Red Monday Retcon 11
Para Yuki, la cosa fue tal como le dijeron que sería, todo fue un sueño. Despertó a las cinco y media de la mañana del siguiente día, aun teniendo la sensación del abrazo de Shikari alrededor de su cuerpo, y con la intensa sensación de familiaridad en su mente. Por unos instantes quiso levantarse e ir a visitar a Len, para decirle lo mucho que lo amaba, y lo feliz que estaba de ser su esposa, solo para entender que había sido un sueño todo aquello… había soñado con tener una hermosa familia con su mejor amigo, y ahora se apenaba profundamente. Se acostó de nuevo en la cama, cubriendo su cara con ambas manos. Claro que Len no se casaría con ella… él aun tenía a Rin, aunque estaban en un descanso de su relación, él le había expresado como aun la extrañaba. Sin duda alguna volverían a estar juntos en poco tiempo.
Se giró y volvió a acostarse, estando nuevamente en ese punto liminal en el cual uno no puede estar ni dentro ni fuera del sueño, pero tampoco está despierto. Solo vio la hora, faltaban diez minutos para las seis… ¿Porqué había puesto la alarma tan temprano en verano?
-¡Yuki, despierta! -la puerta de su cuarto se abrió de golpe, Miki, con una patada había entrado-. Dijimos que iríamos a las seis a la parada del autobús y aun sigues dormida, ¿Quieres que dejemos plantados a Len y a Piko? -se lanzó sobre la niña pequeña y empezó a sarandearla hasta despertarla por completo.
-¡Está bien! -gritó finalmente Yuki-. No tenías que despertarme así.
Ese año tenía algo particular con respecto a los demás. Yuki había cumplido dieciséis, para su madre, esto significaba que ya era prácticamente una adulta, lo que quería decir que podía darse el lujo de dejarla ir de viaje junto con sus amigos, siempre que Miki, la chica de mayor confianza para ella, fuera la chaperona y guía del grupo.
Su amistad con ellos había surgido en el momento menos esperado. Miki ya era como su hermana, pero debido a un encuentro casual con el Kagamine, este se había interesado en ella de manera amistosa, añadiendo luego a Piko al grupo, los cuatro formaron una amistad que a Yuki le ayudó a salir de sus momentos más pesados durante la adolescencia. Este día se sentía como la culminación de todo ello, pues irían a un viaje de verano al este del país, a una de las zonas que más había sido afectada por el terremoto del 2011.
El autobús llegó a las seis con quince minutos de la mañana y para cuando pudieron descansar en el interior, llegaron hasta la estación del tren, en donde Piko y Len estaban los dos sentados, uno junto al otro, viendo un video en el celular del chico.
-¿Lo ves? Unos buenos pasos de baile, pueden volver viral a cualquier canción… -dijo Piko con seguridad.
-Volverse viral es algo difícil de predecir, nosotros ni siquiera sabíamos que era lo que iba a pegar o no de nuestras canciones -respondió el Kagamine.
-Oh vamos, Miku tiene un ejército de publicistas expertos en redes sociales, ellos tienen todo el poder para hacer que ella sea viral en cuestión de segundos -dijo el muchacho cruzando sus brazos-. Nosotros somos los que dependemos de memes o de dibujos hentai de Pixiv para poder sobrevivir… Tu deberías saber eso… -le dijo el chico albino a su amigo.
-Ni me no lo recuerdes… por eso ya no puedo buscar mi propio nombre en Google. No sé como haré para cuando tenga hijos.
Justamente hablaban de aquello cuando Miki llegó, acompañando a Yuki, ambas con sus ropas para protegerse del frio del campo y con sus mochilas para viajar por las zonas rurales.
-¡Buenos días muchachos! -dijo Miki, para luego esperar a que Yuki los saludara.
Pero esta solo levantó su mano, sin mucha expresión. Saludando a sus dos amigos.
-Me alegra ver que pudieron levantarse -dijo Piko acercándose a Miki y acompañándola-. Este viaje no habría sido divertido sin ustedes.
-Si, de verdad no habría soportado a Piko yo solo -contestó Len, quien de alguna forma entendió que tenía que ir al lado de Yuki.
Empezaron a caminar todos juntos hasta llegar al andén del tren, desde donde entregaron sus boletos y se sentaron de pares en pares. Pero antes de esto, Miki tomó a Yuki del hombro para poder hablar con ella en privado.
