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Ranma 1/2 es propiedad de Rumiko Takahashi.

Ninguno de los personajes es mío. No estaría escribiendo este disclaimer si no fuera por Anita Arroz (Anne Rice). Toda la culpa es de ella.


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COMIDA CHINA PARA LLEVAR

Capítulo final:
A la sombra de la higuera...

El silencio es fantasmal, al grado de escuchar la sangre palpitar en mis oídos junto con la respiración agitada de mi pecho. Mis ojos son inútiles, todo está impregnado de oscuridad y pescado fermentado. Al incorporarme, mi nuca choca con la parte superior del horno... ya que estoy dentro, descubro que no es tan amplio, tengo que estar agazapada como una mosquilla de fruta. Palpo las paredes y golpeo varias veces con las palmas hacia donde debe estar la puerta produciendo un hosco sonido de carne fresca siendo ablandada contra metal.

—¡Deidad Fénix! —Grito a todo pulmón, sintiendo una punzada de mondadientes en los oídos. —¡Deidad Fénix!

No puede ser.

¿Dónde está el maestro Happosai?, ¿habrá visto que entré?, ¿les ayudará?

¡Cómo desearía que Ranma estuviera aquí!

Pero no está. Nadie está. Me llevo las manos al rostro, atrapando la almendrada respiración entre los dedos. Reviso mi cabello, ya no siento la horrenda cofia conteniéndolo como al jamón de mercado. Palpo mis ropas, siento mis hombros desnudos por la blusa sin mangas, mis piernas sienten vestigios cálidos del horno por lo corto del short. Regresé a mi forma original. El hechizo se disolvió igual que un chocolate en leche caliente sin darme cuenta. Pero no hay tiempo para pensar en eso. Debe haber una razón por la que sólo el maestro quedó atrás, conmigo. Debo hacer todo lo posible por salir de aquí.

Alejo las manos de mi cuerpo y procedo a acariciar todas las paredes y rincones del horno como si estuviera embarrando un refractario de mantequilla. El metal es chicloso, con una textura rasposa de cáscara de mamey, me lastima la piel y astilla mis uñas.

Al revisar la parte inferior, algo suave y de forma alargada como una ramita de cilantro se enreda en mis dedos. Lo tomo y lo acaricio para conocer su forma... ¡es la pluma del fénix!

Un brillo rojo manzana surge de la pluma... lentamente va borrando las tinieblas y ya puedo verla, carmín como una grana con algunas líneas verdes. Distingo después mis manos, mis brazos, y de un destello ya me es posible verlo todo. El interior del horno está infestado de horribles manchas de aceite quemado, grumos ya unidos al metal que cientos de años atrás fueron comida y sólo en algunas partes se asoma casi sin querer el color plata del acero. ¡Bien! La pluma me sirve de linterna para revisar cada odioso rincón, pero aun así me es imposible encontrar algún punto débil, ni siquiera puedo ver la unión de la puerta por donde entré.

La luz cesa repentinamente y en su lugar un tenue brillo de ciruelas comienza a palpitar. ¿Qué... qué es esto? Incrementa la velocidad y la intensidad cada segundo. Poco a poco una suave brisa emana de ella hasta que se convierte en una ráfaga y me envuelve por completo. Libera tanta luz que sólo me queda cerrar fuertemente los ojos. Se escucha un fuerte golpe a mi lado y la corriente de aire me lleva hacia esa dirección. La sangre se me va a los pies al darme cuenta de que me golpearé fuertemente contra el metal, pero en su lugar, siento que caigo y lo que me recibe es suave como el pasto.

La corriente de aire cesa y abro los ojos... ¡Estoy en el claro de un bosque! A un lado está la estufa antigua, su presencia es menos maligna que cuando entré y luce tan abandonada como un plato sucio en el fregadero por días. Abro las manos que tenía cerradas como puño para proteger la pluma del fénix y esta se desmorona como azúcar entre mis dedos.

—¡Deidad Fénix! — Comienzo a gritar, levantándome, pero sólo me responde el bosque con todos sus árboles espigados como platanares. —¡Deidad Fénix!

Silencio... pero... ¿qué es ese sonido? Es como un ronroneo de licuadora. ¡Debe ser por allá!

Corro hacia la dirección del ruido, son sólo algunos metros hasta que estoy lo suficientemente cerca para distinguir una pequeña cabaña de madera marrón como pasta de jengibre con muchos trastos desperdigados al azar en lo que parece ser su patio trasero. Un momento... conozco este lugar. ¿Es este el patio del restaurante de comida china?

Decido investigar.

