CAPÍTULO 30

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

La gotas no dejaban de caer golpeando con fuerza los ventanales, mojando los pastos y alimentando a las flores del jardín. La temporada de lluvias había llegado llenando de un aire de nostalgia todo a su alrededor.

Hacía tres días que no se podía ver el sol en todo su esplendor a causa de las nubes espesas cargadas de agua que en el momento menos esperado se rompían para dejar caer el líquido de vida.

De la nada, un estruendoso trueno sacudió hasta la médula a las personas que se encontraban sentados en la mesa. El desayuno había sido puntualmente servido, pero por alguna extraña razón, ninguno era capaz de comer con comodidad y la razón pronto sería revelada.

El mayor de todos carraspeo al tiempo que con la servilleta limpiaba su boca, para finalmente dirigir unas palabras a uno de sus subordinados.

—¿Sigue afuera? – preguntó con el ceño fruncido.

El sujeto contestó apresuradamente. —Sí Oyabun, no se ha ido desde que el amo Ayagi volvió a la casa. Con hoy sería una semana. –Dijo esto último un tanto apenado, alejándose en cuanto el jefe movió la mano con fastidio.

Mientras tanto: Ryo, Mari y Aren dirigían la vista disimuladamente hacia Chihiro, quien no mostraba ni una sola expresión en su rostro mientras tomaba un par de trozos de salmón con sus palillos. Tal parecía que el comentario ni lo había inmutado haciendo aún más pesado el ambiente.

Por lo que Aren, incapaz de soportar la presión, llamó la atención de todos cuando golpeó la mesa con fuerza haciendo volar sus cubiertos.

—¡Nii-san!, ¡ya sal y habla con él! cuando me voy a la escuela ahí está, cuando regreso también me lo topo y si me asomo por la ventana de mi cuarto en la noche, él continúa pegado al portón ¡como un fantasma!, ¡da miedo!

Chihiro dedicó un vistazo rápido al pequeño deteniendo sus movimientos, para después, tomar el tazón con sopa de miso y darle unos buenos sorbos. Tras tragar su contenido se dignó a hablar. — Aren, no sé de qué hablas. Yo no he visto a nadie, ¿seguro que no puedes ver fantasmas? – agregó el castaño con tono tenebroso antes de llevar el tazón de nuevo a su boca.

—¡PAPÁAAAA! – gritó el menor exasperado. Ryo de inmediato intentó tranquilizarlo cuando sus pequeñas manos comenzaron a temblar.

—¡Ya basta los dos! – ordenó el viejo con una vena espantosamente sobresaltada palpitando en su sien. —Aren, cállate, no caigas en sus provocaciones. No seas ingenuo. - Dijo mirando al pequeño para después dirigirse al mayor — Y ¡tú! Arregla lo que tengas que arreglar con ese hombre. Ya no quiero verlo fuera de la casa parado como estatua. Quiero comer tranquilamente con mi familia y que saques tu maldito trasero de aquí y te pongas a trabajar. Ya te dieron de alta, ya estás perfecto, entonces ¡MUÉVETE! y la primera orden que te doy es: ¡LLÉVATE A ESA MIERDA LEJOS DE AQUÍ! – Demandó apuntando hacia Ramiro, quien, pese a la lluvia, se podía observar perfectamente desde la ventana del comedor.

El Oyabun lo habría mandado arreglar desde el día 1, pero su esposa le había impedido correrlo, alegando que solo Chihiro podía decidir aquello. Al principio el hombre no había entendido, pero con el pasar de los días comprendió que aquel que yacía cual guardia real al pie del cañón día y noche fuera de su mansión, era nada más y nada menos que el amante en turno de su hijo, o eso pensaba.

Mari dejó salir el aire retenido, Ryo sobaba la espalda de Aren, y Chihiro… bueno, él se limitaba a seguir comiendo.

Tres bocados más y finalmente había terminado. —Hoy me encargaré de eso padre. Pierda cuidado – fue lo único que dijo antes de ponerse de pie y caminar hacia su cuarto.

—¡Eso espero! – sentenció el hombre, rojo de impotencia.

—¡Sí, eso! – agregó el menor con el ceño fruncido.

—Ya, ya, ya. Come, que se te hace tarde para el colegio. – Indicó el viejo al tiempo que le metía un trozo de pan en su pequeña boca para silenciarlo.

Quince minutos después Chihiro salía por la puerta principal montado en su auto deportivo. Debido a la lluvia prolongada, varios charcos se habían formado a la orilla de la carretera y estos no fueron desaprovechados por el castaño.

—¡CHI… AYAGI!

En cuanto este escuchó su nombre salir en un grito de la boca de Ramiro, quien se encontraba de pie con sombrilla en mano luciendo como un perro herido y abandonado, pisó el acelerador hasta el fondo.

La acción, dio como resultado que una ola inmensa de agua sucia se levantara y bañara al moreno de la cabeza a los pies.

Chihiro siguió su camino esbozando una sonrisa de lado cuando su guardia personal imitó su acción. Disfrutando en cierta medida la "travesura" que había hecho. Aun así, no pudo evitar mirar por el retrovisor solo para ser testigo de cómo Ramiro escupía varias veces por el agua que se le había metido a la boca, así como la manera en la que con insistencia tallaba sus ojos que se dolían por el lodo que les había caído. —Ya ríndete idiota… - murmuró sintiendo una opresión en su pecho.

Mientras tanto, saliendo por detrás del Alfa, Ryo y Aren se acercaban al Beta que intentaba abrir los ojos.

