Red Monday Retcon Parte 3


Para cuando la luz volvió a disiparse, alrededor de ellos ya no estaban en la misma casa de antes. El espacio era similar, y las paredes podrían haberse adivinado como algo parecido a lo que habían visto antes, pero la gran mayoría estaban fuera de lugar.

-Parece ser que… ¿Hubo mudanza? -dijo extrañado Len.

Miraron hacia las afueras de la ventana y se encontraron con la ciudad brillando poco menos de lo que lo hacía antes. Parecía que había mucho movimiento entre la oscuridad, pero desconocían lo que había pasado.

Comenzaron a buscar a la gente, no estaba Miku, no estaba el Master, no estaban Luka ni los demás, y más importante, no estaban ellos dos. En su lugar encontraron a un grupo de personas metidas en los pisos de abajo, quienes no hablaban Japonés, sino un tipo de chino que ninguno de los dos entendía bien.

-¿Esto se volvió una casa de refugiados?

Preguntó Rin en lo que trataba de explicarles que ella no era de allí que quería encontrar a Len y Rin Kagamine, quienes habían vivido allí. Pero ninguno de ellos, aun con su lejana forma de hablar, pudo explicar de manera precisa lo que pasaba.

-Al parecer… hay una clase de crisis de refugiados… -dijo Len tras unos instantes de hablar con alguno de ellos quien finalmente le pudo dar la explicación por escrito.

-Vaya… ¿Habremos viajado demasiado al futuro? -dijo Rin asustada, recordando que habían sido advertidos de una nueva guerra mundial.

-Ah… espera, lo tengo -Len sacó su celular, viendo que afortunadamente aun tenía algo de red-. Espero que Miku responda -comenzó a marcarle a su amiga, quien sorpresivamente contestó.

-¡Hola Len! -dijo la voz de la chica, algo más madura que la que habían escuchado minutos antes-. Siempre es un gusto volver a hablar con ustedes, ¿Les llegó mi regalo de su aniversario? Fue algo difícil encontrar esos chocolates, no dejen que los niños se los coman todos…

Dijo de manera alegre, al parecer demasiado como para hablar con alguien quien estaría muerto.

-Miku, espera… -dijo Len colocando el altavoz-. Soy Len, estoy con Rin, y bueno… somos Len y Rin, pero realmente… somos los Len y Rin de dieciséis años… -dijo esperando a que ella se enojara.

-Oh,,, ¡Oh vaya! -dijo Miku como si se asustara-. Que sorpresa… ¿Me hablan del pasado o viajaron ustedes? -preguntó ahora más calmada.

-Ah… vinimos al futuro… -dijeron los gemelos.

-Bueno, menos mal… traten de no viajar en la siguiente década… las cosas se pondrán algo feas en… todo el mundo… -les dijo con algo de preocupación-.Y si lo hacen, procuren estar lejos de cualquier ciudad Japonesa en agosto del 2025

-¡Eso lo notamos! -gritó Rin-. ¿Qué le pasó a la casa?

-Ah si… miren, lo único que tienen que saber es que, ustedes aún tienen trabajo, yo igual, aunque ustedes dos ya no se dedican a la música… no directamente…

-¿Quieres decir que Vocaloid se acabó? -dijo Len algo consternado.

-Bueno, no iba a durar para siempre, pero yo manejo una productora que sigue con el espíritu de lo mismo… -dijo riendo y explicando un montón de cosas sin sentido.

-Miku, gracias por advertirnos, pero solo veníamos a… ver nuestros hijos… -dijo Len tranquilamente, o cuando menos fingiendo esa tranquilidad.

-Oh si, eso…supongo que puedo darles su propia dirección en el futuro, no se preocupen, se fueron a un lugar muy bonito a las afueras de Osaka, les daré la dirección.

-Dime Miku… -habló tranquilamente Rin a su …de tener que ver varias líneas temporales y estas cosas, ¿Es algo normal para ti? -dijo preocupada la chica.

-No tanto, ha pasado varias veces que recibo llamadas de amigos que se pierden en el tiempo, pero me alegra que ustedes se la estén pasando bien, siempre que no hagan nada ilegal… -aclaró con tranquilidad.

-Tranquila, vigilaré a Rin… -dijo Len en lo que tomaba a del hombro a su hermana.

-Solo para aclarar… -preguntó la Kagamine-. ¿Qué se considera ilegal?

-Bueno, para gente norma como ustedes, no pueden, por ejemplo, matar gente, incluso si son criminales, tampoco salvar gente, incluso si se ven como inocentes, ciertas cosas tienen que mantenerse como lo son -dijo tranquilamente Miku-. Tampoco pueden comprar propiedades u objetos de valor, o que parecen no tener valor… de hecho, tampoco pueden soltar información a la gente de manera pública, si hablan con alguien, que sea de manera privada, como yo con ustedes.

