Revisando mis cosas, encontré trabajos olvidados, y entre ellos este, que ha estado guardado entre mi carpeta de documentos de trabajos en progreso, ideas y escritos sin terminar durante años. De una época de cuando mi sentido de las normas gramaticales en español no estaban muy claras y me dejaba guiar e influenciar por lo que veía en los fanfics en inglés, cuando me copé con Fanfics de Star Wars y desarrollé un crush en Obi-Wan *suspiro con mirada perdida* y también me obsesioné con los de temática Time-travel.

Esto es el resultado de la suma de todo eso. Se que es demasiado para ser la primera vez que escribo para este fandom, pero no es de gran utilidad guardado en mis archivos juntando polvo metafórico tampoco.

Así que, aquí vamos.

Disclaimer: No soy Disney.

Capítulo 1

"¡Obi-Wan!"

Una dulce voz en la distancia lo llamó, una que llevaba años sin oír, y a la que no sabía que había extrañado inmensamente hasta ese momento. Le pareció extraño que fuera ella la encargada de conducirlo hacia lo desconocido, había asumido que esa tarea estaría en manos de su maestro o de algún otro maestro de la Orden.

Tal vez, después de pasar por el estrés y la tristeza de enfrentarse de nuevo con su caído aprendiz luego de años de separación y ser asesinado por éste, la Fuerza haya visto que sería más confortable para él encontrarse con alguien que no le hiciera revivir sus memorias más dolorosas, y haya optado por usar a una persona que le trajera a la mente recuerdos agradables y cálidos. Y él sabía que no había nadie mejor para eso que su mejor amiga de siempre.

"¡Obi-Wan!"

Insistió la voz con urgencia, ahora un poco más cercana, llamándolo hacia los brazos abiertos y expectantes de la Fuerza, que lo esperaba como una madre lista para confortar a su hijo herido.

"¡Obi!"

Repitió la voz, usando el diminutivo de su nombre, algo que encendió su corazón e hizo aguar sus ojos un poco. No había oído aquella voz pronunciar su nombre de esa manera desde su niñez.

"¡Obi! ¡¿Puedes oírme?! ¡Obi!"

La voz se oía preocupada y temerosa, y ahora que lo pensaba bien, más aguda e infantil de lo que se esperaba. Si su envejecida mente no se había metido con sus recuerdos, estaba seguro que la dulce Mon Cala había perecido en la purga Jedi después de la orden 66, tendría más sentido que al unirse a la Fuerza su espíritu fuera de la inteligente y hábil sanadora y no de la pequeña e inexperta iniciada de hacia años.

"¡Obi, por favor, regresa, no me hagas esto!"

Ahora se oía aterrorizada, y eso lo preocupó un poco ¿Sería que había interpretado mal el mensaje de la Fuerza y aún no había llegado su momento? ¿Había arruinado cualesquiera que fueran los planes de la Fuerza para él y su amiga estaba allí para hacerlo entrar en razón y salvarlo antes de que fuera tarde?

Una lágrima huyó de uno de sus ojos, rodando por sobre su mejilla y...

Un momento...

¿Cómo podría llorar si ya no estaba en el mundo físico?

"¡OBI-WAN!"

Ese grito desesperado seguido de un sacudon de sus hombros lo hizo abrir los ojos de un golpe con jadeo y un salto, y lo primero que sus ojos azul grisáceo vieron fue el aliviado y dulce rostro de una joven Mon Calamari con sus ojitos plata llorosos.

Se quedó en estado de shock por un momento, y de inmediato la niña le saltó encima, tumbándolo de nuevo al suelo ¿cubierto de hierba verde? y rodeándolo con sus brazos en un cálido y fuerte abrazo.

"¡Obi-Wan, no sabes cuanto me alegro de que estés bien, me asustaste mucho, por favor, lo que sea que hayas hecho, no vuelvas a hacerlo!" rogó la niña, escondiendo su rostro en los pliegues de las ropas de su amigo, sollozando y humedeciendo la túnica

Por un momento, lo único que Obi-Wan pudo atinar a hacer fue devolver torpemente el abrazo de su amiga, con su mente momentáneamente paralizada, y una sola pregunta ocupando sus pensamientos.

¿Qué Sith estaba pasando?

Un momento estaba dentro de la Estrella de la Muerte siendo asesinado por su antiguo padawan y al otro estaba en un bonito jardín con su querida amiga Bant.