—Toma… - dijo Ryo poniendo en sus manos una toalla. —¿Estás bien? – preguntó apenado. Lo había visto todo.

—Ah, sí… gracias - exclamó Ramiro desanimado. —Me ha ido peor antes. Puedo soportarlo.

—Ya ha sido una semana. ¿Por qué sigues intentándolo? Creo que… con esto último, Chihiro ya te dejó en claro que no te perdonará. – Exclamó el omega sintiéndose mal por sus palabras. Pero después de contemplar cómo había sido tratado todos los días por los matones de la casa, por su hermano mayor y hasta por el clima. Pensaba que eran suficientes humillaciones como para que alguien las aguantara.

Le habían gritado "gaijin", le habían escupido, Chihiro lo ignoraba y por tercer día consecutivo lo había bañado con agua sucia.

Ramiro, por su parte, seguía limpiando su cara con la toalla que antes había lucido de un blanco inmaculado. Una risa apagada salió de su garganta para después convertirse en palabras.

—Yo no sé qué tanto sepas, ni qué tanto Chihiro te haya contado, pero cualquier cosa que me haga, no se compara con el dolor que le causé y me merezco cada uno de sus desplantes. Simplemente no puedo rendirme, porque si lo hago… si me rajo, viviré arrepentido el resto de mi vida. Lamentándome por haber dejado ir a quien hizo latir de nuevo mi corazón. Lo amo. – Detalló apretando la toalla.

Ryo lo miró con los ojos bien abiertos. Había esperado una respuesta así de su parte, sobre todo después de ver el nivel de compromiso que este tenía hacia la causa, pero igual le era difícil entender tal comportamiento. Para él, el amar, era un sentimiento demasiado complicado y con el cual no quería verse involucrado jamás.

Desvió la vista y jugueteó un momento con sus dedos, algo que hacía como tic antes de tomar una decisión. Mordió sus labios y finalmente pronunció: —Si te das prisa puedes alcanzarlo. – Indicó Ryo al tiempo que abría la puerta para volver a entrar al coche donde el menor de los Ayagi lo esperaba impaciente. — Escuché que le ordenaron ir a Ueno. Hará unos tratos con el Oyabun Usaka en el edificio donde él tiene su oficina… no recuerdo el nombre.

Ramiro mostró una enorme sonrisa. —¡Yo sí sé!, ¡gracias! – dijo apresurándose a su propio carro.

—No me agradezcas. Quién sabe siquiera eso te sirva.

—Para mí, todo sirve y si no, hago que jale. Cómo chingados no.

—Con esto damos por cerrado el trato. Dile a tu padre que en dos semanas recibirá su cargamento.

—Gracias Usaka- dono – dijo acompañando sus palabras con una profunda reverencia.

—No seas tan formal. Pronto serás el Oyabun y colega – pronunció Usaka llevando un cigarrillo a su boca.

El comentario lo hizo sentir un poco incómodo, pero era cierto.

Usaka le dio un vistazo rápido y antes de que se fuera lo retuvo un poco más.

—Chihiro kun. Tengo una pregunta para ti.

—Seguro, ¿cuál es?

—¿Dónde tienes a Hashiba Fumio? – preguntó sin rodeos el hombre de porte imponente. — Supe que tú te lo quedaste.

El castaño se sorprendió un poco por la pregunta, ¿por qué a Usaka le importaba eso?

—Lo siento, pero… ¿qué tiene que ver ese tipo con nuestro trato?

Usaka exhaló el humo. —Con nuestro trato, ninguno. Con mis intereses personales, mucho. – Su voz iba tornándose más seria.

Chihiro, captando la impaciencia en su voz, decidió cortar pronto con ese tema. — Sí, yo lo tenía… pero ahora, la verdad no sé dónde está. Le dije a mis hombres que lo soltaran, era solo una carga, no me servía para nada. Posiblemente ya se encuentra en alguna zanja siendo alimento para perros. Dudo que en la condición en la que se encontraba pudiera sobrevivir.

—Mmm… ya veo. Pues ni hablar. Esperemos así sea. – Dijo apagando el cigarrillo.

El Alfa, no queriendo quedarse con la duda agregó:

—Puedo preguntar, ¿por qué su interés?

—Encargo especial de un amigo.

Fue todo lo que comentó dando por terminada la conversación.

—Salúdame mucho a tu padre y madre.

—Seguro. Igualmente haga llegar mis saludos a su esposo.

Ambos se despidieron con cordialidad de por medio. La reunión había durado demasiado tiempo para su gusto y ahora se encontraba sin energía como para volver a ver a Ramiro parado en la puerta de su casa.

La lluvia había menguado un poco, pero en su cabeza, la imagen del moreno bajo esta estaba más fuerte que nunca. Fue entonces que, al ir bajando por el elevador, vio al mexicano sentado en una de las bancas cercanas al edificio.

—¡No puede ser! – exclamó en voz alta llamando la atención de su escolta.

—Jefe, ¿desea que nos deshagamos de él? – sugirió el líder.

El Alfa se estremeció para de inmediato dedicarle una mirada desaprobatoria. — ¡No!, yo me encargaré de esto.

Ramiro se apoyaba sobre sus codos cuando el sonido de unos pasos cada vez más cerca de él le hicieron levantar la cabeza, solo para encontrarse cara a cara con un cuadro que no le gustó para nada.

—Bueno, hay que reconocer tu determinación – dijo Chihiro mirándolo hacia abajo.

