CAPITULO 29

NO SOMOS NADA

Leyendo los últimos informes, el hombre mayor hojeaba las páginas plácidamente sentado en la sala. Había sido un día largo y no había recibido la ayuda de quien esperaba le sucediera, de hecho, hacía mucho que no tenía idea de dónde demonios se encontraba o qué estaba haciendo con su vida. Aquello lo tenía sumamente irritado; por lo que, en cuanto lo viera le haría saber exactamente el peso de sus responsabilidades, y por supuesto, toda su furia.

Él seguía concentrado. No fue hasta que escuchó el seguro de la puerta principal abrirse, que dirigió su vista hacia aquel punto donde la figura que tanto esperaba apareció. Aventando los papeles en el sofá se puso de pie hasta quedar a unos pasos del sujeto frente a él.

¡PAFF!

La mano del viejo había viajado con rapidez hasta golpear con fuerza la mejilla de su hijo. Una mancha roja se hizo presente de inmediato en la pálida mejilla. —Hasta que se digna a volver el hijo pródigo – exclamo abriendo los brazos con tono irónico. —¿Dónde demonios estabas?, ¿por qué no contestabas los putos mensajes?, ¿haz olvidado tus responsabilidades?, ¿así luciendo como mierda piensas llevar el título de Oyabun del Clan Ayagi?

Chihiro sonrió de lado acariciando su mejilla. Esperaba tal recibimiento, después de todo había estado un mes sin comunicación. Miró a su padre sin interés alguno y haciendo gala de su lado sinvergüenza, pasó de él sin responder absolutamente nada. Limitándose a apoyar su mano izquierda en el hombro del viejo cuando caminó por un lado de él.

—Buenas noches, padre.

—¡Tú! ¡maldito malagradecido, desconsiderado!, ¡debería mandar a que te dieran una paliza! – el viejo Ayagi estaba hecho una furia, una totalmente visible por la manera en la que el color subía por su rostro y sus puños se apretaban hasta dejar blancos sus nudillos.

A nada estaba de tomarlo por los cabellos y arrastrarlo, cuando su mujer intervino llamando la atención del yakuza.

—¡Esposo!, ¡basta! Deja que entre y descanse. – Exclamó la mujer abrazando al alto. —Chihiro, nos tenías tan preocupados, me alegra tanto que hayas vuelto. Ve a tu habitación, toma un baño y enseguida haré que te lleven algo para cenar – pronunció la mujer con rostro afable.

Chihiro solo asintió. Besó la cabeza de su madrastra y siguió su camino bajo la vista de ambos sujetos.

—Mari, ¿por qué hiciste eso?, ¿sabes los problemas que me ha dado?, ¡lo necesitaba aquí!, apoyando a su familia, ¡haciéndose cargo del negocio que pronto heredará! – Gritó el viejo sorprendido por la acción de su mujer.

Esta, colocó las manos sobre su cintura en una muestra de desaprobación hacia sus gritos. — Se de eso perfectamente, sé que lo necesitas, pero… ¿acaso no ves que no está bien?, ¡míralo, míralo detenidamente! Está más delgado, luce triste y tiene unas ojeras terribles. Ha venido a casa después de mucho sin saber de él. Tiene su propio departamento, pero vino aquí, aquí con nosotros y ¿tú lo recibes con gritos? y ¿golpeándolo?, eres su padre, ¿cómo puedes tratarlo así?, ni siquiera sabes por lo que ha podido pasar. Chihiro no es alguien débil, es orgulloso y antes preferiría morirse que recurrir a nosotros y lo sabes, si está aquí es porque nos necesita. Habla con él – Exclamó con ojos llorosos. Cuadro que hizo que el yakuza se achicara y se lamentara un poco por la situación.

Él podía ser despiadado, pero Mari había llegado a su vida enseñándole lo que era ser humano. La amaba y odiaba verla triste. La mujer se había convertido por completo en la madre de Aren, el niño la adoraba, Ryo ni se diga, e incluso se había ganado el cariño del castaño; quien también la veía como su propia madre, aunque no lo dijera en voz alta. Era suficiente con ver el respeto con el que le hablaba y trataba para darse cuenta de cuánto la apreciaba.

El yakuza abrazó a su mujer meditando en las palabras que esta le había dicho. — Lo siento Mari, hablaré con él apropiadamente. – No era el padre del año, pero amaba a su hijos y aunque le costara decirlo, había estado extremadamente preocupado por su primogénito. —Por hoy, dejaré que descanse. - Agregó, observando cómo la mujer asentía.

Mientras tanto, ya en la habitación que había ocupado cuando era más chico, Chihiro intentaba quitarse la ropa para poder entrar en el baño y así remojar su adolorido cuerpo en agua caliente. Sin embargo, la acción era un tanto complicada, especialmente cuando sentía como si sus miembros fueran a desprenderse en cualquier momento.

—Ugh… - un quejido doloroso salió de su boca cuando se sentó en su cama. Mismo que fue escuchado por dos personitas que pasaban por ahí.

—¿Nii-san?

La voz conocida de su hermano pequeño le hizo mirar hacia la puerta. El niño estaba siendo cargado por Ryo y ambos asomaban la cabeza por el espacio que se había abierto. Los dos lo miraban con ojos sorprendidos, como si hubiesen visto a un fantasma. De inmediato Aren quiso correr hacia él, pero Ryo se lo impidió después de darle un vistazo rápido al Alfa.

