Vacío esa era una palabra que Cristian conocía muy bien, así había sido al principio su vida cuando su madre la puta se drogaba y apenas tenían para comer o cuando el proxeneta lo utilizaba para apagar sus cigarros.

Pero luego conoció a Grace quien más tarde adoptaría junto a Carrick, luego vendrían sus otros hermanos Elliot con quien no se sentía muy cómodo y Mía un bebe que hizo que por fin empezara a abrirse un poco y volviera a hablar.

Pero luego entró en la adolescencia y no podía contener su rabia, se metía en peleas y bebía, odiaba los psicólogos a los que le mandaban sus padres y que apenas ayudaban ya no sabían que hacer para ayudarlo y él mismo se lo preguntaba.

Hasta que su madre le mandó a trabajar para su amiga Elena Lincoln.

Al principio se mostró algo fría con él pero después de varias interacciones empezó a insinuarsele y él en esa época era un adolescente hormonado y aceptó sus insinuaciones, a los quince Christian perdió su virginidad y Elena además lo introdujo en el mundo del BDSM. Con lo que gracias a eso pudo controlarse y dominar su temperamento, mejoró en los estudios y dejó de pelearse Elena además le daba lecciones a Christian que él seguía a rajatabla.

—El amor es para tontos Christian no lo olvides, te vuelve débil sino mira a tu madre biológica era una drogadicta ¿de que le sirvió el amor? Debes ser frío e implacable—

—Sí ama—

Elena luego le dijo lo mismo a una chica a su lado Leila Williams, una chica que al igual que él había pasado por enormes dificultades y que al igual que él la ayudaba. La chica era una perfecta sumisa, amable, tranquila y vivaz muy buen comienzo para su primera sumisa, Christian ya tenía diecisiete años y Leila dieciséis y quería ser un dominante así que Elena le dio para entrenar a Leila.

Todo iba bien para él y los demás hasta que algo inesperado ocurrió que cambió sus vidas.

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Anastasia Steele volvía de la escuela y caminaba por la acera en dirección a su casa al mismo tiempo que botaba su pelota, tenía ganas de llegar a casa para leer el libro que su padre le regaló el mago de Oz.

Ana estaba tan distraída que no notó como su pelota daba sin querer a una vaya y daba al jardín de una casa, en cuanto vio de quién era la niña palideció.

Ella la apodaba la casa de la bruja pero no era porque la casa fuera de aspecto inquietante en sí era bastante normal, era por la mujer que vivía allí siempre iba de negro como si fuera un cuervo y de pelo rubio tenía unos fríos ojos azules y siempre que se encontraba con ella en la calle la miraba con falsa dulzura y de forma desagradable.

Miró alrededor por si había alguien, no quería meterse en líos pero tampoco iba a dejar su pelota allí cuando tenía su nombre gravado Ana en él. Así que con cuidado saltó la valla y aterrizó en el jardín, miró por el lugar pero parecía que no se encontraba así que fue a buscar y en cuanto se fuera se iría rápido.

Oyó unos ruidos y curiosa fue a ver en una ventana, lo que no imaginó es lo que vería.

Elena blandía una especie de palo y golpeaba con saña a un chico mayor que ella un adolescente, no le veía la cara sólo el pelo cobrizo, el pobre estaba encorvado en el suelo y se le veían grandes moretones en la espalda la mujer le decía algo pero Ana no podía escucharlo.

Asustada por lo que presenció se fue poco a poco y de forma cuidadosa de allí y cuando estuvo fuera se fue con tanta prisa tenía que corriendo se torció el tobillo, la pobre como podía fue a pedir ayuda.

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—¡Como te has atrevido Christian! ¡pensé que te enseñé mejor!—Elena lo golpeaba sin piedad.

—¡Lo...lo siento!—

Christian estaba así porque habia querido concertar una sesión con Leila en secreto, quería ser un dominante ya y la chica estaba ansiosa por complacerlo, en ese tiempo se había apegado a él y ambos se levaban bien pero por desgracia Elena los descubrió.

—¡Solo serás dominante cuando crea que estás listo y no lo harás a escondidas!—luego se volvió hacía una asustada Leila—¡Y tú espera en el sótano! En cuanto acabe con Cristian tu también recibirás tu castigo—

La chica palideció pero asintió de forma sumisa y con la cabeza gacha para luego irse apresuradamente.

Cristian procuró no hacer ningún ruido o queja, sólo conseguiría que le pegara más fuerte Elena odiaba cuando mostraba cualquier debilidad por minúscula que fuera y según ella para ser fuerte y no débil como los demás. Su ama no solía pegarle así de fuerte, sólo cuando él y Leila hacían alguna infracción, entonces los golpeaba hasta dejarles moratones o encerraba en un armario estrecho y claustrofóbico.

Sin saberlo ninguno de ellos alguien había sido testigo de lo que pasaba dentro e iba a buscar ayuda.