Con voz amenazante el moreno ladró. — Y este pendejo, ¿quién vergas es? – dijo señalando al tipo de quien el menor se colgaba del brazo.

De inmediato Ramiro se puso de pie haciendo valer su 1.87 de altura. Por sus venas no corría sangre de Alfa, pero la mirada asesina, el pecho inflado y aura peligrosa le daban una apariencia aterradora pese a estar hecho un desastre. La sangre le hervía y sus fosas nasales se estiraban con los resoplidos que daba. Se estaba muriendo de celos y eso era evidente para cualquiera.

Pero no solo los celos lo movían, sino también una enorme preocupación. Después de que Chihiro tuviera que ser ingresado en el hospital por lo autodestructivo que estaba siendo; y después de saber que había sufrido un desgarre en su ano. El verlo colgado de un tipo mucho más fornido que su hermoso Alfa, con la clara intención de largarse a un hotel a follar, no pudo alterarle más los nervios. Sobre su cadáver dejaría que alguien volviera a poner una mano sobre este o que siquiera intentara lastimar un solo de sus cabellos.

Ayagi se estremeció, la escena le recordó en gran medida lo acontecido en aquel fatídico día, pero ahora había una diferencia notable. Y esta era que, en esta ocasión, Ramiro estaba dirigiendo toda su furia hacia el sujeto que estaba a su lado y no a él.

Chihiro tragó saliva sintiéndose un poco nervioso, poco faltaba para ver chispas volando, pero si lo que quería era terminar por completo con la insistencia del moreno. Debía continuar con lo que ya había iniciado.

—Que yo sepa tú y yo no somos nada. No tienes derecho a preguntar sobre mis asuntos. – Reprendió apretando los dientes y jalando a su acompañante para continuar con su camino.

—Ja, que patético que un Beta pretenda algo contigo, Chihiro. Ya ignóralo, tenemos mejores cosas que hacer, como penetrar este culito. – Pronunció el intruso mirando por encima del hombro a Ramiro. Para este último, aquello fue como un balde de agua fría. Él tenía prohibido llamarlo Chihiro y aquel desconocido lo había nombrado como si de íntimos se trataran; Pero lo que terminó por hacer estallar la bomba, fue cuando pronunció las palabras "penetrar este culito" seguido de una mano que viajó al trasero del castaño palmeando su carnosidad.

—¡Ahora sí ya te cargo la chingada!, ¡Hijo de tu reputísima madre! – Gritó Ramiro, quien sin decir "agua va" le soltó un puñetazo bestial que lo mandó directo al suelo y sin escalas. Dejando sin palabras a Chihiro y al otro Alfa que no terminaba de creer lo que había pasado.

— ¡MALDITO BETA!, ¡¿CÓMO TE ATREVES?! – gruñó encolerizado limpiando el hilo de sangre que salía por su boca lacerada.

Intentó levantarse; Sin embargo, no había podido siquiera medio incorporarse cuando Ramiro le propinó una patada en la boca del estómago que lo dobló por completo a la mitad sacándole todo el aire.

—¡Para que veas, pinche pendejo, a este Beta se la pelas! – dijo acompañando sus palabras con un movimiento obsceno de sus manos.

—¡ME… LAS VAS A … PAGAR… MALDITO… LOCO! – Apenas si pudo hablar. El hombre seguía en el piso intentando recuperar el aliento.

—"Me las vas a pagar" tu cola, pendejo. Y loco me pondré si no te largas wey, pero en chinga, - dijo tronando los dedos — ¡ÓRALE CABRÓN! Pa' pronto es tarde. – Ordeno a punto de tomarlo por los pies y arrastrarlo.

Tanto Chihiro como el otro Alfa estaban que no cabían de la sorpresa. Sobre todo el castaño que no podía apartar la mirada de Ramiro que parecía que en cualquier momento perdería la cordura y asesinaría al sujeto en el suelo.

El tercero en discordia tomó aire listo para decir alguna estupidez. — Te vienes a los golpes por nada. Por un puto que no vale ni cinco…

¡PLAF!, otra patada más fuerte y contundente fue a dar a la boca del Alfa. Un diente bañado en sangre brotó de esta rebotando a varios pies de distancia.

Ramiro, más serio que la muerte lo miró con ojos nublados. — Cierra el pinche hocico. Nadie quiere oír tus berridos. Tú eres la mierda que no vale ni cinco yenes – La voz de Ramiro estaba totalmente contenida, pero su tono era tan frío que se podía sentir hasta los huesos. Nunca más dejaría que su amor escuchara adjetivos denigrantes hacia su persona.

Para este punto, los tres ya habían llamado demasiado la atención y para Chihiro esa era una de las cosas que no podía permitirse. Por lo que de inmediato se acercó a Ramiro abrazándolo por la espalda. Mandando una descarga eléctrica al cuerpo del moreno, que tras sentir su toque se solidificó.

—Déjalo ya, la gente nos está mirando. – Susurró cerca de su oído mandando señales confusas a su cerebro.

Ramiro asintió de inmediato. Con miedo, tomó las níveas manos del menor para así poder sentir de nuevo su calor, pero justo cuando iba a voltearse, el Alfa caído arremetió contra él partiéndole la ceja.

La fuerza de un Alfa no era cosa de broma, la potencia de este le hizo trastabillar, y de no haber sido porque Chihiro seguía abrazándolo, habría terminado en el piso.

—¡KURENO, YUSUKE, OSHI. LLEVENSELO DE AQUÍ! – Ordenó Chihiro refiriéndose al Alfa, quien sorprendido solo gritó amenazas que a nadie le importó.