—Aren, ¿podrías ir a la cama solo?, necesito hablar con nii-san un momento. – Pidió Ryo dedicándole una hermosa sonrisa al pequeño Alfa que se colgaba a él como koala bebé.

—No, quiero que Ryo nii-san venga conmigo – aseguró apretándose más al cuerpo del omega.

Ryo suspiró al tiempo que acariciaba la cabeza del niño. —Aren, estaré muy pronto contigo, sí. No tardaré, lo prometo.

Aren miró a sus hermanos mayores y no muy conforme con aquello, aflojó el agarre y con el ceño fruncido advirtió: —Si no vienes pronto, vendré por ti. – Dio un beso rápido en la mejilla del omega y miró a Chihiro — Nii-san, no puedes abrazar ni darle besitos a Ryo. – Sentenció moviendo su dedo índice de forma amenazante antes de salir.

—Lo que digas, garrapata – respondió Ayagi sabiendo que eso molestaría al niño, quien de inmediato cerró la puerta dando un portazo escandaloso.

Por un momento hubo un silencio incómodo, pero Ryo no se echaría hacia atrás y menos cuando el otro no lo había rechazado o corrido.

—¿Te duele mucho? – preguntó preocupado al tiempo que se acercaba al mayor.

—No necesito que me ayudes, mejor ve con Aren o me meterás en problemas con esa pequeña garrapata – pronunció encogiéndose de dolor cuando intentó levantarse.

—No me iré, te ves terrible. – Pasó la mano por los moretones y mordidas ahora visibles en el pecho, cuello y brazos del castaño. — Ni siquiera puedes ponerte de pie. Quédate aquí, llenaré la bañera.

Ryo se movía hábilmente preparando todo lo que necesitaría. Vaciando en la bañara esencias relajantes y curativas.

Pronto, volvió hacia Chihiro que permanecía inmóvil mirando algún punto en el vació, como si fuera capaz de verlo todo y a la vez nada. Reaccionando, solo cuando el menor lo levantó y comenzó a remover su pantalón.

—Puedo hacerlo yo mismo. – Indicó el alfa tratando de apartar al menor. Su voz sonaba cansada, pero firme.

—No, no puedes – aseguró Ryo concentrado en su labor. De pronto, un malestar terrible le vino al cuerpo. Si de la cintura hacia arriba era lamentable el estado del Alfa, la parte inferior era peor. Había restos de semen, moretones, mordidas, rasguños y demás marcas por toda su piel. Hilos de sangre escurrían de su entrada y el temblor en sus piernas indicaban el tremendo esfuerzo que hacía con el solo hecho de estar en pie. —Esto es horrible… - susurró llevando una de sus manos a su boca. Verlo le había provocado un nudo en el estómago al revivir sus propias heridas y vivencias.

—Solo vivo mi sexualidad libremente – aseguró Chihiro justificándose. Dándose aires de completo control de su vida, cuando era más que evidente que no lo tenía.

Ryo tragó saliva y con tono molesto agregó: —Hay un límite para todo, una cosa es disfrutar libremente tu sexualidad y otra muy diferente permitir que abusen de ti como si solo fueras un pedazo de carne. – Sus orbes ardían en furia. Miró al Alfa y este se estremeció cuando sus ojos se encontraron. — Sé perfectamente lo que es eso. Tú, eres genial, hermoso y un Alfa ¿por qué permites que te traten así? – exclamó más como un reclamo que como una pregunta en sí.

Chihiro lo miró con rostro compungido, avergonzado de la imagen de sí mismo que se reflejaba en las pupilas color avellana de su hermanastro. Apretó los dientes sintiendo un temblor en todo su cuerpo e incapaz de mantener la cabeza en alto por más tiempo.

Un par de lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas, intentó abrir la boca, pero solo unos sollozos entrecortados salieron de su garganta.

—Shh, shh, lo siento. No debí decir eso – rápidamente abrazó al Alfa sintiéndolo más frágil que nunca. —Tú, aunque no nos atara un vínculo de sangre, me recibiste como tu hermano, me escuchaste cuando la estaba pasando mal. Fuiste realmente bueno conmigo, así que yo también estaré para ti cuando quieras hablar. Escucharé todo lo que tengas que decir, lo prometo. – Aseguró cepillando los cabellos del mayor.

Chihiro se dejó consolar por el pequeño omega. Ya no tenía orgullo alguno y solo quería que alguien lo apapachara. Las palabras del chico lo hicieron sentir bien, pero a la vez triste, pues jamás podría decir en voz alta el concepto que tenía de sí mismo y por lo cual había llegado a esos extremos. —Porque soy un puto que no vale nada… - esas palabras nunca saldrían de su boca, porque de hacerlo, entonces sabría que estaba acabado.

Una hora después, el Alfa yacía profundamente dormido envuelto en suaves cobijas. Ryo lo había atendido como si fuera un niño pequeño y con cuidado había tratado sus heridas. Había notado la vergüenza en el otro, por lo que intentó restarle importancia al asunto. Tras unos minutos, Ayagi había roto el silencio y le platicó a grandes rasgos lo que le había pasado hace más de un mes. De cómo preparaba una sorpresa para Ramiro, de cuando despertó desorientado, desnudo, y cómo su novio lo había encontrado en una situación comprometedora y abandonado después de eso.

Aquello, sin duda, había sido demasiada información para digerir. Aunque en sus adentros, el menor agradeció que Chihiro pudiera contárselo, pues eso le decía que el Alfa confiaba en él, y dos, ahora tenía un punto del cual partir para ayudarlo.

