Este capítulo me costó mucho escribirlo. En las notas de abajo escribiré por qué si les interesa leerlo, como sea, ojalá crean que la espera valió la pena.
CON LAS LUCES APAGADAS.
Capítulo dos: La charla.
Gabi normalmente divagaba mucho cuando alguien le preguntaba el peor día de su vida.
Anteriormente respondía que fue el día cuando se canceló una ida al cine, y aunque posteriormente se realizó, la frustración de ese día nadie se la iba a quitar.
En otras ocasiones dijo que cuando su banda favorita se había desintegrado. Cuando en el último mundial de futboll Erdia fue sacado por perder contra Marley. O hasta cuando Falco le había ganado en el videojuegos de carreras.
Pero de ahora en adelante, siempre, y de manera inmediata –siempre que no estén sus padres ni su tía Karina cerca-, responderá que el peor día de su vida, fue en el que asistió a la conferencia del doctor Jaeger.
Siempre le había dado vergüenza escuchar todo lo relacionado al sexo.
Es por eso que siempre desviaba la mirada cuando se llegaba a la escena "íntima" en lo que sea que estuviera viendo.
Por eso puso cara de incredulidad cuando sus compañeras de clases hablaron del libro del empresario y su sumisa.
Por eso apenas y ponía atención a su cuerpo al bañarse. E incluso no le daba importancia a si se le veían "bien" o no los sostenes que su mamá le compraba –compras de las que de hecho nunca había querido ser parte-.
Apenas y sabía lo que era es el sexo por cuchicheos que escuchó en los pasillos de su escuela, por alguna explicación en la clase de biología, o por las explicaciones que Pieck había podido darle en uno que otro comentario.
Aunque en el fondo no sabía nada.
No quería saber nada.
Por eso una charla sexual le parecía que sería algo espantoso.
Porque su madre lo único que le había dicho era amenazas para que no se le ocurriera hacerlo, aunque en honor a la verdad, su tía Karina era mucho peor en sus sermones por el hecho de ser madre soltera.
Así que se imaginaba que la conferencia estaría horrible.
Pero nunca hubiera podido dimensionar qué tanto.
Todo empieza tan pronto como el doctor Jaeguer se presenta y pide que una pareja voluntaria suba al escenario.
—Vamos —Le dice Gabi a Falco, poniéndose de pie.
El chico inicialmente le mira confundido, aunque en seguida se levanta y camina detrás de ella.
La Braun había sido amenazada por su primo de que iba a preguntarle al doctor Jaeger si fue a la conferencia, por lo que Gabi ha decidido pasar, para que Grisha pudiera notarla y dar testimonio de su asistencia.
No sabe cuánto se arrepentirá de haber subido.
—A ver, chicos —Dice el médico, alejándose de una mesita que había cerca— Veamos si pueden poner un condón —Declara extendiéndole un falo a Falco y el preservativo a Gabi.
En ese momento, Gabi no se siente ni cerca de los dieciséis que pronto cumplirá.
Se siente de trece. No. Más bien de doce. De diez.
Una niña que no quería ni saber qué era lo que le habían puesto en las manos.
—Si quieres lo pongo yo —Se ofrece Falco a ver que ella no se mueve.
Y mientras ella sostiene el falo de manera mecánica, todo pasa como en un sueño que posteriormente no podría recordar con claridad, pues no se entera de nada.
No ve que Falco ha decidido olvidarse de la teoría, porque abre el envoltorio con los dientes con tal de apresurarse.
Tampoco mira la determinación que predomina aun sobre sus nervios, pese a que jala el latex para obligarlo a cooperar, provocando las risas de medio auditorio por la brusquedad.
El chico escucha las risas pero no le interesan.
Solo quiere apresurarse por Gabi, para sacarla de esa situación que la hacía lucir tan incómoda.
Porque él también está incómodo, pero su propia incomodidad no le interesa, solo la de ella.
—Bueno —Dice el médico como si nada— Pudiste ponerlo, ahora veamos si puedes quitarlo.
Gabi tampoco ve a su amigo jalando el condón de la punta.
Por supuesto que no puede quitarlo así, e inicialmente lo único que provoca es que las risas se dupliquen, pero luego jala el latex de la base como si intentara quitarle la envoltura a una salchicha, y aunque no es tan fácil como hubiera querido, eventualmente logra su objetivo: quitar el condón al precio que sea.
