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Ranma 1/2 es propiedad de Rumiko Takahashi.
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COMIDA CHINA PARA LLEVAR
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Capítulo siete:
El que tiene vergüenza...
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La velocidad de un chícharo volando después de resbalarse de los dientes de un tenedor debe tener una embolia de la envidia, corro tan rápido que las cosas a mi alrededor son un borrón entomatado de espaguetis al dente. Las albóndigas me saludan con el caliente vapor de su carne y ni la salsa cremosa puede hacerme resbalar.
rápido rápido rápido rápido rápido
Los humos del tomate hervido con especias indias pasan desapercibidos por la esencia dulzona que le da cosquillas a mi nariz y garganta que viene corriendo detrás de mí en forma de oso, cada vez los espesos sonidos de la salsa siendo pisoteada están salpicando mis talones más y más cerca. No quiero voltear, sólo correr, correr, correr... pero el campo parece no terminar nunca, muy al contrario de mis fuerzas, que esas sí se están evaporando más rápido que el alcohol en un comal.
¡Oh no, de verdad que me salpicó la salsa en un tobillo!
El olor es más fuerte, más...
¡Alguien!
Una sombra, a la distancia, amorfa como los pimientos que nadie compra en el súper. ¡Es rojo! Y los espaguetis cobran vida, me latiguean a mi paso como si los sorbiera, no quieren que llegue a la sombra, no quieren que alcance a mi esperanza. La pasta se enreda en mis piernas soy el tenedor que lucha sacándolas del plato-¡traidoras!
Caigo al suelo enredada en sus espigas y el tomate esparcido por todas partes hace parecer esto una escena de película de serie B... ¡No!, ¡no quiero convertirme en lasaña!
La mancha roja se mueve hacia mí, mi pecho se infla... me siento salvada...
¡Ayudame Ran...!
— ...umana va a despertar.
El brillo cegador disminuye y empiezo a distinguir algunas sombras... siento mi cuerpo freír como una patata, el calor es terrible y lentamente las cosas van tomando forma de entre la cortina de vapor y unos... ¿barrotes? Estoy en... ¡en una jaula! Tan diminuta que parezco una fruta apretada en un túper de oficinista.
Y la jaula... ¡se bambolea! ¡Está flotando sobre la cocina!
Sujeto fuerte los barrotes, pero rápidamente alejo las manos, el hierro está más caliente que unas pinzas en carbón. El sudor hasta se evapora, me coceré como una langos...
— ¡La humana despertó!
Intento mover el cuello y voltear hacia la voz, pero no veo a nadie más, sólo más animales en diminutas jaulas contiguas: un pequeño murciélago masticando una frutilla morada, un obeso tigre con las rayas y los bigotes chamuscados, un oso hormiguero o un armadillo con un revestimiento de armadura y un pavo real algo extraño. Estamos colgando por largas cadenas que surgen desde donde quiera que esté el techo, nos mecemos a un mismo compás como trastería de garabato sobre la cocina del salón.
Mi sueño ya es algo muy confuso, se esfuma entre los humores de la cocina... ¿qué pasó antes?
— Hola humana. Es extraño ver a humanos aquí, el festín de esta mañana será excepcional.
Escucho de nuevo esa voz aguda, vino del pavo real. Un pavo real muy lindo, de hecho, ¿que los pavos reales no son verdes? Este tiene colores de guacamaya, un montón de plumas largas tan rojas, tan verdes, y una cola larguísima con más colores que un pastel LGTB...
— Sí humana, generalmente las deidades Fénix somos el manjar principal, pero los humanos se han vuelto tan molestos y difíciles de atrapar que ya son todo un espectáculo cuando el plato es servido, porque sabes, las langostas tienen est-
— ¿qué? — interrumpo con una voz más delgada que un transparente fideo celofán.
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II. RANMA
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— ¿Te sientes mejor?
La cabeza de Akane asiente contra mi hombro y su cabello de algodón me acaricia una mejilla. Hemos estado varios minutos en esta posición, y no he podido evitar que en ese lapso repose ácida la bilis en el fondo de mi garganta.
Pagarán.
Quién haya sido,
pagará.
— ...me vas a decir qué fue lo que pasó... ¡Fueron ellos! ¡Lo sé!
La aprieto más contra mí, como si así se le fueran a escurrir las palabras.
— ¿Cuáles ellos?, ¡espera Ranma!, ¡aún no te digo nada!
— ¡Los tipos rudos y gordos! ¿Quiénes más?
— ¿Cuáles tipos rudos y gordos?
— ¡Ahora lo niegas! ¿Estás ocultando algo?
