¡Y llegamos al final! justo como os dije =D He contado (creo) todo cuanto quería y corregido las dudas que dejé. Ya os dije que Hinata actuaba así por un motivo y aquí se revela. Igualmente, os recuerdo leer las advertencias =D

Nos vemos abajito =D


4


Final


Naruto cerró la puerta con tanta fuerza que uno de los espejos se soltó del enganche. Se detuvo para mirar su obra como si fuera algo que le pasara a otra persona. Llevaba así tres meses. Tres meses desde que se fueron las dos mujeres.

Con suma paciencia, Sasuke arregló el desperfecto. Iban a perder algo de material y mano de obra y a Naruto parecía no importarle. Caminó hasta la garita en silencio y cerró la puerta con igual desinterés que la del mismo coche.

Hasta sus mecánicos habían notado la apatía que sentía su jefe. Sasuke no les iba a explicar por qué, por supuesto. Porque tampoco sabía qué había pasado del todo.

Durante tres meses esperó pacientemente que le contara qué había sucedido entre él y Hinata. Extrañamente, Naruto no abrió la boca. Ni siquiera para soltar lo que llevaba dentro. Parecía que trabajar era lo único que lograba mantenerlo ocupado lo suficiente como para que no cruzara un semáforo en rojo sin mirar si quiera.

Tampoco le había juzgado porque ella decidiera besarle antes de marcharse. Esperaba que comprendiera que él no era tan hijo de puta como para meterse con una mujer que pertenecía a otro. Algo que iría en contra de su propia lógica.

Además, si lo pensaba detenidamente, estaba más enfrascado con la otra mujer que con ella. No soportaba a Hinata, lo reconocía, porque no comprendía su forma de ver la vida. Esa ridícula forma de comportarse.

Aunque, si pensaba en cosas ridículas, echar de menos a Sakura era de las peores. ¿Cómo podía haber pasado de no querer verla a pensar en que la echaba de menos de alguna forma? Incluso todavía mantenía una sábana doblada en el sofá, por si las moscas. Aunque a veces se preguntaba por qué.

Quizás lo de Naruto era más intenso. Al fin y al cabo, entre Hinata y él pasaron muchas cosas, rápidas, intensas y marcadas para toda la vida. Nunca había visto a Naruto empaparse tanto de una mujer.

Él no permitió esa clase de ofrecimiento. Ni le dio la oportunidad. Como consecuencia, quedó una espina clavada en él para siempre. Porque dudaba que esas mujeres regresaran una vez más. Ni siquiera con la excusa de arreglar su coche.

Sakura no, lo había demostrado, pero Hinata era la típica niña rica que se encapricha. Y lo había demostrado por la forma en que jugó con Naruto. Quizás la próxima vez no se contuviera y soltara unas cuantas verdades en su hipócrita cara.

Porque prefería mil veces al Naruto hiperactivo que al que no le importaba un carajo lo que les había levantar solos.

Dio un rápido vistazo al garaje. Por suerte, su enfrascamiento en cuanto a trabajo no había menguado sus necesidades y llevaba bien el almacén y las nóminas de los trabajadores, quienes solo se mantenían inquietos por qué ocurriría con sus jefes. Si Naruto decidía dejar todo aquello, echarse la maleta al hombro en busca de una mujer que no tuvo reparos en dejarle atrás, Sasuke iba a estar jodido.

Porque no podía con todo. A él le iban más las manos en la grasa que en los papeles.

O, mejor dicho, su única mano.

Tenían tres coches clásicos y eso iba a darles unas muy buenas ganancias. El cuarto que habían aceptado y al que tuvo que arreglar el espejo, estaba listo. Sólo debía de esperar que el dueño decidiera llevárselo tras pagar. No era la primera vez que debían de quedarse con un vehículo abandonado tras gastarse dinero en él. Por suerte, siempre tenían buenas salidas gracias a sus contactos en el gremio de carreras.

Imaginaba que ver cuatro coches de ese estilo ponía de peor humor a su amigo. Pues la clase elitista era la que más podía conseguir pagar esas reparaciones. Además, el coche de Hinata fue uno de ellos, tres meses atrás.

A él le había quedado la horrible sensación que se afianzaba en su corazón cada vez que escuchaba tacones. Sentía la implacable necesidad de volverse cada vez que los escuchaba, salir de debajo del coche para mirar si era ella.

Era incómodo, frustrante y completamente inadecuado para él.

Nunca había esperado por una mujer. Nunca había añorado a una que no fuera su madre. Tampoco había llegado al punto del deseo por una de ellas, en el que ni siquiera su mano fuera suficiente.

Nunca había necesitado tanto a una mujer.

¿Cómo podías pasar de odiarla a añorarla? ¿Cómo podías rememorar un beso entregado a base de una necesidad de seguridad por su coche?

Era irritante, molesto y frustrante.

—Condenada mujer.

Soltó el trapo lleno de grasa, que casi siempre usaba para limpiarse, contra el capó del coche y caminó hasta la garita. Naruto colgaba el teléfono en ese momento. Levantó la mirada sólo para extenderle poco después una factura para que la firmase como otro de los dueños.

—Este mes vamos a comer bien —le dijo—, así que firma para que podamos quitarnos de encima esos dichosos coches, Sasuke.

—Todavía no están reparados los otros tres. Las piezas tardan en llegar y algunas son difíciles de conseguir —le recordó a la par que llevaba el bolígrafo hasta sus dientes para atrapar el tapón entre ellos. Una vez firmó, le devolvió la factura y el bolígrafo—. No quieras ir de prisa para hacer un mal trabajo. No somos esa clase de taller. Lo sabes.

—Ahora mismo sólo tengo ganas de prenderle fuego al taller —protestó Naruto chirriando los dientes.

—¿Por una mujer?

—Sí, Sasuke, por una maldita mujer —soltó irritado. Se levantó y abrió la boca, como si fuera a soltar al fin todos sus problemas por ella. Sin embargo, la cerró.

—Suéltalo —le recomendó.

—No me des sermones de qué es mejor para mí en estos casos. No eres el indicado.

—No —reconoció frotándose los nudillos contra la camiseta—, hasta que comprendí que el mundo no gira sólo alrededor de mi propia desgracia.

Naruto guardó silencio un momento, observándolo. Finalmente, soltó una risa cansada.

—Es gracioso. A mi me jodió la vida y a ti, te la arregló hasta el punto de estar ofreciéndome tu hombro y consolándome.

Sasuke miró hacia el exterior y levantó el pulgar para señalarlo.

—Puedes pensar que me gusta tener las llaves inglesas donde están, los gatos en perfecto estado y la grasa donde debe, antes que verlo arder. Me gusta comer, gracias.

—Tu sarcasmo siempre ha sido extraño, Uchiha —protestó sentándose de nuevo y masajeándose las sienes—. ¿Con cuántas mujeres he salido, Sasuke?

—¿Esperabas que las contara?

—No, joder —negó inspirando—, era algo retórico. Simplemente es que… ninguna fue tan breve ni intensa. O sí breve pero no intensa. Es una mierda, pero no puedo sacarme a esa mujer de la cabeza. Pese a que sé que debería de estar deseando que se pudriera en el infierno por romperme el corazón, no puedo. No puedo hacerlo. Es imposible para mí.

Sasuke maldijo entre dientes. Naruto estaba más enamorado de lo que esperaba. Rápido y directo a su corazón.

—Nunca te enamores de una niña rica de ciudad, Usurantonkachi —regañó. Naruto se frotó el ceño, levantándose.

—Y tenías razón. Esta vez; la tenías.

Sasuke se encogió de hombros, hasta que escuchó a uno de sus mecánicos maldecir entre dientes. Ambos se volvieron en busca de respuestas. Naruto se puso en pie como un resorte, tenso. Si él no hubiera estado entre medias, estaba seguro de que se lo habría llevado por delante y abierto la puerta con tanta furia que podría romper el cristal. Pero se mantuvo en su lugar, apretando los dedos alrededor del posa brazos.

Le miró una sola vez para confirmar que lo que ambos veían no era una mentira.

Abrió la puerta lentamente, incapaz de comprender si estaba ocurriendo una imagen frente a él o no, pero cuando vio a sus mecánicos dispersarse, supo que no, era cierto.

Sakura Haruno estaba en su taller. Caminó hasta él a lentos pasos. Sin zapatos, sin maquillaje, con los hombros caídos. Se detuvo justo a escasos centímetros de él. Apoyó la cabeza en su hombro, temblando como un flan.

Escuchó la puerta abrirse a su espalda, la presencia de Naruto.

—No está… Ella ya no está.

Sasuke levantó su mano hasta su cuello. Acarició, tembloroso, la forma suave de piel y la hizo mirarle. Su verdosa mirada estaba anegada en lágrimas.

—¿Quién no está?

—Hinata —nombró casi como si le costara el mismo aire pronunciar su nombre—. Hinata ya no está.

Después, las fuerzas, la abandonaron. Cayó de rodillas pese a su intento de asirla, incapaz de hacerlo correctamente con un solo brazo.

Naruto llegó hasta su altura, arrodillándose. Estaba pálido.

—¿Qué quieres decir con que Hinata ya no está? —cuestionó.

Extendió su mano hacia ella y Sasuke tuvo que detenerle antes de que la zarandease.

Sakura se había cubierto el rostro con ambas manos. Su voz llegó en apenas un hilo.

—Ella… Sólo queda su cuerpo. Nada más. Hinata no va a regresar. Jamás.

.

.

Nunca lo olvidaría.

Eran las doce del medio día cuando Hinata se desplomó de camino al hospital. Antes de entrar en al hospital, tras que dejaran la ciudad atrás y llegaran a las afueras, al hospital privado de la familia Hyûga.

Su cuerpo perdió las fuerzas. Su boca se abrió tan sólo para nombrarla y darle las gracias. Nada más. Nunca más volvería a hablar. No volvería a escuchar su voz.