—¿Estás bien? – preguntó al fin dejando salir el aire que había retenido. Todo había sido tan rápido que apenas y si había podido carburar los hechos.

—S-sí, se necesita más que eso para vencerme. Ese cabrón no trae nada. Pura lástima da el hijo de la chingada. – Respondió sintiendo como su corazón latía como loco. Su amor le había mostrado una chispa de preocupación y para él eso significó la vida misma.

Después de escucharlo, Chihiro soltó un suspiro. — Bien, entonces adiós. – Dijo tajante soltándolo en el momento que se dio cuenta que aún abrazaba al alto.

El beta tomó con fuerza los brazos del castaños, reteniéndolo. — ¡POR FAVOR NO TE VAYAS! – Rogó con voz desesperada y rostro aturdido. Pronto, la herida comenzó a sangrar más profusamente impidiéndole ver con su ojo izquierdo.

Al ver su miserable condición, Chihiro no pudo evitar sentir una punzada en el corazón. Por lo que ignorando sus pasadas intenciones, solo atinó a decir: —Vayamos a mi carro. Ahí tengo un botiquín.

La lluvia volvió repentinamente. El sonido de las gotas chocando contra el capacete del carro era ensordecedor.

En sus adentros, Ayagi agradeció el ruido, pues así podía concentrarse en eso en vez de los ojos cafés que lo miraban con anhelo y expectación.

—Deja de mirarme – ordenó el Yakuza terminando de desinfectar el área.

—No puedo, necesito saber que eres real. Que estás aquí, conmigo. – Habló con miel en cada palabra. Después de escucharlo, Chihiro presionó con fuerza la cortada —¡Ayyy!

—Soy muy real y si aún no te queda claro puedo abrirla más – dijo mirándolo seriamente.

De inmediato el moreno negó. — Jaja, no. Me quedó muy claro. Aunque si de esa manera puedo retenerte un poco más, entonces adelante. Puedes rajarme todo el rostro.

Chihiro no respondió y de nuevo, solo el sonido de la lluvia ambientó el momento y de pronto sintió que el asiento trasero se volvía demasiado angosto para los dos.

— ¿Por qué lo golpeaste? – preguntó guardando el botiquín debajo del lugar del copiloto. La curación había terminado.

—Porque no toleraré que alguien te falte al respeto. – Respondió contundentemente sin desviar la mirada.

—¿Por qué?, no es como si hubiera dicho algo falso – Agregó mordiendo sus labios.

—Porque te amo y porque lo que dijo sí es falso. – Gruñó sintiéndose frustrado al comprobar lo roto que Chihiro se encontraba.

Ayagi bufó, sacudiendo su cabeza. —Sabes, me he encargado de trabajar en el título de "puto" que me diste – soltó con dolo apuñalando con ello el corazón de Ramiro que se sintió encogerse en el asiento presa de la culpa y vergüenza. — Ya le di a otros mi culo. Y el Alfa que ahuyentaste, ja, iba a ser el siguiente. Así que deja de buscarme. Nunca seré el chico puro que deseas.

En ocasiones anteriores había hablado de más, luego en el hospital se quedó sin argumentos, pero hoy, no podía permitirse fallar. La oportunidad de enmendar las cosas estaba frente a él dispuesta en bandeja de plata lista para que se sirviera. No más pasividad ni andarse por las ramas. Era ahora, o nunca.

Ramiro levantó la cabeza, y en un arranque de valentía tomó las manos de Ayagi entre las suyas. Las llevó hasta sus labios y besó su dorso con vehemencia. —Tú eres todo lo que necesito, quiero y amo. Te hice mucho daño y el saber eso es suficiente para condenarme a la miseria por siempre, pero si te pierdo… preferiría mejor morirme. Yo solo te quiero a ti, cada parte de quien tú eres. Todo en ti es hermoso y perfecto. Por favor perdóname, por todas las pendejadas que dije y que lastimaron tu corazón, por favor déjame estar a tu lado, por favor déjame amarte.

Ahora, lágrimas acompañaban sus palabras.

Chihiro inhaló profundamente sin quitar el agarre de sus manos. La barbilla le temblaba y a cada segundo le costaba más y más mantener la compostura. Ramiro le estaba diciendo todo lo que quiso haber escuchado antes y todo lo que quería escuchar ahora.

Sin embargo, las inseguridades no se podían borrar con solo palabras bonitas.

—Eso dices ahora… pero ¿qué pasará si el día de mañana vuelves a usar eso en mi contra?, aun sabiendo mi pasado ¿pretendes seguir conmigo?, ¿aún y cuando he dormido con más gente de la que puedo contar con las dos manos? – la inseguridad brotaba en cada una de las oraciones que había dicho. La voz le temblaba y sus manos comenzaban a sudar por los nervios. Pero dentro de toda esa maraña de negatividad, la esperanza intentaba no ser devorada.

—Chihiro… - exclamó Ramiro extendiendo su mano derecha hacia el rostro del castaño —Te juro por mi vida, que jamás te recriminaré nada. Yo no soy una perita en dulce defensor de la moral y jamás esperé que tú lo fueras. El culpable de todo fui yo por no haber creído en tu inocencia. Fue mi estupidez la que no me permitió ver la verdad. Los celos y la ira me cegaron al punto de decir pura pinche mamada, fui un maldito hijo de puta. Me arrepiento, me arrepiento tanto de mi error y me muero de vergüenza contigo. Pero si tú me das una segunda oportunidad, te haré la persona más feliz del planeta. Jamás volveré a menospreciarte, primero me mocho un huevo antes que eso. No lo echaré a perder, te juro que no.