Gabi tampoco escucha lo último.
—Denles un aplauso por su valentía de subir entre tantos adultos —Dice Grisha, y muchos, aun todavía riendo, aplauden.
Recién comienza a caminar cuando Falco con delicadeza le hace salir de su estupor al tocarla de los hombros.
Y ahora solo tiene ganas de que se la trague la tierra.
Como sea. La charla continúa, ya con explicaciones básicas del sistema reproductor, las relaciones sexuales y distintos anticonceptivos, el médico toma algunos de la mesita que tenía a su lado –incluso sin mayor problema pone y quita un preservativo de un falo mientras da su explicación-, aunque también se proyectan diapositivas –en algún momento, Gabi nota que es Annie quien lo asiste frente a una laptop mientras Armin está sentado a su lado-.
Todo es tan relax que casi parece estar en una de sus clases, e incluso se anuncia un breve receso. Entonces el médico comenta que dejará una canasta cerca del escenario, para preguntar dudas de forma anónima si se quería, dudas que respondería en la segunda parte, incluso comenta que pueden ver de cerca los anticonceptivos que tiene en la mesa sobre el escenario. Pero a Gabi no hay cosa que le podría haber interesado menos.
—Vamos a bobear un poco afuera —Le propone a Falco.
Durante su caminata a la salida, ella y su amigo son interceptados por tres conocidos.
«Carajo» No puede evitar pensar Gabi.
Dos de ellos son Pieck y Galliard. Aunque ella había considerado la posibilidad de verlos ya que ambos adultos estudian allí, pero a quien de ninguna manera pensó encontrarse fue a su primo.
—¿Qué haces aquí? —No puede evitar preguntar.
—No confié en que vendrías —Admite Reiner— Así que quise venir a verlo con mis propios ojos.
—¿No tendrías que estar en tu universidad?
—Ya me pondré mañana al día.
—Le diré a tía Karina que no fuiste a clases.
—Le diré a tu mamá y a la mía que viniste a una charla de sexo.
Gabi podría haberle respondido que en todo ella había asistido a la charla obligada precisamente por él, así que ella no sería la regañada, si no él, pero no puede decir nada, pues la idea de que su madre y -sobre todo- su tía Karina supieran que había ido a la conferencia, e imaginar sus posibles reacciones, le meten bastante miedo como para pensar en otra cosa.
Además hay otra cuestión que la atormenta… ¿Acaso Reiner había presenciado su penosa escena con el preservativo?
Quiere pensar que no.
Reiner suele ser impuntual, pero no se atreve a preguntarle si llegó temprano por temor a que le responda que sí.
Y por desgracia así habría sido.
Reiner había llegado justo a tiempo para verlo.
Como sea… Gabi logra distraerse un poco mientras pasea por los pasillos, pero tan pronto se acerca el término del receso, se van al auditorio.
La pequeña Braun no hubiera querido que su primo los siguiera. Por desgracia, había algunos asientos vacíos en su misma fila, y Reiner los acompaña hasta su lugar y se sienta a su lado.
Y como si aquello y lo anterior no hubieran sido nada, lo siguiente en la charla se torna varios peldaños peor.
La primera parte de la conferencia, se había parecido mucho a la típica charla de escuela. Pero es como si antes hubiera hablado un médico, y ahora estuviera hablando otro: más atrevido, y sin pelos en la lengua.
Porque sí, una maestra alguna vez les había hablado de enfermedades venéreas, pero el médico no solo las explica, sino que muestra imágenes, y no son las típicas imágenes caricaturescas que ya conocía de los libros de texto, sino que son fotografías reales de genitales infectados.
Por si fuera poco, de reojo nota a Reiner mirándola, como queriendo verificar que ponga verdadera atención.
—De los virus que pueden transmitirse aun con preservativo, es porque este únicamente recubre el pene, pero todo lo demás tiene contacto con los labios mayores —Explica el médico— Por eso, aun con condones, todavía deberían reflexionar bien con quien tener contacto sexual.
»En esto tiene más ventaja el preservativo femenino, pero tiene mayor coste, y es más difícil de conseguir.
»También el sexo oral supone riesgos. Durante mi labor me he ha tocado ver verrugas genitales en la cavidad bucal y viceversa —Hay una leve risa colectiva— No crean que inventaron los condones de sabores solo por mercadotecnia.
