podía, algo le frenaba, seguía con la palma extendida hacía él, pero sin hacer nada realmente.

—Esto es ridículo —se dijo a sí mismo, decidiendo hacerlo por fin, pero tampoco lo logró esa vez, antes de eso, Hyun le golpeó el brazo para alejarlo y finalmente lo encaró. Fue cuando Bokuto se dio cuenta de que no era tan bajito como aparentaba, era casi de su tamaño, pero se la vivía encorvado.

Los lagrimales del chico estaban a punto de reventar, pero no lo hacían, sólo tenía hartazgo reflejado en el rostro. Esa expresión, Bokuto Kotaro jamás podría borrarla de su mente, realmente estaba sorprendido.

—¡Ya sé que no le agrado a muchas personas! —le gritó—, ¡no necesito que me lo repitas!

Hyun le dio la espalda y siguió su camino, dejando al búho aturdido por el grito. La campana lo sacó de ese estado, sacudió su cabeza, lo de Hyun podía esperar, lo más importante en ese momento era (T/N) y que no había llegado a la escuela. Observó como el profesor, que fingió no escuchar nada, cerraba la reja de la entrada, pensó unos segundos y al meter las manos en sus bolsillos y sentir la caja que contenía ese broche, decidió que no podía esperar a que terminaran las clases y definitivamente ese maestro no lo dejaría salir a esas alturas, pero en ese caso tampoco iba a poder detenerlo.

Respiró profundo y tomó vuelo. Al llegar a la reja, saltó con toda la habilidad que su entrenamiento de volley le otorgó, evidentemente no llegó al otro lado, la reja medía como 5 metros de alto, pero casi toca la cima, se sujetó de dos barrotes y utilizó como escalones los que estaban en forma horizontal para escalar y pasarse al otro lado.

—¡Oye, ¿qué estás haciendo?! —le gritó el profesor, justo cuando él se soltaba para caer de cuclillas en el asfalto de la calle, dejando temblorosos los barrotes al ya no sostener su peso.

—¡Lo siento!, ¡tengo diarrea y todos los baños están ocupados!, ¡es una emergencia! —gritaba mientras desaparecía en la esquina. El maestro se preguntaba cómo era posible eso, al igual que Hyun.

Éste lo observaba desde la puerta del edificio, absorto.

—Volvió a volar, como si fuera un verdadero búho —susurró aún viendo la reja, repitiendo en su cabeza el momento una y otra vez— Yo también volaré muy pronto. —se dijo y se dirigió a clases.

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Conocía de memoria el camino a casa de (T/N), no necesitaba pensar ni acordarse de nada, pero cuando tocó la puerta del lugar, su madre abrió diciéndole que hacía rato la chica había abandonado el lugar para ir a la escuela. La mujer entonces comenzó a cuestionar si algo andaba mal, él negó con nerviosismo, no quería preocuparla, eso sólo traería más problemas.

—No, sólo me preguntaba si podría usar su baño… —y sin esperar respuesta, se metió a la casa para no parecer aún más sospechoso de lo que ya era.

Aprovechó para mojarse la cara.

—¿En dónde estará? —se preguntó a sí mismo a través del reflejo.

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La buscó en la librería, en las tiendas de ropa, en su cafetería favorita e incluso en el parque, donde ella solía ir a pensar las cosas, pero no estaba en el columpio de siempre. Decidió volver al centro comercial, tal vez no había buscado bien en el game center. Se paseó por allí y pasó delante de la tienda de donas, donde la había acompañado la otra vez y por la tienda de deportes, de dónde habían salido sus rodilleras.

Estaba a punto de decidir entrar en alguna de las dos, cuando alguien le puso una mano en la espalda, pero no era la mano que esperaba, cerró los ojos con fuerza y recordó… Traía puesto su uniforme de deportes, en horario escolar, se había saltado las clases y por supuesto, estaba en un lugar con vigilancia.

—Si no tienes una excursión, estás en muy graves problemas… —escuchó, viró lentamente la cabeza, sonriendo con falsa inocencia delatada por la rigidez de sus pómulos, miró al oficial que lo había atrapado y trató de salir de esa.

—Hola, oficial —sus dientes estaban expuestos, lucían enormes—, es que… Me perdí camino a la escuela.

—¿Esperas que te crea eso? —le levantó una ceja.

—¿Hubiera sido más creíble si le hubiera dicho que me perdí en su mirada? —incluso trató de hacerlo reír, pero no dio resultado tampoco.

—Acompáñame. —le ordenó y suspiró medianamente derrotado, podía desafiar a la autoridad de la escuela, pero aún no estaba listo para desafiar a la autoridad del país.

Lo llevaron a la estación.

—Ve atrás, allí hay una banca, siéntate y espera mientras llamo a tu escuela.

Bokuto apenas avanzó unos pasos, y volteó para descubrir que el oficial continuaba vigilándolo, arruinando cualquier posibilidad de escape. Le sonrió y le saludó, el destinatario, sin suavizar un instante el rostro, le señaló la parte de atrás.

—Parece que hoy hay muchos chicos de preparatoria perdidos en mi mirada el día de hoy. Este es el segundo y también es de Fukurodani. —escuchó al oficial comentarle a un colega que estaba en la recepción.

—No puedo creer que alguien más utilizó el "me perdí en tu mirada" antes que yo, por eso no funcionó… —susurró Bokuto camino a la banca— Me pregunto qué clase de tonto será. —escuchó como carraspeaban la garganta cuando terminó de hablar— ¡D-de seguro fue un tonto muy ingenioso! —cuando vio a (T/N) sentada en donde se suponía él debía sentarse también, supo que no sería su día, era la quinta vez que llegaba a esa conclusión.

—De todos modos, no pienso hablar contigo —respondió la chica, girando su cabeza hacia otro lado.