En completo silencio, caminó hacia la puerta, dio un último vistazo a su nii-san, apagó la luz y cerró la puerta. Una vez fuera soltó un suspiro alargado, sorprendiéndose cuando no vio al pequeño Aren esperándolo, al parecer se había quedado dormido o bien, había leído el estado de ánimo de su hermano.

—Amo, traigo esta comida para Ayagi sama. – Dijo la mujer extendiendo la bandeja que había mandado preparar Mari.

—Gracias por traerlo Eri san, pero él ya se durmió. Estaba muy cansado. Por favor regréselo a la cocina. – Pidió el chico con su característica amabilidad.

La mujer mayor asintió, emprendiendo la retirada.

El omega caminó hasta su alcoba, aún pensando en lo que acababa de pasar. Soltó otro suspiro despeinando su cabello.

—¿Lo hago? o ¿no lo hago? – se preguntaba a cada segundo mordiendo sus uñas. No sabía si lo que iba a hacer era lo correcto, pero no tenía a nadie más a quien recurrir. Quería ayudar a Chihiro, pero no sabía cómo. Tomó su celular y marcó el número que se le había entregado hace unas semanas atrás. —Bueno, seguro él podrá ayudarlo mejor que yo, después de todo lo quiere… ¿no?... sino no lo estaría buscando tan desesperadamente, además… él también fue engañado, todo fue un malentendido. Necesitan aclarar las cosas, ¿cierto?

Se decía a sí mismo, hasta que una voz gruesa y madura respondió del otro lado. —Ah, Tanaka san… so-soy Ryo Ayagi, verá… Chihiro volvió a la casa.

La cafetería donde se habían citado estaba repleta de estudiantes que habían decidido pasar su fin de semana en compañía de amigos o su pareja. El olor de los granos tostados a primera hora de la mañana y los postres recién horneados se mezclaban deliciosamente en el ambiente abriendo el apetito de cualquiera que diera un paso adentro.

Todo en el lugar estaba hermosamente decorado con un estilo occidental llamativo, pero ni eso llamaba tanto la atención como el moreno que permanecía con la vista fija en la puerta. En su pie que zapateaba el suelo con ritmo constante, se podía notar la impaciencia, así como en los brazos cruzados y la manera en que mordía su labio insistentemente.

Varias personas se habían acercado a él en el tiempo que llevaba esperando con la intención de sentarse a su lado, y por qué no, conocerlo mejor. Sin embargo, todas y cada una de esas personas se habían ido tremendamente decepcionadas cuando el Beta los había ignoraba por completo. Por eso, en cuanto el pequeño omega cruzó el umbral y el moreno saltó de su silla para acudir a su encuentro y encaminarlo hasta su mesa, susurros y expresiones de inconformidad bañados en sorpresa no se hicieron esperar.

—Ryo, gracias por venir. ¿Deseas tomar algo? – habló Ramiro acomodándole la silla.

El omega lo miró sintiéndose un poco incómodo por toda la atención que habían atraído. Aun así, trató de ignorar las malas vibras. De esa manera podría poner sobre la mesa el tema que les urgía, además de comunicarle al otro lo que pensaba al respecto.

—A decir verdad, pensé que no llegarías – exclamó Ramiro soltando el aire que había estado reteniendo.

—Aún no sé si hice lo correcto en hablarte. Un té verde, por favor. - Pidió a la mesera que había ido de inmediato a atenderlos.

—Lo hiciste, hiciste lo correcto – dijo atragantándose con las palabras. —Yo amo a Chihiro y en serio necesito hablar con él. Anoche que me llamaste casi grito de alegría.

—Sí, bueno… - Ryo observó al Beta frente a él. Este lucía tan mal como su nii-san y su expresión lamentable acrecentaba el sentimiento de tristeza y desesperación que exudaba. La situación que vivieron les había caído de lo peor a ambos, pasándoles factura tanto en lo físico, como en lo emocional. Aunque, quien parecía se había llevado la peor parte era Ayagi. Quien necesitaba parar con el estilo de vida autodestructivo que estaba llevando.

El omega respiró profundo y dio un trago al té que le habían traído. Ramiro lo esperaba expectante, en su cara se veía que tenía un montón de preguntas, pero seguramente la vergüenza y falta de confianza no le permitía hacerlas.

Ryo colocó la taza sobre la mesa jugando con la oreja. —Tanaka san, anoche mi hermano llegó realmente mal – Ramiro pudo sentir cómo su corazón se encogía con esas palabras. — Teníamos mucho sin saber de él, todos estábamos preocupados. Tuve que ayudarlo a ducharse y… - tragó saliva dudando si decir o no algo tan privado de Chihiro — él… estaba muy lastimado físicamente. Al parecer se acuesta con cualquiera y deja que le hagan de todo… - agregó muy apenado sintiendo que traicionaba a su hermano, pero si ya había abierto la boca para ayudar a estos dos a encontrarse y arreglar sus asuntos, tenía que decir cuánto sabía para que el moreno supiera a qué atenerse cuando volviera a verlo.

En un instante Ramiro pasó de su hermoso color canela a uno pálido. No pensó que su corazón pudiera doler más, pero así era y se sentía una completa mierda. Podía intuir perfectamente el por qué su amada persona actuaba así y todo se resumía a: por culpa de sus terribles palabras.