Habla del sexo de manera explícita, incluso de los peligros de diversas prácticas sexuales: De algunos de los "métodos" anticonceptivos "naturales" –el ritmo y el coito interrumpido-, que él había preferido clasificar como prácticas riesgosas en lugar de mencionarlo entre los otros métodos anticonceptivos. Incluso menciona algunos juegos sexuales multipersonas.
La adolescente piensa que no hay manera que la conferencia se ponga peor, hasta que el médico comienza leyendo la primera pregunta de la canasta.
—¿Cuál es la forma adecuada para tener sexo anal con mi novia?
«Qué asco» Gabi no sabe cuántas veces que ha pensado eso durante la segunda parte de la conferencia.
También ha perdido la cuenta de las veces en las que se ha preguntado porque carajos Reiner había querido que fuera.
¿Acaso quería divertirse mientras la veía poner cara de repulsión?
Quién sabe.
Como sea.
Para cuando termina la conferencia, tiene esa terrible sensación de haberse llenado el costal de veinte mil cosas que estaba mejor sin saber.
Por fin entiende esa frase que reza que "la ignorancia es una dicha".
Solo necesita cruzar miradas con Falco para darse cuenta de que él está igual que ella, perturbado y asqueado hasta el infinito.
Y mientras baja la escalera, piensa que con suerte se caerá, se golpeará la cabeza, y se le reseteará el cerebro borrando toda la conferencia.
Para su mala suerte, como si de una jugada del destino se tratara, resbala y se golpea tanto las nalgas como la cabeza.
—¿Estás bien? —Preguntan tanto Falco como su primo mientras le ayudan a levantarse.
¡Pero por supuesto que no está bien!
¡No solo le dolió! ¡No solo quiere que se la trague la tierra como mucha gente vio su caída! ¡Sino que además no se le borró la conferencia!
Pieck intenta distraerla, o esa sensación le da a Gabi como cuando actuando como una especie de guía turística, les muestra los edificios más importantes mientras contaba anécdotas graciosas.
—No quise voltear a ver si me había visto o no, sino que caminé fingiendo naturalidad, para no llamar su atención, o por si me veía, creyera que podía seguirme con toda calma, pero todo fue mentira, porque tan pronto di vuelta justo en esta esquina, me eché a correr como alma que se la lleva el diablo.
»Al día siguiente mis compañeros me preguntaban "¿por qué corriste, Pieck?", y yo les dije "Corrí porque volar no pude"…
En otro momento Gabi le habría preguntado porque había escapado de ese tipo, Pieck siempre le ha parecido demasiado valiente o desfachatada para huir de nadie, pero no tiene cabeza para pensar.
Posteriormente, la Finger y su compañero se despidieron porque tuvieron que volver a clases.
Luego, al salir de la universidad, Reiner les pregunta si quieren algo mientras señala un carrito de hotdogs.
Gabi accede a regañadientes, porque está enojada con su primo, molesta por haberla hecho venir a esta desgraciada cosa, pero si él se ofrece a invitarle comida, no va a negarse.
Caminan al puestito, donde Hitch, Mina, Annie y Armin ya están esperando su orden.
Justo Annie recibe su pedido, y seguro está demasiado hambrienta como de un solo bocado se mete medio hotdog a la boca.
—Ay, Annie —Exclama Hitch de manera burlona— Si así se la engulles a Armin, ahora entiendo porque jamás se ha peleado contigo.
Annie y Armin se ponen rojos hasta las orejas, la rubia además tiene las mejillas infladas con el bocado, Mina suelta una carcajada, incluso hasta el señor que atiende el puesto tiene que disimular una risita.
Gabi alcanza a escuchar todo, por lo que ante la comparación entre comer hotdogs y una felación, no puede evitar sentir asco.
—Ya no quiero hotdog— Sorpresivamente, no es la única que lo dice.
Falco al parecer ha perdido el apetito de la misma forma que ella.
Reiner entiende todo con oculta risa, conocía lo suficiente a su prima como para saber que la conferencia la asquearía, si justo por eso había querido que fuera.
Si él, con todo y su experiencia sexual se había sentido perturbado ante ciertas cosas de la charla, se imaginó que su prima, si no planeaba tener sexo, menos iba a tener ahora.
