Lugar: Grecia, Santuario de Athena.
Año: 1976
Mes: 29 de Agosto.
Hora: 4:30 p.m.

Era de tarde y en uno de los 12 templos un muchacho de unos 20 años, tratando de curar a un pequeño muchacho, quien adolorido se quejaba de como el mayor trataba de sanar sus heridas.
― Deberías tener más cuidado, Aioria…―Un joven hombre de cabello castaño oscuro y ojos azul celeste colocándole una bandita adhesiva en el rostro a un pequeño de cabello rubio y ojos del mismo color, cubriendo una leve cortada en su mejilla

―Fue ese tonto de Milo, no sabe controlar sus golpes…― Decía el jovencito un tanto adolorido después del largo enfrentamiento que habían tenido minutos antes, en el portón del templo, estaba un jovencito de cabello violeta oscuro y ojos azules.

―No fue mi culpa que fueras tan torpe para no esquivar ese ataque. ― Se quejó el muchacho recargado en los pilares de la entrada, con una cara de molestia por las palabras del pequeño rubio quien era asistido por su hermano mayor.

El mayor río levemente, escuchando la pequeña discusión entre ambos niños no había pasado mucho tiempo desde que él se había parecido a ellos con alguien que había llegado a considerar su mejor amigo de la vida.
―Je je jeh, tranquilos chicos… recuerden que deben aprender a llevarse bien los dos, de cualquier forma, algún día ustedes dos se convertirán en los caballeros de Leo y Escorpio, es esencial que aprendan a llevarse bien. ―Después de decir esas palabras ambos niños se miraron el uno al otro para entonces desviar sus miradas con total repulsión, casi no se toleraban el uno al otro.

¿Cómo era que ellos se volverían amigos si apenas podían dirigirse la mirada?
El mayor río de nuevo ante la actitud de los pequeños, incluso dos muchachos tan cabeza dura como ellos dos podían llegar a ser los mejores amigos, las mejores amistades siempre se forjaban entre las personas menos esperadas, justo como había sucedido con él y con…

― ¿Eh? Ahhh ¡Maestro Saga! ― Milo miró con total asombro y alegría al caballero de Géminis que había aparecido a su lado, este mantenía una expresión apacible y sonriente.

El caballero de Sagitario se sorprendió por su llegada, pero al instante sonrió al encontrarse con su mejor amigo.
―Aioros, niños ¿cómo les va? ―Les preguntó pasando al lado de Milo, acariciando su cabello azulado del muchacho, despeinándolo al instante, ante el amigable gesto del caballero de Géminis el jovencito no pudo evitar reír.

Aioros se levantó de su asiento, tomando la tiara dorada que se encontraba a su lado, estaba más que feliz de recibir a su amigo en su templo, más aún de escuchar que clase de cosas irían a conversar ese día en particular.
―Bueno creo que con eso es todo, vayan a jugar y recuerden entrenar un poco antes de regresar al santuario. ―Al decir eso Aioria y Milo comenzaron a correr fuera de la casa de Sagitario, ambos niños se sintieron un tanto decepcionados de no poder escuchar de las misiones que ambos dorados habían hecho durante ese tiempo o de sus hazañas por el mundo, pero entendían que no podían quedarse, hasta que fueran caballeros de Oro, podrían enterarse de muchas de las cosas que ellos habían realizado durante sus años de servicio al patriarca.

―Está bien… nos vemos hermano, nos veremos maestro Saga―Respondió Aioria corriendo hacia la salida del templo de su hermano mayor, junto al joven caballero que heredaría el manto dorado de escorpio.

Ambos emprendieron un camino no tan silencioso ante una pequeña riña infantil que se suscitó fuera de la casa de Sagitario, al verlos Saga comenzó a reír levemente, no hacía tantos años que él se había comportado así con su hermano gemelo o con el mismo Aioros.
A quien sin lugar a dudas consideraba como su mejor amigo, después de todo ambos estaban casi enteramente rodeados por niños, niños con habilidades sobre humanas y prodigios que crecían día a día tanto en poder como en habilidades.

Pero niños al final del día inmaduros, torpes y que a cada cuanto se les ocurría por tener riñas y choques de ideas entre sí, en cierto punto ser los únicos adultos en el santuario a parte del patriarca y el hermano de Saga, les daba cierta cercanía a ambos caballeros dorados, sobre todo al ser dos de los caballeros más poderosos del Santuario de los únicos a los que se les enviaba a misiones fuera del santuario, mientras los más jóvenes entrenaban o se quedaban a cuidar de que ningún intruso llegará con intenciones de todo menos amigables.

―Crecen muy rápido, pronto estarán portando sus armaduras doradas…―Mencionaba el caballero de Sagitario sonriendo en la dirección donde ambos muchachos se habían ido, peleando mientras bajaban las escaleras, hacia la casa de Libra, lugar que le pertenecería a Dohko si no estuviera ocupado vigilando la cascada de Rozan en los 5 picos.
―No hace mucho que Shura logró obtener la suya, pronto Milo y tu hermano también tendrán las suyas. ―Al decir eso Aioros suspiró, complacido por que su hermano menor estuviese siguiendo sus mismos pasos, no dudaba en que se volvería un hombre fuerte y poderoso, que lucharía por la justicia y la paz en el mundo, que defendería a la Diosa Athena y que a su lado lucharían en las batallas que tuviesen que llegar.

Aioros no podía esperar en ver en qué clase de hombre se convertiría su hermano menor y Saga quien también veía a ambos muchachos marchándose de la casa de Sagitario, solo podía imaginar en qué clase de guerreros ambos se convertirían y que clase de batallas participarían por decidir el destino de toda la raza humana.

―Je jeh eso es verdad, me alegra que hayan progresado tanto en tan poco tiempo. ― Mencionaba viendo como ambos niños no paraban de discutir y bueno, pelear por algo tan absurdo como quien sería el primero en obtener su armadura de oro, ambos la obtendrían a su debido tiempo uno en menor tiempo que el otro. Pero eso no le quitaba la búsqueda de ambos por llegar a obtenerla primero antes que su "Rival" lo cual hacía reír levemente a ambos caballeros de Oro.
―¿Así fuimos nosotros cuando teníamos sus edades? ―Preguntó Aioros mirando a su derecha, admirando como Saga reía levemente por las palabras de su fue compañero y amigo, a quien también llegó a considerar como su mano derecha en tantas situaciones de vida o muerte.

―Yo diría que éramos igual o peores. ― Respondió el hombre de cabello violeta y ojos verdes ahora admirando a su compañero reír a carcajadas por aquella anécdota, sin lugar a dudas ambos habían pasado toda una vida peleando entre sí para medir su fuerza y su valor, pero también por quién sería el más rápido en comer, en cepillarse los dientes o quien pudiera soportar más golpes sin ponerse a llorar, realmente habían sido jóvenes tontos pero en cada ocasión siempre hubo un ápice de respeto entre los dos caballeros dorados.
―Siempre Estábamos peleando, incluso por las cosas más tontas. ―Ambos rieron ante la menciona del caballero de Géminis, realmente habían sido años maravillosos, llenos de aventuras para ambos, pero ahora que eran adultos y que ambos habían pasado por tantas cosas miraban al pasado y solo podían hacerlo con una sonrisa en los labios.

―Je jeh lo recuerdo bien… Nunca pude ganarte, salvo una vez. ―Añadió el santo de Sagitario colocando nuevamente sus ojos en Saga, quien no apartaba su mirada de horizonte, añorando aquellos recuerdos de los días de antaño, parecían haberse alejado tanto tiempo ya, pero apenas habían pasado 10 o 5 años de aquello, pero ahora en este punto de sus vidas se veían tan lejanos como si hubieran sucedido hace miles y millones de eras antes de esta.
―Qué tiempos aquellos. ―Murmuró Recargándose en uno de los pilares de su templo, imaginando cada uno de esos días de infancia.

No había sido tan agradable como la de muchos niños, pero sin duda no había sido tan mala, al haber sido puestos a una misión como lo era proteger al mundo, ambos habían sumido esa tarea con gusto, sobre todo si eso significaba luchar y morir por un mundo mejor.

― ¿Y cómo está Aioria? ¿Se está acoplando bien a sus entrenamientos y a sus compañeros? ―Interrogó cambiando el tema sorpresivamente, no era antinatural que se centrarán en un mismo tema por horas, pero tampoco era totalmente normal que Saga preguntará sobre su hermano justo después de conversar sobre su pasado.

Eso era algo que usualmente dejaba hasta el último momento, pero quizá era un pequeño cambio de ánimo, sobre todo después de lo sucedido al curar las heridas que Milo le había provocado durante sus entrenamientos.

―Así es, bueno tiene problemas con Milo pero, él está bien, me llena de orgullo ese mocoso impertinente…―Respondía Aioros mirando a la tiara entre sus manos, esos dos pasarían de ser enemigos a ser los mejores amigos, justo como le había sucedido con Saga, solo era cuestión de tiempo para que se adaptaran el uno al otro y que dejaran sus diferencias de lado para comenzar a luchar juntos como caballeros de Athena.
―Y… ¿qué hay de Kanon? ¿Cómo está tu hermano gemelo Saga? ―Al hacer la pregunta el semblante de Saga se puso serio, él… a decir verdad no le gustaba hablar sobre su hermano menor, menos después de los extraños comportamientos que había estado teniendo recientemente.

―Él… está bien, supongo… Creo que aún sigue enojado por haber sido yo quien obtuvo la armadura dorada y no él, ha estado errático y ha dicho cosas muy extrañas estos últimos días…―Comentó recordando perfectamente esas conversaciones, cosas que tenían que ver que el santuario era una prisión en donde los caballeros eran obligados a luchar por ideales que no los favorecían en nada, que los humanos estaban destinados a ser las marionetas de los dioses por toda la eternidad y que debían hacer algo para poner aquella tiranía, además de que el destino que Athena cargaba sobre sus hombros era todo menos algo digno por qué morir.
―Espero que recapacite de sus acciones, sobre todo en estos días que el patriarca Shion ya ha presagiado la llegada de Athena, de otra forma me obligará a tomar acciones más drásticas ante su comportamiento. ―Trataba de decir incluso recordando en el pasado Kanon solía ser errático agresivo e incluso solía ser violento durante sus entrenamientos, más de lo que Saga estaba orgulloso en recordar, ese uso de violencia excesiva… no era natural en un joven de su edad, cosa por la que el patriarca Shion le había negado el uso de la armadura de oro.

Razón por la que su actitud fue decayendo cada vez más y más hasta el grado que Saga temía que pronto él instigará una rebelión contra el patriarca, y contra la diosa que por tanto tiempo habían esperado su regreso al mundo de los humanos.
―Bueno, espero que logren arreglarlo entre ustedes dos… Jeh, ser el hermano mayor no es fácil, ¿verdad? ―Murmuró sonriendo nuevamente haciendo que Saga volviera a sonreír de regreso,

―Ja ja, y que lo digas, Aioros…― aunque no con la misma actitud relajada de siempre, esta vez era más contemplativa, Reflexiva dirían algunos.

Saga era la imagen viva del honor y la justicia, un hombre que muchos consideraban como un dios, benevolente como justo a pesar de seguir siendo un hombre, Incluso Aioros sentía una gran admiración hacia él, como representante de la divinidad de los dioses en la tierra.

Por lo que, el caballero de Sagitario pasó al siguiente tema que quería tratar con su compañero esa misma tarde antes de que otra cosa sucediese.
―Y hablando del patriarca, ¿estás emocionado por descubrir quién será el siguiente gran patriarca? ―Interrogó llamando poderosamente la atención del santo de Géminis quien colocó sus ojos verdes sobre Aioros, totalmente sorprendido que fuese él quien lo mencionará.

Saga quería ser el primero en hacerlo pero, al parecer Aioros fue el primero de los dos en querer abordar el tema.
―Un poco, sí… pero sea cual sea la decisión del patriarca, estoy seguro de que su juicio será acertado. ―Respondió el caballero de cabello violeta, tan modesto como siempre.

―Jeh, ¿lo dices por qué tu eres el más indicado para ser patriarca? ―Preguntó casi en tono de burla, era obvio que el siguiente gran patriarca sería Saga, él había hecho todo lo posible para ganarse ese puesto a temprana edad había demostrado un liderazgo nato, además de ser el modelo a seguir para muchos de los jóvenes caballeros de Oro, Plata y Bronce que soñaban ser igual de fuertes y valientes que él.

― ¿Por qué lo mencionas? ―Preguntó el sato dorado de Géminis totalmente curioso por las palabras del caballero de Sagitario: Aioros, quien se veía tan alegre por quien en pocos días sería nombrado como el siguiente gran patriarca del santuario.

Aioros sonrió, este hombre no podía ser más humilde si lo quisiera, era por esa razón y por qué era su mejor amigo que sabía que el patriarca Shion lo nombraría como el siguiente gran maestro del santuario ¿y por qué no lo haría?

Saga era la mejor opción a Aioros aún le faltaba muchas cosas por aprender, muchas cosas por lograr antes de considerarse a sí mismo como un ejemplo a seguir para muchos, sobre todo en lo que se refería a utilizar el dinero con moderación.

En su última misión que asistió con su pequeño hermano Aioria habían gastado todo el presupuesto que tenían en recuerdos y suvenires, pero… si era honesto consigo mismo se la habían pasado muy bien, sobre todo Aioria a quien cuando estaba junto a su querido hermano mayor le encantaba jugar como divertirse durante las misiones, de alguna forma ambos seguían siendo niños.

Sobre todo el Mayor de los dos quien seguía poseyendo un espíritu puro.
―Digo eres el más noble, fuerte y sabio de todos los caballeros, además… eres un modelo a seguir para todos, tu bondad no conoce límites, Saga. ―Dichas esas palabras El caballero dorado de Géminis no pudo sino desviar la mirada avergonzado, todos solían decirle eso y lo tomaba como un verdadero halago.

Pero cuando Aioros le decía eso, era como si la persona que podía considerar como un hermano, más que al propio Kanon lo estuviera reconocido y aceptando como su próximo líder.

Aunque, Saga estaría mintiendo si no considerará a su compañero Aioros como su igual, el hombre al que más había respetado en su vida después del gran patriarca Shion, él único hombre que había logrado derrotarlo.
―Je jeh… lo dices como si tu no poseyeras esas cualidades Aioros…―Declaró tranquilamente el santo dorado de Géminis sonriendo en dirección al guerrero de Sagitario, colocando su mano sobre el hombro del guerrero a su lado.
―Eres fiel, noble, poderoso además de poseer un enorme sentido de justicia, no por nada se te fue otorgada la armadura que muchos héroes del pasado han portado. ―Con sus palabras, Aioros también se sentía reconocido, no había sensación más gratificante que ser aceptado y reconocido por la persona a la que más admiraba a parte del sabio maestro Shion.

―Es verdad, pero aunque me eligiera a mí antes que a ti…―Declaró Aioros bajando la cabeza, todo hasta ese punto era incierto, el mañana, la elección del patriarca e incluso que sucedería el día que la nueva Athena descendiera desde los cielos hacia su estatua que se encontraba más allá de la cámara del patriarca, pero una cosa era segura pasara lo que pasara, ambos estarían juntos para enfrentarse nuevamente a la noche, como lo habían hecho tantas veces en el pasado.
―Sé, que a mí lado tendré al mejor de los nuestros como mi mano derecha. ―Con eso dicho Aioros colocó su mano sobre el hombro de Saga, demostrando el absoluto respeto que le tenía al caballero dorado de Géminis

―Lo mismo digo hermano Aioros…―Respondió el guerrero de la constelación gemela posando sus ojos verdes en Aioros, demostrando su total confianza a su compañero en armas. Ambos se quedaron mirando el uno al otro por un par de momentos que parecieron una eternidad, hasta que… el santo de oro de los Gemelos debió sus ojos hacia el horizonte nuevamente, donde la luz del Sol hacía resplandecer sus armaduras con más intensidad, haciéndolas brillar y reflejar la luz del astro rey de reyes.
―¿Sabes? Siempre que miro al horizonte, me pregunto, ¿qué destino nos deparará el mañana en el momento que nuestra diosa Athena renazca en este mundo? ―Se preguntó sin apartar sus ojos del horizonte.
―¿Será un futuro lleno de esperanza… o un mundo repleto de oscuridad? ―Ante la pregunta Aioros se vio totalmente confundido respecto al mensaje que Saga quería transmitirle, ¿Qué era lo que él estaba insinuando con esas palabras?

― ¿Saga? ―Preguntó Aioros arqueando una ceja ante la mención de su compañero de oro, ¿A que venía eso y tan de repente?

Saga por su lado miró a Aioros en un acto total de sorpresa, al parecer había dicho algo que no correspondía en un momento de serenidad y contemplación, todo sin darse cuenta de ello, por eso ladeó su cabeza negando sus palabras anteriores.
―Oh… disculpa, creo que pensaba en voz alta. ―Respondió agitando su cabeza levemente tratando de sacarse esas ideas erradas de la mente, sobre todo cuando muy pronto Athena renacería después de 200 años y todos en el santuario esperaban ansiosamente su llegada.
―Ante todo, sé que tu estarás a mi lado para guiar mis pasos hacia la verdad. ―Declaró devolviendo su mirada hacia el noble hombre frente a él, quien siempre velaría por el amor y la paz en la tierra, ambos defenderían esos ideales, ahora como en el momento de sus muertes.
―Y de ser el caso contrario, yo siempre estaré a tu lado para enfrentarme a la oscuridad a tu lado ti, Aioros…―Con eso dicho Saga miró por última vez a su amigo, dedicándole una última sonrisa de fraternidad a quien siempre consideró como su igual.

―Gracias, Saga. ―Respondió el caballero de Sagitario despidiéndose de su compañero de oro, quien comenzó su viaje de regreso a su casa, Aioros miró con atención al caballero de Géminis caminando hacia abajo, hacia las sombras que comenzaban a cernirse sobre el mundo. Descendiendo lentamente hacia la oscuridad.

Mientras que él se mantenía justo frente a la luz del mundo, algo en su aura estaba cambiando, era extraño, era el mismo hombre que había conocido por casi 20 años y aun así algo raro sucedía con él, no sabía que era exactamente… Pero era algo que le preocupaba.
Pero más pronto que tarde desechó esas ideas ridículas.

Ambos se respetaban tanto el uno al otro, tanto Aioros como Saga eran dos de los exponente más grandes del Santuario, dos caballeros crecidos con grandes valores y aún más grandes expectativas, ambos eran pilares donde se sostendría el anhelo como la esperanza de miles de guerreros, tanto jóvenes como experimentados.
Los poseedores de las armaduras de Sagitario y Géminis siempre eran los más poderosos de sus respectivas generaciones, en esta ocasión no era diferente, ambos eran todo lo que los caballeros de Bronce, Plata y los siguientes caballeros de Oro anhelaban a alcanzar.

Muchos de ellos deseaban ser iguales a ellos, los dos caballeros más prodigiosos de esta era… Si tan solo hubiesen conocido el desenlace de esa historia, si tan solo ese relato hubiese tenido un final diferente.

Pero el tiempo como la historia fueron crueles con ambos.
La historia de cómo un hombre noble que fue seducido a la oscuridad de su alma, apoderándose del santuario y atentando contra todo lo que él alguna vez creyó.
Un Guerrero que luchó por defender la vida de una recién nacida con valor, defendiéndola con uñas y dientes, solo para ser asesinado vilmente como a un perro.

Dos caballeros que se respetaban, así como se admiraban, convertidos en un mártir y en un traidor.

Caballeros del Zodiaco: Guardianes del Universo.
Libro 1: El Nuevo Despertar de Hades.
Capítulo 16: El Desafío de las 12 Casas Parte 3.

Hora: 04:30 P.m.
Quedan 9 Horas y 20 Minutos Para Finalizar la Primera Fase…

Ambos caminaron por ese sendero lleno de antorchas durante un largo rato que parecía interminable, aunque ambos caballeros corrían tan rápido como podían esto parecía ser la casa de Géminis todo otra vez, aunque algo estaba cambiando mientras más avanzaban más podían notar que el camino se hacía más angosto y que las antorchas a sus lados comenzaban a ser menos.

―No entiendo que pasa con este lugar, se siente como si estuviéramos atrapados en la casa de Géminis de nuevo. ―Seinma decía corriendo mirando a todas direcciones tratando de entender que demonios estaba sucediendo… o mínimamente en que condenado lugar se encontraban en este momento pues no parecía un laberinto, más bien era un pasillo infinito sin pasadizos.
Nunca en cada ocasión que habían pasado por la casa de Sagitario habían visto algo tan extraño, pues en la casa de Géminis todo era aleatorio.

Incluso los flujos de energía eran extraños y difíciles de predecir… pero lo único que era constante era el tiempo, el tiempo no se movía ni siquiera cambiaba dentro de esa dimensión, allí adentro un par de horas o minutos eran segundos en la realidad.
Pero aquí todo era diferente, las grietas en el suelo lo indicaban, ninguna era igual a la anterior, algunas presentaban variaciones y diferencias evidentes, e incluso las antorchas que los rodeaban presentaban mayor desgaste que ostras, lo que les indicaba que en efecto en lugar de caminar en círculos estaban avanzando.

―Recuerdo haber leído en uno de los libros del santuario que algunos templos, sino que todos tiene una sala gemela. ―A su lado Danny habló recordando bien aquella información sobre el santuario, como podría olvidarlo ella misma lo había visto cada vez que exploraba el santuario cuando era más pequeña.
―Estas salas gemelas son como un segundo templo en los templos del santuario, El de Aries es la gran biblioteca, el de Cáncer es el gran cementerio que se encuentra al otro lado de la montaña, el de Virgo es una enorme planicie llena de flores y el de Libra es un gran tribunal donde se juzgan a los traidores y desertores…―Explicaba recordando cada uno de los salones gemelos de cada una de las casas que había recorrido hasta ahora.
―Pero esta es diferente, jamás pensé que Sagitario tuviera una sala gemela como esta, fue una sorpresa incluso para mí.

―Hummm…―Murmuró Seinma concentrado en su objetivo.―Pues entonces habrá que tener cuidado, quien sabe que clase de sorpresas nos, ¡espera! ―Exclamó deteniéndose en seco creando una leve nube de polvo bajo sus pies, Danny no pudo comprender que sucedía, aunque al mirar abajo se encontró con… un enorme agujero en la tierra que llevaba a un abismo aparentemente sin fondo.
―Que… ¿qué es esto? ―Se preguntó el caballero de Pegaso mirando hacia la boca del enorme agujero en la tierra, aparentemente ese era el fin del camino… o la siguiente parte de la prueba, él se arrodilló a ver qué tan profundo era, pero las antorchas no lograban alumbrar más allá.

―Parece… un punto sin retorno…―Decía ella totalmente desconcertada al igual que su compañero, no entendía mucho de este lugar menos de como el mismo de pasar a ser un pasillo aparentemente infinito terminaba en un enorme agujero en la tierra. Que lo más probable no llevaría a ninguna parte.

―Solo hay una forma de averiguar qué es esto…―Seinma dijo mirando a su alrededor, buscando algo que los ayudara a determinar qué tan oscuro era ese lugar así que ni lento ni perezoso tomó una de las antorchas cercanas a los pilares y la quitó alumbrando un poco el camino, aunque la luz era fuerte no era suficiente para alumbrar más allá de unos pocos metros.

Fue entonces que Seinma para comprobar la profundidad lanzó su incandescente fuente de luz hacia el fondo, la misma tardó en llegar, pero cuando lo consiguió se escuchó un hídrico que apagó la luz de la antorcha, lo cual dejaba en claro que había agua debajo junto con un poderoso eco que terminó por comprobar sus sospechas.
No podía ir más allá de 5 metros… pero a su vez tampoco parecía una altura que sus botas o sus armaduras pudieran soportar sin romperse.

―Muy bien, de poder bajar es posible, pero, necesitaremos ayuda. ― Murmuró Seinma desviando sus ojos hacia la dirección de su compañera a quien se le había ocurrido una gran idea.

―Oye Sein que tal si utilizamos mis cadenas para descender, ellas serían de enorme utilidad aquí. ―Decía haciendo que estas comenzaran alzarse a sus lados, en efecto las cadenas de Andrómeda servirían perfectamente en esta situación, las mismas podían extenderse hasta el infinito… y por supuesto los ayudarían a llegar hasta el fondo.

―Esa sería una buena idea, pero… ¿quién bajará primero? ―Interrogó Pegaso arqueando una ceja, pero presupuesto que la respuesta no tardó mucho en llegar.

―Yo lo haré, yo bajaré primero tú serás el contra peso para compensar el mío mientras desciendo. ― Replicó nuevamente la Saintia de Andrómeda totalmente decidida a descubrir qué clase de misterios se ocultarían debajo del santuario, sin importar cuantas veces hubiera visto este lugar le seguía sorprendiendo la cantidad de cosas que era capaz de encontrar de su segundo hogar.

―Pero… ¿y si hay algo horrible esperándote allí abajo? ―Interrogó Seinma inseguro de que esta fuese la mejor opción, él fácilmente podría bajar y despejar el área por sí mismo, pero ella esta vez fue más insistente con él.

―No te preocupes Sein, de cualquier forma, tengo otra cadena que me ayudará a defenderme allá abajo. ―Respondió alzando su brazo derecho, en donde poseía la cadena Triangular para ella detectar el peligro no sería problema pues siempre podía contar con sus fieles cadenas para resolver cualquier tipo de problema que se les presentará en frente, después de todo u ingenio era suficiente para sacarla de cualquier tipo de Apuro.
―Hummm, bien pero ten cuidado, no dudes que si surgen problemas iré de inmediato a ayudarte. ―Pidió Seinma deseándole lo mejor allí abajo, pero él confiaba en ella después de todo por ella ambos habían logrado llegar tan lejos, pero todo en estas pruebas era incierto y cualquier cosa podría suceder.

―No te preocupes Sein, sé que no soy la más fuerte físicamente, pero tengo…

―La mente más brillante de todas… Sí, lo sé… y me alegra saberlo. ―Interrumpió otorgándole su total confianza a su compañera quien sonrió agradecida por que él reconociese su poder y su fuerza, de verdad sentía que podía lograrlo todo al lado de sus amigos e iba a lograrlo todo.
―Bien, ve con cuidado.

Fue entonces que ella desató la cadena que la conectaba a Seinma para lanzarla a uno de los pilares cercanos, amarrándola con fuerza, Seinma por supuesto que tomó el cuerpo de la misma para actuar como contrapeso y evitar que la misma fuese a caerse o que algo más ocurriera para que su compañera cayera a su muerte… O mínimamente a una estrepitosa como dolorosa caída.
Ella a su vez rodeó su cuerpo con la misma como lo había practicado varias veces, esto para bajar más seguramente y con ms cuidado, como si estuviera descendiendo de una montaña en una cuerda, Así que con fuerza tomó la cadena circular, dándole la indicación de que bajara hacia las profundidades.

Ella asintió mirando hacia abajo para comenzar a descender como si estuviese haciendo rápel, solo para que al instante la pared donde se apoyaba desapareciera, ella perdió el equilibrio por unos instantes, pero pronto lo recuperó comenzando a descender lentamente, desenvolviendo la cadena de su brazo bajando cuidadosamente hacia la oscuridad.

Esto era emocionante, no se había sentido así desde que era más pequeña descubriendo nuevos lugares en el santuario, cada vez más se emocionaba e impresionaba más con todas las cosas que esperaba encontrar allí abajo.
Donde la luz de las antorchas era incapaz de alcanzar.

―¿Hey Danny que hay allí abajo?―Interrogó Seinma solo logrando ver a su compañero por el destello que la piedra de su armadura era capaz de producir, sino la habría perdido totalmente en la oscuridad, aunque esa pequeña luz fue bajando de intensidad a la medida que ella bajaba, por lo que podía empezar a preocuparse hasta que esta misma desapareciera por completo.

―No veo mucho, salvo oscuridad… y un fuerte olor a humedad…―Habló escuchando como su voz rebotaba 6 veces en la oscuridad de la caverna, podía escuchar algún tipo de corriente acuática que se escuchaba a lo lejos.

Había un río subterráneo, eso podía ser una buena señal o una muy mala señal dependiendo que no estuviera bajando a un enorme pozo subterráneo… o a un pequeño charco, esperaba que fuera la segunda, porque si era la primera y con el peso de su armadura no tardarían en hundirse hasta el fondo.

―Bien, sigue hasta que llegues hasta el fondo. ―Seinma pidió escuchando como las cadenas sonaban mientras más y más se bajaba, ella no tardaría en llegar hasta el fondo pero como ella temía, esperaba que fuera solo un pequeño charco de agua… y no todo un pozo subterráneo.
No fue hasta que el sonido de las cadenas se detuvo dando paso a un par de pisadas sobre un terreno acuático se escucharon en el fondo.

Seinma no escuchó nada de ella durante unos momentos, lo que causó que el muchacho de cabello castaño comenzara a preocuparse.
―¿Y bien? ¿¡Cómo se ven las cosas allí abajo!? ―Pregunto Seinma colocando una mano al lado de su boca, para amplificar sus palabras, esperó un momento mientras su eco resonaba por la caverna hasta que una respuesta llegó casi de inmediato.

―¡Está oscuro… y frío, pero todo está bien! ¡Ya puedes descender Sein! ―Exclamó la joven del otro extremo alcanzando a su compañero, quien asintió levemente para comprobar que la cadena estuviera bien atada, confiaba en Danny, pero no la cualquiera cosa que este extraño templo les estuviera preparando.