-Ya veo… creo que podemos seguir con eso… -dijo Len tranquilamente.

-De acuerdo, tengan una buena tarde y un feliz viaje, volveré con mi esposa -y tras decir esto, colgó.

-¿Esposa? -preguntó Len extrañado.

-Ah… ¿Luka? -cuestionó Rin.

Sin darle más importancia a lo que dijo, ambos se dirigieron a la estación de metro más cercana, teniendo que pasar entre varios puntos de control en donde las fuerzas americanas habían tomado el control.

Pasaron varias horas desde el inicio del viaje, pasando por montes oscurecidos y por la extraña sensación de que lo que había en las calles eran más militares que nada. Al final, cuando llegaron a las cercanías de Osaka, tomaron otro tren más, mientras que Len seguía examinando los alrededores.

-Es extraño… es diciembre, pero no veo nieve por ningún lugar -Len comenzaba a sentirse más extrañado, y para cuando se acercaron a la casa en donde se suponía que vivían, se quedaron viendo por fuera un rato.

La mayor parte de los árboles habían perdido sus ramas, y siendo de noche no había rastro alguno de vida más allá de las luces tenues que despedían a los pasantes de la solitaria vereda. Miraron la cerradura y se dieron cuenta de que era de una clase biométrica.

-Len, mira, es como en Volver al futuro…-dijo ella mientras que tocaba el pequeño receptor táctil.

-Rin, espera, no habrá problemas con que… -el sonido del timbre desvió la atención de los Kagamine.

Al parecer, más que la forma de acceder a la casa, era realmente una forma e alertar a quienes se acercaban a la casa, una manera de proteger a quienes vivían en la casa de personas peligrosas.

-¿Quien está tocando a estas horas? -se escuchó una voz masculina de Len desde un pequeño altavoz que había al lado de la puerta.

-Ah… es algo que me esperaba -contestó el Len menor-. Es la clase de sistema de seguridad que yo habría usado…

-Somos nosotros… bueno, somos ustedes -dijo Rin tocando la cámara con el dedo para que le hicieran caso.

-Ah… entonces… esta máquina… -escuchó al Len mayor confundido, y golpeando el aparato un par de veces-. Voy para allá.

Y en cuestión de minutos, Len, en su forma más adulta, estaba ya en la entrada de la casa, tras el camino lleno de nieve que tenía que cruzar. Estaba vestido con su chaqueta y su pantalón de color verde, y se veía algo más gastado. La impresión en su cara no fue menos intensa que la de su versión ocho años menor, y al mirar a Rin se sintió enternecido.

-Len… Rin… suena extraño decirlo de esta manera, pero, ¡Me alegra mucho verlos! -abrió la puerta y los saludó con alegría, intentando abrazarlos a los dos.

-Ah… espera, recuerda las reglas… -le detuvo Len mientras que le trataba de recordar lo que dijo Miku.

-Cierto, Cierto… me alegra verlos, ¿Tienen catorce años? -dijo tranquilamente mientras que acariciaba sus propias manos entre ellas.

-Dime, ¿Todo esta bien? Parece que la tierra… está algo rara… -dijo Rin mirando a los lados, creyendo que algunos de los vehículos que cruzaban, la mayoría del tipo militar.

-Bueno, trataré de no darles muchos spoilers, pero digamos que de entre todos los los países… surgen tensiones, ya lo saben, Estados unidos, China, Rusia, peleando por Vietnam…cosas en las cuales habíamos pensado en esos tiempos, bueno, están alcanzando sus conclusiones obvias… -trató Len de explicar-. Pero no hay mucho que se pueda hacer, Miku dijo que nos cuidaramos aquí, eso es todo.

En lo que seguía hablando, Len y Rin trataron de mantener la calma, hasta finalmente llegar a la casa, en donde las ventanas se iluminaban. El Mayor de los Kagamine abrió la puerta y al hacerlo un pequeño proyectil golpeó su frente, nada más que una balita de plástico inofensiva.

-¡Estás muerto! -gritó un pequeño niño cubierto de pies a cabeza con ropa de invierno, hasta el punto en el que parecía más un muñeco que otra cosa.

-¡Vigo! -dijo Len algo apurado-. Te dije que cuidaras a tus hermanos…

Esta palabra llamo la atención de Len y Rin.

-Están bien, están en el iglú -respondió el Niño mientras recargaba su pequeña escopeta de juguete.

-Vaya… si que ha crecido… -dijo Len impresionado por la energía y la precisión de su hijo para tener su arma, habiéndole disparado a su propio padre desde el oro lado del recibidor.