-Oye, Yuki, sabes que te amo como a una hermana… -empezó diciendo.
-Gracias Miki -dijo ella con una sonrisa.
-Pero quería pedirte que me hicieras un favor -levantó el dedo como para indicar que tenía que haber discreción-. Estas vacaciones quiero pasarlas con Piko… sabes que nos hicimos novios hace un mes y no hemos tenido oportunidad de estar juntos como queríamos por culpa de mi trabajo y de que él está en sus exámenes de ingreso a la universidad… -le explicó.
-Oh si… supe que logró entrar a la universidad que quería… -dijo Yuki con un tono positivo.
-Exactamente, quiero felicitarlo por eso, pero para hacerlo… necesito que tu estés con Len durante este viaje.
La sola proposición hizo que la Kaai se sonrojara.
-Espera… ¿Porqué?
-Por que sería muy grosero dejarlos solos por separado a ustedes dos mientras nosotros… hacemos las cosas de novios -dijo Miki-. No lo hice con mala intención, Yuki, sé que te gusta Len… creo que todos lo saben…
-Si… es verdad… -admitió la chica, mirando al suelo, intensamente sonrojada. No era muy buena ni demostrando ni ocultando sus sentimientos… era simplemente torpe.
-Escucha… no es por decir nada… pero creo que a Len también le gustas -dijo con cierta confidencia.
-Ah… no creo que sea así -contestó Yuki-. Y aun si lo fuera, no creo que a mi mamá le hiciera gracia que te diera el permiso de traerme para que andes haciendo de alcahueta…
-Hey, no trato de hacer que queden ustedes dos juntos, simplemente pienso que se llevan bien cuando empiezan a hablar de sus vidas y todas esas cosas -le dijo con autoridad-. Además, si él intenta hacer algo contigo, cualquier cosa que se propase… yo le rompo la quijada.
-No creo que haya muchas cosas que me molestaría que me hiciera… -contestó Yuki sin pensar mucho.
-Ok… si quieres puedes divertirte con él, pero no regreses con un nieto para tu madre, o en ese caso si me matará -le advirtió.
-¡Miki! -gritó ella, para después tapar su boca.
-Te lo advierto, ahora, vamos a sentarnos.
Y dicho esto, ella caminó hasta el asiento que Piko había elegido, enfrente de Len, y se sentó a su lado, mientras que Yuki se sentaba al lado del Kagamine.
-Buenos días Len -saludó a su amigo de manera más apropiada.
-Hola, Yuki… mucho gusto -dijo Len, girándose a verla, algo que sorprendió a la chica-. Tuve un sueño en donde tu estabas… -le dijo de manera directa.
-¿En serio? Yo también… -dijo ella sin saber como explicaría lo que soñó.
-¿De verdad? -se extrañó Len-. Yo tuve un sueño algo raro… en esta estábamos todos en la playa y se producía un tsunami, casi todos nos salvábamos, pero tu… eras arrastrada, aunque tratábamos de ayudarte… -contó con tranquilidad, cerrando sus ojos-. ¿Te parece muy pesimista?
-Un poco… -dijo Yuki impresionada por lo que decía.
-¿Tú que soñaste? -preguntó luego mirándola con una sonrisa.
-Bueno… yo… -no supo muy bien que decir, hasta que prefirió inventar algo-. Solo fue un sueño, en donde tu y yo estábamos en el tren, y yo te veía pero no te podía hablar, tu decidiendo guardarte tus palabras… -habló con tranquilidad.
-Vaya… siento que es algo que preferirías que hiciera… -dijo Len con ironía.
-¿Por qué lo dices? -preguntó Yuki ofendida, pero no exaltada.
-Bueno… las veces en las que hemos hablado, yo soy el que tiene que romper el hielo casi siempre -dijo para ver como la menor se consternaba-. No es que me moleste, de hecho, hace que valga más la pena hablar contigo, hace más preciadas las palabras que logramos compartir.
Yuki no supo como podía tomar esas palabras. Eran una clase de regaño… ¿O una clase de agradecimiento? De alguna manera había un halago entre todo eso que dijo.
-Gracias Len… -contestó con una voz nerviosa-. También me gusta hablar contigo…
Después de esto, Len se acercó a ella y dio unas palmadas en su cabeza, como muchas otras veces lo había hecho.
-De nada, creo que tendremos mucho tiempo para hablar… -dijo mirando entre los asientos.