―Bien… ¡Aquí voy! ―Dijo agarrándose fuertemente de la cadena para comenzar a descender con rapidez, no la suficiente para que la fricción puesta en el metal le quemara las manos, pero sí la suficiente para mover su cabellera castaña que era sacudida por el viento que provocaba su caída, y justamente al llegar al fondo miró a su compañera cuya siluetra era tenuemente iluminada por el cristal de armadura en su pecho.
―Huh… no sabía que el santuario tenía una caverna. ―Murmuró Seinma mirando a su alrededor, estaban en total penumbra, siendo alumbrados únicamente por los cristales de armadura que tenían en sus pechos, de otra forma realmente estarían totalmente a oscuras y sin dirección.

―Yo tampoco pero es una montaña enorme… en algún punto una formación rocosa como esta debía tener una cueva, aunque esta abarca mucho espacio. ―Declaró la más joven llamando a ella la cadena que aún se encontraba amarrada al pilar de arriba, la cual comenzó a regresar al brazo de su portadora rápidamente, solo para que al momento de alcanzarlos esta envolviera nuevamente el brazo de Pegaso uniéndolos una vez más en esta encomienda.
―Yo diría que por la profundidad hemos regresado a la casa de Escorpio… al menos al nivel al que nos sumergimos. ―Decía tratando de calcular la elevación de esta cueva con la de la casa de Jacko.

En cierto modo podía equivocarse, pero teniendo en cuenta como habían descendido, la diferencia entre como bajaban desde el exterior y como habían llegado a esta caverna desde el interior… Podía asumir que estaban cerca de la casa de Escorpio o la de Libra respectivamente.
―Hummm, muy bien entonces hagamos esto rápido, no perdamos más tiempo. ―Respondió Seinma mirando a su alrededor, buscando una vía de escape cercana pero… eso creó otro problema.

―Sí, vamos…―Respondió ella notando al instante el mismo problema que su compañero de cabello castaño había notado.
―¿Pero a dónde vamos? ―Le preguntó mirando en su dirección, estaban a oscuras, solos y con lo que podían suponer que era un pequeño lago bajo sus pies, pero más que eso no tenían nada.

Ni un mapa, ni un pasillo que les indicará el lugar a donde debían dirigirse solo sus instintos y sentidos que pudieran intervenir por ellos.
―No lo sé… pero no debe ser muy difícil encontrar la salida ¿o sí? ―Preguntó Seinma buscando con la mirada una dirección a donde pudieran dirigirse con certeza, aunque al mirar a un lugar en concreto, quizá era su intuición o su sexto sentido, pero podía sentir un enorme cosmos en esa dirección, por lo que comenzó a caminar hacia allá siendo seguido por la joven Saintia al instante.
―Estoy totalmente seguir que este lugar pondría muy nervioso a Shin.

―Jeh, pienso igual… Cielos pobre Shin, no me imagino como es vivir aterrado de tu elemento principal. ―Murmuraba la joven apenada por su compañero Heredero, no era secreto que Shinryū sentía un enorme temor al agua, todo a base de los traumas de su infancia… realmente deseaba poder ayudarle en un futuro cercano, sobre todo por qué en algún momento él debía aprender a superar su hidrofobia.

―Yo tampoco…― Susurró Seinma pensando en su compañero, esperaba que sin importar que tan duro era para él lidiar con el elemento del agua, pudiera pasar esta prueba sin sufrir un ataque de nervios.

Realmente deseaba que todos lograrán pasar esta prueba para poder reencontrarse en la fase de combate.
Él no podía esperar a probar la fuerza de sus amigos, poner a prueba su poder y determinación en combate, pero sobre todo, poder enfrentarse a ellos en la competencia más reñida entre caballeros de Bronce y Plata de la historia.

Ambos siguieron avanzando tratando de buscar entre las penumbras una salida lo cual a este punto sería difícil más no imposible si tenían en cuenta que aún seguían en el templo de Sagitario, si había entrada tendría que existir una salida bien escondida en algún lado de toda esta oscura cueva. Avanzando un poco más Seinma sintió que el agua les subía a las pantorrillas prontamente alcanzando sus rodillas para terminar apresando sus muslos.
A menos que este lugar se estuviese llenando de agua, quería decir que estaban descendiendo.

―Rayos…― Seinma murmuró mirando hacia abajo y luego hacia el frente, no sabía que sucedía. Estaba siguiendo el cosmos de alguien, pero al hacerlo parecía que se dirigían a algún lugar lejos de la salida.
―Espero que esta sea la dirección correcta, por qué no me gusta cuando me restringen la movilidad…―Murmuraba Seinma tratando de avanzar, le era difícil hacerlo con el agua ralentizando sus pasos, algo tampoco le agradaba a la Saintia de Andrómeda al caminar por el agua, aparte de que sus piernas y parte de su cintura estaban totalmente hundidas… menos al imaginar que algo probablemente los estaba acechado bajo el agua y estaban dirigiéndose al nido de la misma.

No fue hasta sentir un retumbar encima de ellos, y al mirar hacia arriba temieron lo peor, la maldita cueva estaba agitándose, podían notarlo no solo por el sonido, sino que a sus pies les costaba mantener el equilibrio, como el agua que se agitaba violentamente a su alrededor.
―¿¡Que demonios sucede!? ―Se preguntó Seinma sintiendo el agresivo movimiento debajo de él.

―No lo sé… pero… pareciera que algo malo esta pasando fuera del templo…―Respondió la joven tratando de mantener la calma, hasta que escuchó algo duro y pesado cayendo a su lado, salpicando a ambos al instante, ella miró a su lado derecho, lo que vio le heló la piel.

―¿Que fue eso? ―Preguntó el Pegaso consternado, para que al instante viera una enorme piedra en forma de cono clavada sobre el suelo, sabía que forma tenía por la forma que la misma presentaba por encima, redonda y posiblemente afilada para haber atravesado el suelo.
―No puede ser, ¿eso es…? ― No pudo terminar de interrogar cuando una nueva estalactita se clavó detrás de ellos, causándoles un miedo totalmente justificado.

―Debes estar bromeando…―Susurró mirando hacia arriba, activando su cosmos para poder amplificar su visión y allí encima de ellos miles, sino que cientos de rocas tanto enormes como puntiagudas se acercaban a ellos rápidamente.
―¡Debemos salir de aquí Sein! ―Exclamó jalándolo hacia la misma dirección contraria, estarían perdidos si se quedaban aquí en medio de esto, ambos jóvenes intentaron rodear a la enorme roca que había caído detrás de ellos, pero al intentarlo Seinma resbaló al intentar dar un paso más.

La preocupación fue tan clara y vivida en su rostro, ¿cómo no se habían dado cuenta antes? Habían estado siguiendo un camino fijo debajo del agua, parecido a un puente debajo del mismo, por qué a los lados no había tierra donde pisar sin hundirse en las profundidades abisales.
―Maldita sea… ¡no podemos volver!― Decía totalmente consternado, entonces la única forma de salir de allí era seguir el camino que ambos habían seguido hasta ese momento.

Danny también se vio preocupada y aterrada al imaginarse que quedarían enterrados bajo rocas aunque peor aún… caer al agua hundiéndose sin oportunidad de escapar por enormes rocas que les impedirían salir a la superficie para respirar.
Así que sin esperar a que otro objeto pesado de piedra les cayera encima comenzaron a "Correr" por el agua lo más rápido que podían, esto era una locura, tener que correr a oscuras esquivando duros objetos de roca en completa oscuridad, aunque gracias a sus ojos podían ver mejor entre las penumbras eso no les ayudaba mucho a avanzar más rápido.

Si tan solo pudieran disipar el agua alrededor de ellos… o mínimamente a controlarla para que la misma les permitiera pasar sería excelente, pero para su mala suerte ningúno poseía un cosmos de Agua.
Sin duda Shinryū les hacía mucha falta, ambos trataron de continuar pese a que las rocas que les caían del cielo los ponía al límite de sus reflejos y supervivencia.
A este punto ya podían entender claramente porqué decían que el templo era una trampa en sí misma, los estaba obligando a poner todos sus sentidos al máximo.
Eso hasta que una roca cayó justo del lado izquierdo de Danny donde la defensa era más fuerte, pero por alguna razón esta no le había advertido sobre el peligro, ella pasó de la sorpresa al susto al instante cuando sintió que se hundía en el agua, aunque ella supiera nadar con el peso de su armadura comenzó a hundirse rápidamente.

Siendo ayudada por Seinma quien logró agarrarla antes de que se hundiera en el agua.
―¡Te tengo! ―Exclamó tomándola del brazo y tirándola hacia él para que mantuviera sobre el terreno elevado en el agua.
―Tranquila saldremos de aquí juntos, ¡no te dejaré atrás! ―Exclamaba ayudándola a reincorporarse y continuar por el puente rocoso, esta vez no la dejaría atrás, superarían esta prueba juntos así fuera lo último que él hiciera en su vida, aún si la muerte no era un peligro real.

No se permitiría abandonarla nuevamente como había sucedido en la casa de Leo.
Ambos continuaron esquivando como bien podían y apresurando el paso antes de que ambos terminarán bajo un ataúd de rocas y agua, hasta que a lo lejos Seinma pudo reconocer algo moviéndose en las volátiles aguas que eran azotadas incesantemente por estalactitas.
O mejor dicho reflejando algo, allí en una de las esquinas se encontraba una antorcha y a su lado lo que podía suponer que era la salida, por esa razón comenzó a correr tomando de la mano a su compañera para ayudarla a obtener más velocidad e impulso, con la caverna cayéndoles encima… lo que podían suponer que era todo el santuario solo esperaban que sus compañeros y amigos se encontraran bien.

Los caballeros dorados no se dejarían derrotar fácilmente, ellos lucharían y defenderían a Athena con sus propias vidas, pero ahora ellos debían sobrevivir, salir de esta cueva para reunirse con ellos y pelear por el santuario.
No esperaban que un examen para determinar sus fortalezas como sus debilidades también sería un simulacro de combate 100% real, justo lo que faltaba este día.

Al llegar Danny fue la primera en subir con ayuda de Seinma quien por poco habría perdido uno de sus pies por una enorme roca que casi lo atrapaba debajo, fue una suerte que ella lo ayudará a subir, de otra forma se habría quedado allí atrapado.
Ambos continuaron mientras la caverna se desplomaba detrás de ellos.

―Por Athena… eso estuvo cerca…―Decía Seinma totalmente agitado un segundo más y no la contaban, era una suerte que hubieran logrado salir de esa en una sola pieza, de otra forma todo se habría terminado en un abrir y cerrar de ojos.

―Y que lo digas Sein. Pero ahora… ¿Dónde rayos estamos? ―Se preguntó mirando a su alrededor, parecía que habían escapado de una horripilante cueva para terminar en otra, la suerte al parecer no se encontraba de su lado.

―No lo sé exactamente, pero supongo que es mejor que la anterior…―Murmuró el caballero Pegaso reconociendo sus alrededores, ahora la caverna parecía ir cuesta arriba, como esperaban que eventualmente fuera, el problema que ahora tenían entre sus manos era… cual sería la siguiente trampa a la que serían sometidos esta vez.

― ¿Lo crees? ―Interrogó preocupada, la última vez que creyeron que todo estaba bajo control las cosas no habían resultado muy bien, era natural sentirse inseguros con… lo que sea que fuera a Suceder de ahora en adelante…
Pero sabían que temerle a lo que fuese a suceder no los iba a sacar pronto de esta maldita caverna… tenían que continuar de lo contrario quien sabía que sucedería afuera sin ellos para ayudar en lo más que les fuese posible.

Así que sin más demora ambos corrieron cuesta arriba para seguir en su búsqueda de encontrar la salida de la cueva, aún dudaban si todo lo que había sucedido había sido parte de la prueba, más aún Danny quien no comprendía como era que sus cadenas no habían detectado el peligro hasta que fue demasiado tarde.

Y de hecho no podía sentir… la humedad, el agua que había cubierto su cuerpo había desaparecido de un instante al otro, ¿qué rayos estaba sucediendo?

Eso no lo sabría… quizá hasta haber atravesado por completo este templo.

No tardaron mucho hasta sentirse nuevamente en peligro, esta era una cueva aún más angosta, no tanto para sentirse atrapados, pero lo suficiente para convocar una leve sensación de claustrofobia.

Cada vez esta cueva jugaba más y más con sus miedos más profundos, primero era el caer a una muerte segura, la segunda era ahogarse y ahora los mantenían en otro pasillo infinito a oscuras.
Este desafío realmente los estaba obligando a mantener la guardia en alto en todo momento.

Por esa razón para relajar un poco el ambiente decidieron conversar un poco.
―Y bueno… ¿cómo lograste salir de la casa de Leo, Danny? ―Interrogó el muchacho de cabello y ojos cafés llamando la atención de su compañera al lado, quien desde hacía rato había estado muy silenciosa, algo un tanto fuera de lugar para ella, pero podía comprender que su silencio se debía a que estaba pensando en algo o en alguien.

―Tuve un poco de ayuda de Shin y Ben…pero ellos se quedaron atrás… espero que estén bien. ―Murmuraba en un tono de preocupación evidente preocupada por sus amigos… en verdad le dolía imaginar las cosas que estaban pasando afuera, imaginando que tanto espectros como caballeros estuvieran peleando por sobrevivir y ellos aquí debajo de esta caverna tratando de salir, ella se encontraba evidentemente consternada, pero más que eso se le veía inquieta por otra razón que no era capaz de mencionar.

―Yo también… ojalá todo esté bien allá afuera, lo que sucedió en la enorme caverna… fue realmente aterrador. ― Habló Seinma en un tono igual de consternado, eso había sido extraño, pero más extraño pensar que justamente ese día los espectros de Hades habían decidido atacar el santuario.

―Sí, lo sé yo también sentía como si las rocas nos fueran a aplastar en cualquier instante. ― Declaraba la joven de cabello anaranjado y ojos verdes posando su mirada en Seinma, quien se veía relajado por haber logrado escapar de esa horrible cueva, sin duda alguna había sido aterrador pero ahora seguían avanzando a lo que podían esperar fuera la dirección correcta.
―Y es raro… pues mis cadenas siempre detectan el peligro yo puedo sentir cuando algo está a punto de atacarnos, pero en esta ocasión… parecía como si ellas no estuvieran detectando nada. ―Añadió en un tono de voz un tanto confuso… lo que había sucedido la había tomado totalmente por sorpresa, nada se le podía escapar a su cadena, ni enemigos, animales u objetos que fueran lanzados hacia ella a una velocidad impresionante.

Lo cual estaba creando enormes sospechas en ella, además del porqué sus ropas se habían secado de un segundo al otro, aunque pensándolo mejor ¿en donde se encontraban ahora mismo?
No podía ser una ilusión… pues todo se sentía y se veía real, incluso la sensación de peligro constante era real.

Por lo que no podía ser una ilusión, al menos no una ilusión en la realidad, pues la misma estaba siendo demasiado elaborada como para ponerlos en una situación de tensión constante mientras más avanzaban por la cueva debajo del santuario.

―¿Eso te ha ocurrido antes? ―Interrogó Seinma levantando una ceja ante la mención de su amiga, quien ladeó la cabeza negándolo al instante

―No… bueno sí, pero no… Es complicado de decirlo con certeza…―Murmuraba tratando de hallar las respuestas correctas para responder la interrogante de Seinma, en sí ella sabía que las cadenas de Andrómeda podían detectar todo incluso aquello que se encontraba fuera de su campo de visión y que incluso en la oscuridad las mismas actuaban rápidamente advirtiendo sobre el peligro.

Pero aun así ahora parecía que realmente estaba caminando a oscuras totalmente desprovista de su mejor habilidad defensiva.
―Ellas responden automáticamente ante el peligro, pero si no hay peligro entonces ellas no se mueven, no hay razón para que se muevan sin razón. ―Mencionaba mirando a su mano izquierda, donde su cadena se conectaba con Seinma, incluso si ella se encontraba atada a su compañero de equipo la misma podía haberla advertido del peligro.
―Y Debido a mi conexión con ellas puedo sentir cualquier cosa a mi alrededor, incluso la más pequeña no importa pero ahora… me siento como si estuviera totalmente indefensa ante el peligro. ―Como ella lo había mencionado antes, sentía lo mismo que su cadena, pero por alguna extraña razón que aún no podía explicar la misma le había fallado, ¿que era esta cueva y porqué estaba alterando su conexión con sus armas?

―No te preocupes, saldremos de esta juntos yo sé que sí…―Respondió Seinma tan determinado como siempre, lo cual, le dibujó una tierna sonrisa a la joven Saintia, incluso si todo fuese horriblemente mal, Sabía que podía confiar en Seinma, él nunca había fallado a su palabra y sabía que no empezaría a hacerlo ahora.
―Y ayudaremos a nuestros compañeros fuera, confía en mí, no permitiré que nadie muera, no mientras pueda hacer algo al respecto. ―Quizá lo que le alegraba no era que Seinma realmente hablase como un héroe de viejas leyendas.

Quizá lo que le alegraba más era que él realmente hablaba desde el corazón, aún si la situación los superaba él haría lo necesario para ayudar a otros como lo había hecho aquél día en el ataque a la ciudad en Neo Inglaterra, había sido su primer enfrentamiento y las cosas no habían salido del todo bien, pero con su intervención lograron evitar más muertes ese día.

―Gracias Sein…―Replicó sintiendo que un enorme peso se aligeraba de sus hombros, por eso era una parte importante del equipo, si John era el Líder, Benjamín era el reconocimiento, Shinryū el escudo y ella era la estratega.

Seinma era quien les daba esperanza a todos, una agradable forma de ver su posición en toda la alineación, aunque sabía que tenía más potencial, ella lo había visto de primera mano durante mucho, mucho tiempo.

―Y bueno… ¿Cómo pasaste tu la demás prueba? ―La pregunta hizo que el caballero Pegaso mirara en dirección a la joven de ojos esmeraldas, para nuevamente mirar hacia el frente, esperando que algo de la cueva cambiará al menos un poco, lo que fuera…

Parecía que estaban caminando nuevamente por un pasillo infinito, y eso lo estaba hartando… Pero no sabía si eso era mejor o que piedras enormes del tamaño de un desplazador les cayeran encima con intención de asesinarlos.
Quizá era buena la calma, no debería quejarse tanto de ella sabiendo que de un momento a otro las cosas subirían de tono y estarían tocando nuevamente la muerte con la punta de sus dedos.

―Digamos que tuve suerte… además de un poco de ayuda de mis vidas pasadas. ―Respondió finalmente Seinma después de pensar en una buena respuesta para la joven a su lado, pero no siempre tenía buenas respuestas.

Solo cosas que le llegaban a la mente y que usualmente le pasaban en su vida.
―¿Eh? ¿Cómo es eso? ―Interrogó Andrómeda viendo como se rascaba la nuca.

Ojalá hubiera una manera simple de explicarlo, pero la verdad era… que no la había, no existía, solo tenía que decir justo lo que vio en la casa de Virgo.
Y lo demás

―Bueno no sé cómo explicártelo, al parecer mi alma ha vivido tantas guerras a lo largo de toda la historia. ―Le decía rascándose la nuca se sentía muy cansado, había recorrido casi 30 kilómetros desde la base de la montaña hasta el templo de sagitario y ahora estaba recorriendo una enorme Cueva sin saber cómo rayos iba a salir de esta con vida, solo sabía que si a Danny se le ocurría una solución accedería a ella sin pensarlo ni un solo momento, ella tenía más cerebro y él era puro músculo, ambos lograrían compensar sus debilidades con las virtudes del otro… de alguna forma
―Ha salvado vidas, ha luchado contra los dioses y ha logrado superar en más de una ocasión los límites humanos. ―Añadió recordando los rostros de sus vidas pasadas, todos se veían… extrañamente como él y no se refería solo a Seiya o a Tenma, sino que todos incluyendo a las mujeres que se encontraban en toda la línea de guerreros santos, ¿acaso… el siguiente viniera después de él se parecería también a ellos? ¿O sería diferente?
―Me pregunto… si yo también podré hacer eso…

―Yo sé que lo lograrás Sein, pues yo… confío en que tú siempre lucharás por un objetivo noble sin importar que tan duro sea. ―Declaraba con fuerza y decisión, Danny solía ser muchas cosas, pero al mismo tiempo era una fuente de sabiduría, quizá ser la hija del patriarca como de la gran maestra de la isla Andrómeda tenía más ventajas que solo ser una cerebrito.
―Eres el heredero de Seiya: el Héroe de Héroes, nada pudo detenerlo antes y sé que a ti nada te detendrá tampoco. ―Sin duda alguna las palabras de Danny también se sentían como un rayo de esperanza para él, por eso le agradaba tanto pelear a su lado.

―Gracias Danny, significa mucho para mí que tú me des todo tu apo…―No pudo terminar de hablar cuando nuevamente sintió la tierra estremecerse debajo de sus pies, algo malo iba a ocurrir… otra vez. Y probablemente tendría que ver con el techo… otra vez.
―¿Que fue eso? ―Preguntó mirando a su alrededor iluminando el camino detrás de ellos tratando de comprender que rayos había sido eso.

Danny también miro a todas direcciones en busca de que era lo siguiente que los atacaría pero naturalmente su vista se fijó hacia arriba, presenciando como el techo comenzaba a descender rápidamente a ellos.
―El techo… el techo está cayendo sobre nosotros. ― Murmuraba totalmente horrorizada, esto era la enorme cueva de nuevo pero esta vez eran kilómetros de techo que se estaban desplomando sobre de ellos, no podían salir con vida de esta si no corrían por sus vidas.
―¡Corre Sein! ―Exclamó tomando la delantera guiándolo fuera de esta trama, ¿como era esto posible? A menos que todo el santuario se estuviera viniendo abajo era imposible que el techo se estuviera desplomando en una enorme loza de piedra.

Ambos intentaron continuar, pero mientras más avanzaban el techo se desplomaba encima de ellos, escuchando como las rocas chocaban contra otras mientras poco a poco el techo buscaba su camino para aplastarlos, no fue sino hasta que Seinma sintió que algo tocaba su cabello cuando se dio cuenta que… Pronto estarían atrapados entre dos enormes paredes de piedra sin posibilidad de escapar o moverse.

Las armaduras de Bronce no aguantarían el peso de todo el santuario por lo que él tuvo que intervenir antes de que algo más sucediese.
―¡Khg! ¡Maldición! ―Exclamaba colocando sus brazos para detener el techo, no aguantaría mucho, sabía que no aguantaría mucho sin su cosmos, sus brazos, piernas, músculos y huesos no resistirían tanto el peso del techo, era roca sólida y no poseía un cosmos capaz de controlarlo, mucho menos la fuerza necesaria para mantenerlo así por tanto tiempo. ―¡Aguanta Danny! ―Exclamaba colocando sus manos sobre la dura superficie rocosa… aún si tardaba en recuperarse de diferentes rupturas de huesos en todo su cuerpo por Semanas… al menos le permitiría a ella escapar.
―Yo sostendré el techo tú sigue corriendo.

―No te dejaré aquí Sein. ―Quería decir la joven viendo como su compañero se sacrificaba para ayudarla a salir… pero esta vez sabía que si dejaba atrás a uno de sus compañeros y en específico a Seinma, esa sería la última vez que lo vería con vida.

―Tranquila… tranquila estaré detrás de ti… pero apresúrate. ―Él solo podía sentir como su cuerpo era aplastado por la fuerza de aquella enorme pared de piedra que podía asumir que eran varios pisos de rocas tratando de aplastarlo, sin embargo escuchó un sonido… como de diferentes pedazos de metal pequeños moviéndose conectados unos con otros, rápidamente a lo largo y ancho del corredor.
Y por Un instante pudo sentir como el peso que intentaba aplastarlo se aligeraba un poco… Solo un poco.
―¿¡Eh!? ―Miró a su alrededor observando como las cadenas de Andrómeda fungían como pilares, las cuales intentaban sostener el enorme peso de la caverna sobre de ellas, Danny aunque indirectamente no sostenía el techo sí podía sentir el peso al que sometía a sus cadenas… Y era demasiado fuerte como para que ella y Seinma pudieran pasar.

―Las cadenas resistirán, pero no por mucho tiempo. ―Trataba de decir levantando un poco el techo, lo suficiente para que Seinma logrará liberarse del sitio donde había sido retenido, solo para escuchar como las cadenas comenzaban a quebrarse, estas tampoco aguantarían tanto, así que debían pensar rápido.
―Tendremos que turnarnos uno avanzará mientras el otro intenta sostener el techo, ¿de acuerdo? ―Preguntó ideando aquella táctica a velocidad record, sus cadenas no serían suficientes para detener el enorme techo de roca, así que Seinma tendría que avanzar para sostener el siguiente tramo para que ella pudiera continuar y hacer lo mismo que estaba haciendo ahora

―Excelente idea, ¡vamos! ― Exclamó corriendo un par de metros lejos de Danny para entonces poner su fuerza sobre el otro extremo de la cueva permitiéndole a su compañera liberar sus cadenas y darle el tiempo necesario para correr al otro extremo y así utilizar sus cadenas para sostener el techo dándole la oportunidad dorada a Seinma de seguir hacia adelante.

Ambos continuaron haciendo esto durante 4 metros más.
Aunque habían avanzado mucho A Seinma casi no le quedaban fuerzas y las cadenas de Andrómeda estarían a punto de desquebrajarse en mil pedazos, debían seguir empujando más seguir empujando hacia adelante aunque eso los llevase directamente hacia sus tumbas, no importaba mientras pudieran continuar solo unos metros más valía la pena… Hasta que… a lo lejos ambos divisaron algo.

Delante había un hueco, donde el enorme techo de piedra se detenía, dando paso a lo que podían asumir era otra caverna con otra maldita trampa, pero de ahora en más ¿quién sabía qué clase de cosa intentaría aplastarlos o asesinarlos? Solo querían escapar de esta maldita trampa de una maldita vez.

―Maldita Sea… ya falta poco… Danny sal de aquí, aguantaré lo más posible, una vez fuera sostén el techo con la resistencia que le quede a tu cadena. ―Dijo el santo de bronce tratando de aguantar lo suficiente para darle a su compañera la oportunidad de escapar de este lúgar y llegar a la salída de esta maldita trampa.

―¿Pero qué sucederá contigo? ―Interrogaba ella insegura de avanzar y dejar a Seinma detrás… aún había un largo tramo y no sabía cuánto tiempo resistiría Seinma sujetando la dura superficie de piedra en sus espaldas.

―Eso no importa… ¡llega rápido te lo pido! ―Exclamó sintiendo como la pared de rocas bajaba lentamente hacia el suelo, aplastándolo en el proceso, pero, aunque le costará la vida ayudaría a Danny a llegar al otro lado de esta cueva, solo tenía que aguantar un poquito más. Solo un poco más…

―Te esperaré allí, ¡resiste Sein! ―Exclamó Danny corriendo lo que más podía hacia la salida, ella podía sentir que Seinma estaba sufriendo, gracias a la cadena amarrada en su brazo derecho podía sentir como sus brazos dolían solo por el deseo de dejarla salir de aquí, ella tenía que correr, correr con el único propósito de liberar a su compañero de esa trampa que iba a aplastarlo.

Mientras tanto Seinma intentaba ejercer toda la fuerza de su cuerpo sobre el techo rocoso que estaba tan desesperado por detener, la maldita roca que quería aplastarlos, debía aguantar solo hasta que ella estuviese lejos de peligro.
"Kgh… Maldición, podía llegar fácilmente allí con mi estrella fugaz de Pegaso… pero… apenas puedo mover mis brazos… y le dije a Aria que no utilizaría la fuerza Pegasus…" Pensaba apreciando como la roca que sujetaba con su cuerpo seguía avanzando tratando de aplastarlo, aún si su cuerpo era capaz de soportar el peso esto no sería por mucho, su armadura y huesos terminarían hechos polvo debajo de esta enorme roca que se extendía por varios metros de largo.
―¡Agh! ―Se quejó sintiendo como su cuerpo era atravesado por una sensación de dolor inimaginable, comparable a lo que había experimentado en la casa de Tauro y la de Escorpio, combinados e intensificados al máximo "Al menos, resiste hasta que Danny llegue a la salida… resiste… ¡resiste idiota resiste!"

La joven finalmente había llegado a la salida y al mirar atrás solo podía observar como Seinma casi era puesto de rodillas por el peso, tenía que actuar y rápido, así que utilizando sus cadenas logró levantar el enorme segmento rocoso para liberar a Seinma de su pesada carga.
―¡Sein ya estoy! ―Exclamó viendo como su compañero finalmente caía de rodillas al suelo, estaba totalmente cansado, no entendía cómo es que seguía consiente si quiera, pero esas serían preguntas quizá para otro momento, debía recuperarse a la velocidad de un relámpago o de verdad estaría atrapado allí debajo sin oportunidad de escapar.
―¡Vamos, corre! No creo que mis cadenas puedan aguantar mucho más. ―Pedía tratando de hacerlo espabilar, sabía que había puesto cuerpo y alma para detener la caía del techo sobre ellos, pero si no se apuraba todo habría sido totalmente en vano.

Seinma lentamente se levantó notando que las cadenas de Andrómeda no aguantarían mucho más hasta ceder, pronto se romperían y con ellas el peso de toda la estructura le caería encima, con eso en mente comenzó a levantarse lo suficiente como para empezar a mentalizarse, él lograría llegar si tan solo utilizaba su estrella fugaz.
Muy bien… muy bien…― Debía concentrar su cosmos, debía trazar su constelación para canalizar su cosmos a pesar de que estos le dolieran como el demonio, debía trazar su constelación, debía enfocarse en el ataque más veloz de su arsenal.
―¡Ohhhhhhh! Pegaso… dame tu fuerza, haz que tu cosmos fluya en mí… y dame el poder para salir de esta maldita trampa. ―Decía canalizando el poder de su constelación en su cuerpo llenándolo de poder al mover sus brazos de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Solo la velocidad de ese golpe sería suficiente para ayudarlo a salir de allí en un flash.