Bokuto bufó desanimado y se sentó a un lado exactamente, pero ella se recorrió un poco al lado opuesto para alejarse y él la siguió, dando paso a ese extraño juego de alejarse y acercarse por turnos.

(T/N) estaba tan desesperada por ganar, que no notó cuando la banca se había terminado, por lo que cuando su siguiente turno llegó, terminó con el trasero hundido en el cesto de basura que había allí y al tratar de levantarse sola, se fue de lado, terminando tan indefensa como una tortuga.

—¡¿Estás bien?! —Bokuto se levantó de inmediato e intentó ofrecerle ayuda, pero (T/N) la rechazó y ocultó su rostro— Ah, ya veo… Estás tan molesta que no vas a hablar conmigo.

Y no es que no pudiera levantarse, era perfectamente capaz si utilizaba sus manos, el bote de basura no era tan grande y bien podía ponerse de pie, pero se ocultaba, porque su cara se había puesto roja de la vergüenza, tan intenso que parecía ese barniz carmín que utilizaba su vecina, una anciana extraña que solo utilizaba cosas de ese color. En otros momentos, tal vez no hubiese sido tan bochornoso, Yukie, si hubiera estado presente, se hubiera reído, Bokuto la hubiese seguido, Akaashi la habría ayudado a levantarse y una vez que hubiese pasado todo, ellos también se unirían a las risas y al día siguiente ese incidente quedaría en el pasado, pero no era así.

Claro que no, solo estaban ellos dos, SOLOS, pero no "solos" en una situación de normalidad cotidiana, donde "solos" no era una palabra que causase problemas. Era una situación donde "solos" representaba muchas cosas, porque, para empezar, Bokuto había empezado a comportarse muy extraño de manera repentina y esas actitudes comenzaban a incomodarla por qué no sabía el motivo por el cual su amigo actuaba así. Además, estaban peleados y aunque Bokuto ya no parecía enojado, ella aún no soportaba lo que él había dicho sobre Hyun el día anterior y como cereza del pastel, acababa de hacer el ridículo en una estación de policía.

Kotaro volvió a sentarse, esta vez hasta el otro extremo de la banca para ya no causarle molestias a (T/N), en cuanto decidiera levantarse.

—Parece que vamos a tener que buscar otra excusa, Tortuga —le dijo, sin muchas esperanzas de tener alguna respuesta, le bastaba con que lo escuchara al menos—. El "me perdí en su mirada" no funciona muy bien, tal vez porque no añadí el "guapo", pero es que, ¿viste su cabello? —dejó escapar una ligera risa— Tenía una mullet, deberían de advertir en las peluquerías que, si te haces ese corte, podrías terminar pareciendo Odile de El lago de los cisnes en la película de Barbie… —y realmente no esperaba una respuesta, pero un deje de esperanza apareció en su corazón cuando desde el piso, echa un ovillo y con el basurero en el trasero, la espalda de (T/N) comenzó a moverse, delatando la risa que ella estaba tratando de contener con todas sus fuerzas.

Bokuto sonrió, al menos aún tenía el don de hacerla reír y eso lo hizo feliz, muy feliz.

Intentó volverse a acercar, también le tendió la mano de nuevo, está vez, (T/N) aceptó la ayuda. Volvió a poner el basurero en su lugar y se sentó de nuevo, del otro lado de la banca, lejos de Bokuto y él respetó eso.

—¿Y bien? —le preguntó—, ¿cómo te volviste un delincuente juvenil?

—Desde que herí a mi amiga —admitió, ella lo volteó a ver de inmediato, para pedirle que continuara con la mirada, el inhaló mucho aire, lo sostuvo tres segundos dentro de su cuerpo y finalmente lo liberó antes de hablar—. Mira, no voy a mentirte, no me agrada mucho ese chico… Lo cual es extraño porque realmente la única persona que no me agradaba hasta el momento era Watanabe y su sequito de mujeres elefante y él… Realmente, no ha hecho nada malo o algo así… Creo —aclaró, porque aún no estaba seguro de ese punto—, lo que sí sé es que yo si he hecho algo muy malo. No te enojes con Akaashi, él sabe perfectamente que rompió la promesa que te hizo ayer sobre no contarle a nadie lo que le dijiste sobre Hyun, pero creyó que era necesario que yo lo supiera y realmente era así. Lo siento mucho (T/N), tal vez estaba celoso porque se estaba volviendo tu amigo y tus únicos amigos éramos Akaashi, Yukie y yo… Te prometo que no voy a volver a decir nada xenofóbico ni hiriente acerca de ese chico, ni de ninguna otra persona…

—Te creo, Bokuto —ella le sonrió y finalmente se acercó a él—, sé que no eres así, pero necesitarás hacer algo enorme para que te perdoné al 100%, justo ahora, solo estás perdonado al 65%. En primera, porque fue algo muy grave y en segunda, porque no soy yo a quién debes pedirle perdón realmente…

—Pude haber dicho que bailaba el Gangnam Style y que era un mal bailarín para ser coreano.

—¡Bokuto! —le regañó.

—¡Pero no lo hice, porque está mal y nadie debe hacerlo! Lo siento, de nuevo, ya no diré nada, ni siquiera como un chiste, no es gracioso.

—Exacto.

—Pero ahora dime, ¿por qué (T/N), la alumna ejemplar a la que los maestros le creen, se volvió una delincuente juvenil? —cambió de tema.

—Ah, eso… —suspiró, bajó la mirada, apreció el bonito brazalete que Hyun le había dado— Ayer, Hyun me dijo que estaba enamorado de mí y yo… Aún no estaba lista para verlo, hubiese sido muy incómodo para ambos.

