CAPITULO EXTRA
Advertencia: esto...esto no es GoYuu. Así que si no te gusta ver a Itadori con otra persona...no lo leas, sino que te invito a ir al final del capítulo hacia mi otra nota xD
Para el resto, adelante :)
— Por...por favor…
Por quinta vez en el día, Geto Suguru volvió a resoplar bruscamente, levantándose de su asiento y alejándose lo más posible de aquel lugar.
De un portazo y sin mediar palabra de por medio, huyó escaleras abajo hacia la farmacia en esos momentos cerrada, perteneciente a su familia. Cuando el aire viciado del piso superior pareció despejarse con cada escalón que descendía, Suguru sentía fuertes deseos de golpear a Satoru pero más de golpearse a sí mismo.
La cabeza contra la pared, preferentemente. En una de esas quizás se desmayaba y todo aquello transcurría sin problema alguno.
¿Sin problema alguno? Él mismo se había metido en aquello, él solito. Resoplando de nuevo, despeinó sus cabellos sujetados en un rodete improvisado y notó que estaba sudando. En la seguridad de la soledad, farfulló uno, dos insultos al aire mientras comenzaba a caminar en círculos.
¿Qué había hecho? Pues bien, había intentado ayudar a su mejor amigo con un problema que no era precisamente suyo. Se había querido hacer el héroe, el mártir que todo lo resistía para que el otro idiota luego no se sintiera tan culpable por actos que parecía no poder controlar.
¿Y él sí iba a poder hacerlo? Suguru tenía resistencia, y mucha. No sólo tenía paciencia, sino también un alto nivel de aguante que parecía impropio de los Alfas, tal vez porque en su vida nunca había tenido el pensamiento fijo de follar a todo lo que se le cruzase en el camino…¿pero eso era suficiente para protegerlo de la intensidad hormonal de un Omega en celo?
La respuesta era no, claramente.
Una cosa había sido descender el sótano de mierda de la casa de Satoru y estar allí algunos minutos intentando contener la respiración cada tanto...y otra muy diferente era tener horas enteras a un Omega en pleno celo natural encerrado en un cuarto de un recinto que tampoco se animaba a abandonar. Suguru se había cerciorado en reiteradas oportunidades que ninguna filtración de aire permitiera que otro Alfa supiera de la presencia de Yuuji allí, pero aquello había sido sólo una trampa mortal para sí mismo, el ambiente viciado e infestado de las feromonas del Omega.
Ansioso y con los nervios de punta, aceleró el paso esquivando los muebles mientras seguía caminando en círculos. Aquello también empeoraba la situación porque vergonzosamente sus pantalones presionaban ya demasiado su entrepierna miserablemente despierta y necesitada en esos momentos, por qué…
Un gemido particularmente intenso y angustiante surgió del piso superior. Luego, un sollozo. Después, el silencio.
La excitación y la obnubilación mental que las hormonas le provocaban se mezcló con la preocupación y la pena que sentía por Yuuji. No le había mentido a Satoru cuando le había aclarado que administrarle otra bomba hormonal que contrarrestara su celo como la vez anterior podía traerle consecuencias, pero…¿qué era peor, que llorara por el dolor de una necesidad no resuelta o que pudiese quedar infértil?
Sinceramente no sabía cuál de las dos posibilidades era más nefasta. Probablemente la segunda porque era a largo plazo y permanente, y quizás ese era el pensamiento que lo detenía de dársela en ese mismo instante.
Miró el reloj de pared por enésima vez. Las dos de la tarde. Si bien las manecillas del tiempo no se movían lo suficientemente rápido como le hubiese gustado…¿cómo carajo había aguantado ya tantas horas? Si había llegado hasta esa instancia, ¿cuánto tiempo más su mente resistiría sin colapsar?
Porque no sólo era su cuerpo el que sudaba y su entrepierna la que dolía, sino que su mente ya deliraba. Poco a poco y con el paso de las horas, Suguru había experimentado cada vez con mayor fuerza y frecuencia pensamientos intrusivos de tal magnitud indecorosa que en un principio los había eliminado rápidamente...pero ahora ni siquiera le quedaban fuerzas para evitar que crecieran y se volvieran más complejos volviéndose un círculo vicioso entre su mente y su cuerpo que en cualquier momento iban a lograr que su voluntad se derrumbara.