No tardó mucho en conseguir la energía necesaria para que su cosmos obtuviera el resplandor necesario para lanzar su golpe… pero las cadenas ya no aguantarían más, un sonido de metal quebrándose hizo eco en toda la cueva.

―¡Sein! ―Danny exclamó sintiendo que pronto Seinma ya no tendría más tiempo para prepararse, justo al momento que las cadenas cedieron, haciendo que la enorme roca que seguía encima de él se encaminará a ofrecerle una dolorosa muerte.

―¡Raaaahhhh! ―Gritó el Pegaso siendo cubierto por un aura azul, que ardía con la intensidad de una pequeña estrella, bloqueó su cosmos en la pose del Pegaso, canalizándolo en su brazo derecho.
―¡Estrella Fugaz De Pegaso! ―Pronunció manifestando su ataque en un poderoso eco que resonó por toda la cueva, un poderoso haz de luz comenzó a recorrer todo el tramo que había recorrido Danny, pero aunque viajaba a la velocidad de un rayo la roca estaba cayendo un poco más rápido, Seinma no tardó en sentirse invadido, por lo que tuvo que caer al suelo, deslizándose con sus pies hacia el frente escuchando el metal de su armadura raspando contra las piedras de debajo, estaba cerca tan cerca, aunque al estar tan concentrado en la salida no pudo notar una pequeña roca que sobresalía por encima, la misma que logró esquivar de milagro, pero la misma le arrancó la tiara de la cabeza, la cual cayó a su lado rodando rápidamente en el suelo, pero rápidamente se detuvo por los obstáculos debajo de ella.

Pegaso finalmente se encontraba fuera, pero le faltaba algo así que miró a sus espaldas encontrándolo, extendiendo su brazo rápidamente para recuperar su Tiara y retirándolo lo suficientemente rápido para evitar que su brazo fuese aplastado debajo del enorme cuerpo rocoso.
―Ah… ahhh… maldición… eso estuvo muy cerca…―Murmuraba el caballero Pegaso, mirando la pieza protectora de su cabeza entre sus manos, no se encontraba rota un poco abollada en una de las alas, pero fuera de eso se encontraba en perfecto estado, ya había perdido una de sus hombreras, sería una pena perder otra pieza de su armadura en esta prueba.

―Y que lo digas…―Murmuraba Danny arrodillándose al lado de su compañero, quien en pocas palabras estaba completa y totalmente abatido.
―Gracias Sein… no habría logrado salir de allí sin tu ayuda. ―Añadía sonriéndole con fidelidad, ella era la primera en decir que los planes que ella idea casi siempre tenían una probabilidad de éxito de un 100% al 90% mínimo un 70%

Pero en esta ocasión Seinma había probado que él también podía hacer buenos planes en momentos de gran presión y en esta situación fue más literal que metafórica.
―Jeh… no digas eso tú fuiste quien dio la idea de apoyarnos mutuamente, fue gracias a ti que logramos salir de allí con vida. ―Decía el caballero de Pegaso sonriendo débilmente, pero al intentar levantarse su espalda chocó contra la loza de piedra que momentos atrás había querido acabar con su vida.

―Ambos hicimos un buen equipo. ―Decía la joven sonriendo tan tiernamente como ella solía hacerlo, se sentía aliviada de que ambos hubieran logrado salir de allí con vida gracias a su trabajo en equipo, estaba segura que juntos no habría nada que ellos no pudieran hacer.
―Vamos, sigamos adelante. ―Pidió poniéndose de pie, pero al momento de hacerlo pudo notar que a Seinma se le dificultaba tanto moverse y no era una enorme sorpresa, había hecho casi todo el trabajo físico por al menos 10 metros.

―Ah… Sí, solo déjame descansar un poco… mis brazos y piernas… necesitan un pequeño descanso. ―Decía el caballero Pegaso totalmente cansado, casi no sentía los brazos… y las piernas le ardían, pero podía moverse aún podía moverse, aunque de ahora en adelante cada movimiento le haría sentir un infierno en vida.

―Ven te ayudaré. ―Dijo dándole su mano a su compañero, quien miró totalmente cansado para alzar más sus ojos hacia su compañera de cojos esmeraldas, que lo miraban con atención y con una cálida sonrisa de apoyo.
―Puede que no sea tan fuerte como tú… pero, te ayudaré a seguir adelante, como tú lo hiciste antes. ― El muchacho de cabello castaño río por un momento para entonces tomar la mano de su querida amiga, levantándose gracias al esfuerzo que ella puso en ayudarle a levantarse nuevamente.

―Jeh… no digas eso, eres la persona más fuerte que conozco. ― Le decía Seinma sonriéndole de regreso, recargándose sobre el hombro de su compañera, aunque era más bajita que él hacía su mejor esfuerzo para no aplastarla con el peso de su propio cuerpo y armadura combinados.
―Pero gracias… vamos, aún tenemos mucho camino por recorrer. ― Era doloroso y le pesaban todas las partes de su joven cuerpo.

Ambos siguieron su camino por la oscuridad de la enorme cueva tratando de recuperarse de otra experiencia cercana a la muerte, debían dejar de tentar la suerte, pues en cualquier momento terminarían las pruebas totalmente agotados, con pocas fuerzas para continuar y además perderían más tiempo quedándose en este lugar oscuro.

Seinma trató de seguir recuperando las fuerzas y el aliento, después de salir de aquí necesitaría un buen descanso… pero hasta entonces debía continuar, pero al seguir caminando él sintió algo extraño, su mente le dolía más que sus huesos o músculos.
Era una sensación extraña, incluso familiar, pero no por eso más fácil de asimilar… ¿qué estaba pasando con esta maldita Cueva? ¿Y porqué parecía que siempre que caminaban hacia el lugar indicado más peligrosa se volvía?

Caminaron unos momentos, girando hacia la derecha y después a la izquierda, se sentían nerviosos y no era para menos, cualquier cosa intentaría matarlos como lo habían comprobado anteriormente en los anteriores segmentos de la cueva.

Se sentían al límite, con sus corazones latiendo a mil por hora, sin apartar sus atentas miradas de los alrededores esperando a la siguiente trampa mortal que los esperaría aquí, esperando a que ellos estuvieran totalmente distraídos para atacarlos como había sucedido con las cuevas anteriores, si estaban siendo demasiado precavidos al caminar era por qué esperaban que nada los intentará sorprender…

Al menos nada acechando en las penumbras, al no poder confiar en las cadenas debían confiar aún más en sus instintos y en sus reflejos condicionales.
Poco más tarde nuevamente llegaron a un espacio amplio, tenuemente iluminado por un par de antorchas colocados a los lados, lo suficiente para ver mejor que los rodeaba eso era algo bueno… o malo dependiendo que tan cruel fuese la siguiente prueba, pero al mirar más adelante pudo notar un montón de rocas posicionadas perfectamente que llevaban a un terreno alto, donde había un agujero enorme, al parecer esta vez podrían salir sin mucho problema, al menos por parte de Seinma por qué algunas medían casi 2 metros con 20 centímetros cada una, lo cual… podía dificultarles un poco la subida sobre todo a la más joven.

―Bueno al menos hay un terreno elevado finalmente, creo que la suerte comienza a sonreírnos. ―Murmuró el caballero de Pegaso, sus fuerzas no habían regresado por completo… pero ya tenía las suficientes energías para caminar sin necesidad de depender de su compañera.

―Eso u otra trampa nos espera…―Murmuraba la joven de cabello anaranjado y ojos esmeralda, a ella no se le daba bien ser negativa, siempre era alegre y optimista, pero viendo como todo se había tornado hasta ese momento solo podía esperar lo peor.

Pasaron unos segundos en silencio, hasta que nuevamente una ruptura llamó la atención de ambos.
―¿Que fue eso? ―Interrogó Pegaso mirando al cielo, esperando a la siguiente cosa que intentará aplastarlos en el lugar donde se encontraban, pero al escuchar litros y litros de agua descendiendo hacia a sus espaldas se voltearon, había un enorme agujero en el techo que dejaba caer un torrente hídrico enorme, parecido a una cascada… que no tardaría en llenar el lugar de agua y ahogar a los jóvenes caballeros.

―¿¡Agua!? ―Exclamó la joven totalmente sorprendida, no pasó mucho para que esta comenzará a inundarlo todo, alcanzando sus talones y más temprano que tarde sus espinillas.

―¿Sabes? Creo que empiezo a entender por qué Shin le teme tanto al agua. ―Murmuraba Seinma mirando a la dirección donde se encontraba la enorme montaña de rocas que sí o sí debían ser la salvación de ambos o de lo contrario terminarían ahogados nuevamente.
―Corre… Corre Danny. ―Seinma señaló hacia las rocas dándole el impulso que ella necesitaba para comenzar a correr a esa dirección, estaba asustada, no podía negarlo, todo ocurría demasiado rápido y debían pensar a la velocidad de un relámpago.

Apenas podían reaccionar, debían poner todo de sí mismos para evitar ser ahogados, mientras que ambos comenzaban a escalar, el caballero de Pegaso miraba hacia abajo comprobando que el agua pronto comenzaría alcanzarlos, estaba subiendo tan rápido que incluso las antorchas que habían estado colocadas a los lados se apagaron al entrar en contacto con la misma, era una locura que tuvieran que escalar por sus vidas después de haber detenido un pedrusco del tamaño de medio edificio, la suerte parecía querer decirles a la cara: ustedes dos están totalmente jodidos.
―Maldición pareciera que este lugar realmente nos quiere matar a ambos. ―Decía Seinma escalando lo más rápido que podía gracias a sus brazos adoloridos, pensando en que en estar en plena forma física subir esta pequeña montaña no sería ningún impedimento para él.

Pero en estos momentos le estaba costando trabajo, pero más trabajo a ella quien de por sí al ser de una estatura menor apenas podía seguirle el paso a Seinma, quien ponía todo de su parte para ayudarla a seguir subiendo a pesar de las dificultades anteriormente explicadas.
―Continua Sein, estoy detrás de ti. ―Decía tratando de seguir subiendo pero era difícil y apenas lograba subir un escalón más sentía como el agua debajo trataba de alcanzarla, escuchando como sus pies salían del agua apenas esta la tocaba.
―Vamos, ¡pronto este lugar rellenará y moriremos ahogados! ―Decía desesperada, subiendo lo más rápido que podía con ayuda de su fiel compañero de Pegaso quien también podía notar como el torrente los alcanzaba cada vez más rápido, lo que había sido una enorme cueva ahora se convertía en un lago subterráneo como el que habían visto anteriormente.

El colmo sería que estalactitas de un tamaño considerable empezaran a caer del cielo, pero Seinma mejor evitaba pensar eso pues su suerte con esas cosas era peor que su suerte con las clases de aritmética.
―¡Khg! ¡Maldición! ―Decía después de subir nuevamente una de esas rocas que se tornaban cada vez más difíciles de subir debido a su condición, eso añadiendo que sus superficies no eran totalmente ásperas, sino más bien lizas, les dificultaban aún más continuar hacia arriba, finalmente su habilidad para trepar árboles le estaba sirviendo de algo, de otra forma esto sería más difícil de lo que ya era de por sí.
―Maldita suerte de Perros… Vamos Danny sujeta mi mano. ―Pidió viendo como a su compañera poco a poco se le dificultaba más subir debido a la altura de las mismas.

―Te tengo Sein…― Ella sin dudarlo ni un solo instante tomó la mano de Seinma quien utilizó más de su fuerza para levantarla completamente y ayudarla a subir, la joven apenas tenía el tamaño necesario para continuar por sí sola, Seinma realmente debía ser totalmente su ayuda para permitirle avanzar.

Pero nuevamente al ver abajo vio lo peor, nuevamente sus piernas estaban siendo cubiertas por agua, no tardarían en quedar debajo de ella, debía pensar mucho más rápido de lo que lo había hecho antes.

Ya que ella era la más pequeña en esta situación ella debía ír a la cabeza, así Seinma podría seguirla sin temor a que ella quedara en la zona de peligro.
―Tenemos que seguir subiendo, ve tu primero. ―Dijo poniendo sus manos para ayudarla nuevamente a escalar, rápidamente ella puso su pie en sus manos, y él la impulsó para llegar hacia la siguiente saliente, al hacerlo Danny rápidamente miró hacia atrás extendiendo su mano para ayudar a Seinma.

―Vamos Sein, no te dejaré atrás, podemos conseguirlo si seguimos trabajando unidos. ―Pedía observando como su amigo sonreía, para instantes después tomar su mano alcanzar aún más rápido el siguiente escalón.

―Eso era lo que pensaba, tu subirás primero y yo te seguiré. ―Con esas palabras Danny asintió lista para continuar, ambos repitieron este procedimiento 10 veces más, habían podido dejar detrás por unos instantes esa enorme cascada que dejaba brotar agua sin parar.

Todo iba bien, hasta que la abertura se desquebrajó aún más, llenando más rápidamente el pozo, en el último escalón cuando Danny había logrado subir finalmente la presión del agua golpeó a Seinma brutalmente, obligándolo a perder su balance y caer a las oscuras profundidades del lago.

―¡No Sein! ―Ella intentó alcanzarlo, pero ya era tarde, lo había perdido debajo de esa densa cantidad de agua, la que… por alguna extraña razón parecía haberse detenido justo cuando habían llegado a la cima. Al parecer la cantidad que se había encontrado encima de ellos había sido suficiente para llenar todo debajo de ellos dos.
―¿¡Sein donde estás!? ―Exclamó buscándolo con la mirada entre las penumbras, no podía ver la luz que producía la piedra de armadura en su pecho y menos podía localizarlo con su cadena a pesar de estar atados por ella, sin duda la más joven de los herederos empezó a preocuparse temiendo lo peor por su amigo, Danny comenzó tirar de su cadena esperando que de esa forma pudiera ayudarlo a salir, pero por más que tiraba hacia ella no parecía que él estuviera cerca, la misma era pesada y aunque utilizara su cosmos para levantar a su compañero no sabía cuan profundo se encontraba o cuanto oxigeno le quedaría hasta poder ayudarlo a salir de allí.
―¡Seinma! ―Exclamó aterrada de pensar que en efecto, él había terminado ahogado debajo, pero fue justo en medio de su desesperación que una mano salió del agua desesperada por ayuda.
―¡Sein! ―Sin dudarlo ella tiró de su cadena y luego tomó la mano de Seinma para ayudarlo a salir finalmente, el caballero de Pegaso comenzó a toser con fuerza, tratando de sacar el agua que se había alojado en sus pulmones.

Al instante Ella tiró de su armadura para sacarlo de allí, quedando con ambos arrodillados en el suelo, con él tratando de recuperar el aliento, eso había sido totalmente doloroso, por suerte o por desgracia todo ya había terminado.
―Ejem… ah, ahhh… odio esta maldita cueva te lo juro…―Trataba de hablar Seinma recuperando el aliento y sacando los últimos restos de agua que habían encontrado su camino dentro de su tráquea.

―Me alegra verte bien…―Andrómeda murmuraba con ojos llorosos, por poco creyó que realmente habría perdido a su compañero para siempre, pero él había demostrado que era de un material mucho más resistente, ninguna trampa de rocas o de agua lo iban a asesinar fácilmente.

―Yo también… ahhh… maldición…―Seinma se agarró la tráquea, apretando un poco para abrir el canal su garganta y así permitir que el oxígeno, siendo asistido por su compañera para levantarse y seguir adelante hacia la abertura en la pared.
―Sigamos… no quiero volver aquí nuevamente en mi vida. ―Dijo casi de manera irónica, casi pues el sentimiento era genuino, no quería volver a esta cueva otra vez en lo que le quedara de vida.

Danny quiso reí, pero después de casi ver morir a su amigo nuevamente prefirió solo sonreír y con su muñeca limpiar las lágrimas de sus ojos.
―Concuerdo, sigamos Sein…―Pidió avanzando hacia la grieta, había sentido diferentes emociones en toda esta aventura, pero de verdad quería que terminará de una vez.

Sabía que aún faltaban 4 templos y que debían salir de aquí para asegurarse de que todo estaba bien con el santuario como con los caballeros de Oro, plata y bronce.
Debían asegurarse de que todo esto seguía siendo una prueba… y si lo seguía siendo, solo a un sádico se le podía ocurrir someterlos a una prueba tan dolorosa, tan rigurosa y tan despiadada que los estaba colocando en una posición de acción y reacción rápida o muerte segura.

Ambos siguieron caminando, teniendo en cuenta que habían accedido al templo a las 4:30 de la tarde y que habían pasado aquí lo que podía suponer que habían sido una hora y media entonces ya debían ser las 5:23 de la tarde.

Se habían tomado su tiempo pero lo estaban logrando, quizá otros pasarían más rápido o más lento… o de plano no lograrían pasar, pero a quien sea que fuera que entrará a esta prueba y tuviera que afrontar los mismos peligros que ellos dos les deseaba mucha suerte.
Realmente la necesitarían a pesar de que no sabía si ambos iban a salir o si alguien iba a terminar atrapado aquí debido a las trampas diseñadas exclusivamente para detenerlos o para asesinarlos.

Ambos debían seguir avanzando ambos debían continuar, ambos iban a seguir adelante, por qué no había nada en este mundo que no pudieran afrontar estando juntos, como un equipo.

Poco después nuevamente se encontraron frente a un abismo, del cual no había un buen pronóstico, ambos miraron unos instantes a todas partes totalmente confundidos de a donde debían dirigirse ahora, por supuesto por la oscuridad no podían ver el fondo y al parecer no había forma de cruzar al otro lado sin caer a ese oscuro fondo.

― ¿El camino termina aquí? ¿En serio? ― Se preguntó Seinma arrodillándose ante el borde para tratar de ver más allá de la profunda oscuridad, sea lo que hubiera allí debajo… sería mejor evitar descender más, ya habían pasado por una situación desagradable la primera vez, una segunda vez ya sería el colmo.
―Qué debemos descender nuevamente y esperar a… ¿quién diablos sabe que haya allí abajo? ―Se preguntó reincorporándose sobre sus pies, intentando pensar en alguna alternativa a este enorme predicamento que tenían entre manos.

―Puede ser… pero yo tengo una teoría… Mira. ―La joven apuntó hacia el frente, donde un tenue rayo de luz que cubría una de las rocas frente a ellos, estaba lo suficientemente cerca para verla pero lo suficientemente lejos para alcanzarla, esto debía ser una broma de mal gusto.
―Al otro extremo veo Luz… estamos cerca de la salida espero…― pedía la joven cansada de todos los problemas que esta cueva había supuesto para ellos dos, ya quería salir de aquí y continuar hacia la casa de Capricornio donde esperaban que Johnathan los estuviera esperando… O mínimamente que fuera menos difícil que esta cueva.

―Genial, pero aún tenemos un problema. ―Murmuró el santo de Pegaso nuevamente al mirar al suelo pudieron notar el abismo que había debajo, que suerte la que tenían, si esto fuese más sencillo tendrían al menos un pequeño puente de madera o fragmentos de rocas que se acomodarán debajo para que pudieran saltar entre ellas y así llegar al otro lado.
Pero no como todo en esta cueva, las soluciones debían ser igual de difíciles.
―¿Y es como vamos a pasar? ―Hizo la pregunta del millón de créditos, si tan solo pudieran formular algo en esos instantes sería excelente.

Danny miró tanto a la izquierda como a la derecha, no existía un camino estrecho por el que pudieran rodear el enorme hueco debajo de ellos, pero por alguna razón todo lo que había delante de ellos era un enorme agujero y otra saliente, donde sol podían esperar finalmente a escapar de allí.

Aunque al mirar hacia arriba pudo notar un par de estalactitas perfectamente colocadas en la dirección indicada, si tan solo pudieran balancearse y saltar en el momento correcto pasarían al otro lado en un instante.
―Bueno tengo una idea, pero necesitaremos de mis cadenas para pasar…―Decía apuntando a aquellas estalactitas, esperaba a que ellas resistieran para poder poner su plan en marcha, sobre todo sus cadenas que habían obtenido evidentes quebraduras después de que el techo comenzara a desplomarse encima de ellos.
―Aunque están en mal estado… espero que puedan soportar el peso de ambos… sino… no sé qué clase de monstruosidades nos esperen allí debajo. ―Murmuraba totalmente insegura de volver a bajar, si estaban subiendo debían seguir haciéndolo, bajar solo significaría más retos cuasi imposibles de atravesar.

―Rayos…―Murmuró Seinma inevitablemente angustiado, si fuera por él, Danny cruzaría al otro lado sin necesidad de levarlo consigo, él se quedaría allí para encontrar una solución a este problema por su cuenta pero no podía dejarla sola… ya no y quien sabe qué clase de cosas le estuviera esperando allí arriba sin él pudiendo asistirla.

―Aunque tendríamos otra opción, alguna vez leí que la armadura de Pegaso puede desplegar alas y con ella su portador puede volar, ¿sabes cómo hacerlo Sein? ¿Cómo desplegar las alas de tu armadura? ―Al hacer mención de la habilidad de armadura del caballero Pegaso Seinma abrió los ojos totalmente sorprendido.

Era la primera vez que escuchaba que su armadura podía hacer algo como eso, él sabía que el Pegaso era un caballo alado además que la primera vez que vio el modo objeto de su armadura de bronce pudo notar las alas que sobresalían de su espalda, pero nadie le había dicho que esas alas eran más que ornamentos de la misma o que en batalla se podían utilizar.
Y siendo el caso… ¿cómo rayos las iba a desplegar? Había entrenado esas 2 semanas para prepararse como era debido para este examen, pero nada de lo que hizo tenía que ver con las alas de la armadura de Pegaso…

En estos momentos sí se sentía como un idiota, en serio que era algo torpe en este tipo de cosas.
Más cuando eran necesarias.
―Si te soy honesto… no, no lo sé pero eso sería de gran ayuda en esta situación…―Murmuró mirando a su espalda, donde sobresalían dos partes de metal, en donde estaba seguro que descansaban las alas de su armadura.

―No te preocupes, estoy segura que mis cadenas podrán con esto. ―Declaró mirando con atención las estalactitas colocadas por encima de ellos, para hacer esto necesitaría la yuda tanto de la cadena circular como de la cadena triangular, por esa razón desenvolvió la cadena que es encontraba en el brazo de Seinma para lanzarlas rápidamente hacia esa dirección enredándose en ambas estructuras permitiéndole a la cadena de Andrómeda

―Muy bien muy bien, vamos a balancearnos hasta llegar al otro extremo, cuando te diga salta, suéltame y yo te seguiré después, ¿entendido? ― preguntó a su lado a su compañero quien asintió levemente,

―Entendido…― Respondió Pegaso habiendo entendido todo al pie de la letra, con eso la joven salió hacia el vacío tomando el impulso necesario para comprobar que las cadenas de Andrómeda resistirían su peso, se balanceó un par de veces hacia adelante y hacia atrás columpiándose para obtener la altitud perfecta para llegar al otro lado de un solo salto

Fue entonces que al balancearse una última vez hacia atrás ella extendió su mano hacia Seinma ―Bien, ¡ahora sujétate bien Sein! ―Exclamó para el joven de cabello castaño quien tomó la mano de su compañera arrojándose hacia abajo, por un momento ambos sintieron la tensión de la gravedad golpeándolos severamente mientras descendían.

Cosa que dañó enormemente las estalactitas que las cadenas sujetaban con fuerza, haciendo que pequeños escombros cayeran hacia la oscuridad debajo de ellos.

Más aún cuando comenzaron a ascender, la tensión fue tan poderosa que Danny casi soltó a Seinma, pero aunque su brazo apenas podía sujetar a su compañera no dejo que este callera al vacío, por su parte Pegaso se sostuvo hasta que finalmente estuvo a la altura necesaria para llegar al otro extremo.
Por suerte las cadenas resistían, no permitirían que ambos cayeran a sus muertes, al menos aún no.

―¡Ahora Salta! ―Con el momentum acumulado, Seinma se impulsó hacia adelante haciendo que su cuerpo se arqueara hacia el frente siendo capaz de agarrar con fuerza la saliente y así poco a poco levantarse hasta que sus pies tocaran tierra nuevamente.

―¡Ahhhh! Llegue, ¡ahora ven Danny! ―Exclamó a sus espaldas hacia la joven Saintia quien se había balanceado hacia atrás, tratando de obtener nuevamente el impulso que había utilizado anteriormente para lanzar a su compañero.

―¡Allá voy Sein! ―Trató de decir, pero al balancearse hacia adelante nuevamente pudo sentir algo en sus cadenas, una vibración extraña y al mirar hacia arriba la estalactita comenzó a romperse hasta partirse en dos ella ya estaba a medio camino cuando esto sucedió Danný comenzó a caer al vacío totalmente aterrada de lo que había sucedido
―No… ¡Nooo! ― Grito aterrorizada, después de haber perdido su punto de balance, intentó lanzar su cadena hacia cualquier dirección, pero antes de que ella cayera hacia el abismo oscuro pudo sentir como su brazo derecho era tirado hacia arriba por una de sus cadenas.

Seinma había logrado sujetarla a tiempo, haciéndose daño al instante, pero tratando de sujetarla lo mejor que podía su brazo comenzó a sangrar y la misma comenzó a caer hacia el rostro de su compañera quien veía con asombro como él había logrado atraparla antes de que ella descendiera violentamente al suelo.

Y aunque la cadena le había lastimado el brazo, primero muerto antes de permitir que su compañera cayese a su muerte.
―¡Kgh! ¡Te tengo! ―Le dijo sujetando lo mejor que podía la cadena triangular. Era difícil… y totalmente doloroso, pero con ayuda de su brazo izquierdo trató de compensar el peso que estaba cargando con su extremidad derecha.

―No me sueltes Sein…―Pedía la joven sujetando con su vida su cadena triangular que, aunque ese estaba quebrando ante su propio peso la sujetaba con la esperanza de que Seinma logrará llevarla a la seguridad de la saliente rocosa.

―Jamás lo haría…―Murmuró siendo lo más cuidadoso posible para tirar hacia arriba, y así subirla hacia él, tenía que poner toda la fuerza que tuviera de su lado para ayudarla a subir… pero fue entonces que notó que las grietas de la cadena cada vez se hacían más y más prominentes a medida que la subía.
"No… la cadena se rompe de nuevo…"Pensó mirando hacia su compañera quien preocupada también intentaba escalar, pero al mismo tiempo pudo notar como ella miraba hacia abajo imaginándose qué clase de trama dolorosa y mortal le esperaba allí abajo, entre la oscuridad.
―Tranquila… tranquila no mires abajo, solo sígueme mirando a mí. ―Le pedía tratando de distraerla de la muerte segura que se encontraba justo debajo de ella, no había tiempo para
―Todo va a salir bien… te lo prometo, a la cuenta de tres, sostente con fuerza de tu cadena e intenta no mirar hacia abajo, confía en mí.

La joven Andrómeda no comprendía que era lo que Seinma trataba de decirle o que era lo que él tenía planeado, pero sea lo que fuera ella confiaba totalmente en él con su propia vida.
―Una, dos… ¡tres! ― Exclamó tirando de la cadena con toda la fuerza que poseía en sus brazos, la fricción había sido suficiente para que esta finalmente cediera y se rompiera, ella quedó suspendida por unos instantes antes de que la gravedad la hiciera caer nuevamente.

―¡Sein! ―Exclamó alzando su mano aún demasiado lejos de la saliente, pero antes de que ella conociera su final una mano apareció rápidamente tomando la suya evitando que ella terminará su recorrido, así como su vida en esa profunda oscuridad.

―Ahhh… ahhh, te dije… que jamás te dejaría caer. ―Decía el caballero de Pegaso utilizando su brazo derecho para ayudarla a subir nuevamente finalmente encima de la saliente ambos se reencontraron en un pequeño abrazo, mientras estuvieran unidos, jamás permitiría que ella muriera, no mientras él pudiera sacrificarse para ayudarla
―Ahora sostente… yo nos llevaré hacia la cima, vamos. ―Pidió dándole la espalda a su compañera quien no dudó ni por un segundo en amarrar su cadena circular en el cuerpo del caballero Pegaso, quien después de arreglar su hombro y codo comenzó a escalar, siendo seguido por su compañera a sus espaldas.

Quien comenzó a caminar por la pared apenas él tomó altura, ambos seguían, a pesar del dolor, la incertidumbre o el miedo siguieron adelante, decididos a terminar lo que habían comenzado, cada vez más cerca de la luz, cada vez sintiendo en sus pieles y armaduras el dulce sabor de la libertad, ambos habían trabajado como una unidad como una única fuerza para sobrepasar este desafío que les habían arrojado, nada podría detenerlos peleando unidos.

Nada iba a detenerlos, ni siquiera una cueva que parecía estarse cayendo a pedazos y al llegar Seinma vio algo frente a él… algo que brillaba con la fuerza de un sol, lo cual lo hizo cubrirse los ojos por instantes, al voltearse logró ayudar a su compañera quien también cubrió sus ojos esmeraldas ante el brillo incesante de la cosa frente a ella… O mejor dicho de la persona que proyectaba ese brillo con su cosmos.

Al bajar la intensidad de ese cosmos dorado ambos miraron hacia el frente, encontrándose sorpresivamente con Sora el hermano mayor de Seinma, los veía a ambos tranquilamente con ambos brazos cruzados y con una sonrisa sincera.

―Bien hecho a ustedes dos, lograron superar la Novena prueba…― Con esas palabras el destello de Sora volvió a hacerse tan intenso que ambos tuvieron que cerrar los ojos y al abrirlos nuevamente… ellos se encontraron en el templo de Sagitario, sin heridas, sin marcas en sus armaduras o en sus pieles además de las que ya se habían hecho anteriormente en las casas anteriores.