Y claro que lo sabía, Bokuto ya lo sabía, sabía que Hyun y (T/N) ahora eran novios, pero eso no evitaba que le doliera menos, era como si por cada latido alguien encajara un alfiler helado en su corazón, pero no quería cometer otro error, así que no dijo nada. Aunque había algo que no entendía, Akaashi no le contó esa parte de la historia, porque no le incumbía, según él, pero por la alegría de (T/N) al mostrarles el brazalete, era más que obvio que ella había aceptado, además, vio como le tomaba las manos y hasta la abrazó… Entonces, ¿por qué no quería verlo?, ¿por qué estaba incómoda? Su mamá le había contado cientos de dramas, historias y películas románticas de señora y en todas ellas, siempre se desea ver a quien amas después de que las cosas se formalizan, ¿por qué (T/N) no?

—Hyun debe odiarme en estos momentos…—susurró.

—¡No lo hace! —Kotaro exclamó para animarla— Me lo topé esta mañana, antes de que me fugara de la escuela para buscarte y no te odia, al menos no a ti… —y era verdad, ósea, sí lo había visto medio muerto y extraño, pero estaba seguro de que toda esa rabia, jamás fue para (T/N). Aunque eso, solo habría más incógnitas en la parte misteriosa de la historia para él.

¿Qué estaba ocurriendo exactamente con ese chico?

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Y pese a todo lo que tuvieron que pasar, no creerían si supieran que Bokuto y (T/N) salieron bien librados de su primera estancia en la policía. Les creyeron… O al menos a (T/N) le creyeron. Ella había dicho que se sentía un poco mal y decidió sentarse para recobrar la compostura cuando los profesores fueron a recogerlos luego de que llamaran a la escuela para dar aviso de que dos estudiantes rebeldes estaban saltándose clases.

Le creyeron porque el oficial Odile la encontró sentada en la orilla de la fuente del centro comercial, quieta y sin moverse, aunque en realidad solo estaba tratando de no pensar. En cuanto a Bokuto, solo quedó decirles que se había preocupado y que había salido a buscarla, cosa que era totalmente verdadera.

—Vayan a clase… —dijo su profesora a cargo, después de suspirar. Ni siquiera llamarían a sus padres, por eso Bokuto creyó que su suerte empezaba a cambiar y que el día marcharía mejor a partir de ese momento. Después de todo, (T/N) ya lo había perdonado al menos al 65%. Ganarse el otro 35% de seguro era fácil.

Ambos avanzaron a la salida de la sala de profesores para ir a su salón de clases. Bokuto, más relajado, colocó las manos tras su cabeza, pero al antes de salir, la puerta se abrió sola, detrás estaba el profesor que cuidaba la entrada en la mañana, el cual evidentemente, le reconoció.

—¡Ah! Eres tú —dijo—, ¿cómo sigues de tu diarrea?, ¿lograste encontrar un baño? —evidentemente, los colores se le subieron al rostro al chico, que, por algún motivo, quería que la tierra lo tragase en ese preciso instante sólo porque (T/N) había escuchado eso.

—S-sí, muchas gracias. —respondió lanzando humo por las orejas.

—Iba a decirte que, si necesitabas, puedes usar el baño de profesores hasta que te alivies, ahí sí hay papel y jabón y está limpio. Toma —le entregó la llave al chico.

En otros momentos, le hubiese sacado provecho a la situación y en la primera oportunidad hubiera sacado un duplicado. No obstante, en esos momentos, sólo quería meter su cabeza en un bote de basura y fingir que eso lo hacía invisible.

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Julio 30 A las 11:45 AM en la clase 3-C

Fue toda una hazaña pasar desapercibido durante todo el día, pese a que era todo lo contrario a una persona popular, podría decirse que sí lo era, al menos como saco de boxeo.

Hyun simplemente no quería escándalos el día en que muriera.

Quería desaparecer en silencio, como toda su vida había permanecido. Claro que después de que se lanzara, habría un gran revuelo, pero al menos él ya no estaría para escuchar ni enterarse de nada, sobre todo de la gran gama de opiniones, positivas o negativas que despertaría. No le interesaba conocerlas de todos modos.

Todo iba bien hasta el momento, aprovecharía el revuelo de la hora del almuerzo para hacerlo, pero tendría que preparar muy bien su coartada, tendría que aprovechar el último permiso que concedían los maestros para ir al baño antes del almuerzo, que de hecho comenzaba en ese instante, colarse hasta la azotea y el instante en que la campana sonara, sería su sentencia.

Caminó despacio y nerviosamente en dirección al sanitario, para que nadie de los que pasaba por ahí sospechara de momento lo que planeaba hacer, pero una vez que llegó a la puerta de su supuesto destino y era el momento de escapar, corrió.

Corrió, con todas sus fuerzas y con toda la desesperación que le provocaba la angustiante situación. Si todo eso no fuera sofocante, le hubiese gustado gritar con toda el alma para librarse de todo, pero no podía y pese a que su cuerpo estaba siendo llevado a su límite, él sentía que podía correr aun más rápido y apretaba el paso lo más que su determinación se lo permitía. Él también quería volar como el chico búho, y si no lo conseguía corriendo de ese modo, lo haría saltando desde la azotea. Así podría decir al momento de estrellarse, que al menos una vez, logró volar en serio.

Únicamente estaba siendo guiado por los potentes latidos de su corazón, que quería latir hasta reventar una última vez. La garganta y el pecho le ardían. Con el impulso que tenía, trató de dar la vuelta en el siguiente pasillo, al final del cual, estaban las escaleras que daban directo a la azotea del edificio, donde todo acabaría por fin. Pero no logró llegar allí, cuando menos se dio cuenta, su frente había azotado directo hacia el piso y un estruendoso dolor inmediato se hizo presente.

¿Qué había pasado? Estaba siendo libre y a punto de despegar en esos momentos, ¿por qué había fallado?, ¿habían sido sus propios pies negándose a seguir? Las burlonas risas que taladraron sus oídos segundos después le respondieron. Alguien le había puesto el pie y él, ya estaba tan acostumbrado a oír esa humillante carcajada, que supo de inmediato quién había sido.

