DATE WITH THE DEVIL


Rachel detuvo el auto aún con la mirada molesta de Santana sobre ella.

-Espera aquí.

Santana intentó no decir nada pero al ver como Rachel cerraba la puerta del auto, se movió de su lugar de copiloto al de piloto.

-Rachel, te lo ruego, no vayas a cometer una locu...

Calló al ver caminar a Rachel hacia la residencia de Quinn Fabray.

Porque sí, Rachel había estacionado frente a una de las residencias de la USSPY, justamente donde vivía Quinn junto con sus demás compañeras, mismas que habían disparado sin pensarlo a la morena hacía unas horas atrás.

Pero eso a Rachel no le importaba en lo absoluto, ni tampoco le importaba saber que dicha residencia estaba llena de alarmas por doquier, algo que a Rachel le hacía gracia, pues a pesar de ser la casa de un grupo de chicas espías, era además la residencia de la chica del puntaje perfecto. A Rachel le había bastado una llamada a uno de sus secuaces para averiguar dicha dirección, y además le habían envíado por mensaje de texto indicaciones para poder desactivar todas las alarmas y la ubicación exacta de la habitación de la rubia que tanto le intrigaba.

Entró sin problema por el jardín trasero después de desactivar las alarmas y cámaras de seguridad. Escaló rápidamente por el árbol que estaba frente a la ventana de Quinn, y por fin entró.

La miró tranquila mientras dormía, Dios, esa chica era guapa hasta cuando dormía.

-Quinn.-La movió un poco.

La rubia abrió los ojos poco a poco.

-¡Oh por Dios!

Rachel sintió como era elevada y caía al suelo. Rápidamente se levantó y fue ahí donde comenzó una curiosa batalla.

-Espera.-Rachel se agachó luego de decir eso evitando una patada de parte de Quinn.

-¿Qué haces aquí?-Preguntó la rubia dirigiendo su puño hacia Rachel, pero en cambio sintió como la morena la tomaba del brazo y la lanzaba al suelo, cayendo en la alfombra.

-Quería verte.

Las dos chicas se miraron la una a la otra aún en posición de combate.

-¿Por qué?-Quinn sentía su corazon latiendo a mil por hora. No sabía si por la lucha o por o que le acababa de decir Rachel.

La morena de pronto sintió los nervios recorrer su cuerpo.

-Bueno, estaba pensando en lo que dijiste sobre tu artículo...

-¿Mi tésis?-La ceja de Quinn se elevó poniendo aún más de nervios a la morena.

-Es una tontería que hagas una investigación basada en lo que te han contado sobre mí, cuando podrías ir directamente a la fuente.

Las dos chicas respiraban aún con fuerza debido al esfuerzo de la lucha.

-¿Tú?

-Ven conmigo, dejaré que me preguntes lo que sea.

Quinn miró a Rachel con desconfianza y en un movimiento rápido, tomó el arma que escondía en una de sus repisas y apuntó a la morena, quien rápidamente alzó las manos.

-No puedo salir contigo.

-¿Por qué no?

Quinn miró incrédula a la criminal.

-Por un millón de razones.

Pero Rachel aprovechó su pequeño descuido y la desarmó rápidamente apuntándole al instante en el que tuvo el arma de la chica consigo.

-Bueno, ahora tienes que salir conmigo.-Sonrió traviesamente sabiendo que había ganado esa batalla.


Las dos chicas salieron por la puerta de entrada con Rachel aún apuntando a la rubia.

-Sabes que hay cámaras por doquier, ¿no?

De pronto un ruido detrás de ellas alertó a la morena quien disparó rápidamente hacia un árbol. Por suerte el arma tenía silenciador.

Quinn se asustó al ver a Brittany, quien estaba pegada al árbol asustada. La bala había dado directo al gorro de su sudadera.

-Britt, ¿qué haces aquí?-Susurró Quinn al ver que su compañera estaba bien.

-No sé quién es ni porqué estás con él, pero arruinó mi sudadera.-Le recriminó Brittany mirando su ropa.-¿Quién te crees que eres para ir arruinando mi ro...?

Brittany avanzó molesta hacia la persona que estaba parada a unos pasos de ella, pero en el instante en el que Rachel se hizo visible con la luz de la casa, la rubia más alta no pudo evitar soltar un pequeño grito.