Así como habían comenzado la prueba la habían terminado, ambos… estaban confundidos de que había sido todo eso, hasta que al mirar al frente se encontraron con Sora, quien permanecía allí de frente con sus ojos puestos en ellos dos.

―¿Que fue eso? ― Se preguntó el joven caballero de Pegaso mirando a su alrededor, ambos estaban confundidos, pero quien más estaba confundida era la joven de Andrómeda, que no comprendía que había sucedido.

Pero para Seinma esto era lo bastante familiar para reconocer que el dolor sufrido dentro de aquella ilusión había sido tan real como el aire que respiraban de hecho, aún podía sentir como sus músculos temblaban por aquella experiencia, sin duda alguna era algo que jamás podría olvidar.

―Lo que ustedes vivieron, no fue más que una ilusión. ―Explicó el caballero de Sagitario mirando a ambos caballeros de bronce quienes ya habían entendido eso, pero el recuerdo tan vivido de haber estado atrapados en aquella cueva por casi dos horas y el terror constante de no saber que les esperaría en la siguiente sección de la cueva fue totalmente genuino, más que la sensación de desorientación que habían sentido en Géminis o el miedo producto de sus peores pesadillas en Cáncer.

Maldición… incluso se sintió más real que las visiones de las que habían sido testigos ante a las preguntas de Sira de Virgo, de alguna forma cruel esto había sido más real que todo lo que habían sentido anteriormente.
―Eso explicaría tanto, pero… se sintió tan real para ser una ilusión. ―Comentaba Danny mirando a sus manos, incluso las cadenas que parecían haberse roto seguían intactas, al pensar en sus cadenas tenía aún más sentido por qué ellas no reaccionaron ante el peligro o ante las trampas, incluso pudo notar como su ropa se había secado tan pronto… Pero ante todo y aunque todo fue una simple ilusión… todo se sintió como si de verdad estuvieran a punto de perecer en cualquier instante.
―El dolor… el peligro, todo fue real.

―Supongo que son familiares con el combate Psíquico. ―Al mencionar eso Seinma finalmente lo entendió, rápidamente sus memorias lo llevaron a su compañera y amiga de entrenamiento en Shinrra: Mary.

Pues con ella había experimentado la muerte más de una ocasión de la forma más dura posible, siendo asesinado por ella no una sino varias veces durante esos entrenamientos psíquicos.
―Ah… por eso se sentía tan familiar…―Murmuró el caballero de Pegaso aun sintiendo la agonía de sus brazos al intentar sostener una pared de piedra sólida, sin contar el que se había dislocado el brazo derecho y al haber tenido que cargar con el peso de dos personas al mismo tiempo
―Es el mismo tipo de entrenamiento que Mary y yo practicamos en palestra. ―Al declarar eso la joven miró con sorpresa a Seinma, ¿acaso lo que habían vivido dentro de aquella ilusión había sido igual al entrenamiento que su compañero se sometía al entrenar con Mary?

―¿De verdad? ―Interrogó ella sorprendida de que Seinma hubiera vivido esta experiencia tan estresante y aterradora en tantas ocasiones.

De ser así… habría preferido entrenar al lado de ella para prepararse mucho mejor para esta prueba, pero como podía imaginarlo muchas de las pruebas del santuario no habían sido lo que ella había previsto con anterioridad.

―En efecto, puede que lo que ustedes experimentaron allí dentro no fuera físicamente real, tanto el dolor como la sensación de peligro constante, pero para su cuerpo lo fue. ―Al decir eso Danny también podía percatarse, no podía parar de temblar, aunque ya estaba fuera de peligro aún seguía en alerta, su cuerpo aún reflejaba ese miedo vivido.

Al mirar hacia Seinma podía notar que su postura era encorvada, casi afligida de alguna forma, aunque no había heridas notables en su cuerpo además de las anteriormente provocadas en el templo de Escorpio y Leo, podía apreciar que a su compañero se sentía adolorido y cansado, más que en los templos anteriores.

―¿Pero cómo? ¿Esa es tu habilidad Alfa u Omega? ―Interrogó nuevamente la Saintia de Andrómeda hacia el caballero de Sagitario, quien negó levemente con la cabeza.

―No… la flecha que está allí, está cargada con un poderoso cosmos ilusorio, eso fue lo que los mantuvo atrapados en esa realidad psíquica durante todo este tiempo. ―Dijo apuntando a sus espaldas en donde ambos pudieron presenciar una flecha clavada en el suelo del templo, eso era extraño ningúno de los dos pudo ver eso cuando entraron… de hecho no pudieron ver nada más que la oscuridad y las antorchas, pero jamás vieron la flecha que los introdujo a ese trace.
―O al menos, hasta que pudieran salir de aquella ilusión momento en el que sus mentes fueron liberadas, pero sus cuerpos sintieron y experimentaron todo. ―Dicho eso Danny miró a sus manos, tratando de tranquilizarse, aún si en todo momento estuvieron fuera de peligro, su cerebro aún seguía en alerta.

Que abrumadora sensación… que cruel había sido todo, pero por suerte todo había sucedido dentro de sus mentes, no había sido real… pero el dolor que habían sentido durante toda la prueba, la desesperación, el miedo, la furia y la impotencia, nada de eso había sido una ilusión.
―¿Cómo fue que no la vimos cuando entramos? ―Se preguntó Seinma intentando racionalizar, algo como una flecha dorada era imposible de ignorar, se viera donde se viera debieron haberla notado antes de haber entrado a la casa de Sagitario.

―Elemental, al entrar a la casa de Sagitario fueron afectados por la ilusión que producía la flecha, haciéndoles ver una realidad que no existía más que en sus mentes. ―Al decirles eso una expresión estupefacta se dibujó en el rostro de Danny y de Pegaso, era casi parecido a lo que habían vivido en la casa de Géminis, solo que en lugar de caminar por pasillos infinitos realmente debieron utilizar todas sus habilidades para salir ilesos de allí, pero si el peligro no residía en morir, entonces residiría en el juicio del caballero de Sagitario.
―La misma actuó como un espejo de doble sentido, para que ignorarán su presencia y se concentrarán en el objetivo. ―Dicho eso dejó su posición cruzada de brazos, para entonces observarlos con atención.
― Ambos lo hicieron bien, sobrepasaron cada una de las dificultades, pensaron inteligentemente en cómo resolver cada una de las adversidades, sobrepasaron el poder de la flecha, ahora pueden continuar. ―Declaró apartándose del camino de ambos, otorgándoles paso libre por la casa de Sagitario, el juicio de Sora aunque no era tan detallado como el de Genki sí era contundente.

―¿De verdad? ―Preguntó la Joven de cabello anaranjado incrédula de que eso fuera todo, incluso si había sido mortal… y peligroso.

Entendían que el juicio de Sagitario dependía más de lo lejos que hubieran llegado gracias a su valor como a su ingenio para superar lo que muchos creerían imposible, por eso quizá se le había llamado la prueba de la virtud.
Si eran capaces de avanzar a pesar de los peligros como de las adversidades sin detenerse hasta llegar a superar los obstáculos físicos y mentales, entonces serían dignos de la aprobación de Sora para pasar al siguiente templo del zodiaco sin más complicaciones, quizá eso era lo que les daba más alivio a los dos, les daba cierta sensación de tranquilidad pensar en que en efecto, podrían seguir adelante pero allí se encontraba el detalle, si la siguiente prueba era igual de bestial que la de Sagitario… entonces debían prepararse física y mentalmente para todo lo que se les viniese encima

―Así es… ya pueden retirarse. ―Dijo sin más, otorgándoles el paso a los jóvenes caballeros de bronce, Ambos se miraron el uno al otro, decididos a continuar, ya habían desperdiciado mucho tiempo era hora de continuar, por lo que ambos comenzaron a correr lo más rápido que podían en dirección a la décima casa del santuario.
―Y Seinma… muy bien hecho…―El caballero de Pegaso se detuvo unos instantes mirando en dirección a su hermano, quien lo miraba detenidamente con una ligera sonrisa en su rostro, para un segundo más tarde voltearse hacia la entrada de su casa.

No entendía bien que quiso decirle con eso, si lo aceptaba como un caballero, si lo enorgullecía o que reconocía su fuerza como su determinación, quizás eran las cuatro, pero… por un solo instante realmente sintió que por primera vez su hermano estaba siendo totalmente honesto con él… de alguna forma.

―Gracias… Sora. ―Murmuró Seinma asintiendo levemente, para finalmente comenzar a correr en la dirección de la siguiente casa: Capricornio.

Hora: 05:41 P.m.
Quedan 8 Horas y 19 Minutos Para Finalizar la Primera Fase…

Tal y como lo habían previsto, el templo de Sagitario requirió más esfuerzo del que esperaban, la llama de cáncer ya se había extinguido por completo así como la de Leo que estaba dando sus últimos respiros, pronto la llama de Virgo comenzaría a extinguirse apenas llegada su hora, pero finalmente habían logrado salir, al contrario, con las anteriores pruebas donde el tiempo parecía haberse detenido por instantes, en esta ocasión seguían teniendo ventaja gracias al avance realizado anteriormente en las casas del Zodiaco previas.
Ya faltaba poco, muy poco para llegar a la cima, solo debían seguir presionando, debían continuar hacia la cámara del patriarca, donde suponían que Johnathan los estaba esperando, no lo habían visto en la casa de Sagitario por lo que podían suponer que él se encontraba en el décimo templo.

De por sí el camino se les había dificultado demasiado, ahora tenían que prepararse, por suerte todo lo que había sucedido en la novena casa había sido solo una ilusión, no se encontraban realmente bajo ataque, eso era tranquilizador…
Pero, aun así estaban preocupados por Shinryū y Benjamín, no habían visto o escuchado nada de sus compañeros desde hace horas, desde que pasaron el templo de Leo.
Se preguntaban si ambos seguían atrapados allí o por el contrario ya habían llegado a la casa de Escorpio y se dirigirían a la de Sagitario.

Al menos Danny esperaba que ambos siguieran adelante, como le sucedía con Seinma, ambos trabajaban mejor juntos, quizá mucho mejor que al lado de sus otros compañeros herederos.
Lo que en cierta forma era verdad y mentira, dependiendo de la situación.
Sus elementos eran compatibles después de todo, mientras que Shinryū lanzaba agua Benjamín la congelaba, eso funcionaba para crear trampas y estrategias que necesitarán de combinar ambas habilidades.

Sobre todo, en momentos de verdadero peligro, ella confiaba en ellos de hecho, confiaba en todos por igual, pero de encontrarse con ellos próximamente realmente deseaba verlos y saber que se encontraban bien, eran sus amigos…
Y lo último que ella deseaba era que no pudieran sobrevivir a las pruebas del santuario, eso sería triste y desafortunado.

Por su parte Seinma no estaba preocupado tanto por ellos, eran fuertes y estaba seguro que en cualquier momento ambos aparecerían para seguirlos hacia Capricornio o Acuario, pero aun así se preguntaba cómo les habría ido en Leo, Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario…
Esperaba que ellos hubieran logrado pasar con éxito… pero hasta este punto especular no era su mayor fuerte.

Al menos deseaba que en donde quiera que se encontrarán, llegarán con bien hacia la décima casa.
O mínimo que tanto Shiki como Kiva les estuvieran dando las atenciones médicas necesarias, Seinma no les deseaba más que buena salud y fortuna a sus queridos amigos.

Mientras tanto con Shinryū y Benjamín.

Ambos habían logrado superar la prueba de Virgo y de Libra, ellos habían tenido un complicado pase entre estas dos, la más complicada para Benjamín fue lidiar con la de Virgo y sus preguntas, así como para Shinryū quien aún no podía olvidar el juicio que el caballero de Libra le había hecho.
Pero ambos habían logrado escapar sin mayores percances, aún no se habían encontrado con ningúno de sus amigos herederos, pero estaban totalmente seguros que ellos seguían adelante gracias al mensaje de Seinma dado por la Santa del Pavorreal estaban totalmente seguros que ellos seguían hacia adelante, sin flaquear o detenerse.
Aunque salir de la casa de escorpio había sido u completo infierno, estaban vivos eso sí, pero sintiendo como sus cuerpos dolían en cada extremidad de sus seres, el veneno había sido suficiente como para dejarlos a ambos casi a punto de colapsar.

Y pensar que que la casa de Leo había sido difícil… era por qué no se habrían visto cara a cara contra Jacko.
Allí fuera de su templo habían más caballeros de Bronce y plata, algunos intentando ganarse un respiro y otros… como ese pobre caballero de bronce se encontraban Vomitando después de haber experimentado el dolor más agónico que jamás pudieron haber imaginado.

―¿Estás bien Mabel-chan? ―Interrogó Shinryū aún adolorido al sentir el veneno recorriendo sus venas y arterias, mirando a su compañera quien por suerte y mucha fuerza de voluntad había logrado pasar la casa de Escorpio, había gritado mucho y había sentido como si su cuerpo entero ardiera en llamas.

Pero había logrado salir de allí gracias a la ayuda de su hermano y gracias a que había resistido los 3 pinchazos del escorpión sin caer desmayada y ahora estaba intentado ayudar a un pobre caballero de bronce quien desde que había salido de la casa de Escorpio no había podido parar de retorcerse, eso y después comenzó a descargar el contenido de su estómago en las platas cercanas.

―Sí estoy bien, pero parece que Kaz no está muy bien que digamos. ―Decía dándole suaves palmadas en la espalda evitando lo más posible golpearlo con más fuerza de la debida para terminar lo que el caballero de Escorpio había comenzado.
―Tranquilo ya estás bien ya estás afuera.

―Siento como si esa cosa… aún estuviera desgarrando mis entrañas, ―Murmuró el caballero de la constelación del Lobo, solo para volver a vomitar, muchos se encontraban justo como el muchacho de cabello azulado, igual o peor.

Algunos apenas podían discernir donde se encontraban, de qué dirección habían venido o algo tan simple como donde era arriba y abajo.
―Fue difícil… pero logramos superarlo…―Benjamín murmuraba tratando de descongelar las partes donde había entrado el veneno a su cuerpo, era una táctica que le había enseñado su maestro hace tiempo, si congelaba partes de su propio cuerpo en momentos puntuales como ese, sus probabilidades serían mejores.

El veneno tardaría más tiempo en esparcirse por su cuerpo y podría resistir más tiempo, el problema era que al congelar partes como brazos o piernas la circulación se volvía mínima o nula y tardaría mucho tiempo en recuperarse de algo así sin sufrir daños permanentes.
Más aun teniendo en cuenta que había permanecido así por varios minutos, el daño hecho por el hielo podía llegar a ser igual de peligroso que el hecho por el fuego.

Causando necrosis de manera casi instantánea tanto en los músculos como en las partes más afectadas.

―Kgh… Shin, ¿te encuentras bien amigo? ―Le preguntó mirando al caballero del dragón con una expresión igual de afligida que la del Cisne, este asintió mientras hacía que la sangre que había sido afectada fluyera fuera de su cuerpo, justo por los orificios donde había entrado, era doloroso, pero le funcionaba bien.

La sangre estaba compuesta de un 90% agua, lo cual permitía a Shinryu expulsar el veneno que se había alojado en su cuerpo, pero el procedimiento era lento y tortuoso, más al tener que sentir como el mismo veneno que le había quemado las entrañas circulaba nuevamente por su cuerpo pero esta vez para ser expulsado.

―Sí… sí, estaré bien Benjamín-kun… estaré bien…―Decía mientras extraía lo último que había quedado de veneno en su sistema circulatorio.
―Ahhh ahhh, vamos chicos… no podemos quedarnos aquí… el tiempo se termina.

Pidió levantándose del suelo, aún se sentía terriblemente mal, pero necesitaban continuar antes de que la llama de Leo se extinguiera por completo.

―Shin tiene razón, levántense, debemos continuar. ―Benjamín añadió mirando a los demás, algunos apenas podían levantarse, mientras que otros aún seguían sufriendo y retorciéndose de la agonía provocada por el veneno dentro de ellos, entre ellos Mabel quien todavía tenía que esperar a que su hermano saliera de allí, además que su compañero de bronce casi se estaba muriendo por dentro.

Ella miró hacia Shinryū preocupada por el estado tanto de sus compañeros, como
―Ustedes sigan adelante muchachos, nosotros nos quedaremos aquí a recuperarnos, no se preocupen, los alcanzaremos pronto. ―Pedía la jovencita tratando de suavizar la sensación tan dolorosa que había sido el veneno del escorpión para su compañero de bronce.

―Ya escuchaste Shin… movámonos. ―Decía el caballero Cisne cojeando levemente, debían avanzar hacia la casa de Sagitario donde sabían que las cosas no se pondrían fáciles para ellos dos, pero Shinryū no quería abandonar a los compañeros que se había encontrado en el camino.

―¿Qué pasará con ustedes Mabel-chan?

―No se preocupen por nosotros, sus amigos los esperan más adelante, dejenos atrás y sigan avanzando. ―Pedía la osa menor tratando de convencerlos, si se quedaban más tiempo iban a perder pero si los abandonaban tenían más oportunidad de ganar.

Los sentimientos de sinceridad que tuvieran debían dejarlos al lado para cumplir con esta misión, en otro momento podrían llorar o lamentarse de haber dejado a alguien atrás. Pero este no era el momento ni el lugar, debían ser rápidos antes de que el tiempo comenzará a ser una amenaza presente en lugar de un recordatorio constante.

Shinryū asintió levemente, comenzando a subir lentamente por los escalones que se dirigían hacia Sagitario.
―Muy bien… nos veremos pronto amigos, mucha suerte. ―Les digo comenzando a acompañar a Benjamín, al igual que Seinma lo había dicho, debían seguir avanzando sin importar qué o a quién dejaran atrás.

Tarde o temprano se volverían a reencontrar, pero, aun así quedaba un sentimiento de pena y vergüenza al abandonar compañeros de esta forma, si existiera otra manera lo evitarían por completo pero en este examen, eso quedaba en segundo plano, pero eso no significaba que no pudieran sentir apego por ellos, eso reafirmaba que eran muchachos nobles, que realmente deseaban reencontrarse con sus compañeros en mejores condiciones.

Ya habría momento para lamentarse, pero ese día y en ese momento no…

―Buena suerte muchachos…―Declaró Mabel sonriéndoles a los caballeros del Dragón y Cisne, con la promesa de que volverían a verse muy pronto, quizá no sería después, quizá no sería pronto… pero en algún momento lo harían.

Con eso Benjamín, Shinryū y algunos caballeros de Bronce y plata resumieron su viaje a lo más alto del santuario.

Entonces con Seinma y Danny

Ya habían logrado llegar a la casa de Capricornio, cansados, apenas pudiendo aguantar sus brazos y piernas, tan terribles habían sido las demás pruebas que correr parecía una tortura, pero continuaban más que por la victoria o la gloría realmente deseaban llegar a la cima de todo esto, conocer el destino por el que muchos había o estaban fracasando en alcanzar, después de este templo solo quedarían dos más para finalmente ser libres y llegar a la cámara del patriaca, donde la última prueba los esperaría con antelación.

Hasta este punto cualquier cosa que los esperará en la casa de Capricornio estaban listos para enfrentarlo, poco a poco se acercaban a la entrada y poco a poco se acercaban a donde se encontraba su próximo desafío, aunque al adentrarse al templo lo primero que pudieron ver fue a Johnathan tirando en el suelo, con sangre cubriendo las baldosas en donde este mismo se encontraba tirado.

―¡Johnny! ―Exclamó la joven aterrorizada de la cruenta imagen que se había encontrado justo al ingresar a la casa de Capricornio, ¿que demonios había sucedido? Porqué Johnathan se encontraba en ese estado… pero sobre todo, porqué estaba lleno de cortes y heridas.

Pero antes de dar un paso más el caballero fénix se levantó para exclamar algo a los cuatro vientos.
―¡No te acerques más! ―Pidió desesperado, aunque estaba sangrando por sus brazos, piernas y por su pecho, había sido lo suficientemente fuerte como para levantarse y evitar que su prima conociera abruptamente su mismo destino.

Ella no pudo entender a lo que Johnathan se refería, pero al mirar hacia el frente pudo ver al caballero de capricornio, con un brazo totalmente extendido hacia abajo, listo para cortar todo lo que se encontrará delante de él, aún si eso significaba partir en dos a la jovencita que había llegado al templo hacía apenas unos instantes, sin importar de quien se tratase.

―Ahhh, finalmente más caballeros se adentran a mi templo… pensaba que nadie más sería capaz de llegar hasta aquí. Es una verdadera dicha teneros a vosotros entre nosotros. ―Decía llevando su mano hasta el nivel de su rostro, revelando una mirada igual de afilada que su cosmos.
―Sean vosotros bienvenidos… a la décima prueba el Desafío de la Lealtad…―Al decir eso pudieron sentir como una leve brisa pasaba entre ellos dos, revelando un aire siniestro, que parecía cortar todo lo que tocará con el simple roce de la briza sobre sus cuerpos, una extraña sensación de miedo e inseguridad rodeándolos, amenazándolos con terminar con sus vidas si daban un paso en falso..
―Demostradme que vuestras voluntades igualan al filo de mi espada y dejaré que vosotros pasen… pero si retroceden, no tendré piedad por vosotros. ―¿Qué era lo que él les estaba diciendo? En un instante parecía que él asesinaría a Johnathan en cualquier instante y al siguiente, ¿les advertía sobre lo que sucedería si cometían el error de retroceder? Que había hecho Johnathan para equivocarse y ahora recibir un castigo como ese… a menos, que esto fuera como e la casa de Escorpio, que mientras más avanzaban más los atacaba sin piedad o ápice de misericordia.
―Seáis dignos… de mi espada sagrada, ¡EXCALIBUR! ― Al Decir eso alzó su brazo hacia arriba y una enorme corriente de viento comenzó a rodear su cuerpo, como un tornado, ese debía ser el aspecto de su cosmos, pero al instante que el mismo chocó contra Seinma y Danny ambos pudieron sentir algo en la piel de ambos sobre todo Seinma quien, aunque se protegía con sus brazos podía sentir como si su armadura fuese atacada por miles de pequeñas navajas que rasgaban el bronce de su armadura

Y al sentir el viento rosando solo un instante su rostro pudo percibir el leve dolor en su mejilla derecha, la que prontamente comenzó a sangrar, una gota de sangre comenzó a descender hacia su mentón de la misma forma que el viento que rodeaba a Sovek se detuvo en un solo instante. Manteniendo la calma ambos retiraron sus brazos de sus rostros… presenciando con incredulidad como sus armaduras presentaban cortes en sus guanteletes, piernas y peto.

Incluso parte de sus ropajes habían sido rasgados por alguna clase de cuchillas tan finas como invisibles, así como la mejilla del joven Pegaso que no dejó de sangrar hasta que una pequeña gota carmesí choco contra el suelo del templo.

―Kgh…―Seinma estaba totalmente impresionado, ¿cómo era que con un solo rose del viento hubiese sido capaz de cortar su armadura y su piel? ¿Tan grande era el poder de ese caballero en particular?
―Su fuerza… es impresionante…―Murmuró el Santo de Pegaso totalmente en Shock.

―No creo que podamos pasar como lo hicimos en Leo o en Escorpio. ―Murmuraba la Saintia de Andrómeda observando con atención como el cosmos del caballero de Capricornio se arremolinaba en torno a él.
―Tengo que pensar en un plan, alguna estrategia que nos ayude a salir de esta. ―Murmuraba la joven de cabello anaranjado en vista que ahora debían enfrentarse al equivalente de un Huracán afilado, sin lugar a dudas era atemorizante, como un caballero podía poseer una fuerza tan devastadora con solo levantar su brazo hacia el cielo.

―Queréis un plan joven Saintia de Andrómeda… Aquí lo tenéis. ―Fue entonces que bajó su brazo, enviando una poderosa corriente de viento hacia ella, la guerrera de bronce activó a tiempo su defensa rodante… pero justo cuando esta misma comenzó a rodear su cuerpo, las cadenas fueron totalmente destrozadas en un solo movimiento cayendo al suelo en miles y miles de pedazos, ella alzó la mirada, totalmente angustiada, mientras un pequeño hilo de sangre bajaba desde su frente hacia su nariz, pasando por sus ojos hacia su barbilla
―Demostradme vuestra valía… o muere. ―Esas palabras lograron erizarles la piel a ambos, entonces cualquier intento de defenderse o atacar sería inútil…

¿Entonces que debían hacer? ¿Cuál era la respuesta correcta a esta prueba, que tenían que demostrar para poder pasar a la siguiente casa del Zodiaco?
Él había dicho… que demostrasen su valía, pero al mismo tiempo había mencionado que su desafío dependía en la Lealtad y entonces mencionó otra cosa… El valor…
¿Que tenían que ver estas tres cosas con esta prueba? ¿En que se relacionaban?

¿Que debían demostrar para ser dignos de la Excalibur? Que tenían que hacer… para evitar ser cortados por la espada sagrada del caballero de Capricornio.

―¿Cómo te atreves…?―Interrogó Johnathan totalmente molesto, encendiendo su cosmos ígneo, alzando sus ojos en dirección a Sovek en una total ira asesina que acabaría con todo a su alrededor.
―Cómo te atreves a dañar a mi hermana! ― Exclamó iracundo lanzándose hacia el caballero de Capricornio dispuesto a golpearlo, pero, aunque iba a toda velocidad este no parecía inmutarse, bastó con un movimiento sutil de su muñeca hacia la derecha para hacer un poderoso corte en el pecho del caballero de Fénix, marcando una enorme zona de impacto que iba desde todo su pecho. La armadura lo había logrado proteger, pero aun así Johnathan cayó al suelo escupiendo sangre.

Todas las pruebas las había superado casi sin sufrir daños… pero ahora, ahora era diferente, pareciera que cada paso que daba era castigado con un nuevo corte sobre su cuerpo o armadura, se suponía que debía demostrar su verdadera fortaleza frente al caballero dorado de Capricornio.
Y su fuerza estaba siendo superada por el viento que producía el sutil movimiento de su brazo.

Impidiéndole avanzar aún más.
―¡Johnny! ―Danny exclamó asustada admirando como él había caído nuevamente al suelo, aunque pudiera asistirlo… nada le decía que al hacerlo fuese atacada nuevamente por el afilado viento del santo de capricornio.

―Vuestras palabras pueden ser fuertes, pero ante una voluntad débil son tan fáciles de extinguir como una pequeña llama. ― Johnathan en el suelo solo apretaba más y más los dientes, no podía atacar, no podía acercarse y estaba perdiendo mucha sangre, en esta ocasión se sentía
―Sin importar que tan fuerte os hayas vuelto, el fuego que eres capaz de proyectar no es suficiente para rivalizar al de un huracán.

―Kgh… maldito…―Se quejó el caballero de Fénix sujetando el área donde había sido cortado, nuevamente trató de levantarse, pero le era difícil con todas las heridas que el santo de Capricornio le había propinado.

―Atacadme con ira… y seréis derrotado por una suave briza…― Con esas palabras levantó su mano al nivel de su rostro, listo para volver a arremeter contra él y contra todos los presentes, él no estaba para juegos ya lo había demostrado y volvería a hacerlo―O demostradme vuestra verdadera fortaleza… y seréis recompensado con la victoria. ―Dicho y hecho, no dejaría de atacarlos hasta que demostrarán el verdadero poder que residía en sus corazones guerreros, como caballeros ellos poseían una fortaleza única que residía en sus corazones.

Pero aunque podían demostrar la pero era justamente lo que ellos no entendían, aún si demostraban toda su fuerza, podían llegar a ser castigados por la espada divina de Sovek, aunque pensar no era el fuerte de Seinma debía hacerlo… Por sus amigos y para darles la preciada ventaja que requerían para luchar.

―Ahora ven y enfréntame, ave eterna. ―Con sus palabras Johnathan sintió un impulso de adrenalina recorriendo todo su cuerpo, aún si sus llamas eran apagadas ante la ráfaga de viento que producía su espada, estas incrementaban más y más.

Ya había alcanzado el séptimo sentido, todo gracias a la ira contenida que había sentido durante la prueba de Jacko. Pero ahora si pretendía ganar debía utilizar todo el poder que había obtenido durante su entrenamiento.
Iba a demostrarle su poder verdadero si eso era lo que él buscaba, aunque le costase la vida hacerlo, si el viento era capaz de extinguir sus llamas, él pelearía contra esa debilidad. Hasta que el viento hiciera sus llamas más poderosas y agresivas.

Él haría que las llamas del mismo infierno ardieran aquí y ahora, para demostrarle su verdadero poder, la tierra debajo de él comenzó a derretirse ante la fuerza de su cosmos, sus ojos comenzaron a brillar nuevamente con la misma fuerza e intensidad de que había demostrado en la casa de Escorpio, un fuego tan intenso que desbordaba de sus párpados convirtiendo su cosmos en el de una pequeña estrella, lo bastantemente fuerte como para tratar de rivalizar el poder del fiero enemigo frente a él.

―¡Raaaaaaaahhhh! ¡AVE FÉNIX! ― Exclamó con un poderoso eco, invocando un tornado de fuego a su alrededor, el cual se dirigió velozmente en dirección a Sovek quien en un instante desvió sus ojos a la dirección donde el enorme remolino de fuego comenzaba a acercarse a él a una velocidad casi invisible para los ojos de un humano normal.