Cuando los minutos pasaron, otro problema que ya había notado con anterioridad comenzó a presentarse nuevamente; cuando transcurría cierto período de tiempo sin que Suguru saturara su organismo con las feromonas de Yuuji, éste se despejaba y en vez de aliviarse parecía obtener el efecto totalmente contrario. Otra vez, la ansiedad e incluso cierto nivel de desesperación se apoderó de su cerebro cuando el aroma de Yuuji se sintió demasiado suave en el aire, demasiado distante.
Necesitaba con urgencia olfatearlo de nuevo, atiborrarse de su olor.
Y claro, antes de que pudiese controlar sus piernas, Suguru ya había subido otra vez las escaleras. Al poner un pie en el primer piso de aquel lugar, maldijo una y otra vez por no ser tan fuerte como creía, por caer de esa manera tan miserable a un aspecto de su vida a la cual nunca le había prestado demasiada atención. Sin embargo, parte del auto desprecio y culpa que sentía se disiparon cuando el aroma potente y dulce ingresó por su nariz hacia su garganta, sus pulmones, un suspiro placentero y aliviado surgiendo de su boca sin que pudiese evitarlo.
¿Por qué Satoru se resistía a aquello...si olía tan bien…? Entendía sus debates morales y la culpa que le embargaba, pero…
Tragó saliva apoyando la espalda contra la pared contraria a la puerta que conducía al cuarto donde se encontraba Yuuji. Desgraciadamente había tenido que maniatarlo, no porque temía una posible fuga sino porque literalmente había querido lanzarse sobre él más veces de las que Suguru hubiese sido capaz de soportar sino hubiese emprendido la huída. Ahora, con los ojos cerrados y disfrutando de sus feromonas, sus oídos habían tomado el control de sus sentidos y la respiración agitada entremezclada con algunos gemidos le llegó fuerte y claro pese a la distancia que lo separaba del Omega.
Y dio un paso al frente.
Suguru jadeó y retrocedió, golpeándose la cabeza contra la pared. El golpe no lo había desmayado pero sí lo había despertado parcialmente. Ese movimiento, ese paso que había dado hacia el cuarto donde se encontraba Yuuji había sido totalmente inconsciente, instintivo. Dio un paso al costado para descender las escaleras de nuevo aunque aquello también era perjudicial, pero al menos…
Un sonido extraño y un tanto siniestro provino del cuarto; Suguru frunció el ceño al no reconocer de que se trataba hasta que comprendió que había sido el de un mueble corriéndose y chirriando contra el piso. Luego, el golpe sólido de algún objeto cayendo y haciéndose añicos lo hizo caminar en dirección hacia la puerta sin pensarlo, reteniendo la respiración.
Al abrir la puerta se percató del caos que allí había en los pocos minutos en los que se había ausentado; Yuuji se las había ingeniado para desarmar la cama donde se encontraba atado, lanzar los edredones al suelo y ahora, mover la mesita de noche y destruir el velador junto con un par de objetos más desparramados en el suelo.
Y ni hablar de Yuuji, el más destruido de todos allí dentro.
Se había volteado sobre la cama tantas veces que las ataduras de sus muñecas se habían entrecruzado y sus brazos ya no se movían con la misma libertad de antes; alarmado, Suguru notó que el movimiento que había lanzado el velador a la mierda había sido un intento desesperado de Yuuji por aliviar sus muñecas estranguladas por la soga, su cuerpo tembloroso y tan sudado como el suyo.
Por supuesto, Yuuji estaba ido pero no tanto; al oír el sonido de la puerta abriéndose, sus ojos brillosos se posaron sobre su figura de pie en el umbral, su respiración agitada y el llanto a flor de piel. De repente, sus intentos por desatarse se detuvieron cuando lo vio...quizás pensando que había ido al fin a ayudarlo.
Chasqueando la lengua y maldiciéndose, Suguru se acercó a la cama y se subió a ella alcanzando las manos de Yuuji; con espanto se dio cuenta que si quería alivianar la presión que aquella porquería ejercía contra la piel del Omega...tendría que darlo vuelta un mínimo de 10 veces sobre la cama o desatarlo. Al intentar jalar de la soga para comprobar cuánta presión ejercía contra la piel ajena, los dedos de Yuuji alcanzaron a acariciar el dorso de su mano...y había sido un contacto tan efímero pero extraordinario que una corriente eléctrica atravesó el cuerpo de Suguru a una velocidad inaudita...y con una potencia también sorprendente.
