Red Monday Retcon 6


Nuevamente, en otra situación diferente, Len estaba con las manos extendidas. Rin volvió a soltar un manotazo contra estas, dejándolas rojas una vez más.

-¡Auch! -exclamó Len-. ¿Ya es suficiente para que me perdones? -dijo adolorido por el castigo.

-No lo sé, ¿Aun tienes deseos de traicionarme con esa zorra rompe hogares de Yuki? -volvió a darle otro manotazo.

-Te dije que no tengo deseos de hacer nada con ella, lo juro… -dijo él para luego volver a lamentarse del siguiente golpe en sus manos.

-¿Entonces porque te ofreciste a que te castigara? -dijo Rin con desprecio.

-Porque era la única manera en la que me volverías a hablar -dijo él, recibiendo el siguiente golpe.

-¡¿Cómo más podría haberlo hecho?! -dijo iracunda-. ¡Te fuiste con otra! -otro golpe más dejó ahora las manos de los dos enrojecidas-. No tienes idea de lo traicionada que me sentí… e incluso mi pequeña Mili recibió un lavado de cerebro…

Ambos siguieron caminando mientras que Rin comenzaba a soplar sus manos a causa del dolor de los golpes.

-Si… se veía muy adolorida por todo esto… -dijo Len algo dudoso.

-¡Así no es como terminaría nuestra historia! -dijo Rin-. Nosotros somos la familia Kagamine, tendríamos que tener nuestra familia feliz…

Para cuando llegaron a la siguiente intersección de la calle, esta siendo la primera en donde la gente caminaba libremente por los espacios peatonales, Len indicó a donde tendrían que ir.

-Es una suerte que nos hallan dado las indicaciones para encontrarte en este futuro… -dijo Len, recodando su pequeño encuentro con la policía al salir de su casa de ese tiempo-. Aunque tengo que tengo que admitir que me asusta que fueran capaces de darnos tu domicilio… ¿Qué le pasó a la protección del anonimato en este país?

-A mi lo que me preocupó es que fueran indios, ¡puaj! -expresó ella con asco-. Podía oler su asqueroso sudor hasta acá. Te diré lo que pasó, seguramente perdimos la guerra y por eso ahora estamos bajo el yugo de alguna otra potencia…

Mientras decía eso pasaban por una estación de policía en donde las palabras estaban escritas todas en cirílico al lado del Katakana.

-Esto explicaría por qué Miku siempre confunde los nombres y las palabras… Casi no he visto Kanji escrito por las calles, es como si alguien quisiera que dejaran de usarse…

-Te lo estoy diciendo, rusos, americanos, indios, negros, lo que sea están ahora por todas partes, como ese amigo de Vigo… que asco… -dijo recordando a Junk-. Anota bien esto, aunque haya una guerra, no dejaremos que nuestros hijos tengan amigos que no sean japoneses.

-Ah… no sé si sea buena decisión… -dijo Len, para luego enfrentarse a la mirada de enojo de su gemela-. Ok, veo que no estoy en posición de opinar.

Pero antes de que pudieran decir algo más, se encontraron con el domicilio que habían seguido. Afortunadamente era un edificio con letreros en japonés tradicional, pero no era un conjunto de departamentos, sino una clase de hospital o de asilo en donde se cuidaba a los enfermos.

-¿Es aquí? -dijo Len extrañado-. Si… es aquí…

-¿Es una casa para enfermos? -dijo Rin disgustada-. ¿Por qué estoy aquí?

-Tenemos que investigar… -propuso Len, tomando de la mano a su hermana.

Se acercaron a la recepción, en donde pudieron presentarse con la excusa de ser hijos de Rin, mostrando sus números de registro poblacional y demás cosas que tenían memorizadas para poder autentificar sus existencias. Por suerte, o quizá simplemente porque a la mujer morena de la recepción no le importaba, a ambos se les dejó pasar luego de que se garantizara de que ninguno tenía armas.

-De seguro es culpa de Yuki… de seguro ella me puso en este asilo mientras se robaba a mi familia… -decía ella en lo que empezaba a planear la mejor manera de vengarse de la pequeña Kaai en cuanto volviera a verla en el pasado.

-Aun no sabemos por qué estás aquí… -dijo Len, alcanzando el picaporte y abriendo la puerta.

No había nadie en la cama, y esta estaba tan bien tendida como todos los otros días en los que ella había estado internada. En lo que dieron un par de pasos hacia adentro, escucharon una voz desde la otra esquina del cuarto.

-Oh vaya… no esperaba verme a mi misma… -les llamó la atención la voz, que era agresivamente rasposa y poco harmónica.