Pero manteniendo su expresión tranquila y Serena lo encaró listo para contratacar.
―Técnica de viento… ¡Tornado de Cuchillas!― Nuevamente con un movimiento de su brazo, logró disipar el fuego e Johnathan cortando su técnica a la mitad, causándole una herida a Johnathan en ambos brazos, los cuales perdieron la mayor parte de sus guanteletes al instante.
―Es inútil… si lo que buscáis es tentar a vuestra suerte, lamento deciros que no os funcionará. ―Declaraba Sovek ante el intento de Johnathan de volver a atacarlo con ira.

Johnathan se estaba quedando sin opciones, había atacado con todo lo que tenía, con el poder que le había otorgado el control del Séptimo sentido y aún así no podía superar a Sovek no comprendía que o porqué hacía todo mal.
Si desde que llegó le había demostrado todo el alcance de su cosmos, pero aun así parecía que sus flamas no podían atravesar la pared de viento del santo de Capricornio… Al parecer esto no surtía ningún efecto, pero el caballero de Fénix esperaba que sí, lo había estado reteniendo aquí por bastante tiempo, cortando su piel y troceando su armadura,

Trató de levantarse nuevamente, pero cayó al suelo aparentemente rendido, esto no podía ser posible pero a la vez… sí lo era, la pérdida de sangre el cansancio y el dolor que estaba experimentando lo estaban obligando a perder caer en sus rodillas.
Johnathan aún tenía fuerzas para seguir adelante, pero con todas estos impedimentos solo le quedaba aguantar y seguir respirando para evitar caer muerto o inconsciente, tenía que recuperar sus fuerzas.

Tenía que descansar al menos un instante antes de volver a luchar.
―¿Que sucede? ¿Ya os habéis rendido caballero Fénix?

―No… Aún no…―Murmuraba tomando enormes bocanadas de Oxigeno… eso era lo que requería en esos instantes… respirar y concentrarse, su cuerpo aún no estaba hecho pedazos, lo cual le permitiría volverse a levantar nuevamente y luchar, pero lo que más necesitaba ahora era respirar.

Seinma Y Danny miraron esto con asombro, nadie era capaz de hacer caer de rodillas a Johnathan, pero el caballero dorado de Capricornio lo había conseguido, ¿tan grande era el poder del santo dorado de la décima casa como para hacer que el más fuerte de los herederos se arrodillará ante él?

Ambos… no sabían que tenían que hacer o como superar esta fase, pero lo que sí sabían era que de retroceder, conocerían un destino mucho peor que la muerte, se los habían advertido y aunque lo desearán volver atrás jamás había sido una opción.
¿Pero que tenían que hacer? ¿Cuál sería la respuesta correcta para poder seguir avanzando hacia adelante sin perder un segundo más de su valioso tiempo? ¿Que debían de hacer… para ser merecedores de pasar por la casa de Capricornio?

Ante las dudas de los caballeros de Bronce el santo dorado de capricornio los miró con atención, parecían confundidos, más que el caballero de Fénix quien en el suelo intentaba recuperar el aliento.

― ¿Por qué lucháis? ¿Cuál es vuestra razón de que estén aquí de pie frente a mí? ―Interrogó Sovek ante todos los presentes en la casa de Capricornio, totalmente seguro de que ellos no comprendían a que se refería el santo de oro.
―¿En dónde reside vuestra lealtad? ―Agregó mirando a todos al rostro, la confusión era totalmente palpable en las miradas de esos jóvenes caballeros de bronce.

¿En donde tenían puesta su lealtad? Esa era una buena pregunta… cualquiera diría que sus lealtades pertenecían a la diosa por la que todos los caballeros Atenienses luchaban, la diosa de la Guerra y de la Sabiduría; Atenea.

Pero existían más razones por las que ellos entregarían sus vidas sin dudarlo, sobre todo Seinma, quien había colocado a su hermana, su granja y amigos por sobre todas las cosas, Danny había puesto a todas las personas que consideraba su familia como su principal apoyo incluyendo a sus amigos, Johnathan… él no peleaba por nadie más que no fuese por su prima como por él mismo.
Lo demás le daba igual.

Pero, aunque eso los hacía fuertes, incluso sus fortalezas parecían palidecer ante la fuerza del caballero de Capricornio quien no apartaba su mirada de ninguno de los presentes, sobre todo del caballero de Fénix, quien poco a poco recuperaba más y más fuerzas con cada respiración y exhalación que daba.

Podía sentir como su fuerza retornaba poquito a poco.
―¿En vuestros amigos, en vuestras familias, en cualquiera que sea la fuerza que les ayude a levantarse? ― Interrogó nuevamente paseando su afilada mirada ante todos los presentes, posando sus ojos en cada uno de los caballeros de bronce presentes en su templo. ―Les diré en donde reside mi poder. ―Dijo colocando su mano sobre su pecho pensando en la diosa Athena, en la joven cuyo sueño le había devuelto la fuerza para seguir luchando día tras día, su determinación su humildad y sus palabras habían sido suficientes para devolverle la esperanza a Sovek, lo que él necesitaba para seguir peleando con tanta pasión y fuerza como lo había hecho antes de que esa bestia conocida como Aatriox lo hiriera de muerte.
―Ni fuerza nace… En cumplir un noble sueño.

Al decir eso… los jóvenes presentes apenas podían creer lo que él les decía… ¿Un Sueño? Jamás esperaron que un poder tan grande proviniese de algo así como un sueño, incluso una ínfima parte del poder que lograba canalizar era suficiente para mantener a raya a uno de los caballeros de bronce más poderosos hasta la fecha y ese hombre pospuesto que se trataba de Johnathan
alguien que jamás había temido a enfrentarse al peligro de frente…
Pero ahora se sentía totalmente inseguro, si su ira no era suficiente entonces ¿por qué antes cuando trató de proteger a Danny fue fácilmente repelido por la espada del décimo caballero de oro?

Es que acaso… ¿Su devoción no era suficiente? ¿Necesitaba algo más para luchar?
¿Algo aún más importante para demostrar su poder como caballero, más que su propia vida?
―Un… ¿noble sueño dices? ―Interrogó Johnathan colocando un pie nuevamente en el suelo, tratando de hacer soporte con su rodilla izquierda.

―Ese es mi motivo… esa es mi razón de existir en este mundo y nada más… eso es lo que me hace fuerte. ―Declaraba mirando nuevamente hacia su espada, la cual rebozaba de brillo y poder como antes de aquella cruel batalla en las tierras de Neo España, el juramento que había hecho y el juramento a llevar la batalla a los espectros que se habían atrevido a masacrar a su gente aún ardía dentro de su corazón, con la intensidad de un poderoso huracán.
―No tengo nada ni a nadie más que el sueño de vivir y morir para verlo hecho realidad, y hasta que se cumpla… mi alma jamás descansará en paz, si vosotros sois leales a vuestras devociones, entonces no deberíais estar aquí frente a mí…― Sus palabras al igual que su espada eran afiladas y cortaban sus voluntades como si estas fuesen hechas de papel.

Solo uno de ellos se seguía manteniendo firme ante sus ideales.
―¿Un noble sueño? ―Se preguntó la joven Saintia de Andrómeda totalmente confundida, pero fue entonces en un pequeño momento de reflexión, pudo pensar en algo lealtad… y fuerza venían de la mano con la armadura que él representaba y prontamente Danny obtuvo la respuesta que tanto habían necesitado.
―Es verdad… el caballero de Capricornio es el más Leal a Athena…―Mencionaba la joven Saintia comprendiendo que era lo que debían hacer, captando la total atención tanto de Seinma como de Johnathan quienes apenas podían entender a qué se refería con ello pero al instante ella refrescó todas sus dudas.
―Ella le entregó su espada; Excalibur y desde la era del mito… jamás ha dejado de luchar por Athena, él… está dispuesto a sacrificarlo todo con tal de defender a Athena. ―Al dar su explicación tanto Johnathan como Seinma pudieron comprender a su compañera, no era ira ciega o entregarse por entregarse a la batalla…
era que ellos debían tener algo a lo que

―Entonces, lo que busca es que demostremos cual es nuestra verdadera fuerza, pero busca que al igual que él la demostremos por aquello a lo que estamos dispuestos a dar nuestras vidas a cambio.

Algo mucho más importante que sus propias existencias, algo más grande que incluso sus propias vidas, pequeñas y efímeras, fácilmente extinguibles como una llama…
Así que a eso se refería con la fuerza que emergía de su lealtad, el poder que solo nacía cuando se entregaban en cuerpo y alma a una causa, sin importar que tan grande o pequeña fuese, ese objetivo debía ser suficiente para que sin importar que clase de peligros fuesen a afrontar, ya fuera en el día más brillante o en la noche más oscura, lo sacrificarían todo por sin dudarlo ni un instante, entonces… a eso se refería la prueba de la Lealtad, ¿que tanto estaban dispuestos a sacrificar para cumplir con sus objetivos?
¿Qué tan lejos llegarían siendo leales a sus ideales?
¿Cuánto dolor soportarían y en qué momento caerían con el único motivo de convertir un sueño en una realidad?

Seinma no lo dudó más… dio un paso al frente, Seishin había dicho que sus ideales eran pobres o poco inspirados, pero eran honestos y sinceros, Seinma jamás había negado que todo por lo que luchaba, por lo que se aferraba fervientemente quizá sus motivaciones fuese burdas y no tuviesen la misma importancia que salvar al universo.
O defender el santuario de Athena.
Pero para él esas motivaciones lo era todo para él.

Por ellas valía la pena morir, por Seika, Sariah y por todos sus amigos, todas esas personas valían la pena sacrificar su propia alma y entre ellas se encontraba su diosa, por lo que su lealtad a esas personas era igual de poderosa que su espada.

―Ahhh… avanzas hacia mí Corcel alado, en lugar de retroceder o huir con la cola entre las patas, te alzas frente a mí con fuego en vuestra mirada. ―Habló el caballero de Capricornio en un tono sublime observando como el caballero del Pegaso se acercaba lento pero seguro hacia su posición, sin miedo pero con una determinación absoluta por pasar el desafío de la décima casa del Zodiaco.

―No me harás retroceder. ¡Verás que mi voluntad iguala a la de tu espada! ―Exclamó remarcando sus palabras con el poder que le otorgaba su alma de bronce, el poder que había heredado de los grandes héroes del antaño.
―Seguiré avanzando sin detenerme hasta cumplir con mi deber. ―Agregó determinado, listo para enfrentarse a él y al juicio de su espada divina.

―Entonces acercaos todo lo que queráis … y probad el filo de mi espada. ―Con eso alzó su brazo al cielo, llamando a él una poderosa ráfaga de viento la cual cortaría con todo frente a ella.
―¡EXCALIBUR! ―Exclamó lanzando una poderosa onda de viento en dirección al caballero de bronce frente a él, el poder de su golpe solo podía ser igualado con el de un tifón que arrasaba con todo a su cruento camino, sin embargo, los colmillos en los ojos del caballero de bronce eran igual de afilados que su espada dorada.

Él podía temerle a muchas cosas, a cosas grandes como insignificantes, pero una cosa era totalmente cierta, a lo único que no le temería jamás era a morir luchando por las personas que él amaba.
―¡Sein, No! ―Exclamó Danny aterrorizada, con esos ojos que destellaban poder podía admirar como el santo de oro de capricornio atacaba directamente hacia él, habían visto de primera mano lo que aquella espada dorada era capaz de hacer.

Y si golpeaba directamente a Seinma este terminaría muerto, partido a la mitad, que forma tan horrible de terminar pero antes de eso, la espada chocó contra algo que hizo un poderoso estruendo en toda la casa de Capricornio llegando incluso hacia los demás templos.
Era Johnathan, quien había intercedido ante el corte del caballero de Capricornio y Pegaso utilizando sus brazos para detener el golpe.

―No te mueras aún… idiota…―Dijo en un tono cansado, casi parecía estar susurrando y al observarlo detenidamente pudo apreciar que las heridas de su cuerpo habían cerrado casi completamente.

No comprendía como lo había logrado, pero al hacerlo pudo notar como los guanteletes naranjas del santo de Fénix cayeron pesadamente al suelo y al hacerlo pudo ver que las heridas habían sido cauterizadas en su totalidad, para que alguien pudiera hacer eso sin caer desmallado no una sino varias veces era un logro que solo Johnathan podía permitirse conseguir.

―John…―Pegaso murmuró sorprendido de la velocidad con la que aún podía responder más aún al observar como sus guanteletes habían caído al suelo creando un poderoso eco al hacerlo, el caballero de Fénix apartó su mirada del enemigo para entonces mirar hacia sus espaldas justamente hacia su compañero de Pegaso, quien no apartaba sus ojos del guerrero de bronce que había llegado a protegerlo.

―Debes seguir con vida, para ver el final de este desafío, ¿lo recuerdas? ―Le preguntó con total determinación en su postura y en sus palabras, a pesar de los nuevos cortes en sus brazos, la llama eterna de su corazón era aún más difícil de extinguir de lo que el caballero Zobek había imaginado.

―Lo recuerdo bien John…―Respondió con la misma mirada en llamas de momentos atrás.

Ambos estaban preparados para lo que trataran de lanzarles, si la lealtad era a lo que dedicaban sus vidas era lo que necesitaban para pasar, entonces le demostrarían que la fuerza combinada de sus cosmos podía rivalizar e igualar el poder de su espada divina.

―¡Sein, Danny!…. ¡Hagan resplandecer sus vidas al máximo! ―Exclamó haciendo que su cosmos nuevamente envolviera su cuerpo, sus ojos nuevamente comenzaron a arder en las llamas eternas de su cosmos, al igual que los demás herederos a su lado.

―¡Vamos muchachos! ¡La victoria se encuentra frente a nosotros! ―Danny al igual que sus compañeros comenzó a hacer elevar su cosmos, tratando de alcanzar el nivel que la espada de Zobek era capaz de manifestar, un poder que podría partir el suelo y las estrellas a la mitad.
―¡No dejen de luchar! ―Fue con esas palabras que su cosmos nebular comenzase a fluir alrededor de todo su cuerpo, creando una barrera de viento al igual que Johnathan.

Seinma sin dudarlo comenzó a trazar su constelación, cubriendo su cuerpo con el aura celeste de su propio cosmos de Luz, iban a aferrarse a sus ideales, a sus principios, a aquella gente que les daba significado a su batalla y a las vidas que entregarían por defenderlas.

Algo más importante y valioso, más aún que sus propias vidas, algo a lo que serían leales hasta el momento de sus muertes, por lo que seguirían luchando incansablemente incluso después de la vida.
―Por nuestros amigos, ¡por nuestras familias! ―Pronunciaba el caballero de Pegaso haciendo resonar su propio cosmos con el de sus amigos, haciendo que este mismo ardiera alcanzando su límite, atreviéndose incluso a alcanzar una nueva forma.
―¡Por Athena! ― Los tres se lanzaron a la carga contra el caballero dorado de capricornio quien nuevamente había alzado sus brazos hacia el cielo con total osadía, listo para atacar a los tres al mismo tiempo.

―Venid…. Venid caballeros de bronce, venid a mí. ―Exclamó convocando nuevamente a él el furioso rugir de la tempestad a su cuerpo, cubriendo su pecho espalda y piernas concentrándose en su espada para poder revelar el poder de su cosmos dorado.
―Demostradme que ustedes serán dignos de mi espada, ¡EXCALIBUR! ―Clamó lanzando una única ráfaga cortante en dirección a la alineación de los tres caballeros de bronce, quienes esperaban con antelación ese ataque hacia ellos.

El cosmos almacenado en el brazo derecho de Seinma, el flujo nebular en el brazo izquierdo de Danny y las llamas solares de Johnathan en ambos brazos estaban listas para ser lanzadas en contra del ataque de Sovek.
―¡Impacto de la Estrella Celestial! ―Exclamó Johnathan y 2 ecos repitieron su voz, en un instante los "Meteoros de Pegaso", la "Tormenta Nebular" y las "Alas Llameantes del Fénix" se unieron en un solo ataque combinándose en un solo rayo de luz de esperanza.

La poderosa ráfaga dorada chocó contra el fuerte impacto de las 3 técnicas combinadas, creando un poderoso estruendo que sacudió la casa de Capricornio, a eso se refería, a eso tanto se había referido.
La lealtad entre hermanos, la fuerza que nacía en su convicción como guerreros de Athena, los campeones del mañana, fue, gracias al golpe de los 3 unidos que la espada finalmente cedió ante su poder siendo repelida y devuelta a donde ella había venido.

Un golpe seco en el suelo un objeto de metal había chocado contra el las baldosas de mármol, y al segundo siguiente los tres caballeros de bronce miraron hacia el frente, allí permanecía Zobek, sin ningún daño aparente, pero la única diferencia en él era que el casco que había estado protegiendo su cabeza se encontraba en el suelo, el golpe combinado de los tres caballeros de Bronce había sido suficientemente potente como para arrancarle su protección del cráneo.
Y más pronto que tarde una pequeña cortada apareció en su mejilla, demostrando nuevamente que el poder de los tres combinado había sido suficiente para devolverle su ráfaga de viento.

Sovek apenas podía creérselo, los 3 herederos habían logrado detener su golpe para redirigirlo, sin duda ese había sido un despliegue de poder y fuerza sublime.
―Impresionante… vosotros lograron devolverme mi propio ataque combinando vuestras fuerzas en un solo golpe. ― Murmuraba complacido por el trabajo de los 3 caballeros de bronce, sobre todo por el caballero del Fénix, quien por unos instantes creyó haberlo derrotado, pero este sirvió como catalizador para combinar la luz de Pegaso y la corriente nebular de Andrómeda.
―Bien hecho… jóvenes caballeros. ―Añadió sonriendo levemente para dar un paso al lado, permitiéndoles pasar por su casa, los tres estaban confundidos, ¿realmente los iba a dejar pasar a los tres? No es que se quejaran, pero Danny y Seinma apenas habían sido golpeados por su espada… Y a Johnathan no le iba mejor parecía que estaba en sus últimas, manteniéndose de pie por pura fuerza de voluntad, pero ahora que habían abierto el paso, podían seguir adelante.
―Pasen, me habéis demostrado que vuestra fuerza, vuestra lealtad igualó el poder de mi espada, la lealtad que ustedes poseen entre sí es fuerte no mancharé vuestra victoria atacándolos nuevamente sin piedad. ―Aclaró para que los jóvenes dentro de la casa de capricornio, quienes suspiraron aliviados que esa unión entre sus cosmos como sus espíritus que los tres eran merecedores de continuar por el camino del retador, hacia la victoria.
―Seguid adelante y no miréis hacia atrás. ― Incluso un hombre tan solitario como lo era él debía aceptar cuando un noble ideal que unía a caballeros como ellos los unía y les permitía derrotar a sus rivales, debía reconocerlos como iguales.

El honor en una pelea no residía solo en una pelea de uno contra uno, sino en que entre compañeros se ayudaran mutuamente para alcanzar la victoria.
―Gracias…―Comentó Seinma tranquilo, pero al notar como su compañero de Fénix volvía a caer en sus rodillas este se apresuró para levantarlo y ayudarlo a ponerse de pie, utilizándose a sí mismo como soporte a pesar de que él se encontraba igual de adolorido y cansado que el fénix.
―Vamos John sigamos adelante. ―Pidió tratando de impulsarlo hacia adelante, puede que le doliera hasta los huesos, pero primero muerto a permitir que uno de sus compañeros se quedará atrás, habían llegado tan, tan lejos como para permitirse rendirse así como así.

Debían seguir avanzando aunque avanzar un escalón más les costará toda una vida, Seinma intentó seguir caminando pero al instante pudo sentir sus huesos crujir, aún no se había recuperado de Sagitario… o de Escorpio totalmente.
―¡Danny! ―Seinma la llamó para que los ayudara, al parecer él también estaba alcanzando su límite.

―¿Ah? Sí, vamos muchachos. ―Respondió siendo de segundo soporte para su primo, ella también estaba cansada, pero ya habían demostrado que no existía nada que pudiera detenerlos si seguían luchando juntos, fue con eso que los tres comenzaron a marchar fuera de la casa de Capricornio.
―Aún tenemos 2 templos más que cruzar. ―Murmuró saliendo finalmente de la décima casa del Zodiaco, había sido duro, muy duro a decir verdad, ya estaban comprobando de primera mano que las pruebas se estaban volviendo cada vez más difíciles conforme seguían avanzando.

El camino se volvía cada vez más riesgoso pero la recompensa ya casi estaba al alcance de sus dedos, caer o rendirse habiendo llegado hasta acá, sería una desdicha, deshonra dirían algunos, no había deshonra en la derrota, era una enseñanza de que debían seguir luchando y esforzándose al máximo.

Pero después de todos los altibajos que habían tenido, después de todos los contratiempos y después de haber sufrido tanto, que el cuerpo llegará a su límite en este justo instante sería algo que los perseguiría por el resto de sus jóvenes vidas.

―Bien hecho niños, muy bien hecho. ―Susurraba el caballero de Capricornio limpiándose la cara con la muñeca, para observar en su superficie dorada el corte que había recibido, no era muy profundo pero tampoco le dolía, lo que sí sentía era asombro, pues nadie había logrado desviar su ataque antes. ―Incluso si fue por solo un instante, pude sentir como vuestro cosmos superó al mío solo por un instante. ―Se dijo mirando al suelo donde se encontraba su casco de oro caminando lentamente para verlo y comprobar de primera mano que en efecto tenía un pequeño rallón en la frente del mismo, casi invisible pero lo suficientemente grande como para poder notarlo, sonrió nuevamente pensando en a donde llegarían esos jóvenes caballeros luchando unidos.
―Quizá, hay más esperanza en el futuro, más de lo que pude haber imaginado. ―Añadió dándole vuelta a su casco para colocárselo en la cabeza al escuchar que alguien se acercaba rápidamente hacia su casa por la entrada.
―Me siento aliviado… de saber que jóvenes caballeros como ustedes liderarán el camino, para nuestras próximas generaciones. ―Finalizó suspirando levemente desviando sus ojos en esa dirección inmediatamente.

Encontrándose allí con más retadores, cuyos rostros expresaban que habían pasado por un infierno al igual que los primeros tres que se había adentrado a su casa, se preguntaba quienes más lo sorprenderían de la misma forma que esos tres muchachos…
O bien quienes serían los afortunados en continuar con su camino y quienes serían enviados al comienzo a lamer sus heridas y esperar a los ganadores de esta gran prueba, esperaba conocerlos pronto, sobre todo teniendo a un muchacho con la misma mirada desafiante que había visto momentos antes, en el caballero de Pegaso.

Hora: 06:16 P.m.
Quedan 7 Horas y 44 Minutos Para Finalizar la Primera Fase…

Benjamín y Shinryū continuaban adelante a pesar de haber sido golpeados brutalmente por un veneno que los había superado por momentos, se habían mantenido firmes y rectos, más ahora en la casa de Sagitario, corriendo por un pasillo infinito.

Después de haber corrido durante un largo rato ambos e encontraron con un enorme hueco en el suelo, el cual les impedía avanzar y la única forma de seguir adelante era bajar, esa era la única posible ruta para ambos.

―Bueno supongo que aquí termina el trayecto… ―Decía Benjamín agachándose para ver que tan profundo era el agujero, pero al no poder divisar el fondo… podía asumir que era bastante profundo.

―Supongo que solo hay una forma de comprobarlo…―Decía Shinryū a su lado con la misma idea que al cisne se le había cruzado en la mente. El muchacho de la cicatriz suspiró, al parecer este día tendrían que resolver muchos más problemas que soluciones.

―Muy bien entremos…―Dijo Lanzándose al vacío, junto a Shinryū quien a su vez estaba preparando una técnica para evitar morir en el impacto contra lo que sea que fuera que estuviera debajo de ellos.

Actuando Juntos Shinryū lanzó un chorro de agua en dirección a Benjamín el cual comenzó a congelarlo con una ráfaga de hielo, convirtiendo el agua en Hielo deslizándose seguramente, como un tobogán hecho de escarcha.
Ambos descendieron rápidamente sin ningún rasguño, topándose con un enorme estanque oscuro, repleto de agua.

Cosa que… puso nervioso a Shinryū apenas tocó el suelo.
―Este lugar no me gusta…―Murmuró el caballero dragón despejando el camino bajo sus pies, revelando un camino amplio bajo sus pies y más adelante un camino estrecho que parecía un puente de roca bajo el agua. Algo que puso aún más nervioso al caballero de cabello oscuro.

―Sí… lo supuse…―Murmuró Benjamín liderando el paso, gracias a la habilidad de Shinryū podían pasar por allí contemplando el suelo, sin perder el camino., ambos avanzaron un par de metros hasta escuchar un poderoso estruendo por encima de ellos y al dirigir sus miradas hacia arriba pudieron ver que grandes fragmentos de piedra estaban cayendo en su dirección.

Shinryū en una respuesta más rápida que el Rayo convirtió el agua que los rodeaba en un escudo, para que Benjamín en un movimiento rápido de sus manos, convirtiera la densa capa acuosa en un escudo de hielo sólido, la roca puntiaguda logró perforar el escudo, pero el mismo resistió lo suficiente para proteger a ambos.

El caballero dragón hizo mover la marea deshaciéndose del escudo, únicamente para ver como más fragmentos caían en su dirección, ambos caballeros quedaron espalda con espalda, cubriéndose el uno al otro, con el objetivo de que esta táctica les permitiría avanzar a ambos.

― ¿¡Estás conmigo Shin!? ―Preguntó clavando sus ojos hacia el techo donde esas enormes rocas intentarían aplastarlos a ambos, encendiendo su cosmos de hielo haciendo que el agua a su alrededor comenzara a congelarse al instante.

― ¡Siempre Benjamín-kun! ― Exclamó haciendo fluir su cosmos al mismo tiempo que cortaba una enorme estalactita con su cosmos de agua, cuidándose el uno al otro, nada podría detenerlos.

Superarían estos desafíos utilizando la mejor ventaja que ambos poseían, sus cosmos y sus habilidades para controlar los elementos que la naturaleza les había otorgado, iban a salir de esta situación juntos.
Iban a luchar juntos pero sobre todo, iban a superar este examen unidos, como un equipo.

Entonces, en la casa de Acuario.

Se mantenían firmes, aunque los músculos les dolieran, los brazos estuvieran a punto de caérseles y con la gran fatiga que suponía haber recorrido casi 200 metros desde la base hasta casi la punta del santuario lo habían hecho muy bien.

Ya estaban a la mitad del tiempo que tenían para llegar a la cima, lo cual los hacía sentir orgullosos, pero el desgaste era real, podían sentirlo desde sus pies hasta sus manos, pasando por sus espaldas para terminar en sus cabezas, donde todo era un revoltijo infinito de ideas y emociones que esperaron jamás haber tenido que sentir, pero lo hecho, hecho estaba.

Las pruebas más difíciles habían sido superadas con éxito, ahora solo quedaban 2… la prueba elemental y la prueba de resistencia, la primera ya podían darse una idea de qué iba a tratar…
Pero la segunda, la segunda les causaba dudas, ¿a que se referían con eso de resistir hasta llegar a la cámara del patriarca?
¿Cuál sería el reto al que tendrían que exponerse en esta ocasión? Suponiendo que las anteriores habían sido todo un infierno… las siguientes debían suponer el mismo reto, todo comenzó a subir de dificultad desde el segundo templo y no paró de subir hasta que llegaron a capricornio, por lo que ya se estaban dando a la idea de que sea lo que fuera que Yuri les tuviera preparados, los haría sudar sangre.

Necesitaban descansar, realmente necesitaban descansar… que mala suerte que el equipo de apoyo solo se encontrará a la mitad del santuario y no en las última casas.

Habría sido revitalizador tomar un poco de agua antes de seguir, o mínimo sentarse a contemplar la situación, Danny tenía razón, si en una invasión los enemigos trataban de cruzar todo el santuario en un solo día, ya fuera el poder de los santos dorados, el dolor, el cansancio o la gravedad que iba incrementando cada vez más hasta ser insoportable en cualquier momento caerían muertos o rendidos.
Sobre todo teniendo una defensa formidable y una altura que podría al mejor alpinista del universo en una situación de seguir avanzando o morir en el camino.

Por suerte lo estaban consiguiendo, eran fuertes y determinados, pero les faltaba mucho para considerarse los mejores, hombres y mujeres que solo con un dedo podían hacerlos retroceder e incluso causarles daños impresionantes a sus cuerpos o armaduras.
Ese era el nivel que estaban obligados a alcanzar, además de la razón principal por la que querían luchar mano a mano con estos guerreros tan excepcionales, soñar no costaba nada, pero aún así debían poner esas ideas de lado y enfocarse en el premio que se encontraba a 70 metros arriba.

Ya estaban cerca, solo necesitaban seguir empujando hasta alcanzar la cima… solo un poco más.
Pensaban…
Solo un poco más, les rogaban a sus brazos y piernas a seguir luchando.
Solo un poco más… era lo que se decían mutuamente para motivarse y no ceder ante la dificultad que suponía ser un caballero de Bronce luchando por alcanzar el oro.

Al ver finalmente la casa de Acuario, la joven Andrómeda sonrió ampliamente, ya estaban a punto de llegar.
―Sigan avanzando muchachos, estamos cada vez más cerca de la casa de Acuario…―Decía la joven después de haber recuperado un poco de fuerzas para continuar, detrás de ella estaban Seinma y Johnathan quienes se apoyaban uno del otro para continuar por el camino se podría decir que uno no podría mantenerse de pie sin el otro, lo cual era bueno y malo a la vez.
―Genial, pasaremos de una casa interesante y llena de reto a otra igual de fría que Benjamín…―Dijo notablemente fastidiado, no estaba particularmente feliz por encontrarse con el caballero dorado de Acuario siendo que él había sido quien entrenó a Benjamín en primer lugar.
―Pero que molestia. ― Añadió soltando un profundo suspiro de agotamiento, al parecer había utilizado casi todas sus fuerzas en esas dos últimas pruebas, se sentía a punto de colapsar, pero como su padre le había dicho, el Fénix siempre resurgía cada vez más poderoso y fuerte que antes.