Yuki se asomó, encontrándose a Piko besando los labios de Miki mientras que esta le acariciaba el cabello como si fuera un cachorro. No parecía que estuvieran por separarse, y por la escasa cantidad de personas que habían en el tren, era posible que ni siquiera lo pensaran. Yuki volvió a sentarse. Sería un viaje largo.
Durante lo siguientes días, la excursión se esparció por varios pueblos. Cruzaron montañas, visitaron algunos cuantos templos antiguos, fueron por caminos abandonados, casi baldíos, encontrando gente interesante y algunos cuantos peligros menores en gente extraña que parecía querer hacerles daño. Se pusieron a descansar, casi siempre en hoteles pequeños en donde Len compartía habitación con Piko y Miki compartía habitación con Yuki.
Era la mejor forma de aprovechar el verano antes de que empezara la temporada de los tifones, entrar entre los cerros, mirar la forma en la que el verano nutría a la naturaleza y la tintaba tanto de verde como de cualquier otro color. Había algo entre todo eso, un significado que se sobreponía al materialismo de las ciudades, que incluso en los veranos era fría en sus grisáceas paredes de concreto.
Para Miki y para Piko, ambos pertenecientes a una clase de ateo alejado de toda clase de verdadero valor en la religión, fuera por razones sociales, históricas o familiares, sentían la conexión de sus seres con todo lo que les rodeaba al ir por aquellos lugares. Pero para Len, un ser que se había llenado de sufrir y de duda, su mirada se posó en Yuki, y pudo distinguir en ella una indiferencia pálida, incluso cuando veían los amaneceres o los atardeceres, como si aquella maravilla de la naturaleza no contuviera en si misma el significado, sino únicamente la palabra, que era estéril en la mente de alguien con una mente que se atacaba a si misma con millares de dudas.
No fue sinó hasta el tercer día, que algo pasó. Piko se lastimó la pierna bajando una escalera en la noche, y tuvo que quedarse en el hotel mientras Miki lo cuidaba. Len y Yuki podrían haberse quedado con él, pero ese era el único día en el que Yuki podría ver el lugar que quería, que era la causa principal de su viaje.
-No se preocupen, iremos los dos juntos, yo la cuidaré -se ofreció Len en lo que Yuki aun dudaba si es que podría caminar con él.
-Suena a una buena idea -dijo Miki, quien aun masajeaba el pie de su novio-. ¿Qué dices? -le preguntó a Yuki.
-Yo… me parece bien… -dijo ella con una sonrisa-. Vamos, Len.
Y con esas solas palabras, comenzaron a planear la salida. Aun cuando era de mañana, ambos salieron a caminar a través del monte, subiendo por fuera del camino, cruzando por cercas viejas en donde los pastos se habían descuidado, hasta que alcanzaron finalmente una pequeña bahía o cuenca, en donde un pueblo de unas cincuenta casas se desperdigaba a través de la zona, pero incluso desde la altura desde la que estaban, se veía como el poblado estaba abandonado.
-Vaya… es muy… interesante este lugar -dijo Len, inseguro de si es que sería buena idea hacer exploración urbana en aquel lugar.
-Vamos… -le dijo Yuki, ofreciéndole la mano para que pudiera bajar la colina en la que estaban-. Este pueblo… solía visitarlo cuando era una bebé -dijo ella, omitiendo nombrar a su hermano.
-¿En serio? -preguntó Len, andando detrás de ella, escuchando cada una de sus palabras.
-No recuerdo muy bien el nombre, pero la historia de este lugar cuenta que un grupo de misioneros que viajaban a las islas polinesias tuvo problemas con un tifón que arrastró a su navío hasta esta misma orilla. De los pocos sobrevivientes, unos cuantos de ellos fueron atendidos por los nativos… -empezó a contar.
-Increíble… -dijo Len-. Todas las cosas que han pasado por aquí… todas las historias y lo que ha ocurrido.
-No hay mucho que contar de esa historia, fue durante el periodo Edo… ya sabes, en esos tiempos en los que se ejecutaban a muchos prisioneros… pero de alguna manera, los pobladores de este pueblo los escondieron, fingiendo ante las autoridades del shougun que todos habían muerto, y de los misioneros que sobrevivieron, solo siete de ellos, se quedaron escondidos en este pueblo, hasta el final de sus días -explicó con tranquilidad.