Rachel miró de reojo como Quinn miraba por la ventana con un gesto bastante molesto.

-¿Fuiste a Dalton?-Escuchó que Santana le preguntó a la rubia amiga de Quinn en el asiento trasero.

-Sí, así es.

Rachel miró el túnel por el que debía entrar y no lo dudó. Comenzó a acelerar un poco mientras volteaba a ver a Quinn con una sonrisa traviesa, pero la chica ni se dignó a verla, pues su gesto molesto aún estaba presente, así que Rachel aceleró más.

-¿A dónde nos estás llevando?

-¿A dónde quieres ir?-De nuevo la sonrisa traviesa hizo presencia en Rachel.

-¡A casa!-Fue Brittany quien le respondió.

La morena siguió conduciendo y a mitad del túnel giró hacia una entrada que Quinn estaba segura no estaba en los planos de la ciudad. Había letreros de advertencia por todos lados y claramente sintió como Rachel seguía acelerando. A travesaron una pared, la cual al parecer era un holograma, y llegaron a un estacionamiento lleno de motociclistas y uno que otro auto.

Rachel se detuvo por fin después de estacionar el auto.

-Bien, vamos.

Quinn sabía que la morena la estaba viendo pero estaba tan molesta que prefirió no decir nada. Rachel sonrió al verla cruzar sus brazos y acomodarse mejor en su asiento.

-Mira, esos túneles continúan por kilómetros, podrían estar perdidas por días, incluso semanas.-Advirtió mirando a las dos chicas pero ninguna respondió.-Está bien, como quieras.

Quinn vio como la morena salía del auto, seguida de su compañera, una chica de tez oscura, un poco más alta que Rachel y a quien Brittany no dejaba de ver mientras las dos morenas se dirigían dentro del único edificio que había en ese lugar. Parecía un bar de mala muerte, lleno de graffitis y con música metal. Definitivamente no entrarían a ese lugar.

-Tengo que orinar.-La voz de Brittany detrás de ella la hizo voltear.

Quinn la vio molesta pero no dijo nada y regresó a su posición original, segundos despúes escuchó como Brittany salía y no pudo creerlo, ¿de verdad Brittany iba a entrar?


Ninguna de la dos rubias había estado en un lugar como aquel nunca. De echo nunca habían entrado a un bar, la academia las absorbía por completo.

Caminaron en medio de la multitud que se movía al ritmo de la música intentando buscar el baño pero era imposible, no veían nada.

Santana sonrió coquetamente al ver a las dos chicas perdidas en medio de la pista.

-Tal vez tengas razón.-Le dijo a Rachel señalando con la mirada a las rubias.

La morena sonrió y miro de reojo como Quinn se detenía en medio de la pista, aún con los brazos cruzados. Su amiga rubia iba detrás de ella y después de intercambiar algunas palabras, se alejó, dejando a la rubia sola. La sonrisa de Rachel se hizo más grande al notar los nervios de la rubia al verse sola.

-¿Quieres una cerveza?

Quinn miró como Rachel aparecía a su lado e instintivamente volvió a cruzar sus brazos.

-No.

Un mesero pasó a su lado y Rachel aprovechó para quitarle dos cervezas.

-Ven.

Quinn sintió el jalón en una de sus manos por parte de Rachel y no tuvo más opción que seguirla.

Caminaron a través de la gente que bailaban y reían al ritmo del techno llegando incluso a golpearla.

Se detuvieron frente a una mesa llena de chicos pero al ver a Rachel se levantaron rápidamente. Quinn miró a Rachel desconcertada.

-Adelante, siéntate.

Quinn dudó pero finalmente se deslizó por la banca acolchonada. Miró alrededor sintiéndose incómoda mientras Rachel repetía su acción mientras dejaba las botellas en la mesa.

Rachel la miró sin saber qué hacer. Quinn volteó a verla y la morena le sonrió pero la rubia solo hizo un gesto y volvió a girar la vista.

-¿Hace cuánto eres espía?

Quinn la miró sin decir nada. Rachel río.

-Tendrás que hablar conmigo algún día.

-No sé qué quieres conseguir de mí trayéndome a este lugar.

-Sólo relájate. Sé que te mueres por preguntarme algo.

La sonrisa arrogante de la morena se hizo notar.