—Ayer, él se veía realmente en su límite y me dijo todo. ¡Él no te traicionó! – gritó golpeando la mesa llamando la atención de los demás. Estaba molesto por cómo se habían dado las cosas y cómo de lastimado estaba su hermano.

—Lo sé, yo sé que él no hizo nada. Todo fue mi culpa, debí escucharlo, protegerlo, confiar en él. Yo le fallé, le fallé por completo y no sabes cuánto me duele. Me duele chingos, pero es que soy un pendejo impulsivo sin cerebro – se recriminó ocultando su rostro tras sus manos.

—Me contó que aquél día se había citado con un arquitecto porque quería remodelar un bar que le estaban ofreciendo, pero no era un proyecto para él. – dijo mirando al moreno — Chihiro quería que tú lo manejaras, que fueras tu propio jefe, que tuvieras ese dinero invertido y así no te vieras de nuevo involucrado con la Yakuza. Después de hablar con el arquitecto fue al bar, el dueño le mostró todo y bebió unos tragos. Entonces despertó sin saber dónde estaba. Me dijo que discutieron, pero que no pudo ser capaz de defenderse de tus palabras porque no recordaba nada…

Para Ramiro, tal revelación había sido como un balde de agua fría. Ahora los hilos terminaban de conectarse y era consciente del por qué el Alfa había estado actuando tan sospechosamente días antes y por qué se había negado en acompañarlo a la fiesta de Takato. Nuevamente, el castaño había estado velando por él, por su futuro, por su comodidad; pero él, como idiota, no había podido ver más allá de sus narices.

—Yo no sabía nada de eso. Solo supe por Hasegawa san quienes lo habían entrampado, sus patéticos motivos y créeme que los hice pagar. – Bramó recordando la paliza que les dio. —No sabía que él me preparaba una sorpresa así… – Apretó el puño con fuerza sintiendo el dolor en sus articulaciones. —¿Cómo pude pensar siquiera que Chihiro me engañaría? – susurró recriminándose por enésima vez su estupidez.

El pecho de Ryo subía y bajaba por su acelerada respiración. — Si te sirve de consuelo, pues… todo era realmente incriminatorio. Pero, igual me siento enojado contigo, por darle la espalda. - Ramiro agachó la cabeza avergonzado. — Sé que no debo meterme, pero fuiste hasta la casa, lo estuviste buscando… así que creo puedo confiar en tus palabras y hechos. Dices que lo amas, entonces ¡arregla lo que rompiste! Justo ahora, Chihiro no tiene autoestima, se odia y no es capaz de levantarse solo. – exigió Ryo con lágrimas en sus ojos. —Esfuérzate, discúlpate con él y más te vale que lo hagas feliz, si es que logras obtener su perdón.

Ramiro limpió con su manos las lágrimas traicioneras que se escapaban de sus ojos. — Me esforzaré, lo haré. Gracias Ryo kun, por darme tu voto de confianza. Daré lo mejor de mí.

—Yo solo quiero que él esté bien y si el haber hablado contigo ayudará a la causa, entonces que así sea. Ahora mismo no lo busques, cuando me vine para acá él seguía dormido. No creo vaya a salir más. No está en condiciones para hacerlo. – Aseguró con tono entristecido.

—No puedo esperar más, necesito verlo – suplicó con el alma en un hilo.

—No, ya te dije… al menos espera hasta la noche. Déjalo descansar.

—Agh… me pides demasiado… - habló impaciente.

—Sí, pero esperar también es parte de tu expiación. – Arremetió Ryo poniéndose de pie. —Te llamaré en cuanto considere que puedes ir a la casa. Hasta luego, Tanaka san.

—Repite eso por favor… - pidió Takato al ver lo acelerado que se encontraba Ramiro mientras mezclaba los ingredientes que Haru iba agregando al tazón para hacer un pastel de chocolate.

—Iré a encontrarme con Chihiro en la mansión del Clan Ayagi. Nadie sabía dónde estaba, también lo estaban buscando, pero justo ayer, él… solo volvió.

—Increíble. Justo cuando estás al borde de la desesperación, aparece.

Ramiro asintió. — Esta vez no pienso echarlo a perder. ¡No puedo! – Aseguró caminando de un lado a otro de la sala.

—No, no puedes. – Secundó la moción, mirando cómo su hija se peleaba con la caja de harina para vaciar hasta la última partícula de esta.

—Mami ya terminé de vaciar todo.

—Oh, ¡eso es maravilloso! – dijo el azabache visiblemente emocionado.

—¿Tío Ayagi vendrá a visitarnos mami?, podemos darle pastel – dijo la nena aprovechando el momento de descuido para robar un poco de la mezcla.

—Haru, no comas la masa. - Reprendió sonriente —Tío Ayagi no vendrá… al menos no por el momento. – Contestó alejando el tazón de su hija.

—Fui realmente duro con él. Me porté como un imbécil, le dije cosas horribles… estaba tan enojado y dolido. Si pudiera viajar al pasado jamás me habría comportado así. Mi corazón no puede latir si no está él conmigo. Incluso antes de saber cómo habían sido realmente las cosas, sentía que moría por no estar a su lado. ¿y si ya no quiere verme? – preguntó mortificado a punto de hiperventilarse.