Los enfermeros aparecieron enseguida y se la llevaron al interior. En seguida le vetaron la entrada hasta que la familia llegó. El señor Hyûga la mantuvo informada, pero la madre de Hinata no. La culpó por lo ocurrido.

La última vez que pudo verla estaba postrada en una cama, con máquinas que respiraban por ella. No entendía por qué la familia hacia eso. Hinata nunca deseó estar en una cama de ese modo. Jamás. Era lo que más temía y se estaba cumpliendo su pesadilla.

Sin embargo, cuando cuestionó sus acciones, la madre de Hinata la expulso. Le tiró un fajo de dinero a la cara y la echó.

El señor Hyûga, mucho más condescendiente, le explicó que no hubo forma de hacer comprender a su madre la situación y que, aunque fuera el deseo de su hija, su madre no iba a permitirles desconectarla. Le prometió ingresos de dinero que ella rechazó.

Caminó sin rumbo durante días, sin saber hacia dónde, hasta que llegó.

La casa de Hinata no volvería a estar llena de ella. No volvería a escuchar su tímida risa, sus alocadas ideas de un mundo de fantasía.

Se subió al coche sin pensarlo, asfixiada por lo que ya no tendría. Dejó atrás un mundo donde ella ya no estaría. Asustada, de enfrentarse a una nueva realidad, no supo a donde ir hasta que, casi por instinto, llegó.

Cuando volvió en sí estaba allí, con el olor a grasa, a metal y a otros productos que no podía ni reconocer. Un olor familiar.

Cuando le vio salir, comprendió que era él, su salvavidas en ese momento.

Las palabras fueron más dolorosas de pronunciar.

Ella ya no estaba.

No iba a volver jamás.

Hinata.

Su Hinata.

.

.

Sasuke le entregó una taza de té que ella tomó con suma cautela, como si fuera una niña pequeña que temiera romper la taza. Dio un pequeño sorbo que la hizo toser y encogerse más sobre sí misma.

Sasuke le dio un momento y abrió la puerta de la garita lo suficiente para que la parte superior de su cuerpo encajara en ella y miró a los trabajadores.

—Hora de cerrar —les dijo—. Recoged vuestras cosas e iros a casa.

—¿Y qué pasa con las horas que perdemos? —cuestionó uno de ellos.

En otro momento lo habría mandado a la mierda. En otro momento incluso lo habría despedido. Tomó aire con calma y respondió.

—Serán pagadas. Dejad todo recogido y marcharos.

Cerró la puerta después y miró a las dos personas sentadas frente a él. Derrumbadas, más bien. Nunca había visto a Naruto llorar de esa forma. Nunca le había visto temblar de esa manera, con las manos aferrándose el pecho, como si quisiera arrancarse el corazón.

Se rascó la nuca, preocupado.

Él no tenía ni puta idea de cómo levantar a la gente. Continuaba arrastrando su vida de mierda con él, su pasado. La única novedad había resultado ser esa misma mujer sentada frente a él a la que tanto deseó ver y, ahora, no podía ni siquiera dar rienda suelta a sus deseos porque sabía cómo de mierda debía de estar sintiéndose.

—Cuéntame todo, Sakura —suplicó Naruto, rompiendo así el silencio que los rodeaba. Ella le miró como si se percatara de que estaba allí por primera vez—. Si puedes, necesito entenderlo mejor.

Haruno se abrazó más a sí misma.

—Naruto, no la…

—Sí —cortó Sakura mirándole en agradecimiento—. Necesito… necesito contarlo.

Se sonó y enderezó la espalda.

—Hinata no siempre fue una chica enferma. Cuando la conocí, era una niña sana, tímida y temerosa. Cuando cumplió los doce años fue que enfermó, al volverse mujer. Una enfermedad desconocida, sin cura, que iba desgastando su cuerpo. Los médicos le dieron dos meses de vida.

Sasuke notó que obvió partes de su vida. No por darle protagonismo a Hinata, que era de quien Naruto quería información, sino para resguardarse ella misma. Comprendió aún más cuan de difícil fue para ella contarle su pasado.

—Sin embargo, el tiempo pasó y ella continuaba viva. Sus padres…. No. Su madre la mantuvo encerrada en una jaula llamada hogar por años. Dejó de ir a clases. Se sacó dos carreras desde casa, aprendió a dibujar en lienzos y a bordar. Sin embargo… un día se reveló. Quizás parte de la culpa de esto la tuviera un pretendiente interesado en casarse con ella y que no aceptaba las negativas por parte de la familia. Le regaló un libro de ilustraciones. Era curioso, porque parecía estar enfocado en cómo se veía el mundo desde la luna. Eso despertó cierta curiosidad en Hinata.

Cualquiera sentiría curiosidad por algo así. Estar encerrado era algo asfixiante y aunque comprendieras los motivos: ¿cómo podía aplacar uno los deseos de querer saber más? Aunque ahora comprendía por qué esa mujer actuaba de esa forma, como si el mundo fuera algo nuevo, viendo desde lejos las interacciones y comportándose como le habían enseñado para un mundo perfecto entre cuatro paredes.

—De la nada se gastó una fortuna en el coche que arreglasteis. Cuando lo vi pensé que se había vuelto loca. Sin embargo, verla reírse como nunca y correr alrededor de él fue… precioso. Una imagen que nunca olvidaré —aseguró Sakura, continuando con su relato—. Su madre, por supuesto, puso el grito en el cielo y Hinata tuvo que mentir, diciendo que era para mí. Le contó a su padre sus deseos, lo que sentía por estar cerrada. Nunca olvidaré sus palabras.

Padre, si voy a morir no quiero hacerlo como un pájaro en mi casa. Quiero vivir y he de hacerlo.

—Hinata fue valiente —reconoció Naruto, que mantenía la boca tensa, observando a Sakura en su relato.

—Lo fue. ¿Sabes que había dejado de tomar la medicación del dolor a mis espaldas? Las cambió por caramelos. Unos que parecen pastillas y se da a los niños para fingir que actúan como adultos. Irónico. Porque, además, no tiene olor, pero sí sabor.

—Los he probado —confirmó Sasuke—. Mi hermano me los dio una vez.

Ambos le miraron con sorpresa. Carraspeó, incómodo.

—Continua —invitó.

Sakura asintió.

—Por supuesto, su madre no estuvo de acuerdo con la idea de que Hinata emprendiera un viaje lejos de las máquinas que, esperaba, la salvasen. Hinata la ignoró, centrada en sus deseos. Pero cuando íbamos a irnos, el coche se rompió y pasó todo este jaleo. Hasta que…

Su voz se ahogó, maldiciendo cuando el llanto llegó de nuevo a ella.

—Cuando estuvimos aquí —continuó con la voz rota por el llanto—, vimos un hermoso vestido de novia en un escaparate. No quiso probárselo. Me frustra muchísimo que… que nunca supiera lo que significaría llevarlo. Me odio por no haberle insistido. Por haberla ayudado a salir tan tarde…

Naruto se levantó de la silla antes que él actuara. Caminó hasta llegar a la altura de la mujer. La aferró del brazo y la obligó a levantarse. Después, tras dedicarle una húmeda mirada, la estrechó en sus brazos, rompiendo a llorar.

—Me entregó su primera vez —confesó—. Yo no sabía qué mierda había tras todo eso. Me dormí como un idiota y cuando desperté, ella estaba observándose en el espejo. Cuando le pregunté, me dijo que siempre había querido verse como una mujer. Yo no lo entendí, como un idiota. No eres la única que ha echado mierda en su tejado y desaprovechado el tiempo. Yo me pelee con ella porque no quería que se fuera… mis últimas palabras con ella… nunca podré cambiarlas.

Sasuke se tocó los labios. Lo que para él no significaba nada, Naruto habría dado oro por tenerlo. El último beso de la mujer que amaba.

Los vio separarse. A Naruto limpiarse las lágrimas discretamente.

—¿Puedes decirme dónde está enterrada?

Sakura se lamió los labios, dudosa. Enderezó los hombros y negó con la cabeza.

—No puedes —se negó.

Esa respuesta no la esperaba.

—¿Cómo que no puede? —cuestionó confuso—. Hasta donde sé, los cementerios son gratuitos. Puede que no le permitan entrar en un panteón porque esté cerrado con llave, pero…

—Su cuerpo no está enterrado.

—Fue incinerada —supuso Naruto desinflándose.

Sakura negó una vez más, esa vez, con la cabeza y no con su voz.

Uzumaki buscó su mirada, quizás preguntándose si él conocía más métodos de enterramiento. Los desconocía, por supuesto. Su familia estaba enterrada en un panteón heredado por la familia, que debía de pagar anualmente.

—¿Entonces?

Sakura mordisqueó sus labios, incómoda. Claramente, la respuesta a esa pregunta implicaba contar mucho más, cosas de las que quizás no se veía capaz.

—No la presiones, Naruto —intercedió.

Naruto posó su mirada en él, frustrado.

—Es que… —interrumpió Sakura antes de que Uzumaki decidiera recordarle lo mierda que era por negarle su última despedida—, su cuerpo sigue en el hospital.

—¿Qué? —cuestionaron ambos a la vez.

Sakura asintió.

—Su madre se niega a dejarla marchar. Así que se niega a darle la libertad que ella deseaba. Hinata hizo un testamento justo para evitar esto, pero no sé por qué se están haciendo oídos sordos a su petición.

La impotencia se mostraba claramente en sus acciones. Los puños apretados, el mentón tenso y los ojos anegados de lágrimas en una furiosa mirada.

—¡Esa mujer es incapaz de dejarla descansar! La torturó en vida y ahora… ahora…

Sollozó, cubriéndose el rostro con ambas manos.