Se separa con fuerza de mí y mantiene sus manos en mis hombros imponiendo distancia.
— ¿Puedes calmarte y no hacer una escena?
— ¡No estoy haciendo una escena!
Suspira pesadamente y puedo escuchar sus dientes tronar como si masticara hielo. Baja la vista y quedo expectante, pero rápidamente levanta sus ojos y me ve directamente. Esto me intimida. Hay algo raro. Raro, raro...
— Escucha... te contaré lo que sucedió... ¿no habíamos quedado en eso?
Respiro tan profundo que apagaría un fuego. Sí, tiene razón. Me paso una mano por la cabeza y algunos cabellos centellean rojos pegados a mis dedos por la humedad. Diablos, tendré que conseguir agua caliente.
— Bien, sí, pero... —acepto avergonzado.
— Sólo prométeme que no saldrás corriendo ni que pensarás que estoy loca.
— Bien... Bien... lo prometo...
— Gracias —me regala una sonrisa, tan corta e insípida como una prueba gratis. Es diferente de la anterior, como si quisiera ocultarla. Y no puedo hacer otra cosa más que observar impaciente mientras se decide en comenzar.
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III. "CHOW MEIN"
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— ...y después de que cubrí todo eso con una hoja de plátano, apareció uno de los cazadores del Shítáng —cuenta la deidad fénix—, yo sé que era imposible seguir huyendo así que me entregué, tomaron mis cosas y heme aquí.
Si alguna vez tuve dudas, ahora lo tengo muy claro. Esto es la eternidad: estar encerrada en una jaula, sudando como si no hubiera un mañana que probablemente no llegue, acompañada de animales encerrados también en jaulas meciéndose como hojitas de laurel sobre el agua que por más que veo no empieza ni a hervir.
— Eso estuvo muy bueno — escucho decir a la deidad fénix —, me halaga que me veas como deidad, jovencita, hace muchos milenios que nadie piensa en mí de esa forma-
— ¿Pero por qué te quieren comer?
— -sólo me ven y en lugar de irse a su choza a tallar una estatuilla y hacer un festín en honor a mí, se imaginan a qué sabrá mi percudida carne.
Después de dos discursos sobre la historia de cómo fue atrapado, me quedó más cristalino que el agua que la deidad fénix ya tenía experiencia estando en jaulas en diferentes cocinas y siendo comido por diferentes entes... sus palabras llenan mi mente y me aturden, mi cerebro también se siente en una jaula.
— Debe ser muy difícil vivir así... — Me da mucha lástima.
— No te sientas mal joven humana, claro que tengo experiencia, las deidades fénix somos inmortales, todos creen que comiendo de mi carne lograrán la vida eterna, pero lo único que sucederá es que...
— ¡No te preocupes! — lo interrumpo al disponer de una pizca de pensamientos — ¡Saldremos de esto, no dejaré que los tuyos se extingan por creencias tan tontas como esa!, ¡ni que se coman a nadie más! —. El tigre me ve con una lagrimilla en el ojo y el murciélago hace una voltereta.
— Eh, bueno...—empezó a decir el fénix— en realidad iba a decir que su hambre solo se quitaría por unas horas, los fénix somos como comer pescado, no duramos mucho en-
— Planeaba ayudarte, pero si gustas puedo dejar que te coman.
— -el estómago, pero prefiero no ser comido, muchas gracias por tu ayuda, gentil humana! Nunca un humano se había preocupado tanto por nosotros — Se cubre el pico naranja con su ala multicolor mientras una lágrima dramática se evapora antes de secarla con las plumas. — Como pago, te contaré el secreto que intenté ocultar y ahora está en esta sala de cocina.
— Y… espera, ¿no hay otro tipo de secretos? Como... ¿"el secreto de cómo salir de las jaulas"?
— Mm — De pose dramática, pasa a sujetarse la barbilla como si intentara atrapar en su mente alguna receta vieja de la abuela — Mmm... — Se cubre los ojos rápidamente — Mmm... — Se los destapa y entrecierra los ojos más concentrados que los de un chef acomodando un mondadientes que unirá dos piezas de un pastel — Mmm... — Finalmente los abre y parece que saldrán volando como huesos de aguacate justo cuando no quieres que eso pase —. Las jaulas no tienen ningún secreto, temo decir.
Mi sonrisa esperanzada se derrite como una bola de helado en el cono. La deidad se preocupa y saca la punta de su ala por entre los barrotes, algunas plumas desprenden humo, pero no se encienden. Toca ligeramente mi frente.