Chihiro cubrió con su mano la que Ramiro tenía sobre su rostro. Acarició su longitud y con lágrimas en los ojos besó su palma.

—Jamás Ramiro, jamás estando en mis cinco sentidos te traicionaría.

—Lo sé mi amor, lo sé – pronunció con un nudo en la garganta llenando de besos la mano del otro.

—Yo soy un Alfa orgulloso, el hijo mayor, el futuro Oyabun de un clan Yakuza que se ha mantenido por generaciones… pero cuando te vi solo era Chihiro. Me gustaste físicamente desde el primer momento, pero cuando te traté, me enamoré como estúpido de ti. Siempre había sido el que tenía que dar el ejemplo, sacar notas perfectas, cargar con responsabilidades, ser el fuerte, cuidar a los demás, más no ser cuidado. Y cumplí con todo eso, con las expectativas, con mis deberes. Pero hacerlo me estaba asfixiando, así que encontré una salida; el sexo. Pero para la gente fue muy fácil tacharme como un promiscuo irresponsable solo por eso. Y pronto no importó ninguno de mis logros. Pero contigo… contigo no tenía que ser perfecto, no tenía que ser el alfa, podía ser el mimado, ser yo mismo y amé quien era cuando estaba contigo y te amé a ti … pero así como el amor por ti creció, el dolor de ser abandonado, y justamente por quien me había salvado, así como el resentimiento e inseguridades también aumentaron… - Un sollozo lastimero salió de su garganta. —Jamás creí que de todas las personas tú me menospreciarías…

Y aquello fue su punto de quiebre. Ramiro no podía contener más sus emociones. Él había sido otro que en el pasado lo había etiquetado como el hijo incompetente y mimado del jefe Ayagi. Y ahora que escuchaba de la propia boca de Chihiro lo que había guardado en su corazón toda su vida, sentía que su propio corazón se partiría aún más de lo que ya estaba.

Sin querer esperar más, Ramiro lo aprisionó con fuerza entre sus brazos. Queriendo borrar todo rastro de dolor. Deseando transmitir con cada latido su amor. Él era el adulto y como tal había fallado en proteger a "su niño"; por lo que desde este momento se convertiría en el hombre que Chihiro necesitaba.

—Mi bebé chulo, te prometo que jamás volveré a lastimarte con mis palabras, jamás te dejaré, nunca te haré llorar. Pídeme lo que sea, haré todo lo que quieras y a la primera.

Besos y más besos fueron repartidos por todo el rostro de Chihiro hasta barrer hasta la última lágrima de sus mejillas. La respiración de ambos poco a poco fue normalizándose y sus manos que permanecían entrelazadas se sujetaron con mayor fuerza.

Ya tranquilos, Chihiro aclaró su garganta. Aún tenía más que decir. Sorbió su nariz y dijo:

—En el hipotético caso de que te perdonara y te diera espacio nuevamente en mi vida. Tienes que saber que te trataré peor que a un perro.

—No me importa. – Aseguró.

—Comerás en el suelo. – Advirtió el castaño.

—No sería la primera vez. – Dijo levantando los hombros.

—Te maldeciré cada que respires.

Asintió. — Merecido lo tengo.

—Serás menos que la pared.

—Ya soy nada sin ti. – Besó sus manos.

—Te hablaré solo cuando me dé la gana hacerlo.

—Atesoraré cada palabra. – Besó el cuello de Chihiro.

—No podrás tocarme ni un cabello.

—Seré feliz con solo verte. – Susurró en su oído.

—Te follaré duro y anudaré. – Sonrió el Alfa triunfante.

Se hizo el silencio… por dos segundo.

—¿Pensaste que eso me desanimaría? – preguntó mirándolo a los ojos con seriedad. —mi respuesta es: ¡SÍ, SÍ A TODO BEBÉ!, ¡Puedes hacer conmigo lo que quieras! Llámame mierda, idiota, escúpeme, patéame. Jódeme hasta hartarte, anúdame toda la vida, rómpeme el culo; Pero permíteme estar de nuevo contigo. Déjame amarte, déjame demostrarte que por ti caminaría hasta sobre el pinche fuego. Te amo y no puedo vivir sin ti. Nada de lo que pudieran hacerme para lastimarme es más doloroso que perderte, simplemente no puedo concebirlo.

Ayagi, incapaz de contenerse, comenzó a reír —Vaya que estás desesperado. — Exclamó tapando su boca.

—Claro que lo estoy, terriblemente desesperado. Te dije que haría lo que fuera, si viene de ti, entonces lo aceptaré todo. – Dijo quitándole las manos de la boca. Entrelazándolas nuevamente.

—¿Seguro?... – Preguntó Chihiro enarcando una ceja.

Asintió. — Seguro.

—¿Todo, todo? – repitió entrecerrando los ojos.

—Todo, he dicho.

—Entonces, ladra – ordenó.

Ramiro, mostrando una sonrisa de oreja a oreja se acomodó mejor en el asiento, y ni tardo ni perezoso acató la orden.

—Woof, woof – acompañó el ladrido sacando la lengua.

Ayagi volvió a reír abiertamente mientras aplaudía. —Oh dios… podría acostumbrarme a esto. – Murmuró apretando su cara con sus manos para dejar de reír. Ante el gesto, Ramiro se acercó con cautela pasando la lengua sobre sus labios sin perder de vista los finos y sonrosados del otro. Sellando sus palabras con movimientos apasionados, mordiendo y succionándolo en un beso que deseaba dárselo desde hacía ya mucho tiempo.