-¿Tu familia proviene de aquí? -preguntó Len en lo que miraba a la lejanía, un templo se levantaba al final de la calle principal.
-No realmente… mi bisabuelo llegó aquí luego de la segunda guerra mundial, fue cuando se convirtió al catolicismo, cuando esa historia pudo salir a la luz luego de trecientos años de haber sido ocultada.
-Es cierto… tu eres… católica… -dijo Len-. Pensaba que ese era Kiyoteru.
-Si, él fue criado por un sacerdote católico que lo adoptó, pero fue gracias a eso que lo conocí, y de allí entré a vocaloid y… todo lo demás ya lo conoces…
-Increíble -dijo Len con una sonrisa-. ¿Y tienes familia aquí? O… mejor dicho, ¿Tenías familia aquí?
-Mis abuelos, por parte de mi padre… ambos fallecieron en 2011 junto con otras cien personas, desde ese entonces el lugar quedó abandonado -sonrió para Len al decir aquello.
Finalmente, Len comenzó a entender el propósito del viaje de Yuki. Decidió guardar silencio al acercarse al pueblo, y recorrieron las calles solitarias, antiguas, algunas de ellas en un intento de modernizarse, con una escuela pequeña que seguramente habría quedado sola desde antes de haber ocurrido el terremoto. Pero Yuki no le dejó ir en silencio.
-Supe que… tu y los demás sufrieron por el terremoto, ¿No? -dijo viendo a Len-. Miki y yo estuvimos en un lugar muy seguro cuando eso pasó, aunque recibimos gente asustada, no nos tocó experimentarlo de primera mano -relató.
-Bueno, tuvieron suerte… la verdad mi historia es un poco tonta, estábamos en una ciudad costera, y mientras que Miku y Rin se quedaron en el hotel, el Master había perdido una apuesta contra Kaito, y salieron a comprar helado, se me ocurrió ir con ellos… -dijo lamentándose un poco-. Nos tomó una hora llegar hasta el lugar y para cuando quisimos volver, con el terremoto, el pánico, y demás cosas… bueno, el agua terminó arrastrándonos a todos en el auto
-¡Vaya! No sabía que había pasado eso… las noticias solo hablaron de Miku … -dijo algo conmocionada.
-Fue lo que quisimos mostrar, teníamos que mostrarnos fuertes, pero la verdad, estuvimos a punto de morir… -dijo Len con la misma pena de antes-. Kaito entró en pánico, yo no sabía que hacer… pero el Master, parecía estar más preparado, rompió la ventana, me ayudó a salir, e incluso arrastró a Kaito contra la corriente con tal de salvarlo…
-No sabía… que los había salvado -admitió Yuki.
-Fue una locura… resultó que el Master era un militar… ni siquiera se asustó un solo momento, aunque Kaito y yo estábamos alterados y asustados, creo que su expresión estoica nos mantuvo con los pies sobre la tierra -dijo con honestidad-. Salvó a más gente, al menos a unas quince personas… otras cuantas no pudieron salvarse, pero podría decir que le debo la vida.
-¿Por eso… te molestó cuando Rin causó que lo despidieran? -dijo Len.
-No tanto por eso… sabía que él iba a estar bien… fueron más cosas -terminó de decir el Kagamine, sin añadir demasiado.
Silenciaron la conversación al acercarse a la iglesia, en donde Yuki miró por las ventanas. Las puertas estaban cerradas, pero el interior estaba intacto, llegando a ver como una de las reliquias seguía en el altar en donde mismo, al lado del santísimo.
El viaje no daba para mucho, probablemente les habría costado volver, pero habrían alcanzado aun a regresar al hotel con la luz del día. Pero la lluvia se precipitó rápidamente contra ellos, no cono un tifón, pero lo suficiente para que el chubasco fuera peligroso.
Por suerte, Yuki recordó en donde estaba el refugio, un sitio aun con las puertas abiertas, muy pequeño para la antigua población del lugar, apenas para una quincena de personas. Len revisó el sitio antes de entrar junto con Yuki, y ambos se sentaron en el suelo, entre provisiones echadas a perder y demás cosas. Aun tenían su propia tienda de dormir, y sus sacos para cada uno. Solo les quedaba esperar… Pero entre todas las coas que podrían haber hecho, ambos se sentaron a ver la lluvia.