Se hizo bolita en el suelo para protegerse, si lo veía llorar sería peor y no podía evitar las lágrimas, por la vergüenza, el fracaso y además el golpe le sacaba el llanto por la fuerza. Watanabe vio temblar la espalda de Hyun y sonrió con complacencia, su destrozada autoestima hacía que se regocijara con el dolor del pobre y desafortunado muchacho.

—¿A dónde creías que ibas? —le cuestionó— No pensabas ir a la azotea, ¿verdad? Allí haré un importante negocio a la hora del almuerzo, así que te arrepentirás si te apareces por ahí, yo elimino a todos los testigos… Por cierto, mi papá me trajo una rata negra de regalo, dijo que era un presente por parte de unos asquerosos ilegales. Supongo que debo agradecerte, es divertido oír como llora cuando tiene hambre.

Hyun tembló de rabia y coraje, sentía toda la adrenalina recorrer sus fauces, tenía tanto odio dentro de sí, que no pensó cuando levantó agresivamente la cabeza y le clavó un gran desprecio con la mirada.

—¡Eres una cerda asquerosa! —le gritó en la cara, tan alto que llamó toda la atención. La chica se puso roja de la vergüenza y de la gran ira que se apoderaba de ella.

—¡Muérete de una vez! —le respondió y lo pateó en el abdomen. Por supuesto que, en otros tiempos, Hyun se hubiese abrazado y rodado del dolor, pero en esta ocasión apenas lo sintió.

—¡Es lo que intento! —se puso de pie y la tacleó con todo lo que pudo, que, para su sorpresa, logró derribarla pese a que probablemente le doblaba el peso en esas condiciones. Después de desquitarse, corrió a la azotea antes de que ella se levantara y lo persiguiera, abrió la puerta con un empujón con todo el cuerpo para que cediera rápido y luego se encerró.

El timbre sonó después de que pusiera el seguro. Se dio la vuelta para correr y saltar con todas sus fuerzas aprovechando la valentía del momento, sólo para toparse con el gran enrejado que había, precisamente para evitar ese tipo de "incidentes". Frustrado, sintiéndose ridículo, y víctima del dolor, se deslizó por el metal de la puerta hasta el piso, donde se hizo un ovillo.

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Julio 30 a las 11:45 AM en la clase 3-A

El profesor en turno había sufrido un pequeño incidente mientras se disponía a ir a la escuela, así que la clase 3-A tuvo la hora antes del almuerzo libre. Y lo que pudo haber sido algo totalmente divertido para todos, acabó en una pesada broma a Bokuto Kotaro por parte de sus compañeros.

—¡Abran la puerta, malditos rufianes!, ¡ya verán lo que les pasará cuando me abran! —exigía mientras golpeaba desde adentro del armario de limpieza del salón. Su única respuesta fueron las risas de los involucrados— ¡Además, no hay ningún huevo alienígena aquí!

—Ya olvídalo, Bokuto —suspiró (T/N), recargada del otro lado del armario—, no van a abrirnos, y el huevo alienígena sólo era una trampa para engañarte y encerrarte aquí. Lo que no entiendo es… ¡¿por qué yo también estoy involucrada?! —gritó y golpeó también.

Todo mundo sospechaba acerca de los sentimientos de Bokuto, sobre todo, porque no era precisamente muy discreto a la hora de ocultarlos. Así que cuando los vieron llegar juntos después de la hora de entrada, se desató el escándalo y los rumores. Y todos creyeron muy divertido darle un pequeño empujón a ese chico tan despistado.

—¡Déjenme salir de aquí, tontos! —exigía la chica. Bokuto la observó en silencio, tardó un poco pero finalmente le tocó el hombro para detenerla. Ella giró su rostro hacía él. Aún en la oscuridad, podía ver con claridad esos enormes ojos de búho, que la miraban tan hipnóticamente. Lentamente, dejó de insistir y reinó el silencio dentro.

—Lo siento —susurró Bokuto—. No sé por qué, pero presiento que te encerraron por mi culpa también.

Ella no respondió. Sólo se quedaron ahí, mirándose mutuamente. El ligero roce de sus brazos por la cercanía les provocaba cosquillas en el estómago y pronto, sus corazones latieron tan rápido, que sus mejillas no tardaron en sonrojarse, pero ninguno lo notó por la oscuridad que los rodeaba.

Bokuto llevó su mano al bolsillo y allí estaba de nuevo, el broche del fracaso. Realmente quería dárselo y que lo usara en su cabello, que ahora por estar a esa distancia, podía notar que olía demasiado bien, lo que causaba que sus piernas comenzaran a temblar como una gelatina a la que le falta refrigeración.

No supo explicar exactamente cómo pasó, pero cuando menos se dio cuenta, ambos estaban abrazados, ella lo sujetaba por la cintura y apoyaba su cabeza en el amplio y cálido pecho del chico. Él correspondía el abrazo y había colocado sus labios en la coronilla de (T/N). Se quedaron así un buen rato, aún incluso cuando risas nerviosas y comentarios extraños por parte de sus compañeros se escucharon del otro lado.

Hasta que Yukie, quien había salido por no querer formar parte de la broma, llegó corriendo y buscando a su amiga, había ido a tomar agua y después de oír a Hyun gritarle "cerda asquerosa" a Watanabe, se acercó a ver qué ocurría desde un lugar seguro. De hecho, estuvo a punto de intervenir cuando vio como lo pateaban, pero él chico realmente no necesitó ayuda. Sin embargo, no evitó entrar en pánico, cuando Hyun reveló sus planes, dio la vuelta y corrió a levantar alarmas.

—¡(T/N)-chan, Hyun estaba camino a la azotea!, ¡dice que se quiere matar!

Y solo eso bastó, para que la puerta del armario se abriera de una potente patada desesperada y (T/N) saliera corriendo sin mirar atrás, dejándolo todo y con una sola cosa en la mente.