Su mejor amiga, quien, mientras su mente daba vueltas, continuó balbuceando cosas ininteligibles contra su pecho, entre llanto, hipido y sollozo. Y cuando finalmente se dio cuenta de que su amigo, quien cada vez que la veía herida o triste o cuando se sentía culpable la confortaba con palabras dulces y tranquilizantes, no hacia más que subir y bajar sus manos distraídamente por sobre su espalda, supo que algo seguía mal, así que hizo un esfuerzo por detener su llanto y separarse un poco de él para verlo a la cara.

"¿Bant? ¿eres tú? ¿de verdad eres tú? ¿eres real?" preguntó con una voz sólo un poco más alta que un susurro al ver a pocos centímetros de su rostro los ojos plata más bonitos hinchados y rojizos por el llanto, y el rastro de lágrimas cayendo por sobre unas rellenitas mejillas color salmón.

"Sí Obi... soy yo, tu... tu amiga Bant" contestó la niña, vacilando un poco, extrañada por el comportamiento de su amigo "y soy real, estoy aquí"

Lentamente, el chico, todavía actuando muy raro para su gusto, alzó uno de sus brazos y acercó la mano a un lado del rostro de Bant, apoyándola suavemente sobre su mejilla mientras sus ojos azules se movían en círculos sobre las facciones aún no desarrolladas de la niña y una sonrisa fue formándose lentamente en los labios del chico.

Entonces, la jovencita sintió el suave y cálido roce de la mente de su amigo contra los bordes de la suya, y el vínculo de amistad que compartían y habían formado a una tierna edad, y que se había quedado estático por un momento, volvió a funcionar, así que no perdió tiempo y envió una corriente de afecto que dedujo ayudaría a calmar su errático estado, suave para no apabullarlo.

La sonrisa de su amigo se extendió hasta parecer más bien la mueca de un loco que una sonrisa.

"En verdad eres tú...", murmuró al borde de las lágrimas, y su mano empezó a temblar, seguidamente su brazo y luego su cuerpo entero." Eres tú... estás aquí... en verdad estás aquí... "

"¿Obi-Wan?" Bant frunció el ceño, comenzando a preocuparse mucho más por su amigo, y llevó una mano a la frente de éste para comprobar si no se trataba de la fiebre afectándole la cordura.

No sería la primera vez que Obi-Wan se contagiaba de algo y el cabeza dura de su amigo se negaba a ir a ver a un sanador del Templo.

Cuando ella fuera sanadora, no le quitaría el ojo de encima.

Pero no presentaba ningún tipo de temperatura más elevada de lo normal, aunque casi podía oír los frenéticos latidos de su corazón en sus oídos.

"Eres tú..." y de la nada, el chico estalló en una histérica risa

"¡Hay,no!" exclamó Bant, sujetándolo de ambos lados de su rostro mientras su amigo daba risitas. "¡No me digas que te golpeaste la cabeza por mi culpa! ¡Perdón Obi, no quise lastimarte, lo siento!" se disculpó totalmente acongojada, llegando a la errónea conclusión de que, en su emoción por verlo regresar en sí y abalanzarse sobre él en un abrazo había hecho que el chico se golpeara la cabeza con alguna roca, provocándole una contusión que lo había dejado algo inestable mentalmente.

Pero su amigo no parecía estar escuchando ninguna de sus palabras de disculpas, más bien seguía riéndose como un poseso, con lágrimas resbalando de sus ojos.

"Será mejor que un sanador te revise" comentó Bant con un suspiro "sé que no te gusta ésta idea, pero me temo que es necesario... aunque primero debería llamar a un maestro para avisarle de la situación..." decía para sí misma la niña, cuando los húmedos labios del chico la tomaron por sorpresa, plantando un sonoro beso en su mejilla

"¡Obi!" chilló avergonzada

Más Obi hizo caso omiso a sus protestas y de un rápido movimiento la hizo rodar por sobre la hierba, intercambiando lugares y quedando tumbado sobre su amiga, a quien siguió cubriendo de besos alrededor de su rostro entre frenéticas risas, haciendo a su amiga sonrojarse de la vergüenza.

"¡Obi, me haces cosquillas!" se quejó la Mon Cala, contagiándose de las risas de su amigo y rindiéndose en sus intentos de apartarlo, cayendo en su juego.

"Sabía que tú y Bant eran amigos íntimos, pero no pensé que así de íntimos, Oafy-Wan" interrumpió alguien, haciendo que se detuviera.

Bant jadeo al oír la molesta y burlona voz de cierto chico de cabello blanco fantasmal, seguido de risas. La Mon Calamari alzó la mirada y se encontró con nada menos que Bruck Chun a unos metros de ellos, cruzado de brazos y con una mueca de burla y disgusto, y su grupo de iniciados tras él, que lo seguían a todas partes.