Al día siguiente…
Para Zofia no es raro ser la primera que llega a sentarse a su pupitre –su padre la deja de pasada media hora antes de que inicien las clases-, lo raro es que por esta ocasión, Gabi llega detrás de ella.
—Quiero hablar contigo —Inicia la pequeña Braun.
—¿Qué pasa?
—¡¿Por qué no me dijiste que la charla estaba tan horrible?!
—¿Horrible? —Inquiere sin sonar interesada.
—¡Sí! ¡Horrible…! —Dice en un claro reproche.
Está molesta porque además de lo horrible que fue la charla, Zofía luce tan imperturbable durante su interrogatorio.
Está tan ofuscada que se está olvidando que el estoicismo es el gesto habitual en su amiga.
—Recuerdo que Udo lucía como si estuviera viendo una película de terror —Comenta Zofia.
—Pues yo sé que fue peor… —Exclama Gabi— Si las explicaciones del doctor Grisha o las fotografías… ¡Ni siquiera había querido ver mi propia intimidad y termine viendo ajenas!
—¿Por qué no la habías visto?
—¡No la he visto todavía!
—¿Por qué no?
—¿Para qué querría verla?
—Es tu cuerpo, debes conocerlo…
—¿Para qué?
—Si alguna vez tienes alguna lesión o enfermedad, podrás notar los cambios si te examinas de vez en cuando.
Gabi por poco y le pregunta qué se supone que espera que le pase para llegar a ese extremo, pero antes de hablar recuerda que la mamá de su amiga había muerto de cáncer en el seno… Quizás, quizás Zofía ha hablado en base a la experiencia de su madre. Y con tal idea, la Braun se siente tan incómoda que ya no puede reclamar nada, aunque más tarde tiene que retomar el tema de la charla.
—Zofia me comentó que fuiste a la charla del doctor Jaeger… —Declara Udo— Dijo que le reclamaste por no advertirle que había sido horrible, pero ve a quien le preguntas: a la reina del hielo.
»Zofia muy rara vez se altera, pero si me hubieras preguntado a mí, yo te habría advertido que fue horrible.
Gabi, casi siempre había pensado que Udo sobre reaccionaba, pero en honor a la verdad, por primera vez está totalmente de acuerdo con él.
Ademas, cuando no fue cara de asco, seguramente puso cara de terror el día de la conferencia.
Como sea, en la tarde cuando se está quitando el uniforme para ponerse otra ropa, justo recuerda lo que Zofía le había dicho. Por lo que, armándose de valor, decide pararse delante del espejo de cuerpo completo que hay en su habitación…
Aun con la ropa interior puesta, no soporta verse más de dos segundos.
Desconoce lo que se supone que Zofia espera que haga, o más bien, no quiere ahondar en ello.
No puede.
Porque su amiga pretendía que se mirase a fondo.
Pero no iba a hacerlo… no todavía.
Un mes después, Falco, de nueva cuenta, no puede dormir.
Su amigo no está levantado, pero su cuerpo se calienta y pareciera desearlo.
Años, ¡años había durado escuchando cuchicheos de la masturbación en los pasillos de su escuela! Ultimadamente del sexo, y si bien no planea tener relaciones pronto, desde que se masturbó hacía un mes y medio, el asunto se le había tornado tentador, como si fuera una droga, lo que lo hace sentir un sucio perverso.
Y en contraste con su culpa, su deseo aumenta, lo cual aumenta su culpa, luego el deseo, y es como si fuera en una espiral descendente.
De momento bufa irritado diciéndose que no, que apenas dos noches atrás lo había hecho, y esta noche dormirá, así que da vueltas en la cama pretendiendo dormir, y casi una hora después el sueño logra vencerlo, pero sus ganas parecieran reinar en su subconsciente como termina soñando con Gabi.
En el sueño, él está sobre su amada. Ambos visten su uniforme escolar en medio de un bosque que parecía nacido de la mano de un artista, recostados en un mantel para picnic.
Están besándose de forma tierna y juguetona, incluso ríen con los labios sobre el otro.
De pronto, Gabi levanta sus manos y las pone en el primer botón de la chaqueta del chico, haciendo que el adolescente se paralice, como si no pudiera creerlo, mientras ella determinada no se detiene, sigue abriendo botones hasta que logra abrirlos todos, y sus movimientos delatan que pretende quitársela. Y el chico reacciona como se mueve pretendiendo facilitarle el trabajo, pero justo entonces despierta.