— Suguru...por favor...me duele…
La coordinación de su cuerpo sobre el colchón comenzaba a fallar, su mente nublándose incluso sin respirar sólo al estar oyendo el tono indecente y urgente con el que Yuuji lo llamaba. Sabía que aquello era debido a la desesperación que las hormonas le provocaban, pero aún así…el torso de Yuuji se arqueó hacia un costado intentando hacer contacto con el Alfa mientras éste seguía luchando con la soga esquivándolo estoicamente hasta que el Omega cambió de táctica, quizás para perdición de los dos. Una pierna rozó la espalda de Suguru y casi lo hace caer hacia delante, sobre Yuuji.
Y fue en ese momento en el que su cerebro gritó por aire, su cuerpo queriendo propulsarse solo hacia delante.
Trastabillando y casi cayendo, se incorporó de la cama y retrocedió hasta la puerta repitiendo el proceso de hacia un rato; cerrando bruscamente, apoyó la espalda contra la madera respirando grandes bocanadas de aire, el oxígeno entremezclándose con las hormonas.
Y de repente, la ira lo embargó.
¿Por qué él tenía que sufrir aquello? Porque había sido su culpa, él mismo se había ofrecido para cuidar a Yuuji durante su celo...pero también era responsabilidad de Satoru desligarse de la responsabilidad totalmente. Claro, para ese hijo de puta había sido fácil pedirle que se hiciese cargo del problema, total y cuando volviese a llamarlo las cosas ya se habrían calmado y…
Satoru tenía la culpa, no él. Desprendiéndose de la responsabilidad que significaba un Omega en celo, se lo había dejado en bandeja de plata a Suguru sin siquiera sospechar que su mejor amigo también era humano y que las emociones, los sentimientos y las hormonas lo afectaban tanto como a él.
O ni siquiera le había importado, en realidad.
Pues bueno, ahora sí le iba a importar.
Con una resolución delirante que muy probablemente era provocada por las hormonas, Suguru abrió la puerta nuevamente; otra vez, Yuuji lo observó atentamente con aquella urgencia enfebrecida que rápidamente viró a la sorpresa cuando el Alfa se aproximó a él, sus manos forcejeando con la soga a la cual finalmente tuvo que jalar y romper haciendo temblar el dosel de la cama; jadeando quizás sin esperarlo, Yuuji no perdió el tiempo y apresó a Suguru rápidamente, sus brazos y piernas rodeando su cuerpo.
Las manos y los labios no alcanzaban, para nada; ahora que se había permitido ser libre de aquella resistencia inútil, Suguru se deleitaba con lo suave y deliciosa que era la piel del Omega, su boca besando y lamiendo la piel que tenía a su alcance mientras las manos de Yuuji luchaban contra su ropa en un intento por desprenderlo de ella; más rápido de lo que se creía capaz, Suguru logró desvestir a Yuuji por completo, sus piernas separándose lascivamente al tiempo que sus ojos se nublaban al ver lo húmedo que Yuuji estaba en aquella zona.
Completamente en ello, el Alfa volteó a Yuuji sobre el colchón, su trasero elevándose junto con sus caderas en una clara y desvergonzada entrega, sus manos aferrándose a las sábanas que habían sobrevivido sobre la cama. Con torpeza y ansiedad, Suguru logró deshacerse de la hebilla del cinturón, de la cremallera de sus pantalones jalando todas las prendas con violencia, liberando finalmente una erección bastante dolorida ya para esos momentos.
Suguru sabía que una preparación previa no era necesaria en un Omega en celo, pero saberlo era una cosa y experimentarlo era otra totalmente diferente; con cautela, había presionado su miembro contra la entrada húmeda y caliente y sin demasiado esfuerzo había logrado penetrarlo lentamente. Los gemidos de aprobación no se hicieron esperar y con ellos, la primera embestida que casi lo hizo acabar allí mismo.
¿Cómo aquello podía sentirse así de bien? Separó las piernas de Yuuji un poco más con sus rodillas y comenzó a embestirlo de manera rápida, dura, el temor a lastimarlo alejándose de su mente al oír el placer que Yuuji estaba experimentando, al igual que él. Tomando sus caderas con fuerza, lo penetró lo más profundamente que pudo, que el cuerpo le permitió mientras el Omega se aferraba a las sábanas, al colchón, a lo que pudiese, el movimiento de vaivén deslizándolo sobre la cama mientras sus gritos quedaban ahogados contra la superficie lisa de la tela. El Alfa aferró con fuerza sus cabellos obligándolo a arquear el torso otra vez, su boca ahora libre para gemir.