Esa no sería la excepción, pero aun cuando conocía como funcionaba el su habilidad no estaba acostumbrado a su habilidad omega, quizá cuándo empezará a dominar el séptimo sentido entendería como ambas actuaban así como las mismas convivían mutuamente, aunque sabiendo el cómo podía obtener poder y fuerzas renovadas primero tenía que pasar por una fuerte agonía tanto física como mental para poder hacer que sus fuerzas renacieran como la armadura que él portaba.
―Johnny, creo que en tu estado no sea buena idea quejarse, suponiendo lo que tuviste que soportar en la casa de capricornio. ―Mencionó la jovencita esperando a sus compañeros a que siguieran avanzando,

―Buen punto…―Murmuró después de racionalizarlo un poco, Sovek realmente le había dado una paliza, aunque fiel a su elemento natural, prefería mil veces que lo cortarán en cachitos antes que tener que afrontar el la helada tempestad que le esperaría en la casa de Acuario, incluso prefería el veneno que le había quemado las entrañas en la casa de Escorpio que tener que enfrentarse nuevamente al enemigo natural del fuego… después del agua por supuesto.
―Aun así no estoy muy emocionado al respecto… ―Murmuró tan obstinado como toda la vida lo había sido, Johnathan no era el más optimista de todos, era apasionado eso sí, como su naturaleza lo dictaba, durante toda su vida Johnathan había entendido una cosa, el fuego era vida, el calor era esperanza, el frío era desolación y muerte.

Por eso detestaba que después de utilizar el cosmos solar su cuerpo sintiese tanto frío, ese frío que helaba sus huesos cómo ocasionar que su propia alma se estremeciera, era mucho más fuerte que

―Vamos amigo, aún necesitas recuperar tus energías perdidas, sé que conseguiremos llegar hasta el final. ―Seinma habló finalmente ayudándolo a continuar, la esperanza de poder alcanzar la cima era lo que lo seguía moviendo a pesar de que su cuerpo le gritara desesperadamente por cada músculo de su cuerpo que debía detenerse y tomar un descanso, pero eso sucedería tan pronto como sus pies lograsen llevarlo a la cámara del patriarca.
―Solo debemos seguir luchando con más energía y ganas, sé que estaremos bien muchachos… ―Se decía tratando de inspirarlos como siempre lo había hecho, avanzando un escalón a la vez, solo un escalón a la vez… rendirse no estaba en su vocabulario y no comenzaría a hacerlo ahora, verían el final de este agotador día en la cima del santuario, donde el destino los esperaba a todos.

En parte Danny también deseaba ver el final de este trayecto al lado de ellos, pero a su vez… Tampoco quería dar un paso más por miedo a dejarlos atrás nuevamente con el peligro constante de que las heridas fuesen suficientes para hacerlos caer de agotamiento… o muertos.

Por eso se mantenía al lado de ellos a pesar de que pudiera ir por ella misma a la casa de Acuario, pero como lo había dicho antes, ya no quería dejar a nadie atrás y menos a personas tan importantes como lo eran sus amigos.

―Claro… pero duele… Vaya vida, ¿no es así muchachos? ―Preguntaba la joven de cabellos anaranjados mirando a ambos con una sonrisa tranquila.

―Y que lo digas Danny…―Respondió Seinma, aunque al instante sintió como Johnathan caía de rodillas al suelo, tratando de aguantar el peso de su propio cuerpo como de su armadura combinados, sin duda alguna era desesperante y doloroso, pero sabían que al final valdría la pena.
―Vamos amigo solo un poco más… no te rindas. ―Pidió tratando de ayudarlo a ponerse nuevamente de pie.

Johnathan no respondió solo dejó escapar una pequeña risa casi inaudible.
―¿Yo? Sí tu apenas puedes mantenerte consiente, preocúpate por ti primero Seinma, recuerda lo que le dijiste a ese imbécil de Kobu. ―Declaraba Johnathan mirando con total seriedad al caballero Pegaso a su lado, si había algo que lo hacía único es que al momento de pelear esa actitud seria se volvía enfoque y pasión, casi tanto como la de Pegaso, quizá por eso la armadura de Fénix lo había elegido, no había nada que encendía el fuego de su corazón que una buena pelea.
Y quizá esta era una de las más importantes de su vida.
―Yo también estoy ansioso por ver toda esa fuerza de voluntad en combate. ―Añadió sorprendiendo enormemente a Seinma, la primera vez que pelearon todo terminó en un empate, pero ahora quería ver cuál era el verdadero alcance de su poder en la siguiente etapa del torneo galáctico.
―No me decepciones, Sein… tengo tantas ganas de ver todo el alcance de tu poder en una revancha durante la segunda fase.

Con eso Seinma no pudo evitar arquear una sonrisa de genuino ímpetu, justo como había sucedido con Kobu momentos antes, pudo sentir como un impulso de adrenalina se apoderaba nuevamente de él.

Era la pasión que él también sentía por el combate que lo impulsaba a seguir adelante, la emoción que le otorgaba enfrentarse a un oponente igual o más fuerte que él en iguales condiciones.
Con esa promesa en Mente, Seinma recuperó las energías que necesitaba para continuar hacia adelante

―Sí, tienes razón John. ―Declaró el Pegaso dispuesto a seguir luchando contra su propio cuerpo con tal de cumplir con esa promesa, pelear le traía un regocijo indescriptible, una felicidad que no era capaz de expresar con palabras, pero podía hacerlo por medio del combate.
Quizá era cierto que él estaba enfermo y en el único momento que se sentía realmente con vida era mientras luchaba, pero si era por volver a sentirse nuevamente así estaba dispuesto a llegar lo más lejos que pudiera para seguir disfrutando del combate como tantas veces lo había hecho.
―Aunque mañana nos encontremos como rivales, ¡luchemos como compañeros hasta ver el final! ―Exclamó nuevamente determinado a continuar sin importar que clase de infierno congelado les esperase allí delante.

Deseaba con todo su ser continuar hacia la siguiente etapa de este gran evento para los caballeros de bronce y plata, para así enfrentarse a guerreros que al igual que ellos habían superado las mismas pruebas, que se habían levantado una y otra vez superando cada uno de los desafíos con la misma determinación y firmeza que ellos lo estaban haciendo.

Su corazón palpitaba de ímpetu de solo pensar en los duelos que acontecerían en el futuro, eso le daba fuerza y lo impulsaba a continuar importándole poco la agonía de sus brazos o piernas, lo único que había en su mente en esos momentos era seguir peleando sin detenerse hasta alcanzar la victoria.

Fue así que los tres finalmente arribaron a la casa de Acuario, lugar donde comenzaría el penúltimo desafío antes de dirigirse directamente hacia Piscis para ver qué clase de horrores les esperaría con eso de la prueba de "Resistencia" A este punto todo podía ser…
Lo cual no los dejaba menos ansiosos por ver de qué rayos se trataba.

Al adentrarse se encontraron con una escena un tanto peculiar, en lugar de encontrarse con el caballero dorado de Acuario totalmente solo, lo que vieron al ingresar fue a una escuadra completa de caballeros de plata, podían contar al menos cinco de ellos y en el centro se encontraba él, el santo dorado de acuario mirando de frente a los muchachos que acababan de llegar a su templo.

―Bienvenidos sean… a la prueba elemental, jóvenes caballeros de bronce. ―Declaró Yuri firmemente hacia ellos con su tiara en la mano esperándolos desde hacía un buen rato.

Los jóvenes caballeros de bronce miraban a todos los caballeros al lado del santo dorado con total atención, quizá no se enfrentarían directamente al santo de oro en la habitación, sino a todos sus compañeros.
Aunque Johnathan al ver los ojos de Yuri comprobó lo que imaginaba, él también iba darle pelea a los caballeros de bronce, aunque sí iban a enfrentarse a él, en específico, John pensaba que él sería quien se enfrentaría al santo dorado de la onceava casa del Zodiaco.
Y que tanto Seinma como Danny se enfrentarían a los caballeros de plata a su lado, era lo más lógico viendo que Yuri era el santo dorado que controlaba como elemento principal el hielo.

Danny entendería que alguno tuviera el elemento del relámpago o de la tierra para intentar detenerla, pero… ¿que había de Seinma? Su elemento era luz totalmente, el único elemento que podía ser su contraparte directa era la oscuridad y dudaba mucho que entre esos caballeros de Plata hubiera uno que pudiese controlar el elemento más peligroso de todos.

Y si lo había… ¿qué clase de sentimiento habría liberado ese cosmos tan destructivo?
―La prueba consistirá en lo siguiente… si ustedes pueden superarme a mí o a alguno de mis seguidores, entonces los dejaré pasar por la casa de Acuario… de otra forma quedarán aquí atrapados hasta el final del examen…

Con dichas esas palabras tres caballeros se apartaron del caballero de Acuario uno era un hombre alto de cabello claro, con un parche en el ojo izquierdo con un único ojo de color azul celeste y la segunda era una mujer con una máscara de plata que cubría todo su rostro, su cabello era rubio ondulado, esta vestía con la armadura de la corona boreal.

Ambos caminaron en dirección a Johnathan y Danny, quienes se preparaban para la pelea, Johnathan por un instante no supo cómo interpretar esta situación estaba totalmente seguro de que el caballero de Acuario lo atacaría directamente, pero ahora el caballero que poseía la armadura plateada de cristal se acercaba directamente a él.

Si eso era verdad entonces… la persona a la que se enfrentaría Seinma sería… ¿¡A Yuri!?
―¿Que? ¿Como? ―Se preguntaba el caballero de Pegaso totalmente confundido al apreciar que Yuri se acercaba a él lentamente.
―¿Espera un momento yo me enfrentaré directamente a ti?

―Así es… Escuché cual era tu elemento principal así que lo más adecuado era que yo me encargará personalmente de ti. ― Respondió Yuri acercándose lentamente al caballero de Pegaso, quien no podía evitar arquear una expresión de inseguridad ante el avance del santo de oro frente a él. ―Dime, ¿conoces cuál es el cero absoluto Pegaso? ―Lanzó esa pregunta evidentemente confundiendo al caballero del corcel alado, quien no comprendía a que iba con esa pregunta.

―¿Eh? ¿El Cero… absoluto? ―Preguntó arqueando una ceja, evidentemente perdido por a donde quería ir con eso, su fuerte jamás habían sido las ciencias o las matemáticas, por lo que no concebía por qué ahora le estuviese lanzando una pregunta como esa en esos instantes.

―Así es, es aquél que se encuentra más allá de los−273.144 grados centígrados. ―Comenzó a explicar avanzando más y más hasta estar frente a frente al joven de la armadura del corcel alado.
―Es la temperatura que logra congelar todo lo que toca, esa temperatura solo se puede encontrar en los lugares más fríos de los planetas conocidos por el hombre. ―Dicho eso alzó su tiara dorada, apartando un par de cabellos oscuros de su rostro para colocársela, para acto seguido hacer elevar su cosmos dorado, que resplandecía al igual que como una estrella de hielo.
―Pero hay una temperatura que la supera con creces y esa es los −459,67 grados centígrados, ese es el verdadero cero absoluto que solo se encuentra más allá de la luz en el vacío estelar. ―Con esas palabras, él cerró sus ojos, no fue hasta que un cosmos amenazante comenzó a hacerse presente frente a todos, un cosmos oscuro y maligno que hizo que tanto Danny como Johnathan se estremecieran al sentirlo.
―En resumen… la única forma de lograr ese tipo de temperatura, es entregándose a la infinita oscuridad del frío vacío del espacio. ―Finalmente abrió los ojos, mostrando que su iris y pupilas se habían tornado de un profundo color oscuro, el cual intentaba extenderse alrededor de su carótida, a través de las venas de sus ojos, al igual que su cabello que de pasar a ser un negro carbón pasó a un color blanco pálido.

En un momento el cosmos de oro que cubría a Yuri comenzó a tornarse de un color violeta oscuro ¿que estaba sucediendo? Como era que el cosmos que hacía unos instantes resplandecía con la fuerza de una pequeña estrella se había tornado en una penumbra tan profunda como el abismo.

"¿Qué es esto…? su cosmos cambió súbitamente, su resplandor dorado se ha vuelto tan negro como la noche más oscura." Se decía internamente el caballero de Pegaso al sentir el repentino cambio de cosmos en Yuri, el cual permanecía estático, pero no por eso menos amenazante.

― ¿Maestro Yuri? ―Danny preguntó al caballero de oro frente a ellos, casi parecía irreconocible con aquellos rasgos tan diferentes a la persona que se suponía estaba frente a ellos, aunque poco a poco podía comprender por qué él iba a enfrentarse a Seinma directamente.

Se necesitaba una voluntad poderosa para controlar un cosmos tan maligno y solo alguien que perteneciera a la fila de los 12 caballeros de oro era lo suficientemente fuerte, tanto física como mental para evitar ser consumido por el mismo.

"Que Cosmos tan siniestro… puedo sentir como el suelo se estremece con ese poder." Pensaba Johnathan totalmente impresionado por el despliegue de poder del caballero Yuri, Tenía entendido que cada cosmos tenía una pizca de luz u oscuridad independientemente de que elemento fuese, por eso el caballero de Acuario había logrado cambiar el aspecto de su cosmos al igual que su propio exterior físico.
―¿Cómo es posible que tenga control sobre el cosmos del oscuridad? ―Se preguntó temblando al sentir como esta misma comenzaba a crecer y crecer, casi tornando el enorme templo de Acuario en una habitación oscura.

Aunque Danny era quien más estaba preocupada por este des pliegue de poder, si alguien como él era capaz de controlar la oscuridad entonces tenía que ser en un breve periodo de tiempo. Cuanto más mantuviese esa oscuridad más peligrosa se tornaría esta situación, pues; Si se veía por tanto tiempo a lo profundo del abismo, este le devolvería la mirada.

Seinma tenía que derrotarlo a él… o Yuri debía derrotar rápido a Seinma o de lo contrario el caballero de Acuario se convertiría en un peligro latente en el santuario con el que los demás caballeros de oro tendrían que lidiar eventualmente.

―Señor Yuri ¿está seguro que estará bien? ―Preguntó una de las amazonas mirando con total atención al caballero de oro, el cual daba lo mejor de sí mismo para controlar toda esta oscuridad, aunque él era fuerte podía sentir como sus susurros trataban de consumirlo, tratando de seducirlo para que cediera ante sus peores deseos.

Pero él no se mantendría así por mucho, solo sería hasta que Pegaso lograra contrarrestar esta oscuridad con el resplandor de su propia luz, aún si sentía la urgencia de matarlo intentaría controlarse lo mejor posible.
―Tranquilos, solo será por unos minutos, ya saben qué hacer si mi cosmos se sale de control. ― Dijo mirando a sus espaldas para observar a los demás caballeros de plata con total atención, quienes asintieron levemente, él había sido totalmente claro con sus órdenes: todos los presentes tenían permiso de ejecutarlo si se convertía en un peligro para el santuario o para Athena.
―Pero vasta de distracciones, desafiantes den un paso al frente y encaren a las contrapartes de sus cosmos a los ojos. ―Reveló devolviendo su mirada hacia los santos de bronce quienes no podían apartar sus ojos de él, era temible… y eso era a lo que Seinma tendría que enfrentarse en esos instantes.

Johnathan al igual que los demás no podía dejar de mirarlo con atención, ¿tan fuerte era un caballero dorado? ¿Tan poderoso se tenía que llegar a ser como para lograr controlar la fuerza de la oscuridad sin caer ante ella o ser totalmente consumido por ella?

Nadie estaba totalmente seguro, pero sí había algo que era totalmente cierto, era que la siguiente prueba se encontraba pasando a esos caballeros que se interponían frente a ellos, y la única forma de cruzar sería superándolos.
―Muy bien, entonces…―Susurró devolviéndole las incesantes llamas de su cosmos a sus ojos, listo para comenzar con el desafío de la onceava casa del Zodiaco.
―¡Sein, Danny! ―Ambos prepararon sus armaduras y cosmos para la siguiente batalla que iba a acontecer en esos instantes.

Sin importar que se fueran a enfrentar a un caballero de oro o a una legión de plata estaban preparados para todo, ellos no conocían el concepto de retroceder o rendirse, solo seguir luchando hasta alcanzar el final de este examen.
―¡Sí! ―Ambos exclamaron con total determinación, dispuestos a seguir a su líder hasta las entrañas del infierno mismo.
―¡Vamos! ―Exclamaron al unísono, preparados para comenzar con la pelea.

Mientras tanto cerca de la casa de Capricornio…

Benjamín y Shinryū continuaban con su camino por el santuario, a ambos se les veía evidentemente agotados, después de haber tenido que superar la prueba de Sagitario y la de escorpio en tiempo record, Shinryū aún se sentía un tanto culpable por haber dejado a sus compañeros atrás.

Pero ellos ya habían tomado su decisión, algunos apenas podían moverse después de haber recibido la segunda aguja escarlata, y esos muchachos que vieron saliendo de capricornio no la estaban pasando mejor.
Esperaba que hubieran podido recuperarse para llegar a Sagitario, de lo contrario sabía que no muchos lograrían salir de allí, con suerte algunos otros lo conseguirían, pero… no estaba tan seguro en esos instantes. Sobre todo, por cómo se les habían dificultado las cosas a él y a Benjamín al Acceder al templo y enfrentarse a la ilusión de la flecha de sagitario.

―¿Crees que estén bien, Benjamín-kun? ―Interrogó el caballero del dragón mirando a sus espaldas por unos instantes, comprobando que ya nadie los seguía desde que salieron de la casa de Sagitario.

―Estarán bien, ellos son fuertes y… ¿ah no te referías a nuestros amigos? ―Preguntó el caballero de Cisne percatándose de que la vista de Shinryū se fijaba escaleras abajo.

―También, pero, sé que ellos están más adelantados que nosotros, después de todo ambos sabemos que Danny-chan habrá encontrado soluciones a los problemas más complicados de las anteriores casas. ―Respondió el caballero Dragón sonriendo al pensar que cuán lejos habían llegado sus compañeros herederos.
―Además, Johnathan-san es obstinado hasta más no poder, nada puede detenerlo cuando entra en modo Berserker. ―Añadía imaginando que para este momento él ya debería encontrarse más allá de Picis, siendo el primero en alcanzar la cima.
―Además Seinma-san es… como una gran barra de hierro mientras más lo golpeen más fuerte se vuelve, él no se dejará vencer tan fácilmente. Pero, me pregunto cómo les estará yendo a todos, en especial al equipo de Kobu…

―Pues, ¿quién sabe amigo? ― Murmuró el caballero de Cisne, devolviendo sus ojos hacia los escalones delante suyo.
―Yo solo me preocupo por nosotros y por cuanto más podremos avanzar.

―Sí… pero aun así me pregunto si esos muchachos que vimos antes estarán bien, sobre todo Matt y Mabel… ellos son buenas personas y se merecen llegar muy lejos, ya sea en este examen o en lo que sea que quieran hacer con sus vidas. ―Murmuraba sonriendo levemente al pensar en ellos dos, aunque Benjamín no le daba mucha importancia a esas personas, sobre todo después de haber sido entrenadas por una persona tan poco agradable como lo era Kobu.
―Y hablando de… ¿No te parece un poco extraño que ya no hemos visto a ningún caballero de plata como los que nos dieron el mensaje de Sein?

―La verdad sí, pero supongo que ese era el punto de control antes de continuar a la segunda parte del santuario. ―Murmuró Benjamín bajando la mirada unos segundos para nuevamente devolverla hacia su objetivo, la casa de Capricornio, la décima y ante penúltima casa antes de la prueba final.
―Bueno, alégrate, podremos descansar una vez lleguemos a la cima, donde probablemente encontraremos a los demás mucha… ¡Kgh!― Benjamín se detuvo al sentir un cosmos oscuro más adelante, pero más que un cosmos oscuro podía reconocer de quien se trataba, no podía ser otra persona que su maestro.

Yuri de Acuario, pero este cosmos era anti natural, diferente al cosmos que él reconocía de su mentor, este era agresivo, violento, lleno de rencor y de odio… la mera sensación le hizo doler el pecho, colocando su mano fría sobre él sintiendo una leve punzada de dolor, algo no estaba bien y no sabía que era realmente, eso le preocupaba mucho, aunque no quiera decirlo.

― ¿Uh? ¿Qué sucede Benjamín-kun? ―Preguntó Shinryū al notar como su amigo se detuvo, este miró en dirección al caballero dragón y entonces miró nuevamente hacia el frente, negando rotundamente ese pensamiento anterior.

―No pasa nada Shin… sigamos, debemos llegar a acuario cuanto antes. ―Pidió resumiendo su trayecto, para Shinryū esta situación le parecía extraña, por no decir curiosa, él sabía que algo sucedía con Benjamín no sabía que era y no comprendía porqué la urgencia repentina de llegar a la casa de acuario.

Pero comprendía que fuera lo que fuera, le estaba preocupando a su compañero de Cisne, aunque no era la persona más expresiva del universo podía reconocer cuando algo le preocupaba, pero por sobre todo, cuando algo le dolía profundamente.

Entonces en el Templo de Acuario…

Los tres caballeros de bronce trataban de superar el cosmos de sus adversarios, Danny Se movía con precisión y versatilidad tratando de esquivar los relámpagos incesantes de su adversaria, mientras que Johnathan era invadido por ataques de hielo que intentaban congelar sus brazos y piernas, en esta ocasión el combate se había reducido a un uno contra uno.
Ya no podían asistir a sus amigos en el combate lo que significaba que tenían que apañárselas solos, aun cuando esto parecía imposible teniendo que enfrentar adversarios tan poderosos, sus cosmos eran el opuesto exacto a los que ellos por lo que era una batalla muy reñida, sobre todo para Seinma quien sin importar cuantos golpes lanzará la oscuridad del caballero de Acuario lo superaba.

Por más golpes que le lanzase no podía hacerlo retroceder, ni siquiera podía hacerlo tambalear, el cosmos que lo cubría era los suficientemente denso como para hacer que sus golpes desaparecieran en el aire apenas los lanzaba.
No sabía cómo o donde atacar, pues cada vez que lo hacía era contrarrestado con un ataque de oscuridad que lo debilitaba a una velocidad que apenas podía distinguir, era más rápido que el sonido…

Iba a la velocidad de la luz y eso era lo que él no podía detectar con su visión cósmica, debía obligarse a aumentar su velocidad o lo más probable sería que terminaría siendo consumido por el vacío del cosmos de Acuario.
Pero debía superar las tinieblas que componían su poder o la amenaza de que su recorrido terminase aquí sería tan real como la agonía de sus extremidades cansadas, así como dañadas por el sobre agotamiento y los golpes que había recibido durante todo el día.

Mientras tanto Danny y Johnathan trataban de contrarrestar los elementos del relámpago y hielo por los que eran constantemente azotados, un ataque tras otro, Danny ya no disponía de la protección de su defensa rodante gracias a que su cadena circular había sido reducida a pequeños pedazos de metal despedazado en la casa de Capricornio.
Y la única cadena que le quedaba era su cadena triangular por lo que debía convertir su ataque en una formidable defensa.

Por el Lado de Johnathan aún no recuperaba todas sus fuerzas, aún después de haber desatado el poder del Séptimo sentido, se sentía tan débil, aún no había superado el poder de la espada sagrada Excalibur.
Y ahora su cuerpo no solo era azotado por las heridas que le habían provocado en combate, sino que en ese preciso instante era incapaz de convocar todo el poder destructivo de sus flamas, la agonía era tan intensa que por un instante su brazo derecho fue inutilizado por completo por un ataque de escarcha del caballero de Cristal, esto parecía un mal chiste, él siempre había logrado esquivar ese tipo de ataques, pero ahora que se sentía tan pesado como adolorido.

Sus movimientos eran torpes y poco coordenados, por lo que al sentir como su brazo era envuelto en denso hielo no pudo evitar soltar un leve gemido de dolor.
―¡Kgh! Maldita sea. ―Murmuró mirando a su brazo inmovilizado por el frío, aunque el mismo había parado un poco la intensa agonía lo cierto era que ahora ya no podía mover una de sus extremidades, causándole una agonía indescriptible.

―Estás cansado, ¿no es así caballero Fénix? ―Interrogó Gerald, obligando al muchacho de ojos azules a levantar su mirada enfurecida hacia él.
―Llegaste lejos a pesar de tener el cuerpo tan herido… si te rindes ahora, tu recorrido terminará aquí… comprendes eso, ¿verdad? ―Le preguntó enfureciendo aún más al santo de bronce que lo miraba con total desprecio.

―Lo sé… eso ya lo sé…―Respondió utilizando su brazo izquierdo para tratar de derretir el hielo que no lo dejaba moverse con libertad.
―No tienes porqué recordármelo… idiota…―Decía tratando de respirar lo más que podía, aunque aún podía luchar y moverse, no podía hacer arder su cosmos como él estaba acostumbrado.

Nuevamente un ataque de hielo fue dirigido a su dirección, Johnathan intentó saltar, pero sus piernas fueron rápidamente apresadas, esto era un chiste de mal gusto… jamás se había sentido tan lento en su vida y ahora con su elemento contrario solo podía sentir como su cuerpo era consumido por el frío.

Detestaba recalcarlo, pero odiaba tanto el maldito frío… lo odiaba más que cualquier otra cosa en este universo, el sentimiento de que pronto la oscuridad cubriría todo, la muerte intentaba nuevamente reclamar su alma, pero no iba a permitirlo…
Jamás iba a permitirlo, pero justo como la leyenda del Fénix, su fuerza renacería de las cenizas de su debilidad.

―Ni siquiera puedes moverte con libertad caballero Fénix, has alcanzado tu límite…―El santo de Cristal alzó sus brazos sobre su cabeza, preparando la técnica insignia de los guerreros de Hielo.
― Siéntete orgulloso de haber llegado tan lejos… pero hasta aquí llegaste. ―El viento helado comenzó a envolver el cuerpo del caballero de Cristal convirtiéndose en un remolino a su alrededor.
―¡Polvo de Diamante! ―Johnathan recibió el impacto directo al cuerpo, siendo cubierto por más y más escarcha, restringiéndolo de movilidad, atándolo a la agonía, devorando su cuerpo por completo, llegando hasta su cuello intentanbdo cubrir su cabeza para finalizarlo.

Pero no sentía dolor… no sentía frío, lo único que sentía… era una llama… una pequeña llama en su interior que aún seguía encendida, una pequeña llama, que más temprano que tarde se convirtió en una poderosa flama y consecutivamente.

En una poderosa Llamarada que se extendía desde su corazón hacia sus brazos y piernas.
―Ahhh, ahhh… sí me alegro que finalmente te hayas reavivado―Johnathan en lugar de sentir el abrumador frío que condenaba sus extremidades a una prisión de hielo, sino como nuevamente las llamas del fénix comenzaban a arder nuevamente en su pecho, otorgándole la fuerza que había perdido en la casa de Capricornio.
―Te habías tardado…―Murmuró liberando un calor tan fuerte que hizo que el hielo que aprisionaba sus extremidades comenzará a derretirse lentamente para que en una onda expansiva de fuego liberará a Johnathan como cristal siendo destrozado en miles y millones de pequeñas piezas que se esparcieron en el suelo al instante.
―Así que este es el poder del Espíritu de Fuego ¿eh? ―Se decía mirando a sus manos cubiertas en las agresivas llamas de su cosmos.

―¿Como? Estaba al borde del colapso… pero ahora es como si toda su fuerza hubiera vuelto a él en un segundo. ―Murmuraba Gerald de cristal viendo con sorpresa al caballero de Fénix, una vez más haciendo arder su vida hacia el Séptimo Sentido.

Johnathan miró frente a él al caballero que apenas podía creer lo que veía, con sus ojos dejando salir rabiosas ascuas desde sus parpados mientras que sus pupilas se tornaban en dos pequeñas estrellas que brillaban incesantemente.
―Cuando las llamas se apagan, quedan las frías cenizas… pero mientras queden vestigios de que alguna vez hubo flamas…―Declaraba preparándose para atacar nuevamente a su adversario.
―El poder del Fénix jamás morirá, seguirá ardiendo… ¡por toda la eternidad! ―Exclamó uniendo sus brazos hacia arriba, para entonces separarlos bajándolos hacia sus costados, para finalmente lanzarlos con furia hacia adelante, convirtiendo la fuerza de sus llamas en un vórtice ígneo que se dirigió con total violencia hacia el caballero de cristal frente a él.
―¡Alas Llameantes del Fénix!

El ataque fue tan contundente que el caballero de Cristal fue enviado violentamente hacia la pared detrás de él, el golpe lo había noqueado, pero tenía suerte de que el objetivo de Johnathan hubiera sido incapacitarlo.
Porque si hubiera querido matarlo, no habría bastado con un golpe tan débil como ese.

―Ahora comprendo… lo que me dijo mi padre. ―Murmuró Johnathan mirando a sus manos, las cuales seguían impregnados con las rabiosas llamas eternas de su cosmos, este poder… era tan inmenso… que parecía que él jamás se había enfrentado a ninguna prueba antes de esta, en verdad, se sentía revitalizado, rejuvenecido por decirlo de alguna forma.
―Mientras el Alma de Cenizas exista, el espíritu de fuego siempre renacerá…― Murmuraba experimentando por primera vez en su vida el renacer del Fénix…

Sin duda alguna era impresionante, no solo había logrado despertar como controlar el Séptimo sentido, sino que ahora había desbloqueado su habilidad Omega que hacía una perfecta sincronía con su habilidad Alfa.
El Alma de Cenizas y el Espíritu de Fuego, Alfa y Omega finalmente despiertas.
Él había sido el primero de los herederos en conseguirlo, por lo que, ahora él sin lugar a dudas era el caballero de bronce más fuerte de la alineación de herederos.