— Oh, pero, tú tienes muchos secretos, gentil humana. Faltan todavía muchas horas para el festín, ¡puedes contármelo todo! Nuestros otros compañeros aquí no son tan elocuentes —el extraño armadillo lanza un bufido—. Las ventajas de que soy un ser inmortal, es que al vivir tanto tiempo podré hacer que tu recuer-
— ¡Tenemos que escapar de aquí!... y... yo... no recuerdo bien quién soy... porque... no soy yo...
— -do perdure!... Ah... ya veo. Ya veo. ¿Ves tú? Es esa clase de secretos. Tan secretos que son secretos para tus secretos. Pero como siguen siendo un secreto... ¡te contaré mejor otro! Así tendrás uno que no es tan secre-
Suspiro. Esto ya es demasiado.
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IV. RANMA
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La última palabra que sale de la boca de Akane termina de decorar el pastel con una cereza. Mi carcajada sería colosal si no fuera porque desde hace un rato que por mis constantes interrupciones me hizo una llave y metió un montón de zacate en mi boca, todavía me lo sigue presionando con una mano para que no pueda desenredarme y escuche ¡Todo ese cuento loco!
Maldición, me voy a ahogar.
— Después de dormir en el hotel—explica Akane—, tomar un baño y cambiarme de ropa, salí a buscarte. No te encontré por ningún lado.
— HHnndhnmmojfhjff
— Cuando escuché los rumores del oso, temí lo peor. Te busqué por todas partes... ¿Y si me había seguido? No es posible, pero había la posibilidad...
— mmffhufamf ommffoo — Debo hacer algo, siento que empiezo a tomar color mora por falta de aire. ¿Eso que siento en mi garganta es un gusano?
— Por suerte no era ningún oso, estabas sólo tomando una siesta. Me siento un poco culpable... ¿sabes? Porque, en-
De un movimiento deshago su agarre en mis piernas entre las suyas y giro para librarme de sus brazos torciendo los míos. ¡Estoy agarrotado! Maldita sea, Akane. Cae de trasero delante mío y escupo tierra, césped, algunas piedras, gusanitos... olvidaré eso último...
— ¡Al fin aire! ¡Aire! — Es tan agradable respirar, se siente como destapar la olla de los panes al vapor. ¡Fresco! Akane se levanta y se sacude el polvo que se levanta como harina.
—Akane—carraspeo—, todo lo que me contaste... ¡Fue un sueño!
Se congela frente a mí con ojos de pescado muerto. Me levanto y me amaso el cuello, voy a parecer chicharrón prensado cuando me salgan los moretones.
—Estábamos tan cansados que mezclaste realidad y ficción—seguí—. Soñaste despierta. Si volvemos, no habrá ningún oso dirigiendo un restaurante.
—Pero qué estás...
—¡Soñaste con un oso porque eso te recordaron los tipos rubios! Probablemente dormitaste demasiado en el sanitario. A veces pasa eso. Un sueño de 5 minutos parece durar toda una vida.
Escucho un par de sorbos de refresco... ¿Akane está llorando?
—¡Hey espera, espera Akane!
—Tienes razón Ranma. Todo eso fue una mentira, sólo fue un simple sueño. Lo que viví no fue nada. Soy una loca, hablé de más...
—Oye Akane, no es para...
—HABLÉ DE MÁS—me interrumpe con voz fuerte—. No debí contarte nada... aunque no me creas, ahora lo sabes y...
—¡No es para tanto, Akane!
Me fulmina con la mirada y es suficiente para sellarme la boca. Sé que ahí viene, sólo que no sé qué tocará esta vez. ¿Será una cachetada?, ¿el mazo?, ¿dónde guarda ese mazo?, ¿debería preocuparme? Da un paso hacia mí y siento que el peligro eriza todos mis vellos de los brazos, el corazón hasta ha dejado de bombear sangre porque se armó la gorda.
—Discúlpame por haberte llenado de tierra. No querías escucharme y... bueno, al final dio lo mismo.
—N-no fue mi intención, disculpa, sé que, aunque fue raro no debí insultar tu sueño y...
Llega el golpe, pero no como esperaba, me sujeta de la boca como para hacerme callar, pero en lugar de eso acaba de meterme algo. Siento como unas pequeñas esferas se disuelven y liberan un sabor a dulce cremoso, me están tapando la garganta, no tengo de otra más que tragarlas o me ahogaré. Las paso como pastillas con una lentitud descomunal. Me agacho y me llevo las manos a la garganta, me arde, ¡maldita sea!
—¿Q-qué era eso? —mi voz tiembla—, Akane... ¡qué era eso!... Aka- ¡Akane! ¡Te estaba buscando por todos la- Hey, espera, ¿ya es de noche?
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V. AKANE
¡Oh no, un spoiler!