-Lo sé…cada día aprende nuevas palabras de idiomas extranjeros que no entiendo, creo que ya sabe hablar inglés sin problemas -dijo Len adulto.

-¿Qué hay de los hermanos? -dijo Rin emocionada.

-Dos niños, Kiiro de cinco años y Shino de cuatro -dijo el adulto con una sonrisa-. Y una pequeñita recién nacida…

-¡Mili! -gritó Rin con emoción.

-De verdad te gusta mucho ese nombre, ¿verdad? -dijo su hermano de su misma edad.

-Esa misma, aunque por ahora está descansando, tuvo un día muy ajetreado… -aclaró el Len adulto.

-Vaya… cuatro hijos en ocho años, tengo que admitir que estoy impresionado -dijo el menor.

-Puedo asegurarte, Len, que no me iba a rendir hasta tener a mi pequeña niña -dijo Rin asegurando conocerse a si misma-. Por cierto, ¿En donde estoy? -dijo extrañada.

-Estás… bueno, descansando en el cuarto, tuviste una noche bastante ajetreada y después del trabajo de parto, la pérdida de sangre te ha causado una pequeña anemia, pero nada muy grave -dijo Len asegurándose no alarmarla.

-Eso… no suena muy alentador… -dijo su hermano.

-¿Podemos ver a Mili? -dijo Rin sin darle tanta importancia a su estado de salud adulto.

Len accedió, y tras un recorrido por los cuartos de los niños, finalmente llegaron hasta el cuarto que querían ver, uno cubierto por papel tapiz rozado, en donde una pequeñita dormía tranquila en su cuna, imperturbable, tan pacífica que incluso a Rin, con su emoción común le fue imposible despertarla para cargarla en sus brazos. Solo se limitó a verla.

-Es… tan perfecta… incluso su aroma es más dulce que el de Vigo… -Dijo ella sintiendo el corazón adormecerse en su interior, respirando con cuidado de que el aire de la nariz no fuera a golpearla.

-Lo sé… todos ellos lo son… -dijo Len adulto.

-Sé que ella no ha venido de mi, o al menos no todavía, pero ya la amo… -dijo Rin casi como un juramento.

-Yo… también, esto ha sido muy revelador para mi -dijo su hermano de su misma edad.

-Vale bastante la pena, incluso si a veces son problemáticos, no los cambiaría por nada… -contestó el Len adulto.

-Se nota que no es sencillo, en especial porque son niños pequeños -dijo el chico de 16 años-. Nunca me imaginé cuidando niños…

-Nadie lo imagina, pero también quienes lo ven como algo enteramente negativo son unos exagerados, incluso en lo económico, recibimos ayuda del gobierno por cada niño que tenemos, y eso que no la necesitamos.

Salieron del cuarto de Mili, hablando todavía de los niños, incluso viendo como Kiiro y Shino caminaban juntos con un mismo lazo, enterándose los dos que el menor de los niños padecía de la vista y estaba ciego, aunque eso no le impedía que tuviera un oído fino y que se desarrollara de maneras increíbles.

Por la siguiente hora, Len y Rin estuvieron conviviendo con ellos, siendo Len el más impresionado con Vigo, quien ya sabía jugar ajedrez con bastante fluidez, ganándole a él y a su versión de casi treinta años de manera simultanea, a la vez que les demostraba que era capaz de escribir con ambas manos. En otras palabras, era todo un genio.

Pero la velada llegó a su fin cuando Rin se acercó a su hermano y le dijo.

-Len, vamos dieciséis años en el futuro…

-Espera… ¿no sería peligroso? -preguntó a su gemela.

-Miku dijo que evadiéramos la década… -le recordó-. lo que quiero es poder conocer a Mili, hablar con ella, y qué mejor forma de hacerlo que yendo a cuando tiene nuestra misma edad…

-Será una adolescente… siento que podría ser extraño… -dijo Len.

-No si solo vamos a visitarla un poco… -dijo Rin con claridad-. Por favor, tu ya visitaste a Vigo y lo conociste, ahora me toca conocer a mi hija favorita…

-Es muy pronto para elegir favoritos -contestó su gemelo-. Pero… está bien, iremos si es quieres, pero solo este viaje y ya… -le advirtió.

-Por mi perfecto -miró a Len, quien al parecer tenía que llevarle de cenar a su propia Rin-. ¡Nos veremos en ocho años, no nos olvides!

-No habría forma de que lo hiciera -contestó él-. Salúdenme… salúdenos…o salúdense en el futuro -dijo él con una sonrisa.

-adiós, Vigo… -dijo Len con alegría.

-Adiós papá del pasado, no se te olvide hacerme -dijo el niño con una alegría inusual.

Pasando esto, Rin puso la marca en el dispositivo, avanzando de nuevo unos años al futuro, sin imaginar lo que le esperaba.