"Me pregunto que va a pensar Siri cuando sepa que prefieres intercambiar saliva con chicas de otras especies" continuó el nemesis de Kenobi, observando con desagrado a la niña "aunque me sorprendes un poco, te hacia más de Mirialans y Togrutas"

Tan rápido como pudo, Bant se desenredo de los brazos de Obi-Wan y se levantó del piso. A ese punto estaba tan sonrojada que si hubiera sido humana, estaba segura que sus mejillas estarían tan rojas como el cabello de su amigo. Y su sonrojo no había sido solo provocado por la pena de haber sido pescados en una situación incómoda por Bruck y su grupito, sino también por la rabia de volver a cruzarse con el culpable de lo que había pasado con su amigo.

Antes del incidente, ella y Obi-Wan habían estado meditando juntos en su lugar favorito en la Sala de las Mil Fuentes. Bant lo había llevado allí luego de lo que habría sido otra pelea sin sentido en su historial provocada por las hirientes palabras de Bruck si no fuera por su intervención, para ayudar a calmar a su amigo y olvidar las crueles palabras de Chun.

Y cuando hubo querido sacarlo del trance, no había podido y había entrado en pánico.

Bruck siguió con su palabrería, mientras Bant volvía sus manos en puños apretados a cada lado de su pequeño cuerpo, y justo cuando estaba por salir en defensa de su amigo, éste se le adelantó.

"¿Bruck?"

El mencionado se calló, y Obi-Wan dio un par de pasos en dirección de su rival de la niñez, con los ojos tan grandes como los de un neimodiano y la boca semi abierta.

"¿Bruck?" repitió Obi-Wan, caminando lentamente hacia el chico de ojos azul hielo, con la cabeza ligeramente ladeada, un brazo estirado en su dirección y mirándolo como si fuera que estaba viendo un fantasma. "¿Bruck Chun?"

Bruck fue tomado por sorpresa por el extraño comportamiento de su rival, y dio un paso atrás cuando sus delgados dedos rozaron su piel, aunque eso no hizo que frenara su labia burlona.

"¿Qué pasa Oafy-Wan? ¿finalmente se te frió el cerebro? ¿acaso tantos golpes en la cabe–"

Sin previo aviso ni de la Fuerza, Chun tuvo poco o nada de tiempo para reaccionar cuando su rival se echó sobre él, rodeándolo por el cuello en un sofocante e incómodo abrazo.

"Bruck, pobre idiota cerebro de bantha, no tienes idea de lo feliz que me hace ver de nuevo tu horrendo rostro", admitió entusiasmadamente el pelirrojo en su hombro, con algunas lágrimas cayendo de sus ojos.

Luego se apartó hacia atrás tomándolo de los hombros para después, para sorpresa, perplejidad y confusión de todos los presentes, inclinarse y darle un beso en la mejilla igual que a Bant hacia unos minutos.

"¡Ugh, qué asco Kenobi!". Bruck hizo una mueca de repulsión y lo apartó bruscamente de un empujón para inmediatamente después frotar el punto en su mejilla con ambas palmas como si pudiera borrar el gesto.

Y a la vez esconder el rubor que amenazaba con esparcirse por sus mejillas al oír las sofocadas risas de los demás chicos y la risita de la joven Mon Calamari.

Obi-Wan trastabilló hacia atrás por la fuerza del empujón pero fue detenido por Bant, quien lo sujetó de los hombros dándole a Bruck una mirada fulminante.

"¿Te encuentras bien Obi?", preguntó con preocupación volviendo la atención a su mejor amigo

Quien extrañamente no parecía para nada enojado con su rival por el brusco empujón.

"Sí Bant, jamás me había sentido mejor", contestó con una enorme y un poco espeluznante sonrisa.

Y de súbito, rodeó a su amiga por la cintura con sus brazos y la alzó en el aire dando un giro de 360° con una carcajada, después dejó a una mareada Bant de vuelta con los píes en el suelo, besándola en la mejilla con dulzura antes de dar la vuelta y salir corriendo hacia el pasillo más cercano, tan rápido que Bruck no tuvo oportunidad de esquivarlo cuando el pelirrojo pasó por su lado y chocó contra él, haciendo que perdiera el equilibrio y tambaleara. Aunque el chico de pelo blanquecino logró quedar en pie, no fue por mucho tiempo ya que Bant salió tras su amigo clamando a gritos su nombre y no tuvo reparos en empujar a Bruck para apartarlo de su camino, quien finalmente perdió el equilibrio por completo y cayó de espaldas al lago.