Takato se quitó el mandil y caminó hacia el Beta. Tomándolo por sorpresa cuando pasó sus brazos alrededor de la cintura del moreno. — Bueno, ahora tienes esta nueva oportunidad de arreglar las cosas. Solo se sincero con él, da lo mejor de ti. Estoy seguro de que si ve que eres honesto con él, al menos te dará la oportunidad de disculparte apropiadamente. Ser traicionado, dejado de lado e insultado, son cosas que duelen mucho. Y más cuando quien te las dice es la persona que amas. Por eso, esfuérzate y también ve preparado por si no recibes la respuesta que quisieras. – Habló Takato sobando la espalda del moreno, quien al sentir sus delgados brazos lo atrajo hacia sí besando la coronilla de su cabeza.

—Gracias, gracias por todo. Creo que mi corazón no podría si él me rechaza, pero… tendré que vivir con ello si es así. Al final solo sería la consecuencia lógica de mis malas acciones y decisiones.

— Ya, pero que no dicen que "la esperanza es lo último que muere", ánimo, Ramiro. Haru y yo te estaremos esperando con pastel de chocolate para que nos cuentes cómo te fue.

—Ojalá su situación pudiera arreglarse también. – Pronunció Ramiro sabiendo que jugaba con fuego, cosa que fue más notoria cuando el cuerpo del omega se tensó.

—E-eso, es diferente. Así viniera a disculparse, todo lo que hizo fue con alevosía y ventaja. No me siento capaz de perdonarlo, no puedo… - pronunció apretando sus dientes, hundiendo su rostro en el amplio pecho del mayor.

—Lo siento, siempre la ando cagando con esta bocota que me cargo. Tenga por seguro que el día que se digne a aparecer, primero le parto su madre y luego ya lo dejo hablar.

—Ja, dudo que lo haga. No significamos nada para él – aseguró sintiendo puñaladas en su corazón.

— No diga eso, usted y Haru son inevitablemente entrañables, es imposible no sentir nada… ¡uuoh!

Ambos se tambalearon cuando Haru se integró al abrazo.

—Ramiro no estés triste, mami tú tampoco. Los quiero mucho. – Dijo intentando escalar por la cintura del alto.

—Aaah, ¡mi patroncita hermosa!, ¡yo la amo! – pronunció cargando a la nena y llenándola de besitos. —Hoy veré a su tío y su servidor hará todo lo que pueda para traerlo de nuevo con nosotros, ya lo verá.

Un brillo decidido resplandecía en sus ojos, pero detrás de ellos, la incertidumbre y miedo peleaban por salir a la vista de todos.

—¡¿Que no está?!, pero tú me dijiste que me avisarías cuando pudiera hablar con él. – Reclamó exaltado estirando sus cabellos.

Había acudido al llamado de Ryo en tiempo récord: emocionado, ansioso y con las tripas hechas nudo. Solo para que al final este le dijera que su Chihiro no estaba, que no se había dado cuenta cuando este abandonó la casa.

Ahora, muerto de desesperación se paseaba por el jardín de la casa sacando humo en cada uno de sus pesados pasos dirigidos a la nada.

—En serio lo siento Tanaka san… - los colores le subían por el rostro, totalmente apenado. Él era el que había insistido en que esperara y ahora todo se volvía a ir a la mierda, pues no tenían la certeza de que el Alfa volviera a casa de nuevo.

—Nii-san… ¿por qué estás afuera?

Aren caminaba hacia el omega para finalmente colgársele del cuello.

—Aren, ahora no puedo jugar contigo. Necesitamos encontrar a Chihiro.

—Y… ¿Por qué no checan el GPS del carro?, se llevó el deportivo color azul. Yo lo vi.

Ambos hombres miraron al chico como si de una entidad divina se tratara y de inmediato entraron a la casa para buscar su ubicación.

—¡AREN!, ¡ERES UN GENIO! – exclamó Ryo besando las mejillas del menor, sin percatarse del intenso color cereza que bañó el hermoso rostro.

Media hora después, Ramiro manejaba como poseído. El GPS indicaba que el Alfa se encontraba en un motel de mala muerte y no se necesitaba ser un genio para saber qué había ido a hacer allí.

En cuanto llegó al sitio marcado, azotó la puerta de entrada exigiendo le dijeran en cuál cuarto se encontraba la persona de la fotografía.

—¡Señor!, no puede entrar así. ¡Llamaré a la policía! – gritaba el sujeto encargado.

—Llámale pues, hijo de puta. Así veremos lo que le pasa a este mierdero. – Amenazó tomando al tipo por el cuello — Ahora, ¡desembucha cabrón!, ¿en cuál está?, si no me lo dices por las buenas, mira – dijo acercándole la pistola a la boca — será por las malas.

El hombre temblaba incontrolablemente y pronto el olor de su orina llenó el ambiente.

Sin pensarlo dos veces, este le indicó el número de habitación. A lo que Ramiro salió como alma que lleva el diablo a su encuentro.

La cabeza le palpitaba, sus pulmones no alcanzaban el aire y espesas gotas de sudor se habían formado en su frente. Su corazón acelerado parecía que en cualquier momento saldría de su pecho para caminar con piernas propias.

Pronto, el número que buscaba quedó frente a él. Se encontraba tan sobrecargado que casi podía ver bailar todo a su alrededor. No quería que la escena anterior se repitiera y de solo pensar en eso un resoplido feroz salió de su boca. Sin embargo, sus emociones estaban lejos de ser aplacadas, pues nuevamente la sangre le hirvió al punto de ebullición cuando detrás de la puerta pudo escuchar la voz arrastrada de Chihiro gritando un "no quiero" que apenas si podía entenderse.