Bokuto la observó irse en silencio, no despegó su mirada de ella hasta que la perdió de vista. Se sentía triste, vacío a comparación de unos minutos antes, cuando todo estaba bien. Sin embargo, tenía que ir haciéndose a la idea, de que Hyun era el novio de (T/N) y eso lo ponía a él un nivel por debajo.

No la detuvo, Hyun la necesitaba y si él no entorpeciera las cosas serias casi siempre, tal vez la hubiese acompañado, pero no se sentía con el ánimo de hacerlo, así que todos los bromistas tuvieron que observar en silencio cómo golpeaba con impotencia el armario y el metálico sonido hacía temblar a los presentes.

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Julio 31 3:30 AM Habitación de (T/N)

Ahora era ella quien tenía un espantoso insomnio. No podían culparla, incluso le dolía la mandíbula por la fuerza que estaba ejerciendo inconscientemente en su mordida sin motivo físico.

Pese a que había conseguido sacar de la cabeza de Hyun la espantosa idea de morir, aún no podía quedarse tranquila, la atemorizaba en gran manera la idea de que él aún no estaba estable en esos momentos y de que cualquier cosa podría ocurrírsele al chico.

Y, por otro lado, estaba el estúpido de Bokuto Kotaro, que no había querido salir de su mente en los momentos en los que decidía darse un aire de todo el asunto Hyun. Estaba lo del armario y luego en el salón… La había esperado y había mentido para que ella no tuviera más problemas, y también… No pudo ir al gimnasio a ver lo que restaba el entrenamiento ese día, la sola idea de verlo luego de que sus narices se rozaran le parecía insoportable, hacía que le doliera el pecho y se pusiera ansiosa.

—¡Agggh!, ¡eres un idiota, Bokuto Kotaro! —se retorció en su cama con desesperación— ¡Sal de mi cabeza! —exigió, mientras lanzaba una de sus almohadas a la pared.

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Julio 31 3:30 AM Habitación de Bokuto, frente a la computadora.

(T/N) le había dicho por mensaje que no había ido al gimnasio porque sólo estaba un 95% perdonado, aún después de lo de la tarde. Le pareció que era injusto, sí, pero jamás que era una excusa o algo así. Así que se determinó a hacer que lo perdonara completamente.

Estaba más o menos enterado de la situación de Hyun, así que haría lo que estaba en sus manos para ayudar hasta donde su estrepitosa relación con el chico le permitiera, después de todo, (T/N) le había dicho que era de vida o muerte. Así que había estado buscando páginas que le ayudasen en su propósito, pero era difícil hallar algo serio.

Por esta misma razón, cuando dio con la liga de un sitio confiable, sonrió con complacencia y anotó en una pequeña libreta todos los datos que necesitaba.

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Julio 31 3:30 AM En alguna calle oscura.

Su madre de seguro estaba aterrada. Y más si la escuela la había llamado como dijeron que lo harían, pero él necesitaba hacer eso. Tal vez había perdido la cabeza sí, pero estaba decidido a que el Hyun que todos conocieron muriese, aunque ahora no en un sentido literal.

Se había disfrazado lo más que pudo y siguió a Watanabe hasta descubrir en dónde vivía, paso todo el día en lugares de mala reputación y arriesgándose demasiado, pero creyó que, todo tendría recompensa cuando la vio entrar en un barrio espantoso, con prácticamente nula iluminación y adentrarse en una de las casas en mal estado.

Quiso acercarse un poco más, pero alguien tomó su hombro y lo hizo voltear, haciendo que los lentes de sol de juguete que había pedido prestados a un niño cayeran al piso, revelando sus rasgos. Sin embargo, el hombre que lo había detenido, no recordaba siquiera haberlo visto en algún lado y aún así, éste hizo un gesto de repulsión genuina al verlo.

Hyun supo de inmediato, que estaba en peligro.

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Agosto 7. En el entrenamiento de volley de Fukurodani.

Pese a que el partido de práctica que estaba corriendo delante de ella era igual de emocionante que uno de los Juegos Olímpicos, (T/N) no podía concentrarse en él. En primera, porque Hyun hacía una semana había llegado con un ojo morado a la escuela y un brazo enyesado. Y después, le había dicho un montón de cosas extrañas durante la hora del almuerzo. Y en segundo, porque nuevamente, si se distraía sólo un poco, su mirada iba a pararse nuevamente en la espalda ancha del niño búho.

El calor se le subía a las orejas cuando se descubría imaginándose, abrazándolo por detrás, poniendo su mejilla en los fuertes omóplatos del chico. Acariciando con sus manos sus pectorales y por supuesto, sentir bajo sus dedos los potentes y cálidos latidos del corazón. Cuando eso pasaba, esa extraña opresión que sentía en el pecho cada que alguien lo mencionaba, aumentaba.

Un mes atrás, cuando Bokuto le hizo saber que Nekoma iría a su escuela para un partido de práctica, se emocionó mucho por ver nuevamente a Kuro Tetsuro, porque, ¿a quién no le gustaba él? ¡Era muy guapo! Pero en esos momentos, apenas y lo había volteado a ver. Prefería enfocarse en Kotaro y en los mechones de cabello despeinado que cubrían parte de su nuca por el sudor.

—¿En qué piensas, (T/N)? —le preguntó Yukie, quien estaba risueña pues la observó absorta en sus pensamientos, luego ponerse como una manzana, y sacudir su cabeza para alejar pensamientos impuros.

—¡En nada!, ¡no estaba viendo las piernas de Bokuto en lo absoluto! —exclamó nerviosa, luego se tapó la boca aterrada— Es decir, sólo observaba cómo le lucían las rodilleras que le regalé.

—Seguro… —asintió Yukie, que, por supuesto no estaba nada convencida. No era tonta.