Ramiro envolvió el cabello del castaño entre sus dedos atrayéndolo hacia él olvidando lo empapado que estaba. Chihiro dijo algo parecido a un "Oh" y cuando separó los labios, dejó que esa lengua suave y húmeda que parecía marcar su interior como de su propiedad, entrara y comenzara a jugar con él.

La postura era incómoda, por lo que Chihiro se montó sobre el moreno pegando pecho contra pecho. Puso las manos sobre sus hombros y lo abrazó. Los hombros de Ramiro eran tan anchos que pareció no poder atraparlos. —Mmm – Gimió. Sus labios tibios se calentaron por el beso y su cabeza se elevó hasta las alturas.

Cuando Ramiro miró a su vida con los ojos bien apretados y las mejillas sonrojadas, le fue imposible separarse.

Pronto, el aire no fue suficiente y muy en contra de su voluntad, solo pudo colocar sus labios en pico como si quisiera uno más antes de separarse. Su saliva estuvo conectada durante mucho tiempo y luego se cortó con la risa de Chihiro.

Mientras respiraban entrecortadamente, todavía sobre el moreno, Chihiro observó a Ramiro con una mirada nebulosa en el momento en que este le dijo:

—Te ves absolutamente hermoso.

—Lo sé – confirmó estremeciéndose cuando Ramiro tocó sus hinchados labios con su pulgar.

Lo cierto es que Ayagi, a pesar de haber tenido su orgullo herido, el no tener a Ramiro en su vida dolía más. Era como si hubiera encontrado a su destinado, aunque por supuesto sabía que eso no era posible.

Aun así lo deseaba, lo amaba y en el fondo de su corazón, había mantenido la esperanza de que este volviera a él.

—Dejó de llover. – Murmuró el mayor complacido cuando Ayagi recargó su rostro en la palma de su mano buscando mayor contacto como si se tratara de una gatito mimado.

—Sí, eso parece.

Ramiro sonrió mostrando sus perlas blancas. Miró hacia adelante y se sorprendió. — Mira mi bebé, salió un arcoíris.

—Mmm… - se quejó al girar su cabeza hacia atrás para poder ver por la ventana el fenómeno de la naturaleza. —Oh, se ve bonito… ¿deberíamos ir por el tesoro que se encuentra al final? – preguntó volviendo su vista hacia Ramiro.

—Naaa, tengo a mi tesoro justo entre mis brazos. – Sus manos, que se encontraban en la pequeña cintura del alfa, fueron subiendo hasta posarse en su espalda, atrayéndolo en un abrazo necesitado y posesivo.

—Ja, Beta idiota… - murmuró correspondiendo el abrazo. Con la cabeza hundida en el cuello del mexicano, susurró: —Aprovecha tu segunda oportunidad. No habrá más.

—Lo haré bebé. – Sellando su promesa con un beso tierno en su frente.

Con sus narices en un beso esquimal, Chihiro agregó. —Lamento haber mencionado también tu pasado para herirte.

El moreno negó con su cabeza. — Yo fui peor, no tienes porqué disculparte. – Decía acomodándolo mejor sobre sus piernas.

—Entonces, ¿borrón y cuenta nueva? – Abrió los ojos buscando encontrarse con los cafés que lo recibieron con ternura.

—Sí.

—¡Genial! – un suspiro de alivio salió desde lo profundo de sus pulmones — Ahora… deberíamos ir a cambiarnos. Tu sigues empapado y hueles a caño.

Ramiro se carcajeó. — Bueno, tal vez no olería a caño si alguien no me hubiera mojado con agua puerca – dijo a tono de broma apretando la cintura del castaño.

—Eso, medio lo siento jajaja – rio sintiendo como poco a poco la parte baja de Ramiro, que chocaba contra su trasero, iba haciéndose más grande y dura. —Vamos a mi nuevo departamento. Te ayudaré a quitarte toda esta suciedad – ronroneó pasando su dedo por el cuello del Beta.

—MMM… mejor lo hago yo solo, no creo controlarme si te veo desnudo… te deseo a muerte y no quiero lastimarte. – Dijo acariciando el culo de Chihiro.

—No te preocupes, - agregó acomodando unos mechones largos y rebeldes que se pegaban a las mejillas del moreno —nadie se ha lastimado por meter su miembro en el trasero de su amante. Te cuidaré bien… bebé – pronunció con una risa torcida cuando el moreno fue perdiendo color del rostro.

—E-está bien… lo recibiré con gusto. – Dijo con voz apenas audible y rostro afligido como de quien había leído un ultimátum… y así era.

—¿No comió? – preguntó la anciana observando la charola cubierta.

—No, mi señora. – Suspiró la mujer para continuar su camino.

—Celes… esto no puede seguir así. No podría con otra pérdida – Sollozó abrazándose a sí misma.

—Ni yo querida. Hablaré con él. Lo sacaré de su madriguera. No sufras – Pidió acariciando sus mejillas.

Unos segundos después, el hombre tocaba la puerta anunciando su entrada. El chirrido de la madera hinchada crujió. Ver tan siquiera unos centímetros de distancia con el cuarto completamente oscuro sería una misión imposible para cualquier simple mortal, pero para los ojos de un linaje puro, eso no era problema.