Envuelto en un humo de cólera, Ramiro tiró la puerta de una patada haciéndola caer escandalosamente. La acción llamó la atención de los tres sujetos, quienes completamente desnudos, trataban de someter a Ayagi aprisionando sus brazos y separando sus piernas. El pobre, apenas se encontraba en sus 5 sentidos. Al parecer lo habían drogado y ahora intentaban abusar sexualmente del Alfa. Sin contar con que el moreno llegaría para arruinar su asquerosa jugada.

Los ojos de Ramiro estaban inyectados en sangre, todo su cuerpo le gritaba que despedazara a esas mierdas. Por lo que sin tardar un solo segundo más, apuntó con su arma al que tenía las piernas del castaño fuertemente separadas.

Un alarido aterrador salió de la boca del violador cuando las balas del ex sicario viajaron hacia sus rodillas destrozándolas. Los otros dos, habían quedado en shock ante la sangrienta escena digna de una película de yakuzas donde el sujeto se revolcaba intentando aliviar su dolor, pero cuyas acciones resultaban en fracaso.

Ni uno de los tipos se movía, estaban petrificados desde la cabeza hasta los pies por el miedo de ser atravesados por una bala y por los aullidos de dolor que pegaba su compañero de crimen; entonces, la voz gutural de Ramiro los hizo temblar hasta la médula.

—¡Quiten ahora mismo sus asquerosas manos de mi hombre! – aunque su voz era modulada, la sensación de frialdad y peligro era más que evidente en cada sílaba.

Asustados, soltaron los brazos de Chihiro, quien visiblemente mareado, tomaba como podía las sábanas para cubrir su cuerpo desnudo y magullado.

El que parecía ser el segundo al mando levantó los brazos en señal de rendición. — Oye amigo, él… él nos sedujo. Nos dijo que quería ser follado duro. Solo estábamos cumpliendo su pedi-…

PUM

No hubo otro sonido más de la boca del segundo. Ramiro le había disparado justo en la cabeza harto de la mierda cargada de mentiras que soltaba por su asqueroso buche. Este cayó al suelo como un costal de papas, mojando el piso con los borbotones de sangre que salían del agujero ubicado en el centro de su frente.

El último que quedaba gritó pidiendo ayuda. Miró hacia todos lados tratando de encontrar una salida, sabiéndose cazado por los ojos del moreno que poco a poco fue avanzando hacia la cama. Entonces, el maleante jaló a Chihiro hacia él, pensando que al tomarlo como rehén podría librarse del tipo que no dejaba de apuntarlo con la pistola.

—Si das un paso más, le rompo el cuello. ¡¿Oíste?!, ¡SE LO ROMPERÉ!

Los ojos de Chihiro parecían nublados, apenas si era consciente de lo que pasaba a su alrededor, pero en cuanto los brazos del violador aprisionaron su cuello, fue capaz de ver a quien había llegado a su rescate.

Con esfuerzo abrió su boca arrastrando las letras. —¿R-Rami-ro…?

—Aquí estoy bebé. – Pronunció con voz dulce y en un instante la presión en el cuello de Ayagi desapareció. Ramiro había vuelto a disparar confiado de su ojo de halcón.

Rápidamente tomó a Chihiro entre sus brazos. El desastre poco le importaba, para desgracia de los tipos y suerte para él, el motel se encontraba dentro de los dominios del Clan Hasegawa por lo que sus acciones no tendrían consecuencia alguna.

Ya con su valiosa carga, caminó con él hacia su coche. La siguiente parada sería en el hospital.

—Vas a estar bien mi amor, me aseguraré de que así sea. Cierra tus ojos, pronto te sentirás mejor. – Susurró el mayor besando las mejillas y párpados del castaño que poco a poco fue perdiendo la conciencia.

—¿Cómo está mi hermano? – preguntó con impaciencia Ryo. Quien en cuanto recibió la llamada de Ramiro había ido al hospital en compañía de su madre y guardia personal.

Ramiro observó a ambas personas entrar a la habitación, por lo que en un acto de respeto se puso de pie, aunque en ningún momento soltó la mano del castaño. Acción que no pasó desapercibida para los recién llegados. — Ayagi sama, Ryo kun. – dijo inclinando la cabeza a manera de saludo. Recibiendo la misma atención por parte de madre e hijo.

—Mi pobre niño… - susurró Mari acercándose a la cama. Acarició con amor las mejillas pálidas de su hijastro y tomó asiento en la silla que se le ofrecía.

—Tuvieron que someterlo a una desintoxicación. El doctor dijo que fue drogado con un coctel de estupefacientes y aceleradores de celo. También que de haber tardado más podría haber muerto. La dosis fue letal, aun siendo Alfa los niveles de toxicidad eran terribles e imposibles de combatir. – Comentó sosteniendo con mayor fuerza la delgada mano de su amante. —Deberá estar internado al menos dos días para observar su progreso.

—Gracias Tanaka san, por llegar a tiempo. – Pronunció la mujer.

—Yo… no debería agradecerme.

—Claro que debo hacerlo. Chihiro es muy importante para nosotros. Ahora puedes irte, nosotros nos ocuparemos de él.

—Mamá – interrumpió Ryo al ver como Ramiro se tensaba ante la idea de tener que alejarse de su amante nuevamente. —Nosotros somos los que deberíamos irnos, Tanaka san es el amante de nii-san.