Voltearon y se encontraron con quien esperaban. Rin Kagamine mediados de su quinta década de vida, había perdido la mayor parte de su fresca jovialidad que en sus veintes le había traído tantas alabanzas por parte de todos los que la habían llegado a ver. Ahora su frente, sus ojos y su barbilla se marcaba por unas cuantas arrugas que eran las diminutas imperfecciones que ella, con el maquillaje, trataba de borrar, y para las cuales, una cirugía, aun estaba fuera del alcance, pues era algo que lastimaría su orgullo. Su cabello, la única cosa que le quedaba que era como en los años de su juventud, estaba ahora libremente frente a su cara, desacomodado sin sus clásicos broches, y su figura era tal que tan solo con el contorno de su bata podría haber seducido a cualquier enfermero o enfermera del lugar.

-¡Rin! -gritó Len-. Te sigues viendo bien… -añadió con una sonrisa.

-¿Esperabas algo más? -presumió su hermana.

-No los recordaba a ustedes dos…me imagino que han pasado como unos… treinta años desde que pasó este viaje, ¿no? -dijo ella riéndose mientras bebía un líquido de un vaso de vidrio que llevaba-. Pero quien cuenta los años.

Parecía ser más amable de lo que había sido descrita, así que sin contención y nada más, y sin siquiera volver a presentarse, Rin se lanzó contra si figura adulta.

-¡¿Qué haces aquí?! -le gritó sin escrúpulos-. Estas en este agujero horrible mientras que esa puta de Yuki está allá robándote a tu familia en lo que es tu casa por derecho… ¿Dónde quedó nuestro honor? ¿Nuestro orgullo de fiera? -continuó exclamando mientras su hermano se acercaba por detrás.

-Creo que hacen falta algunas cuantas… explicaciones… -dijo Len con más tranquilidad-. Por ejemplo… todo lo que nos contaron… ellos…

-Oh… así que ya vieron a la feliz familia de Setsu… Es así como le dice Vigo, ¿no? -dijo ella riéndose-. Supongo que les contaron que yo era una miserable quien había robado a una bebé, y que había vivido teniendo aventuras a las espaldas de mi esposo… durante estos años.

-Si… algo así… -respondió Len, temía que la forma en la que lo decía fuera su manera de admitirlo.

-Bueno… -Dijo Rin adulta nuevamente-. ¿Y qué quieren que les diga? ¿Quieren que les de más detalles del asunto?

-Esperábamos… a que nos dijeras la verdad… -dijo ahora Rin menor, sin poder creer lo que estaba escuchando.

-¿La verdad? -respondió la otra mujer-. La verdad es esto que ves… sin nada de tapujos un de falsedades -hizo un ademán con las manos-. Siendo honesta, creo que es lo mejor que podría haber pasado, que ellos les dijeran la verdad en lugar de tener que ser yo quien hablara de todo esto…

-Significa… ¿Qué todo eso es verdad? -dijo Len sin poder creerlo.

-¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes dartepor vencida mientras que Yuki… te venció?

-¿Yuki? El asunto que terminamos arreglando todos, de manera unánime, y de toda la familia que tienen formada, a mi no me concierne nada relacionado con los dos -dijo con molestia su versión futura-. Solo me preocupo un poco por Kiiro y por Shino, aunque ahora están haciendo sus vidas, no tengo interés en hablar con ellos. Vigo ya es un adulto, así que no me interesa lo que haga con su vida, y en cuanto a esos dos bastardos que han tenido… el niño nunca lo conocí, en cuanto a esa mocosa

-¡No la llames así! -gritó rápidamente Rin, al darse cuenta de que se había referido de esa manera a Mili-. ¡Es nuestra hija!

-No, no lo es -contestó su versión más madura-. Lo cierto es que lo pretendí… durante casi quince años, luego de arrebatársela a su madre el día en el que nació -admitió su crimen sin ningún miramiento.

-¿Cómo pudiste? ¿Por qué? -dijo Len sintiendo que el estómago se le revolvía.

-No lo sé… quizá porque no quería quedar como una mujer abandonada por su esposo cuando mi carrera musical estaba en pleno auge como una de las vocaloids más escuchadas del mundo -dijo con severidad-. Solo porque tu te pusiste con tus cosas sentimentales, diciendo que querías un matrimonio "cercano a Dios", y la única persona dispuesta a atarse a esas estupideces, fue Yuki… -relató con tranquilidad.

-¿Sólo por eso? -su versión menor ya no podía aguantarlo-. ¿Todo lo que hiciste fue por eso?

-Tu eres yo… ¿Puedes decirme que nunca se te pasó por la cabeza que así sería mejor para nosotras dos vivir? -Se preguntó a si misma, a lo que esta solo pudo abrir los ojos.

-¡Claro que no! -respondió Len-. Rin quiere estar conmigo, compartir una vida entera como.