Cuando Falco se da cuenta de que todo había sido un sueño, no sabe qué le irrita más, si el hecho de que todo hubiera sido un sueño, o el hecho de que su subconsciente lo traicione.
Su amigo para entonces le palpita tanto que sabe que lo tiene erecto sin necesidad de verlo ni tocarlo, así que gruñe frustrado y molesto consigo mismo, pero no le queda más que resignarse.
Empuja la sábana haciendo una rabieta, se reincorpora antes de quitarse la camisa del pijama y aventarla a cualquier lugar, y camina tan irritado como excitado al baño que está a dos puertas de su cuarto, para traer un papel higiénico para limpiar el desastre tan pronto termine.
De nueva cuenta se masturba, se imagina en ese bosque, embistiendo a Gabi mientras la besa, mientras ella suspira y jadea de forma ahogada como él lo hace en la vida real, y cuando termina, apenas tiene suficiente conciencia como para limpiarse, reacomodarse la ropa, y tirar el papel higiénico usado al suelo antes de caer dormido, demasiado cansado para pensar en la culpa.
Al día siguiente, cuando está completamente despierto, levanta el papel higiénico usado y lo tira en un bote de basura cercano, busca la camisa del pijama para echarla al cesto de la ropa sucia como se suponía ya había cumplido sus cuatro días de uso –aunque solo la hubiera usado dos noches enteras como se la había quitado para sus actividades nocturnas-, y tiende la cama olvidándose del papel higiénico que deja junto a la lámpara, este vendría a notar que lo dejó allí mucho después.
Por la tarde, Porco se aparece como Falco había quedado de prestarle un libro antes de irse a la universidad –el mismo de esa saga sangrienta que leyó por Gabi- , y el adolescente casi quiere golpear su propia frente como lo había olvidado.
¿Dónde estará el libro?
Se imagina que está en el librero de su cuarto, o en unas cajas en la parte superior de su closet.
Decide que será más cortés pedirle que lo acompañe a su cuarto, que dejarlo esperando solo en la sala, pues su madre ha salido.
Así que mientras Falco revisa en el pequeño librero de su cuarto, Porco se sienta en una silla que hay allí mientras mira el cuarto del adolescente, que le parece muchísimo más ordenado de lo que él recordaba haberlo tenido a su edad –y de lo que incluso hoy lo tiene-. De hecho le hace evocar a Marcel, porque Marcel –a diferencia de él- siempre tenía un orden atroz en su cuarto. Mira todos los detalles que tiene a su alcance, y cuando el adolescente se gira ya con el libro en la mano, lo atrapa con los ojos en el papel higiénico que dejó en la mesita en la madrugada.
—Anoche andaba un poco resfriado —Se excusa el adolescente.
Porco se había limitado a ver sin realmente ver, por lo que no habría tenido ninguna idea obscena respecto al papel, de no ser por el talante nervioso de Falco.
—Ah sí… —Murmura el mayor— Yo a tu edad me resfriaba casi diario —Agrega mofándose— En ocasiones dos veces por día.
Una parte de él sabe que está siendo dominado por un impulso imbécil, pero no puede evitar querer agregar más bromas al respecto.
—Pero si no tiene nada de malo… —Dice Porco— ¿Qué no has escuchado eso de que: "Es mejor el miembro en mano, que prueba positiva de embarazo en la mano"…? O de que es mejor autosatisfacerse que coger con la persona equivocada— El adolescente se ruboriza justo como el adulto esperaba, y aunque le parece gracioso, también le parece deprimente.
Es entonces que luego de un sopapo mental decide tomarse el asunto con más seriedad.
—Es normal a tu edad —Le dice el adulto como quitándole importancia al asunto— Tú y tu hermano son igual de vergonzosos como lo era Marcel.
Durante mucho tiempo, Porco no había podido hablar de su fallecido hermano sin parecer enojado con la vida, pero para sorpresa de Falco, el adulto suena sereno en todo momento.
—Recuerdo una vez cuando tenía doce… Marcel llegó serio a decirme que quería hablar de sexo.
»En ese entonces no había tocado un culo o una teta, solo había dado besos en un juego de botella, pero con todo el cinismo que pude le dije: "claro, hermano… ¿qué quieres saber?" —Mientras Dice lo último, Porco sonríe de manera sardónica.