Entonces, el entrenador dio un silbatazo para dar un corto descanso y su amiga, fue corriendo con toallas y botellas de agua hacia su equipo. (T/N) vio como Yukie se paraba de puntillas junto a Akaashi y le susurraba algo, y él sólo asentía repetidas veces. Luego se dio cuenta de que Bokuto la estaba mirando fijamente, y cuando sus ojos se juntaron, ambos desviaron la cabeza al mismo tiempo.

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Esperó a sus amigos afuera del gimnasio mientras ellos terminaban de limpiarlo todo, una vez que el entrenamiento acabó. Pero cuando la puerta se abrió, únicamente Bokuto apareció por ella. (T/N) comenzó a sentirse ansiosa, él no se veía mejor.

Tenía el cabello mojado por la ducha que se había dado, el cierre del uniforme arriba, hasta cubrirle parte de su barbilla, como si buscara esconderse y desprendía un aroma a loción. Ella se sorprendió, él nunca se había puesto perfume, en todo el tiempo que llevaba conociéndolo.

—Ho-hola… —dijo él.

—Hola… —silencio— ¿Y los demás?

—Me dijeron que… Iban a hacer algo importante. Hay que adelantarnos.

(T/N) tragó saliva.

—Se-seguro.

Iniciaron la trayectoria para llegar a la puerta. El atardecer estaba pintándolo todo de naranja y se sentía cálido. Muy cálido. Pero ellos ya no sabían si era el ambiente en sí, o eran sus corazones derritiéndose sin saber que el otro estaba igual.

Bokuto metió por enésima vez su mano al bolsillo, y por milésima vez también, sintió el estuche con el broche que todavía no podía entregarle. Ya había perdido la cuenta de cuantas veces había pensado que quería verlo puesto en ella. Y se hartó de todo eso. Antes, había maldecido a Akaashi y a Yukie que hicieron un complot entero con el resto del equipo para obligarlo a salir y acompañarla a casa, pero ahora estaba agradecido. Había llegado el momento.

—(T/N)-chan… —dijo, ella de momento, sólo lo miró de reojo para hacerlo entender que lo escuchaba.

Detuvo su marcha sujetándola de la mano para obligarla a mirarlo y sacó el estuche de su pantalón finalmente. (T/N) sintió que se desmayaba cuando lo vio arrodillarse delante de ella. ¡Era muy joven para una propuesta de matrimonio!

—(T/N)-chan yo…

—¡Bokuto!, ¡¿qué estás haciendo?! —a lo lejos, la escandalosa voz de Kuro, que absolutamente NO había leído el ambiente, lo interrumpió. ¿No se suponía que los de Nekoma ya debían de estar en su autobús, llevándoselos muy lejos hasta su propia escuela?

Sin embargo, justo cuando Bokuto se iba a poner de pie, sacudirse el pantalón e inventar una excusa tonta, como que vio un centavo en el piso y un centavo es un centavo… Algo pasó. Akaashi y Yukie aparecieron de pronto, como un torbellino justiciero, arrastrando a Kuro quien saludaba con su mano mientras se acercaba. Llevándoselo a los confines más desconocidos de la tierra (en realidad fue detrás del gimnasio mientras le cubrían la boca para que no interrumpiera). No obstante, mientras (T/N) y Kotaro se reponían de la impresión y el bochorno, una cuarta y desconsolada voz llamó lastimera, a la chica, desde la entrada.

—(T/N)-chan… —fue como un susurro, triste y roto. Ella volteó— ¿Has visto a Hyun? —le preguntó la madre desconsolada a (T/N) — No aparece por ningún lado, está desaparecido.

La impresión fue tal, que todo pareció volverse a un frío azul, de un segundo a otro, incluido el corazón de (T/N), que apenas hacia unos segundos parecía arder. Bokuto notó eso. Por eso se puso de pie, esta vez sí se sacudió las rodillas y se le puso enfrente a la pobre mujer.

—Le ayudaremos a buscarlo… —decidió Bokuto.

Y la acción comenzó:

(T/N) junto a Yukie irían a buscarlo por los lugares en donde ella había visto, le gustaba pasearse al muchacho. Akaashi y Kuro (que terminó enredado en todo eso) recorrerían las estaciones del tren completas, iniciando por las líneas más concurridas. Bokuto calmaría a la señora y la llevaría a la estación de policía más cercana. Esa era un arma de doble filo dada la situación de Hyun y su madre, pero si Odile no interfería, entonces le daría tiempo a él de hacer un par de llamadas primero.

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Agosto 7. A las 6:55 PM

El tiempo corría, y lo que más le preocupaba a (T/N) era encontrar a Hyun colgado debajo de un puente o ahogado en el fondo de un canal. Así se lo comunicó a su amiga cuando después de pasar por el combini en donde siempre compraba y por la tienda de segunda mano, nadie ni siquiera pudo darles una pista.

Ya habían recorrido el parque también, la panadería y el centro comercial, la biblioteca y el game center. La veterinaria y la tienda de artículos para mascotas en donde el chico pegaba el rostro a la vitrina y se imaginaba comprándole un montón de cosas a su cachorro. No estaba en ninguno de esos sitios tampoco y la desesperación había comenzado a darle urticaria en los brazos. No podía ni siquiera imaginar cómo estaría sintiéndose la mamá de Hyun.

Trató de sacar su celular, para ver si por casualidad, alguno de sus amigos había tenido más suerte que ellas, pero estaba tan ansiosa que en cuanto lo sacó de su bolsillo, el aparato resbaló como si tuviera mantequilla en sus dedos. Intentó recogerlo.

—Ninguno ha dicho nada… —le explicó su amiga, con el teléfono propio en mano— Intenta tranquilizarte un poco, (T/N).

—¡No puedo calmarme, Yukie!, ¡¿no entiendes lo grave que es la situación?!

—¡La entiendo! Pero si pierdes la cabeza, no podrás pensar con claridad y sólo terminarás haciendo algo tonto. —(T/N) respiró profundo— Además, no podemos hacer mucho, más que seguir buscando y esperar a que Bokuto nos escriba para darnos las órdenes de la policía. No te gusta este chico, (T/N), ¿por qué es tan importante?