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— Sí, bueno, es que estuve viajando nl tiempo...
— ¿Un tiempo?
— Sí.
El tigre bosteza y no puedo evitarlo, es pegajoso, y bostezo también. El avechuche no ha cerrado el pico durante toda la noche y ninguna de sus palabras ha dicho nada sobre el gran "secreto de la cocina". Los otros animales le han dado la espalda también, hartos y cansados, y por más que he intentado patear los candentes barrotes, no logro romperlos, sólo he logrado que las suelas de mis deportivos se derritan y desprendan ese olor oscuro del gaucho quemado. Tendremos que esperar a que alguien venga por alguno de nosotros, y entonces meceremos las jaulas con fuerza, tal vez hasta tenga las lla-
— Eso no funcionará, pequeña humana.
Todos gruñimos.
— No es por ofenderlo señor Fénix, pero no tenemos escapatoria real de aquí.
— Claro que la tendremos, pero aún no ha llegado la hora.
— ¿Hora? ¿de qué habla?
— Hay un momento específico en el que seremos liberados, pero todavía no llega. Hay que esperar. Aunque, a decir verdad, nuestro querido compañero de aquí —saca un ala de la jaula para señalar al extraño armadillo— es quien debe ser liberado a toda costa por el bien del mundo humano.
El aludido sonó más desanimado que un globo escapándosele el aire. Se cubrió la cabeza con las patitas acorazadas y estornudó.
— Definitivamente nada, nada bueno.
— Pero es tan tierno y tan bonito... claro que tenemos que liberarlo. Tenemos que hacerlo todos. ¡Escuchen!
Voltearon a verme satisfechos como si un delicioso plato de lo que sea que coman estuviese frente a ellos.
— Si alguien se acerca a las jaulas, hay que hacer todo lo posible por distraerlos y robarles las llaves. Si sacan a alguien, él será el responsable de-
—¿Responsable de qué?
Escucho una voz ácida y burlona a lado mío. Veo algo destellar por el rabillo del ojo y al voltear me encuentro con un muy bien afilado cuchillo de cocina y a un hombrecillo clon, idéntico a todos los trabajadores de la cocina, sostenerlo justo a la altura de mi cabeza.
—¿Planean escapar? ¿la comida, escapando? —sonríe mostrando todos los dientes— Nadie ha escapado nunca del Shítáng, la Cocina del Infinito. ¡Nadie!
Levanta el cuchillo sobre mí para asestar una puñalada perfecta hacia mi cuerpo por entre los barrotes. Veo que su otra mano está sosteniendo una escalera de madera. Algo se enciende en mi mente. Le grito a todo pulmón:
— ¡PUES MIRA COMO NOS ESCAPAMOS!
Pateo con fuerza la jaula y golpea la escalera. El hombrecillo suelta el cuchillo como si ardiera, cierra los ojos ante el potente humo del gaucho quemado de mis suelas y se sujeta con fuerza de la escalera con las dos manos, que también empieza a mecerse peligrosamente.
— ¡No! ¡NO! ¡Agarren bien la escalera!
Veo que abajo otros dos hombrecillos sostienen la escalera a duras penas. Empujé con tanta fuerza que alcanzo y choco con la jaula contigua, la del tigre, y él con sus obesas garras me empuja más fuerte hacia el hombrecillo de nuevo. Me ve con cara de terror, como si yo fuera un cucaracho volando directo hacia su rostro.
Impacto.
¡Cae como panecillo con mantequilla! De cabeza, justo como no debería caer. Una parte de mí se siente mal por él.
— ¡Humana, me sorprendes! Pero aún no es hora de nuestro escape, faltan sólo...
— ¡Ya basta! ¡La jaula se abolló—le informo— y tal vez pueda salir!
— -sólo 10 segundos más, ¡no desesperes!
— ¿Ahora qué demonios está dicien...
Lo que siempre he temido cuando enciendo el horno sucede: escuchamos una gran explosión que impulsa una gigantesca oleada de aire caliente que me deja sin pestañas. ¿Qué ha sido eso? Todos los cocineros abajo de nosotros voltean hacia el lugar donde sólo hay escombros y una luz cegante. Una sombra se entrevé de entre la montaña de desperfectos.
Una sombra, empiezo a recordar lo que soñé. La sombra. ¡La sombra!, ¡ha venido por mí!, ¡Ranma ha llegado! ¡Ranma! ¡Mi prometido!
— Pero qué malvados son todos ustedes con este ancianito, ¡yo sólo quiero ser felíz y comer perdiz al lado de la gran mujer que dirige este lugar!