-Háblame de tu tésis.-Volvió a insistir Rachel.

Quinn la miró incrédula, Rachel arqueó una ceja.

-Es estúpida.-Al fin cedió

-Venga, cuéntame.

-Mi hipótesis central es que como una mujer que opera en un campo dominado por hombres, sentiste el deseo de compensarlo siendo potencialmente más cruel y diabólica que tus colegas varones.

Quinn dudó al decir todo aquello y el gesto molesto de Rachel la hizo sentir que había hablado demás.

-No soy más cruel.

-Creo que tengo una prueba de que si. Mírame, estoy aquí.-Respondió irónica.

-Es interesante, puedes continuar.

-Creo que esas fuerzas psicológicas se combinan para crear una clase de vacío emocional en el que eres incapaz de...-Quinn dudó.-amar...o ser amada.

-¡Eso no es cierto!-Rachel comenzó a alterarse.-¡Estoy abierta al amor!

-¡Lo siento, es solo una teoría!-Intentó disculparse al ver la reacción de la morena.

-¿Y qué puedes saber tú de eso?-Preguntó más calmada.

-¡Nada!

Rachel la miró y después dio un largo trago a su cerveza.

-Acabo de terminar con mi novio hace unas cinco horas.

Rachel la miró al escuchar aquello. Quinn también la miró y la tensión comenzó a crecer.

-Lo siento, eso duele.

Quinn le sonrió por primera vez.

-Gracias.

De nuevo silencio.

-¿Por qué terminaron?

-No lo sé, no era...-Intentó encontrar las palabras adecuadas.-Creo que el amor tiene que ser irresistible, como una droga, creo que cuando pasa uno debería sentir que no puede evitarlo, solo quería...más.

Rachel sonrió al escucharla y desvió la mirada un momento.

-Perdón, estoy diciendo tonterías.-Quinn tapó su rostro con sus manos totalmente apenada.

¿Por qué le estaba contando aquello? ¿En realidad estaba tan triste que no podía evitar hablar de ello ni con su atractiva secuestradora?

-¡No! Claro que no.-La voz de Rachel la hizo bajar sus manos y al verla, la morena le sonreía.

-Esto es muy extraño, yo...¿por qué no me has matado?

Rachel sonrió y volvió a dar un trago a su cerveza.

-Yo no hago eso.-Respondió mirando hacia la pista de baile.

-Mataste a los agentes en la antártica.

Rachel se ofendió al escuchar aquello.

-Murieron congelados, jamás los conocí.

-¿Y los agentes del FBI de Perú?

-Ébola.

Quinn tuvo que guardar silencio después de descubrir aquella confesión que le estaba haciendo Rachel.

-No eres lo que esperaba.-Confesó la rubia.

-Eso no es halagador.

Quinn sintió que la tensión en sus hombros había disminuído después de esas palabras.

-Y...¿qué pasa con Ninotchka?

Rachel giró los ojos al escuchar el tono burlón de la rubia.

-Esa rusa está loca, es un desastre.-La morena tapó su cara con sus manos mientras reía.

-¿De dónde sacas a mujeres cómo esa?-Siguió burlándose Quinn.


Era la tercera vez que Brittany le ganaba a la morena más alta en la mesa de billar, pero Santana aún no se daba por vencida y no lograba aceptar su derrota. La rubia saltó de alegría al lograr su cuarta victoria y Santana solo pudo verla mal.

-Corrígeme si me equivoco, pero parece que tu amiga está coqueteando con la mía.-Dijo Brittany al voltear a ver a las dos chicas en una de las mesas y notar como Rachel estaba muy cerca de su rubia amiga.

Santana volteó a verlas un segundo y regresó su vista a la mesa.

-En efecto.

-Si, pero Quinn no es así.-Le dijo muy segura.

Santana sonrió traviesamente mientras acomodaba por quinta vez las bolas.

-Si tú lo dices.


-Finn está loco por mí y siento...siento que no me entiende, ¿alguna vez te sentiste así, como que nadie te entiende?

Rachel sonrió y asintió mientras escuchaba a la rubia desahogarse sobre su reciente ex-novio. Los últimos 10 minutos había tomado un poco de confianza y ya no sentía que la quería destrozar con la mirada.

-Si lo he sentido.-Contestó a su cuestión.