Cuidadosamente, doy paso tras paso a hurtadillas como si me fuera a robar el gansito de alguien que está en la nevera. Al llegar a la pared de madera, me adhiero a esta como perejil en un diente y avanzo lentamente hasta la esquina. Asomo la cabeza. No hay nadie. Tampoco hay más sonidos aparte de los que vienen desde dentro. Camino hasta llegar a la entrada y me oculto detrás de unos arbustos para ver sin ser descubierta. Frente a la cabañita puedo ver estacionados un auto empanizado de polvo y tan viejo que parece estar desmoronándose sin mucha ayuda; un par de monstruosas motocicletas y una van desabrida.

Escucho que alguien atraviesa la cortina de bambúes anudados y me agazapo en mi lugar, debo evitar ser vista.

—Quién pensaría que una chocita abandonada serviría tan buena comida. Debo investigar... no pensé que fuera rentable estar tan lejos del camino principal a las cascadas de Hossawa.

¡Esa voz se parece tanto a la de Nabiki! Y también eso suena bastante a ella.

—Lo sé, quién lo diría. Mi hijo se preocupa tanto por Akane que ha dado una recomendación increíble, es tan bueno en todo lo que hace.

—No puedo negar que la recomendación fue bastante buena.

Quiero salir de mi escondite y gritar "¡Tía Nodoka! Nabiki!" y aventarme hacia ellas como pasta dental hacia la ropa, pero antes de hacerlo y de decir palabra alguna, al otro lado del camino veo una gran sombra. Una figura oscura y desgarbada de tallarines enredados con un kepi sobre la cabeza que puedo identificar en cualquier parte: es el oso Zongtang.

Rápidamente me aviento al suelo con las manos sobre la boca... ¿me habrá visto?

—¿Escuchó eso, tía Nodoka?

—Sí, por los arbustos. Debió ser una liebre. Vamos al auto, creo que Ranma y Akane tardarán un poco más.

Mis huesos se vuelven gelatina del terror... ¿qué significa eso?, ¿y dónde está la deidad fénix?, ¿y el tigre obeso?, ¿el maestro? Todo esto es una trampa... pero no debo ser capturada otra vez. Debo regresar y ayudarlos. Debo advertir también a mi familia. A Ranma.

Me arrastro como gusanito de dulce hacia la parte de atrás de la cabaña, detrás de mí empiezo a notar un olor cada vez más intenso a salsa de chile de árbol caramelizada con un toque de naranja, pica en mi garganta. El oso está cerca. Intento ver algún escondite a mi alrededor, pero ninguna de las chatarras en el patio (metales sin forma, sillas de madera sin patas, un monitor de computadora, una lavadora vieja, y demás trastos) me servirá para ocultarme. Pruebo entrar por la puerta de atrás, pero está bien cerrada. Claro. Recuerdo que siempre debía tenerla bien cerrada cuando estaba bajo el hechizo... Me acerco hacia la ventana, pero también está cerrada, con las cortinas abajo. Tiene que haber un sitio, un sitio... claro, el último recurso... la ventanita del sanitario siempre está abierta.

Doy un salto hacia ella, a duras penas puedo entrar, ¡es bastante estrecho!, y el sanitario es diminuto, piso primero la taza del baño, después la llave del lavabo, espero no aflojarla y hacer un espectáculo, ¡lo que menos quiero es hacer ruido! Toco el suelo y me hago ovillo. Espero el gran oso no me haya visto entrar... ¿qué puedo hacer?...

Unos fuertes pasos se acercan, el olor picante es fuerte y me dan ganas de toser. El pánico se vacía dentro de mí como leche en un vaso cuando me doy cuenta de que los sonidos vienen del otro lado de la puerta. ¡La puerta! Me levanto y sostengo fuerte el pomo. Se mueve varias veces, el oso está intentando entrar, pero no debo dejarlo. Aguanto la respiración para ya no inhalar el fuerte olor, cierro los ojos y aprieto más fuerte el metal. Se sacude como pescado fuera del agua, y yo aprieto como un pulpo por mi vida. Si el oso está del otro lado, significa que si mantengo la puerta cerrada podré escapar por la ventanilla y él tardará en salir por la puerta de enfrente.

De un movimiento brusco imposibilito la perilla y truena como pescuezo de pollo. Eso me dará unos momentos, si entra y cierra, no podrá abrirla tan fácilmente de nuevo.

Salgo disparada como frijol siendo limpiado hacia la ventanilla... y.… estoy atorada, ¡esto no puede ser! Tal vez Ranma tenga razón y deba hacer una dieta... Empujo fuerte y logro salir como corcho de una botella agitada. Caigo sin ninguna gracia sobre mi trasero y corro como animal huyendo del matadero hacia la parte frontal de la cabaña. ¡Esta es mi oportunidad! Ya alcanzo ver a tía Nodoka fuera de la van, dándome la espalda sosteniendo la puerta, platicando con Kasumi, quien está dentro. Nabiki y el tío Genma ya están también en sus lugares. Mi padre está en el asiento del conductor y me ve corriendo hacia ellos.