Pero su hermana no respondió, miraba al suelo, apenada por haberse dado cuenta de que lo que había pensado. En su mente, la idea de formar una familia se había creado desde hacía mucho tiempo bajo la asunción de que esta no pondría trabas a su carrera, sino todo lo contrario, que esta podría servir como un impulso a su carrera artística. Un sueño complicado, pero en donde había una posibilidad mínima de poder cumplirse.

-Claro que si… nunca me molestó esa idea, nunca me perturbó pensar en un matrimonio… pero sabes que no era todo lo que quería, ni era lo único… -dijo ahora mirando a los gemelos-. Quería una relación sencilla, pero nunca el yugo que tu querías ponerme… algo que a ti no te gustó…

-Es una tontería… -dijo ahora Rin-. ¡Len jamás me dejaría solo por que nuestra relación fuera abierta!

-¿Qué? -dijo ahora el muchacho, mirando a su hermana con sorpresa.

-Vaya… esa misma respuesta fue la que ya había visto antes…-se acercó un poco a su versión pasada-. ¿Le has contado del verano… con Omura? ¿Fue en 2009?

Len miró a Rin con sorpresa.

-¿Qué hicieron? -preguntó el muchacho.

-No… no hay necesidad de que él se enterara de eso… -respondió la Rin adolescente.

-¿De que hablan? -preguntó Len desconcertado.

-¿O del día de San Valentin con Tamura? ¿Tampoco le has contado de ese día? -preguntó la mayor nuevamente.

-¡Silencio! -exclamó su versión pasada.

-Rin… de que están hablando… -exclamó Len, y comenzó a soltar el agarre que tenía en su gemela.

-Len… no es… no es nada malo, lo juro… fueron solo cosas que pasaron de pronto…

-Y que seguirán pasando -dijo la versión adulta con una sonrisa malintencionada-. Rin, no quería decirlo por que sonaba tan obvio… pero soy tu, conozco tu naturaleza porque es la mía…

-No importan esas cosas… -dijo Len interponiéndose entre ambas-. Yo…puedo perdonar todo eso, no importa… solo… quisiera saber bien que pasó -pero su voz temblaba, igual que sus manos, teniendo demasiadas preguntas

-¡Ja! No quieres saberlo, crees que quieres saberlo, pero no quieres… -ahora exclamó la Rin adulta-. ¿Sabes lo que pasará? Te cansarás, piensas que puedes soportar, hacer sacrificios, o exigirte hasta el máximo por mi… pero te fuerzas en que tengamos que estar juntos, y para mí es tan fácil pretender que podemos estar juntos, cuando la realidad es que… al final los dos nos cansaremos…

-Eso es imposible… -dijo ahora Rin, era la primera vez en la que se cuestionaba tanto las cosas, la razón del viaje, lo que había visto en su familia, tantas cosas que se habían vuelto ideales a sus ojos y que ahora… se cuestionaba.

-¿Sabes lo que es imposible? -dijo ahora Rin adulta-. Creer que las personas están hechas de cierta forma… que por nacer al lado de alguien estás destinado a compartir tu vida con esa persona… me repugna tanto pensar en que nos estuvimos envenenando tanto con esas ideas…

-No eran ideas tontas… era amor… -insistió Len sin saber que más poder decir.

-¿Cómo sabíamos lo que era eso? -preguntó Rin, mirando hacia arriba-. Éramos la primera persona con la que el otro estuvo… bueno, al menos yo lo era para ti, y gracias a eso yo fui la que se dio cuenta primero de lo absurdo que era la idea del hilo rojo del amor entre nosotros dos… a ti solo te tomó otros diez años averiguarlo.

Decir esto era como una sentencia. Rin sabía lo que había hecho ya, ella se había convencido de que aquellas experiencias furtivas con otros hombres no habían sido amor verdadero, y que por ende no habrían de afectar su relación con Len, razón por la cual jamás las desveló a los oídos de su hermano. Pero Len, en cambio, no podía evitar el dolor de la desconfianza ahora, pues haber tenido a alguien a quien creía conocer, ahora descubierto como una persona distinta… ni siquiera podía poner sus pensamientos en orden desde lo que había visto antes.

-Pero esto no tiene que ser lo que les espera… -dijo ahora Rin adulta, en un instante de reflexión-. Fue tonto lo de pretender con Len… habría sido mejor cortar por lo sano en su momento…

-No digas eso… sería como admitir la derrota… -dijo ahora Rin.

-¿Te estás escuchando? Porque parece que tampoco me escuchas a mi -dijo su versión futura-. Hablas de amor y todas esas cosas… pero no quieres ni siquiera dar una oportunidad a otras opciones, aun cuando sabes lo mal que va a salir todo… Pero solo continuas por el orgullo que tienes… porque ese orgullo no quiere que Yuki gane algo que no es una batalla…

-Te has vuelto fría y… cínica… -dijo Len ahora, interviniendo, viéndola con desprecio por primera vez-. No acepto que tu seas mi hermana.