-Es muy hermoso… aunque también aterrador -dijo Len mirando el mar y sus movimientos desde los cuales parecía que algo quería levantarse, algo de un tamaño mayor al de toda la ciudad, o incluso los cerros mismos.
-Si, mucho, creo que la palabra es ominoso… -dijo Yuki.
-No, creo que sería sublime, es algo que te causa un sentimiento que te quita el aliento, pero que no es del todo hermoso -dijo con cierto conocimiento.
-Creo que si, me daría mucho miedo estar en mitad del mar… -dijo Yuki temblando un poco-. Pero no deja de ser muy hermoso.
Era la primera vez que Yuki expresaba algo como eso.
-Si, es muy hermoso… me hace sentir que está lleno de colinas, similares a las que acabamos de pasar -dijo con ilusión-. Todo esto me parece tan bonito…
-Lo sé, es muy hermoso -concordó Yuki.
Fue entonces cuando Len quiso hacerle una pregunta que pensó que habría sido algo extraño de preguntar antes, pero que tenia la intención de conocer.
-Yuki… tu sabes lo que es el Shinto… -dijo de poco en poco-. Ya sabes, la religión como la que siguen Piko y Miki, en donde, de alguna manera todo está conectado y la naturaleza en si misma es la que contiene a los dioses…
-¿Me preguntas entonces en que creo yo? -dijo la menor con una risa.
-Si… porque sé que el mundo entero para ustedes… los creyentes del paraíso, es más como un accidente, algo corrompido, que le pertenece a Satanás… -dijo sin comprender demasiado bien de donde podía decir todo eso.
-Le pertenece… pero él no lo creó, sino que lo corrompió, como a nosotros los humanos, que fuimos creados pero tendemos a ser corrompidos por nuestro pecado, pues tendemos a desviarnos hacia el mal, es más cómodo -explicó con una coherencia que a Len le gustaba-. Y no nos gobierna a todos… los que creemos nos hemos alejado de eso.
-Vaya… suena algo que debería asustar a los que no son creyentes… -dijo Len con una expresión de ironía.
-Bueno, los que no creen ya han sido gobernados por él… que es otra manera de decir que son quienes siguen únicamente lo terrenal… lo mundano -dijo Yuki, tratando de cuidar sus palabras.
-¿Yo sería un mundano? -preguntó Len.
-No lo sé… dependería de lo que crees, si es que piensas que solo lo que importa es en este mundo y nada más -contestó ella.
-No es que piense eso, no quiero decir que yo sea materialista ni nada de eso -se defendió-. Pero todo lo que vimos… las montañas, las costas, hasta los mismos árboles… ¿Cómo no poder amar todo eso?
-No está mal amarlo… es cierto, es la creación de Dios, pero… no puedes amarlo demasiado, porque estas cosas no pueden corresponder a ese amor -contestó Yuki-. Solo mira…aquí habían muchas personas que creían que amaban el mar, y al final este acabó con sus vidas y con el legado de este pueblo.
-Eso es una cosa… creo que la idea de complacer Dioses de la naturaleza con nuestras acciones queda descartada -dijo Len avergonzado-. ¿Qué dice la biblia de eso? Puedo entender que las cosas malas ocurran entre las personas por la falta de empatía o de conciencia y por todas esas cosas del libre albedrío… ¿Pero que hay de la naturaleza?
-La naturaleza también está corrompida, por esto es ambivalente, es parte de nuestro trabajo cuidarnos de ella, y ayudar a los demás cuando sufren por esta… -contestó la menor.
-¿Y Dios no puede hacer nada por ello?
-¿Preguntas si sirve de algo rezar? -dijo Yuki.
Eran esos momentos de lucides mental, en donde la chica contestaba con claridad, como a un desafío, que le causaban a Len una impresión distinta en Yuki.
-A… algo así… -dijo Len acomodándose en su mismo lugar-. ¿Qué puedo decir? Tengo muchas dudas, y no creo que nadie más pueda responderme.
-Lo entiendo, aunque creo que ni siquiera yo sé muy bien lo que significa rezar -admitió con cierta pena-. Solo… puedo decir que Dios no es un genio mágico que cumple nuestros deseos, aunque creamos que sabemos lo que significa, su voluntad es algo que no podemos entender… por más que nos duela, solo somos humanos, no tenemos ningún control…
Terminó de hablar, al parecer había tocado una fibra sensible, pues sus ojos comenzaron a humedecerse. En su memoria estaban las horas y horas gastadas en rezar por una misma causa, pidiendo a Dios con todas sus fuerzas que su hermano pudiera vivir…
-Es… un misterio… -dijo Len, tratando de ser sensible.