—Su padre no está de acuerdo, pero ni siquiera él puede hacer nada ante lo implacable que es esa mujer. Me han expulsado… No he podido ni siquiera…

Sasuke alargó el brazo justo cuando las fuerzas parecían abandonarla. No supo bien si fue uno de sus bloqueos o simplemente, que estaba agotada. Naruto le ayudó a acomodarla mejor y le miró.

—No —negó antes de que cometiera una locura—. No puedes implicarte por alguien que ya no está.

—Si fuera ella lo harías —indicó dedicándole una mirada a Sakura—. ¿Verdad?

—No lo sé —confesó—. Pero sí sé que ir es una pérdida de tiempo. Sólo vas a sufrir más. La impotencia que sientes ahora será peor y para nada. Ella no querría que fueras.

—¿Cómo puedes…? —Cerró la boca sin terminar la respuesta—. Perdona, Sasuke —musitó—. Esto debe de ser una jodienda para ti. De recuerdos de mierda. Pero esa mujer…

—La amabas —zanjó—. Y no hay nada más. No tienes que dar explicaciones que no llevarán a nada más. A veces, las cosas suceden queramos o no. La muerte y el amor van de la mano.

Naruto asintió, no obstante, su puño se estrelló contra la mesa. Los lápices, bolígrafos y algunos folios saltaron para caer de cualquier forma sobre la superficie. Ninguno de los dos les hizo caso.

—No voy a hacer nada —anunció finalmente—. Hinata me entregó todo cuanto tenía de ella antes de irse. Y eso es algo que valoraré toda mi vida.

Suspiró, colocando las manos en la cintura.

—Que conste que no me estoy rindiendo o algo por el estilo.

—No he abierto la boca.

—Lo sé, lo sé —gruñó rascándose la nuca—. Sólo lo digo para confirmarlo para mí también. Ahora, voy a irme a beber.

—Son las cuatro de la tarde.

Naruto movió la boca en una mueca indiferente. No sonreía. No podría hacerlo durante un largo tiempo.

Sasuke acomodó a Sakura contra él y extendió la mano.

—Dame las llaves del coche —ordenó.

Naruto se la entregó a regañadientes.

—No soy tan estúpido, Teme.

—Hoy sí —le concedió—. Puedes beber hasta que te de un coma si quieres, pero no estrellarte y desparramar tus sesos en el suelo. Además, ella no habría querido que te murieras por su causa. ¿Lo entiendes?

Su compañero apretó los labios. Bajó la mirada hacia Sakura.

—No seas idiota, Sasuke —recomendó en algo más semejante a un ruego—. Aprovecha lo que tú sí tienes.

Bajó la mirada hacia la mujer.

—Lo haré.

.

.

Despertó cuando escuchó a alguien suspirar, frustrado. Reconocía el olor, aunque no la comodidad en la que se encontraba. Se sentía cálida, pesada. Le ardían los ojos y sentía las mejillas tirantes.

Cuando se acomodó sobre los codos descubrió que se encontraba en una habitación de matrimonio, con un espejo a los pies de la cama que le devolvía su aspecto desaliñado, con ojeras, ojos enrojecidos y cabello enredado. Empujó las sábanas cuidadosamente y descubrió una camiseta enorme con las palabras "no jodas al mecánico" plasmadas en ella.

Elevó la vista enseguida, buscando a su alrededor. Había algo de ropa tirada de cualquier forma sobre una silla y entre ellas, reconoció el mono de trabajo oscuro que solía usar Sasuke, junto a varias camisetas blancas, calcetines y ropa interior.

Se puso en pie con agilidad, pero no con estabilidad, así que su cabeza decidió que era demasiado rápida y no tardó en marearse. Justo cuando se sentaba de culo, la puerta se abrió.

Lo vio, observándola con una ceja elevada y el móvil apagándose en su palma mientras empujaba la puerta con el dorso de esta. En camiseta y pantalones vaqueros. ¿Quién iba a decir que podría ir totalmente casual?

—Estoy en tu dormitorio.

—Sí —confirmó él—. ¿Preferías el sofá?

—Tú no dejas que nadie suba a tu dormitorio.

—Hice una excepción —indicó encogiéndose de hombros—. Tampoco desnudo a ninguna mujer y le pongo mi ropa —añadió.

Sakura se cubrió al instante con ambas manos. Notó que su ropa interior continuaba en su puesto.

—No te he violado —aseguró él chasqueando la lengua—. No me atrae la idea de hacerlo con una mujer que parece un cadáver y que no hace más que llorar mientras duerme.

Se tocó los labios, temerosa.

—Ni te disculpes —advirtió antes de que abriera la boca—. Es normal… supongo. Soltarlo todo, quiero decir. La querías. La perdiste. Duele. No hay más.

Sakura le observó en silencio. La forma en que apretaba la mandíbula o que evitaba mirarla, eran claros signos de que se debatía en su propia lucha.

—No lloraste. ¿Verdad?

—No puedo recordarlo —respondió sinceramente—. Los médicos dijeron que era un fantasma mirando los cadáveres de mi hermano, sobrino y cuñada. Que lloré en ese momento. No lo recuerdo. Sólo veía las cosas desde fuera, como si no estuviera dentro de mi propio cuerpo.

—Conozco esa sensación —murmuró frotándose el brazo con la mano—. La vi caer frente a mí y cuando reaccioné, fue como si no fuera yo la que se moviera. Otra persona. Porque yo no estaba aceptando que esa fuera la última cosa que hiciera con ella.

La mano masculina se posó sobre su cabeza. Una suave caricia reconfortante. Se movió sin pensarlo, acurrucándose contra su costado. Se sintió como una niña pequeña, pegando su mejilla a su cuello, aspirando su aroma que la calmaba.

No lograba entender cómo el mismo hombre al que deseo golpear más de una vez, al que odiaba de cierta forma y le dificultaba comprender, era su campo de paz en esos momentos. En ese lugar donde Hinata ya no existía.

—¿Por qué estabas suspirando antes? —cuestionó antes de que la morriña llena de lágrimas regresara a ella.

Sasuke la observó desde su posición. Diablos, ese hombre daba igual por donde le mirases, era guapo. Sin imperfecciones en su piel cuando estaba limpia de grasa de motor.

—Cuando me he despertado te he escuchado.

—Ah —rememoró—. Es por Naruto. Un amigo me llamaba para informar de que estaba bien. Borracho como una cuba, pero a salvo. Estará fuera de combate por varios días, así que tendré el doble de trabajo.

—Lo siento, esto ha… afectado a vuestro negocio al final. Si simplemente el primer mecánico lo hubiera arreglado en condiciones, nunca os habríamos puesto en esta situación.

Sasuke guardó silencio. No supo interpretar si por intentar encontrar la forma correcta y educada de no herirla al afirmar que era cierto.

—Hubiera dado igual —dijo al fin—. El destino tiene esta clase de mierda.

—¿Qué?

—Si yo hubiera girado por el cruce anterior al que tuvimos el accidente. ¿Estaría mi familia viva? Es algo que nunca sabré. Quería llegar cuanto antes al hospital. Tú necesitabas arreglar el coche pronto porque querías cumplir el último deseo de Hinata.

—Podría haber escogido otro taller y…

—Te enviaron, no lo escogiste —le recordó.

Bajó la mirada, suspirando.

—Es cierto.

Guardó un momento silencio. Continuaba pegada a él, acurrucada, tan sólo la mínima distancia que permitiera que pudieran mirarse a los ojos.

—¿Qué vas a hacer a partir de ahora?

Ella enmudeció, sorprendida. No se lo había replanteado exactamente.

—No lo sé —confesó—. No tengo a donde ir. Tampoco dinero o un hogar.

—¿No te daban una paga? —cuestionó incrédulo.

—Sí —confirmó—, sin embargo, la madre de Hinata me ha quitado todo. Y tampoco resguardé dinero para mí. Sé que suena estúpido, pero cuando llegaba a cierta suma de dinero apadrinaba a niños que viven en la calle. No quería que sufrieran el mismo destino que yo. Me recogieron junto a un cubo de basura. ¿Sabes? No quiero volver a ver eso.

—Ahora estás en la calle de nuevo —indicó.

—Sí. La diferencia es que ahora soy mayor. Puedo entrar en la policía y usar mis habilidades para conseguir un puesto.

Él pareció dudar.

—No tienes dinero para pagarte las clases que piden. O un hogar mientras haces las pruebas. No es algo que puedas presentarte un día y ya estás dentro. Además, tienes antecedentes y, si esa mujer quiere ponerte trabas, lo conseguirá.

Chasqueó la lengua, separándose.

¿Cómo esperaba que ese hombre cambiara? Gruñó, alejándose y poniéndose en pie.

—No necesitas ser tan pesimista, diablos. Sé bien en qué situación estoy. Simplemente no quería desanimarme en quedarme sentada sin hacer nada. Y…

—Y por eso, podrías trabajar en el taller.

Guardó silencio al escuchar sus palabras. Bajó la mirada hacia él. Él la alzó hacia ella. Una comprensión amable. Una conexión estremecedora.

—Naruto no estará en contra de ello y estos días no va a estar concentrado en nada. Sé que también estás pasando tu dolor, pero eres de las que necesitas estar ocupada y no arrastrarte. Ya has pasado esa etapa, levántate y camina. Te ofrezco un lugar. Por supuesto, sólo será hasta que consigas entrar en la policía si quieres o encontrar otro trabajo mejor. La grasa no es para todo el mundo.

Se pasó la mano por los cabellos, echándolos hacia atrás para que volvieran rebeldes a su lugar de posición. Sakura se lamió los labios lentamente.

—¿Voy a vivir en el taller?

—No —descartó automáticamente. Guardó un momento de silencio antes de volver a hablar—. Tengo demasiadas habitaciones libres y creo que la casa necesita un toque más femenino que masculino.

Sorprendida, casi se quedó sin aliento.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó calmada.

Él asintió.