—¡No necesita gustarme para que me preocupe! ¡Es necesario un poco de humanidad para que este mundo no se vuelva una porquería completa! —aseveró ella.

—Lo siento… —se disculpó Yukie con una sonrisa, porque no evitaba sentirse orgullosa de su amiga.

En ese instante, el teléfono de (T/N) sonó desde el piso. Ella lo tomó con la esperanza de que fuera Hyun quien estuviera comunicándose, pero era sólo Akaashi, y arreglando las cosas un poco, con noticias fructuosas.

—¡(T/N)-chan, encontré a Hyun!... —dijo Akaashi al teléfono— Ya llamé a Bokuto.

—¡¿En dónde está?! —exigió saber, del otro lado de la línea se escuchaba un espantoso escándalo. Una multitud gritando furiosa.

—No te va a gustar… Te enviaré la ubicación. Y si vas a venir, trata de ser discreta.

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El barrio 54, popularmente conocido como Taoreta Tori. O, el ave caída. Un lugar de mala muerte en una de las zonas más apartadas de Tokio. Nadie con una vida decente, o con deseos de vivir, entraría allí. Ni, aunque tuviera un cinturón negro en karate y un torneo mundial de Judo.

En ese lugar, no querían para nada a los extranjeros, ni qué decir de los coreanos. Seguían odiándolos por los conflictos que hubo entre ambos países hacía tiempo, como si fuera culpa todavía de las generaciones actuales. Era tan tonto. Tanto como que habían apedreado apenas un par de meses atrás a unos turistas surcoreanos que se perdieron en las líneas del Shinkansen. Ir allí, era la muerte para Hyun.

(T/N) todavía se preguntaba cómo había sido posible que Hyun había terminado allí. Todavía ella lo pensó un poco mientras tomaba un tren en esa dirección, ella y Yukie iban solas y eso las convertía en un blanco fácil. La explicación era simple: Hyun había ido allí a tratar de rescatar a Kyum. Ingresaría en la casa de Watanabe cuando no hubiera nadie y lo extraería. Luego se iría muy lejos y desaparecería por allí con su perro.

Sin embargo, había sido atrapado una vez que iba de salida, por uno de los vecinos de la nefasta familia, que en cuanto pudo, lo agarró a palos para sacarlo de la casa. Afortunadamente había logrado esconder a Kyum, flaquito y débil, que apenas y hacía ruido, bajo el saco de su uniforme para protegerlo.

Cuando aquel hombre lo llevaba a golpes hasta el centro de la calle, fue que Akaashi lo descubrió, por idea de Kuro. Él no podía quedarse más tiempo en el escuadrón de búsqueda puesto que se metería en problemas si no volvía pronto a su propia escuela, pero después de haber recorrido completas un par de líneas, el capitán de Nekoma había dicho:

—Tal vez debas buscar en un lugar en el que un extranjero no debe acabar jamás… Si tiene muy mala suerte, tal vez esté por allí.

Y como Akaashi sabía de antemano que el joven no era el más afortunado, de inmediato supo en dónde buscar. Se escondió tras un vehículo que vendían por partes que estaba en la calle para llamar por teléfono a sus amigos. Aquel hombre había comenzado a convocar a los demás vecinos, hasta casi formar una turba furiosa dispuestos a repetir la misma hazaña de meses antes.

En ese lugar, no había reglas. Akaashi lo sabía, por eso no interfirió, él no podría hacer nada tampoco. Sólo era cuestión de esperar y tener paciencia. Bokuto tenía que estar en camino ya.

Alrededor de unas treinta y cinco personas comenzaron a rodearlo, sin darle escapatoria; gritándole improperios, insultándolo, tachándolo de ladrón. Le llegaba por el costado un golpe, le caía en el pelo agua de dudosa procedencia, pero Hyun no decía nada. Se limitaba a hacerse ovillo en el piso y a proteger a Kyum lo más que podía. Aún lo sentía respirar ligeramente contra su pecho y eso bastaba para no darse por vencido.

(T/N) junto a Yukie corría por la venida justo en el instante en que alguien a lo lejos comenzaba a prender fuego.

(T/N) gritó.

A lo lejos, se escuchó la sirena de una patrulla.

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Todo pasó muy rápido.

La policía logró apaciguar a la turba, que se esparció y corrió por todas partes en cuanto los oyeron llegar. Como un montón de gallinas cobardes. Y rescataron al chico, quien rápidamente fue canalizado al servicio de emergencias médicas. Hubo siete arrestados esa noche y un par más con cargos oficiales.

Bokuto llegó a tiempo para correr y abrazar a (T/N) y que no viera nada más, tapándole los oídos. Ella cerró los ojos. El corazón de ambos explotó en ese momento por la adrenalina, juntándose con sus propias emociones.

Todo era una locura.

No podían creer todo lo que estaban viviendo.

Parecía que todo era un sueño y corría a cámara lenta.

Pero si permanecían abrazados, ambos tenían la certeza de que todo saldría bien al final.

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A (T/N) le hubiera gustado ver las estrellas esa noche, pero se conformaba con las llamativas luces Neón que adornaban los escaparates de las calles de Tokio mientras Bokuto la llevaba a casa.

Tenía la esperanza de que después de esa noche, nada más ocurriera.

—Creo que no podré dormir esta noche. Aún sigo temblando de lo aterrada que estaba. Parecía una película de acción, por un segundo creí que tendríamos que correr para evitar una explosión masiva. Todo sin arruinarnos el peinado… —bromeó. Bokuto supo que estaba nerviosa y seguía asustada, cuando eso ocurría, se ponía a parlotear demasiado para tratar de disimular.

—Me gustaría poder hacer algo para que puedas dormir bien… Y estés tranquila. —susurró Bokuto.