Cuando Bant salió de la Sala de las Mil Fuentes, buscó a su pelirrojo amigo humano y sus plateados ojos lo divisaron corriendo como un rancor enloquecido a través del pasillo, llevándose por delante a Caballeros, Maestros, Padawans y otros Iniciados en su camino, sin detenerse para ofrecer una disculpa. En su lugar, hizo caso omiso de la conmoción que estaba causando con su descontrolado comportamiento y siguió corriendo hasta llegar a una esquina y dar vuelta, con una loca risa resonando detrás de él, recibiendo miradas confusas y molestas.

"Lo siento", se disculpó la joven con ellos por su amigo al pasarlos, corriendo detrás de Obi-Wan.

Corría tan rápido como sus piernas se lo permitían, pero aún así, Obi-Wan continuó estando delante de ella por un buen trecho. Siempre había sido el más rápido de su grupo de amigos, era así porque creía que, si entrenaba lo suficiente y se volvía mejor, finalmente un maestro fijaría sus ojos en él, y lo elegiría como Padawan.

Pero si ella no detenía esta locura, las noticias de su extraña e inapropiada conducta llegaría a oídos de potenciales maestros e incluso el Concejo ¡y nadie lo querría después de eso!

Temiendo que su querido amigo pudiera perder su oportunidad de lograr su sueño, aceleró el paso, decidida a hacerlo volver a sus sentidos.

Más pocos segundos después de haber puesto su mente en ello, su sangre se congeló y su respiración se aceleró cuando vio a cierta persona acercándose por el camino opuesto al muchacho.

"¡Obi-Wan, por favor!" suplicó en un grito "¡detente!"

Su advertencia llegó tarde, y el chico pelirrojo terminó colisionando contra una figura más alta. Obi-Wan estuvo a punto de caer al suelo por segunda vez ese día, pero dos manos fuertes lo sujetaron por los hombros, manteniéndolo enderezado.

"¿Por qué la prisa, Iniciado Kenobi? Sabes que está prohibido correr por los pasillos"

El Maestro Korun bajó la mirada hacia el iniciado favorito de Yoda. Sus labios apenas curvados hacia arriba en una pequeña sonrisa.

A pesar de su severa actitud, sentía una pizca de afecto hacia el joven. Después de que Yoda hubiera dejado en claro su decisión de presentar a Kenobi al Maestro Jinn, él se había dado a la tarea de observar al chico. En un principio había pensado que el niño era demasiado arrogante y tenía demasiada ira y poco control sobre sus emociones, pero después de un tiempo, se había dado cuenta que el joven tenía potencial y que podía ser enderezado en el camino correcto. Era inteligente, dedicado, diligente, aceptaba la corrección cuando la recibía y se preocupaba por otros. Sus faltas eran pequeñas en comparación a sus puntos fuertes, con entrenamiento y paciencia, sus faltas podían ser corregidas y sus puntos fuertes podían ser mejorados. Kenobi era un diamante en bruto.

Además, entrenar al joven para convertirse en un Caballero Jedi podría ser una buena manera para que los amargos recuerdos de su anterior aprendiz dejaran de acechar la mente de su viejo amigo y que éste por fin pudiera dejar en el pasado aquel traspié. El pequeño pelirrojo era la luz que podría guiar el camino del maestro para que este por fin saliera del pozo en el que había pasado más tiempo del debido.

Un forcejeo de parte del muchacho cortó su hilo de pensamiento. Bajo su sombra, el chico sacudió ligeramente la cabeza, luego la alzó, fijando la mirada en el hombre de piel oscura y parpadeando dos veces.

"¿Maestro Windu?" preguntó con una mirada mezcla de asombro e incredulidad

"Sí" contestó el Maestro, alzando oscura ceja

Lentamente, la boca del muchacho rompió en una gran sonrisa, y tomó al Maestro Windu por sorpresa rodeándolo con sus brazos en un fuerte e incómodo abrazo.

"¡Mace, Mace! ¡Estoy tan feliz!" chilló de alegría "¡Estás bien, estás vivo!"

Los ojos negros de Windu se ensancharon ante el repentino movimiento, y Kenobi comenzó a saltar sobre sus talones, riendo felizmente.

"¡Qué bueno verte de nuevo... en una sola pieza... y tan joven!"

"¡Maestro Windu!"