—Sí. No sirve de nada postergarlo más tiempo —explicó poniéndose en pie. Rebuscó dentro del pantalón y le mostró un juego de llaves—. ¿Quieres un adelanto de tu paga? —preguntó a su vez—. Para ropa.

Ella se echó a reír.

—Eso, sería maravilloso.

.

.

Empujó la puerta con el hombro para ver la rubia cabeza inclinarse en el retrete de nuevo y escuchar el sonido ante la acción de vomitar. Ahí debió de ir las veinte cervezas, algo del ron y probablemente, los catorce chupitos.

—¿Cuánto tiempo más planeas que dure esto? Necesito a mi compañero en el taller, no bailando con la letrina.

—Cállate. No entiendes mi…

Sasuke elevó una ceja, tentándolo a continuar. Naruto, por supuesto, no lo hizo. Se arrastró por la pared sin importarle su desnudez y eructó.

—Estoy acabado.

—No —negó severo—. Estás pasando un bache de mierda en el que has perdido a alguien. Estás viviendo la jodida vida. Este es solo uno de los tantos niveles que tienes que superar.

—No devuelvas mis palabras en mi contra —regañó señalando el lavabo como si fuera él. Después, cambió de dirección, esa vez, sí señalándolo a él—. Tú estabas en peores condiciones cuando te encontré siete meses después del accidente.

—Sí —reconoció frotándose el vientre. No se sentía cómodo recordando esa mierda de vida en la que vivió esos meses, en que la muerte le parecía mucho mejor que respirar—. Dolía una mierda.

Se agachó para meter el último botellín en la bolsa de basura. Naruto le observó mientras lo hacía.

—Mañana —prometió—. Te juro que mañana volveré al taller.

Sasuke le observó mientras reptaba hacia la ducha. Abrió el grifo y dejó que el agua empapara su cabeza.

—Eso mismo dijiste hace tres meses. Le debes más favores a Konohamaru de los que puedes contar con los dedos. Sai y Kiba están hasta las narices de tener que evitar que te mates por cruzar sin mirar o dormir con los vagabundos.

—¡Son mis amigos!

—Lo son —confirmó—. Y justo por eso son demasiado educados para decirte las cosas. Yo no. Soy el amigo toca pelotas de turno, lo sabes —recordó—. Levántate.

—¿Para qué? —protestó—. ¿Es que vas a lavarme?

—Sí.

—Solo tienes una mano —protestó Naruto—. Eres manco y feo.

—Sí, sí.

Lo sujetó del brazo para ayudarle. Naruto se quedó observándole un momento, mirando directamente a su boca.

—Como me beses te apretaré el pescuezo con tanta fuerza que te arrancaré la cabeza —le advirtió.

La azulada mirada se llenó de lágrimas.

—¿Cómo puedes ser así?

Sasuke se quedó atónito.

—Era una condenada broma, idiota —puntualizó.

Naruto lo aferró de los hombros.

—¡Eso me da igual! —protestó—. Ella te besó. Te besó por última vez. Fuiste el último hombre al que besó. Te quedaste con su último beso.

—Naruto…

—Lo sé. ¡Lo sé, ttebayo! —aseguró tomando aire y soltándolo en lentos quejidos—. Sé que es una idiotez pedirte explicaciones por esto. Que tú no la habrías besado, aunque te pagasen dinero. Pero ella lo hizo… para herirme. ¿Por qué? ¿Por qué tuvo que hacer eso? Ahora nunca tendré respuestas a tantas preguntas que me hago… Jamás las tendré. Y no es como que pueda dejar que pase el tiempo, encontrarnos un día sin querer y… hablar de todo esto. Ni siquiera tengo una tumba a la que poder ir.

Sasuke apretó los dientes mientras le escuchaba llorar y hablar. Explayarse en su dolor.

La madre de Hinata, según información última recibida por Sakura, continuaba aferrada al cadáver de su hija. Los médicos habían indicado su muerte total, pero la mujer estaba gastándose una fortuna en mantener su cuerpo congelado con la esperanza de que algo sucediera. Se había divorciado de su esposo.

—¿Por qué no hablas con Sakura de esto? —le ofreció—. Ella la conocía mejor que nadie. Quizás tenga las respuestas que buscas.

Naruto guiñó los ojos, observándole como si acabara de crecerle el brazo que le faltaba.

—¡Sakura! —exclamó repetidas veces—. ¡Tengo que ir a hablar con ella!

Lo soltó para esquivarlo y abrir la puerta de la calle. Sasuke logró intervenir antes de que bajara al rellano y, con ello, a la calle.

—¿Por qué me estás deteniendo, Teme?

—Porque estás desnudo. Y te recuerdo que a la mujer que vas a ver es capaz de mandarte a volar de una patada si te ve correr hacia ella desnudo.

Naruto le miró. Luego a sí mismo. Se rascó la nuca. Volvió a mirarle.

—Anda, se me ven las bolas.

Sasuke lo empujó hacia el baño de nuevo.

—Dúchate y vístete. Luego podrás verla.

Naruto le miró por encima del hombro.

—¿Dónde está ella?

Sasuke aguardó a que estuviera estable dentro de la ducha antes de responder.

—En el taller.

Naruto descorrió la cortina de ducha que él había echado para evitar que encharcara todo el baño. Se asomó con el ceño fruncido.

—¿Dónde has dicho que está?

—En el taller —repitió con más claridad.

Uzumaki elevó una de sus rubias cejas.

—¿Y tú estás aquí mientras ella está allí?

—Sí.

Cerró la cortina. Naruto volvió a abrirla.

—¿La misma mujer que le rompió algo a uno de nuestros mecánicos, que le tienen pánico y a la vez desean reventarle la cabeza?

Sasuke elevó las comisuras.

—Te sorprenderás de cuánto a cambiado.

Esa vez, Naruto cerró la cortina por él.

—Dios, eso tengo que verlo. ¡Ahora mismo!

Sasuke le dejó ducharse tranquilamente, aunque se mantuvo atento, pues, aunque coordinase algo mejor, continuaba borracho, dolorido y seguramente, de caerse, no le importaría nada si moría desangrado.

Esperaba que la curiosidad acerca de Sakura fuera lo suficientemente fuerte como para evitar eso. Aunque debía de reconocer que a él también le había sorprendido lo fácil que se había ganado a sus trabajadores, lo recogido y limpio que tenía la garita y que hasta estuvieran llegando más clientes.

Además, ya no hacía falta que él interrumpiera peleas o que se preocupase por alguien que llegara a reclamar por algo que, seguramente, no sería culpa suya y sí negligencia del dueño. La había visto echar a dos hombres más grandes que ella sin problemas.

Esperaba que eso lograse animar a Naruto y despertar su interés como para volver. Y quizás, ellos podrían tener esa charla que se merecían.

Pues las personas sólo llegaban a morir cuando los vivos querían.

.

.

Sakura sonrió al joven mecánico cuando dejó la caja con sumo cuidado sobre el escritorio para que viera el número de serie y lo tachara de la lista.

—Listo, Idate. Muchas gracias.

—Las que tú tienes —soltó, sonriente.

Sakura frunció el ceño y el muchacho retrocedió.

—Lo sé, lo sé. No puedes corresponderme. Ya me quedó claro la otra noche —puntualizó—. Igualmente, deja que te diga algún que otro halago, mujer.

—No vamos a tener esta conversación —aclaró haciendo un gesto—, vete a trabajar antes de que Sasuke te pille vagueando.

Idate sonrió, guiñándole un ojo y dándole la espalda después.

—Hablando del rey de Roma —informó gesticulando en dirección a la entrada.

Sakura siguió la indicación y descubrió a Sasuke avanzando junto con Naruto a su lado. Rápidamente, Sasuke y ella intercambiaron una mirada. Comprendió lo que ocurría. Dejó los papeles que sostenía sobre la mesa y caminó hasta la puerta. Idate pasó a su lado, reuniéndose con el resto de mecánicos, pero ella se detuvo frente a Naruto, abrazándole. El hombre le devolvió el gesto, con claro cariño, pero un ligero tambaleo que ella tuvo que sostener para evitar que ambos terminaran en el suelo.

—Iré a ver qué tal los chicos —indicó Sasuke dándoles intimidad.

Ella asintió y guio a Naruto hacia la garita.

—Perdona por haber invadido tu terreno —se disculpó al verle observar los archivadores ordenados.

—No te disculpes, Sakura. Esto está genial, la verdad. Seguro que llevas las cuentas y el papeleo mejor que yo. Y estos días no tengo cabeza para ello. Bueno, qué te voy a contar.

—Sí…

Ambos guardaron silencio.

—¿Cómo lo estás llevando? —preguntó finalmente Naruto.

Sakura le estudió con la mirada antes de responder.

—Poco a poco —respondió al fin—. Esto no es algo que se supere en un pestañear. Sin embargo, conocía a Hinata y ella no habría querido que me derrumbara como estaba haciendo. Por supuesto, cada persona tiene su forma de pasar su dolor, no estoy…

—Lo sé —interrumpió antes de que continuara disculpándose. Extendió la mano para aferrar una de las carpetas llenas de albaranes y suspiró—. Yo no tuve mucho tiempo para conocerla y me marcó como si se me hubiera metido en los huesos. Y lo único que hago es beber como un condenado, esperando que me mate de alguna forma siendo inconsciente.

—Sí, ella no habría amado esa parte tuya —confirmó—. También te habría pateado el trasero para que no lo volvieras a hacer y hubiera llorado mucho por tu sufrimiento más que por el de ella.

Se lamió los labios, caminando hasta el escritorio. Abrió uno de los cajones y vio el sobre que guardara meses atrás, preguntándose cuándo debería de usarlo.

—En realidad, dices que no te queda nada de ella, pero no es así. Perdona que no fuera capaz de pensar con claridad, Naruto.

Él la miró con los ojos muy abiertos, curioso. Sakura le extendió el sobre. Naruto lo observó por un instante, pero cuando extendió su mano, se detuvo. Volvió a mirarla.