Celestino caminó esquivando los obstáculos hasta llegar al sofá, sentándose justo a un lado de su nieto. El que tenía más aspecto de fósil que de ser vivo.

Para un Alfa de linaje puro, estar separado de su pareja destinada era como si le arrancaran el alma misma. Era un dolor interior que no podía compararse con ninguna tortura conocida. Lo que más se acercaba a tal sufrimiento era el de la muerte misma de un ser amado; aunque la diferencia radicaba en que, con el tiempo, la resignación de tal pérdida llegaba tarde o temprano a ellos, pero no en su caso. En su caso, viviría sintiendo su ausencia a cada segundo del día como hierro caliente pinchando su piel. Sin resignación, sin descanso, sin paz.

—Junta – Llamó su abuelo sin obtener respuesta alguna. —¿Acaso piensas dejarte morir?, porque si es así, ni tu abuela ni yo lo permitiremos.

—Ya me siento muerto – habló con apenas aliento. Su voz se escuchaba grave, demasiado. Prueba de que no había sido usada en mucho tiempo.

El mayor le dedicó una mirada triste. — Hay un hecho que es innegable y ese es que actuaste mal al involucrar en tu venganza al omega y su hija. Aun así, desarrollaste sentimientos por ambos, te enamoraste de Takato y lo que te escuchó decir en la oficina fue un completo malentendido y debes aclararlo. Estando aquí no podrás hacerlo. Así que se un Alfa hecho y derecho, ve con él y hablen. Insiste hasta que te de la oportunidad de hacerlo. Ya si después de eso, sigue sin querer saber de ti… con el dolor de mi corazón te digo que tendrás que aceptarlo. En esta vida todos nuestros actos tienen consecuencias y no podemos escondernos ni huir de ellas porque tarde o temprano llegan.

Junta suspiró entendiendo perfectamente las palabras de su abuelo. Él mismo había caído en esa misma conclusión infinidad de veces, pero el miedo de enfrentar por segunda vez el desprecio de Takato y sus lágrimas, lo mantenían atado. Eso y el hecho de sentirse sin derecho alguno de presentarse de nuevo en su vida para muy seguramente incomodarlo.

—¿Habrá alguna diferencia?, confesarle mis pecados, tener que admitir todas mis estupideces para concluir con el hecho de que lo amo y es mi destinado, ¿hará que cambie el concepto que ya tiene de mí?... le dije eso mismo antes de que se fuera y nada de lo anterior lo detuvo.

Celes le dedicó una mirada aguda y tomo turno.

—Lo que tratas de decir… es que ¿piensas rendirte?, ¿así es como luchas por tu destinado?, poniendo excusa sobre excusa y lamentándote en una habitación oscura y sin comer, desperdiciando tiempo que podrías usar para enmendar tus errores. Lo primero que debes hacer es disculparte. Preguntas que si hará alguna diferencia el que lo busques, te aseguro que estando aquí jamás obtendrás la respuesta. – Aseguró la voz de la sabiduría mientras palmeaba la espalda de su nieto. — Todo se dio de la manera equivocada, fue un shock para él. Nadie en tal estado querría hablar con alguien. Pero ya pasó tiempo, las aguas se han calmado un poco y aunque vuelvan a agitarse, al final volverán a reposar.

Junta finalmente se animó a mirarlo. El de cabellos plateados esbozó una sonrisa cansada.

—Sé que al igual que tú, el debe estar sufriendo por estar separado de su alfa, de su destinado. El tener a su cachorra lo ayuda a manejar el dolor. Tiene relativamente poco de haber descubierto su género secundario, prácticamente la edad de su niña. Nadie lo educó sobre los cambios que su cuerpo y mente experimentarían. Seguramente no entendió siquiera el término de destinados y, me atrevo a asegurar, que se ha de estar preguntando: por qué pese a la decepción te sigue añorando. – Hizo una pausa y continuó. — Y todo se debe al instinto natural; por lo que, después de conocer tu existencia, te necesita y debes estar ahí para disculparte, ser su fuerza, protegerlo, amarlo y asegurarte que nada más vuelva a lastimarlo, ni a él ni a su hija. Levántate ya, actúa… el "no" ya lo tienes, ve por un "sí" de una vida a su lado. Y si no es a su lado, vive velando por su bienestar. Ese es el deber de un Alfa. Un deber que tu padre cumplió hasta el último día de su vida, no insultes su memoria con tu comportamiento.

Junta tembló de la cabeza a los pies como si un rayo hubiera caído sobre su cuerpo. El sentimiento fue tan fuerte que le hizo soltar un jadeo. Su padre había sido su todo y pese a la distancia, desempeñó su papel de la mejor manera. Enseñándole que tomar el camino fácil era para los egoístas, cobardes y tontos.

Nueva energía lo llenó y no pensaba desaprovecharla. De un salto se puso de pie pensando seriamente en su deber como Alfa. Por lo que, así luchara contra puertas del infierno abiertas, haría lo correcto, dejaría de ser un cobarde y pensar solo en sí mismo. Si tenía que arrastrarse sobre brazas ardientes por el perdón de Takato, lo haría, mil y un veces sin dudarlo.

Miró a su abuelo que lo observaba con ánimos renovados. Se arrodilló hasta tocar con sus manos las rodillas del hombre y bajando su cabeza en señal de respeto le agradeció por su paciencia y consejos.

—Te quiero mucho abuelito… no sé que sería de mí sin ti y abuelita.