Había estado tan concentrado en el despertar de su Séptimo sentido como para no darse cuenta que a sus espaldas, tanto Danny como Seinma seguían en aprietos.
Sobre todo este último, que sin importar lo mucho que intentará lanzar su estrella fugaz apenas era capaz de acercarse al caballero de Oro, quien arremetía una y otra vez contra él, era como si su luz no fuese capaz de atravesar las tinieblas del Cosmos de Yuri.
En lugar de eso eran tragadas y consumidas por el cosmos oscuro del caballero de oro.

Pero justo cuando el santo de Pegaso estaba listo para lanzarse al ataque un nuevo golpe de tinieblas llegó para dañar el cuerpo del joven caballero del corcel alado, obligándolo a caer al suelo de agonía, los golpes de la oscuridad dolían más que cualquier relámpago, rayo o bola de fuego que le hubieran lanzado en su vida, casi nada podía herirlo…

Casi a excepción de muy pocas cosas, ahora no sentía que estuviera luchando contra algo que pudiera contratacar o reflejar, solo podía esquivar y esperar a tener la suerte de poder cargar su cosmos… eso si no lo atacaban nuevamente primero.
Estaba totalmente seguro de que cualquier prueba anterior a esta había sido menos dolorosa, sí incluso la de Jacko, la luz que él proyectaba era rápidamente tragada por las tinieblas que el cosmos de Yuri proyectaba.
El caballero de oro de Acuario era rápido e inmisericorde, apenas le daba espacio para contratacar, Seinma estaba totalmente rodeado por el cosmos oscuro del santo dorado de Acuario.

―No puedes luchar contra la oscuridad… ¿o sí Pegaso? ―Interrogaba el santo dorado mirando al muchacho frente a él, quien intentaba con todas sus fuerzas luchar en su contra aún a sabiendas que su nivel de poder no era capaz de contrarrestar el cosmos de oscuridad que Yuri estaba manifestando en esos instantes.

Incluso cuando su poder de bronce lograba dispersar las sombras por instantes el mismo no era suficiente para iluminarlas por completo.

―Khg… No puedo dispersar el cosmos del señor Yuri por completo…―Murmuró viendo como un nuevo azote de oscuridad se dirigía a él a la velocidad le lo que duraba un parpadeo.
"Si tan solo pudiera disponer de la fuerza Pegasus… Si tan solo pudiera hacerme con un poco del poder de Aria quizá…" Pensó por instantes, pero entonces negó rotundamente con la cabeza, recordando lo que había dicho durante la prueba de Leo, deseaba hacer esto por su cuenta sin la ayuda de su alma guardiana
"No prometí que lucharía por mi cuenta en esta ocasión… debo concentrarme en mi cosmos debo encontrar una abertura y esperar al momento adecuado para atacar"

Pero eso no parecía que iba a suceder pronto, más teniendo en consideración como Yuri lograba con un solo golpe hacerlo retroceder y escupir sangre con cada golpe acertado, ya había perdido su hombrera izquierda junto con su tiara, solo poseía la ayuda de sus guanteletes, la pechera y parte de sus botas.
Lo demás había sido rápidamente obliterado.

―Si tu cosmos no es capaz de atravesar la penumbra, entonces serás devorado por ella. ―Fue así que el caballero de oro comenzó a hacer que su cosmos comenzara a devorar toda la luz a su alrededor convirtiéndose en una llama oscura en el centro de la habitación.

Tanto los caballeros de Plata como los de bronce a su alrededor miraron con asombro y terror como esta se arremolinaba alrededor de él, convirtiéndose en una poderosa barrera de tinieblas que se acercó agresivamente al caballero de Pegaso, quien en in intento de soportar el impacto interpuso sus brazos esperando que así el golpe no le hiciera tanto daño como esperaba.
Para su buena o mala suerte la misma comenzó a envolverlo, consumiendo sus energías poco a poco.

―Si no haces resplandecer tu cosmos al máximo, nunca podrás derrotar a las sombras, de ningún modo serás capaz de pelear contra Hades y jamás podrás proteger a nadie. ―Sus palabras fueron lo bastantemente fuertes como para llegar al caballero Pegaso quien seguía tratando de pelear, pero más temprano que tarde la luz que cubría su cuerpo comenzó a ser devorada poco a poco…

Hasta que la misma comenzó a rodear el cristal de armadura en su pecho, cebándolo y abandonándolo totalmente a en las tinieblas.

Prontamente Seinma fue cubierto por una penetrante oscuridad que lo había inmovilizado por completo, se sentía sofocado por tanta oscuridad, que apenas podía respirar, sus brazos y piernas no respondían, su cuerpo estaba completamente cubierto por sombras.
El caballero Pegaso apenas era consciente de lo que sucedía a su alrededor, apenas podía sentir era casi como si sus sentidos fuesen callados uno por uno hasta quedar solo él y su cosmos atrapados en las penumbras, esto era malo… estaba consciente de que estaba siendo atacado pero ya no sabía de en qué dirección o porqué…

Poco a poco su conciencia se desvanecía allí adentro, hasta que… una voz comenzó a hacer eco en su momento de mayor desesperación…

'¡Eres un maldito gusano, una maldita escoria! ¿Como pudiste lastimarme? ¿Dime como demonios lograste herirme a mí eh? Te mataré, te mataré y luego mataré a tu amiga.' Esa voz… reconocía esa voz, esa voz que lo pisoteaba una y otra vez, después de hacerle daño a la mujer que lo había criado y que había venido para llevarse a su mejor amiga a esta profunda oscuridad.
'Eres débil, ¿cómo lograste herirme? ¡Si solo eres un débil e insignificante humano, muere!' Nuevamente su cabeza era aplastada bajo ese cruel pie, nuevamente su cuerpo era azotado brutalmente por ese hombre, ese hombre… ese maldito hombre que terminó con la paz de su vida.

Y que directa o indirectamente lo convirtió en el guerrero que era ahora.
Esa impotencia se había convertido en fuerza, esa debilidad en fuerza y ese miedo en valor.
Valor que le otorgó al pequeño niño que rogaba por su vida el poder que necesitaba para despertar su cosmos en una sola promesa que se repetía una y otra vez cada vez que iba a ser consumido por las sombras.

Esta vez no era muy diferente en ese entonces con la oscuridad tratando de consumir su alma, pero en esta ocasión sería diferente, pues… ahora poseía más fuerza mental y física, ahora su armadura era la prueba de su valor.
Y ahora esa promesa volvía a resonar dentro de su mente una vez más
"Nunca más…"

Un poderoso grito llamó la atención de todos a su alrededor, quienes voltearon sus miradas hacia la dirección de Seinma, el cristal que se encontraba en su pecho comenzó a brillar con tanta intensidad que la misma se reveló como un enorme resplandor que lo había liberado de la técnica oscura del caballero dorado con un imponente rayo de luz que disipó todas las sombras a su alrededor.

"¡Te equivocas Yuri! ¡Mi Luz… Atravesará la profunda oscuridad!" Y allí en medio del enorme templo zodiacal, el haz de luz que proyectó el caballero Pegaso se proyectó la figura del joven caballero que hacía pocos instantes había estado arrodillado en el suelo, encarando una vez más al guardián de la onceava casa, sus ojos resplandecían con una luz
"¡Por qué yo seré, la estrella que iluminé el ocaso más amargo!" Y con esas palabras grabadas los brazos del caballero comenzaron a trazar su constelación.

Marcando cada una de sus 14 estrellas llevando su cosmos al máximo limite que había conocido, más allá del Sexto sentido y con una explosión de energía el puño derecho del santo del corcel alado se liberó en una poderosa ráfaga de golpes en dirección al santo dorado de Acuario:
―¡Meteoros De Pegaso! ―Exclamó lanzando su técnica directamente hacia el santo dorado de acuario, quien intentó responder con una descarga de oscuridad que antes de que lograse golpear al caballero de Pegaso, fue rápidamente disipada por la fuerza incesante de su ataque.

El golpe dio en el blanco, impactando el cuerpo del caballero dorado al instante.

Yuri fue empujado un par de metros atrás, eso se había sentido como si una estampida de corceles hechos de luz lo impactarán y purificaran la oscuridad que había auto impuesto a su cosmo energía, devolviéndole el color original a su cabello y a sus ojos.
―Su luz… Logró atravesar la oscuridad con la que impregné mi cosmos. ― Comentó admirando además como uno de esos golpes le había tirado la tiara del rostro, esa había sido una demostración de su poder impecable.
―Fascinante…. Simplemente fascinante…

Seinma al haber utilizado toda su energía cayó nuevamente de rodillas al suelo, tratando de respirar, jadeando con desesperación a punto de romperse, el sobre esfuerzo que había puesto en su propio cuerpo casi lo había consumido por completo.
Fue en ese instante que la luz en sus ojos regresó… haciéndolo recuperar su conciencia sobre sus actos.
―Qué… ¿qué fue lo que pasó? ―Se preguntó mirando a sus manos y piernas, no recordaba mucho de lo que había sucedido, pero aquí seguía consiente y mirando hacia el frente esperando a que el adversario en frente suyo lo atacará o retrocediera.

Yuri por su lado fue ayudado por sus seguidores, quienes le dieron una mano para regresar a la realidad con la oscuridad de su cuerpo y cosmos disipada este miró hacia el frente asombrado.
No entendía como o de donde había obtenido tal fuerza, pero había sido suficiente para dispersar el cosmos oscuro que había auto imbuido en su ser.

No había sido lo suficientemente potente para alcanzar el séptimo sentido, pero si lo suficientemente cerca para lograr el milagro que había acontecido segundos atrás, lo cual ante sus ojos era digno de su reconocimiento, haciéndose a un lado para dejarlo pasar a él y al Fénix.

Dos de ellos habían logrado superar a su adversario, la única que aún no podía lograrlo era… Andrómeda, no sabía si era por el cansancio o por haber perdido su cadena circular o porque se movía demasiado rápido para ella.
O por todas las razones anteriores, estaba a punto de colapsar pero seguía luchando con toda la fuerza y determinación con la que sus compañeros de equipo peleaban, puede que no fuese igual de fuerte, pero había aprendido mucho de combates cuerpo a cuerpos y de cómo utilizar la fuerza de su rival en su contra, solo debía seguir manteniéndose en la ofensiva y jamás descuidando los flancos débiles en su postura o en su ataque.

Tenía que seguir así o de lo contrario su adversaria sería más astuta y la obligaría a tomar una decisión apresurada.
Ella no era buena pensando en planes apresurados, pero maldita fuera si permitía que sus amigos la sobrepasaran en algo que para ella siempre pareció un juego de niños.

―¡Danny vámonos! ―Exclamó Johnathan en la salida del templo de Acuario, listo para salir rápidamente de allí al lado de Seinma apenas ella abatiera a su adversaria, pero eso no parecía que fuera a ocurrir prontamente, aún seguía intentando superar a la amazona delante de ella.

―Disculpen muchachos. ―Trataba de decir ella esquivando un golpe de relámpago de su adversaria, cubriéndose en uno de los pilares cercanos.
―Aún no puedo librarme de ella. ―Comentaba tratando de respirar lo mejor posible, no estaba acostumbrada a batallas largas, pero ya tenía experiencia tratando con guerreros con espíritus de plata. ―Ustedes continúen, no se detengan por mí.

―Pero… Danny. ―Seinma murmuró inseguro de dejarla atrás, no hacía poco se habían reencontrado en toda esta travesía que era pasar por las doce casas… y ahora… ahora tenían que volver a abandonarla.

Era injusto de cierta forma, ellos se habían ganado su permiso para pasar por la casa de Acuario, pero sabían que en esta ocasión no les permitirían ayudarla… Esto era tan frustrante y tan desalentador

―No se preocupen por mí, ustedes sigan. ―Pedía la joven Saintia entregándoles su confianza de que a donde quiera que ellos fueran estarían bien… estarían a salvo… ella los seguiría en poco tiempo, pero ellos debían apresurarse o el tiempo no perdonaría este pequeño momento de debilidad.
―Yo los alcanzaré pronto…―Les aseguró con un rostro tranquilo, aun luchando por su vida ella seguía peleando con la misma fuerza y determinación que todos sus compañeros varones.

Ella jamás se quedaría atrás… jamás dejaría de luchar, ella era mucho más fuerte de lo que podía llegar a aceptar, su fuerza ya fuera mental o física estaba a la par de sus compañeros herederos.
Y su determinación no conocería límites, justo como Pegaso siempre había demostrado no una sino miles de veces antes.

―Danny… Será mejor que te veamos allá arriba. ―Dijo Seinma tratando de seguir, pero no podía dejar de mirar atrás, no quería mirar hacia el frente si no era con sus amigos a su lado.
―Te estaremos esperando. ―Recalcó siguiendo lentamente a Johnathan a sus espaldas.

―Tranquilos, les prometo… que encontraré la manera de pasar esta prueba y llegaré a ustedes muy pronto. ―Aseguró dándose un momento para mirar a los ojos de Seinma, de cualquier forma
―Lo prometo, de cualquier forma… seguimos encadenados el uno al otro, ¿recuerdas? ―Preguntó sonriendo levemente, alzando su mano izquierda, aunque su cadena circular había sido destrozada el remanente que había quedado de ellas seguía allí, como un recordatorio de que jamás estarían solos.

Seinma alzó su brazo derecho, compartiendo ese sentimiento que los unía, sin importar que ahora estuvieran separados… siempre estarían juntos, por las cadenas del destino.
―Tu puedes Danny… No te rindas tú puedes hacerlo. ―Respondió finalmente Seinma dándole la fe que ella necesitaba para seguir luchando con total determinación, al final toda esta prueba trataba de esto, de cual fuerza de voluntad superaría a las otras, ¿la de los dorados, o la de los jóvenes que llevarían la antorcha del futuro y de la esperanza en sus manos?
―Nosotros creemos en ti… y en tu fuerza…―Aseguró para entonces reanudar su camino hacia piscis, pero antes de salir escuchó pisadas entrando a la casa de Acuario.

―¿Que? ―Murmuró una voz a sus espaldas, Seinma conocía exactamente de quien se trataba.

― ¿Huh? ¡Kgh! ―Seinma murmuró mientras que su mirada de roble se encontró una vez más con ese ojo azul que sobresalía de sus cabellos plateados… Kobu Walker… quien totalmente solo, había alcanzado la casa de Acuario, estaba en el mismo mal estado que los demás, con la mitad de su armadura y con serias heridas en su cuerpo, manteniéndose consiente y de pie por pura fuerza de voluntad, solo para ver como Pegaso nuevamente estaba diez pasos delante de él.

Seinma no tenía tiempo para más de sus amenazas o advertencias, iba a seguir adelante sin importar lo que pasara, por eso mismo frunció el ceño, diciéndole: "¿Quieres pelear conmigo? Tendrás que alcanzarme primero.

―No… ¡NOOO! ―Exclamó iracundo apretando sus puños con ira, quería seguirlo, debía alcanzarlo pero para llegar a él tenía que pasar primero por el templo de Acuario, no había nada en su mente más que odio y determinación, determinación de que pasará lo que pasara él alcanzaría a ese maldito cretino y le enseñaría quien era el más fuerte de una vez y por todas.
―¡Eso no es posible, como es posible que ese idiota me siga llevando la delantera! ―Exclamó totalmente rabioso, finalmente estaba nuevamente a la par de su eterno rival y una vez más se le escapaba de las manos.
―¡Kgh! ― Bramó apretando fuertemente los dientes, hasta hacer sangrar sus propias encías, estaba harto de esta maldita situación.

El caballero de acuario Yuri miró al santo de bronce que había llegado a su casa, él tenía… la misma mirada que Pegaso aunque, podía notar que el resplandor en esos ojos era diferente, en lugar de desbordar pasión y valor… Desbordaban odio e ira.
Algo con lo que él estaba muy familiarizado.

―Oye tu, niño… tu cosmos también es de luz, ¿no es así? ―Preguntó respirando lentamente, no estaba seguro si podría volver a imbuir su cosmos de oscuridad nuevamente, pero… él era un caballero dorado, había sido entrenado para afrontar situaciones más difíciles que esta.

―¿Y qué si lo es? ¿Es parte de tu Desafío? ―Preguntó notablemente furioso, parecía que en cualquier momento mataría a alguien solo por esa mirada llena de rencor y ese cosmos tan negativo que despedía.
―Si es así no te contengas conmigo, golpéame con lo peor que tengas…aquí te espero. ―Declaró poniendo en guardia listo para enfrentarse a él.
―Nada ni nadie me impedirá llegar primero a la cima, ni tú, ni ese idiota ni nadie, ¡¿me escuchaste?! ―Exclamó haciendo arder su cosmos, pasaría todas estas pruebas solo para demostrarle a él ty a todo el mundo que Kobu Walker no era ningún perdedor que el mundo o la historia olvidarían.

Él sería un Héroe, un héroe como las leyendas que él había escuchado y nadie jamás le negaría lo que él había estado luchando por tanto tiempo.
―Señor Yuri… deje que nosotros nos encarguemos de él. ―Pidió uno de los caballeros de plata a su lado para permitir que el caballero que representaba este templo descansará un momento.

Yuri se quedó en silencio por unos instantes, pero entonces negó con la cabeza.
―No… yo aún puedo luchar, aún no me he rendido…―Respondió dando un paso al frente tomando su tiara del suelo para ver su rostro reflejado en ella por un momento, estaba cansado… él sabía que estaba cansado y que la oscuridad debilitaba su ser más que otra cosa en este universo, pero no dejaría que nadie soportará el peso de ese poder… no mientras él pudiera hacer algo al respecto.
―Bien… si lo que deseas es pelear, con gusto cumpliré con tu deseo…―Declaró nuevamente tornando sus ojos de un color oscuro como la misma noche tornando su cabello a un blanco pálido.
―Ven… ¡y muéstrame el verdadero resplandecer de tu cosmos! ―Exclamó siendo cubierto de tinieblas amenazantes que hizo temblar nuevamente a todos a su alrededor.

Con excepción de Kobu, él estaba enojado y nada ni nadie lo intimidaría. Su resolución era absoluta, y primero se dejaría morir antes de permitir que Pegaso se llevará su tan preciada victoria.

Hora: 07:30 P.m.
Quedan 6 Horas y 20 Minutos Para Finalizar la Primera Fase…

Seinma y Johnathan seguían en marcha, alejándose de la casa de Acuario con cada paso que daban, cada vez más y más lejos del suelo, y cada vez más cerca de la cámara del patriarca, esperaban que la última prueba fuese un desafío aceptable.
Ya habían pasado por muchas situaciones tanto dolorosas como traumáticas, de cierta manera querían un descanso, pero al mirar hacia el cielo y ver el reloj espectral comprobaron que la llama de Libra estaba a punto de extinguirse.
Aunque era relativamente temprano no podían arriesgarse, como lo habían comprobado el tiempo que pasaban en cada casa se había alargado desde la mitad, no imaginaban como les estaría yendo a los caballeros que no poseían la misma fuerza que ellos pero que sí tenían una enorme determinación… Esa había sido la diferencia en miles de ocasiones durante las pruebas que Danny y él habían sobrepasado.

Si seguían así cualquiera que aún siguiera atrapado en los templos anteriores continuarían su trayecto hasta la cima del santuario.

Esperaba… en realidad quería que todos incluyendo a aquellos que no habían logrado pasar más allá de la primera casa lograsen al menos llegar más allá de la mitad del santuario, justo como él lo había hecho, sobre todo por Shinryū y Ben que no los había visto en un buen rato.

Ambos siguieron avanzando rápidamente hasta que… el sonido de los pasos fue disminuyendo, hasta que solo uno siguió avanzando, Seinma miró hacia atrás, solo para darse cuenta de que Johnathan se había detenido.
Seinma podía sentir que algo no iba bien pero… no sabía decir exactamente que era… hasta sentir un cosmos débil allá abajo, Johnathan también podía sentirlo y… ambos lo reconocían.

―Sigue adelante Sein…―Habló Johnathan con tranquilidad en su voz, Pegaso comprendía porqué le pedía eso justo aquí, justo a hora a la mitad de Acuario y Piscis, pero ya estaban tan cerca.
―No te detengas… hasta llegar a la cima, ¿comprendes amigo? ―Seinma comprendía perfectamente… pero aun así no tenía intención de dejar a Johnathan atrás, quería ayudarlo, tenía que ayudarlo…

―John… yo puedo…

―No. ―Respondió velozmente evitando que él lo siguiera, después de eso comenzó a descender lentamente, retornando sobre sus pasos hacia la casa de Acuario.
―Al menos uno debe llegar a la cima… ¿Lo recuerdas? No importa si nosotros no lo logramos. ―Añadió comenzando a descender lentamente, tenía que llegar a donde se encontraba ese débil cosmos e interceder por él antes de que se apagará por completo.

―John por favor permíteme ayudarte ella también es mí. ―Sin dejarlo continuar, el caballero Fénix miró hacia la dirección de Pegaso, deteniéndolo al instante solo con su mirada.

― No, sigue adelante lo que importa es que al menos uno pueda ver el final de este desafío…―Declaraba imponentemente frente a él negándole dar un paso más hacia atrás, él se había ganado su pase, había superado todas las pruebas hasta ahora.

Con ayuda o no, no importaba, no podía retroceder… John iba a hacerlo pues quería asegurarse de que ella estuviera bien… Pero Seinma, Seinma tenía que seguir, él había hecho un juramento y debía cumplirlo, su batalla pronto terminaría, solo debía seguir avanzando, debía continuar aún si dolía como el infierno.
Dejar atrás a sus amigos… no era algo que él disfrutará… pero era necesario, para poder ganar algo siempre era necesario sacrificar algo a cambio, las decisiones más difíciles eran tomadas por hombres fuertes, esta no era la excepción…

Seinma se dio media vuelta mirando hacia la casa de Piscis… listo para seguir adelante.
―Será mejor… que los vea después. ―Pedía apretando los dientes tratando de no quebrarse.
―Los esperaré en la cima… los esperaré a todos, será mejor que nos reunamos nuevamente en la cámara del patriarca sino… te patearé el trasero, ¿¡me escuchaste!? ―Johnathan río levemente, sí que lo había escuchado, había escuchado claramente cada palabra, él… nunca cambiaba, decía una cosa y luego sus sentimientos lo obligaban a ir por otra.

Seinma era un caso perdido pero, sin duda era el mejor amigo que jamás pudo haber deseado y estaba agradecido por haber conocido a alguien así en su miserable vida.
Johnathan no dijo nada, solo comenzó a caminar escaleras abajo, listo para volver por donde vino, mientras que Seinma… volvía a correr hacia Piscis, sin mirar atrás…

Ya habría tiempo para llorar y lamentarse, ya habría un momento para pedir disculpas… o para mirar atrás, pero no hoy, no en ese momento, tenía una misión y no descansaría hasta completarla.

Era triste decir adiós, pero este no era un adiós, solo sería un hasta pronto hasta que se volvieran a reencontrar.

Poco tiempo después Pegaso llegó a la casa de piscis, estaba cansado apenas podía respirar, le dolían las piernas y sentía como si sus pulmones quisieran asesinarlo, pero… él seguía de pie, frente a frente con el templo del pez…
Seinma comenzó a acercarse y… por alguna extraña razón sentía un aroma extraño en el aire, no era desagradable más bien, placentero, un aroma que solo podría definirse como exquisito en todos los sentidos, no era comida sino algo más.

Un aroma tan cautivador… como el de las rosas.

Al entrar se encontró frente a frente con el caballero de Piscis, quien se veía muy tranquilo, parecía que lo había estado esperando desde hacía mucho, mucho tiempo, él se encontraba en el centro de su jardín leyendo un libro cuyo título estaba en un idioma que apenas podía comprender.

En la portada decía: Une rose à l'odeur de sang.
Ouvrage écrit par: Jeanne de Saint Rémy

No era italiano o inglés, tampoco era japonés... era un idioma que no había visto o escuchado antes, el caballero de oro cerró el libro de golpe, el cual resonó por todo el templo. Miró al frente encontrándose a un solitario muchacho, tanto su rostro como ropa estaban cubiertos de tierra sudor y sangre, él se veía como si hubiera tenido un largo día.
Él dejó el libro a un lado y se levantó de su asiento encarando al muchacho frente a él.

―Caballero Pegaso, por fin has llegado ¿Estás solo? ―Interrogó el caballero de Piscis admirando al muchacho frente a él, podía notar que apenas se mantenía de pie por pura determinación pero que en cualquier instante caería al suelo por el cansancio, el agotamiento, el dolor, la falta de sangre o por todas las anteriores.

―Sí… estoy solo…―Respondió tratando de respirar, aún podía sentir ese aroma a rosas, pero no entendía de dónde provenía dicho olor tan cautivador.

El caballero de Picis esperó un momento para ver si llegaban más caballeros, pero, no… Pegaso era el único presente en ese momento en la casa de Piscis.
―¿Que sucedió con tus amigos? ―Interrogó admirando como él bajaba la mirada apenado, o adolorido a este punto no sabía que era lo que era… y no estaba seguro si quería saberlo.

―Ellos… ellos… Se quedaron atrás. ―Murmuró suspirando levemente, pero al instante levantó su mirada esperanzado en las palabras que le había dicho Johnathan.
―Pero… pero ellos llegarán pronto, lo prometieron. ―Si hubiera podido exclamar lo habría hecho, pero necesitaba todo el oxígeno disponible en sus pulmones.

―Entonces eres el único en llegar hasta acá…―Susurró comprendiendo la situación, pronto llegarían más caballeros, esperaba que ellos lograrán superar el mismo reto que Pegaso estaba a punto de enfrentar, sino las fuerzas de los caballeros de Bronce y plata no serán suficientes para luchar en esta guerra.
―Entiendo, acompáñame entonces. ―Con esas palabras el caballero de Picis comenzó a guiarlo por su casa hacia la salída de su templo jardín, por un instante el muchacho se sintió confundido, realmente confundido, ningún caballero anteriormente le había permitido pasar hacia la salída a menos que superarán su prueba… no comprendía porqué ahora el santo de Piscis lo estaba dejando pasar como si nada por su templo.

―¿Eh? Pero su prueba…

―Descuida, ven conmigo, la descubrirás en poco tiempo. ―El caballero del pez dorado lo interrumpió sin mirar atrás, escuchando como el muchacho caminaba hacia su dirección, podía sentir que él no tenía ni idea de lo que le esperaba más adelante y lo mejor era que fuera así.
―Pero por favor, sígueme y por favor mantén tu distancia de mí. ―Pidió de la manera más atenta posible, pasando más allá del punto sin retorno, más allá de los límites de la casa de Piscis.

Allí Seinma pudo ver de dónde venía tal aroma, miles, sino que billones de rosas rojas se posaban sobre las escaleras que llevaban a la cámara del patriarca, era… una imagen hermosa para el joven pegaso.
Pero al mismo tiempo aterradora pues podía sentir que algo en esas rosas no estaba bien.
El viento que soplaba la montaña hacía que algunos pétalos se separarán de ellas volaran por el infinito cielo azul, haciendo que la visión de este lugar fuese aún más hermosa… y aterradora al mismo tiempo.

Seinma tragó saliva para alzar sus ojos hacia el caballero dorado un par de metros alejado de él.
―¿Eh? ¿Esto… esto es?

―Es mi jardín de Rosas Demoniacas. ―Respondió antes de que el muchacho pudiera completar su pregunta, el caballero de Piscis se acercó a ellas para tomar una del suelo y acariciar sus hermosos pétalos en su mano.
―Estas flores son diferentes a las Rosas Demoniacas Reales, como ves su color es de un tono rojo tenue, pero su veneno es potente, podría paralizar a un hombre adulto en cuestión de segundos y matarlo en cuestión de minutos si se expone a sus espinas. ―Añadió mostrándole aquella flor al Pegaso, el aroma era tan intoxicarte que incluso Seinma comenzaba a sentir un leve mareo, lo cual lo obligó a cubrirse la nariz con la mano.
―Deberás cruzar por este jardín de rosas venenosas para llegar a la cima. ―Añadió tomado del suelo, colocándola al lado de sus hermanas, con eso el caballero del pez dorado se levantó y miró a la dirección de Seinma quien estaba totalmente sorprendido por la vista frente a él…

―¿Eh? ―Seinma estaba confundido, ¿entonces la última prueba trataba en dirigirse directamente a la cámara del patriarca pasando por este campo de rosas envenenadas?

Parecía una locura pero… hasta este punto ya nada podía impresionarlo, nada a excepción que al llegar a la cámara del patriarca le esperará una prueba mucho peor a todas las anteriores.
Seinma miró hacia arriba, era un largo camino lleno de rosas… y su fuerza había disminuido increíblemente desde que había iniciado la prueba…
Pero lo suyo no era rendirse fácilmente, de hecho él no comprendía el significado de esa palabra, por lo que… en un todo él iba a superar este desafío utilizando su mejor ventaja, su eterna determinación y su infinita fuerza de voluntad.

―Eso es todo, buena suerte…― Murmuró antes de entrar a su casa nuevamente, ya no había más instrucciones que darle, solamente que siguiese de frente hacia su objetivo principal, esa era la única cosa de lo que se tenía que preocupar ahora.
―Y Pegaso… Felicidades por haber llegado tan lejos, pero si no logras llegar no hace falta que te explique qué sucederá. ― Con esas palabras dinales, el caballero de cabellos que resplandecían del mismo color que su armadura desapareció dentro de su templo, para continuar con su lectura y esperar a los demás guerreros que vinieran después de él.