—¿Crees que podrías leerla por mí?

—¿Qué? —masculló sorprendida—. ¡Claro que no! Estas seguramente fueron sus últimas palabras para ti. La escribió mientras viajábamos, así que probablemente esté mal escrita, pero considero que es algo privado y exclusivo para ti.

Pasó por su lado, colocándole la carta en la mano y cerrándola lo suficiente.

—Tómate tu tiempo. Es mi hora de descanso, así que puedes leerla a gusto aquí. Le diré a los chicos que no te molesten.

Naruto la miró con cierta diversión que parecía ser un pecado dentro de su tristeza.

—Entonces, lo que me ha dicho Sasuke es cierto.

Sakura enrojeció, sorprendida.

—¿El qué…?

El hombre se lamió los labios, tentado.

—¿Estáis juntos?

Nerviosa, apretó el picaporte con demasiada fuerza.

—¡No, estás equivocado! Él es… una maravillosa persona que me está ayudando y… Yo… eh…

—Sakura —interrumpió. Ella cesó sus balbuceos para mirarle. La seriedad enmarcaba su gesto—. Aprovecha lo que tienes delante. Si realmente lo deseas, no lo dejes escapar. Sé que Sasuke es un cabrón en muchos sentidos, pero ese cabrón te ha abierto su alma sin dudarlo y te aseguro que eso no lo hace con cualquier mujer.

—Lo sé —murmuró más tranquila—. Lo sé.

Le sonrió amablemente y, finalmente, lo dejó a solas.

Cuando llegó a la altura de Sasuke, éste dejaba una de las llaves inglesas sobre la caja de herramientas. La observó con gesto amable.

—¿Has podido dársela?

—Sí. Le he dejado solo. Creo que es algo que debe de leer él y nadie más. Aunque quería que se la leyera.

Sasuke chasqueó la lengua.

—Eso es porque sigue tan borracho que es incapaz de ver correctamente.

—¡Oh! —exclamó dándose cuenta de eso—. ¿Debería de…?

—No —descartó él acercándose más a ella. Posó su mano en su hombro y acarició con suavidad su piel.

Tiempo atrás, esa acción podría haberla repugnado. Tiempo atrás le habría asestado un puñetazo incluso por descarado. En ese momento, la ayudaba. La mantenía con los pies en la tierra y le recordaba que no estaba tan sola como creía.

Hinata había tenido razón, por supuesto. Este hombre no era como ella pensaba y abrirle su corazón ayudó. Los ayudó a ambos en realidad.

—Hinata veía cosas que los demás no —murmuró para sí misma.

—¿Hn?

Negó, sonriente. Elevó sus manos hasta atraparle de las tirantas de la camiseta y tiró hacia ella. Colocándose de puntillas, llegó hasta sus labios. Sasuke parpadeó, confuso y sorprendido.

—Gracias.

Las oscuras cejas se elevaron. No podía asegurarlo, pero si los demás no hubieran empezado a vitorearlos y silbar, podría haberla besado. Era algo que nunca sabría, podría imaginar, pero nunca lo sentiría en la realidad.

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.

Le entregó su propia bebida para que se refrescara mientras ambos miraban la última tanda de corredores, apoyados en el capó de su coche. La observó echarse el cabello hacia atrás y beber, sedienta.

—No necesitabas gritar tanto.

—¿Tu crees? —preguntó tras tragar y limpiarse las comisuras—. Naruto es bueno, pero creo que a veces necesita que le griten un poco.

—Eso solo aumenta su soberbia. Hasta que vuelva a perder conmigo.

Sakura le dio un codazo, apretando los dientes en una sonrisa.

—¿Quién está siendo soberbio ahora?

Se encogió de hombros y se recostó sobre el capó.

—Quien es bueno, es bueno. Conducir con una mujer que quiere arrancarte la cabeza, es un logro.

Esa vez, ella se ruborizó.

—Vale, mi culpa —aceptó—. Pero tú provocaste que nos besáramos. No me explicaste nada.

—¿Habrías cedido de decirte mis motivos?

—No —negó automáticamente. Luego se echó a reír—. Claramente, nos odiábamos en ese momento.

Dio un sorbo de su bebida cuando se la regresó para asentir a su declaración.

—¿Sirve de algo si me disculpo?

Él aguardó un momento antes de responder.

—¿Serviría si yo lo hago?

—¡Diablos, no! —respondió Sakura entre carcajadas—. Debo reconocer que yo no te puse las cosas fáciles tampoco. Dejémoslo en un empate.

Sasuke lo aceptó, observándola.

—Te ríes más.

—Sí —reconoció trenzándose el cabello distraídamente. Le había crecido bastante desde que llegara—. A veces puedo sentir que es malo que lo haga. No ceso de preguntarme: ¿ha pasado el tiempo suficiente? ¿Cuánto tiene uno que guardar luto por una muerte? Luego, recuerdo que a ella no le habría gustado verme llorar, enfadada o que dejase de reír. Y tampoco de amar.

Le sostuvo la mirada. No necesitaba un cartel con luces de neón que indicasen a qué se refería. Cuando deslizó la mano sobre la de él, tras que dejase la lata vacía a sus pies, Sasuke le devolvió un suave apretón.

—No, nuestros seres queridos nunca esperan que nos castiguemos. Desean que vivamos la vida que ellos no pueden vivir —sopesó—. He tardado en comprenderlo.

—Yo también —reconoció Sakura desviando de nuevo la mirada hacia el coche de Naruto, que se había detenido en busca de su premio. Le vieron alzar una mano al cielo tras besarse los nudillos—. Y él.

—¿Sabías qué decía la carta?

—No —confesó Sakura—. No era para mí. Era para él. Sólo Naruto sabe qué pone en ella.

Sasuke se encogió de hombros.

—Fuera lo fuese, ha hecho que ese idiota volviera a la carga. Que desee vivir en vez de morir a base de alcohol. Vuelve a ser el mismo.

—No del todo —negó Sakura mirándole.

—¿A qué te refieres?

—Tiene un pedazo de Hinata con él —explicó esbozando una cálida sonrisa—. Y yo también. Así como también tengo un pedazo de ti. ¿No tienes tú un pedazo de mí?

Sasuke lo rumió un poco. Sí. Se había instalado en su corazón en el mismo momento en que se marchó. Estuvo retumbando en el eco de su interior hasta que regresó y cada vez iba hinchándose más cuanto más tiempo pasaban juntos.

—¿Sabes? Si tuviera que describirte a cómo te veía antes, diría que eras un mecánico oscuro. Oculto bajo capas de soledad que fingías que era como la grasa de tus uñas. Ahora, sin embargo, eres diferente. Así que tendré que cambiar ese apodo de mi mente por otro.

—No sé si sentirme halagado o enfadado —sopesó frunciendo el ceño.

—Venga, seguro que para ti era una barbie de plástico.

—Niña adinerada —corrigió elevando y bajando los hombros—. Es diferente.

—Y luego resultó que no soy nada de eso.

—Porque no has querido.

Sakura cerró la boca, tensa.

—¿Por qué te negaste a aceptar lo que el padre de Hinata te trajo?

—¿Nos viste? —cuestionó agotada. Él lo afirmó en silencio—. No sé cómo descubrió que vivía contigo. Bueno, sí lo sé, pero nunca pensé que usaría esos medios para buscarme.

—Te ofreció un sobre.

—Sí, con dinero. Le dije que no lo quería. No quiero nada de ellos. Sé que es estúpido y que en el futuro pueda arrepentirme. Pero la única cosa que desearía de ellos no pueden devolvérmela, así que no quiero nada más. Le agradecía que me ayudase cuando era niña, por supuesto, pero nada más. Lo único que sí me vería dispuesta a pedir es que se esforzase porque dejaran a Hinata descansar en paz.

Sasuke miró a la lejanía. Algunos coches empezaban a desaparecer. No había señales de la policía, pero quedarse sería peligroso igualmente.

—Ven conmigo a un sitio —le propuso. Ella saltó del capó.

—A donde quieras.

Condujo en silencio, desviándose en la entrada del pueblo hacia la salida. Se adentró en el viejo camino de piedra y aparcó frente a los enormes muros de piedra y las puertas de hierro. Ella miró el letrero y al instante, le tomó la mano.

Lo acompañó en silencio hasta el mausoleo. Esperó a que él abriera la puerta y bajó los escalones asegurándose de que sus zapatos no hicieran ruido. Había cambiado los tacones por las deportivas. Se detuvieron en el centro. Debian de haber cambiado las flores hacía poco y limpiado.

En las placas señalizaban los nombres de los difuntos. Los tres estaban enterrados en la misma pared. Izumi, arriba. Itachi, abajo. Y su retoño, entre medias, como si estuviera resguardada por ambos progenitores.

—El gesto es precioso —susurró Sakura. Se soltó de su mano y caminó hasta ellos. Se arrodilló junto a los parterres de plástico y los acomodó, dándole su tiempo.

—Mi idea original era enterrar los tres juntos, pero no me lo permitieron. Así, hay una forma de que estén juntos —explicó.

—Eras un niño por aquel entonces —sopesó ella—. Y pensaste como un ángel.

Sasuke negó y cerró el puño.

—No. Pensé que era lo único que no podía arrebatarles, pero otros no me dejaban darles un descanso unido.

Se detuvo junto a ella, arrodillándose.

—Esta es mi familia. No tengo a nadie más que pueda mostrarte. Si vas a entrar, ambos cargaremos con nuestros demonios y el pasado.

Ella abrió la boca, sorprendida. El rubor llegó a sus mejillas. Bajó la mirada hasta las flores, observando sus dedos jugar con ellas.

—Eso no evita que podamos tener un hermoso futuro —añadió, finalmente, levantando la mirada hacia él y esbozando una cálida sonrisa—. ¿Te atreves?