-Tal vez porque a esta edad ya no me importan esas cosas, se siente mejor dejar de pretender que fingir ser un santo…en eso nos diferenciamos tu y yo, Lenny… tu eras el gemelo bueno -soltó otra risa más.

-Yo jamás sería como tu… -añadió ahora Rin-. Por nada del mundo.

-Bueno… ya que te gusta apostar… -entonces extendió su mano hacia su versión pasada-. Toca mi mano… recuerda, que así podrías ver todos mis recuerdos, lo que han pasado en estos treinta años… hazlo, y no solo verás todo lo que yo he vivido, en tu propia carne, sino que sentirás todos los sentimientos que me llevaron hasta eso…

-¡No necesitamos esto! -Len alejó a su hermana de ella-. Rin… no dejaremos que este se vuelva nuestro futuro, te lo prometo -le dijo al oído.

-Si… si Len, gracias… -respondió ella a solucionar esto, sin importar a cuantas personas tengamos que involucrar.

Y con esto definieron su salida. Pero no sin que antes Len mirara la pequeña tableta en donde venían escritas las prescripciones médicas de su hermana en su versión adulta.

-Espera… esto es… antibiótico, como para una enfermedad de transmisión sexual… -volteó a ver ala mujer adulta.

-Clamidia… directamente en mi garganta… -dijo Rin, raspando más su voz-. Tienen suerte de que nos analgésicos quiten el dolor, sino, no habría podido hablar…

-¡¿Qué le hiciste a mi voz?! -exclamó su versión adolescente.

-¿Significa que tengo clamidia en el futuro? -dijo Len avergonzado.

-¿Quién dijo que tú me lo pasaste? -respondió Rin.

Esa fue la gota que derramó el vaso, y ambos salieron de la habitación, para luego salir de esa manera del hospital. Ya en las afueras, Rin pudo sentarse a recapacitar todo lo que había pasado.

-No…no sé si esa versión mía se aleje tanto de la realidad… -dijo la chica algo entristecida.

-Claro que se aleja… Rin, tu eres una buena persona, lo puedo asegurar -dijo Len tambaleando en sus palabras-. Y aun si cometes errores… sé que te podrías redimir, porque eso es lo que las buenas personas hacen, buscan el perdón, aprender de sus errores, no son perfectas desde el inicio, sino que aprenden…

-Gracias… -respondió su hermana-. ¿Pero no decía tu religión que… una persona condenada lo estaba y ya, sin salvación? -preguntó con amargura.

-No… bueno, creo que el calvinismo es así de determinista, pero las demás corrientes creen en el perdón y en la redención -respondió el muchacho rápidamente.

-Bueno… gracias de todos modos…

Pasaron unos momentos en los que los dos estuvieron sentados, entonces Len comenzó tomando la mano de su hermana, mirándola con atención.

-Rin… ¿Qué pasó con Omura y con Tamura? -dijo queriendo ser sensible, pero con tanto temor que apenas y pudo hacer la pregunta.

-No… no pasó nada serio -respondió ella mientras que se apartaba un poco de su hermano, este tomándolo con algo de desconfianza.

-Pu… puedes decirme lo que sea, yo lo entenderé -no pudo evitar que su voz temblara al decir eso.

-Si puedes entenderlo, entonces entiende que no es algo importante, ni que tengas que saber… ¿De acuerdo? -sentenció su hermana.

Len se mantuvo unos instantes mirándola. ¿Era eso una prueba? ¿O acaso una muestra de lo que vendría después, en su vida con ella?

-Está bien… confío en ti -cerró los ojos con una amplia sonrisa.

Pero no se atrevió a decir nada más, únicamente sintió la fría indiferencia de su gemela, ahora que ella se sentaba con sus piernas abrazadas contra su pecho. Ella era quien más sabía acerca de la realidad de su versión futura, por más que había peleado, aquello no había sido sino su obstinación peleando contra la realidad que el toque veloz contra Shikari le había causado. Ella era Rin Kagamine, no podía aceptarlo…

-Vamos con Miku… tenemos que hablar con ella… -propuso de pronto la chica.

-¿Estás segura? ¿Qué puede decirnos ella? -preguntó su gemelo.

-Todo… puede decirnos cómo todo empezó a estar mal… y si es que podemos solucionarlo…

Se levantó decidida a encontrar a su amiga, mirando para los lados de la calle por donde los autobuses eléctricos pasaban.

-Si… vamos… -contestó Len-. Tienes toda mi confianza…