Los ojos de la mujer se abrieron con sorpresa, sabía que Chihiro había estado saliendo con alguien, pero no había tenido el gusto de conocerlo. Por lo que ahora le quedaba claro la tomada de mano y la sobreprotección que el alto demostraba.

— ¡Ah!, no tenía idea… lo siento. Entonces lo dejo a tu cuidado, por favor cualquier cosa no dudes en llamarnos. Nosotros nos haremos cargo de los gastos de hospitalización y…

—No es necesario. Yo puedo ocuparme de eso. Me quedaré con él, ustedes pueden descansar.

—Pues ni hablar, nos vamos. Por favor, cuida bien de mi niño.

—Con mi vida – respondió decidido. Cosa que la complació en extremo.

Tras unas miradas cómplices entre Ryo y Ramiro, los visitantes al fin se habían ido dejándolos solos.

Ramiro soltó un suspiro prolongado. Observar a Chihiro tan vulnerable le estrujó su corazón y peor fue cuando recordó la manera en cómo lo había abandonado y vuelto a encontrar.

Acercó sus labios al rostro del Alfa y bañó en besos su frente, párpados, mejillas, labios y cualquier otro espacio que pudiera acariciar.

—Mi amor, lo siento… lo siento tanto. – Pronunció con su cabeza pegada en el hombro del delgado. Pronto, lágrimas amargas descendieron por sus mejillas. La culpa era peor que mil puñaladas en el cuerpo y él sabía muy bien respecto a ese sentimiento.

Las horas transcurrieron rápidamente. El reloj, junto con el monitor de latidos, eran los únicos ruidos que rompían el silencio.

En medio de aquel escenario en el que las luces de la ciudad iluminaban las paredes. Los hermosos ojos de quien yacía convaleciente parpadearon varias veces hasta que finalmente pudieron acostumbrarse a su entorno.

—Es un cuarto de hospital… - murmuró con voz rasposa por el reposo prolongado. — ¡Ah!… - exclamó cuando por accidente estiró la mano donde el catéter había sido puesto —mmm… ya entiendo.

Recuerdos borrosos de lo que le había pasado acudieron a su mente y entre ellos, la figura de un hombre moreno opacó todo lo demás. Fue entonces que notó el peso sobre su cuerpo; por lo que, en cuanto enfocó la mirada vio al moreno dormido plácidamente a su costado, abrazándolo con fuerza por la cintura como si temiera que en cualquier momento desapareciera.

Por un instante, su cerebro dejó de funcionar. —Estoy soñando… en definitiva tiene que ser un sueño. Ramiro no está aquí… no está aquí, no está aquí. Chihiro ahora sí te has vuelto completamente loco – se dijo a sí mismo cerrando los ojos con fuerza. —Bien, me pellizcaré. Así sabré si… ¡ouch!, dolió… no es un sueño – exclamó apenas con aire en sus pulmones.

Chihiro giró su cabeza encontrándose cara a cara con el rostro durmiente del moreno, podía sentir su aliento caliente golpear sus labios, su nariz chocando con la propia y el calor que emanaba envolviéndolo. Muchas veces había despertado en esa misma posición, y 100 de 100 las amó con todo su corazón. Sin embargo, lo que siempre le había resultado reconfortante y el mejor despertar, ahora le dolía.

¿Cuántas veces no había imaginado la misma escena?, deseando a la persona que amaba para solo encontrarse a sí mismo deprimido y acariciando el espacio vacío sobre la cama.

Aquel hombre por el que había renunciado a su orgullo de Alfa, aquel que le había hecho el amor con pasión y dulzura, era el mismo que dormía a su lado y el mismo que lo había dejado.

Con un lamento apenas audible, Chihiro experimentó más sentimientos de los que podía manejar. Odio y amor cohabitaban en su estrujado corazón; por lo que, apretando los dientes hizo un movimiento brusco que dio como resultado que Ramiro cayera al suelo sin nada que amortiguara el golpe que se escuchó estridente en medio de la madrugada.

—¡Vergas!, ¡me caí! Chihiro… ¡¿está bien?! – se preguntaba a sí mismo mientras las últimas neuronas en su cerebro hacían contacto. Frotó su rostro con fuerza para intentar despertar más rápido, y preocupado, se levantó de un salto pensando que tal vez había tirado también al Alfa, pero lo único con lo que se encontró, fue con los penetrantes ojos del castaño mirándolo intensamente. —Chi-hi-ro… - murmuró cuando ambos hicieron contacto.

Ramiro intentó acercarse al Alfa pero este detuvo su intención extendiendo su mano en señal de alto. Pronto llevó esa misma mano a su cabeza, cuando una punzada lo atravesó de extremo a extremo.

—¡Chihiro!, llamaré al doctor. Estás en el hospital, tuviste una sobredosis…

—Cállate… sé dónde estoy, no estoy ciego ni idiota – rugió — Esos hijos de puta… estaba saliendo del bar y me inyectaron algo. – Dijo más para sí mismo que para el Beta.

—Por favor recuéstate, necesitas reposar para recupe…

—¿Qué quieres?, ¿por qué estás aquí?, - preguntó con veneno en su voz. El reproche y dolor estaban presentes en su tono. — ¿Acaso no recuerdas que dijiste que en la vida querías volver a verme?, ¿que jamás me buscarías?

Ramiro tragó en seco, por supuesto recordaba esas horribles palabras que habían salido de su estúpida boca, cómo podría olvidarlas. Aquello lo había dejado mudo, no tenía cara para decirle absolutamente nada y Chihiro podía percibir cómo el alto temblaba al borde del llanto.