De la misma forma que hizo en aquel momento ante su hermano.
— Me daba coraje —Agrega el adulto— Colt al menos es varios años mayor que tú, pero Marcel solo me llevaba quince meses, aun con eso mis padres no dejaban de decirme que él era el mayor y que le debía obediencia.
»Tal vez me desquitaba con él porque nunca se la puse fácil, y precisamente por ser más rebelde y cabrón, la gente que no nos conocía asumía que yo era el mayor, sobre todo cuando crecí más que él.
»Luego de la fallida charla que intentó darme mi hermano, yo lo arrastré para preguntarle a nuestro padre, y tal vez nuestro padre no es tan tímido como el tuyo, pero un papá no deja de ser un papá, porque yo sentí que había muchas cosas que él no nos quiso decir, quizás por miedo a que quisiéramos hacerlas siendo tan jóvenes, así que luego fuimos con Zeke, quien para ser honesto, es mucho más irreverente que su papá.
»A lo que quiero llegar es que, si mi hermano no pudo hablarme de sexo, casi estoy seguro de que Colt no lo hizo contigo.
»Lo cual es una lástima, porque aun lo necesitas
—Pero ya fui a la charla que dio el doctor Jaeguer —Protesta el menor sintiendo que eso había sido más que suficiente.
—Sí, y no demerito su labor, pero todavía necesitas que te aclaren algunas cosas.
De pronto Falco lo ve pensativo, como si estuviera rindiendo un examen de una materia muy difícil.
Y Porco, en cierto modo, lo está.
¿Cómo empezar a hablarle de sexo si pareciera que diga lo que le diga le hará sentirse culpable con el tema cuando justo eso es lo que quisiera evitar?
De pronto recordó la explicación que había dado Marco a Berthold luego del momento más vergonzoso de su vida.
—¿Recuerdas cuando el doctor Grisha dijo que el sexo era una necesidad?
—Sí.
—Pues no estaba exagerando ni payaseando, el sexo es una necesidad básica al igual que dormir, comer y cagar.
»Si no comes a tus horas, después vas a tener hambre, y esta no se va a ir aunque pienses que justo no puedes comer porque perdiste el dinero del almuerzo; el dormir es igual, podrás trasnochar uno o hasta más días, pero si no descansas, tarde o temprano te va a vencer el sueño; igual si tienes ganas de cagar, te puedes aguantar mientras caminas una o varias calles a tu casa, pero en algún momento, te vas a terminar cagando estés en un baño o no; y lo mismo pasa con tu cuerpo respecto al sexo.
»Eres un adolescente. El deseo no desaparecerá aunque te corten el pene, porque tus hormonas despertaron, así que lo mejor es que veas tus "resfriados nocturnos" como una necesidad de la que no puedes privarte, porque si la falta de comida y de sueño son usados como métodos de tortura, no me parece descabellado pensar que la excitación podría provocar lo mismo.
»Además seguro no querrás tener un accidente.
—¿Qué clase de accidente? —Pregunta por reflejo, a lo que Porco empieza a reírse, pero se obliga a contener la risa para responderle.
—Más o menos cuando tenía tu edad, varios compañeros de clases fuimos juntos a el balneario "Colosal", en ese entonces acababa de inaugurarse, y era el sitio de moda porque nunca se había visto aquí un lugar con tantísimos toboganes, incluso aun hoy, cualquier lado a lo mucho tiene una resbaladillla.
»Así que ya te imaginarás la situación, de pronto tus compañeras de clases están usando trajes de baño, y a veces allí anda uno de mirón, porque eso no es algo que pasa todos los días.
»Tal vez Historia por mayoría de votos era considerada la más bonita del salón, pero la de mejor cuerpo, por antonomasia fue Annie.
»Recuerdo que Ymir, Pieck, Hitch y Mina tuvieron que obligarla para salir del baño, y quiero dejar claro que antes nunca había llamado mi atención, pero cuando la vi en ese traje de baño negro, lo primero que pensé era que si tenía oportunidad, me acostaría con ella.
—Oye pero, ¿y Armin?
—Armin todavía no se le declaraba, y en todo caso, él nunca fue mi amigo.
»Aunque es curioso que lo menciones, porque cuando vio a Annie, se puso rojo como un tomate… habría apostado un brazo a que Armin tendría una erección allí mismo, y no la tuvo, pero supongo que eso fue porque toda la sangre se le fue a la cara.