Sasuke desvió su mirada hacia las paredes de hormigón que ocultaban a sus difuntos.

—Sí, me atrevo.

.

.

—¿No os vais a casar?

Sasuke negó por ella. Sakura dejó el plato frente a Naruto y se sentó junto a Sasuke. Era el tercer bol de arroz que Naruto devoraba. Estaban sentados en la cocina, con la mesa abierta para poder entrar los tres en ella. Olía a comida, al fuego de la chimenea del salón que calentaba el resto de habitaciones. También olía a incienso del altar que habían colocado a un lado del salón con las fotografías de los Uchiha y la única que se atrevió a pedirle al señor Hyûga de Hinata.

—¿Por qué no? —cuestionó una vez más Uzumaki antes de meterse una gran cucharada en la boca. Tras masticar y ver que no le respondían, frunció el ceño—. No será por mí…

—Claro que no —interrumpió Sakura rápidamente—. Es que ninguno de los dos creemos en el matrimonio y por ahora, no es algo que pensemos como prioridad.

—Pero estás embarazada —recalcó observando su vientre, aunque todavía no era pronunciable—. Vas a tener un hijo de este idiota.

—Gracias por al dato. Sin tu ingenio no habríamos caído en la cuenta que fuera mío.

—¡Sasuke! —regañó sorprendida antes de que Naruto decidiera usar los trocitos de arroz como perdigones. Luego, se volvió hacia este último—. Un hijo no tiene por qué ser el motivo de una pareja para casarse, Naruto —recalcó—. El amor, sí. Junto con el deseo de gastar un montón de dinero, vestirse de blanco sin sentido y aguantar a personas que no ves en años.

—De todas maneras, no tenemos a gran gente que invitar —añadió Sasuke encogiéndose de hombros.

—Eso también es verdad —corroboró ella—. Así que no. No vamos a casarnos.

Naruto los observó hasta que terminó su bol de arroz. Se limpió los labios, pensativo. A continuación, miró fijamente a Sasuke.

—¿Y qué vas a decir cuando alguien vuelva a querer ligar con Sakura? —preguntó.

Sasuke y ella se miraron sin comprender.

—¿Qué tendría que decir? —inquirió Sakura esa vez—. Soy yo la que tendría que pararle los pies y negarme. No él.

Naruto frunció aún más el ceño.

—Mirarán que no tienes un anillo y darán por hecho que eres una madre soltera.

—Si piensan eso, es que son de los que arrastran el pasado de la sociedad en vez de aceptar que no se necesita ya de eso para ser felices o convivir. Además, Sasuke reconocerá a nuestro hijo.

—Obviamente —puntualizó el nombrado—. ¿Por qué le estás dando tantas vueltas, Usurantonkachi?

Naruto esbozó una sonrisa como respuesta. Dejó la servilleta a un lado de la mesa mientras se ponía en pie, después, la abrazó para sorpresa de ambos.

—Simplemente quería estar seguro de que esto iba en serio y que no era por mí —reconoció besándole la mejilla y bajando su mano hasta su vientre—. Será un gran niño. ¿Puedo ser el padrino?

—¿Acaso lo dudabas? —cuestionó ella acariciándole la mejilla—. Naruto, realmente mereces ser feliz, pero no podemos basar nuestra relación en temer en hacerte daño o no. ¿Lo comprendes?

—Claro que sí, ttebayo —aceptó sonriente—. Más bien, no os perdonaría si os pusierais cadenas preocupándoos por mí. Aunque, si os soy sincero, me habría gustado mucho ver a Hinata con un vestido de novia. Caminar hacia mí…

Se frotó el rostro, sonriendo ampliamente.

—Seguramente lo veré en otra vida —aseguró—. Sólo tengo que esperar a que pase esta.

—Oye, no vayas a…

—Que no, Sasuke —interrumpió haciendo un gesto cansado—. No voy a suicidarme ni nada por el estilo. De todas formas: ¿cómo vais a plantear el lugar del bebé?

Ambos intercambiaron una mirada. Fue Sasuke quien terminó por responder.

—La habitación de mi sobrino tiene muchas cosas ya. Las usaremos. Repararé las que estén rotas y compraremos las que haga falta. ¿Te apuntas para pintar?

—Cuenta conmigo —se animó Uzumaki—. ¡La llenaré de peluches! ¡Regalos a montón del padrino!

—¿No hablabas como si fuera chico? —cuestionó Sakura.

—Sí, pero como no me habéis dicho el sexo, opto por los dos sexos mezclados en una misma frase. ¿O sabéis qué es?

—No —negó Sakura acariciándose el vientre—. Es pronto para eso. Y…

El sonido del teléfono los interrumpió. Sakura les sonrió en disculpa y corrió hacia el salón, ganándose un gruñido por parte de Sasuke.

Los escuchó debatir sobre pintura en la cocina, mientras ella observó el número con el ceño fruncido. Cuando descolgó, temblaba.

—Señor Hyûga.

—Haruno —saludó el hombre como respuesta—. Cuánto tiempo.

—Sí —reconoció acercándose hacia la ventana—. ¿En qué puedo ayudarle?

El hombre guardó silencio un momento. Una pausa que reconocía.

—Hinata finalmente puede descansar. Está en el cementerio, en la zona familiar. Puedes ir a visitarla cuando quieras.

Se cubrió el rostro con la mano libre, cerrando los ojos para hogar un sollozo. Escuchó pasos a su espalda y, al volverse, los dos rostros de ambos hombres la miraban con la misma cara de perplejidad y preocupación.

—Iré —prometió—. Dios mío, iré.

—Por favor —suplicó el hombre—. Dejémosla descansar al fin.

—Sí. Sí —aceptó.

Después, colgó.

Empezaba a tensarse cuando Sasuke la sostuvo, rodeándola con su único brazo. Sus desmayos casi mortales habían menguado a medida que la comodidad ablandaba sus necesidades. Sin embargo, en ese momento, empezaba a sentir los síntomas. Se preguntó hasta qué punto podría afectar eso al bebé y el terror la recorrió convirtiéndola en un completo flan.

—Toma agua —ofreció Naruto entregándole un vaso—. Pareciera que has visto un fantasma.

Negó, aceptando el ofrecimiento y dando pequeños sorbos. Cuando pudo hablar, la habían sentado en el sofá y rodeado de cojines.

—Era el señor Hyûga. El padre de Hinata —recalcó. Ambos hombres asintieron—. Ella finalmente… por fin…

Naruto se puso en pie, levantó las manos, las agitó. Los ojos se le llenaron de lágrimas.

—¿Podemos…? Quiero decir…

—Sí… ¡Sí, Naruto! —confirmó echándose a reír pese al llanto—. ¡Dios mío, podemos hacerlo!

Se acurrucó contra Sasuke y extendió su brazo para que Naruto pudiera acercarse y ser abrazado a su par. La alegría era inmensa. El dolor, amable.

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.

—Lo siento —se disculpó Sakura limpiándose la boca. Ninguno de los dos se había molestado realmente con ella y no iban a protestar—. Quisiera no tener que vomitar y mantener mi comida en el estómago.

—No tiene importancia, Sakura —descartó Naruto entregándole más servilletas—. Además, estas en esa etapa.

—¿Cómo sabes tanto de embarazos? —cuestionó Sasuke elevando las cejas mientras abría otra caja de galletitas saladas para Sakura.

—Uno que ve series sobre eso —explicó Naruto echándose hacia atrás—. Oye. ¿Necesitas que conduzca yo?

—No —descartó al instante—. Conozco tus curvas y ahí echará el bebé por la boca incluso.

—¿Sois conscientes de que os estoy escuchando? —protestó Sakura tomando otra galletita que llevó a la boca—. Anda, arranca y dejad de hablar de mí como si fuera una inválida.

Se descalzó y bostezó. Naruto volvió a colocarse el cinturón y miró el coche con el mismo ojo experto que conocía. Antes de que hiciera la pregunta, él ya la había pensado.

—Tendrás que modificar el asiento trasero, Sasuke. Para el bebé.

Sakura soltó una carcajada que no pudo retener.

—Vale. Ya lo habéis hablado —dedujo sonrojándose—. Soy un idiota. No te has quedado embarazada por un descuido. Ya teníais planes para ello.

—Sí —respondió Sakura mientras que él intentó esquivar la pregunta—. Antes o después. Simplemente, llegó. Tenemos espacio y la zona es buena. No está lejos del trabajo ni de escuelas. Tenemos dinero suficiente entre los dos.

—Oye, tu sueldo sale de nuestro dinero igualmente —ironizó Naruto.

Sakura se encogió de hombros.

—Ah, eso me recuerda que tendré una baja por maternidad en nueve meses.

—Antes —gruñó.

Si había algo que le molestaba, era lo descuidada que era Sakura. No. Despreocupada y confiada. Caminaba como si nunca fuera a pasarle nada. Se desvelaba por trabajar y la había visto… por dios; la vio cargar una caja de herramientas y empujar ruedas como si fueran simples nubes de algodón.

—Según como vaya avanzando —terció—. Si dejo de nuevo la garita para que Naruto regrese, volveremos a tener menos ingresos, porque perdemos otras de las mejores manos que necesitamos sobre los coches, no entre papeles.

—Gracias por el halago —intervino Naruto sarcástico—, pero en esto estoy con Sasuke. Y somos dos jefes contra una empleada.

Sakura abrió la boca, atónita. Se cruzó de brazos, enfadada.

—Pues uno de los jefes no va a dormir conmigo esta noche y no será Naruto.

—El sofá es cómodo —reconoció antes de ganarse un puñetazo en la pierna. Antes de que volviera a abrir la boca, frunció el ceño y bajó la velocidad—. Hemos llegado.

Sakura y Naruto enmudecieron al instante. Se adentró a través de las calles que Sakura fue indicándole con señas hasta llegar a su destino. Al contrario que en el pueblo, el cementerio no estaba a las afueras. Más bien, había grandes construcciones de edificios que lo rodeaban. Inclusive el parking interno era inmenso.