El hombre acarició su cabeza con toques suaves. — Ah, mi Junta… nosotros somos los que no sabríamos que sería de nosotros sin ti. -Agregó tomándolo por los brazos para levantarlo. —Ya todo está listo, en cuanto lo decidas puedes irte. Haz lo que tengas que hacer y jamás olvides que aquí tu familia siempre te esperará con los brazos abiertos…

De inmediato cubrió a su nieto en un abrazo amoroso, acción que fue correspondida por el ojiverde. — Los amo, infinitamente – murmuró Junta.

—Y nosotros a ti hijo… sé que dije que te esperaremos, pero trata de no regresar solo, ¿sí?, sabes a lo que me refiero. – Sugirió alejándose un poco del alto. —Takato es un ser hermoso y Haru un rayo de sol que queremos siga iluminando este hogar.

Junta asintió más seguro que nunca.

—Haré todo lo que esté en mis manos y más. Lucharé, te lo aseguro.

—No esperaba menos de ti – palmeó el hombre.

—Dame dos horas. – Pidió apoyándose en el sillón. Al final de cuentas, la falta de alimento le estaba pasando factura. — Necesito hacer unas llamadas.

—Claro, lo que necesites.

Pronto, el hombre abandonó el cuarto sintiéndose satisfecho por su labor. Mientras tanto, Junta marcaba el número con el que había estado contactando desde que padre e hija habían partido. Dos timbres después, la voz tras la línea se hizo oír.

—Azumaya kun. – Pronunció a manera de saludo

—Usaka san. Soy yo de nuevo… ¿hay alguna novedad?

—Solo una, respecto a tu encargo… hoy que me encontré con Ayagi Chihiro, me enteré por su propia boca que dejó libre a Hashiba Fumio, no he podido dar con su paradero. Es como si la tierra se lo hubiera tragado y espero así sea, ese sujeto es peligroso.

Junta apretó la quijada tras escucharlo. El Enigma, quería deshacerse de un problema que seguía latente en la vida de Haru y Takato. Por ello solicitó el apoyo de Usaka para desaparecerlo. Pero ahora no sabían dónde estaba el hombre y eso lo preocupaba.

Usaka continuó. — Pensaba llamarte más tarde para darte el informe del día, pero te lo adelantaré. Mis hombres siguen custodiando la casa de Saijo san, su rutina sigue igual, lleva a la niña todos los días al colegio, regresa a casa. Una vez a la semana sale a hacer las compras, luego va por su hija, de nuevo a casa y ya no salen. Tanaka san se queda con ellos. Tengo cubierto todos los puntos, igual aumentaré la vigilancia a dos hombres más. Nunca se es demasiado precavido.

Desde que Takato y Haru habían vuelto a pisar suelo Japonés. Junta se había encargado de mantenerlos bajo protección; pues si bien, había exagerado cuando le había dicho a Takato que corrían peligro por seguidores de Himura, esto no era del todo falso. Antes de partir había lidiado con un pequeño grupo que intentó acercarse al azabache para hacerle daño, por supuesto fracasaron. El omega ni cuenta se había dado de que había sido el objetivo de esos canallas desde su salida del hospital.

Por ello, en cuanto él fue eliminado de la ecuación de su vida: quedándose solo, deprimido y devastado en España. Solicitó el apoyo del Yakuza para que cuidara de ellos en su ausencia.

Así, el hotel al que habían llegado fue reservado desde España, por él. Las revistas de inmuebles que llevaron al omega, habían sido especialmente seleccionadas bajo su ojo escrutador; asegurándose que las opciones fueran en las zonas más seguras y cómodas. La escuela que admitió a Haru había recibido una generosa donación un día después del ingreso de la niña. Recursos que fueron empleados para mejorar las instalaciones y especialmente el área para los alumnos de primer grado.

Tras las sombras se había encargado de que la vida les sonriera. Solo deseaba que ellos fueran felices y estuvieran seguros, aunque él muriera por dentro cada día.

—Gracias Usaka san. Será mejor tenerlos todo el tiempo con escolta. Mientras no sepamos de ese sujeto, ambos corren peligro.

—Lo sé, pero te prometí que vería por ti y por todo lo que es valioso para ti. Es lo menos que puedo hacer en memoria de mi amigo. – Dijo el hombre mirando por la ventanilla del coche la escuela de su hijo y a su esposo esperando en el portón. — Estarán bien, te lo aseguro.

—Entiendo. Yo también tengo noticias. En dos horas más estaré viajando a Japón.

Una risa salió de los labios del Yakuza cuando su hijo se lanzó a los brazos de Arisu haciéndolo trastabillar. — Ejem… cof cof. – tosió recuperando la compostura y volviendo a la conversación. — Entonces, nos vemos en unas horas.

Tras despedirse, el de ojos verdes comenzó a moverse. Ya no podía seguir en las sombras ni lamentándose. Quería arreglar lo que había dañado y después de hablar con su abuelo no hubo más dudas en su corazón. Además, la noticia de que el perro fiel de Himura estaba suelto por ahí sin saber si estaba vivo o muerto, fue suficiente para poner su modo protector y feroz activado. Ni sobre su cadáver permitiría que alguien dañara a sus dos seres especiales y muy amados. Sus feromonas salían de su cuerpo en llamas ardientes de fuerza y decisión.

Cuando al fin estuvo listo, revisó su celular deteniéndose a observar la imagen en la pantalla, en la cual, un hermoso omega sonriente caminaba cargando en brazos a una pequeña vestida con uniforme escolar, teniendo de fondo el edificio de apartamentos donde ambos vivían.

—Haru, Takato… iré a su encuentro.