Los ojos atónitos del Maestro se alzaron y divisaron a una pequeña Mon Calamari acercarse a ellos. El rubor se arrastraba por sus mejillas, y daba la impresión de que también había estado corriendo.

Una vez lo suficientemente cerca, se detuvo en seco y le hizo una breve pero respetuosa reverencia al maestro antes de empezar a hablar.

"Lo siento Maestro, mi amigo sufrió una caída en los jardines y se golpeó muy fuerte la cabeza", explicó con nerviosismo, mientras Obi-Wan continuada abrazando a Windu alrededor de la sección media, murmurando incoherencias que eran amortiguadas por la tela de sus túnicas, totalmente ignorante de lo que hablaban. "De hecho, estábamos de camino para ver a un sanador... si nos disculpa"

Bant se acercó al par y forcejeó un poco para despegar a un renuente Obi-Wan del maestro Korun, con algo de ayuda de éste, quien a la vez que desenredaba al muchacho de sí, intentó ingresar a su mente para enviar algo de calma y paz y así bajar un poco las sofocantes y arremolinadas emociones que fluían como agua desde el joven, pero se encontró con inusualmente sólidos escudos que se alzaron instintivamente ante el más ligero intento de intrusión que lo expulsaron casi de inmediato, impidiéndole cualquier posibilidad de ingreso.

Obi-Wan demostró su renuencia a soltar al Maestro, pero finalmente su compañera Mon Calamari ganó.

"Lo siento mucho Maestro... " se disculpó apenada la niña, agarrando a un conflictivo Obi-Wan por detrás y bloqueando el movimiento de sus brazos para evitar que se alejara, "No queríamos causarle ninguna molestia, Obi-Wan realmente no quiso..."

De repente, el iniciado se agachó y se deslizó del agarre de la joven, tan rápido que ni siquiera el maestro pudo hacer nada para detener al muchacho, que salió huyendo hacia el pasillo más cercano.

"¡Qué tengas un buen día, Mace!" gritó Obi-Wan agitando la mano en su dirección antes de desaparecer detrás de una esquina corriendo impulsado por la fuerza

Bant soltó un pesado y cansino suspiro de su boca, luego se inclinó ante el maestro con una sonrisa tímida como una señal de disculpa y salió a perseguir, de nuevo, a su amigo.

En cuanto al Maestro Windu, se quedó congelado en el mismo lugar, con el ceño fruncido y su oscura mirada puesta en la esquina por la cual ambos jovencitos habían salido corriendo. No se trataba del extraño comportamiento del muchacho, aunque era algo que señalar, lo que había dejado anonadado al maestro del Vapaad, sino los escudos mentales que Kenobi poseía y la habilidad que había utilizado para salir huyendo. Aunque se le enseñaba a los iniciados a manipular la Fuerza y controlar su uso, existían habilidades que no se le enseñaban hasta que fuesen elegidos por un maestro, y luego tendrían que pasar años de aprendizaje para dominarlas con tanta maestría, sin necesidad de concentrarse unos momentos antes de utilizarlas. Incluso Padawans cercanos a ser nombrados Caballeros no eran tan habilidosos. Y he aquí, un iniciado que había sido rechazado por una incontable cantidad de maestros y cuyo número de midiclorianos no era nada sobresaliente del resto había utilizado una sin siquiera pensarlo un momento y sin dejar caer una gota de sudor, y a eso había que agregarle los altos e impenetrables escudos mentales que protegían sus pensamientos y sentimientos, haciendo prácticamente imposible que incluso un maestro del Consejo pudiera sortearlos o quebrarlos.

Windu se quedó un momento más en la misma posición, debatiéndose si ir tras los dos iniciados, pero finalmente decidió que cuestionar a Kenobi podía esperar, ya que no podía ubicar su posición pues el joven también había aprendido de alguna manera a ocultar su presencia en la Fuerza al punto de parecer que no existía en absoluto. Otro hecho interesante en el cual meditar, pero primero debía buscar a cierto anciano maestro y comunicarle el incidente así como debatir con él que medidas tomarían en cuanto al pequeño iniciado.


Y aquí termina lo que en esas épocas consideraba el primer capítulo en caso de subirlo alguna vez. Tengo unos cuantos más capítulos escritos, pero jamás me había atrevido a publicarlos en una historia. Hasta ahora, que me dije: ¿por qué no? Total no pierdo nada. Incluso tengo más historias a medio terminar que probablemente también suba, obviamente estelarizando a mi Maestro Jedi favorito n_n

Así que, esto es todo. Si llegaron hasta aquí, muchas gracias por darle un vistazo.

H. C.