―Kgh… muy bien, muy bien, solo tengo que evitar respirar su aroma o tocar sus espinas pero. ―Su voz era suavizada por la mano que tenía en el rostro, pero al mirar nuevamente hacia arriba pudo notar la enorme cantidad de rosas rojas que cubrían las escalinatas hacia la cámara del santo patriarca Shun, incluso si lograba aguantar la respiración por tanto tiempo el veneno encontraría su camino hacia sus pulmones, debía correr, correr lo más rápido que pudiera y no detenerse por nada en el universo.
―A este paso será imposible… No yo puedo hacerlo, tengo que hacerlo, ¡aquí voy, Ahhh! ―Fue entonces que con total enfoque el joven caballero del Corcel alado comenzó a correr entre los rosales lo más rápido y decidido que podía.

Maldición apenas había puesto un pie en el jardín y ya podía sentir el efecto de las rosas, ¿es que a caso las mismas se activaban con pisarlas? ¿O tal vez era que el aroma al que se había expuesto desde que entró a piscis lo había comenzado a golpear con más fuerza que antes?
Eso no importaba, tenía que correr, correr lejos y no detenerse hasta que llegará a la cima, eso tenía que hacer.

La victoria solo se alcanzaría luchando fervientemente por ella, impuestos por los límites terrenales, físicos y mentales, los caballeros jamás perderían una batalla mientras sus espíritus siguieran resonando con la fuerza de mil soles ardiendo y explotando a la vez, nada los detendría.
Pero mientras más avanzaba más podía sentir como el veneno comenaba a alterar sus sentidos, como poco a poco comenzaba a perder la sensibilidad de las piernas y en los brazos.

Era un proceso lento pero al mismo tiempo rápido en ejecución, pues quien pasaba por las rosas podía sentir como poco a poco sus sentidos comenzaban a desvanecerse.
Comenzando por su sentido del tacto, el cual hacía que los dedos de sus manos y pies comenzaran a entumecerse.
Seguido del sentido del gusto con una fuerte sensación de hormigueo en su paladar.
A continuación su sentido del oído comenzó a perderse, sintiendo un agudo pitido en sus tímpanos.
Después fue su sentido de la vista, comenzando con una visión borrosa que poco a apoco comenzaba a tornarse más y más oscura.
Por último su sentido del olfato, que mientras más respiraba menos podía percibir las cosas, la fragancia de las flores, el sudor de sus manos, la sangre entre sus dedos, todo estaba empezando a diluirse, hasta que pronto ya no pudiera sentir, oler, ver o escuchar nada, solo el tortuoso silencio…

Un silencio que comenzaría a ser más y más presente conforme avanzará, ya estaba en la última recta, aunque esta parecía ser la más difícil de todas, ír perdiendo sus sentidos de manera lenta y progresiva era aterrador.
Pero Seinma lo estaba experimentando en carne viva y eso era lo que más le aterraba, que pronto estaría perdiendo toda movilidad y quedaría atrapado entre estas hermosas como letales rosas rojas.

Seinma siguió avanzando, incluso después de que sus dedos, dejaron de sentir y sus manos quedaron entumecidas, sigue hasta que sus oídos dejaron de silbar escuchando nada más que silencio, continuó a pesar que sus ojos comenzaron de perder visibilidad dejando de ver el bello cielo naranja que se cernía ante él. Dejando la oscuridad y el rojo de las flor, hasta que solo sus pies le permitían avanzar pero incluso eso falló cuando sus pies dejaron de soportar su peso y el joven calló entre las rosas, siendo pinchado y cortado por las infinitas espinas de cada una de las rosas a su alrededor.

― ¿Que es esto? Siento como… si mi fuerza comenzara a desvanecer…―Decía tratando de seguir adelante, pero su cuerpo… no poseía más resistencia y con él su cosmos comenzaba a desvanecer.
―Ya no siento los brazos o mis piernas…― Murmuraba siendo lo único que veía eran los pétalos rojos alrededor de su rostro, por alguna razón no sentía ni fío ni dolor, solo una enorme calidez que le exigía darse por vencido finalmente, que se dejará ir… a pesar de haber llegado tan lejos.
―No puedo levantarme… ¿que me sucede? ¿A caso… ese es mi límite? ―Se preguntó, mirando hacua su mano frente a él, que acariciaba una rosa, incluso con heridas en su piel que remarcaban su estado físico y mental, ya no podía sentir dolor, todo se estaba desvaneciendo, abandonándolo entre las sombras.
―¿Todo va a terminar aquí? ―Se preguntó nuevamente, incluso eso sonaba bien, había llegado tan lejos, más de lo que algunos podrían decir, más lejos de lo que nadie jamás llegaría, había dado una buena pelea, pero… no, no este no podía ser su fin, no había forma de que él pudiera terminar de esta manera… no tenía por qué ser así.
―No… no puede ser posible, no puede terminar así pero…―Seinma intentó moverse apretando con fuerza sus puños, pero sus músculos ya no respondían, aunque deseará con todo su ser alzarse ya no podía lograrlo, este era el fin de su trayecto.
―Me siento tan cansado… que ya no puedo seguir…―Con esas palabras dejó ir su mano, al igual que su espíritu de lucha.
'¿Este es mi fin? ¿A caso todo terminará aquí?' Pensó mirando de frente a su propio fracaso, su mente no conocía el concepto de darse por vencido, pero su cuero finalmente estaba conociéndolo, una vez más Pegaso caía para quizá jamás volverse a levantar.

Fue allí entre la oscuridad y la desesperación que una luz llegó a él.
Cubierta de un manto celestial, acogiéndolo en sus cálidos brazos, para otorgarle la fueza que necesitaba para luchar una vez más.

"¡No puedes rendirte Sein…! ¡No tienes derecho a rendirte!" Aria le decía tomando la cabeza de Seinma entre sus manos, tratando de despertarlo, debía hacerlo entrar en razón o de lo contrarío eso sería, aquí quedaría él, como otro fracaso más en el desafío más importante para los caballeros como él, quienes habían perdido incluso antes de comenzar.
"¡Debes seguir peleando, por tus amigos… ¡Por el Universo! ¡Por Seika y Sariah!" Esas palabras llegaban más allá de donde él se encontraba, alcanzaban su herido corazón y le permitían una vez más abrir sus ojos.
"Recuérdalo, recuerda la razón por la que te convertirse en caballero, la principal razón por la que estás aquí, para defender a la gente que le dio sentido a tu batalla, ¡así que levántate y pelea una vez más! ¡SEINMA!" Exclamó devolviéndole lo que él creía haber perdido entre estos pétalos carmesíes, su fuerza y su coraje para luchar, él comenzó a alzarse lentamente ya no era fuerza lo que lo levantaba a luchar, esa su espíritu el que lo obligaba a levantarse, como el campeón de Athena, debía seguir luchando cuando aún tuviera vida dentro de sí mismo, él debía seguir levantándose y luchar por toda la eternidad.
―Tienes razón… no puedo rendirme, yo no debo rendirme…―Dijo comenzando a caminar nuevamente, sin dolor que lo detuviera podía continuar, sin voz para gritar podía escuchar y sin voluntad para romper, él podía continuar.
―¡Por qué yo soy! Quien pondrá fin a la tristeza y al odio en el universo. ―Declaraba dando fuertes pasos hacia adelante, sin tambalearse, sin rendirse, solo luchar hasta que el último suspiro llegase, su pelea no finalizaría jamás hasta que el universo estuviera finalmente en paz.
―Yo seré… ¡El campeón de Sariah! ―Exclamó continuando hacia adelante.

Empujando con las fuerzas que aún le quedaban, ya nada importaba solo cumplir con su deber, con la obligación que se le fue otorgada desde que el primero de los suyos nació, entre ese charco de sangre de Gorgona, nacido de una forma cruel en este mundo, maltratado y despreciado.
Golpeado hasta que sus huesos se quebraron, pisoteado hasta que su sangre fue desparramada en el la tierra, agredido hasta que su cuerpo quedó lleno de heridas, destrozado hasta que sus alas no pudieron volar más, pero vivo.
Vivo para luchar, vivo para enfrentarse a la noche, vivo para pelear un día más, esa era la fuerza del Pegaso, el único guerrero que logró dañar el cuerpo de un dios y vivió para contarlo.

"¡Tu puedes Sein, tu puedes sigue adelante, no te detengas!" Pedía la voz de aria en su Interior, dándole más y más fuerza para continuar hacia adelante, el final solo llegaría cuándo llegará hacia la cima del mundo, ahí podía dejarse ir. No antes, aceptando con honor el deber de su linaje.
―Yo puedo hacerlo… ¡YO PUEDO HACERLO! ―Exclamó con tanta fuerza y con tanta devoción que los caballeros que se encontraban metros más abajo pudieron escuchar su rugido, que elevaba el espíritu y la moral, de quienes ya veían perdida esta batalla.

Compartiendo entre todos un mismo Himno, el de jamás darse por vencidos.
Empujando y enfrentando la adversidad, entregándose al deber sin miedo con devoción, preparados para aceptar el riesgo que implicaba ver al rostro del destino con la frente en alto, sin miedo en sus corazones… y con valor desbordando de sus almas.

Varios metros más adelante el caballero Pegaso finalmente llegó a su Destino, allí frente a él, las rosas le abrían paso a la gran cámara del patriarca, donde las puertas estaban abiertas de par en par para él, Pegaso comenzó a caminar, casi sin energías para continuar, pero totalmente preparado para lo que sea que fuera que le esperase dentro, estaba agotado, apenas salió del campo de rosas de Romeo el dolor comenzó a hacerse presente, caminando lenta y pesadamente dentro, donde, el maestro Shun lo esperaba pacientemente en su trono.
Él miró a Seinma y el deplorable estado en el que se encontraba, apenas podía mantenerse de pie y podía notarlo por el cómo arrastraba los pies, en su postura encorvada además de su permanente expresión de agonía y fatiga.

El gran maestro se levantó de su asiento, caminó hacia el muchacho y lo miró detenidamente, había sido un largo día para él sino que para el resto de sus queridos caballeros de Oro, Bronce y Plata.

El gran maestro colocó su mano en su hombro, quien aún cansado hizo un esfuerzo titánico para mirar hacia arriba y mirarlo a los ojos.

―Has llegado, por fin caballero Pegaso. ―Decía Shun sonriéndole levemente, calmando un poco el dolor que este sentía en sus extremidades.
―Veo que has sufrido muchas dificultades para llegar hasta acá. ¿No es así?

Apenas podía escucharlo sin sentir un vacío en sus oídos, era tan agonico que lo único que podía hacer era ladear su cabeza para comprender mejor lo que el santo maestro le decía
―Sí… patriarca… ―Murmuró el muchacho apenas aguantando los ojos, le ardían, sus parpados se sentían tan pesados que era en sí un esfuerzo titánico mantenerlos abiertos.

―Comprendo, aquí se alza tu última prueba y no es nada más ni nada menos que una pregunta. ― ¿Una pregunta? ¿Eso era todo? ¿No habría más trampas, más ilusiones, más batallas físicas, mentales y espirituales que debía afrontar con la frente en alto? ¿Solo una simple pregunta?
―¿Estás listo para la siguiente fase? ―Seinma arqueó una sonrisa, lo había conseguido lo único que tenía que hacer ahora era responder.

Que las manos del destino lo guiarán a donde sea que tuvieran planeado llevarlo.
―Sí, patriarca… Shun…―Y con esas últimas palabras, el joven caballero del corcel alado se dejó caer a al suelo, finalmente tomando un momento para reposar y descanzar.

―Hum… luchaste bien muchacho…―Declaró el gran maestro sujetando el cuerpo del caballero de Pegaso antes de que su cuerpo impactará contra el suelo.
―Te ganaste tu descanzo. ―Añadió mirando a sus espaldas donde un par de Saintias esperaban su permiso para llevarlo al área de sanación. ―Llévenselo, con cuidado. ―Pedía dejando al muchacho cansado y herido en manos de las sirvientas de Athena, quienes ante su comando comenzaron a cargar al muchacho.

Pero mientras ellas dos un par de pisadas habían entrado a la enorme cámara del santo patriarca, revelando a un muchacho de cabello plateado y ojos de diferentes colores, él al igual que muchos se veía adolorido, cansado y deteriorado.
Pero al mirar en dirección a Seinma, el cansancio se convirtió en Ira nuevamente…

―No… no puede ser…―Murmuraba levemente viendo como dos mujeres llevaban el cuerpo del Pegaso con impotencia, pero al mismo tiempo con una fuerte rabia nacida desde su interior, este se apoyó en el portón, apenas siendo capaz de soportar el peso de sus propias piernas.

Si pudiera hacerlo se habría levantado y habría ido por ese imbécil a despertarlo para volver a noquearlo, si no estuviera tan débil él… él…
―Has llegado finalmente, Caballero Unicornio. ―le dijo colocando su mano sobre el hombro derecho del muchacho, él por una razón que no comprendía podía sentir como las palabras de este hombre tranquilizaban su alma llena de suplicio y repudio.

―Sí… Sí, estoy aquí… patriarca. ― respondió el muchacho alzando u ojo azul hacia el hombre más santo y benevolente entre los 12 caballeros de oro, el hombre más cercano a un dios.

Aunque no había sido el primero, estaba muy feliz de verlo y eso se podía notar en la expresión debajo de la sombra de su casco dorado.
―Me alegro, tu última prueba se encuentra frente a ti y la forma en la que te la presentaré será en base a una pregunta. ―¿Una pregunta? Había superado retos que lo superaban física y mentalmente, lo habían golpeado con todo tipo de técnicas y habilidades fuera de su alcance, había experimentado horrores que jamás deseó haber vivido… y lo único que se oponía a él y a su destino era… ¿una pregunta? El caballero Unicornio apretó los dientes, no sabía si sentirse aliviado o decepcionado de que su última prueba fuese una pregunta pero… Hasta este punto esa era la menor de sus preocupaciones.
―¿Estás listo para la siguiente fase? ―Al preguntar Kobu sonrió de forma tranquila y calmada, eso… era justo lo que él había estado esperando a escuchar desde que este desafío comenzó.

Así que, con un suspiro se decidió a responderle, utilizando toda la fuerza que le quedaba en su brazo derecho para apuntar hacia donde se encontraba el santo de Pegaso.
―Si eso significa, que así podré luchar contra ese desgraciado… Sí, estoy listo. ―Dijo bajando su brazo, dejando ír las últimas fuerzas que le quedaban para poco a poco desvanecerse.
―No hay nada más en este mundo… que quiera hacer… además de eso…―Dijo cayendo rendido ante el cansancio, siendo rápidamente asistido por el patriarca, tomándolo de los hombros para evitar que él impactará contra el suelo como había sucedido con Pegaso.

Podía ver en sus ojos que no era un mal muchacho, solo se había desviado un poco del camino correcto, él tenía una enorme voluntad, una gran fuerza así como una vasta determinación en alcanzar sus objetivos, Kobu era muy diferente a Seinma. Pero ambos eran iguales en cierto sentido.
Ambos luchaban con tanta pasión que era imposible no comparar la única cosa que los hacía tan iguales, pero en este muchacho había algo más, algo oscuro y siniestro que trataba de apoderarse de él, quizás era el odio.

O quizá era algo más que atormentaba el corazón de este guerrero en particular, pero pdía sentirlo, él estaba bajo una gran agonía, quizá no fuera física, era más bien Psicologíca, pero como sabio maestro y padre no podía evitar sentir pena por él, siendo tan joven y con un enorme peso sobre él.

―Hummm, siento odio en tu corazón, muchacho… ―Decía cargándolo entre sus brazos, llevándolo personalmente a donde Seinma había sido llevado por las Saintias Asistentes de Sariah, al área de atención médica y cuidados intensivos, lugar que pronto se llenaría de más y más jóvenes heridos y cansados.
―Tranquilo, descansa, ahora tomate un momento para reposar y readquirir las fuerzas que perdiste. ―Le pedía viendo su expresión bajo ese cabello grisáceo, él parecía intranquilo incluso estando inconsciente, pero poco a poco su expresión fue calmándose hasta no ser menos que una pequeña mueca de disgusto.
―Espero que con lo que sea que sueñes esta noche, te permita ver las cosas con más claridad, solo eso deseo para ti. ― Dijo dejando su cuerpo en una de las camillas, en donde serían atendidos, las Saintias se encargarían de estabilizarlos y ayudarlos a quitarse sus pesadas armaduras para que así sus cuerpos lograrán recuperarse, una vez las 7 horas restantes finalizarán.

Los dos primeros vencedores habían logrado lo que muchos habían pensado imposible por momentos, era hora de anunciar que ya habían dos ganadores.
―Sira…―Murmuró para que en un instante la visión de la amazona dorada de Virgo apareciera a su lado.

―¿Sí maestro? ―Preguntó la visión de la Virgen, visiblemente sorpendida de que los primeros dos caballeros de Bronce hubieran llegado hasta la casa del patriarca y más aún, que ellos dos fueran los caballeros de Unicornio y Pegaso.

―Da el Aviso a todo el Santuario, los primeros desafiantes han pasado a la siguiente parte del torneo. ―Pidió sonriéndole hacia su alumna quien en un leve asentir desapareció de su vista, preparada para entregarle el mensaje a todos sus compañeros en el santuario como a los jóvenes caballeros que aún seguían enfrascados en sus desafíos.

―Sí… mi maestro. ―Con esas últimas palabras, la conciencia de Sira viajó a través de los dce templos a entregarle el mensaje a cada uno de sus compañeros, ya fuesen de plata o de Oro… no importaban, todos debían recibir la buena noticia de que ya había dos ganadores.

Eso era para inspirar y motivar a aquellos que seguían luchando sin descanso y sin detenerse, para que alcanzaran la cima, justo como estos dos caballeros de Bronce lo habían hecho.
Lo único que faltaba era que más alcanzarán la cámara del santo patriarca antes de que la última llama se extinguiera.

Hora: 08:11 P.m.
Quedan 5 Horas y 49 Minutos Para Finalizar la Primera Fase…

Ya se han Declarado Vencedores a los primeros 2 Retadores.

Los caballeros Dorados habían recibido la noticia y cada uno habló con los guerreros que se encontraban en cada una de sus casas, desde Piscis hasta Aries, la noticia fue más veloz que nunca, lleno de boca en boca entre los santos de bronce y plata retadores, ¿dos caballeros de Bronce?

¿Dos habían llegado a la cámara del patriarca? Una declaración no solo sorprendente, sino inspiradora, aquellos que se habían dado por vencidos se levantaron rechazando la derrota como su única alternativa, algunos incluso tomaron fuerzas de esas palabras para levantarse y seguir peleando.
Aquellos que seguían atrapados en las pruebas que parecían imposibles de sobrepasar se llenaron de inspiración y fuerza para continuar hacia adelante, sin mirar atrás.

Todos gritando al unísono el nombre de su diosa, envalentonados y temerarios, dispuestos a sacrificar lo que fuera necesario para llegar hasta la cima como esos dos muchachos lo habían hecho.
Si dos caballeros del rango más bajo se habían enfrentado a los seres más poderosos del universo y los habían derrotado bajo sus propias reglas, ¿qué les impedía a ellos no conseguirlo? El ejercito de Athena se había unido en una sola voz, incluso aquellos quienes habían sido derrotados gritaron con fuerza para aquellos que aún seguían avanzando, entregándoles su valor, entregándoles su inspiración para que dieran un paso más, solo un paso más no importaba lo poco o lejos que hubieran llegado tenían que dar un paso más y otro, y otro hasta que sus piernas dejaran de funcionar y sus brazos ya no pudieran más, debían seguir incluso si debían arrastrarse hasta la meta, los fuertes inspiraban a los débiles y los débiles les otorgaban sus anhelos a los fuertes.

Ellos se alzarían de entre las sombras para traer la luz de un mañana más brillante, en una voluntad colectiva que exclamaba el nombre de una diosa, su diosa.
Atenea, la Olímpica de La Guerra y la Sabiduría.

Voluntad que Llegó a los demás herederos, quienes apoyándose uno sobre otro seguían avanzando, Danny era cargada Por Johnathan por el campo de flores, aún consiente pero tan débil como para poder moverse.
Mientras que el Ave Fénix soportaba el veneno que recorría sus brazos y piernas, tratando de proteger a su pequeña hermana.
Mientras que templos más abajo Shinryū se apoyaba de Benjamín y Viceversa, siguiendo el camino hacia Acuari sin flaquear o detenerse, empujando y empujando hasta que ya no aguantarán más, seguían luchando con la misma determinación que todos ahora, uno a uno fueron cruzando las últimas casas del Zodiaco, pasando por los peligrosos campos de flores para alcanzar la cámara del patriarca, donde la última prueba los esperaba, respondiendo sin dudas, sin miedo, solo fuerza y determinación.

Siendo dos más y luego cuatro, hasta que el número comenzó a aumentar y aumentar, uno tras otro accediendo a la cámara del patriarca para responder a la última pregunta, así fue como pasaron los minutos, luego las horas.
Hasta que cada una de las llamas se fue extinguiendo hasta quedar solo una, cuando el último soldado en pie logró llegar a la sala del patriarca, dispuesto continuar con la batalla.

Así como la luz del día cayó, la noche se cernía sobre el mundo , la última llama azul del reloj espiritual finalmente cedió…
Ya había terminado el primer día del torneo galáctico y con ello el examen había concluido.

Los caballeros de Oro, Plata y Bronce finalmente se habían ganado su descanso, aquél que hubiera ganado podría celebrarlo, aquél que quedó en medio, a la mitad de una prueba o de una casa del santuario regresó por donde vino.
Lo habían intentado y aunque fracasaron, muchos se sentían genuinamente orgullosos de cuán lejos se habían permitido alcanzar…
Otros que no habían llegado si quiera a la mitad, estaban tristes, pero orgullosos de que sin importar que tan doloroso había resultado todo, habían luchado y no se habían rendido o retrocedido como cobardes.
Y aquellos que habían fracasado suspiraron, decepcionados, pero alegres de saber que, incluso si ellos no eran tan fuertes como otros, al menos habían hecho algo, sus vidas habían importado para inspirar a otros desde su foso de fracaso.

Era una noche para celebrar y para lamentarse al mismo tiempo, todos cobijados bajo el manto de las estrellas, que desde el santuario se veían más hermosas y cerca que nunca, una vista… que jamás podrían olvidar.
Muchos perdieron, otros más ganaron, en la victoria o en la derrota, todo era mejor en compañía de los suyos.

Los santos dorados comenzaron a reorganizarse, algunos prefirieron tomarse un tiempo para descansar, los demás utilizaron esto para reagruparse y conversar con algunos caballeros de plata, había muchas cosas de que hablar… y una apuesta que cobrar.
Pero de entre ellos había uno que desde hacía un buen rato se veía desconcertado, por una batalla que había tenido no hacía muchas horas.

Algo que incluso él le pareció extraño al momento de presenciarlo con sus propios ojos, algo que los subordinados del caballero de Acuario no pudieron evitar notar al verlo tan callado y pensante algo que atrajo la atención de uno de sus subordinados quien fue el que se acercó a interrogarle ¿qué sucedía?

―Había algo en su cosmos que logró desconcertarme. ―Respondió el santo de Acuario con la mirada perdida, recordando el momento exacto cuando al lanzar una ráfaga de tinieblas, este guerrero lo interceptó con una patada que logró atravesarlo… pero más que eso logró ír más allá de ella.
―El Unicornio… ese muchacho, no sé qué fue en realidad pero fue… casi como si su cosmos se hubiera corrompido por un instante y por ese pequeño, diminuto instante… su cosmos logró mimetizarse con el mío y perforarlo como una aguja. ―Fue en ese momento exacto cuando pudo ver como aquél cosmos de luz se fusionaba con la oscuridad, en ese instante los ojos de aquél caballero habían pasado de ser verdes a un amarillo intenso, que logró perforar las tinieblas y alcanzarlo por momentos.
―Hay algo que no me agrada en ese muchacho, habrá que tenerlo vigilado. ― Declaró frente a todos los caballeros de plata que lo rodeaban, ningúno comprendía que era lo que Yuri había sentido o visto durante su combate, pero… ellos sabían que debían seguir sus instrucciones, o aquél caballero terminaría convirtiéndose en una pronta amenaza para todos en el santuario.

―Entendido señor Yuri. ― Declaró el caballero de Cristal mirando a todos a su alrededor, aunque el santo de acuario se veía agotado por la larga exposición a la oscuridad, su deber como caballero no terminaba aquí.

No… su deber terminaría el día que esta armadura de oro estuviera cubierta por su sangre mientras él daba su último suspiro antes de entregarse a las manos de la fría y dulce muerte.
Al igual que todos los que se habían entregado al juramento de la armadura.

Un juramento solemne al que todos los caballeros que habían participado y ganado ahora estaban sujetos, ahora y en la hora de sus muertes.

Hora: 1:00 P.m.
Fin de la Primera Ronda.
Han Calificado 52 Participantes de 89 participantes…
Un Record Histórico para el primer Torneo Galáctico Organizado por el Santuario.

Pestañe solo por un segundo y todo mi mundo quedó atrás.
Si tú aún puedes desplegar tus alas, hazlo, vuela lejos, ve y demuéstreselos.

Vi a un sin fin de aves quemando sus alas, esparciendo sus cenizas mientras reían en paz.
Mientras que mi vida se dispersa.
Que esta sea esta la prueba de que estuve aquí en este lugar.
Hasta que mis huesos se vuelvan polvo y desaparezcan.

Aún puedo oír las voces de nuestros amigos, asesinados y pisoteados eso es lo que no me permite continuar, esas son razones más que suficientes por las que aún no podemos darle fin a esto.

Cuando huimos de la espiral él se levantó y yo caí. Protegiéndonos los unos a los otros entre los pilares, ahora con la luz de la luna que ilumina ese débil recuerdo, parece ser justo lo que estábamos buscando.

Ahora juntos nos reuniremos en esa leyenda, esta voz que te guía en tus sueños es como un oído sordo ya parece flotar en un denso mar, pues fue ahí donde comenzó esta trágica historia

Vi a un sin fin de aves quemando sus alas, esparciendo sus cenizas y riendo sin temor.
No permitas que desaparezcan.

Que esta sea esta la prueba de que estuve aquí en este lugar que viví, soñé y reí.
Hasta que mis huesos se vuelvan polvo y se desvanezcan.
Hoy estoy viva pero pronto desapareceré…

¿Y Tú has Sentido el Poder del Cosmos?

Α/Ω

"Seiya… Seiya… ¡Seiya! ¡SEIYA!" Una voz en la oscuridad lo despertó, al mirar a su alrededor no pudo ver nada, salvo más árboles y la fogata que hacía horas había encendido, la cual apenas era una simple llama que se estaba extinguiendo lentamente.
Esa voz, seguía llamándolo en sus sueños… la recordaba y sentía que le era familiar… pero no sabía de donde o porqué, solo sabía… que la voz de esa muchacha le traía tristeza y melancolía, sin él… poder comprender las razones de por qué sucedía esto.

―Otra vez… ese sueño otra vez…―Se decía sujetándose la frente, cerrando sus ojos para entonces abrirlos mirando al cielo infinito, recubierto de estrellas y la luz dorada del alba que lentamente comenzaba a cubrir al mundo. Al mirar as u lado observo con detenimiento la fiel armadura de sagitario, que le había protegido y servido en tantas ocasiones diferentes ahora lo acompañaba nuevamente en una búsqueda para encontrar aquello que había perdido en el lárgo camino de su vida.
―Vamos… ya descansamos lo suficiente, no podemos quedarnos tanto tiempo aquí…―Le dijo a su armadura tomando las correas de la misma, para continuar con su viaje, "Seiya…" nuevamente esa voz hacía eco en su mente, el caballero de sagitario se agarró la cabeza, sintiendo una aguda punzada de dolor, para nuevamente dirigir sus ojos hacia las estrellas.
―¿Quién eres y por qué no puedo recordarte? ―Le preguntó al cielo, en búsqueda de una respuesta que jamás llegó…

Con eso el santo de Sagitario apagó lo último que quedaba de su antorcha y resumió su camino a través de las sombras del amanecer, tenía que saber la verdad, conocer a esa persona que le hablaba en sueños para poder descansar tranquilo finalmente.
Él había olvidado muchas cosas, muchos eventos de su vida, a muchas personas… pero había una que él jamás debió haber olvidado, pero la pregunta era… ¿a quién?

Y mientras el Pegaso de oro avanzaba… una sombra comenzó a seguirlo, tal y como la diosa Athena se lo había pedido, para evitar que él descubriera la verdad detrás de esa voz en sus sueños.
Para evitar, que el Héroe de Héroes cayera ante la oscuridad que rondaba en sus sueños más profundos y olvidados.

Continuará…

Este episodio está dedicado a mi seguidora ShainaCobra y al maestro Kentaro Miura-Sensei, Berserk ha sido uno de los Mangas y Animes que más me han inspirado para crear esta versión de mi Anime y manga Favorito.
Así como al juego que tantas frustraciones me hizo pasar, pero cuyo universo y lore me han demostrado lo que algo que te otorga una enorme inspiración puede hacer, descanse en paz maestro de maestros, usted ya no está… Pero nosotros seguiremos aquí recordando su obra y su legado.

Así es y así será hasta que la última llama se extinga y todas las palabras hayan sido pronunciadas…
Un autre merci à mon adepte Shaina Cobra qui, avec son soutien constant, a fait avancer cette histoire, publiant des épisodes mois après mois, et il y en aura beaucoup d'autres dans les mois et les années à venir.J'espère que vous l'apprécierez mon cher ami.

Sin más que decir me despido.
Hasta el próximo épisodio de: Caballeros del Zodiaco, Guardianes del Universo.