—¡Papá! —lo llamo esperanzada.

—¡Akane, hija!, ¡dile a Ranma que se dé prisa, ya nos vamos! —me grita de regreso. Claro. ¡Ranma!

Sin responder entro agitada a la cabaña. Al cruzar bruscamente la cortinilla de bambúes todos voltean a mirarme como si fuera un costoso plato de sashimi en exhibición, pero rápidamente vuelven a sus cosas: las mujeres de anteojos proceden a seguir atascándose como puercos de un gran plato compartido lleno de carne con vegetales y los hombres rudos a quitarle todas las cebollas a sus sopas agridulces. Ranma está recargado sobre el mostrador sin quitarme un ojo de encima.

—¡Vámonos rápido, Ranma! —Lo apuro.

—Qué veloz. ¿Te limpiaste bien? Ya me entregan mi pedido, no seas desesperada.

Me acerco a él, con la fuerte sensación de Déjà vu rodearme como aroma de queso podrido. Tomo uno de sus fuertes brazos de vara de carrizo y le suplico.

—¡Tenemos que irnos, no te lleves nada de aquí!

—¡Pero ya pagué! Mira, ya viene.

Veo en cámara lenta como la mujer china atraviesa la cortina roja trayendo consigo los variados olores de especias y carnes mezclados como cloaca abierta. Sus ojos negros de aceituna enana, su corto cabello de elote seco atrapado en la cofia, el maldito delantal amarillo... ¡Es una pesadilla! Sostiene en su mano un paquete delicadamente atado que deja en el mostrador y Ranma lo toma sin pestañear.

—Listo. ¿Por qué tanta prisa?, ¿ya te dio mal del puerco? *

Lo jalo hacia fuera sin replicar, antes de que la china hechizada alerte a Zongtang y los hombrecillos de la cocina vengan por nosotros. No lo entiendo. Es como si nada hubiera pasado.

Empujo a Ranma hacia la van sin mirar atrás y después de que ambos subiéramos cierro fuertemente la puerta.

— Diablos Akane, dale más fuerte a la puerta que ni así cerró bien—. Escucho a Nabiki a mis espaldas.

—¡Vámonos! —Digo ignorándola, sin referirme a nadie en particular.

—¡En marcha! —grita eufórico mi padre mientras gira la llave de encendido. Tía Nodoka me sonríe muy complacida y Kasumi saca de su mochila un kit de tejer. Nos mecemos como caldo rebosante cuando papá da la reversa. Volteo atrás hacia donde está Ranma, acorralado entre las múltiples maletas, sosteniendo el paquete entre las manos y esperando a que entre a la banca del asiento para sentarme junto a la ventana.

—¿Vas a darte prisa? Ya quiero hincarle el diente a esto.

Se arma una trifulca entre mi padre y Ranma sobre comer dentro de la van. Me siento demasiado embotada como para darles toda mi atención y me dirijo a mi lugar sorteando los movimientos del auto para evitar caer. Accidentalmente al sentarme, arrastro con el pie una de las maletas bajo el asiento y esta se abre un poco. Puedo distinguir mi bento celeste con estampado de patitos sobresalir un poco... ¿qué está haciendo ahí en la mochila de Ranma?... Sé que es suya por ese llavero de la bolsa lateral con forma de Okonomiyaki que le regaló Ukyo hace tiempo, es inconfundible.

Volteo a verlo, ya sentado a mi lado, por si encuentro alguna respuesta en sus ojos, tan celestes como mi cajita de bento al darle el sol en el rostro. Se encuentra cohibido, creo que la regañina de papá le ha calmado esa hambre atroz que desconozco. Al regresar la mirada hacia la mochila en el suelo, veo que cambió ligeramente de posición y ya no puedo ver el interior.

Me arrellano en mi lugar con la confusión haciendo un puré con mi cerebro. ¿Qué fue lo que pasó...?

Un fuerte olor a salsa de ostiones llega a mis narices, está escapando de la cajita de comida que Ranma sostiene en sus manos. Y mis tripas rugen silenciosamente, recordando que no he probado bocado desde ayer en la tarde cuando comí por última vez esa insípida sopa de castañas que les sirven a todos los empleados (¿Será esa la palabra? Esclavos, más bien.) del Shítáng. ¿O será que en realidad mi última comida fue la que tuve en el restaurante antes de quedarme atrapada en el baño? Un momento...