Intercambiaron una mirada que Rachel juró era de coqueteo pero Quinn rápidamente bajó la vista mientras negaba con la cabeza sin decir una palabra. La morena casi murió cuando vio como la chica mordía su labio con nervios. ¡Dios! ¡Qué sexy era!

-Conocerte fue maravilloso.-Se sinceró Quinn

-A mí también me gustó conocerte.

De nuevo las miradas y el silencio cómplice se adueñó de ellas, haciendo imposible para Rachel resistirse a lanzarse a sus labios, pero sabía que si lo hacía, terminaría asustando aún más a la rubia, además, por más miradas que le lanzara, todavía no estaba segura si a Quinn también le gustaban las chicas, o al menos, le gustara ella.

Pero la rubia seguía jugando con sus dientes y sus labios, y Rachel lo único que podía hacer era lanzarle una sonrisa coqueta, misma que Quinn recibía con miles de dudas corriendo por su cabeza. Teniendo a la morena a escasos centímetros de ella, podía apreciarla como nunca nadie antes lo había hecho. Era tanta la admiración y la curiosidad que sentía por aquella criminal, que no sabía en qué momento de la noche había dejado de sentir aquello y se había transformado en una atracción incontenible.

Era como un diamante.

Rachel Diamont se parecía tanto a aquellas joyas preciosas que tanto la identificaban que no podía despegar su vista de ella. Brillaba como ellas. El flequillo que portaba, le daba a su look un atractivo impresionante, desenfrenado, sexy.

Justo cuando Rachel se había decidido a lanzarse, Quinn se dió cuenta de la situación.

-Yo ya...ya me voy.-Alejó su vista de ella e hizo el ademán de pararse.

Rachel suspiró y la imitó.

-Okey.

Quinn dudó antes de levantarse y la miró.

-¿Volveré a verte?

Rachel sonrió.

-¿Me quieres ver otra vez?

De nuevo la rubia se perdió en sus ojos.

-Bueno, violé como 8 leyes federales.-Comenzó alejando su vista de ella.-por haber estado aquí contigo.

-Si, ya sé.-No dejó de sonreír notando los nervios en la voz de la chica.

Quinn hizo un pequeño silencio antes de hablar.

-Podrían sacarme de la academia por esto.-Volvió a verla.

Rachel no pudo evitar perderse en sus labios de nuevo.

-¿Por?

Quinn no pudo contestar, lo único que pudo ver y sentir era a la morena acercarse poco a poco hacia ella. No pudo evitar cerrar los ojos al saber lo que estaba a punto de suceder, lo que anhelaba que sucediera desde el primer momento en el que miró a Rachel a los ojos en aquella bodega.

-¡No puede ser!

El grito de Brittany las hizo separarse justo antes de que sus labios se tocaran.

Se separaron rápidamente y vieron frente a su mesa a la rubia junto a Santana.

-Casi te besa.-La rubia se levantó rápidamente sin decir una palabra y miró a su amiga-y tú casi la dejas.

Quinn solo la miró sin saber qué decir y comenzó a caminar hacia la salida.

Rachel se levantó y se detuvo un momento frente a la rubia más alta y la fulminó con la mirada para después seguir a Quinn.

Brittany volteó a ver con sorpresa a Santana.

-Me debes 50 dólares.


-¡Quinn, espera!-Rachel alcanzó a tomarla del brazo antes de salir.

-Llévame a casa.

Rachel notó la molestia en su voz.

-Si, okey.

-Llévame ahora.

Las dos se miraron, Quinn molesta y con una confusión que se le notaba a kilómetros y Rachel sin saber cómo convencerla de que todo estaba bien.


La morena detuvo el auto a una cuadra de la residencia de las chicas, Quinn no dudó en bajar en cuanto el freno estuvo puesto y Rachel corrió tras ella.

-¡Quinn!-La detuvo por segunda vez en la noche.

-¿Qué?-Contestó de mala gana.

-¿Cuándo te veré otra vez?

Intentó tocar sus manos pero la rubia lo impidió.

-¡Nunca! No volveremos a vernos nunca.

Rachel la miró incrédula.

-¿Por qué?

-¿Es en serio? No podemos vernos otra vez.

-Quinn.-La llamó Brittany quien esperaba por ella en la acera con Santana a su lado.