Es el viejo Happosai, el infame ladrón y traidor. ¡Me hierve la sangre al fin poder reconocerlo y verlo tan fresco!
— ¡Qué cree que está haciendo, viejo traidor pervertido! — Sujeto los barrotes, ya menos calientes por el ajetreo.
— Oh pero si es Akane. ¿Qué estás haciendo en esa jaula? ¿Qué clase de club es este? ¡No te dejaré ninguna propina, qué dirá tu padre!
— ¿PERO QUÉ ESTÁ DICIEN-
Crack.
Los barrotes que sostenía se rompen como palillos de pan. Parpadeo un par de veces sin creérmelo.
— ¡Humana! —gritó el fénix—¡Ya llegó el momento!
Golpeo y pateo los demás barrotes, se desmoronan como galletas saladas. ¡Cómo es que ahora es tan fácil! Antes de que se desprenda la base, salto hacia jaula del tigre, muy apenas alcanzo la base del armatoste y me sostengo por las puras puntas de mis dedos; mis piernas cuelgan libres sobre la cocina donde todo es caos. Con gran esfuerzo tomo un barrote y lo jalo, desprendiéndolo como fruta de un árbol. En el fondo se escuchan a los hombrecillos siendo bombardeados por el viejo pervertido. Una alarma suena chillante en el momento que doy un salto con patada hacia la jaula del armadillo para liberarlo, los barrotes hacen "crack" y el murciélago pasa por entre los barrotes, con sus patitas sostiene al armadillo de la cola y se lo lleva. Al final, entre blancas nubes de harina, llego con la deidad fénix.
— ¡Le agradezco tanto, pequeña humana! ¡Le diré ahora el secreto de la cocina!
— ¡Dígamelo cuando lleguemos al suelo! ¡Rápido, salga!
Me ofrece su espalda para subirme y no dudo ni un segundo en aceptar la oferta. Y no tardamos tampoco ni un segundo en caer directamente hacia el suelo manchado de comida abandonada de la ahora vacía y destruida cocina.
— ¡¿No que iba a volar?!
— No d-dije qu-que lo fue-ra a hacer...
Algunas bombas caen demasiado cerca de nosotros, los platos salen volando y literalmente son platillos voladores. Muchos otros animales (monos, tortugas, cotorros, hienas, y zorros corriendo en dos patas empujando peceras con ruedas llenas de mariscos señalando el camino) huyen despavoridos hacia el agujero en la pared para escapar. Los hombrecillos corren como hormigas hacia todas partes y ninguna, sin saber qué hacer. De pronto, mi nariz empieza a detectar un olor picante, un olor conocido que desearía no volver a oler.
— Se acerca, rápido pequeña humana, debemos llegar a aquel lugar —con su colorida y desplumada ala el fénix señala una esquina de la cocina muy cerca de donde se produjo la primera explosión. Me echo a correr y el muy inútil se va dando saltitos como pulga. No me extraña que lo atrapen tan seguido.
Al llegar, hay un par de viejos hornos que parecen sacados de una tienda de antigüedades, son tan grandes que una persona podría caber ahí dentro y se ven tan resistentes que han soportado el bombardeo del viejo sin sufrir ni un rasguño.
— Rápido humana, ¡métete dentro!
— ¿Está loco? ¡Me van a cocinar ahí entre tanta explosión!
— ¡Confíe en mí, humana! Yo no puedo acompañarla, sólo entre ahí, todo saldrá bien.
Una gran sombra nos cubre a los dos, Zongtang el oso se levanta poderoso frente a nosotros, con sus grandes garras de cuchillas y sus pelos enmarañados de perro mojado. En un instante mi garganta se torna más seca que el desierto.
— ¡Vete, humana!
La deidad emana una onda de viento que abre la puerta de uno de los hornos y me empuja ahí dentro, una de sus plumas vuela hacia el interior conmigo y lo último que veo antes de que el hierro negro me encierre dentro es al gran oso lanzándose encima de mi amigo, a la espalda del monstruo el tigre se lanza para evitarlo y el murciélago lanza al armadillo hecho bolita como una bala de cañón en un intento de ataque desesperado.
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Continuará...
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Pero miren sólo qué hora es... Es la hora de actualizar! Y de pedir unos tacos de carne asada, doraditos en su grasa y con mucha cebolla asada escurriendo el juguito de la grasita del disco donde se caramelizó junto con las otras carnes para los otros tacos...
Vaya que me llevó tiempo. Tal vez hubieran pasado dos años más si no hubiera sido por esos mensajes amenazantes :P
El siguiente capítulo es el final.
Les agradezco con toda mi ancianidad el seguir leyendo esta historia!