Por el rabillo del ojo distingo algo extraño entre los árboles del camino. Son sombras. Mi corazón se detiene en seco como el microondas cuando le abres la puerta... ¡Es el oso! Pero salen a un claro donde no hay árboles ni matorrales y puedo ver quiénes son. ¡Son mis antiguos compañeros de jaula! El obeso tigre carga en su lomo al armadillo, el murciélago vuela a su lado y se detienen diciendo adiós con sus patitas. Eso llena de felicidad mi corazón. ¡Están bien! Pero algo hace que esa felicidad se vaya por un sumidero en mi pecho. ¿Dónde está la deidad fénix?

Como si lo hubiera invocado, veo su mancha carmesí encaramada como cereza en la punta de un pastel, encima de un alto pino justo antes de que la van cruce un pequeño puente rural de piedra. Se queda atrás por la velocidad del auto, intento seguirlo con la mirada, pero me golpeo la frente con el vidrio de la ventana. Dolió... ¡pero el fénix está bien! Acaricio mi frente donde recibí el golpe. Una dulce sensación de genuina felicidad recién horneada me inunda.

— ¿Te dolió?

Escucho a Ranma preguntarme.

— Sólo fue un golpecito —respondo. —Me estaba quedando dormida—miento.

— No te preguntaba a ti. Le decía al vidrio, debió sufrir mucho.

Sonrío. Este es el Ranma inútil que conozco y su provocación de alguna forma me pone contenta también. Todo vuelve a la normalidad. Estoy aquí y todo está bien. Cierro los ojos de nuevo, pero siento una mirada sobre mí tan conocida y reconfortante como una sopa miso recién hecha. Sé que es Ranma. Abro los ojos y lo desafío juguetonamente:

— ¿Qué tanto me ves?, ¿no que te preocupaba tanto el vidrio?

— Ni quién te mire, estaba viendo por la ventana —responde haciendo un gracioso mohín.

— Mentiroso.

Complacida al escuchar sus palabras, procederé ahora a dormir de verdad. Cierro los ojos y recargo la sien en el cálido vidrio. Al acomodar el cuerpo contra la van, siento algo en los bolsillos del short. Meto la mano para saber qué es y palpo unas pequeñas figuras envueltas en papel...

Son dulcitos de conejo.

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Fin.

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*Mal del puerco: En México, así se le llama informalmente a la sensación de aletargamiento y sueño que te da después de comer mucho.

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El que de refranes se fía...
Notas de autor

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Les informo, amables comensales, que la cocina ha cerrado. Todos sus pedidos están listos y pueden pasar a recogerlos en ventanilla.

April Starlight, Lacriza, Salma Kaulitz, Geral, marilole, SaV21, Azariell, zabitamt1975, Leandro-sensei, Paricutirimicuaro, ar30982, Mela, Maryviza, DolcePiano, ivarodsan, Akanita87, Carol FVargas, VIP98, LunaGitana, Tear Hidden, chimiusa, Arianne Luna, Benani0125, Carol FVargas, Erlyn ortiz, Kris de Andromeda y a todos los guests, anónimos, infiltrados y nuevas personas que vengan en el futuro (o en el pasado?)
MUCHAS GRACIAS!

Les agradezco a todos por seguir la historia y darle una oportunidad para probarla. ¿Qué calificación le dan al chef? ¿Fue una historia con un cálido aroma de sopa de abuelita en una tarde lluviosa o fue igual de deliciosa que una pizza aguada de olor dulzón recién salida del microondas?

Odienme en cantidades suficientes para que no se envenenen por hacer que la mayoría tenga que regresar a leer los primeros capítulos de nuevo. Sé que es confuso, y si alguien se lo pregunta: sí, sí escapó el escuadrón enjaulado.

No sé si logré que todos los personajes estuvieran IC.

Y no puedo creer que me haya tardado años terminando algo que me parecía tan rápido de escribir. Nunca debí mencionar a GRR Martin, fue la perdición.

Todos los capítulos tienen nombres muy singulares, ya que muchos refranes hacen alusión a visitas, comidas, frutas y dulces, pensé que eran algo perfecto que le iba muy bien. En caso de que les interese saber, la lista completa de los capítulos es:

- Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente.
- De buenas intenciones está hecho el camino al infierno.
- Más vale ir bien comido que bien vestido.
- Quien siembra vientos recoge tempestades.
- El huésped y el pez, a los tres días hieden.
- La verdad como el aceite, queda siempre por encima.
- El que tiene vergüenza, ni come ni almuerza.
- A la sombra de la higuera, ni te sientes, ni duermas.
- El que de refranes se fía, no llega bien al mediodía.

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Les agradezco nuevamente a todos sus reviews, follows, regaños y su tiempo en leer esta historia!

Hasta la próxima 👋🚀