Miró a su amiga y una última vez a Rachel.

-Adiós.

Comenzó a alejarse y Brittany no dudó en seguirla no sin antes lanzarle una despedida con su mano a la morena más alta.

-¡Volveré por ti!

Quinn escuchó a la morena gritar aquello pero a pesar de que quería voltearse, siguió caminando.

Rachel solo recibió la sonrisa burlona de Brittany y no dudó en lanzarle una mirada mordaz antes de subir de nuevo a su auto.


-¿Qué pasó en ese lugar?-Fue lo primero que preguntó Brittany al alcanzarla.

-Nada, no pasó nada.-Ni siquiera se detuvo a mirarla y siguió caminando.

-Estuvo a punto de besarte, eso no es nada, y yo sé que ibas a corresponderle.

-No digas estupideces, Britt.

-Violaste una regla primaria, además, ¿hola? es una chica, a ti no te gustan las chicas.

Quinn detuvo su andar para enfrentarse a su amiga.

-Claro que no, tú violaste las reglas tanto como yo, el código 504, sección 1; las espías no convivirán con los enemigos del Estado bajo pena de traición.

-¡Yo no hice nada!

-¡Le diste tu número a Santana!

-¡Pero no es lo mismo!

-¿Y ya olvidaste cuando te emborrachaste y casi matas al canciller de Bulgaria?

-¡Eso no fue mi culpa!

-¿Recuerdas que yo te cubrí y no le dije nada a nadie?

-¡Pero...!

-Si Kitty se entera de eso, no te dará tus franjas y no te graduarías nunca.

Brittany la miró incrédula.

-¿Me estás chantajeando?

-No hables. Nada pasó hoy.

Antes de que pudiera responder, Quinn comenzó a caminar de nuevo hacia su residencia, sintiendo un hueco en el estómago y no sabía si era de preocupación por todas las leyes que habían roto esa noche o por el casi beso de Rachel estuvo a punto de darle.

Definitivamente esa noche no dormiría ni un poco.

Entraron a la residencia aún molestas y una Kitty muy molesta ya las esperaba en la entrada.

-¿Dónde estaban?

Quinn la miró sorprendida pero intentó no demostrarlo.

-No podía dormir y salí a caminar. Sigo decaída por lo de Finn.

-Sí, ya sabes, Finn.

Si Kitty tuviera un detector de mentiras en ese momento, Brittany hubiera caído a la primera.

El gesto de Kitty se relajó de inmediato.

-Si, claro, lo olvidé, ¿cómo estás?

-Ya mejor, gracias.

Kitty descruzó sus brazos y caminó hacia ellas.

-¿Sabes? No puedo dejar de pensar en Rachel Diamont.-Quinn casi se atraganta con su propia saliva al escuchar a Kitty.

-¿Tú también?

Quinn le dio un discreto golpe con su codo a la rubia.

-Sí, siento como si estuviéramos jugando al gato y al ratón con ella.-Su gesto reflejaba preocupación.-Mejor tengan cuidado con ella, ¿si?

Las rubias no pudieron más que asentir al mismo tiempo que Kitty abría la puerta y entraba, dejándolas de nuevo a solas.

Brittany se dirigió de nuevo al árbol donde Rachel había disparado a su sudadera y la sacó mostrándole a Quinn el hueco que había dejado su nueva amiga.

-Sí, ten cuidado.-Dijo la rubia antes de entrar y dejarla sola.

Quinn giró los ojos y suspiró.

Había sido una noche como ninguna otra. Estaba segura que después de aquello, su obsesión por Rachel no iba más que a crecer, y ya no solo por su dichosa tésis, sino que nunca creyó estar tan cerca de ella y conocerla como la había conocido. La morena desprendía una vibra diferente a la que había creído que tenía desde siempre. Por lo que ella le había dicho, no era la típica villana que todos decían que era. Eso definitivamente rompía con todo el trabajo que llevaba por meses.

Entró a la casa y de dirigió rápidamente a su habitación cerrando la puerta y ventana con seguro. No quería otra visita inesperada, ¿o si?

Se acostó en su cama y cerró los ojos intentando olvidar la sonrisa y los ojos de aquella morena pero era imposible.

Ojalá su subconsciente no la traicionara esa noche, no con sueños donde apareciera ella, la criminal más buscada de todo el mundo.