—¡¿Bromeas?! ¡Tú fuiste el héroe en todos los aspectos! Ahora estás 200% perdonado sin dudas. Pero por ahora, sólo algo sumamente extraordinario podrá ayudar a tranquilizarme.

Y Bokuto supo lo que tenía qué hacer.

Nuevamente la tomó por la muñeca obligándola a detenerse. Esta vez, en cuanto sus miradas se encontraron, no trató de hincarse ni hacer nada extravagante como la vez pasada. A veces, en la simpleza se encontraba lo extraordinario.

—Ya sé cuáles son las palabras que sí se deben decir… —dijo, acarició el cabello de (T/N) suavemente, cuando retiró su mano, (T/N) de inmediato percibió un elemento nuevo en su cabeza. Bokuto le había puesto el broche al fin, y ella sintió que todo el universo se abría para su ser— Las primeras, son las que debo decirle a Hyun cuando tenga la oportunidad. Esta vez le diré "Lo siento" de frente. Fuerte y claro, por todo lo que pasó por mí culpa. Las segundas palabras, se las debo decir a una amiga muy especial… Las palabras que sí se deben decir son: Estoy enamorado de ti.

¿Acaso había algo más extraordinario que una declaración de amor?

Y, de todos modos, (T/N) no pudo dormir esa noche.

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Un mes después.

—¡Ya lo abrí!, ¡rápido, pasen! —dijo Bokuto entre susurros.

Y junto a la luz que se veía del otro lado de la alberca, otras tres se unieron a la fiesta. ¡Lo que estaban haciendo, era una locura! Pero necesitaban una última hazaña épica de despedida.

(T/N) junto a sus amigos tendrían una fiesta clandestina y nocturna en la alberca de la escuela para despedir a Hyun, que se marcharía de allí al día siguiente. Lo extrañarían, pero definitivamente estaría mejor allá.

Bokuto había logrado contactar con una asociación de refugio para los inmigrantes norcoreanos. Hyun cumplía con todos los requisitos para solicitar ayuda. Así que pronto se lo llevarían a un pequeño poblado cerca de Nigata, en donde recibiría comida, casa, estudios y atención médica junto a su madre. Y, sobre todo, la protección del Estado.

Estaría bien comenzar de nuevo, para todos.

Entonces, una vez que estuvieron todos frente a la alberca después de colarse exitosamente al lugar, se tomaron de las manos: 1, 2, y, 3… ¡Saltaron al mismo tiempo! Sintiendo que todo se congelaba a su alrededor, que eran jóvenes y que eran los reyes del mundo.

Definitivamente, no había mejor sentimiento que ese.

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Fin.

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Nota final: Lo gracioso es, que no ha pasado un año desde que actualicé. Precisamente decidí hacerlo antes de que se cumpliera ese plazo. Listo, no es gracioso, pueden decirme lo que quieran. ¡Pero es que han pasado tantas cosas que debo contarles!

Finalmente, he terminado con la historia de Bokuto, no sé si quedó lo suficientemente emocionante como lo veía en mi cabeza, pero sí me siento muy feliz de haber podido cerrarla como quería. Decidí tocar este tema tan delicado (como lo es la discriminación racial), por una experiencia propia: Verán, yo y mi familia somos mexicanos. Pero, aunque ya no nos tocó cerca, unas generaciones antes, en mi familia hubo asiáticos, y pues la genética hizo su trabajo y yo nací con esos rasgos.

Siempre he escuchado burlas al respecto, como que la gente se jale los ojos con los dedos, o que empiecen a hacer ruidos que hacen los artemarcialistas en las caricaturas. También me han dicho que como ratas y cucarachas. Sin embargo, a raíz de la pandemia, esto se intensificó considerablemente (por el origen del bicho) y comenzaron a gritarme "coronavirus" cada que entraba a algún lugar, o se ponían a toser a mi lado, hasta llegar al punto en que no me dejaron subir al camión, como si yo fuera el virus… Por mi cara. Y creí que era un tema importante de tratar. Espero que esto aporte algo de alguna manera.

Ahora bien, el motivo por el que me desaparecí tanto tiempo, es que al fin… Mi novela, la que les he comentado, el libro uno ¡ha visto la luz! Gracias a N0velt00n (pongo las "o" así para que wattpad no sea una niña y lo quite) y su programa de contratación de escritores y pues tuve que trabajar en ello. Ahora sí, ya soy autora oficial. Estoy emocionada porque esa historia la escribí a los quince años y no creí que realmente la vería en algún tipo de formato. De hecho, van a ver frasecitas o cosita y quizás hasta escenas que corté de ella para poder ponerlas en los shots. Tanto así era mi deseo de que la leyera alguien

Estoy muy contenta de poder compartirla con ustedes. Si les gustan las novelas románticas, rosas y melosas para jovencitas, entonces es para ustedes. Pueden leerla bajando la app (es gratis) y votar por ella. Esto me ayuda a tener más alcance y me sube en el rating (y mejora mis regalías cof cof cof). Van a decir, esta nos abandona 364 días y quiere que leamos su novela. Yo sé, yo sé, pero de verdad me emocionó mucho.

Los capítulos se suben cada cierto tiempo y periódicamente, por indicaciones de los programadores. Ahora está disponible hasta el capítulo cinco con el prólogo y una nota mía de regalo. Tiene cinco estrellas rankeada por la app, así que les aseguro ortografía y narración decente. Les dejo una imagen de cómo pueden buscar la historia para las que estén interesadas. Ya saben como es esto entre aplicaciones.

También hay muchas historias contratadas que pueden leer. Y no contratadas también, para los aficionados a la escritura y que quieran mostrar sus historias.

Gracias a todos los que estuvieron esperando. Los amo mucho. Y espero sigan apoyándome. Nos vemos pronto (esta vez no serán 364 días, lo juro) con el último personaje de esta compilación.

-Ami.