Bajaron y caminaron entre las diversas manzanas hasta dar con los mausoleos caros. La familia Hyûga no era difícil de reconocer. Especialmente, porque estaba rodeado de grandes aros de defunción aún frescos. La puerta estaba abierta y del interior, uno de los trabajadores se detuvo al ver a Sakura.

—¿No eres…?

—Sí —respondió ella con tranquilidad—. El señor Hyûga me dijo que…

—Sí —interrumpió el trabajador haciéndose a un lado—. Vendré más tarde a cerrar. Tómense el tiempo necesario.

Después, se alejó.

Sasuke esperó a que ambos abrieran el camino. Sakura iba delante, con Naruto asegurándose de que no se resbalase a al bajar los escalones. Apestaba a flores, a tierra, madera y podredumbre.

Había una losa recién colocada, con letras doradas y argollas. La fotografía de una Hinata sonriente en un rincón junto a su fecha de fallecimiento. Un error, porque llevaba muerta más tiempo del que estipulaba en su lápida.

Sasuke mantuvo una distancia respetuosa entre ellos. Sakura y Naruto se acompañaron, hablaron y despidieron. Hizo oídos sordos, pues consideraba que eso era el momento de los dos.

Al final, decidió dejarlos completamente a solas y salió, necesitando algo de aire fresco. No se había alejado mucho cuando escuchó que alguien le llamaba.

—Uchiha. ¿Verdad?

—Sí. Hyûga —indicó. El hombre asintió. Parecía más anciano que la última vez, aunque también más libre—. Sakura está despidiéndose de Hinata.

—Lo sé. —El hombre colocó sus brazos cruzados, ocultando bajo las largas mangas del kimono sus manos—. Le pedí al guardés que me llamara si alguien llegaba de visita. Especialmente, le pedí que permitiera que Sakura entrase, pero al parecer, verla llegar con dos hombres lo ha confundido. Me ha llamado por ello. No vivo lejos ahora, así que he llegado enseguida.

—Comprendo.

El hombre pareció perplejo.

—¿Sin que te lo diga?

Sasuke se encogió de hombros.

—Sakura me ha contado por encima la obsesión de su esposa con el cuerpo de su hija. La esperanza —se corrigió—. Imagino que debe de tener custodiada la tumba.

—Sí… Siento las molestias que eso haya podido causar. Oh, y visitar su casa la última vez sin llevar nada como agradecimiento por su hospitalidad.

—En realidad, fue Sakura quien le recibió, no yo —descartó—. Y no estuvo mucho tiempo.

—No —reconoció Hiashi Hyûga—. Sakura es una mujer increíblemente fuerte. Hinata la amaba. Muchísimo.

—Era recíproco —atestiguó.

Hiashi asintió con la cabeza.

—Obré mal con mi propia hija. Me gustaría mucho ayudar a Sakura, pero ella se niega.

—Si intenta convencerme a mí para que la persuada, está equivocado. Sakura tiene muy claros sus ideales en referencia a lo que puede obtener de ustedes. Eso sí, no puedo negarme ni afirmar por ella.

—Lástima. Esperaba que pudieras hacerla entrar en razón. Hinata dejó un testamento para ella. Porque la conocía bien.

—Porque la quería —le corrigió—. Reconozco que su hija me causó… cierta molestia. No lograba comprenderla. Sin embargo, entendí el lazo que las unía estaba por encima de lo que yo podía comprender justo por la forma en que se amaban. Aunque no diré que sus acciones fueran las correctas para mis pensamientos —reconoció.

—Vaya, no esperaba esas palabras tan sinceras en referencia a mi difunta hija, muchacho.

Arrugó el ceño. ¿Se habría pasado de sinceridad?

—Me gusta —dijo el hombre sorprendiéndole—. Sí. Justo por eso mismo me gusta Sakura. ¿Sois amigos?

—Somos pareja.

Hyûga abrió la boca, sorprendido.

—¿De verdad? ¿La misma mujer que juraba que nunca se enamoraría está enamorada?

Sasuke no pudo evitar sentir interés por esa pregunta. Hiashi, por supuesto, se percató de ello.

—Cuando la encontré, era un como un ratón asustado. Odiaba el mundo. En realidad, la única persona que siempre pudo tocarla fue Hinata. Cuando alguien que a ella no le gustaba lo hacía, reaccionaba agresivamente. Entonces, un día le expuse un escenario ficticio en el que encontrase a alguien a quien amar. Nunca olvidaré el pánico en sus ojos, lo pálida que se puso en ese momento mientras respondía.

Sasuke podía imaginársela y eso no le gustaba nada. No podía cambiar el pasado, por supuesto, era algo que ambos sabían bien, pero de alguna forma deseó poder cambiar eso.

—¿Qué fue lo que dijo? —se interesó.

Hyûga asintió.

—"Nunca en esta vida permitiré que alguien me toque para crear otro ser horrendo como yo. No hay amor. No hay responsabilidad".

Era irónico que ahora fuera a ser madre y que estuviera con él. Que fuera increíblemente pasional en la cama o que no se cortara en absoluto en demostrar que estaban juntos. Aunque debía de reconocer que a él le gustaba torturarla un poco negándole besos o bromeando situaciones amorosas, Sakura nunca le había despreciado o negado un gesto. Al menos, no después de conocerse mejor.

Y en cuanto al tema del embarazo… Ambos sabían cuan de importante era eso. Él, volvería a tener familia de nuevo y ella, querría a una persona en este mundo mucho más que a cualquier otra. Habían hecho muchas promesas. Algunas en voz alta, otras internas.

Modificaron su hogar, algo tétrico y solitario, en uno al que deseabas regresar. Sakura había rellenado de calidez la frialdad, llenado de pequeños colores como los recordaba en antaño. La idea de usar la habitación de su sobrino era maravillosa.

—La gente cambia con la madurez y las experiencias —murmuró—. Sakura necesitaba otro mundo para comprender lo mal que lo pasó de pequeña y que no siempre tiene que vivir en una caja cuadrada. Quiere aprender a vivir sin que nadie le llene los bolsillos gratis.

—Ella daba la vida por mi hija.

—Lo habría hecho incluso sin recibir un yen.

Ambos guardaron silencio. Sasuke, porque sabía que era verdad. El señor Hyûga, porque quizás estaba descubriendo otros valores de Sakura que valoraba cada vez más.

—¿Es cierto que tienes una cadena de talleres?

Esa vez, su modo trabajo apareció.

—No. Sólo tenemos uno en Konoha. El mismo pueblo que visitó.

—Lo recuerdo. Sakura me había comentado que trabajaba allí.

—Sí, lo hace.

Aunque ya hablarían del tema de guardar reposo. ¿Cómo metía uno a una mujer que era capaz de mandarle a volar fácilmente en una cama para que hiciera reposo?

—¿Es usted el jefe?

—La mitad. La otra mitad la lleva mi compañero. Somos socios —explicó—. Sólo tenemos un taller y ya cuesta llevarlo.

Aunque las ganancias habían aumentado desde que Naruto y él tenían las manos más metidas en la grasa y Sakura se encargaba del papeleo. Pasó igual que cuando estuvo supliendo a Naruto para que acompañara a Hinata.

Sólo que ahora, era mucho mejor.

—¿Hay cosas que le gustaría añadir?

—Sí, por supuesto —sopesó—. Necesitamos un servicio de coche de sustitución para nuestros clientes más fieles. Nuevos ascensores, gatos, y algún que otro proveedor que no nos deje en la estacada. Lo normal.

Mientras hablaba, fue comprendiendo las intenciones de Hyûga.

—Quiere proponer una asociación. ¿Verdad?

—Es mucho más inteligente de lo que esperaba, señor Uchiha —halagó—. Imagino que también sabe mis motivos.

Se rascó la barbilla, pensativo. Realmente una colaboración con alguien adinerado ayudaría a incrementar las ventas, daría nuevas posibilidades a sus clientes y a ellos un respiro. Sin embargo, aceptarlo de ese hombre implicaba que Sakura se molestara.

—Deje que lo hable con mi socio —propuso.

—Por supuesto —aceptó Hyûga rebuscando su cartera y, a continuación, entregándole una tarjeta de visita—. Éste es mi número. Siéntase libre de negarse. No voy a imponer nada. No negaré que mis intenciones son las de ayudar a Sakura, pero también quiero mover mis negocios. Y sé aceptar una negativa. No tomaré represalias, si es lo que cree.

Sasuke se guardó la tarjeta en el bolsillo y asintió.

—Lo tendré en cuenta, señor Hyûga.

—Muchas gracias. —Miró hacia la puerta del mausoleo—. Por muchas cosas, señor Uchiha.

Sasuke se encogió de hombros. Quizás, y sólo quizás, si ese hombre descubriera cómo habían comenzado Sakura y él, pensaría de otro modo.

Cuando Naruto y ella salieron finalmente, ambos tenían la cara hinchada de tanto llorar. Sakura le dedicó una tímida sonrisa y lo abrazó, necesitando reconfortarse. Era irónico que de pequeña prometiera vetarse de todo eso. ¿Seguiría pensando igual de continuar Hinata viva?

Esas preguntas que nunca tendrían respuesta, a veces le inquietaban. ¿Había hecho bien en dejar su vida de guardaespaldas?

Mas cuando le sonrió, tranquila, comprendió que sí. Ella no echaba de menos esa acción. No necesitaba nada especial.

—Tengo que hablar con vosotros.

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Sakura se apoyó contra el capó del coche mientras veía al cliente alejarse, satisfecho con la idea de que, mientras su coche estaba arreglándose, podía continuar con su vida naturalmente gracias al servicio de sustitución.

Era gratificante ver sus rostros y beneficioso para sus bolsillos.