-Uno no reza… o uno no cree porque piense que las cosas buenas le van a pasar, o porque las bendiciones llegarán en esta vida… -contestó limpiando un poco sus lágrimas-. Todo esto es por la esperanza de una vida después de la muerte… eso es lo que creemos, y no podemos creerlo si nos atamos a lo físico, o al amor por lo terrenal.
-Yuki… ¿Tú en que crees? -dijo ahora Len, queriendo averiguar eso.
-Yo quiero creer, porque de otra manera este mundo sería insoportable para mi… -contestó ella, dejando caer más lágrimas aun, abrazando sus propias piernas-. Suena absurdo… pero cualquier otra alternativa es absurda… buscar la trascendencia en este mundo, o la vida eterna aquí mismo me suenan… cosas tan egocéntricas… incluso algo como la exploración espacial me suena tan blando y sinsabor. Quizá solo hablo porque aun todo lo que hay en Dios es un misterio, y me atengo a que este sea mejor que lo que hay aquí.
-Quizá lo es… -contestó Len, sin saber que más decir.
-Len… tengo dos preguntas para ti… -dijo Yuki ahora.
-Puedes hacerme las que quieras, yo ya te hice muchas -bromeó Len.
-¿En que crees? -dijo ella acercándosele un poco a su amigo.
-Vaya… fue una pregunta fuerte… -dijo riéndose el muchacho-. No sabría contestarte de manera clara…
-¿Es otra forma de decir que no crees en nada? -intuyó la chica.
-Oh no… si hay una creencia, está por debajo de todo esto que siento, de todas las dudas… -dijo él aspirando un poco-. Al principio pensaba que hacer todo lo que hacemos, las costumbres, celebrar el año nuevo, rezar a los ancestros, ir a bodas en iglesias, era todo eso una religión… pero luego me encontré con la idea de aquello que va más allá de la vida, y aunque suene raro decirlo, creo que los cristianos pudieron ofrecerme la mejor explicación a todo eso… -añadió.
-Bueno, ha existido por dos mil años, mi madre dice que se ha hecho la fe más fuerte por ser la más atacada -opinó la Kaai.
-Si, es posible que si… y si te hago tantas preguntas es porque me siento aun intrigado por estos temas, quizá sea porque… Rin jamás creyó en nada, ella decía que la fuerza era la voluntad y demás cosas… quizá solo estoy en una etapa de rebeldía.
Se quedó callado unos instantes, y luego de eso, Yuki volvió a acercarse más a él.
-Dime… ¿Por qué me salvaste de Hime? -preguntó la menor mientras lo miraba a los ojos.
-¿De que hablas? -preguntó Len-. No iba a dejar que te lastimaran…
-Lo sé, pero no estabas obligado a interponerte frente a ella y a Mikoto por mi de esa manera -dijo ahora con más claridad-. Ya habías llamado a la policía, habría bastado con que filmaras con tu celular lo que pasaba, pero pusiste tu vida en riesgo… por mi…
-Sigo sin entender lo que preguntas… -dijo Len-. Estabas en problemas…
-Ya lo sé… pero no iba a morir, tu en cambio… habrías dejado tantas cosas detrás por mi culpa… porque se me ocurrió confiar en la persona equivocada… -expresó con el corazón lleno de congoja-. Pensé que ibas a morir…
-Yuki, escucha… creo que ambas preguntas tienen la misma respuesta -respondió Len acariciándole la cabeza-. Yo te vi en problemas, te vi apunto de sufrir de forma terrible, en ese momento entendí que podía actuar como si no fueras nada, dejar que te hicieran lo que quisieran y simplemente consolarme después con la idea de que hice lo indicado, lo que cualquiera habría hecho… o en lugar de eso, hacer lo que hice, pensar en ti como un ser humano, como alguien quien sufre y siente, y darme cuenta de que tu sufrimiento me importaba.