—Chihiro yo, lo siento, fui un animal, un pendejo hecho y derecho – soltó poniéndose de rodillas. —Yo, ahora lo sé todo, sé exactamente lo que pasó aquel día, sé que planeabas darme una sorpresa, que fuiste engañado por un maldito omega, que te drogaron, por eso no recordabas nada, lo sé todo, Hasegawa y Ryo me lo contaron y no sabes cuánto me arrepiento de la sarta de pendejadas que te dije… me carcome el alma, yo te am…

—¡Vete!

—¿Qué?... – exclamó el moreno un tanto aturdido por la repentina orden.

—Solo vete… odio tenerte frente a mí. – Pronunció mordiendo sus labios, los recuerdos estaban llegando a el como lluvia y el sentimiento de desconsuelo que le seguía era demasiado para soportar.

—Chihiro, por favor… solo déjame hablar contigo…

Ante su insistencia, el castaño ya no pudo contenerse y dejó salir todo lo que se había estado guardando en su corazón.

—No me llames Chihiro, ¡idiota!, ¡estúpido Beta!, eres un maldito cobarde qué lo primero que hizo fue huir. ¿Quieres hablar?, ¿ahora sí quieres hablar? y ¡cuando yo quería qué! ¡Estaba desorientado, asustado, te necesitaba y tú me diste la espalda! ¡Qué importa si me gustaba el sexo!, ¡qué si me acostaba con quien me atraía!, ¿quién eras tú para juzgarme? – Gritó el Alfa arrancando la intravenosa de su mano. —Acaso no nos conocimos por la misma razón, tú ibas buscando a quien follar y yo igual… cuando comenzamos a salir yo no era un santo, ni pretendí serlo y tú tampoco lo eras, no tenías el derecho de señalarme con tu dedo. — Resentimiento era lo que su voz reflejaba y con justa razón.

—Lo sé, yo lo sé y no sabes cuánto me arrepiento… - gimió con la cabeza oculta entre sus manos. Chihiro lo miraba con el ceño fruncido y la barbilla temblando.

—Después de conocerte no desee estar con alguien más, te di todo de mí, ¡todo! y al final me humillaste de la manera más vil y cruel usando mi pasado como arma para barrer el piso conmigo, poniéndome de ejemplo a tu esposo muerto... tú me dijiste que era un cualquiera, ¿lo haz olvidado?, acaso ¿eso pensaste de mi todo el tiempo que estuvimos juntos?

—¡NO!, ¡NO ES ASÍ! – gritó horrorizado. Intentó aclarar las cosas, pero fue inútil. Nada de lo que pudiera decir llegaba a oídos del Alfa.

—¡Ya cállate!… siempre pensaste eso, solo que la ocasión hizo que pudieras desahogarte y decirlo sin sentirte mal. Yo solo te pedí que me escucharas, pero hasta eso me negaste. Jamás durante nuestra relación te dije o hice algo que mereciera ser tachado como un cualquiera o un ser poco confiable. Siempre me manejé derecho contigo, hablándote claro, dándote tu lugar cuando ni en tu puto Clan te lo daban.

Ayagi temblaba, Ramiro no tenía palabras y solo lágrimas corrían sin parar.

Mordió sus labios y continuó. — Me insultaste de todas las maneras posibles, me abandonaste, me dejaste en ese cuarto en medio de la mierda. Tomaste mi corazón y lo pisaste hasta que no quedó nada más que machacar… y ahora vienes con el argumento de que "ya sabes toda la verdad." - hipó presa del llanto. — Sabes, nada de esto habría pasado si hubieras confiado en mí. Si tan solo me hubieras dado el beneficio de la duda. Ahora ya no me importa nada, no me importan tus disculpas o lo que sea que quieras decir. Cómo es posible que tuvieras que enterarte por alguien más para que entonces decidieras venir a mí y creerme… cuando lo único que tenías que hacer era hablar conmigo, de frente, como siempre… — Dijo eso último exhausto. —Ya lárgate, no vales mi tiempo.

Ramiro se estremeció, sabía que obtener el perdón del Alfa sería difícil, pero recibir todo su desprecio era aún peor. Fue entonces que el peso de sus palabras terminó por aplastarlo, comprendiendo entonces el horrible sentimiento de ser echado de lado. Experimentando en carne propia una cucharada de su propia medicina. Tenía que hablar, decirle todo, disculparse hasta quedarse sin voz… pero la voz apenas si salía por el miedo que lo invadía. — Chihiro… por favor no me alejes de ti, tú y yo...

—Tú y yo no somos nada – dijo mirando hacia el otro lado — deja de perder saliva y lágrimas conmigo, te serían de mayor provecho en el panteón, en donde está "tu pareja irremplazable."

Aquello lo hizo enmudecer. Con labios apretados en una fina línea y nudillos blancos, Ramiro se encontró en shock. ¿Las palabras siempre fueron así de dolorosas?, ¿podría alguien morir a causa de ellas?

Al parecer, la respuesta era "sí", porque justo ahora su corazón había dejado de latir y su alma había abandonado su cuerpo.

Pronto, un par de enfermeras entraron a la habitación tras el llamado de emergencia que había hecho el castaño. Así, en medio de empujones, el moreno fue expulsado al pasillo frío y solitario, siendo su única compañía la tristeza y el remordimiento.

—"No somos nada", no… no…