Escuchó los pasos y antes de que apareciera a su lado, ya sabía quién era. Sus hormonas le jugaban cada vez peores jugadas. Era como si todo su cuerpo fuera completamente consciente de que ese hombre podía hacerle más hijos sin necesidad de haber tenido el primero.

—¿Estás segura de esto?

—Sí. Es un bien para el negocio, no para mí directamente —explicó—. Y Naruto estaba más que dispuesto a hacerte magia negra por tal de que aceptaras. Aunque él no sabe que te detenías a firmar más por mí que por ti.

—No es algo que Naruto necesite saber —acotó.

Ella asintió. Sasuke era muy celoso de las cosas que les implicaba como pareja. Hasta con los asuntos de su bebé. Naruto había aceptado bien el rol de padrino, así pues, durante los ocho meses de embarazo que llevaba ya se había enfocado en mimarla, darle la razón por todo y actuar muchas veces como si fuese más el padre que Sasuke, cosa que Sakura sospechaba que hacía más por molestar a Sasuke que otra cosa, claro.

Le acarició la mejilla para quitarle algo de grasa de ella y sonrió.

—Además, el señor Hyûga es un buen empresario. Parte de su clientela está siendo derivada hacia aquí y estáis pensando en abrir otro garaje en la ciudad.

—Pensando —recalcó—. Porque eso implicaría tener que viajar y controlar dos garajes.

—Naruto puede encargarse de la ciudad. Se ha ofrecido diversas veces. ¿Por qué no le dejas extender las alas? —preguntó.

Sasuke frunció el ceño, pensativo. Parecía debatirse en alguna clase de respuesta que no delatara del todo sus pensamientos.

—¿Sasuke?

—No podré controlarle.

—No es un niño.

—Justo por eso. Mira cómo estaba por Hinata. Si volviera a recaer…

—Lo entiendo —dijo besándole la mejilla—. Pero no puedes estar las veinticuatro horas con él.

—Eso ya lo sé. Sería demasiado molesto —señaló mirándola de arriba abajo. Los calores incrementaron. Se separó del capó para tirar de él hacia el interior del garaje y no se detuvo hasta llegar a la parte trasera.

En el hueco entre las llantas y las cajas de reparto, le miró suplicante

—Bésame, por favor.

Sasuke pareció sorprendido por esa petición. Estiró el cuello para asegurarse de que no había miradas indebidas y se inclinó. La aferró de la cintura, pegándola contra su cuerpo lo más que su vientre hinchado permitía y robó un maravilloso y excitante beso de sus labios.

Cuando se dio cuenta, sus manos abrían el cierre del mono de trabajo aún más y mordisqueaban sus labios con precisión, hasta que su mano logró atrapar el sexo masculino.

—Más —le dijo—. Quiero más.

Él obedeció con gruñidos, luchando con su ropa, con la de ella. Sakura le ayudó, elevando su falda lo suficiente y bajando las medias, quitándolas de una sola pierna cuanto pudo. Él terminó la tarea por ella, subiendo en cortos besos hasta sus ingles. Besó el monte y subió por su vientre, deteniéndose un momento ahí.

Ella elevó las manos hasta sus hombros, para ir bajando el peso de su cuerpo a medida que él se sentaba y después, ella le imitó sobre sus caderas, apoyándose sobre su pecho con ambas manos. Sasuke guio su sexo y recibirlo fue una bendición de un amago de orgasmo que la llevó a querer más, a moverse, mordiéndose los labios para retener los gemidos que escapaban a su esfuerzo y placer.

Sasuke acarició sus senos con suavidad, bajando la mano por su costado y apresando su pierna.

—Si no puedes…

—Puedo —aseguró, cabezona—. Dios, sí puedo. Deja qué yo…

Pero antes de que pudiera hacerlo, él coló su mano entre su unión. Tardó en dar con él, pero cuando alcanzó aquel punto, más sensible y dispuesto, el mundo se quedó en blanco por completo. Abandonó su cuerpo, cayó en el más dulce palpitar y lo apresó hasta que su simiente se vertió en ella.

El orgasmo los desmontó por completo, en parpadeos, jadeos y movimientos inesperados. La sensibilidad incrementaba su placer.

—Maldita sea, quiero ir a casa y hacerlo más veces —protestó moviéndose cuanto pudo, dejando que él la sostuviera.

Cuando se levantó, fue la visión más vergonzosa que pudiera dar, aunque él pareció realmente encantado con ello. Se lamió los labios, satisfecho y casi podía jurar que volvía a estar endureciéndose.

—No eres la única —dijo ayudándola a vestirse de nuevo y, después, él mismo—. Irás a casa.

—¿Sola?

—Sí —indicó. Luego pareció pensarlo mejor—. Enviaré a alguien contigo. Yo iré más tarde, al cerrar.

—¿Por qué vas a…?

—Hicimos un pacto —le recordó.

Ella enrojeció, mordiéndose el labio.

—Vale. Si me movía de más, iba de regreso a casa a descansar. No es justo, eso sí —protestó—. Me he movido por lo que me he movido —recalcó mirándole de arriba abajo—. Chico, no sé qué pasa que siempre que estas cerca me pongo como una moto.

—Ningún problema.

—¡Claro que lo hay! —exclamó ruborizada—. No podemos tener sexo por las esquinas, Sasuke. Mira lo que me cuesta si quiera estar encima…

El observó el suelo con ojo crítico, como si estuviera recordando el momento de una forma más objetiva a la sexual.

—Por eso, menguaremos el sexo. Ya estás en el octavo mes y…

—Ni te atrevas, Uchiha —advirtió.

Él frunció el ceño, desconcertado.

—El médico me ha dicho que no hay problema por tener sexo, sólo que sin locuras. Puedo tener todo cuanto quiera y quiero mucho —aseguró—. Así que, cierra antes o ven conmigo.

—Chantajista.

Se echó a reír, satisfecha.

—Deja a Naruto a cargo un rato, anda —ronroneo. Le acarició los hombros y se mordió el labio—. Es un antojo.

Como si tuviera un resorte en el trasero, Sasuke la tomó de la mano, la soltó en la entrada, se acercó a Naruto y tras cuchichear algo, regresó con ella.

—Vale. Antojos primero —indicó caminando hacia el coche—. Diablos, eso convence rápido a Naruto —sopesó.

—¿Piensa que es comida?

—Sí —confirmó poniendo el coche en marcha una vez ella y su enorme barriga entraron en el coche—. Dijo que si era Ramen le llamáramos.

No pudo evitar echarse a reír.

—¿Cómo iba a tener antojo de ramen?

—Pregúntale a él —respondió encogiéndose de hombros.

Después, guardaron silencio a medida que avanzaban por las calles. De vez en cuando, su mano se desviaba hasta la pierna masculina. Le gustaba notar su musculatura, la forma en que se tensaba no sólo por pisar el acelerador.

—Sasuke.

—¿Hm?

Ella parpadeó. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¿Sabes que te amo?

Él detuvo el coche, sorprendido.

—Lo hago. De verdad que lo hago —aseguró—. Te amo. Pero voy a luchar por este niño que llevo dentro —explicó—. No voy a dejar que ella o él coman de contenedores de basura, ni que tengan que vivir con miedo por apestar o…

—Sakura. —La tomó de la mano, acallándola—. Mírame.

Ella lo hizo, pestañeando repetidas veces para dispersar las lágrimas.

—Eso no va a pasar. No va a comer de esa forma. No vas a morir. No se va a quedar en la calle. Nos tiene a nosotros. A mí. A Naruto. No está sola o solo. A lo sumo tendrá alguna mancha de grasa a causa del taller.

Sollozó con fuerza, abrazándose a él. El miedo la carcomía por dentro. La felicidad solía menguarlo.

—Las hormonas —protestó—. Son horribles. He pasado de estar cachonda a ser un mar de lágrimas.

—Ya se pasarán —murmuró, dudoso—. Porque se pasa. ¿No?

—No lo sé —respondió tan perdida como él—. Lo aprenderemos sobre la marcha, supongo.

—Sí.

Visualizó su casa no muy lejos. Se lamió los labios. Sasuke continuaba sujetándola con el brazo. Sintió sus dedos entre sus cabellos.

—Sakura.

—¿Sí? —cuestionó desviando la mirada del hogar a él.

Sasuke no se inmutó. Quizás las comisuras de sus labios se elevaron un poco.

—Gracias.

Y eso, era todo. Poco que era mucho más.

De una niña comiendo en contenedores de basura. Aprendiendo artes marciales. Idiomas. Sufriendo por la muerte de la única persona que le parecía un ángel en el mundo.

A una mujer, capaz, fuerte, enamorada, madre.

¿La grasa importaba realmente? No.

¿La oscuridad opacaba la luz? No.

La perdida no siempre sería el final.

Mecánico oscuro

SasuSaku

Fin.

12 de Octubre del 2021

¡Pues muchas gracias por llegar hasta aquí! Siento mucho el cliché horrible xD. Al final siento que se enfocó mucho más en el Nh pese a ser SasuSaku centric (?

Os cuento dos cosas:

1): este no va a ser el único fic en que trate con Sasuke como mecánico. ¿Por qué? Porque confundí mis notas de ideas y escribí la historia que no era en el fic que no debía. Es decir; tengo otro fic en próximos de mecánicos que iba a ser este xD.

2): Noo, no voy a dejar los SasuSakus centric. Recordad que el siguiente lo votasteis vosotrxs. Será el siguiente que actualice para que ocupe este lugar, asi que si os interesa (imagino que si vostaste es que sí xD) ya voy trabajando en él =)

En fiin, muchas gracias por leer hasta aquí, el cliché y corto relato de un mecánico oscuro (podría haber sido más, pero como dije, equivoqué las historias xD), una guardaespaldas de la basura y una princesa cautiva por el tiempo.

¡Nos leemos en otros fics! :D

Se despide; Chia.