-¿Realmente lo pensaste? -dijo ella con lágrimas corriendo por sus mejillas-. Casi no nos conocíamos… creo que para ese entonces solo te había dado una manzana y ya…
-Aun así, incluso si no me hubieras dado nada, mi decisión no habría cambiado, porque lo hice por amor -contestó, aun sin verla a los ojos-. Suena raro que lo diga… porque no era amor en un sentido romántico, era un amor que sentiría por cualquier persona inocente, parecido a lo que sentiría si viera a Rin siendo lastimada, basado en la empatía, quizá era lástima, pero no pena, solo sé que quería verte a salvo…
Volteó a ver a Yuki, esta habría cubierto su cara con su capucha y ahora solo lloraba mirando al suelo.
-Lo entiendo… -dijo Yuki-. Siempre quise pensar que algo así existía… que las personas podrían ayudar a otras solo por empatía y apoyo mutuo.
-Ese mismo amor, Yuki… es lo que me dice que existe Dios, de una forma u otra, siento que es él quien me hizo actuar en ese momento, quien me dijo que tenía que cuidarte -contestó Len-. Cuando algo terrible pasa… ¿No es allí en donde está Dios? En la mano que te ayuda a levantarte... en las personas quienes perdonan y tienen misericordia… Puedo decir que creo en eso.
-Es algo muy hermoso… -dijo Yuki aun manteniéndose a su lado.
-Yuki… ¿Necesitas un abrazo? -dijo al verla aun llorando
Sin decir nada más, Yuki se aproximó a Len, colocando sus brazos alrededor de la chica, acariciando su cabello, mientras que ella pegaba su rostro al hombro del chico.
-Y después de todos estos años… me sigues ayudando… cuando me viste tan triste en el metro, no me dejaste irme hasta que me cubriste con un paraguas de la lluvia…
-Agradezco mucho haberte encontrado ese día, empecé a conocerte y me di cuenta de que eras una persona asombrosa -dijo Len con un cariño casi paternal-. ¿Qué puedo decir? Quería que estuvieras bien en ese tiempo, quiero que estes bien ahora… creo que sigue siendo ese mismo amor que antes -pronunció con voz tranquila.
Para Yuki aquellas palabras eran lo que más quería escuchar, calmaban su corazón como pocas otras veces había sentido en su vida, pero a la vez lo hacían latir con gusto. Había cierta ansiedad y fuerza que la quería empujar a la locura por la cercanía con Len, pero otra parte de ella quería disfrutar de ese amor carente de presión y de posesión.
-Siempre quise escuchar eso, Len… tu me has ayudado tanto -levantó un poco su mirada para ver al Kagamine-. Y te he visto tan perdido, si quise seguir hablándote, era porque también quería ayudarte -dijo mirándolo directamente a los ojos-. Puedo decir sin ninguna duda que te amo…
Ni siquiera ella sabía muy bien si esas palabras implicaban todo el amor y todo el cariño que ella quería expresar, o si hablaba a través de algo más, como lo era el amor romántico, pero se sintió tan ligera al poder decirlo.
-Yo también te amo -dijo Len con sinceridad, besando la frente de la chica-. Gracias, Yuki…
Ella se acercó a él y lo besó con tranquilidad en los labios, presionándolos un poco, apenas un par de segundos.
-Gracias a ti, Len… -le contestó Yuki.
El beso había sido bastante revelador, Len se quedó abrazado con ella. Era algo que jamás había esperado, pero para él, había sido el mejor beso que había recibido en su vida. No se atrevió a preguntar la razón de ese beso, solo decidió que decía más que las palabras simples. Abrazó más a Yuki, pegando su pecho al de ella.
Continuaron así durante mucho tiempo, quizá algunas horas, sintiendo como no hacía falta volver a ver a las afueras para observar el cielo oscurecer y la lluvia enfurecer hasta finalmente dejar un cielo nocturno puramente despejado, a excepción de las estrellas.
-Len… ¿Puedo dormir contigo? -preguntó nerviosa.
-Si… está bien…
Al siguiente día, cuando ambos pudieron comunicarse con Piko y con Miki, les dijeron la forma de verlos en el punto medio. No tuvieron que decirles nada cuando los encontraron a mitad del camino. Solo iban tomados de la mano, y para cuando Miki y Piko vieron que no se soltaban, o que se volvían a tomar cuando se subían a un vehículo, para ellos quedó claro lo que había pasado.
El viaje terminó, todos ellos volvieron a sus casas. Pero desde ese entonces, en lugar de verse los cuatro juntos, al menos un día a la semana, Len visitaba a Yuki en su casa, y eran los día más felices para ellos dos.