»El que tuvo la erección al ver a Annie fue Berthold —Declara antes de carcajearse hasta las lágrimas— Ya te imaginarás las burlas que recibió —Agrega y apenas logra que se le entienda.
En un segundo el adulto lo recuerda todo: Las risas, las mofas de Jean, a Reiner disculpándose por cada chiste justo antes de hacer el siguiente, y a Marcel reprendiéndolos y diciéndoles que ya era suficiente.
—Para ser honestos yo fui el que peor se burló —Admite Porco— Lo primero que dije fue que por eso hay que pajearse más seguido.
»Así que ya, no veas la masturbación como algo malo, ni como algo que debes reprimir, no querrás que te pase lo mismo que a Berthold, ¿o sí? –Pregunta el adulto, antes de tomar el libro, y por un instante cree que es buen momento para agregar algunos detalles a la charla, pero decide que por ahora lo mejor es dejarlo solo con eso, así que sale de allí.
A Falco, aún le tomarían un par de días en procesar todo lo que acababa de escuchar. Y si bien no hará alarde ni mofas como hacen sus compañeros, ya no se sentirá culpable gracias a Porco, sino que más bien verá la masturbación como lo que es: una necesidad.
Continuará…
Cualquier cosa, me pueden preguntar en un review o en mensaje privado.
Notas…
Inicialmente la escena de la charla, la iba a escribir desde el punto de vista de Falco, pero recordé que Falco fue el protagonista en el cap anterior y quise meter más a Gabi. Luego me di cuenta que la escena la estaba escribiendo demasiado seria, no digo que una charla sexual no sea un tema serio, sino que le estaba dando un tinte demasiado adulto cuando finalmente Gabi es una adolescente, así que me esforcé por realmente escribir al nivel de ella, espero haberlo logrado.
Sobre la escena del condón, fue basada en un hecho real, porque justo así inició la charla que les digo que recibimos del hermano de una maestra, llamando a una pareja al escenario, y haciéndoles poner un condón en un pepino, y su hermana estaba de asistente ante las diapositivas. De hecho también nos mostraron fotografías reales. E incluso las explicaciones eran gráficas.
La anécdota de Pieck de la huída del tipo que fue a buscarla a la universidad es una anécdota mía, solo que está muy larga de contar así que nomas dejé parte del final.
La escena de Annie con el hotdog, si bien se parece un poco a su escena con el pay, en realidad está basado en una anécdota mía, de cuando fui con un hambre de náufrago recién rescatado a comer hotdogs acompañada de dos compañeros de clases, y en la primera mordida di tremendo bocado que provocó chistes de doble sentido en uno de ellos, mientras el otro le llamaba la atención, y yo terminé escuchando sus burlas con las mejillas infladas mientras luchaba por masticar.
Hace tiempo en un video explicaban que los sueños no son inconciencia, son conciencia disminuida, y de esa manera procesamos la información… Por eso, aunque a veces soñamos con personajes ficticios como si existieran, también soñamos con las situaciones que podrían ser posibles en la vida real –aun si las exageramos en el sueño-, como cuando peleamos con una amiga, o incluso nos soñamos en el trabajo, o nos soñamos reprobando una materia difícil. Así que no es nada descabellado que ponga a Falco soñando con Gabi, sobre todo cuando se privó de tocarse y se durmió pensando en ella.
Falco me da la imagen que es de la clase de chicos que tienen ordenado el cuarto –muy a diferencia de mí que Levi ha de ver mi cuarto y ha de querer desmayarse-.
Sobre la charla que Porco le da, inicialmente pensaba que Falco recibiría esa charla de Zeke, y si bien no descarto que Zeke en un futuro hable con él, ya leyéndola no me pareció muy creíble que por ahora el chico recibiera una charla de un hombre que casi le duplica la edad.
También llegué a anotar escenas de Colt luchando por nuevamente darle la charla, pero yo misma no terminé de creerme estas escenas, a parte de que Colt carecería totalmente de las bromas pesadas que Porco hizo, además en el manga Porco tuvo un papel importante en el crecimiento de Falco, digamos que este fue mi pequeño tributo.
En la universidad un maestro nos comentó que el sexo era una necesidad básica al igual que dormir y comer, lo demás fue mero ingenio mío.
Publicado el 02 de noviembre de 2021.