— Quiero oírte, no te contengas.
La voz de Suguru surgía en un gemido ronco, la de Yuuji en una especie de grito agudo y ahogado mientras su cuerpo temblaba producto de las embestidas. Cuando el Omega sollozó por el orgasmo y su cuerpo se desplomó hacia delante, Suguru tuvo un momento de duda antes de acabar en su interior, maldiciendo cuando no pudo separarse del otro, el nudo formado y firme en su sitio.
Resoplando, sus piernas terminaron desplomándose en la cama, sus manos acariciando la espalda y los glúteos de Yuuji en forma suave, contenida. Finalmente, el Omega siguió su movimiento y quedó sentado sobre él, su torso recostado sobre la cama, flácido y relajado.
— Se siente bien.— susurró Yuuji y a Suguru le costó entenderle porque seguía con el rostro parcialmente aplastado contra el colchón.— Grande, pero bien.
¿Qué acababa de hacer? Dios, no podía ser tan estúpido...no sólo había traicionado la confianza de Satoru sino que para colmo había acabado en el interior de un Omega en celo sin protección alguna de por medio. Al menos, Yuuji parecía más tranquilo, el dolor yéndose lejos de su cuerpo…
Al cabo de unos minutos, el nudo se aflojó y Suguru no dudó en separarse de Yuuji; cuando hizo el amago de levantarse, el Omega volteó y la angustia que reflejaba su rostro le provocó incluso náuseas.
Temía que se fuera de nuevo.
— Escucha, no me iré. Bueno, sí, pero volveré pronto.— susurró contra su rostro cuando Yuuji ya estaba sobre él de nuevo, las grandes manos sosteniendo sus mejillas para que el otro intentara concentrarse en sus palabras.— Dame un minuto, voy a buscar algo.
— Volverás, ¿verdad?.— los labios de Yuuji buscaron los suyos ansias y Suguru fue incapaz de rechazarlo.
— Claro que sí. Ya no puedo soltarte. Aunque quiera...no puedo hacerlo.
Con esa promesa y siendo tan ingenuo como siempre, Yuuji le permitió incorporarse. Resoplando otra vez, Suguru se acomodó como pudo los pantalones y salió del cuarto, raudo escaleras abajo.
No quería pensar en lo que estaba haciendo apenas se puso a revolver entre los cajones del negocio de su familia, pero la cuestión era inevitable. Estaba buscando prolongar aquella situación que sabía estaba mal a muchos niveles pero que aún así, no le importaba en lo más mínimo. Por suerte, logró dar con los supresores más fuertes que conocía. Sabía que aquellas cosas podían funcionar como anticonceptivo, pero desconocía si hacían efecto incluso cuando ya…
Por si acaso, tomó también varios preservativos y con cierta aprensión se percató de que la cantidad que había agarrado era...poca.
Mientras maldecía de nuevo con todo el surtido en sus bolsillos y volvía a subir las escaleras, Suguru tuvo un mal presentimiento, la necesidad de marcar territorio sobre Yuuji volviéndose tan fuerte que iba a tener que contenerse ahora para no marcarlo.
En ese momento, el sentimiento de ira ya olvidado volvió y se transformó en ciega indignación. Satoru no sólo se había desprendido del problema, sino que…¿cómo había sido capaz de perderse aquello? Si tanto decía haberse enamorado de aquel muchacho, ¿por qué era él quien estaba entre sus piernas, en su interior, y no Satoru? Ahora, la idea de "devolvérselo" le parecía irrisoria, casi ridícula.
¿Por qué Yuuji iba a volver con un Alfa que no quería poseerlo…?
Se golpeó el rostro, maldiciendo de nuevo. Aquellos pensamientos intrusivos se volvían cada vez más fuertes y agresivos y a Suguru ya le estaba costando bastante trabajo contenerlos...y en ese momento se preguntó si realmente eran producto del celo de Yuuji, o eran sus propios pensamientos saliendo a la luz ahora que no tenía un freno real.
¿En qué problema gigantesco se había metido?
Ah...xD
Bueno, ahora ya saben qué fue lo que sucedió durante el celo de Yuuji junto a Suguru...ninguno de los dos dijo absolutamente nada y si bien Satoru sospecha...no hay peor ciego que el que no quiere ver :)
¡Muchas gracias por todo su apoyo! ¡Nos leemos!
